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RevistaTártarus @revistatartarus WEB: https://revistatartarus.wordpress.com ISSN-2444-9652 LUGAR DE EDICIÓN: Linares, Jaén (España) CONTACTO: revistatartarus@gmail.com


VIVIENDO LA FANTASíA. Relatos Danzaestrellas de Mariana Palova Salir del cubo de Judith Bosch Niña de nadie de Paloma Fernández-Pacheco

A TRAVÉS DE LA PANTALLA. Cine La diversidad brilla en el cine fantástico

Conoce al autor. Entrevista Miquel Barceló La biblioteca de Carfax

La escuela de Calíope. Divulgación

Fantasía épica vs Fantasía histórica

taller del escribidor. Ortografía Una relación a tres bandas

mirando más allá Ilustración Miguel Angel Romero Gree

nAVEGANDO ENTRE LIBROS. Reseñas Huso Editorial y Triskel Ediciones

tras los muros. Concurso Ganador del concurso anterior El portal de Amanecer González

páginas amigas. Colaboración

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Quienes somos V. Cervilla

Dirección, edición, corrección de textos y diseño

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Dirección y edición

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Colaboradores Emilio Prieto

Taller del Escribidor

Joseba Iturrate

Conociendo al Autor

Camino Fuertes Escuela de Calíope


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Viviendo la fantasia

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uando la noche por fin se recostó sobre el rojo desierto de El Valle de los Dioses, el joven chamán DanzaEstrellas encendió la primera fogata. La tenue llama refulgió entre la oscuridad retorciéndose frente a su hooghan1 , el más grande de la aldea, mientras que el resto de los hogares de la tribu permanecían en quietud, como si hubiesen quedado abandonados cuando, en realidad, lo único que hacían era aguardar en silencio. DanzaEstrellas se sentó frente al fuego y lo contempló durante largo rato, pero cuando el frío del desierto empezó a soplar con demasiada fuerza sobre su piel, supo que no valía la pena esperar allí afuera. La nieve todavía no visitaba el valle para cubrir sus mesetas con escarcha, pero el invierno ya hacía acto de presencia con su aliento, por lo que quedarse a la intemperie demasiado tiempo era una osadía innecesaria. Y él llevaba ya bastantes noches siendo osado, así que, suspirando, alargó su pequeña mano hacia el fuego y recogió una mota de lumbre, la cual bailoteó entre sus dedos con docilidad hasta volverse una pequeña llamarada sobre su palma. DanzaEstrellas apagó el resto de la hoguera vertiéndole un cuenco con agua; se arremangó la negra piel de lobo que usaba de manto y se levantó, mirando por última vez hacia el horizonte, donde la figura de las enormes montañas desérticas dejaba ver entre ellas un camino que se abría hacia el exterior del valle. Las estrellas se asomaban por la grieta, con el tenue resplandor del último suspiro del día convirtiéndose en una pálida línea azul. Al no distinguir ninguna silueta asomándose a lo lejos, DanzaEstrellas apretó los labios y dio media vuelta, introduciéndose en su hogar. Depositó el fuego dentro de un pequeño círculo de piedras, justo en medio del hooghan, donde la llama creció apenas lo suficiente como para calentar el interior del lugar sin quemar nada ni expedir ningún tipo de humo. El joven se quitó la piel de los hombros, quedándose solo con su túnica y el interminable cabello

1 Hogares típico de las tribus Navajo, frecuentemente utilizados en los desiertos. Suelen ser redondos o con varias paredes, recubiertos de arena o roca y con solo una habitación interior.


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negro cayéndole a lo largo de la espalda. Después, se sentó en el mullido lecho que había dentro de la choza para contemplar las llamas, quedándose absorto en las palabras que el fuego empezó a transmitirle. Eran voces viejas, susurros antiguos que a veces decían cosas aún inteligibles para él. Veinte años no eran demasiados para un chamán, y por hábil que fuese, él sabía que todavía le quedaba un largo camino por delante en el sendero de los espíritus. Su sangre de oráculo palpitó, pero tuvo que ignorarla cuando, de pronto, algo disparó los latidos de su corazón. Levantó la mirada y pudo ver cómo, a través de la apertura de su hooghan, más hogueras se encendían por toda la tribu. La aldea rompió el silencio, y gritos y gemidos comenzaron a poblar el lugar como si se tratasen de estrellas. El olor de la sangre impregnó el viento y DanzaEstrellas se quedó inmóvil al ver que una enorme sombra se acercaba despacio hacia su choza. La figura, gigantesca como un oso, se detuvo en la entrada y contempló al chamán, quien irguió la espalda. La criatura jadeó y, al hacerlo, su alargado hocico reveló una hilera de colmillos blancos y relucientes ante el compás de las llamas. El ser extendió el brazo y enrolló su enorme garra en el marco de la entrada del refugio y se encorvó lo suficiente para poder entrar, aunque no sin dificultades gracias a su impresionante tamaño. DanzaEstrellas lo miraba en absoluto silencio, atento a cada movimiento de aquella magnífica bestia; era un lobo, tan negro como la propia noche, pero que se erguía sobre sus patas traseras y movía sus brazos como si fuese un hombre. La criatura olía a sangre, pero el chamán detectó de inmediato que el olor no provenía de su denso pelaje, sino de lo que colgaba de su cintura: eran siete cabelleras humanas atadas a una soga y arrancadas apenas hacía un par de días, curtidas a fuego limpio. Siete victorias. Siete trofeos. El ser se encorvó frente al chamán, quien contuvo el aliento ante su oscura mirada. —Te he traído una ofrenda, dos espíritus —susurró el lobo llamado Flecha Negra. DanzaEstrellas se estremeció de nostalgia al escuchar aquellas palabras dichas con una voz masculina y gentil; un contraste violento ante la ferocidad de la criatura que las había pronunciado, pero a pesar del salto dentro de su pecho, se negó a demostrar emoción alguna. Ante el silencio del chamán, el lobo desamarró la soga y depositó las cabelleras justo delante de él, quien se inclinó hacia ellas y, una a una, las examinó. Seis de ellas eran rubias, cosa que casi logra hacerlo sonreír, pero la última le hizo arrugar la nariz y mirar al lobo con desconcierto. Esta cabellera era negra, y la piel que todavía sostenía las hebras era oscura, del mismo matiz que la de DanzaEstrellas y el propio Flecha Negra. Aquello aterrorizó al chamán. Arrancar cabelleras no era una tradición que los nativos americanos hubieran comenzado, sino una cruel diversión que el hombre blanco había propagado por su cuenta y que ahora ellos revertían en venganza. Por ende, el ver que Flecha Negra le entregaba una corona de su propia gente le provocó un desmedido dolor. Cuando el lobo miró cómo el chamán entrecerraba los ojos, como si le hubiese puesto un animal podrido delante, algo dentro de él se revolvió de ansiedad. —Un traidor —explicó Flecha Negra en un susurro dejando entrever, por primera vez en años, ansiedad en su profunda voz. DanzaEstrellas meneó la cabeza, desalentado. Levantó el brazo y trazó en el aire una línea recta frente al lobo, de arriba abajo. Flecha Negra comprendió la indicación al instante, así que clavó sus garras en su propio pecho, hundiéndolas con tanta firmeza que ríos de sangre brotaron de inmediato de las heridas. El lobo apretó las mandíbulas ante el espantoso dolor, pero aguantó hasta que la piel comenzó a desprenderse de su cuerpo como una gruesa capa ante los impávidos ojos de DanzaEstrellas, acostumbrado a los cambios de su esposo desde hacía años. Pronto, Flecha Negra comenzó a encogerse a medida que se despojaba de su manto negro.


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Dientes y garras se fueron junto con el cuero hasta que del lobo no quedó nada más que una piel gruesa y un hombre jadeante y repleto de sangre; alto y de músculos duros y pronunciados como las mesetas que rodeaban la aldea. DanzaEstrellas, aun sin pronunciar palabra, se levantó y comenzó a arrojar las cabelleras al fuego bajo la exhausta mirada de su marido. A medida que lo hacía, las llamas se retorcían, complacidas con las ofrendas que se volvían cenizas al instante. Flecha Negra, casi sin aliento, observó al chamán de pies a cabeza ahogándose en su presencia, ya que tenía tres meses mirándolo solo en sus sueños. DanzaEstrellas era considerablemente pequeño en comparación suya. Sus facciones eran hermosas y, de no ser que bajo su túnica femenina había un sexo masculino yaciendo entre sus piernas, sería imposible diferenciarlo de una mujer. Pero no. DanzaEstrellas no era un hombre ni una mujer. Era un berdache, un valioso doble espíritu, ambas cosas y ninguna, dotado de una naturaleza extraordinaria que, desde que había alcanzado la pubertad, había hechizado al hombre que tenía delante de él. A Flecha Negra; el mismísimo jefe de la tribu a la que pertenecía, quien apretó los labios cuando la última cabellera cayó al fuego. Sabía que si los restos de sus enemigos no satisfacían al chamán, este no le permitiría quedarse dentro del hooghan, y la simple idea lo hizo estremecer. El calor de DanzaEstrellas era lo único que había anhelado desde que él y una parte de sus mejores guerreros habían partido a los límites del Valle para luchar contra los demonios blancos que querían invadir sus tierras. Flecha Negra, a sus treinta y seis años, tenía cuatro esposas, pero desde que había desposado a la última, a DanzaEstrellas, no había vuelto a ocupar ningún otro lecho más que el suyo, por lo que pasar una noche de invierno a la intemperie no le era en absoluto apetecible. Pero ni siquiera Flecha Negra, aun como jefe de la tribu, tenía la facultad de actuar contra los deseos de un berdache. Por fortuna, el doble espíritu alzó la cabeza hacia él y sonrió, complacido al ver que la cabellera negra se volvía cenizas al instante en señal de que había caído un enemigo, no un hermano. —Has obrado bien —susurró DanzaEstrellas a su esposo—. La guerra y la sangre que anhelabas derramar, aquella a la que tanto me opuse, ha valido la pena después de todo. Flecha Negra se levantó de golpe y avanzó hacia el berdache, quien alzó la barbilla lo suficiente como para mirar al hombre a los ojos. El olor de la sangre le dio de golpe en la nariz, por lo que DanzaEstrellas tomó al jefe de la muñeca y lo jaló hacia un rincón de la choza, donde aguardaba una vasija llena de agua. Su guerrero había vuelto a casa y era momento de honrar su llegada. Cuando la túnica del chamán cayó antes que si quiera alcanzaran la vasija, la hoguera, celosa ante el fuego ajeno, avivó. Mariana Palova https://lanaciondelasbestias.com/


