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ENTREVISTA CON ANICET LAVODRAMA

Tenemos la ocasi贸n de charlar con uno de los mejores p铆vots que han pisado las pistas de la ACB

HAY QUE CAZAR A MICHAEL RAY

En la NBA a veces el baloncesto es lo de menos. Descubrimos la persecuci贸n que sufri贸 la ex estrella de los Nets

SKYHOOK BASKETBALL MAGAZINE #3

kobe eterno Especial Kobe Bryant. Recordamos las veinte temporadas de una de las mayores bestias anotadoras de la historia de la NBA.

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SUMARIO

SUMARIO

NÚMERO #3 - abril 2016

Mucho más grandes Llegamos a un tramo de la temporada en el que salir de casa y apagar la tele se va complicando. Playoffs de la NBA, Final Four de la Euroliga, el tramo decisivo de la ACB... Por eso, y para que los tiempos muertos de Steve Kerr no se te hagan eternos, hemos aumentado el número de páginas de nuestra revista, de 44 a 84. Ahí queda eso. Y por cierto, si todavía no lo sabes, ahora la puedes tener en papel. Para esos momentos de intimidad....

MUMBRÚ GRAN RESERVA............. 4 Al igual que los grandes vinos, Álex Mumbrú sigue mejorando con el paso de los años. En Bilbao lo saben. EN PORTADA: KOBE BRYANT ......... 6 Especial de cuarenta páginas repasando la trayectoria de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. #blackMamba FINAL FOUR 2016 ...................... 46 La Final Four de Berlín va a contar con mucha menos presencia española de la esperaba, algo que, por otro lado, no resta un ápice de emoción al evento. Y por supuesto, siempre nos quedará el Baskonia.

HAY QUE CAZAR A MICHAEL RAY ................................................... 48 En la NBA de finales de los setenta el consumo de marihuana y cocaína era generalizado. Hasta que David Stern decidió tomar cartas en el asunto. ENTREVISTA: ANICET LAVODRAMA ..................................................... 54 Hablamos largo y tendido con uno de esos pívots que recuerdas con cariño y nostalgia. Un mito en Ferrol, ciudad en la que jugó durante años dejando mates y amigos a partes iguales. LOS ÚLTIMO DÍAS DORADOS DEL MADISON ....................................... 58 Quizá ser de los Knicks no sea la mejor idea del mundo, pero en algunas ocasiones, merece mucho la pena. LA DINASTÍA DE LOS HOMBRES DE NEGRO (II) ................................... 62 Segunda parte del repaso a la franquicia que está cambiado la NBA. ¿Nos vamos de viaje con Tim Duncan y Gregg Popovic? LA BIOGRAFÍA: YAO MING .............................................................. 68 El impacto que tuvo Yao Ming durante sus años en la NBA y su posterior retiro cambiaron muchas cosas en la compleja socidad china. Nos acercamos a los orígenes del hijo del imperio y repasamos toda su carrera. DOS SEGUNDOS Y TRES CUARTOS ....................................... 20 Chema Pizarro saca un montón de titulares a un tipo bastante particular en la última sección de la revista.

Publicación gratuita. Publicada el 1 de mayo de 2016 Descarga en www.skyhook.es Imagen de Portada: Miguel Ángel Blaya Miralles

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MUMBRÚ GRAN RESERVA Texto: Ángel López @papangeloso Fotografía: ACB.COM

Los jugadores Gran Reserva constituyen la máxima expresión del baloncesto. Son jugadores que han pasado un largo tiempo en la competición, pasando por todas y cada una de sus categorías. Aquellos que podrían describirte todas y cada una de las lamas de los parqués que han pisado. Aquellos que han recibido el aplauso y la admiración tanto del aficionado propio como del ajeno. Aquellos que se desenvuelven como pez en el agua en ambientes cálidos y húmedos, y que dan su mejor versión bajo la luz de los focos. Aquellos que mejoran con los años, que no te cansarías nunca de ver, que aún no se han ido y ya los echas de menos. A sus casi treinta y siete años, diecisiete de ellos compitiendo al máximo nivel, un currículo de esos que corrigen graduaciones con sólo leerlo, y después de haber firmado dos de las mejores temporadas de toda su carrera (siendo el máximo anotador de la pasada campaña y luchando por repetir galardón en ésta, y el único jugador que ha entrado en el Top30 de la ACB en puntos, rebotes, asistencias y tiros de tres) puedo afirmar sin temor a equivocarme que Alex Mumbrú

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es un jugador que ha alcanzado Andrés Jiménez. Ese alero alto la categoría de Gran Reserva. que tanto añoramos en el equipo nacional desde su decisión de Madurado profesionalmente dejar la selección. en barrica de roble badalonés, siempre bajo la atenta mirada de Lo que llama especialmente expertos catadores de talento, la atención de Mumbrú es Alex es uno de esos caldos que la espectacular evolución y ha superado con creces las mejora de su juego a lo largo expectativas creadas durante sus de todos estos años. A su más años de crianza, convirtiéndose que aceptable lanzamiento de en uno de los mejores aleros media y larga distancia y su altos españoles de los últimos natural capacidad reboteadora, años. Badalona, Madrid, Bilbao. se han sumando una serie de Del niño al hombre y del hombre movimientos al poste de lo al nombre. más variado y efectivos, una destacable intensidad defensiva, Poco queda ya de aquel joven así como una gran visión y control de poco más de dos metros que del juego. Esta polivalencia (sólo con más corazón que cabeza al alcance de unos pocos) en intentaba hacerse un hueco en tiempo de especialistas, hacen de la élite del baloncesto nacional, él un jugador único en su especie. y en el que un portentoso físico primaba por encima de sus Y es que una de las cosas que muchas y emergentes virtudes. más sorprende de Mumbrú es su Pero en el caso de este Gran capacidad de adaptar su juego y Reserva, el siempre temido paso ampliar su abanico de recursos de los años no ha hecho más que cuando su físico ha empezado sacar a relucir todas y cada una a poner límites. Los años pasan de esas virtudes ocultas detrás para todos, pero para el bueno de las inevitables ansias de de Álex han pasado de forma juventud. Álex se ha convertido envidiable. en ese alero alto que tanto se busca en el baloncesto actual Pero a la hora de valorar a un y casi nunca se encuentra. Ese jugador Gran Reserva, al igual alero alto que en su día se inventó que pasa con los vinos, no el Maestro Reneses la figura de podemos limitarnos a lo que el


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ojo ve.

afición, equipo y club, y no obligatoriamente en ese orden. En nariz, cuando nos acercamos Dejad que los niños se acerquen e inhalamos su trayectoria, nos a él. encontramos un jugador con gran presencia, de esos a los que En boca, la astringencia de no les quema el balón cuando el sus primeros años ha dejado partido está más caliente, con paso a sabores más suaves pero grandes notas de liderazgo que intensos, de esos que perduran le han convertido en la cabeza, el durante largo tiempo en el cuerpo y el alma de los hombres paladar y en la retina, de esos que de negro, con un fuerte aroma te hacen eterno. La variedad de a inteligencia dentro (y fuera) ideas baloncestísticas con las que de la cancha que le hacen sacar ha trabajado a lo largo de toda provecho de los desajustes su carrera profesional han hecho defensivos que crea su posición de él un jugador con enorme de tres y medio, y con marcados carácter, potente y agresivo, toques de entrega y sacrificio. equilibrado en su juego, alegre y Uno de esos jugadores que hacen sobre todo elegante.

Sin duda, uno de esos jugadores que toda bodega que se precie querría y debería poseer, y que todo aficionado al buen baloncesto debería poder degustar aunque fuera una vez en la vida. La única pega es que, al igual que el vino, Alex tiene fecha de caducidad, así que saboreemos los últimos tragos de esa botella con el único y suficiente consuelo de haber podido disfrutarlo durante todo este tiempo.

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KOBE BRYANT

SU HISTORIA, SU LEYENDA Texto: Emilio Sánchez Bolea @sanchezbolea y José A. Hernández @jahernandez85

Un nombre extraño, un apellido ilustre Era una sensación extraña. Todo el mundo sabía que la vuelta de Magic no tenía muchas opciones de convertirse en un éxito deportivo, y sin embargo, el baloncesto, los Lakers y la NBA se lo debían. Demasiadas cosas habían cambiado desde que el mito anunciara aquella retirada ese maldito verano de 1991, y cuatro años después el showtime ya solo parecía un recuerdo demasiado añejo. Ni Riley, ni Worthy. Los únicos nombres que todavía le resultaban familiares a Magic en 1996 eran los de Jerry West, el arquitecto de la nave, y Jerry Buss, el capitán. Ellos recibieron antes que nadie la noticia que todo el mundo temía. Magic, ahora sí, lo dejaba para siempre. Pese a todo, aquella temporada 95/96 no había sido del todo mala. Los Lakers ciertamente no tenían un mal equipo, y aunque Johnson nunca terminó de adaptarse al rol que exigían sus treinta y seis años, aportó como falso poste en bastantes fases de la temporada. La columna del equipo la formaban el rapidísimo

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base anotador Nick Van Exel, un consolidado Vlade Divac, el talentoso escolta Eddie Jones y el atlético Cedric Ceballos, que sería probablemente el jugador más afectado por el retorno del mito, tal y como manifestó, de forma más o menos airada a la prensa durante la temporada.

detectar talento de Jerry West. Además, aquel draft de 1996 se presentaba como uno los mejores en los últimos años, con piezas tan interesantes como el anotador de Georgetown Allen Iverson, el completísimo alero de Kentucky Antoine Walker, o los interiores Marcus Camby o Abdul Rahim, nombres que en mayor o menor medida acabarían teniendo una larga carrera en la liga. Sin embargo, West estaba a otra cosa, en parte porque sabría que jamás podría aspirar a seleccionar ninguno de esos jugadores con su posición en el draft, y también porque su mítico ojo clínico había puesto todo su interés en un joven sin pasado universitario, pero que había destrozado los registros anotadores de Wilt Charmberlain hacía unas pocas semanas en High School. Ese chico, que respondía al curioso nombre de Kobe Bean Bryant, era hijo de Joe “Jellybean” Bryant, un role player que tuvo sobre todo importancia en sus Sixers natales, allá por los ochenta, y que había acabado por hacer carrera en Italia, lugar donde se crió el joven Kobe.

