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Foto de Daniel Mordzinski

debes encontrar la mejor. T_ ¿Y si no la descubre? SG_ Las novelas tienen vida propia. Es difícil de explicar sin sonar cursi. Ellas se defienden y, en cierto momento, te dicen: “No, esto no. Es raro”. Es como si existieran en alguna parte y nosotros las trajeramos. T_ Han pasado casi tres años desde Necrópolis, ¿cómo ha cambiado Santiago Gamboa en todo este tiempo? SG_ Pues no sé si he madurado. Me siento más tranquilo, más sereno. Sigo siendo un gran lector, aunque no con la misma pasión como cuando eres joven, ayer pensaba en eso. Como uno lee a los 20 años, con esa fuerza, ya tal vez no vuelva a hacerlo nunca. Y a veces extraño esas noches en vela con un libro. Ahora leo también mucho, pero de un modo más profundo. Y sigo tratando de hacer lo

mismo de siempre que es sentarme en una mesa con una jarra de agua e intentar escribir una historia. T_ Y la crisis, ¿cómo nos ha cambiado a todos? SG_ Aquí en Europa se nota mucho. En España, este Gobierno no ha traído ninguna alegría. A su presidente, el señor Rajoy, casi lo veo como un enterrador. Me lo represento como vestido de negro y con una pala. Es la presión que veo en la sociedad española. Justo vengo de Colombia donde es todo lo contrario, creciendo al 6%, hay problemas, sí, injusticia, sí, pero también un camino por donde se está transitando. Veo el cambio, aquí un tempo lento. Todo el mundo habla de que no sabe que pasará mañana, la inseguridad... De las crisis hay que sacar lo bueno. Los momentos más jodidos de una persona con el tiempo son los tesoros

más grandes. La época más dura de mi vida, que fue en Paris, recién llegado, sin trabajo, iba a las pensiones públicas a ducharme... y eso es ahora mi gran tesoro. Qué bueno que viví todo eso, como dice un amigo viejo y sabio: “Que bueno es haber comido mierda, y de vez en cuando comerse un plato”. Europa está en ese punto. Le llegó el momento de frenar un poco, de levantar el pie y preguntarse qué está pasando. T_ Usted escribe: "Uno nace varias veces a lo largo de la vida". La muerte, otra vez. SG_ Y también física. Las células mueren y este cuerpo tuyo de hoy ya ha sido completamente renovado quizás dos veces. Se hace en vuelo, no hay que morir para ello. Y también espiritualmente. Hay que tener esas pequeñas muertes, para cambiar de vida. Yo por lo menos he tenido que cambiar en varias ocasiones, pero siempre he seguido con lo importante. No soy la misma persona que hace unos años. No tengo los mismos deseos, ni las mismas aspiraciones. Uno se renueva completamente a todos los niveles. Dicen que a los 60 mucha gente recibe la fe. Otros descubren la homosexualidad… No sé si me pasará, siento mucha curiosidad (risas). T_ ¿Y al final es el amor el que redime? SG_ Sí, es de las cosas más permanentes de la vida. Uno siente amor todo el tiempo. Desde el instante en que sale del útero, ya está invadido por los padres y así durante toda la vida. Sentir amor y estar enamorado es distinto. Amamos a muchas personas de modos muy distintos. Está el amor violento y maravilloso entre hombre y mujer, o entre hombre o hombre o lo que sea, que es el que más adicción nos produce y también más destrucción. El amor entre hermanos, el de tus padres o tus hijos. Creo que no hay un minuto de la vida de un ser humano que no esté tamizado de amor. Todo el mundo ama a alguien, la soledad absoluta puede ser estar totalmente desprovisto de amor, y eso llevaría a una gran sequedad interior. Junio 2012 23

Revista Toumaï 106. Junio 2012  

Entrevista a Santiago Gamboa, reportaje sobre los desahucios a inmigrantes. También hablamos con Daniel Burman, director de cine argentino y...

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