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levo puesto el anillo de mi abuela para no acabar como ella. A veces pienso que es cruel tener a alguien como advertencia, como aviso. Pero luego miro el anillo, recuerdo que no quiero acabar como mi abuela y la culpabilidad se me pasa. Crecí sola, con mi madre. No supe que vivíamos a la fuga hasta que vi Thelma y Louise en la televisión de un bar de carretera un día. Incluso sin sonido establecí la conexión entre mi vida y la pantalla y miré a mi madre como quien descubre un compartimento secreto en una caja que ha tenido toda su vida. No pregunté. Podría haber preguntado. Otros lo habrían hecho. Pero lo único que sabía entonces de mi madre era que sabía guardar secretos. Los de los demás. Los suyos. Todos. Mi madre me regaló el anillo de mi abuela un día cualquiera. No lo hizo en mi cumpleaños, ni cuando me bajó la regla por primera vez. No esperó a tener una ocasión especial. Un día, antes de arrancar el coche, se sacó el anillo del bolsillo de la cazadora, me lo dio y me dijo: —Era tu abuela. Entendí mal. Mi cerebro arregló lo que mi madre había dicho para darle sentido y, durante semanas, creí haber oído «Era de tu abuela». Hasta que le pregunté de qué estaba hecho el anillo, porque no era de metal, ni tampoco de cerámica. Era blanco y suave, y estaba siempre sucio, por mucho que lo limpiara con mi camiseta. —Es hueso —respondió mi madre, sin desviar la mirada de la carretera. —¿Hueso de qué? —De tu abuela. No me lo quité. Otros lo habrían hecho. Dejé que mi madre me contara la historia a su propio ritmo y tardé meses en tenerla entera. Reuní los pedazos con el hambre propia de una niña que no pasaba el tiempo suficiente en una ciudad como para hacerse un carné de biblioteca. Y cuando la tuve toda ante mí, la historia de Zanobi, me juré que la mía terminaría de forma muy distinta.

NIÑA DE

La historia de mi abuela puede contarse en negativo, en hipótesis, o en lo que no fue. Así me la contó mi madre, porque así es más fácil de entender. Zanobi habría sido alquimista si hubiera sido hombre, pero como nació mujer, fue bruja. En una época en la que la ciencia solo podía practicarse con pantalones, y los pantalones solo podían llevarse si meabas de pie, mi abuela estudió alquimia por su cuenta, para el eterno disgusto de sus padres, que trataron de disuadirla con cientos de argumentos válidos y terribles. «Jamás encontrarás marido», dijeron, y así fue. «Ningún maestro te aceptará como aprendiz», y ninguno la admitió. «Si sales por esa puerta, no volverás», y nunca volvió. «¿Quién va a acudir a una chica que no tiene derecho al conocimiento que posee?», la respuesta que esperaban era nadie, pero se equivocaron. Otras chicas acudieron. Mi abuela podría haber sido una bruja buena de haber sido blanca, pero tenía la piel casi tan oscura como los ojos, así que nadie dijo jamás su nombre sin escupirlo. La gente la miraba con miedo, con indignación. ¿Qué hacía una bruja negra colgando un letrero en su puerta en el que se declaraba alquimista? Menuda cara. Qué espanto. El barrio está echándose a perder, con toda esta gentuza… Zanobi podría haber entrado en razón y haber aceptado una de las tres propuestas de matrimonio que recibió, pero no lo hizo. Rechazó al sacamuelas que, sobornado por sus padres, aceptó casarse con ella y llevársela a otra ciudad donde nadie la conociera. Rechazó al anciano que se acercó a ella con el pretexto de ayudarla, de enseñarle cómo llevar un negocio como aquel, de guiarla con su sabiduría. Le


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rechazó porque vio que tenía ojos de león viejo y vago, y manos que no entendían un no. Por último, Zanobi rechazó a mi abuelo porque, aunque le quería y juró vivir el resto de sus días junto a él, se negaba a poner su nombre por delante del suyo en todo lo que tanto había luchado por conseguir. Y como mi abuelo también la quería, sonrió y no volvió a proponerle matrimonio nunca más. Zanobi podría haberse enamorado de un hombre tan negro como ella, pero no lo hizo. Mi abuelo era del norte, del norte de verdad. Del Norte con mayúscula. Cuando mi madre nació, el pueblo entero torció el gesto al ver su piel, a medio camino entre dos mundos. «Niña de nadie», la llamaron, y fue incluso más cruel que si se hubieran referido a ella como mestiza o bastarda. Mi abuela solía peinar los rizos de mi madre con paciencia mientras le repetía que sí que era de alguien. Era suya y era de sí misma. Dijera lo que dijera la gente. Cuando mi madre hablaba de la gente lo hacía sin desprecio, pero con tristeza. «La gente» para ella era como un virus que malograba a las personas. Estaba convencida de que todos los que nos hacían la vida imposible eran solo eso: gente. Hombres y mujeres emponzoñados. Mi abuela podría haberse marchado. Hubiera sido sencillo: la ropa a la maleta, el material de trabajo a las cajas, mi abuelo de una mano y mi madre de la otra. Pero no lo hizo. Dijo que si le cedías terreno al odio, jamás lo recuperabas. Si retrocedía aunque solo fuera un paso, nunca podría volver a avanzar, y se negó rotundamente a aceptar un mundo en el que las personas como ella solo pudieran caminar hacia atrás. La quemaron. El porqué no está muy claro. Mis abuelos pensaron que sus vecinos se limitarían a odiarlos desde lejos, pero las cosas cambiaron lentamente. Primero, palabras hirientes, palabras como cuchillos. Luego, roces y prohibiciones. La pérdida de clientas que tuvieron miedo por su propia seguridad. Las risas satisfechas al ver que la ropa de mi madre era remendada y estaba descolorida. Un día, mi abuela se enfrentó a un hombre que la había agarrado del pelo al bajar del autobús, después de soportar sus comentarios durante todo el viaje. Zanobi le retorció el brazo y la humillación que brilló en los ojos de su agresor fue su sentencia. «Jamás humilles a un hombre débil, Luna», me advirtió mi madre. «No saben soportarlo». Una turba se concentró frente a su casa y se negaron a marcharse. Nadie ayudó a mi familia. Sacaron a Zanobi a rastras y la quemaron, y mi madre se negó a decirme cómo mi abuelo y ella sobrevivieron. Solo me dijo que después volvieron a por sus huesos y los enterraron muy lejos de aquel lugar lleno de gente.

E NADIE

No quiero terminar como mi abuela, pero quiero ser como ella. Como mi madre. Como las mujeres que vinieron antes y las que vendrán después, no importa el color de su piel ni cómo estén formadas. Porque hay una valentía de hierro en los pies que se niegan a dar un paso atrás, aunque les vaya la vida en ello. Paloma Fernández-Pacheco


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S A L I R

A

D E L

C U B O

CAPÍTULO UNO

bre los ojos y cae de bruces contra el blanco del techo, como si éste estuviera abajo y no arriba y no fuera sólido sino formado por un puñado de nubes espesas que lo separan del vacío absoluto. Cierra los ojos y grita. Escucha el sonido del pomo de una puerta, a su derecha. Alguien empuja la puerta contundentemente y el pomo choca contra una pared. —¡Alex! Es la voz de una persona desconocida que acaba de situarse a la derecha de la cama. Alex abre los ojos y gira el cuello rápidamente hacia la derecha de la cama. No quiere inspeccionar la alcoba. Sabe que no es la suya. No quiere tampoco detenerse en el olor a viejo hotel que desprenden los muebles, el suelo y las paredes. Únicamente busca con presteza los ojos de la persona desconocida. —Alex —repite ella, ahora con voz pausada y fría —¿Por qué me miras así? —Creí que eras una chica —contesta Alex después de varios segundos de un encrespado silencio que repta por el aire y lo llena todo de incertidumbre. Las pupilas de la persona desconocida crecen rápidamente, como si estuvieran hechas de esponja y las palabras de Alex fueran un abundante chorro de agua. —¡No me jodas! —No es mi intención —anota Alex, que se incorpora con brusquedad y luego queda petrificado frente a un espejo, clavado en la pared, que refleja la imagen de una chica rubia de aspecto casi etéreo, sentada en la cama. —¿Qué te pasa? —pregunta entonces el musculoso desconocido con voz de chica. —¡No me jodas! —exclama Alex. —No. No es algo que desee en este momento —responde el desconocido en tono sarcástico.