Aquel equipo entrenado por Del Harris acabaría por estrellarse en primera ronda de Playoffs ante los Rockets, superiores en la pintura y sobre todo, a nivel mental. El paréntesis de Magic dejaba a un equipo bastante descompensado, con problemas internos graves y muy lejos de la élite de una conferencia Oeste, que tenía, además de los Rockets, a los Utah Jazz y a los Seattle SuperSonics como principales referencias. Esa situación de mediocridad era imposible de aceptar por West y Buss, acostumbrados a al fulgor del éxito ochentero. El primer paso para volver a la élite tendría al draft como protagonista, un recurso que siempre había funcionado bien para los Lakers en momentos de necesidad. Por ese camino habían llegado antes Magic, Worthy, A.C. Green, o más recientemente Divac o Van El primer contacto de Bryant y Exel, gracias a la capacidad de los Lakers llegó precisamente


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unas semanas después de la retirada de Magic. El joven talento, siguiendo el exitoso caso del novato de los Wolves Kevin Garnett, había decidido saltarse su periodo universitario y presentarse al draft de ese mismo año, pero con ciertas condiciones. No jugaría para cualquier franquicia, y tan solo realizaría entrenamientos privados para aquellas en las que él estuviera realmente interesado. Esta condición chocaba frontalmente con los principios básicos por los que se rige la NBA, y probablemente fue el primer detalle que dejaba intuir la pasta especial con la que estaba hecho ese chico, tan seguro de sí mismo como para retar al sistema establecido incluso antes de permanecer a él. Una de las franquicias que sí tuvieron acceso a comprobar el potencial de Bryant fueron los Lakers, que organizaron un entrenamiento privado que tendría como plato fuerte un uno contra uno frente a un mito del showtime, Michael Cooper. Cooper trabajaba por aquel entonces en la franquicia, y era recordado por ser uno de los perros de presa de los Lakers de Riley. Aunque estaba retirado desde hacía más de un lustro, gozaba todavía de un buen estado de forma y supondría una prueba interesante. Bryant no tuvo piedad del ex jugador, al que aniquiló sin miramientos. “Destrozó a Cooper. Fue increíble. Era Michael Cooper, uno de los más grandes defensores de la historia de la NBA y le hizo

parecer un don nadie” las palabras son firma de Raymond Ritter, un antiguo miembro del equipo de relaciones públicas de los Lakers que asistió a la sesión. Tampoco se quedó atrás Jerry West, que se había terminado de convencer tras observar la exhibición de Bryant: “Estaba jugando como alguien que acababa de graduarse en la universidad, con veintiuno, o veintidós años de edad, y no como si tuviera dieciocho. Eso fue lo más impresionante”. La operación para seleccionar a Kobe fue bastante más sencilla de lo que se ha intentado vender más tarde. Los Hornets escogieron a Bryant con el pick número trece, pese a que sabían que el jugador no tenía intención de jugar en Carolina del Norte. Los Lakers, que además necesitaban espacio salarial, enviaron a cambio de los derechos de Bryant a Vlade Divac, un talentoso pívot totalmente adaptado a la vida angelina, y que fue el anzuelo perfecto para la operación. Por supuesto, todo esto ya estaba bien atado por el astuto West días antes de la ceremonia del draft. Dos décadas después el traspaso parece un robo de los Lakers, sin embargo en aquel momento el peso de Divac en los Lakers era importante, y cambiarlo a pelo por un niño era un movimiento muy arriesgado, incluso para West. El hueco del yugoslavo se rellenó pronto, y no lo hizo con un nombre cualquiera, sino con el jugador más determinante del planeta que no jugaba en Chicago. Shaquille O´Neal, frustrado por la poca evolución

de los Magic, firmaba por cuatro temporadas con los Lakers y revolucionaba la NBA. El gigantesco center llegaba a California como pieza angular de un proyecto destinado a pelear por el anillo casi desde el minuto cero. Shaq se había ido confirmando como el jugador interior más dominante del planeta, y pese a la lección recibida en las finales del 95 por parte de Olajuwon, las expectativas estaban por todo lo alto en la meca del cine. Los Lakers vuelven al mapa Kobe Bryant dejó muestras de su potencial ya en las ligas de verano, mostrando fundamentos impropios para un jugador de dieciocho años y que estaba teniendo su primera experiencia entre profesionales. Y si su carnet de identidad no le impedía demostrar casi desde el primer momento que era un talento especial, sí iba a encontrarse una primera piedra en el camino, con nombres y apellidos: Eddie Jones Jones, un swingman producto de la Universidad de Temple, que cumplía su tercera temporada en la NBA, dando cada vez un nivel mayor en el puesto de escolta, tanto que acabaría por convertirse en All Star unos pocos meses después. Además, un clásico como Byron Scott -años más tarde entrenador de Kobe- partía también con ventaja a ojos del veterano Harris, que empleó por primera vez al novato en el segundo partido de la temporada, ante los

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Wolves. -6 minutos, un tapón-. La primera canasta de Kobe no llegaría hasta la derrota frente a los Hornets, cuando acabaría con 5 puntos. A su carrera habría que añadirle 33638 más durante los siguientes veinte años. La temporada de Bryant iba discurriendo paralela a la de aquellos Lakers. Grandes ramalazos de talento, mucha irregularidad. Kobe ofrecía fogonazos del potencial que le había llevado hasta allí, sobre todo con mates de primer nivel que ponían su nombre en la primera plana televisiva, muy por encima de lo que le correspondería a un jugador de su relevancia hasta entonces. Claro, jugar en Los Ángeles siempre ayuda. Por su parte los Lakers, básicamente, conseguían buenas rachas de victorias cuando conservaban sano a O´Neal , y se resentían cuando el perro grande no estaba disponible, algo que esa temporada ocurriría en más de treinta ocasiones. El All Star de 1997 serviría para lanzar definitivamente el nombre de Kobe Bryant al estrellato mediático de la liga. Bryant tenía dos fechas marcadas aquel fin de semana. La primera, el partido entre novatos y jugadores de segundo año. La segunda, el concurso de mates. Ese partido quedará para el recuerdo como la presentación en sociedad de un buen número de futuras estrellas de la NBA, además de Bryant: Allen Iverson, Shareef Abdur-Rahim, Antoine Walker o Ray Allen estuvieron presentes en aquella cita, que se

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llevó el Este pero que nos dejó una exhibición anotadora de Bryant, con 31 puntos y varios mates para el recuerdo. Sin embargo, la principal cita para Kobe aquel fin de semana tendría lugar 24 horas después. Para un tipo, que, lo reconozca o no, siempre ha tenido a Jordan como referente en su carrera, ganar un concurso de mates igual que lo hizo el hijo del viento en los ochenta tenía un valor muy especial. Años después Bryant reconocíó estar muy nervioso por aquella cita, no muy seguro de poder hacerlo bien, ni tampoco de ganar. Lo cierto es que con el paso del tiempo, el nivel de aquel concurso no puede destacarse en exceso, y Bryant se lo ganó de forma bastante clara a Chris Carr. Por cierto, en ese concurso también estaba Ray Allen y Bob Sura (¿?)

Acabó el All Star y los Lakers siguieron con su errático juego, alternando buenos partidos frente a bochornosas derrotas, sobre todo una en Orlando sin Shaq, que criticaría a sus compañeros tras dejarse apalizar por su ex equipo de casi treinta puntos. Por aquel entonces Kobe ya había adelantado en la rotación a Scott, y acumulaba alguna que otra actuación destacada, con doce puntos ante los Nets, o dieciocho en la victoria de los Lakers frente a los Warriors. Los angelinos acabaron con un buen récord de 56 victorias -ligeramente superior a la temporada precedente- y se enfrentarían a los Trail Blazers en primera ronda. Aquellos Blazers era un equipo en ascenso, pero que todavía no estaba listo para dar el salto que soñaba su propietario, el magnate


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de la informática Paul Allen. Aquella serie nos dejó a un Sabonis superado por un O´Neal inconmensurable, que destrozó al lituano con 46 y 30 puntos en los dos primeros partidos disputados en el viejo Forum de Inglewood, que por supuesto se llevaron los Lakers. Los de Oregón se ganaron su único partido en el tercero de la serie, que acabarían cerrando los de Del Harris dos días más tarde, en otra exhibición de Shaq, bien acompañado por Elden Campbell y Eddie Jones. Kobe estuvo reservado a un papel de revulsivo, y tuvo su mayor protagonismo en el tercer encuentro, manteniendo a flote a los Lakers con canastas de mérito y una buena defensa sobre Isaiah Rider. Los Jazz esperaban en las Semifinales de Conferencia que se presentaban apasionantes, con dos equipos de estilos muy opuestos, y que pronto se iban a ver bastante más desniveladas de lo que se podría imaginar a priori. Aquellos Jazz de Sloan eran cemento puro, un equipo pensado para destruir juego, que aprovechaban una y otra vez el pick and roll de Stockton y Malone para abrir las defensas rivales. El primer partido en Salt Lake City fue una auténtica pesadilla para los Lakers, que se vieron abrumados por el ambiente y el juego físico de los Jazz. O´Neal no pudo hacer demasiado daño, atrapado en las continuas ayudas locales, y a excepción de Van Exel, el resto del equipo ni se presentó a la batalla. El

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totalmente distinto, con unos Jazz que pese a llevar el ritmo del partido, no podían frenar de forma eficaz a O´Neal, consiguiendo llegar a un final igualado que decidió dos tiros libres de Antoine Carr y un tapón de Malone al triple desesperado de Van Exel. En esos dos primeros partidos Kobe estuvo absolutamente inadvertido, con muy pocos minutos y al borde de salir de la rotación. La serie cambió absolutamente en su primer partido en Los Ángeles, y nuestro protagonista tuvo mucho que ver en ello, en el que es probablemente, su primer gran partido en unos Playoff. Los Lakers salieron sin nada que perder, y en algunos momentos el ambiente se volvió mágico, como en aquellos lejanos ochenta. Kobe anotó 19 puntos en idéntico número de minutos, y comenzó a dar señales de que el rol que tenía iba a caducar pronto. Además, el dos titular, Eddie Jones, parecía completamente desquiciado, en una imagen que contrastaba absolutamente con el control que por momentos ejercía Kobe del juego. El mundo al revés.

Poco duró esa alegría. Los Jazz salieron con el cuchillo entre los dientes y Karl Malone completó uno de los mejores partidos de su vida. 42 puntos -y un 18/18 en tiros libres- para masacrar a unos Lakers que se veían ante las cuerdas, y que, a trompicones, se mantuvieron vivos hasta los minutos finales del quinto partido en Salt Lake City. Esos minutos finales se recuerdan por fue el airball de Bryant con 93-96

en el marcador y que sentenció el partido y la serie. Kobe acabó con un cero de seis desde el triple aquella noche, en la que por primera vez en su carrera notó la presión de ser el centro de los focos cuando las cosas salen mal. Cabe preguntarse los motivos que llevaron a que un novato de diecinueve años tuviera que asumir una responsabilidad a la que no estaba preparado, y si aquella noche empezó a determinar esa relación de amor odio de Kobe y la prensa angelina. Madera de líder En el verano de 1997 Kobe Bryant emergía como un valor en alza para su marca deportiva, Adidas, que lo veía como contrapunto perfecto de lo que había sido -y todavía era- Jordan para Nike. Adidas diseño su primer modelo personalizado, las Adidas KB8, un modelo revolucionario y que actualmente es motivo de culto. Pese a todo, Kobe nunca estuvo demasiado implicado con la marca alemana, que no parecía hacer demasiado caso a los consejos de un jugador al que, pese al gran futuro que se le auguraba, no era ni mucho menos una estrella de la liga. Aunque eso estaba muy cerca de cambiar. Las malas lenguas ya hablaban esa misma temporada de un más que posible fin del reinado de los Bulls, con Jordan y Jackson al borde la retirada, y Pippen en permanente guerra con la directiva de la franquicia. El resto de equipos afilaban sus armas, intentando pescar en río devuelto y usurpar un