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—Vale. Empecemos desde el principio, por favor, que se me está agitando bastante el pulso y no hay necesidad. —¿Qué es lo último que recuerdas? —pregunta el desconocido al tiempo que cruza los brazos e inclina la cabeza hacia adelante. —Mi nombre y poco más. No sé qué es este sitio, quién eres tú ni qué hago aquí. —Me llamo Paula —continua el desconocido avanzando hacia la cama y tapando el espejo con voluptuosa musculatura —. Tú eres Alex y estamos en Cubo. Cubo es un laberinto lleno de pruebas. Solo podremos salir de aquí si colaboramos. En caso contrario no despertaremos jamás. —¿Despertar? —inquiere Alex frunciendo el ceño. —Sí. Cubo es onírico. —¿Como un sueño? —Sin el como. Tú, ahora, físicamente, estás en tu cama. Y yo en la mía. —¿Y qué hacemos en el mismo sueño? —Esa explicación nos la dieron unas mujeres con las que hablamos en sueños anteriores a este. También nos avisaron de la posibilidad de que olvidáramos todo y creyéramos despertar en Cubo sin tener maldita idea de lo que ha ocurrido. Por fortuna yo sí recuerdo lo que hacemos aquí. Eso nos da cierta ventaja. —Sería estupendo que compartieras conmigo esa información. —¿Te importa que resuma? —Te agradecería mucho que lo hicieras. —Está bien… básicamente, tú estás en el cuerpo de una hembra sometida a la feminidad hegemónica y yo en el cuerpo de un macho hegemónico. La primera parte de la prueba era encontrarnos. Eso ya lo hemos hecho. A partir de aquí, iremos perdiendo identidad y habilidades hasta no saber quiénes éramos. Tenemos que salir de aquí antes de que eso ocurra. La única manera de hacerlo es colaborar y, conforme pase el tiempo, tendremos menos recursos para colaborar. —¡Estás de coña! —No. Así que ya puedes ir espabilando. —¡Mierda! —grita Alex, que tan pronto pone los pies en el suelo se percata de la debilidad de su musculatura y de que lleva años calzando zapatos demasiado estrechos —¡Joder! ¡Tengo la sensación de que me voy a romper! ¡Te lo juro! —No, si te creo. No hace falta que me jures nada. A mí casi todo me roza. Estoy demasiado grande, pero siento mucha energía. Y quiero comer todo el tiempo. Y no me siento culpable por querer comer. Y siento que el espacio alrededor me perteneciera y me siento súper seguro de mí mismo. Alex nota que la voz del desconocido va haciéndose más grave. También nota que sus ojos empequeñecen y brillaban más. —Creo que… si seguimos hablando, esto no va a funcionar. Paula experimenta de golpe una fuerte contradicción interna. Por un lado siente el apremiante deseo de superar las pruebas de Cubo y salir de allí. Por otro lado, quiere, de manera profunda y determinante, que la transformación siga su curso. Nunca antes había sentido tanto amor hacia sí misma y recuerda con insistencia las palabras de su madre: <<A las mujeres nos enseñan a odiarnos. Cuánto más nos odiamos, más nos dicen que nos queremos. Cuánto menos nos odiamos, menos nos quieren y más nos reprochan que no nos queramos. La sociedad patriarcal reserva para los hombres la capacidad de quererse a sí mismos. Solo ellos tienen derecho a quererse a sí mismos. Además, se les enseña y se nos enseña, que todo lo que no sea hombre, es inferior al hombre, de manera que nos joden la vida a nosotras y a nuestras hijas e hijos y entre todas jodemos al resto del planeta sin tener el menor remordimiento>>. <<No estoy de acuerdo, mamá —le había contestado ella tantas veces—. Hay personas egoístas, al margen de que sean hombres o mujeres. Hay hombres que se odian a sí mismos y mujeres que se quieren. No digo que no exista el patriarcado, sabes que nunca diría eso. Solo digo que podemos elegir cómo queremos ser, mamá>>. Ahora, observando la fragilidad de Álex y recreándose en ella, empieza a entender de otra manera las explicaciones de su madre.


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Viviendo la fantasia —¿Quieres apoyarte en mí hasta que te acostumbres a tu nuevo cuerpo? —le pregunta entonces a Alex. Quiere romper el derrotero que están tomando sus pensamientos y quiere empezar a colaborar con Alex. Pero tiene el brazo de acero extendido y las pupilas de hierro candente clavadas en el delicado rostro de la mujer rubia. Y acaba de darse cuenta de que el tiempo corre más deprisa de lo que creía. Alex trata de respirar con calma y trata de contener las lágrimas que brotan de manera espontánea. —Nadie me ha dado recursos para salir de aquí —gime con un hilo de voz —Y siento que soy una mierda. Y que si no te gusto, no me ayudarás a salir de aquí. Siento que si no me ayudas, no saldré nunca de aquí. Es como si por mí mismo, no significara nada. ¡No aguanto sentirme así! ¡De dónde narices viene esto! ¿Así te sientes tú habitualmente? —No. Te sientes así porque no estás acostumbrado a sentirte así. Esto es: conforme pase el tiempo, lo encontrarás natural y podrás vivir con ello sin darle importancia —responde Paula —. Trae, anda. Dame la mano —continúa. Alex no quiere darle la mano, pero no puede evitar hacerlo. Y, por un instante, cree que Paula sonríe con cierta satisfacción al tomarla. —Yo soy chico. Y no soy como tú —le dice a Paula con tono de reproche —. Siento como si te gustara verme así de mal. —No digas tonterías —responde Paula. Y un fuerte miedo hacia sí misma, estridente y electrificado, sacude todo su cuerpo—. Saldremos de aquí —continúa—. Y bueno… yo soy chica, ya sabes, y tampoco soy como tú. Pero no nos han puesto estas pruebas por eso. —¿Y por qué nos las han puesto? —Para que tengamos la oportunidad de cambiar el mundo. Detrás de la puerta de la alcoba hay un pasillo inmenso, forrado con moqueta roja, con las paredes infestadas de espejos y, a ambos lados, una hilera interminable de puertas cerradas. Judith Bosch


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A traves de la pantalla

La diversidad brilla en el

cine fantástico

Hace unas semanas, la actriz Frances McDormand pasó a la historia de los Oscars llevándose el de Mejor Actriz y dando una lección sobre inclusión acuñando un término que no es del todo familiar para muchos: «inclusion rider», una cláusula que puede reclamarse en los contratos para reclamar diversidad en los equipos de producciones cinematográficas, ya sea en el técnico o en el reparto. Pues bien, de eso quiero hablar hoy, de diversidad. El cine fantástico debería, aunque solo fuera por todo el abanico de posibilidades que abarca la palabra «fantasía», ser un abanderado de la diversidad en todas sus vertientes. Sin embargo, las películas no son más que un reflejo de la realidad del momento en que se producen y, como tales, la diversidad ha brillado por su ausencia durante décadas. Dejemos claro primero a qué me refiero con diversidad. En fantasía hemos creado razas más allá de las que pueblan la Tierra, religiones, dioses, monstruos y seres que sobrepasan con creces cualquier posible avance tecnológico o científico. Aún así, los protagonistas o las tramas continúan girando en torno a los mismos estereotipos: magos ancianos y sabios, guerreros con un pasado de chico malo a quien una dama preciosa mete en cintura, príncipes valientes, princesas asustadizas y débiles, madrastras y brujas malas… Todo encorsetado en los mismos parámetros de hombre blanco heterosexual, en su mayor parte.

Pero la sociedad avanza, afortunadamente, y en los últimos años se ha despertado un anhelo que llevaba ahí tiempo, dormido, esperando su oportunidad. Hemos abierto la caja de Pandora y ya es imposible cerrarla. Ahora podemos disfrutar de películas con protagonistas femeninas que no giran en torno a encontrar un amor romántico sino que van en busca de valores que antaño se asociaban al rol masculino por excelencia como el honor. Ejemplos conocidos son Los Juegos del Hambre (Gary Ross, 2012); La saga Divergente (Neil Burger, 2014) y la notable adhesión de la saga Star Wars a esta tendencia con la aparición de personajes que no son de raza blanca y otorgando más minutos y diálogos en pantalla a los personajes femeninos. Dicho esto, hoy nos vamos a centrar en una cinta que se estrenó hace unos meses y que pasó sin pena ni gloria, pero que creo que tiene puntos que debemos alabar, más allá de si nos convence o no la trama. Os hablo de Bright (David Ayer, 2017). Esta película, protagonizada por Will Smith y Joel Edgerton, nos transporta a un presente ficticio en el que los humanos coexisten con otras criaturas fantásticas como orcos y elfos. Hasta ahí todo normal (dentro del


A traves de la pantalla

cine fantástico, por supuesto). Lo interesante reside en que esta historia es una oda a la diversidad, a la convivencia pacífica entre razas diferentes que comparten un espacio común, y las razas no solo se limitan al mundo fantástico sino que el propio reparto es una magnífica representación de diversidad. Smith encarna a un policía humano a quien emparejan con un orco (Egerton) como compañero, algo que no está bien visto en la sociedad que nos presentan. En medio de todo este ambiente racista, tendrán que unirse para salvar el mundo de la destrucción. Aunque las críticas no le fueron nada favorables, Bright es una cinta entretenida que mezcla acción, fantasía y crítica social, y no hay mejor forma de esparcir un mensaje que a través de algo divertido. Ya solo nos queda pedirle a Ayer que para la secuela se atreva a desencasillar también el rol femenino en este tipo de películas y que las mujeres de la historia no sigan siendo «la dama en apuros» (en este caso una elfa) o «la mala malísima» (otra elfa, sí).

CURIOSIDADES -Es la segunda vez que Will Smith trabaja con Ayer, tras Escuadrón Suicida. -Es la cinta más cara de Netflix hasta la fecha con un presupuesto de 90 millones. -Rodríguez (Jay Hernandez) es el Diablo de Escuadrón Suicida. -La canción de amor que menciona el orco es “Hammer Smashed Face”. Verónica Cervilla


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Conociendo al autor

MIQUEL BARCELÃ&#x201C;

Fundador Premio UPC


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Conociendo al autor

(Mataró [Barcelona], 1948) Ingeniero aeronáutico, nuclear y aeroespacial, es también doctor en informática y ha trabajado casi una veintena de años como ingeniero de sistemas de una multinacional informática. Estudió también el posgrado de “Psicología Aplicada y Psicotecnia” (Universidad de Barcelona) y el primer ciclo de “Ciencias Económicas” (UNED). Ha sido profesor (ahora recientemente jubilado) de la Facultad de Informática de Barcelona (FIB-Universidad Politécnica de Catalunya) desde su creación en 1977, y catedrático del departamento de “Ingeniería de Servicios y Sistemas de Información” de esa universidad.

¿Cómo surgió la idea del Premio UPC de Fantasía, Terror y Ciencia Ficción? Por el XX aniversario del nombramiento de la Universidad Politécnica de Cataluña, allá por 1990, se planteaba organizar un concurso de poesía, así que en su lugar propuse un concurso de novela corta que fuese más digerible por el jurado, en este caso, Ciencia Ficción. En parte por mis propios gustos personales y en parte porque los estudiantes de ingeniería y ciencias suelen estar más interesados por estos temas y es lo suelen leer, así que lo convocamos para toda España. Como el resultado fue muy positivo, al año siguiente decidimos organizarlo más en serio y lo abrimos a un ámbito internacional, pudiendo presentar las obras e inglés, francés y catalán, además de en castellano.

UPC. A mediados de los 90 tuvo mucha participación y muchos autores, ganadores del Premio Hugo o el Nébula, incluso, querían tener esa muesca de haber ganado también el Premio UPC. Actualmente se mantiene con dificultades. Por desgracia cuando nos vemos sumidos en una crisis económica, como la actual, uno de los primeros aspectos donde se producen recortes sin que tenga efectos visibles inmediatos es en la dotación universitaria. Es por eso que en actualidad es un premio de carácter bianual sin premio económico pero manteniendo la publicación. En el año 2016 Apache Libros firmó un convenio con la UPC y es la encargada de publicar a los ganadores desde entonces.

«Lo estamos volviendo a levantar»

¿Cómo ha sido la evolución del Premio UPC a lo largo de estos años? A lo largo de estos años, ha habido altibajos. En la primera edición recibimos unas 90 obras, y en los mejores años hemos llegado a recibir hasta 150, llegando a entregar un premio de 6.000 € para el ganador y 1.500 € para el segundo y el mejor de la

¿En qué situación se encuentra actualmente el Premio UPC y hacia dónde va? Yo creo que lo estamos volviendo a levantar. Aún sin dotación económica estamos recibiendo 70 u 80 originales y mantenemos esa proyección internacional, ya que recibimos una buena parte de obras procedentes de Latinoamérica, incluso de algún autor americano que quiere empezar., de hecho llevamos ya 23 ediciones. A


18 pesar de haber perdido esa partida presupuestaria con motivo de los recortes hemos tratado de mantener vivo el premio. Si hemos conseguido manteneros en estos años vamos a seguir. El objetivo es volver a otorgar una dotación económica y que el premio vuelva a ser anual, y tampoco descarto que haya alguna sorpresa para este año 2018 que pueda darle mayor visibilidad. Considero que hay que tratar de mantenerlo ya que esto que ha hecho la UPC es muy importante. En esta universidad se forma gente en el ámbito de ciencias. Pero si estos futuros informáticos, ingenieros o arquitectos sólo saben de tecnología no hacemos nada. Son personas que actúan en la sociedad y necesitan esa capacidad de reflexionar sobre cosas que pueden ocurrir en la sociedad, como por ejemplo los drones, los robots o la clonación humana. La Ciencia Ficción favorece el pensar sobre eso. Me gustaría que estos estudiantes estén preparados para entender el mundo que viene. ¿Entonces estos géneros aportan a la sociedad? Yo creo que sí. La Ciencia Ficción te hace pensar en diferentes posibilidades de las que tienes delante, y eso es algo que enriquece, sobre todo a para gente que modifica el mundo, como un arquitecto o una ingeniera. La arquitectura cambia y moldea una ciudad, por ejemplo. Considero que el conocimiento técnico no basta. Hay que saber para qué sirve ese conoci-

Conociendo al autor miento. ¿De dónde viene ese interés por la Fantasía y la Ciencia Ficción? Mi padre leía Ciencia Ficción y quería leer lo mismo que él, así que empecé a leerla a los ocho o nueve años, concretamente a Robert E. Heinlein. Este género requiere una apertura de miras al aceptar que pueden existir sociedades distintas a la nuestra, que pueden ocurrir cosas diferentes a la cotidianeidad. Lo importante no es tanto profetizar, como aprender cómo puede ser el futuro. Enseña la relatividad de lo que se está viviendo. Vivimos en una determinada cultura porque hemos tenido la casualidad de haber nacido aquí, podríamos haber montado la sociedad de otra manera. Por su parte la Fantasía tiene la ventaja de que no te obliga tanto a imaginar tu propio futuro, es mucho más entretenida. ¿Considera la Ciencia Ficción y la Fantasía como literatura de evasión? En absoluto. Para mí la Ciencia Ficción nos muestra cómo puede ser el futuro y nos enseña cómo cambiar y aceptar los cambios que pueden venir. Ni mucho menos se trata de literatura escapista. La buena Ciencia Ficción te ayuda a pensar y mucho, bastante más que un libro sobre asesinos en serie americanos, por ejemplo. Puedo entender que alguien piense que la Fantasía más clásica, al estilo de Tolkien, pueda considerarse más evasiva. Sin embargo, ¿son evasivos los libros de viajes? Te generan inquietudes y curiosi-


19 dad por conocer cómo viven otras sociedades. Tanto en las estanterías de las librerías como en el cine o las series encontramos muchos ejemplos de estos géneros. ¿Gozan de buena salud? Cuando era joven era un género para raros, ni siquiera existía la palabra “friki”. Hoy en día los cambios en ciencia y tecnología, hacen creíbles cosas que antes eran increíbles. En horario de prime time encontramos series de este estilo. También es cierto que estamos en una época en que se publica mucho y no necesariamente todo bueno. Tal vez en cuanto a Fantasía se ha seguido mucho el esquema de Tolkien y convendría adaptarlo a un universo más real. Llevo leyendo muchos años y, en mi opinión, hoy en día cuesta un poco encontrar autores que aporten alguna novedad. Ahora son las nuevas revistas y los jóvenes autores son las que deben dar salida al nuevo movimiento. ¿Merece la pena presentarse a un Premio Literario? ¿Son realmente transparentes? No voy a romper una lanza por todos los premios literarios, me consta que en algunos de ellos hay chanchullos de todo tipo. Pero sí puedo poner la mano en el fuego por el Premio UPC. Las narraciones que se presentan a él, las reciben en la secretaría del Consejo Social de la UPC, donde guardan las plicas y me pasan a mi uno de los ejemplares, o, más recientemente, la versión digital. Personalmente me leo yo mismo todas las narraciones llegadas y selecciono del orden de una docena para que las reciban y lean también el resto del

Conociendo al autor jurado. Nadie, ni yo mismo, sabe quién es el autor de ninguna obra. Una vez leídas las narraciones seleccionadas, el jurado se reúne, discutimos y acabamos con un fallo. Normalmente, ese mismo día, la secretaria del Consejo Social de la UPC nos informa del nombre y lugar de origen de los autores de las narraciones. Y, sí, yo creo que vale la pena presentarse a los Premios Literarios por aquello de ponerse un objetivo, trabajar escribiendo para lograrlo y luego practicar la paciencia en espera del “a ver qué pasa”. Joseba Iturrate


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Conociendo al autor


21 Todo el mundo sabe que las horas, cuando se pasan a gusto, se pasan como si fueran minutos. Hace unos días entrevisté a Shaila y María, editoras de La Biblioteca Carfax, un proyecto editorial que lleva el terror por bandera y que me tiene enamorada desde que las conociera en la pasada Hispacón de Navacerrada. Hicimos la entrevista de la mejor manera posible, como una charla distendida con un par de cervezas, de tal manera que lo realmente heroico ha sido conseguir editar todo lo que dijimos hasta hacerlo legible. En el transcurso de la conversación se dijeron cosas interesantísimas, y hasta se confesó algún que otro secreto, como la ironía de que María sea incapaz de ver películas de terror. Que no, que las sufre demasiado porque le da miedo todo —todo—, así que prefiere incitar a otros a que las vean para luego interrogarles: «cuéntame, ¿qué pasa después?». Nos lo pasábamos tan bien que tuvieron que echarnos del bar, y ni por esas: nos fuimos a otro y arreglado. Dad gracias al dios del papel digital porque, como siempre, me he pasado de extensión. Aquí las tenéis: Lo primero, para los curiosos, ¿qué es La Biblioteca de Carfax? María: Cuéntale la historia del nombre y el logo, qué está todo muy bien hilado (risas). Shaila: ¡Sí! Bueno, Carfax es la propiedad que compra Drácula cuando se va a mudar a Inglaterra, y la silueta que aparece en nuestro logo es la de la abadía de Whitby, que es el lugar donde, en la ficción, desembarca el Démeter.

Conociendo al autor María: En la novela, Carfax no es una abadía, es una casa, una propiedad. En las primeras adaptaciones de Drácula al cine se convirtió en abadía y adoptó el nombre de Abadía de Carfax. En mi cabeza aparecía como esa imagen asociada a la abadía de Whitby, el ilustrador Rafa Martín nos hizo a lápiz el boceto del logo y estamos muy contentas con la imagen que nos ha creado. Él es también el encargado del diseño de nuestras cubiertas. Muchos dirían que hoy en día crear una editorial desde cero de forma independiente es una empresa, como mínimo, arriesgada. ¿En qué momento se os ocurre que queréis lanzaros a la aventura de fundar una editorial? ¿Cuál era vuestro proyecto? María: En realidad, acabamos el curso de edición en el que nos conocimos en mayo de 2016, y para cuando llegó el verano ya estábamos negociando los derechos de Las ratas. Shaila: En agosto o septiembre estábamos ya con Experimental film. María: Cuando planteé el proyecto, en su momento, antes incluso de que Shaila me dijera «¡me apunto!», lo hice porque más allá de Valdemar y de alguna grande que trae cosas sueltas, todo lo que yo había leído de terror lo había tenido que leer en inglés. Había cosas que tenía clarísimas desde el principio, como que Las ratas tenía que ser nuestro primer libro. ¡Que un título como ese estuviera descatalogado desde que se editó en los setenta…! Encontramos que había muchísimas cosas que estaban por traer a España, aunque ahora es cierto que también hay cada vez más proyectos editoriales indepen-


22 dientes trayendo cosas interesantes. A veces pensamos que hemos empezado justo cuando a todo el mundo se le ha ocurrido lo mismo (risas). Aunque en realidad, es un hecho que también ayuda: que cada vez haya más oferta, con más diversidad y en este caso concreto, con obras de terror, ayuda a darnos más visibilidad frente al público. Porque durante mucho tiempo a la gente le decías terror y automáticamente había un «uff… es que no me gusta» y sería una pena quedarse ahí porque la verdad es que hay tantas cosas. Se escribe mucho terror y teníamos la sensación de que realmente había un catálogo por construir. Shaila: ¡Y alguno que queríamos se nos ha escapado! Pero es lo que hay. Hace poco leía en una entrevista a una editora inglesa de terror cómo ella veía que el terror como género sigue constreñido y denostado… encorsetado, viene a decir ella, y en su sello editorial quiso darle otra vuelta de tuerca: mostrar una cara diferente del terror. María: ¡Es que es tan divertido! Y mucha gente no se da cuenta. Es tan amplio que es maravilloso lo mucho que ofrece. Puedes tocar tantos temas… no sé, hay cosas más allá de Stephen King. Que a mí me encanta, ojo, es un gran narrador, pero es como quedarse a las puertas. Muchos pensarán que la labor del editor se limita a recibir manuscritos e imprimirlos con una bonita cubierta. Entre nosotras, sabemos que eso no se parece en nada a la realidad. ¿Cómo es un día en la vida de una editora de La Biblioteca de Carfax?