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trono de acceso casi imposible durante todos los años noventa. Los Lakers confiaron para ello en ofrecer continuidad a un bloque al que solo parecía faltarle el tiempo suficiente de cocción para ser un plato digno de anillo. Byron Scott dejó la franquicia de sus amores rumbo a Indiana, lo que significaba más minutos para Bryant. Rick Fox, un canadiense con buena mano desde la larga distancia y que había hecho carrera en los Celtics, ocuparía el puesto de alero alto en un equipo que seguía dirigiendo Del Harris, pese a las cada vez más numerosas voces en contra del técnico de Indiana. El plan parecía cobrar sentido cuando los Lakers arrancaron la temporada con un sensacional balance de once victorias consecutivas, y un estilo ofensivo lo bastante atractivo como para que en lanzaran las campanas al vuelo. El equipo parecía haber dado un paso al frente, siendo capaz de competir -y ganar- a equipos muy superiores hasta entonces como los Jazz o los Knicks. Bryant comenzó la temporada como sexto hombre, pero asumiendo desde el primer momento muchos más tiros y responsabilidad. Las primeras dudas serias llegarían tres semanas más tarde, en el esperado partido del United Center ante los Chicago Bulls. Los locales arrasaron 104 a 83 a unos Lakers, que, cierto es, no contaron con O´Neal, y que se vieron sin opciones casi desde el descanso. Aquel partido será recordado como el duelo entre el mejor jugador del mundo y su

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más claro sucesor, con momentos de auténtico pique entre ambos, que quedó deslucido por una evidente y cruel realidad: Los Lakers era mucho menos equipo que aquellos Bulls, más aún sin la potencia de O´Neal. En la retina siempre quedará aquella conversación entre Kobe y Mike, en la que, según cuenta el primero, pedía consejos sobre distintos movimientos en la pista a Jordan. La debacle del United pronto fue olvidada por la noticia con la que se había especulado durante las últimas semanas en la prensa angelina: cuatro jugadores de los Lakers formarían parte del partido de las estrellas de Nueva York. Nick Van Exel y Eddie Jones lo harían partiendo como suplentes, y Shaquille O´Neal y Kobe Bryant como titulares, escogidos por el público. Evidentemente la elección de Bryant tuvo cierta polémica, ya que pese a que había dado un gran paso en su juego, ni por peso ni por estadísticas merecía estar allí. Sin embargo, una nueva ola de sangre fresca invadía la liga, y los aficionados adoraban a aquellos jugadores descarados y que traían el baloncesto del nuevo siglo. A Garnett y Kobe se les había unido ese año un tímido chico de las Islas Virgenes, el ala pívot de Wake Forest, que había tenido un impacto superior a ambos en su año como novato y que respondía al nombre de Tim Duncan. En su debut en el All Star Game Kobe acaparó un enorme foco de atención, tanta que, según ha reconocido, no terminó de disfrutar aquella cita tal y como

le hubiera gustado. La nube constante de periodistas que seguían al escolta era mucho más implacable que la defensa que recibiría en el partido del domingo. Cuentan que los veteranos Karl Malone y Mitch Richmond, bromearon y mucho a costa de Kobe, que aprendió desde ese momento que no podía decir “sí” a todas las entrevistas que le solicitaran. El partido en sí nos volvió a dejar varios posters míticos de Bryant, que conectó de maravilla con Kevin Garnett, en una imagen que ilustraba el futuro de una liga abocada al cambio. Acabó el All Star y los Lakers siguieron con su notable ritmo de victorias, pese a una cierta irregularidad en el juego. Shaq también parecía haber aterrizado del todo en Los Ángeles, tras un primer año muy bueno pero algo distraído, e incluso los secundarios Fox y Horry aportaban cada uno en su papel. Por primera vez desde 1987 superaban la barrera de las sesenta victorias y encaraban los Playoff como máximos favoritos del Oeste, donde esperaba un viejo conocido: los Portland Trail Blazers Esa serie no fue para nada un paseo para los de Del Harris. Al equipo se le notó incómodo desde el principio, dependiendo de un O´Neal de nuevo inabordable para Sabonis, pero falto de ayuda desde el perímetro. Tan solo Van Exel, en un papel cada vez más secundario -aquella segunda parte de la temporada comenzaron las críticas sobre su difícil carácter- estuvo acertado


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en el tiro exterior. Bryant también contribuía desde el banco, jugando muchos más minutos clave que en la temporada anterior, además de empezar a mostrarse como un jugador muy importante en defensa. Los Lakers se llevaron con sufrimiento los dos partidos de casa, y pese a dejarse el tercero en Oregón, finiquitaron la serie en el cuarto (99-110) con el mejor partido de toda la serie de Kobe (22 puntos y 9/16 en tiros de campo) Las semifinales de Conferencia se antojaban como toda una guerra, dado que el rival que tocaba era otro del club de las sesenta victorias, los Seattle Supersonics de George Karl. Sin embargo, los Sonics estaban absolutamente rotos como vestuario. Con una lucha interna tremenda, que unos meses antes se había traducido

en la salida a Cleveland de Shawn Kemp, la química entre las otras estrellas del equipo Vin Baker y Gary Payton era nula, igual que con Karl. Los Wolves, un equipo muy inferior, se las había hecho pasar canutas en primera ronda y los Lakers no tuvieron piedad. O´Neal promedió más de treinta puntos en la serie, y Eddie Jones por fin parecía carburar en la post temporada. Los Lakers solo se dejaron una derrota por el camino, y por momentos humillaron a los Sonics. George Karl fue inmediatamente despedido tras consumarse la eliminación el 12 de mayo. La prensa angelina descorchó la botella del champán y los guiones de Hollywood comenzaron a escribirse. La batalla entre aquellos Lakers y los todo poderosos Bulls de Michael Jordan parecía cuestión de tiempo, y solo un incómodo

escollo parecía interponerse entre ambos: Los malditos Utah Jazz de Karl Malone, John Stockton y Jerry Sloan. Otra vez. Pese al sentimiento de euforia que emanaba de la prensa angelina, para gran parte de especialistas los Jazz eran favoritos, no solo a llevarse aquella serie, sino también para conseguir el deseado anillo. Además de célebre pareja, Jeff Hornacek, Byron Russell o Greg Ostertag eran suficiente fondo de armario –Ostertag era un armario en sí mismo- como para temerlos seriamente. Por si fuera poco, los Jazz había logrado una victoria más durante la temporada, y tenían a favor el factor cancha. Y eso cuando juegas de local en Salt Lake City pesa mucho. El resumen de una de las series más esperadas en Los Ángeles durante el último lustro, fue el

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de una decepción brutal para los Lakers. O´Neal se encontró más solo que nunca, y los otros tres cacareados All Stars eran sacados de la pista por la contundencia física de los Jazz. Van Exel desapareció de la eliminatoria tras firmar un uno de catorce en tiros en la masacre (112-77) del primer partido. Del Harris fue superado tácticamente una y otra vez por Sloan, que manejó la serie y a los árbitros a su antojo. Harris, exasperado, cargó contra sus estrellas después de la segunda derrota, lo que sería la firma definitiva de su sentencia de muerte. Los Lakers se limitaron a competir en casa, pero sin dar una sensación real de peligro. Bryant, por su parte, estuvo fallón, acumulando un 36% de tiro durante toda la serie, en la que además no anotó ni un solo triple. A pesar de todo, seguía siendo el niño mimado de la gerencia y los aficionados, que en ningún momento dudaron de su mirlo blanco.

norteamerica. Grant Hill, Vince Carter o Jerry Stackhouse era alguno de los nombres clásicos que salían a colación en este debate, en el que por supuesto no faltaba el de Bryant. Nada ajeno a este debate, Kobe vestiría por tercera vez la camiseta de los Lakers, en una temporada reducida por la huelga de jugadores, que no tendría tampoco partido de las estrellas. También cumplía su tercer año de contrato Shaquille O´Neal, que se presentaría en un estado de forma lamentable al comienzo de la mini pretemporada, algo que se convertiría con el tiempo en una tradición y que levantaría ampollas en Bryant, un fanático del trabajo duro que no comprendía la desidia de su compañero. Los Lakers habían traspasado a Nick Van Exel a los Nuggets a cambio de dos secundarios como Tony Battie y Tyronn Lue, entregando las riendas del equipo definitivamente a un jugador mucho más Las cabezas que rodarían serían limitado pero entregado al otras, y lo harían muy pronto. equipo como Derek Fisher. Jugando a ser Michael Jordan La temporada del asterisco tardó tanto en arrancar que la dinastía de los Bulls caducó del todo ese verano de 1998, dejando huérfana a la competición de uno de los mayores dominadores de todos los tiempos. Michael se iba para siempre -o eso dijoy la búsqueda de heredero de Jordan comenzaba a ser el pasatiempo favorito en las redacciones deportivas de

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más tarde de esa victoria inaugural, los Lakers caían ante los Vancouver Grizzlies y anunciaban la destitución de Del Harris. Criticado ferozmente por la prensa y sin el respeto del vestuario desde hacía mucho tiempo, los Lakers tomaban una decisión quizá demasiado tarde, tirando por la borda una temporada, que pese a lo extraña que resultaba, colocaba a los Lakers entre los grandes favoritos al título, toda vez que O´Neal disfrutaba al fin de su escudero perfecto, un Kobe Bryant que había elevado su nivel de juego e importancia. Jerry West buscó un golpe de efecto –no amigos, no fue el nombramiento de Kurt Rambis como técnico jefe- que respondía al nombre de Dennis Rodman, el -incluya aquí su adjetivo preferido- ex jugador de los Pistons, Spurs y Bulls, que se había pasado los últimos nueve meses en una continúa orgía de alcohol, drogas, peleas y sexo. Rodman solía ser un consumado defensor y un excelente reboteador, cualidades que sorprendentemente El 5 de febrero, tres meses y no había perdido tras su medio después de lo previsto, amnesia baloncestística. comenzó aquella temporada de la NBA, con Kobe Bryant al fin El equipo avanzó durante la en el cinco titular, posición que temporada envuelto en la no abandonaría duranteel resto polvareda que levantaba el de su carrera. Anotó 25 puntos huracán Dennis Rodman. La antes esos extraños Rockets de llegada del gusano supuso una Olajuwon, Barkley y Pippen, en racha de victorias que de nuevo lo que sería una alegría efímera desataron la euforia en Los dentro de una temporada Ángeles, con O´Neal declarando repleta de vaivenes, muchos a los cuatro vientos “Llevaba heredados del naufragio que mucho tiempo esperando supuso la temporada anterior. esto” Sin embargo, el General Menos de tres semanas Manager Kupchak, se mostraba


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más prudente, conocedor de la bomba de relojería que tenía entre manos. Bryant estaba más cerca cerca de ese pensamiento, aunque respetaba a un Rodman que por el momento cumplía en la pista. Los Lakers aprovecharon el buen momento y el 10 de marzo enviaron a Eddie Jones y Elden Campbell a Charlotte a cambio de Glen Rice (más B.J. Armstrong y J.R. Reid), intentando apuntalar el juego exterior con un tirador puro y curtido en muchas batallas de post temproada. Como todas las rachas, aquella también se acabó rompiendo y con ella el efecto Rodman, que comenzó a ser noticia más por sus repetidas faltas a entrenamientos y retrasos que por sus actuaciones en la pista. Rambis chocó de forma frontal con el excéntrico pívot, y finalmente lo dejó fuera de los Playoff.

de egos ya era una realidad, sobre todo gracias a un Barkley que se había tomado más en serio que nunca su papel de bocazas. El primer partido fue extremadamente tenso, con varios amagos de trifulca que beneficiaban siempre a los Rockets, interesados en romper el ritmo alto de los Lakers. Bryant, que tras la retirada de Jordan ya era considerado el mejor escolta de la liga por gran parte de la prensa –sin embargo fue solo seleccionado en el tercer mejor quinteto de la liga-, no rindió a un nivel muy alto en ataque, aunque destacó en su defensa sobre Cuttino Mobley y sobre todo en el momento definitivo del encuentro. Una gran acción defensiva de Derek Fisher con el marcador en contra, había dado la bola a unos Lakers que estaban contra las cuerdas. Después del tiempo muerto, y con solo siete segundos por delante, Bryant recibió una protestadísima falta de Sam Mack que lo manda a la línea de personal, desde donde Bryant rescata el primer punto para los Lakers.