Conociendo al autor (Más risas. Esto fue un no parar). Shaila: Jo, pues es… ¡Complicado! María: Depende del día, de lo que estemos haciendo en ese momento… Nosotras lo hacemos todo en lo que respecta a los libros. Excepto las cubiertas, como te decía. Shaila: Bueno, e imprimir los libros. (Y vuelta a reír). María: Las traducciones intentamos externalizarlas en la medida de nuestras posibilidades, aunque yo he hecho dos de las que hemos publicado, con la ayuda inestimable de la corrección de Shaila para que salga bien. Esto muchas veces es necesidad: al final, los números mandan y una se lanza a hacerlo todo. Digo que depende, porque son muchos procesos abiertos a la vez. Shaila: Sí, ahora mismo, por ejemplo, acabamos de mandar a imprenta Acero, que sale en abril, pero nosotras estamos ya trabajando en el siguiente título. Estamos en el impás de esperar a que el libro se imprima, pero pensando ya en que cuando llegue hay que empezar con la comunicación: mandarlo a prensa, blogs, etc., para que empiece a conocerse. Paralelamente, como ya tenemos previsto que para mayo salga el siguiente, María está terminando la traducción y yo estoy corrigiendo las pruebas. Al mismo tiempo, conversamos con Rafa para que vaya preparando la cubierta, mandándole el briefing para que se vaya haciendo una idea de lo que queremos, y… bueno, la cuestión es que siempre vas enganchando cosas. Hay picos de trabajo, obviamente, porque el verano es más tranquilo, pero el resto del tiempo siempre tienes tarea pendiente.


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Conociendo al autor lizada exclusivamente en el género de terror, porque es amplísimo y está lleno de posibilidades.

Presentación de Biblioteca de Carfax en Vitoria

Vuestro catálogo se compone de obras, algunas clásicas, otras modernas, del género de terror. ¿Qué quiere aportar La Biblioteca de Carfax al panorama literario actual con su catálogo? Shaila: Desde el momento en que lo planteamos, ya en nuestro primer año de trabajo, nos encontramos con una grandísima variedad de autoras y autores, con unas cronologías amplísimas, pero sí que queríamos mantener un equilibrio entre todas las posibilidades. Quisimos manejar al mismo nivel trabajos de recuperación de obras que se editaron, por ejemplo, en los 70 o los 80, pero por lo que sea están ya fuera de catálogo, por otra parte clásicos que no hubieran sido traducidos al español hasta ahora, y por último también algunos autores actuales, de manera que pudiéramos abarcar el terror en su más amplio espectro. María: Parece también que, aunque hay otras editoriales que publican terror con mucha calidad, véase Insólita, Valdemar, Nocturna… El terror queda diluido entre otras muchas cosas. Publican fantasy, orientan algunas colecciones al público joven, a la ciencia-ficción… Nosotras queríamos ofrecer una editorial especia-

Aunque la mayor parte de vuestro catálogo se compone de autores ya fallecidos, habéis traído a España a autoras de actualidad como Gemma Files o Beverley Lee. ¿Apostáis por una política de autor en estos casos? ¿Podemos esperar ver en vuestro catálogo la segunda parte de Gabriel Davenport o alguna otra obra de Files? María: La verdad es que no nos importaría hacerlo, tanto la una como la otra tienen obras que nos encantan, pero la cuestión es que hay mucho más elementos a tener en cuenta. En el caso de Beverley, por ejemplo, plantear la publicación de la segunda parte de Gabriel Davenport tiene que pasar por ponderar: ¿nos compensa sacar esa segunda parte? Es una autora muy desconocida en España, y aunque hemos tenido comentarios buenísimos de su obra, es una novela autoconclusiva, así que tampoco nos sentimos obligadas a continuarla. En definitiva, no es algo a lo que nos cerremos, pero ahora mismo no es una prioridad. Y como tengo que satisfacer la curiosidad de los autores nacionales que puedan leernos… ¿tenéis pensado incluir en el futuro en vuestro catálogo a autores españoles? Shaila: En principio, todo nuestro catálogo va a partir de traducciones. Es parte de nuestra seña de identidad, y por eso tampoco admitimos manuscritos. ¡Y aún así nos llegan! María: Somos conscientes de que hay


24 mucha gente que escribe, y que escribe bien. Pero ahora mismo simplemente no forma parte de nuestro proyecto. Shaila: Nunca se puede decir nunca, pero por el momento, aún tenemos que afianzar el catálogo de La Biblioteca de Carfax. Y además, ¡hay muchas otras editoriales que ya publican a autores españoles: Insólita, Cerbero, Cazador de ratas, Nocturna… ¿Cuál es vuestro balance después de vuestro primer año de actividad, y con siete títulos publicados? ¿Qué habéis aprendido en este tiempo? María: El balance, para mí al menos, es súper positivo, sobre todo a nivel personal. Estoy haciendo lo que quiero, algo que me encanta, he aprendido un montón, incluso cosas que creía que no sabría hacer, he acabado aprendiendo a hacerlas. Aunque esto no es un camino de rosas, y hay preocupaciones y tienes que pensar cada día que estás empezando… Shaila: …que te tienes que hacer un nombre, que priman demasiado los números… María: … exacto. Que sacar esto adelante cuesta, pero que lo estamos consiguiendo porque es lo que queremos. Es algo que -ojalá llegue el día en que no tengamos que hacerlo- todavía nos exige mirar cada día la calculadora. Shaila: Es una empresa, y al final, una empresa tiene que ser rentable. Pero si llega el momento en que eso no sea una preocupación diaria, estará bien. Eso te permite arriesgar un poco más, hacer cosas nuevas, etc. Para mí, aunque

Conociendo al autor compatibilizo esto con otro trabajo, es genial. Había muchas cosas que estaban en la nebulosa: «¿cómo será…?». Bueno, pues ahora ya lo sé. Que aún nos quedan muchas cosas por aprender, por supuesto, pero lo hago cada día con una satisfacción personal que nunca antes había experimentado. Y creo que es algo que se nota cuando hablamos, entre nosotras y con la gente: se nota el cariño que le ponemos. María: Pequeño momento de autobombo, pero es que los libros son muy bonitos (risas). Lo son, lo son. Doy fe de ello. María: Es genial que llega ese momento en que los ves impresos y no terminas de creerte que los hayas hecho tú. Estamos trabajando en el octavo, y estoy convencida de que va a salir precioso. Vuestra presentación, de hecho, tiene su miga. Porque creáis libros objeto realmente bonitos. Luego lo que haya dentro… te cagarás de miedo, pero bonitos son un rato, y para cuando te das cuenta, ya has picado. Son un caramelito que dice «cómeme». María: Cuando empezamos, esto lo hablamos. Si miras -y ojo, que hay excepciones- los libros de terror en general, como objeto, son horribles. Shaila: La estética se ha visto poco cuidada, en general. La edición no es buena. María: Con las novelas llamadas «de género», en general, creo que ha venido siendo así durante mucho tiempo. La fantasía, el terror, la romántica… es literatura menor -así es considerada-, y nosotras teníamos muy claro que tenía-


25 mos que combatir eso. Quizá habrá quien pique, lo compre pensando «qué bonito es» y cuando empiece a leerlo se quede muerto. Shaila: Pero podrá pasar lo contrario. Que haya gente que lo compre sin imaginar que es terror, y que precisamente gracias a eso, lo descubra, y le guste. Porque una de las satisfacciones que a mí me produce esto es comprobar, ya en mi entorno familiar, que hay gente que no había tocado la literatura de terror en su vida, y que ahora esperan nuestros libros con ansia. Les ha picado la curiosidad, empiezan a indagar otros títulos por su cuenta, y sientes que les has abierto nuevos mundos. Si pudierais elegir cualquier obra de cualquier autor de la historia, para ser vosotras quiénes la publiquen… ¿por cuál os decantaríais? María: ¡Colega…! Eso es muy amplio. ¡Es muy difícil! Shaila: A mí se me ocurre, Hellraiser, que publicó Hermida hace algún tiempo. María: Sí, yo creo que también me hubiera tirado a por Clive Barker. Libro de sangre y en esa línea. Porque… porque sí, Cliver Barker tiene algo y es un horror absoluto, es decir, es una maravilla. ¿Cómo son las reacciones que percibís por parte de los lectores? María: La verdad es que, hasta el momento, solo tenemos comentarios positivos. Hasta ahora la recepción de los lectores ha sido muy buena, a la gente le gusta lo que hacemos. Es maravilloso lo que la gente nos dice. Aún así, intentamos ser realistas, porque sabemos que es un género difícil, que no ha todo el mundo le van a gustar