El párrafo anterior condensa retrasos continuados a los entrenamientos, falta de respeto hacia Rambis y cientos de pastillas para el dolor de cabeza consumidas por West y Kupchak. Darían para un especial de esta revista y sinceramente, nos los El segundo encuentro tiene vamos a plantear muy en serio. mucha menos miga, con los Rockets pagando el polémico final Los playoff llegaron sin avisar del primer partido, con Bryant a unos Lakers en estado de (19) y O´Neal (28+9) liderando a shock, con muchas piezas sin los Lakers para poner el segundo encajar en su puzzle y un grado punto en una serie que llegaría de histerismo en niveles muy hasta el cuarto partido, en el altos. La parte positiva, es que que Shaq abusó de Olajuwon -37 enfrente tenían a un rival con puntos- y Kobe siguió anotando los mismos defectos o peores. El con fluidez, pese a no estar megaproyecto de los Rockets se demasiado acertado en el tiro. había ido desinflando conforme En la segunda ronda sería avanzaba la temporada y la lucha momento de enfrentarse a las

nuevas torres gemelas de la liga, David Robinson y Tim Duncan. Duncan había supuesto un impacto fenomenal para los Spurs, y pronto se había convertido en el jugador de referencia de Popovich. Aquellos Spurs contaban además con una serie de especialistas en el perímetro capaces de amargar cualquier ataque, a base de continuos cambios en defensa y cantidades ingentes de juego subterráneo. Los Lakers llegaban otra vez con el pie cambiado, sin tomarle el pulso a la temporada. Rambis sabía que era un entrenador de paso –Phil Jackson, el creador de los Bulls campeones ya sonaba como próximo entrenador jefe tras haber tonteado con los Knicks- y la dependencia en torno a O´Neal era máxima, a pesar del notable progreso de Bryant aquella temporada. Los Spurs llevaron a su terreno a los Lakers, a base de anotaciones bajísimas e interrupciones en el juego. Duncan hizo lo que quiso con la defensa angelina, incapaz de proponer una respuesta al juego de versátil ala pívot. Tras abandonar San Antonio con un 2-0 en contra, y Shaq por debajo del 50% en tiro de campo, la serie se veía abocada a un final abrupto. Los Lakers tiraron de orgullo en un buen primer tiempo de Kobe en el tercer partido, y se mantuvieron en el mismo hasta casi el final de tercer cuarto, cuando un parcial de los Spurs, comandado por Duncan, dio una ventaja que finalmente resultó insalvable. El cuarto partido ni siquiera sirvió para conseguir el punto del honor y

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San Antonio propició una justa barrida a unos Lakers que se plantearían muchas cosas aquel verano, incluido un traspaso de Bryant que finalmente detuvo Phil Jackson, que tras un año sabático volvía a sentarse en un banquillo con un único objetivo: devolverle a los Lakers ese anillo que la década de los noventa le había negado una y otra vez. En la senda del Maestro Zen Cuenta Phil Jackson que en el primer viaje de los Lakers a Chicago con él como entrenador jefe, organizó un encuentro entre el retirado Jordan y la joven estrella de los Lakers “Pensé que Michael podría contribuir a modificar la actitud de Kobe y que eso mejorase su juego equipo”. En cuanto se estrecharon las manos, las primeras palabras que brotaron de los labios de Kobe fueron las siguientes: “Por si no lo sabes, puedo patearte el culo de igual a igual” Ese era el Kobe Bryant que se encontró Jackson en 1999, y si quizá nunca cambió demasiado, si consiguió implicarlo lo suficiente en el colectivo para que pusiera su talento –al menos de forma cuando las ocasiones lo requerían- al servicio del equipo. La gerencia de los Lakers consideraba que el equipo tenía el suficiente talento como para lograr la meta del anillo, y que tan solo faltaba la química necesaria. Por eso, el único movimiento destacable, además del consabido fichaje de Jackson, fue el regreso de un viejo conocido, A.C. Green, que dotaría de experiencia

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y cohesión a un grupo que no andaba precisamente sobrado de esos ingredientes. El efecto Jackson funcionó casi desde el primer momento y los Lakers comandaron durante toda la temporada su división, basando su juego en un O´Neal superlativo, que se llevaría el MVP al jugador más valioso por primera –y única- vez en su carrera. Bryant, mientras tanto, se había consolidado como una estrella de la liga a la sombra del gigante de Newark, y despertaba amores y odios casi a partes iguales. Su innegable talento en la pista era en ocasiones eclipsado por una personalidad egocéntrica que el escolta tampoco se molestaba en disimular. Además, y pese al trabajo de Jackson, paralelo al aumento de protagonismo su estilo de juego se había ido individualizando cada vez más, lo que provocaba tensiones con sus propios compañeros, con los que nunca terminó de congeniar. El origen cultural de Kobe, criado en Italia y obsesionado con el baloncesto desde pequeño, siempre había sido una barrera con sus compañeros, jóvenes millonarios con ganas de divertirse y que veían a Kobe como un adicto a su trabajo, poco interesado en relacionarse con ellos más allá del baloncesto. La temporada avanzaba y los Lakers pusieron una velocidad de crucero que pronto se haría imposible de seguir para el resto de los equipos. Encadenaron una racha de dieciséis victorias seguidas, y luego una segunda de diecinueve tras el All Star,

al que por supuesto no faltó Bryant, que acudió como titular, y esta vez sí, con todas las de la ley. Los chicos de Jackson acabaron la temporada con 67 victorias, mejor record de todos la NBA, y con el papel de máximo favorito por primera vez desde la época del showtime. En primera ronda el rival serían los Sacramento Kings, una franquicia pequeña y secundaria desde que ingresaron en la liga, pero que de repente se habían convertido en el equipo de moda gracias sobre todo a su base, el espectacular Jason Williams, que maravilla a los aficionados del ARCO Arena con sus pases imposibles al mismo tiempo que jugueteaba con la salud cardiaca de Rick Adelman, su entrenador. Al margen de Williams, el peso del equipo lo llevaba un jugador repleto de clase, aunque algo falto de competitividad como Chris Webber, y un viejo conocido de los Lakers, Vlade Divac, que había llegado a los Kings un año atrás. Pese al bombo mediático de Sacramento, en Los Ángeles veían a aquellos Kings como poco más que un entrenamiento de cara a lo que vendría después, y por lo que se vio durante el primer partido, los jugadores parecían pensar algo parecido. El ritmo del partido era altísimo, con unas defensas casi inexistentes, y el intercambio de golpes no cesaba. Pese a que el marcador era beneficioso al descanso para los Lakers, el ritmo de juego tenía el sello de los de Adelman, que se vieron con opciones de victoria, hasta casi los dos últimos minutos. Bryant anotó 23 puntos


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y Shaq se fue hasta los 46 y el primer punto se quedó en casa. El segundo partido siguió un guión similar, con los Lakers confiando en su superioridad y aceptando el juego que proponía Sacramento. En esta ocasión el acierto de los Kings fue mucho menor que el primer partido y los Lakers finiquitaron el encuentro en el descanso. Kobe acabaría con 32 puntos y tres triples, en una gran noche en la que dejó varias jugadas espectaculares. Los Lakers viajaban a Sacramento con dos cero en la eliminatoria y ninguna sospecha de lo que iba pasar. El ARCO Arena presentó un ambiente histórico aquellos dos partidos ante los Lakers. Con los cencerros que portaban los aficionados locales como banda sonora de los acontecimientos, Chris Webber y el joven alero yugoslavo Peja Stojakovic aniquilaron a unos Lakers que solo tuvieron a Bryant -35 puntos en el primer partido, 32 en el segundo- a un anotador fiable. O´Neal estuvo anulado por una maravillosa defensa de ayudas de los Kings, y sus problemas de faltas lo terminaron por liquidar. Sin la contribución del pívot, Sacramento controló a placer ambos encuentros y empataron la serie. Los fantasmas del pasado habían regresado. Los Lakers se conjuraron para ese quinto partido en el flamante Staples Center, estrenado aquella temporada y que reemplazaba al viejo Forum. Shaq ya se había encargado con unas declaraciones bravuconas de intimidar al rival, y anotó 32 puntos, además de

sacar del partido a un Divac vital para los de Sacramento, y que se vio sobrepasado por el huracán O´Neal. Los Lakers salieron a no hacer prisioneros y remataron el partido en un tercer cuarto soberbio, salvando una eliminatoria que se había torcido inesperadamente. Bryant acabó con 17 puntos y celebrando la primera victoria de una rivalidad que se tiñería de clásica con el paso de las siguientes temporadas. Tras eliminar en unas semifinales de conferencia sin mucha historia a los Suns de Jason Kidd, la final de Conferencia Oeste presentaba lo que era para muchos una final de la NBA anticipada. Los Portland Trail Blazers, apodados Jail Blazers por su carácter díscolo fuera y dentro de la cancha, era la plantilla más cara de la NBA y probablemente la que más talento albergaba, con varios nombres ilustres como Rasheed Wallace, Damon Stoudamire, Steve Smith, Arvydas Sabonis o el veterano Scottie Pippen. Los Lakers arrancaron la serie intentando demostrar el motivo de su papel de favoritos. Aprovechando los desequilibrios que provocaba O´Neal, no solo Bryant anotaba, también Glen Rice y Robert Horry estuvieron en buenos números, dando el primer punto de la serie a los locales. En el segundo la película fue totalmente distinta. Los Blazers elevaron el nivel de intensidad y los Lakers nunca entraron en el partido, siendo humillados en una de las mayores palizas recibidas en casa en toda su historia (77106). Bryant se quedó en 12 puntos, con un triste 2 de 9 en

tiros, mientras veía como Steve Smith, un escolta de mucho menos nivel, lo destrozaba a base de penetraciones y juego a media distancia. Las críticas a Kobe tras ese partido fueron tremendas, que las consideró desproporcionadas. El germen del resentimiento en el escolta hacia la prensa crecía a toda y prisa y solo se vería incrementando en cada una de las siguientes temporadas. La serie se trasladó a Oregón totalmente abierta, con ambos equipos siendo conscientes de que esperaba por delante una Final de Conferencia larga y agónica. Los Blazers arrancaron el partido consiguiendo pequeñas ventajas, aunque sin romper el partido del todo. Damon Stoudamire hacía daño desde el exterior y Rasheed Wallace volvía locos tanto a A.C. Green como a Robert Horry, incapaces de detenerlo. Los Lakers mejoraron en la segunda parte gracias al mejor Kobe visto hasta el momento -acabaría aquella noche con 25 puntos- y llegaron a un final apretado que resolvió Ron Harper, anotando absolutamente solo tras una asistencia de Kobe. Los Lakers recuperaban el factor cancha. El cuarto partido supuso un calco al anterior. Aprovechando el fervor del Rose Garden, los Blazers comenzaban mandando, pero sin escaparse en el marcador. Un tercer cuarto pletórico de los Lakers -quizá los mejores minutos de juego en aquella temporadadesarbolaron a unos Blazers incapaces de parar a Glen Rice

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-21 puntos- y Shaquille O´Neal (25). Kobe tuvo un papel más secundario y acabó con quince, volviendo a las andadas en cuanto a la mala selección de tiro. Con la serie muy favorable para los Lakers, todo parecía indicar que las ansiadas finales estaban más cerca que nunca. Sin embargo, el quinto partido mostró de nuevo los defectos de antaño del equipo, bloqueado durante fases del encuentro, en las que tanto O´Neal como Bryant tenían problemas para encontrar al resto de compañeros, que asistían como meros comparsas a los tiros de sus dos estrellas. Tanto el quinto como el sexto partido sirvieron para recuperar la mejor versión de un hasta entonces apático Scottie Pippen, que recordó al de sus mejores días en los Bulls, siendo determinante en la defensa a Kobe y un apoyo extra en ataque. Los Blazers habían sobrevivido y forzarían un séptimo encuentro que nadie esperaba, en lo que sería uno de los partidos que más expectación levantase en los últimos años. Los Lakers no habían perdido tres partidos consecutivos esa temporada, y el ambiente en el Staples era, esta vez sí, digno de unas Finales de Conferencia. Ese séptimo partido sería recordado por la enorme ventaja que cobraron los Blazers en el tercer cuarto, por la remontada de los Lakers en el cuarto, escenificada por un icónico alley oop entre Kobe y Shaq, y por un Staples enloquecido al acabar el partido, rodeando a Shaquille O´Neal, que celebraba emocionado la victoria.

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Bryant tejió un pedazo de su leyenda en este séptimo partido, con 25 puntos, once rebotes, y de nuevo ejerciendo con rotundidad de solución cuando el milagro parecía imposible. Las finales de la NBA del año 2000 se pueden reducir a una frase: uno de los dos equipos no contaba con O´Neal. Shaq abusó una y otra vez de Rik Smits, y los de Larry Bird cumplieron ganando un par de encuentros en Indiana. Los Lakers se mostraron muy superiores, y nunca temieron realmente por su derrota. O´Neal fue nombrado MVP de las finales, y Bryant logró su primer anillo promediando 15,6 puntos por encuentro, muy disminuido por una lesión. Con 21 años estaba en la cima del mundo, aunque la felicidad no era del todo completa. En lo más alto de esa cima estaba Shaquille O´Neal, y a Kobe siempre le gustó disfrutar de las mejores vistas. Algo pasa con Kobe y Shaq Bryant desestimó acudir con la selección olímpica a Sydney 2000, centrado en preparar su asalto al segundo anillo, y en una carrera musical como rapero, que, afortunadamente, no llegó demasiado lejos. Tampoco hubo excesivo movimiento en la front office del equipo angelino, atados de pies y manos por el límite salarial. Quizá el movimiento más destacado fue la salida de Glen Rice, algo que significaría más minutos para el sophomore Devean George. También se trajo a un veterano currante como Horace Grant, ex compañero de Shaq en los Magic, que

ocuparía un rol similar al de A.C. Green la temporada anterior. Quizá se pueda tomar esta época como el comienzo de la relación de amor- odio entre Bryant y Shaq, con pequeños dardos en forma de declaraciones que la prensa machacaba al máximo. Esta rivalidad entre los dos machos alfa del vestuario era soportada con paciencia por Jackson, interesado en hacer del vestuario un bunker, similar al de sus Bulls de finales de los noventa, algo que solo llegaría a conseguir a medias. O´Neal llegó batiendo records en la báscula, y su baja forma la acusaría el equipo, que comenzó dubitativo, encajando alguna derrota sonrojante -casi de cuarenta puntos ante los Sonics- y sin el ritmo de la temporada anterior. El All Star de Washington, en el que no estuvo Shaq por lesión, sirvió como un nuevo ejercicio de lucimiento para Kobe, deseoso de mostrarse como el icono de los Lakers campeones. Sería su tercer All Star en cinco años de carrera. Pese al evidente bajón competitivo del equipo, lastrado por una falta de competitividad de la segunda y que provocó que ni siquiera se alcanzaran las sesenta victorias, una estupenda racha final, con ambas estrellas en sintonía -al menos en la pista- dejaba claro una cosa al resto de aspirantes: aquellos Lakers iban muy en serio a por su segundo anillo. Testigos de ese deseo fueron los Blazers, que no pudieron reeditar la serie de la temporada anterior y fueron barridos fácilmente tres a cero, sin opciones en casi


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ningún momento de superar a unos Lakers colosales - Bryant promedió 25 puntos por noche, Shaq 27-. Tampoco tuvieron mucha historia las semifinales y las finales de Conferencia. En las primeras los Kings fueron despedazados por cuatro a cero, incapaces de imponer su ritmo de juego, con un Jason Williams que terminó de sellar su billete a Memphis unos meses más tarde en un cuarto partido demencial, abucheado por un público que lo adoraba solo unos pocos meses antes. Idéntico resultado se dio en la Final de Conferencia ante San Antonio Spurs, a los que Bryant acribilló de forma incontestable, con 33 puntos por partido. Los Lakers se impusieron en sus dos partidos como visitantes, y los Spurs se vinieron abajo en el Staples, en dos de las veladas más negras de la carrera de Tim Duncan y Gregg Popovich. Unas semanas más tarde escogerían a un novato francés, nacido en Bruselas, que cambiaría muchas cosas. Pero eso es otra historia. Los Lakers se plantaron en las finales de la NBA de 2001 con una sensación de imbatibilidad nunca vista antes. Habían ganado los últimos diecinueve partidos, eliminando de forma incontestable, y uno por uno, a sus tres principales rivales de la Conferencia Oeste, y se enfrentarían en la final a la gran sorpresa de la otra conferencia, los Sixers de Allen Iverson y Larry Brown. Siendo sinceros, nadie apostaba un dólar por aquellos Sixers. Repletos de jugadores

limitadísimos, tan solo Mutombo sobresalía como un nombre destacado, si exceptuamos a Iverson. A base de coraje y del talento del pequeño escolta, se habían colado en las finales, pero la sola idea de que pudieran frenar a los Lakers parecía una quimera. Esa sensación que confirmaba en los primeros compases del encuentro, con unos Sixers nerviosos y un Iverson bien defendidito por Bryant. Sin embargo, los de Brown consiguieron salir del bache inicial y poco a poco fueron imponiendo su ritmo, gracias a una noche de “The Answer” sencillamente legendaria. El partido se iba poniendo cada vez más franco para los Sixers, y la sorpresa parecía tornarse realidad. De forma milagrosa los Lakers llevaron el encuentro a una prorroga en la que de Iverson, en su mejor noche como jugador de baloncesto, aniquiló todos los pronósticos y selló una noche épica. La acción en la que anota tras romper a Tyronn Lue quedó grabada en la mente de toda una generación de seguidores de la NBA, impactados por como un tipo de metro ochenta había ganado en casa del mejor equipo del mundo. Realmente el cuento de hadas comenzó y acabó esa misma noche. O´Neal impuso su estatus de jugador más determinante del mundo y Bryant volvió a ejercer como implacable escudero. La heroicidad de Iverson no pudo repetirse y los Lakers repitieron título, en una final quizá incluso más apacible que la de un año antes.

Por supuesto, Shaq repitió como MVP y se consagró como el mejor jugador del planeta Tierra. Por cierto, el anterior poseedor de ese título, anunció poco después que volvería a jugar. Michael Jordan regresaba. Otra vez. Pero ahora a los Wizards. El otoño de 2001 será recordado eternamente en EEUU por el derrumbamiento de un mito como las Torres Gemelas, en el atentado terrorista más grande de la historia en suelo americano. En la otra orilla del país, mientras tanto, los Lakers se preparaban para hacer el asalto a su tercer anillo consecutivo, un hito que los igualaría a los Bulls de Michael Jordan. Jackson asistió , resignado, una vez más al ya clásico regreso vacacional de Shaq. Mucho más gordo, mucho más engreído. Al menos el cincuenta por ciento de esa ecuación también la cumplía Bryant, que esa temporada tenía el reto de superar al mito viviente Jordan en la pista mientras seguía ganando enteros como el delfín de Mitch Kupchak, ya con plenos poderes en los Lakers. Mientras tanto, el equipo se había empobrecido de nuevo ese verano. Horace Grant y Tyronn Lue, dos hombres con cierto peso en la rotación, se marcharon, y a cambio Jackson tan solo recibió al decepcionante Samaki Walker y a un veteranísimo Mitch Richmond, otrora estrella de los Kings, pero que estaba al borde de la jubilación.

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El descenso del nivel del banquillo era evidente, y contrastaba con la evolución de los principales rivales por el título, los San Antonio Spurs y sobre todo los Sacramento Kings, que con Mike Bibby ya al mando, habían conformado un bloque solvente y espectacular de cara al espectador. Kobe Bryant se echó el equipo a la espalda y por primera vez se llegó a cuestionar en serio el liderato del equipo, algo que enfadaba y mucho a Shaq, que reclamaba para sí el trono en Los Ángeles cada vez que tenía un micro cerca. Esa hambre conducía a una inercia ganadora a los Lakers, que llegaron a All Star de Philadelphia en un gran momento de juego. El partido de las estrellas de aquella edición reunía a Jordan con la nueva generación de jugadores, y Kobe no quiso perder la oportunidad de recordad que

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el orden había cambiado desde la época de esplendor de Jordan. Celebre es la rueda de prensa en ese All Star en la que un periodista pregunta a Iverson, en presencia de Jordan, si Kobe es el sucesor de Air. Iverson se ríe cuando escucha a Mike, justo a su lado, susurrarle: yo de ti no respondería a eso... Kobe ganó el MVP escuchando los abucheos del público de Philadelphia, su lugar de nacimiento, en otro ejemplo de que, aunque era uno de los mejores jugadores del planeta, estaba muy lejos de ser el más querido. La primera ronda de Playoff de 2002 enfrentaría a los Lakers contra unos Blazers lejos ya de su esplendor. Un vestuario desenfrenado, y absolutamente viciado, había terminado por minusvalorar a un equipo que podría haber marcado una época en la NBA. Los Lakers tan solo tendrían

problemas en el tercer partido disputado en Oregón, pero Robert Horry anotó un triple milagroso a pase de Bryant para cerrar la serie con un engañoso tres a cero. Bryant anotó esa noche 25 puntos, y lideró en anotación a los Lakers por primera vez en una serie por el título desde que era profesional. El golpe de estado había comenzado. Las Semifinales de Conferencia arrojarían a un rival mucho más temible, los San Antonio Spurs. Los tejanos conservaban a sus Torres Gemelas -aunque por entonces, y por razones obvias, pedía que no se les mencionará así- y había añadido a un desconocido alero especialista en defensa, Bruce Bowen, y a un jovencísimo francés todo desparpajo, Tony Parker. La serie estaría dominada por el ritmo bajo que le interesaba a los


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Spurs, y O´Neal se vio incómodo por primera vez en mucho tiempo, atrapado en la defensa que ejecutaban con maestría tanto Tim Duncan como David Robinson. Esa circunstancia empujó a Kobe a tomar todavía más responsabilidad en el juego de su equipo, con un éxito pleno. Hay que destacar su fenomenal actuación en el quinto encuentro, con canastas importantes que terminaron de hundir a unos Spurs que solo se llevaron una victoria, y que veían impotentes cómo un año más eran arrollado por los de California. Sacramento y sus clásicos cencerros ya esperaba en otra Final de Conferencia que se volvía a antojar decisiva para la suerte de la NBA. Posiblemente la serie de siete partidos que protagonizaron Los Ángeles Lakers y los Sacramento Kings en 2002 sean el camino más corto para comprobar el motivo que convierte a la NBA en un fenómeno de masas a nivel planetario. El triple de Robert Horry en el cuarto partido, con los Lakers perdiendo dos a uno las series, es un clásico instantáneo de la competición y uno de los mayores What If... de la historia del deporte. Aquella Final de Conferencia se alargó a los siete partidos y enterró las posibilidades de anillo de un equipo maravilloso. Los Lakers, a lomos de O´Neal y gracias a la sangre fría de Horry, se llevaron una serie que quizá no merecieron, pero que supuso el momento más alto de un equipo tocado por una varita mágica.