Conociendo al autor siempre todos los libros que hagamos, y que puede llegar el momento en que nos demos un batacazo. Nosotras somos muy cuidadosas con nuestro trabajo y en realidad eso nos sirve de aviso, como un «no te descuides», porque somos conscientes de que hay un nivel de expectativa hacia nuestro trabajo. Nos decimos que estamos muy mal acostumbradas porque hasta ahora, siempre, la gente que ha tomado la molestia de decirnos algo, cosa que se agradece mucho, siempre ha sido para decirnos cosas buenas. ¿Algo que se haya quedado en el tintero y que queráis añadir? Shaila: Pues que muchas gracias, gracias por hacernos este huequito. María: Sí, muchas gracias. Shaila: ¡Y que la gente lea! (risas finales). ¡Por que la gente lea! Sara Esturillo


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LOS SUBGÉNEROS DE FANTASÍA: HISTÓRICA Y ÉPICA La fantasía es un género que no es ajeno a ningún espectador: libros, películas, series, videojuegos… muchas de estas formas de entretenimiento entran dentro de este género. Los relatos de fantasía, en particular, no solo nos han acompañado desde la infancia gracias a grandes compañías como Disney y a los cuentos clásicos de hadas que se nos han contado como «historias para dormir» —cuentos usados como herramienta para enfrentar al lector con conflictos humanos básicos y proponer la figura del héroe como el que afronta esos problemas creando un camino para los oyentes o lectores de esas historias—, sino que si intentamos remontarnos en el tiempo para buscar su origen, no conseguiríamos averiguarlo: leyendas, sagas… historias centrales para las culturas que las crearon, repetidas oralmente, largas y complejas. Y a pesar de ser un género tan antiguo, no tiene visos de desaparecer, estando hoy tan presente como lo fue en su momento. Por supuesto, como en todos los géneros, dentro de la fantasía hay numerosos subgéneros. Hoy vamos a tratar de introducir dos de ellos: la fantasía histórica y la fantasía épica. •Tal vez el más sencillo de categorizar sea la fantasía épica —o como también se la conoce, alta fantasía—, ya

La escuela de Caliope que cuando uno piensa en fantasía es muy sencillo que acabe con El señor de los anillos (J. R. R. Tolkien), El ciclo de Terramar (Úrsula K. Le Guin), la Saga de Geralt de Rivia (Andrzej Sapkowski) o Nacidos de la Bruma (Brandon Sanderson) en mente, historias divididas en varios tomos que siguen una trama temporal más larga que otros. En las novelas situadas dentro de este subgénero suele encontrarse un nuevo mundo preindustrial donde la magia es real (muy distinta del ilusionismo) o donde hay numerosos elementos fantásticos, donde existen varias razas distintas o gentes con diferentes capacidades —no tiene por qué haber nuevas criaturas que convivan con los humanos, pero es común que se sitúen como contexto aunque la historia después no se centre sobre ellos. Esto, por supuesto, depende del libro—, donde las sociedades que se presentan suelen estar basadas en el romance medieval de Europa. Añadido a esto, se introduce la lucha entre el bien y el mal como parte central de la trama, algo que amenaza al mundo entero. Esta es otra de las características de este tipo


27 de literatura, la escala. Efectivamente, nos encontramos con una escala épica. Las historias tienden a no limitarse a una ciudad o pueblo, y la mayor parte, debido a esto, consisten en algo llamado monomito o viaje del héroe: en palabras del mitólogo Joseph Campbell, «El héroe se lanza a la aventura desde su mundo cotidiano a regiones de maravillas sobrenaturales; (…) tropieza con fuerzas fabulosas y acaba obteniendo una victoria decisiva», característica que viene de aquellas historias que se consideran predecesoras del género, los mitos clásicos de gran variedad de culturas, como las vikingas, las romanas o las griegas. Efectivamente, debido a un gran mal que amenaza al mundo, el héroe se ve empujado a un viaje en el que sus acciones y luchas tienen un efecto no solo en sí mismo, sino también en la propia naturaleza del universo, cambiando la historia de forma permanente. •La fantasía histórica o ficción histórica, como también se la puede conocer, es el segundo subgénero del que vamos a hablar hoy: aunque no es tan conocida como la épica —o al menos, pue-

La escuela de Caliope de que no sea lo primero en que se piensa cuando uno trata de imaginar qué obras hay dentro de la fantasía, ya que por lo general, en su forma clásica, la novela histórica no parece que pueda admitir fantasía en su trama—, no es muy difícil de reconocer. Historias como Los leones de Al-Rassan (Guy Gavriel Kay), Las Puertas de Anubis (Tim Powers), El druida (Morgan Llywelyn) o Entrevista con el vampiro (Anne Rice), son ejemplos de este subgénero. Jo Walton, una de las ganadoras del premio Hugo, la describe como una fantasía que se ubica en el pasado —aunque muchos escritores llevan la definición más allá y añaden que los hechos históricos a los que se refieren no tienen por qué haber sucedido realmente, lo que entraría en el debate de si entonces sería una ucronía o no—. En las obras de este estilo se toma un periodo histórico real como base contextual y espaciotemporal pero sin sujetarla a las reglas científicas: debido a esto, todo mito o leyenda puede, en estas historias, ser tan real como los sucesos históricos dentro de los que se ubican. Es decir, la acción se desarrolla en un contexto verídico donde el autor entrelaza los sucesos reales con los fantásticos o, incluso, con las teorías fantásticas de cómo esos sucesos reales se desarrollaron. Por lo general son novelas muy bien documentadas acerca de la época y lugar en el que se ubican, y generalmente en las novelas que se ubican dentro de la fantasía histórica suele haber brujería, criaturas mágicas u otros elementos sobrenaturales que coexisten, normalmente ocultos, en el mundo real con los seres humanos y los


28 sucesos corrientes. A veces la parte histórica solo sirve como ambientación, pero otras veces forma parte activa de la trama, donde la fantasía explica algunos eventos reales (varios juegos de rol, como Unrealms, se centran en este tipo de fantasía a la hora de crear un contexto) contando «la verdadera versión» de los hechos históricos, la versión que no ha llegado a los libros de historia. La fantasía épica y la fantasía histórica son dos subgéneros diferentes, parte de uno mucho más grande, como se puede ver. Ambos se encuentran dentro de un género que lleva siglos entre nosotros y que sigue estando, hoy en día, más que solicitado. Pero ¿por qué gusta tanto la fantasía? Una de las razones por las que es uno de los géneros más queridos por el público es porque en el relato fantástico se crea un nuevo mundo diegético donde lo imposible es completamente verosímil, que describe un mundo no muy diferente del real pero místico, misterioso, que ayuda a describir y explicar la naturaleza de aquel en el que vivimos. La fantasía es fácil de leer, entretenida y original. En este género se fusionan dos núcleos importantes, lo maravilloso de lo sobrenatural y la exploración de la aventura, lo que une dos mundos, en principio, opuestos, el ordinario y el extraordinario. Camino Fuertes http://unlibrounaopinion.blogspot.com.es/

La escuela de Caliope


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Una relación a tres bandas A veces pienso, a modo de fantasía, que un escritor es como el “relaciones públicas” del mundo de la ficción. Tiene que tomar contacto con el narrador para aprender a escuchar su voz, tal y como os conté en el artículo de la edición anterior. Pero no solo eso. Su trabajo va más allá. Conocer a los personajes es otra de las tareas encomendadas. No es fácil crearlos desde cero ¡muchos menos saber cómo hablan! Es como el juego del teléfono escacharrado, que un mensaje pasa por varios oídos y el último que lo cuenta, lo desvirtualiza. En este caso, el autor corre un riesgo similar. Debe ser capaz de transmitir al lector, coma por coma, qué es lo que esos protagonistas quieren contar. Y aquí no acaba la cosa. Sin una lectura, nada de lo que hay sobre el papel tiene sentido. Quienes nos leen son dan vida al 50% de la esencia narrativa. Una historia carece de relevancia sin alguien al otro lado que preste su imaginación a esos mundos construidos con letras. Si la relación no es buena, todo se derrumba. Así, entre el narrador, los personajes y el propio lector, en ocasiones, el escritor se encuentra en un sinvivir al que llega conducido por el agobio de creer que no es un buen canal de comunicación. Relax. No pasa nada. Con tiempo y paciencia todo se consigue. El truco está en los pequeños detalles, por ejemplo, los signos de puntuación. No podemos pretender ser buenos transmisores si no controlamos el buen uso de las comas y de los puntos. Aunque se lea mentalmente, cada frase necesita aire, una pausa para respirar. Hay que separar ideas, pero eso sí, sin romper estructuras gramaticales. Es cierto que, dejados llevar por los exce-

Taller del Escribidor

lentes doblajes cinematográficos en español –digo esto, aunque yo un fiel defensor de la versión original–, los silencios de la pequeña o gran pantalla no se corresponden con los mismos de la literatura. Sé que puede sonar absurdo, pero es que, cuando uno escribe, es como si estuviera dando forma al contenido en bruto de una película, y claro, caemos en lo yo denomino “doblaje mental”, que no es otra cosa que escuchar a Rosa Guiñón, actriz que pone voz a Meryl Streep; Constantino Romero, Michelle Jenner o a Luis Reina, doblador de Troy McClure, encarnando la voz de nuestros pensamientos, conciencia y, a veces –y esto es lo más peligroso–, de los personajes. Para hacernos una idea, esto es como revivir con tu pareja cosas que te recuerdan a tu ex .Error. Grande error. Tenemos que dejar que, ante todo, fluya la naturalidad, y darnos cuenta de que los profesionales que se dedican al séptimo arte tienen una oratoria que difiere de la narrativa escrita. No es ni mejor ni peor, simplemente, son distintas. Cada área cultural tiene que ser tratada de forma independiente. Esto es una manera de ser conscientes de la enorme libertad que poseemos a la hora de crear sin tener por qué usar referentes que, aunque no son malos tenerlos, en exceso y, sobre todo, para principiantes, puede ser demasiada influencia. Por lo tanto, si seguimos esta línea, habremos pactado el primer punto del contrato con el narrador y los personajes. Cada uno tendrá su propio tono de voz, su personalidad y sus manías. Ahora llega el turno del escritor de no permitir que una coma se interponga entre un sujeto y un predicado. De hecho, las malas lenguas dicen que de ahí viene el astigmatismo. No es bueno ni el abuso por exceso o defecto de tales signos de puntuación. Tampoco es necesario complicar una frase ni el discurso en sí. En la simplicidad está la magia. Soy consciente de la literatura del siglo pasado pero tam-