En la final esperaba un equipo tan débil como admirable, los sorprendentes Nets de Jason Kidd, que se llevaron una barrida terrible (4-0) pero que a cambio pudieron asistir al último anillo de Shaq y Kobe como pareja de hecho. No había vuelta atrás. Tres anillos y un funeral El éxito del tercer anillo no menguó el clima de guerra del vestuario de los Lakers, con dos frentes totalmente opuestos: por un lado, Kobe Bryant exigía un rol todavía mayor tras sus grandes playoff, con grandes actuaciones en momentos delicados de las series por el título. Por su parte, O´Neal seguía convencido de que era el jugador más determinante del mundo, y asumía que él había convertido a Bryant en un ganador, y nunca jamás al revés, por lo que debía seguir considerado como el jugador franquicia de los Lakers. Asistentes mudos a esta guerra, el vestuario se posicionaba de forma más o menos clara, mientras que Jackson y la gerencia intentaban guardar una neutralidad imposible, que molestaba por igual a ambas estrellas. Por si no bastaba con un frente abierto, Bryant había concluido su contrato con Adidas y durante aquella temporada se dedico a probar otras marcas. Converse, Reebok y And 1 pasaron por sus pies hasta que la promesa de convertirlo en un icono -y unos cuantos millones de dólares- convirtieron a Bryant en el nuevo emblema de Nike.

Aquella temporada 2002/2003 significó además, otro impulso anotador en la carrera de Kobe, que llegó a anotar 40 o más puntos en nueve partidos consecutivos, con 40,6 puntos de promedio en el mes de febrero, con un O´Neal cada vez más irritado por el prominente individualismo de Bryant. El All Star, lejos de significar una tregua, supuso otra palada de orgullo para Kobe, que logró “robar” protagonismo al mismísimo Michael Jordan arrebatándole el lanzamiento ganador en su último partido de las estrellas. Bryant concluyó la temporada regular en el mejor quinteto defensivo e ideal, con los promedios más salvajes de su carrera. Y sin embargo el imperio Laker estaba al borde del desmoronamiento. La primera ronda se disputaba por primera vez en la historia al mejor de siete partidos. Los Lakers, con una rotación diminuta, se asomaron con apenas 50 victorias a la fase final de la temporada, en la que tendrían que verse las caras ante los Wolves, un equipo joven y combativo liderado por Kevin Garnett y Wally Szczerbiak. Con el factor cancha en contra, los angelinos impusieron su mayor experiencia en el partido inaugural de la serie, con un Bryant desatado -39 puntos- y unos Wolves inoperantes en defensa. El segundo encuentro fue otra historia totalmente distinta. Garnett hizo valer su rango de MVP y dominó la zona con una solvencia magistral-35 puntos y 20 rebotes- mientras los Lakers

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basaban completamente su juego en acciones individuales, bien paradas por los Wolves, que tras pagar la novatada del primer partido demostraban que eran un equipo preparado para competir a esos niveles. El tercer partido necesitó una prorroga agónica en la que los Wolves recuperaron el factor cancha, gracias de nuevo a una sensacional aportación de Garnett y a un Troy Hudson decisivo en el tiempo extra. La fenomenal actuación de la pareja angelina, 58 puntos entre ambos, no fue suficiente. La eliminatoria se ponía muy cuesta arriba y el ambiente estaba cada vez más caliente entre la mejor pareja de los últimos años en la NBA. Los Lakers habían tocado fondo y el abismo para el campeón parecía más cercano que nunca. Con un juego nefasto, el brillo de las dos estrellas no era suficiente para tapar las carencias de un equipo que había ido prescindiendo de todo su fondo de armario. Phil Jackson reunió a la plantilla y durante cerca de una hora los mantuvo reunidos, apelando al orgullo herido y a la fraternidad perdida. La charla pareció dar resultado y los Lakers salieron a jugar el cuarto encuentro con una actitud muy distinta. Shaq y Kobe se compenetraron como en los mejores tiempos y ambos superaron la barrera de los treinta puntos, devolviendo la igualdad a la serie. Como es habitual en la NBA, el quinto encuentro marcó la eliminatoria de forma definitiva.

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Por fin los angelinos empezaron a jugar como un auténtico equipo y Rick Fox, Dereck Fisher y Robert Horry se unieron a la fiesta. Con los secundarios de nuevo en escena, los Wolves desnudaron todas sus carencias y acabaron humillados en su propia casa (90-120) El sexto partido en el Staples fue un mero trámite, con un equipo al alza y recuperando parte de la confianza perdida. Esperaban los Spurs de Duncan. Otra vez. La Semifinal de Conferencia Oeste puede ser lo más parecido al hundimiento del Titanic que se ha visto en la historia reciente de la NBA. Un barco de lujo pero con severos puntos débiles que fueron una y otra vez aprovechados por los Spurs. De nuevo el quinto partido supuso la clave de toda la serie, con la diferencia de que esta vez la fortuna no sonrió a los californianos. Esa eliminatoria supuso un punto de no retorno en la química del equipo, con una sonora bronca entre las dos estrellas de los Lakers, que apenas volvieron a dirigirse la palabra durante semanas. La dinastía Laker acabaría de forma bochornosa, con una derrota en casa por 38 puntos de diferencia y un Staples semi vacio. El sueño de Bryant y los Lakers había terminado. Pero su peor pesadilla estaba a punto de comenzar. La carrera de Kobe Bean Bryant cambió para siempre el 30 de junio de 2003. Aquella noche mantuvo relaciones sexuales con una empleada del Cordillera Lodge Hotel de Edwards, en

Colorado. Bryant mantiene que fueron relaciones consentidas. Ella dirá que fue violada. La figura de Bryant desciende a partir entonces a los abismos como nunca antes. Se entrega a la justicia -que ya había avisado que iba a detener al jugadory el escándalo es mayúsculo. Vanessa, la mujer del escolta, sale en rueda de prensa a apoyar a su marido, que reconoce el adulterio, pero no la violación. Se suceden las comparecencias, las declaraciones del jugador, de los caza fortunas... Varios patrocinadores retiran su apoyo, aunque los Lakers y Nike mantienen el apoyo de su estrella, y recuerdan que la oferta de renovación que le plantearon hace unos meses, de 55 millones de dólares, sigue en pie. Incluso O´Neal sale a la prensa y amenaza con dar un puñetazo al que se pase con el tema. Los siguientes meses suponen un auténtico calvario para el jugador, que, salvo en su santuario del Staples, donde es más apoyado que nunca, tendrá que convivir con pancartas, gritos e insulto de todo tipo. Paralelo a estos hechos, las oficinas de los Lakers han estado trabajando durante el verano para recuperar el trono perdido, y parece que al fin Shaq y Kobe tendrán la compañía que se merecen. Los Lakers anuncian el fichaje del agente libre Karl Malone, catorce veces All Star y enemigo íntimo hace unas temporadas en los Jazz de Utah. Además, también llega otro veterano, Gary Payton,


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una estrella de la liga a punto de apagarse, que, al igual que Malone, busca a la desesperada una última oportunidad para conseguir el anillo. Estos dos fichajes más la mejor pareja de los últimos años en la NBA son llamados por la prensa como los “Fab Four” conformando una de la mejor colección de nombres en la historia del baloncesto. El quinteto, por cierto, lo solía completar Devean George, que tuvo la suerte -o la desgracia, según se mire- de pasar por allí. La expectación por ver aquellos Lakers desató la locura en el primer tramo de la temporada. Ese compendio de estrellas estaba llamado a arrasar, aunque pronto se vio que difícilmente iba a ser así. Shaq encadenaba un problema físico tras otro, y su porcentaje desde el tiro libre estaba en mínimos históricos. Payton era un jugador, que además de tener 35 años, era complicado de encajar en el sistema de Jackson por su estilo de juego. Malone ofreció un buen nivel en el primer tramo de la temporada, hasta que la rodilla lo convirtió casi de golpe en un ex jugador. Y Bryant iba y venía del juzgado, lo que le obligó a perderse varios partidos, además de arrastrar, para colmo de desgracias, una lesión en la rodilla que no terminaba de sanar. Pese a todos estos problemas, a los Lakers les dio para mejorar su record de la temporada anterior y lograr el liderato de la división pacífico. Además, el proceso contra Bryant ofrecía visos de un acuerdo extrajudicial cercano.

El sol volvía a salir en California. Los Playoff de 2004 estaban plagados de incertidumbres. Los actuales campeones, los Spurs, daban señales de agotamiento, y para muchos lo mejor de los Lakers estaba por llegar. En el Este, tras años de aportar a las finales equipos intrascendentes, por fin tenía un ramillete de equipos realmente interesado, liderados por los Pistons de Larry Brown, que había convertido a un equipo de jugadores rebotados en una máquina de ganar. La primera ronda fue mucho más sencilla de lo esperado. Los Houston Rockets de Jeff Van Gundy era un equipo con varios jugadores de calidad -Francis, Mobley y el chino Yao Ming- pero que todavía no podía competir a este nivel. La serie se resumiría en una ficticia rivalidad animada por la prensa entre Shaq y Yao, que quedaría resuelto para el de los Lakers por escasa diferencia, y en el persistente martilleo anotador de Bryant. Las cosas se presentaban mucho más complicadas ante -sí, has adivinado- los San Antonio Spurs. Tras la debacle de un año antes, los de Tejas habían bajado un escalón competitivo, y pese a tener el factor en cancha a favor, no partían como grandes favoritos a llevarse la eliminatoria. Ese papel de víctimas siempre le ha ido como anillo al dedo a Popovich, y los Spurs se llevaron los dos primeros partidos de la eliminatoria. Karl Malone fue arrasado por Tim Duncan, y el joven

argentino Ginobili anotaba ante la segunda unidad Laker, que había desaparecido en combate. Una vez que estuvieron contra las cuerdas, los Lakers se repusieron y Shaquille O´Neal volvió a disfrazarse del jugador más determinante del planeta tierra, un atuendo que cada vez usaba con mejor frecuencia. Como en los viejos tiempos, se apoyó en Bryant para devolver el empate a la serie, que se jugaría en gran medida en un quinto encuentro dramático. Aquel partido lo ganó Derek Fisher con un enceste imposible a cuatro décimas del final, pero Bryant mantuvo al equipo minutos antes con canastas importantísimas. Los Lakers sumaban su tercer punto de la eliminatoria pero habían vencido moralmente a los Spurs, que cedieron en un sexto encuentro ante el empuje de Kobe, que se iría hasta los 26 puntos. Eufóricos tras ganar cuatro partidos consecutivos a los temibles Spurs, el penúltimo escollo hasta el anillo serían los Minnesota Timberwolves, que habían crecido competitivamente con el fichaje de Latrell Sprewell, eliminando en su semifinal a los Kings. Dirigidos por Flip Saunders, Garnett era el principio y el fin de aquellos Wolves. Máximo anotador, taponador, reboteador y ladrón de los de Minneapolis, llegaba a aquellas finales en el mejor momento de su carrera. El primer partido tuvo color visitante, con unos Wolves muy

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erráticos que no se parecían en nada a aquellos que hace unos días se habían cargado a los Kings. Sin una solución clara a Shaq -su antídoto se supone iba a ser Michael Olowokandi, ahora vas y te ríes- el Fab Four rindió a un nivel aceptable y finiquitó el partido con solvencia. Dos días más tarde las tornas cambiaron, cuando tras una conjura de Garnett minutos antes en el vestuario local, los Wolves salieron mordiendo como auténticos lobos. Con un juego agresivo y efectivo, se marcharon catorce puntos arriba en el descanso. Solo Bryant estuvo a la altura, mientras que Malone se resintió de nuevo de sus problemas de rodilla.

ese favoritismo no era el mismo que en las tres finales anteriores, pero nadie apostaba a que los Pistons se llevarían más de uno o dos partidos de la serie. Sin embargo, bajo ese papel impuesto por los medios, latían ocultas dos razones que jugaban en contra de los Lakers.