31 bién creo, y sin afán de desmerecerla, que las tendencias evolucionan y que el público cambia. No hay que perder de vista el objetivo final de cada obra con cuestiones tan sencillas como a quién va dirigida, qué quiero transmitir y cómo lo quiero contar. Sabiendo eso, ya llevaréis un tercio del camino andado. El uso de las palabras es fundamental para mantener un estilo limpio. A veces, es irremediable repetir alguna porque poner un sinónimo quitaría fuerza a su significado. Pero yo soy de los que piensan que siempre es bueno hacer el esfuerzo de buscar y, ¿quién sabe? A lo mejor uno se sorprende al encontrar un vocablo que le encaje mejor. Sin embargo, tampoco es bueno obsesionarse con esto. Hay gente que ni entre párrafos repite el mismo sustantivo, y digo esto porque un adjetivo, al poseer el valor añadido de la subjetividad, es más fácil de sustituir. Componen textos que, al final, rezuman por ser una prosa ininteligible, barroca y sin profundidad. Es como una pelea contra las letras para lograr traspasarlas sin éxito alguno. ¿Por qué dificultar algo tan hermoso como la lectura? No por utilizar palabras de compleja comprensión o rimbombantes va a nacer una mejor composición. No tenemos que jugar a ser Cervantes, Góngora o Quevedo para encontrar nuestro estilo. Es más divertido ser uno mismo, innovar y demostrar originalidad. Ya que hoy me ha dado por la perfección literaria –la cual ni existe ni yo poseo–, vamos a afinar los instrumentos que poseemos para conseguir consolidar nuestra relación con el tercer miembro de este triángulo literario: el lector. Sabemos que vivimos en una sociedad en la que lo rápido y breve entra rápidamente por los ojos. Una parrafada que ocupe casi toda la página hará que quien nos lea se lo piense, aunque sea en cuestión de segundos, un par de veces.

Taller del Escribidor

Eso nos ha pasado a todos. Hay que dosificar. Ese es el gran secreto. Scheherezade ya lo demostró en “Las mil y una noches”, cuando salvó su vida dejando finales abiertos. Esto es una gran lección. Contad historias escalonando ideas, separando frases con puntos y comas y segmentándola en distintos párrafos. Llevad al lector al culmen de vuestro relato y haced que sienta el éxtasis que vosotros, como escritores, experimentáis mientras narráis. Y cuando haya aceptado el tono del narrador y el de los personajes como algo propio y diferenciador –y se encuentre en un punto importante de la trama–, dejadlo. Huid. Abandonadlo a su suerte. A esto se le llama cerrar un capítulo. Así querrá más. Tal y como había dicho al principio, esto no deja de ser una relación en la que, en este caso, los autores deben usar ciertas herramientas maquiavélicas a través de las palabras para conquistar al público. Y no es algo fácil. Es un arte con el que se nace y que también se aprende y perfecciona con el paso del tiempo. Realidad o ficción, leer y escribir son dos maneras para ser libres. Pero una se necesita a la otra. La imaginación de las personas no volaría por las cumbres la literatura si no fuera por los pilotos de las letras que dirigen las historias. El viaje no es fácil y, posiblemente, habrá que superar muchos obstáculos y corregir errores como la concordancia, los fallos de argumento, las tildes y hasta los títulos, pero, como eso, como diría Scheherezade, os lo contaré más adelante, cuando el alba llegue y nos sorprenda el día hablando, como no podía ser de otra forma, de la magia de las letras. Continuará… Emilio Prieto Hurtado.


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Miguel Ángel Ilustrador

Mirando mas alla Miguel Ángel Romero Sevilla nació en Linares (Jaén, España) en 1993. Desde pequeño siempre le gustó dibujar en todas partes, era su entretenimiento. Ya en el instituto, cuando ganó algunos concursos de arte de postales navideñas y ferias del libro, empezó a pensar que en un futuro le gustaría ser dibujante. Decidió estudiar el bachillerato de artes y posteriormente descubrió el mundo de la ilustración. Continuó su formación en la escuela de arte “José Nogué” de Jaén y, al mismo, tiempo comenzó a recibir sus primeros encargos como ilustrador, entre ellos la saga Frizie de Emilio Prieto, uno de sus trabajos más especiales. En 2015 realizó su primera exposición individual en Linares, donde se podían ver tanto trabajos de su etapa de formación como proyectos personales, alguno de ellos de temática infantil, pues es una de las ramas de la ilustración que más le gustan y disfruta.

Por qué dibujas

Qué te inspira

Porque nace de mí, es como un instinto. Desde pequeño me encantaba; me sentía como pez en el agua con un bolígrafo y un folio. Cuando estoy dibujando y pintando, las horas se convierten en segundos sin darme cuenta. Siempre he pensado que me expreso mejor con un dibujo que escribiendo, por ejemplo.

Más que inspiración, hay días en que simplemente me apetece agarrar el lápiz o el pincel. La mayoría de las ilustraciones que hago se deben a que soy bastante observador. Me gusta dibujar animales, plantas, retratos… sobre todo motivos naturales por los movimientos, colores, texturas, etc.


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Técnica preferida

Consejo para Síguelo en: principiantes Miguel Ángel Romero

Mis técnicas favoritas son las tradicionales. Si tuviera que elegir una me quedaría con el acrílico. Es con la que me siento más cómodo y me ofrece grandes posibilidades a la hora de trabajar, aunque igualmente uso acuarela, grafito y bolígrafo. También estoy trabajando cada vez más con las técnicas digitales.

Como quien dice, aún me siento como un principiante, pues este es un camino en el que siempre aprendes cosas nuevas. Mi consejo es que, hagas lo que hagas, lo hagas con pasión y, sobre todo, paciencia. Aunque tu momento tarde en llegar, no te rindas. Sigue trabajando. ¡Sigue nadando!

Sevilla

@Tintoromero


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Mirando mas alla Gree (Grecia Zamora González), estudió diseño gráfico en la Universidad la Salle, en México, pero se dio cuenta de que su verdadera felicidad estaba en dibujar. Estuvo en despachos de diseño y empaque, publicidad y en un estudio de videojuegos. Actualmente se dedica a ilustrar y a hacer concept art para diferentes proyectos.

Gree Ilustradora

Síguela en:

Por qué dibujas

Porque, desde que era niña, mi abuelo me acercó al dibujo. Primero con las caricaturas y después dibujando conmigo, y siempre sintiendo mucho orgullo que lo que hacía . Ahí empezó todo.

@gree_grecia

Qué te inspira Me gustan mucho los temas mágicos, pero también disfruto ilustrando escenas y situaciones de la vida cotidiana (anécdotas chistosas en su mayoría) y me gusta mucho dibujar chicas.

Técnica preferida Me gusta mucho hacer pintura digital y acuarela.

Consejo para principiantes Aprende fundamentos (color, valores, luz, anatomía, etc…). Yo no lo hice desde un principio hasta que alguien me lo dijo, y me hizo (y me hace) mucho bien.


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Navegando entre libros

Hace miedo aquí de Liliana Díaz Mindurry

nen, por lo que puede que este no sea un libro para cualquiera. En esta historia hay que dejarse llevar y estar cómodo perdiéndose de vez en cuando por sus mundos y personajes. Aquí el lenguaje es un juego y la fantasía se entrelaza con retazos de realidad.

(1953, Buenos Aires, Argentina) Es una escritora, abogada y poeta argentina. En 1998 fue ganadora del premio Así que, si te apetece leer algo diferente, te Planeta de novela con Eine kleine na- aseguro que esta novela cumple los requisichtmusik (Pequeña música nocturna). tos para poner tu mundo patas arriba. De la mano de Huso Editorial, nos llegó la oportunidad de leer la última novela de Liliana y, viendo la trayectoria de esta escritora y el catálogo de la editorial, fue imposible rechazarla. Aviso a navegantes: esta no es una novela ordinaria. Antes de escribir esta reseña, me planteaba el dilema de explicar el argumento sin destripar demasiado ni restarle la experiencia de descubrir los matices que esconde al lector. Lo voy a intentar. Hace miedo aquí es la historia de una realidad que se ha desvanecido y de un protagonista que busca las claves de aquello que fue en el cuadro «El jardín de las delicias» de El Bosco, cuya simbología se mezcla con lo real y lo imaginario, el miedo y las obsesiones que plagan esta nueva existencia. El estilo de Liliana está plagado de metáforas y líneas que esconden mucho más de lo que intentan decir las palabras que las compo-

Verónica Cervilla

Como ya hiciera hace algún tiempo con la recomendación editorial de Cerbero, en este número os traigo una selección de los últimos títulos publicados por Triskel Ediciones, porque si hay algo que me gusta más que descubrir buenos libros, es encontrar buenos proyectos editoriales. A los editores de Triskel, Rafael Velis y Pablo Campos, les conocí hace ya más de un año, en noviembre de 2016, en la que fue la primera (y hasta ahora la única) Feria del Libro de Bormujos. Tuve el privilegio de compartir mesa redonda con ellos y otros fantásticos editores de Sevilla y alrededores, y cómo no, de aprender de ellos. Una de las cosas más sorprendentes del nacimiento de un sello como Triskel es que, a pesar de que apuestan por la narrativa en general, ya desde el principio hacen un enorme hueco en su catálogo a esa tan denostada literatura de género, llamada para muchos «baja literatura», pero que como ya hemos discutido alguna vez en números pasados es, a la postre, la «debilidad» de demasiados. Pues bien, a un proyecto como el de Triskel teníamos que prestarle atención, y hoy,


41 la recomendación lectora, es la de tres de sus últimas publicaciones.