La primera, que se revelaría evidente casi desde el primer momento, era que la mitad de los cuatro fantásticos no estaba en disposición de jugar. Karl Malone había envejecido más en unos meses en Los Ángeles que en quince años en Utah, y su rodilla derecha era un auténtico suplicio para el ala pívot. Gary Payton había completado unos playoff lamentables, y La eliminatoria viró de rumbo su relación con el resto del cuando hizo acto de presencia equipo -en especial con Bryanten el Staples. Recordando a los estaba al borde de explotar. viejos tiempos del Forum, el ambiente se presentaba más El segundo motivo se haría caldeado que nunca, espoleados tangible con el desarrollo de la por las provocaciones de Garnett serie. Los Pistons era un equipo y Sprewell. Shaq se sintió en pleno crecimiento, construido rejuvenecido y consiguió alcanzar en base a un pívot que sí podía las dobles figuras en ambos hacer frente a O´Neal como Ben encuentros, mientras que Bryant Wallace, y contaba con armas de anotaba 22 y 31 puntos en cada sobra para hacerles daño. Billups uno de los choques. Los Wolves era un base rápido y anotador, Rip tuvieron que claudicar cuatro días Hamilton un escolta que había después en el mismo escenario mejorado sus terribles problemas -habían salvado el primer match en defensa y ya era de la élite ball en casa de forma milagrosa- de la liga, y Rasheed Wallace ante unos Lakers, que pese a los estaba por una vez centrado tropezones, se habían levantado en el baloncesto, dispuesto a para llegar a su zona favorita de mostrar el talentazo que era. la temporada: la final de la NBA. Por eso, y en perspectiva, cuando los Pistons asaltan el Staples El paso de los años ha en el primer partido, gracias a difuminado el recuerdo, pero los una exhibición defensiva, la sorLakers eran favoritos para las presa no es tan mayúscula. Basfinales de 2004. Evidentemente, taron cuarenta y ocho minutos

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de juego para que el favoritismo cambiara radicalmente de bando, y ni siquiera el segundo partido, ganado por los Lakers gracias a un triple imposible de Bryant en la cara de Hamilton -y con Luke Walton de escudero, ojo- sirvió para cambiar esa sensación. La final había muerto casi antes de comenzar y tan solo sirvió para regocijo de los fans del Palace de Auburn Hills, que asistieron a tres contundentes victorias, sazonadas por la impotencia de unos Lakers que se encomendaron a un Bryant demasiado solitario. El mayor experimento de alquimia de la historia de la NBA había implosionado y tocaba recoger los restos de un trasatlántico que se hundía mientras sus dos capitanes se insultaban a gritos en el autobús que los llevaba de vuelta a casa. Verano de 2004: Kobe lo consigue. Está solo Dos no pelean si uno no quiere. Pero macho alfa sólo puede haber uno y ni Shaq ni Kobe iban a dar su brazo a torcer en beneficio del otro. No habían nacido para ser segundas espadas, al menos no en sus primes(Kobe ni tan si quiera en su declive). Gary Payton y Karl Malone, dos de los mejores jugadores de la historia en sus respectivas posiciones, habían llegado a Los Ángeles en el ocaso de sus carreras en busca del éxito colectivo que magnificase tanto reconocimiento individual hasta entonces no culminado con la gloria eterna que da la posesión


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de un anillo. Pero ninguno de los dos fue jamás conocido por ser ese tipo de jugador que hace equipo, media entre compañeros o ejerce de veterano compasivo. En la franquicia púrpura y oro pretendían que la adición de dos estrellas veteranas sirviese para calmar el estado de alarma por ciclogénesis explosiva en que se vivía constantemente en aquel vestuario. Pero no funcionó. Si bien la relación entre Kobe y Malone había comenzado como la seda, llegando el escolta a llamar a su nuevo compañero “maestro” o “hermano”, no duró mucho al no contener el rural ala-pívot sus dotes de picaflor ante Vanessa Bryant, a quien solía dedicar gentiles comentarios en la banda, pedía abrazos para salir en la prensa rosa y a quien, ante la pregunta de “hey, cowboy, ¿qué andas cazando?” debido a su

famosa indumentaria vaquera, este contestó “ando cazando muchachitas mexicanas”. Al parecer, ese tipo de comentarios no eran aislados y Kobe no tuvo más que sumar otro enemigo a su lista negra. Si de O’Neal siempre había cuestionado su ética de trabajo y falta de liderazgo –entre otros reproches-, de Malone cuestionaría públicamente lo apropiado de que siguiese jugando si tantos problemas de rodilla estaba teniendo, y si no era mejor que se sentase durante toda la temporada, sucediéndose las puyas entre uno y otro hasta el aborrecimiento. No había suficiente zen en un ya cansado Phil Jackson para calmar todo aquello. Malone saldría por la puerta de atrás y pondría fin de manera triste a una espléndida carrera que le había convertido en el segundo máximo anotador de la historia. Payton asistía

estupefacto al dantesco día a día angelino y terminaba siendo traspasado a Boston junto a Rick Fox, habiendo trascendido también problemas con Jackson y cuerpo técnico (lo conseguiría dos años más tarde en Miami junto a Shaq). Jackson también abandonaba la disciplina angelina y escribiría un libro, TheLastSeason, en el que se despacharía a gusto sobre aquel infierno y tildaría a Bryant de “inentrenable” e “inmaduro”. Shaquille cumplía su palabra de no seguir y era traspasado poco después de anunciarse que el Maestro Zen dejaba el banquillo, molesto además por la protección que la franquicia daba sobre Kobe en detrimento de las otras estrellas, marchándose a Miami a cambio de Lamar Odom, Caron Butler, Brian Grant y una futura elección de Draft. Incluso Derek Fisher, que llevaba en la NBA y en los Lakers los mismos años que

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Kobe, prefería ejercer su opción para convertirse en agente libre y respirar aire fresco en los Warriors. Kobe haría lo propio, pero para renovar por una mayor suma de dinero -140 millones de dólares por siete temporadasy quedarse como líder único y absoluto de la franquicia.

ancha y grabando discos de rap, cercanos al patetismo. Ahora también se hacía llamativos tatuajes. Así que hubo un día en que no le importó más.

La popularidad de Kobe no podía pasar por un peor momento. En la guerra con Shaq, siempre quedó él como el niñato, si bien la culpa era de los dos y casi más de O’Neal, seis años mayor y a quien se le podía reprochar la baja forma y el sobrepeso con que se presentaba a los training camps de pretemporada. Pero Shaq había sido el MVP de los tres anillos, así como de la temporada regular del año 2000. Y caía bien. Kobe no. O’Neal siempre tuvo una buena prensa debido a su carácter más abierto y bromista, todo lo contrario de un introvertido Kobe Bryant a quien jamás importó caer mal a un periodista. Hasta lo prefería. Era su motivación. Tampoco era el más querido entre los propios jugadores de la liga, ya que a diferencia del estereotipo de chico procedente de barrio marginal y sumido en la pobreza, él era un pijo adinerado que había pasado parte de su infancia y adolescencia en Italia y a quien el baloncesto le venía de genética gracias a un padre que había sido profesional NBA. Sus intentos por integrarse vistiendo ropa

Y esta última temporada tenía además que aguantar los improperios de gradas rivales que le llamaban violador o hacían chanza sobre el incidente de Eagle. Un caso que seguía sin cerrarse, con Kobe haciendo continuos viajes a los juzgados de Colorado durante la temporada. Pero por fin llegaría a su fin. Tras solicitar la querellante en julio el aplazamiento indefinido de un juicio para el que contaba con muy pocas oportunidades de ganar, en los últimos días de agosto comenzaba a seleccionarse el jurado. Para sorpresa general, el 1 de septiembre de 2004 la supuesta víctima retiraba los cargos contra Kobe Bryant. ¿Por qué? ¿No iba Bryant a ganar el juicio demostrando su inocencia? Su abogada negaba haber pagado ninguna compensación económica a la denunciante a cambio de su silencio. Todo había terminado. Pero su imagen estaba por los suelos.

Ahora no sólo era el culpable de la guerra con Shaquille O’Neal. También de su salida. De la de él, Phil Jackson, Karl Malone, Gary No quedaba ni rastro del equipo Payton y hasta Derek Fisher y campeón de los títulos de 2000, Rick Fox. Su ego se había cargado 2001 y 2002. Kobe lo había un equipo llamado a marcar logrado: estaba solo. época.

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Ángeles. Antes, cuando el árbitro lanzaba el balón al aire para que los ‘cincos’ titulares se disputasen la primera posesión, era Shaquille O’Neal quien saltaba. Ahora, un blanquito llamado Chris Mihm. Quien debía subir el balón y dárselo en las mejores situaciones para anotar, un tal ChuckyAtkins que venía a los Lakers a completar su primera temporada como base titular de un equipo NBA en seis años de carrera. Muchos compañeros nuevos y pocos a los que poder respetar, pensaba Kobe. Entre esos pocos, Lamar Odom y Caron Butler, quienes llegarían a ser de sus mejores amigos en la NBA (Butler sólo fue compañero de Kobe esa temporada) y un VladeDivac que estaba de vuelta en la franquicia que le traspasó precisamente para hacerse con nuestro protagonista. Eso sí, el balcánico sólo aguantaría quince partidos debido a la hernia discal con que llegó, dando bastante más pena que gloria.