Great Blasket Island de Marc Sabaté (1979, Barcelona, España). Su primera participación en esto de las letras fue con la antología benéfica infantil Ilusionaria IV. A partir de entonces no se detuvo en esto de contar historias. Le siguieron Mitos de Fuenlabrada de Kelonia Editorial, En los albores del miedo de Dólmen ediciones, Stardust for Bowie de Tinta Púrpura Ediciones, además de varios especiales Calabazas en el trastero de Editorial Saco de Huesos. A finales del pasado año 2017, nos trajeron una novela cargada de misterio y suspense, Great Blasket Island. La isla que protagoniza la novela -en casi todos los sentidos-, de igual nombre, es una localización real de la costa irlandesa: una isla que a mediados del siglo pasado fue completamente evacuada después de que uno de los habitantes muriera a causa de

Navegando entre libros una enfermedad provocada por el agua de mala calidad. Ningún médico pudo alcanzar la isla debido al mal tiempo, y esa fue la causa última de un abandono que ya era cuestión de tiempo. Esta premisa le sirve a Marc Sabaté, autor de la novela, como marco para la construcción de una historia en la que Gustavo, profesor de historia harto de su vida, acepta trabajar en un proyecto de un año en la extraña isla. Tengo que reconocer que el argumento me resultó atractivo desde que leí la reseña por primera vez, y aunque el estilo de Marc Sabaté puede llegar a ser en ocasiones algo más introspectivo de lo que la acción podría pedir, he disfrutado de su lectura.

La moderna Atenea de Mª Concepción Regueiro Digón (1968, Lugo, España). Autora bilingüe, multitemática y especializada en la Ciencia-Ficción, pero con frecuentes incursiones en diferentes géneros narrativos. Es trabajadora social y pedagoga y ha desempeñado multitud de ocupaciones en los ámbitos de los Servicios Sociales, la Formación Ocupacional y la Igualdad. La moderna Atenea, de Mª Concepción Regueiro Digón, es con diferencia una de las novelas más originales que he leído últimamente. Fue finalista de los premios Ignotus en 2009, lo que entre otras cosas


42 me hizo ser consciente de que esta es ya una novela de largo recorrido. Me encantó su planteamiento feminista, su recreación costumbrista del siglo XIX y, cómo no, la estructura que compone. La autora se sirve de cartas, artículos de revista, correos electrónicos…, en cierto modo, presenta una narración deconstruida y nos deja averiguar por nosotros mismos qué demonios está pasando.

Cuentos de nueva fantasía de Teo Palacios Escritor, corrector y asesor de editoriales de la importancia de Ediciones B o Edhasa. Por último, pero no por ello menos importante, quiero recomendaros la antología de Cuentos de nueva fantasía. Esta es, tal como nos cuenta Teo Palacios en su prólogo, una iniciativa que surgió con la idea de hacer ver la luz en papel, que siempre es más satisfactorio, una antología de textos de algunos de los alumnos que, a lo largo de los años, ha ido teniendo en sus clases de escritura creativa y narrativa. A algunos de estos autores, como Alicia Pérez Gil, ya los había leído. Otros han

Navegando entre libros sido una agradable novedad. Cuentos todos ellos que invitan a una lectura más allá del mero entretenimiento y que pueden disfrutarse en una edición preciosa. Porque por si no os lo he comentado, cuánto más tiempo pasa, más me gustan las ediciones que realiza Triskel. Solo echadle un vistazo a sus portadas y quedaos prendados de alguna, ya sea recomendada por mí o no. Estaréis dando impulso a proyecto que lo merece. En todo caso, y como siempre: leed. Sara Esturillo


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Tras los muros

GANADORA concurso anterior

L

EL PORTAL

a profesora se dirigió hacia la puerta del aula con expresión sombría. Dibujó una sonrisa en el rostro y se quedó observando cómo los alumnos salían al pasillo, en dirección al patio. Deseaba tomarse un descanso, pero aquel día tampoco sería posible. Cerró la puerta y se sentó en su silla, observando al único alumno que se había quedado con ella. El niño, con la mirada perdida en el techo, sonreía con candidez. Ella suspiró, con el corazón roto, y se zambulló en su cuaderno de evaluación. De pronto el pomo de la puerta chirrió. –Cristina, ya estoy aquí. La profesora se levantó para recibir al director del colegio. –Gracias por venir, Hugo. –¿Ha vuelto a ocurrir? –preguntó el director preocupado. –Cada vez es peor –contestó Cristina bajando la voz y mirando de reojo al alumno–. Hoy ha empezado a gritar y correr por el aula, asegurando que estábamos en peligro, que teníamos que seguirlo al otro lado… Los demás alumnos se han asustado mucho. –Pero, ¿está bien? –Eso creo. He conseguido llevarlo a su sitio cuando ha pasado la crisis.


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Tras los muros

El director asintió antes de dirigirse a la mesa donde el alumno permanecía con la mirada perdida en el infinito. Se sentó a su lado para agarrar una de sus manos con suavidad. –Carlos, ¿me oyes? El niño parpadeó, pero siguió con la mirada clavada en el techo. –Carlos, estoy aquí. ¿Quieres irte a casa? El niño amplió su sonrisa. –Carlos, ¿quieres irte con mamá? –intervino la profesora desde lejos. En ese instante el niño parpadeó varias veces. Su sonrisa se esfumó y miró confundido al director y la maestra. Hugo le palmeó la mano, mirándolo con compasión. –Ya ha pasado, ¿estás bien? El niño asintió despacio, alternando la mirada entre los dos adultos. –Aún no me creéis –dijo en un susurro, tratando de reprimir las lágrimas–. Nadie me cree… Pero ya se lo que hay que hacer. La profesora negó con la cabeza, suspiró y se acercó a su mesa para coger el móvil. –Llamaré a su madre. –¡No! La vais a preocupar más –Carlos se levantó, tirando la silla al suelo–. Estoy bien, solo ha sido… El director miró a Cristina apesadumbrado. –Está bien, Carlos. No llamaremos a tu madre. Puedes irte al patio con tus compañeros. –¿Po…? ¿Podría irme a la biblioteca? No tengo ganas de salir –dijo el niño nervioso. El director asintió, consciente de que Carlos no deseaba reunirse con sus compañeros. Sabía bien el efecto que causaba en ellos, y deseaba evitar a toda costa las burlas y las miradas cargadas de miedo. Con la cabeza gacha, salió de clase. –Hugo, quiero la verdad –exigió la profesora aparentando entereza–. Me dijiste que Carlos padecía un rato tipo de autismo pero, en vez de trabajar en la integración con sus compañeros, lo habéis mantenido apartado de todos. ¿Qué pasa? –¿Qué piensas tú? –preguntó el director furioso. –No lo sé, yo… Soy consciente de que Carlos es diferente, pero creo que es capaz de ver cosas que nosotros no podríamos ni imaginar. A veces tengo la sensación de que esos episodios que sufre son muy reales para él. Es como si… Cristina sintió un escalofrío. Hugo la miraba con un extraño brillo en los ojos. –¡Carlos es autista, nada más! –Gritó fuera de sí–. Me vuelvo a mi despacho. Si sucede algo parecido de nuevo, avísame. Salió de la clase dando un portazo, sin dejar que Cristina pronunciara una palabra más. Dos días más tarde, durante la clase de lengua, un tremendo crujido sacudió


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los cimientos del colegio. Las paredes temblaron antes de comenzar a derrumbarse, los cristales estallaron en mil pedazos, y el sol de mediodía quedó oculto por una nube oscura que amenazaba tormenta. Cristina se escondió debajo de su mesa, gritando a sus alumnos para que hicieran lo mismo. Pero Carlos permanecía de pie, mirando a través de una de las ventanas el paisaje desolador que comenzaba a dibujarse fuera. Horrorizada, la profesora vio al alumno dirigirse al fondo de la clase, donde la pared había desaparecido a causa del seísmo. Carlos mantenía su sonrisa, y aquella mirada centrada en el infinito. Entonces, con un movimiento brusco que borró sus facciones aniñadas, se colocó en el centro del aula y comenzó a dar órdenes a sus compañeros. –¡Seguidme! Sé lo que hay que hacer –repetía sin cesar, moviendo las manos con nerviosismo. Pero ninguno de sus compañeros salió de debajo de su mesa. La tierra seguía temblando y la oscuridad ganaba terreno cada vez más deprisa. Carlos se giró hacia Cristina con los ojos anegados en lágrimas y entonces la profesora supo que Carlos sería su salvación; la de todos. Salió de su escondite y se colocó junto al niño, instando a los demás a que hicieran caso a su compañero. Cuando el grupo se hubo reunido en torno a ellos, Carlos se colocó frente a la única pared que se mantenía en pie y, dibujando un extraño símbolo en el aire, abrió un portal hacia otra dimensión. Cristina miró a Carlos alarmada. –Ahí estaremos a salvo –indicó Carlos con una sonrisa–. Confía en mí. Temerosa, Cristina dio el primer paso hacia el portal, llevando de la mano a varios de sus alumnos. Poco a poco todos cruzaron al otro lado, donde un paisaje soleado les dio la bienvenida. La profesora se giró para buscar a Carlos, que aún no había cruzado. –¡¿Qué haces?! ¡Ven con nosotros! –le gritó histérica. –Debo ayudar a los demás –contestó el niño mientras dibujaba en el aire otro símbolo. De repente el portal desapareció, y Carlos con él. Cristina se volvió para comprobar que todos sus alumnos se encontraban bien. Entonces reparó en el lugar donde Carlos los había llevado: un extenso valle pintado con extraños tonos añiles, turquesas y naranjas, donde la brisa transportaba una melodía. De pronto, en el extremo más alejado vio aparecer otro portal, a través de cual comenzaron a llegar más personas. Amanecer González


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Tartarus #10  

Autoras invitadas: Mariana Palova, Judith Bosch y Paloma Fernández-Pacheco - Entrevista a Miquel Barceló y La biblioteca de Carfax - Fantasí...

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