Y de entrenador, Rudy Tomjanovich. Kobe siempre había respetado el éxito, y su nuevo entrenador contaba con dos anillos, aquellos que Houston Rockets ganó de manera consecutiva en 1994 y 1995 en el paréntesis de Jordan. Sin embargo, Tomjanovich había dejado el banquillo de Houston después de once temporadas seguidas por una razón: cáncer de vejiga. Tras un año recuperándose aceptaba Temporada 2004/05: Una la oferta de Mitch Kupchak, transición nada fácil arquitecto del desastre, pero no sería por mucho tiempo. Tras un Importantes cambios en Los aceptable récord de 24-19, debía


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abandonar definitivamente los banquillos por resentimiento de su salud. Su sucesor, el asistente Frank Hamblen, no podía hacer mucho por frenar la caída libre de un equipo que bajo su mando registraría un pésimo 10-29. Kobe iría a lo suyo. Volvería a tirar más de veinte tiros por partido con su peor porcentaje desde sophomore y promediaría más de cuatro pérdidas de balón cada noche. Su primera prueba para triunfar en solitario, un rotundo fracaso, faltando a la cita de los playoffs por primera vez en su carrera (la única hasta el despiporre que ha sido la franquicia de la familia Buss en sus últimas temporadas), si bien es cierto que sufrió su esguince de tobillo más severo siendo baja durante catorce partidos.

a Kobe Bryant, “él es el general manager”. El base, a quien le quedaba un año más de contrato y había expresado su preferencia por seguir en los Lakers a ser traspasado, no jugaría más temporadas de amarillo. ¿Kobe? ¿Kupchak? El batacazo era innegable, y el estreno de Kobe como líder absoluto de los Lakers, un despropósito. Ahora, sus detractores tenían la carnaza que deseaban. Como brillantemente le definiría Isabel Tabernero en el número 160 de la Revista Oficial NBA, Kobe era un ángel y sus demonios: “Un tipo antipático, que va a lo suyo, introvertido y egoísta. Un fuera

de serie, imparable, espectacular, en otra dimensión. Abucheado. El más ovacionado. Un ídolo. Un mal ejemplo. Son los sentimientos que suele despertar Kobe Bryant. Es un ángel, o un demonio. En realidad, nunca ha sido lo uno sin lo otro. Es una consigna en su vida, al menos de la que se tiene constancia.” Lo mejor de aquella temporada: el inolvidable mate por encima de Dwight Howard para darle la bienvenida a la NBA. Temporada 2005/06: la de los 62 y los 81 en la vuelta de Phil Ya avisó en medio de su año sabático que pronto habría noticias sobre sus planes

Pero el aire seguía viciado en el vestuario. Muy viciado. Kobe era ahora el único macho alfa del grupo y eso le hacía inaguantable. También hay que aprender a ser un líder, y por aquel momento, y en solitario, no estaba listo. Tampoco estaba preparado para perder más que ganar. Continuos serían los reproches y faltas de respeto hacia sus compañeros, tanto en privado como públicamente. Además, su esposa Vanessa sufría un aborto. Otro golpe con que agriar un poco más el carácter del astro más antipático de la NBA. Una noche, después de la octava derrota seguida y tras ser preguntado por cambios para la siguiente temporada, Atkins no aguantó más e instó a la prensa a trasladar esa pregunta

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futuros. Y sólo una temporada después, estaba de vuelta en Los Ángeles. El reto de domesticar al Kobe Bryant más feroz y misántropo, más que suficiente para un Phil Jackson que por primera vez en su carrera se iba a poner al volante de un equipo que ni si quiera podía garantizar su presencia en playoffs. Una campaña sin postemporada había bastado para que la familia Buss limase asperezas con el Maestro Zen –bien valía convertirse en el técnico mejor pagado de la historia-, esposo de Jeanie, y recondujese el rumbo de una franquicia que no podía permitirse ir a la deriva después de tanta gloria. Kobe, que respetaba a Jackson pero que no terminaba de casar con su metodología, expectante después del baño de realidad que supuso la temporada 2004/05. Y Jackson no pudo plantearlo mejor: supo hacer sentir a Kobe como el mejor jugador del mundo, exprimió su instinto anotador al máximo y al mismo tiempo involucró a unos compañeros que supieron entender su rol para llevar así a los Lakers de nuevo a la senda victoriosa. No iban a ganar el anillo, era una realidad. Al menos con esa plantilla. De modo que se jugó para Bryant al tiempo que una plantilla mediocre volvía a playoffs. Llegaría así la máquina anotadora más despiadada, un Kobe Bryant capaz de promediar 35’4 puntos por noche. Una barbaridad que no se ha vuelto a ver y que no se veía desde los 37’1 de Michael Jordan en 1987, los 35’6 de Rick

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Barry en 1967 o los baremos del abusón Wilt Chamberlain a principios de los 60. Kobe anotaría 40 puntos o más hasta en veintisiete ocasiones, de las cuales en seis se iría hasta los 50 o más. Pero de sus exhibiciones anotadoras aquella temporada se recordarán sobre todo dos: el día en que metió 62 puntos en tres cuartos y aquel 22 de enero de 2006 en que establecería la segunda mejor marca anotadora de todos los tiempos con 81 puntos enfrente de un rookie español llamado José Manuel Calderón. 62 puntos en tres cuartos En un total de 33 minutos de juego, 62 puntos. Más que a hazaña, suena a broma. A algo imposible. ¿Acaso da tiempo? Tirando casi un tiro por minuto… quién sabe. Pero para eso hay que ser Kobe Bryant. Con 18 aciertos de 31 intentos en el tiro, él lo logró. Y le sobró todo un último cuarto en que sus Lakers entraban aventajando en 34 puntos de diferencia a Dallas Mavericks con un marcador de 95-61. Sí, la cifra visitante está bien: 61. Lo cual quiere decir que, efectivamente, al término del tercer cuarto Kobe Bryant había anotado más puntos que el equipo rival entero. Hasta entonces, el choque iba encarrillado para los locales, pero terminó de romperse en un tercer cuarto en el que anotó 30 puntos, convirtiéndose así en el cuarto jugador de la historia en lograr tal hito.

puntos de diferencia, tal vez podía considerarse innecesario mantener en pista en un último cuarto de trámite a un jugador que hasta ese momento llevaba más puntos que los Mavericks. Mantener a Kobe sólo habría tenido sentido por saber hasta dónde sería capaz de llegar. Y ese morbo individualista era demasiado para Phil Jackson. Habría que esperar para dar respuesta a ese interrogante que flotaba en el planeta baloncesto. Y es que Kobe estaba imparable. Más que nunca. Era el mejor jugador del mundo y el resto de estrellas no tenía más que reconocerlo. Pau Gasol, que por entonces no sabía que sería su compañero y hermano, reconocía no ser un gran admirado de Bryant, pero ponía como ejemplo un Lakers-Cavs en el que LeBron James estuvo de dulce y Kobe errático… hasta el final del partido. Cuando más quemaba el balón, Kobe anotó los tres últimos tiros de su equipo para ganar, mientras que James sufrió más de la cuenta en los tiros libres. Precisamente LeBron se descubriría ante el genio laker diciendo que era el mejor jugador de la liga “de lejos” y que era “imposible de parar. Mejor concentrarse en el resto”.

Lo cierto es que Bryant parecía de otro planeta. Entre el 20 de diciembre de 2005 y el 16 de enero del año siguiente promedió más de 40 puntos por partido, llegando o superando los 45 en cuatro partidos seguidos. Además, en este lapso de tiempo Ganando por más de treinta se convirtió en el jugador más


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joven de siempre en llegar a la cifra de 15.000 puntos en su carrera –como más adelante haría con las cifras de 20.000, 25.000 y 30.000 -. Y lo mejor estaba por llegar. Segunda mejor marca de la historia: 81 puntos en un partido Diez años después, incluso suena a cachondeo. Fue real, pero no podía ser verdad. A nuestro lado del globo, la gente se levantaba con una noticia que podía debía estar mal. ¿Kobe Bryant ha metido 81 puntos en un partido? Sí, apenas un mes antes le habíamos visto meter 62 en tres cuarto, ¿pero 81? El Michael Jordan de la nueva generación estaba en el mejor momento individual de su carrera y, a diferencia de aquel 20 de diciembre ante Dallas, ahora Phil Jackson estaba obligado a mantenerle en pista para ganar un igualado partido. Y tiene gracia, pero pasados tres cuartos la anotación de Kobe era menor al partido de los 62 puntos: 53, de los cuales más de la mitad -27- habían llegado en el tercer periodo. Quedarían así 28 por sumar, no llegando a la treintena en ningún cuarto como sí había logrado aquella noche. Llegado el descanso, al que Kobe se retiraba con 26 tantos en su haber, el Staples ya sabía que aquella era una de esas noches mágicas en su estrella, y es que antes de la mitad de temporada eran ya nueve los partidos en que había metido 40 o más puntos,

pasando tres veces de 50 como así apuntaban las previsiones de este partido. ¿Pero una orgía anotadora de tal magnitud? El firmante de tal marca justificaba esa explosión de la segunda parte en que “simplemente me motivé porque íbamos perdiendo”.

récord de la franquicia. Con 77 y restando tres minutos, Jackson hizo el mohín de cambiarle. Pero Hamblen, asistente forzado a principal la pasada temporada, paró a Phil. Con dos tiros libres a falta de 43 segundos, la siguiente barrera había caído. Ya eran 81.

Kobe penetraba como quería, tiraba en la cara de quien delante había, buscaba y encontraba suspensiones increíbles y hasta le sobraban fuerzas para machacar el aro. Tampoco perdonaba desde la línea de personal, anotando 18 de sus 20 lanzamientos libres con que completar su cuadro de tiros de campo, que presentaba un antológico 28/46 (7/13 en triples). Morris Peterson, Jalen Rose, Joey Graham, José Manuel Calderón, varios de ellos a la vez… el entrenador Sam Mitchell lo intentó todo, pero nada funcionó. Era una de esas noches en que la historia se presencia en una cancha de baloncesto y Kobe es el escriba.

Un Staples entregado cantaba “MVP, MVP”. No llegaría esa temporada, el récord del equipo no lo permitía. Pero era el mejor. JasonKidd confiaba en que, de haber habido prórroga, habría superado los 100 de Chamberlain, que no parecían tan lejanos. De hecho, Bill Walton decía que lo lograría. DwyaneWade contaba que se llamaban por teléfono unos a otros para asegurarse de que todos los estaban viendo y saber que era real. Pero en Miami se miraba con más recelo que admiración. Shaquille no abriría la boca, pero Antonie Walker afirmaba que, de haber sido rival esa noche, “le habría lesionado” y Pat Riley desmeritaba estelar actuación diciendo que “si alguien tiene fuerzas para lanzar 70 veces está claro que vas a meter muchos punto”. Y entonces apareció la defensa pública de Phil Jackson: “Así es la sociedad en que vivimos, alguien hace algo excepcional y la gente sólo busca la manera de infravalorarlo”. Con 81 puntos, Kobe había logrado convencer incluso a su entrenador, al tiempo su más perspicaz crítico. Había derrumbado las puertas de la historia. Ya podía sentarse en la misma habitación que sus idolatrados Jordan, Magic, Bird o Erving.

En el último cuarto, y ya con 53 puntos en el bolsillo, todo el Staples estaba pendiente de que superar los 62 de un mes atrás, su mejor registro particular. No tardaría en hacerlo, llegando a 63 con seis minutos más de juego por delante. Todos los balones iban para él, y todos atravesaban el aro. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar? Incluso se perdía la noción del marcador del partido, si los Lakers ganaban o perdían, las miradas se centraban en la cuenta particular de Kobe, y no en la de los equipos. Dos minutos después de superarse a sí mismo, superaba los 71 de ElginBaylor,

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Desde luego, Phil dio con la tecla para contentar a Kobe y al mismo tiempo hacer competitivo a su equipo, que a punto estuvo de tumbar en la primera ronda de playoffs a los Phoenix Suns de Steve Nash y Amare Stoudemire, que habían revolucionado la liga un año atrás con su norma del “eightsecondsorless”. Aquella serie pasaría de un 3-1 favorable para los Lakers, que habían sido séptimos del Oeste, a un 4-3 que daba avance al equipo dirigido por Mike D’Antoni, pero quedaría en el recuerdo aquel cuarto partido en el Staples Center con sendos bocinazos de Kobe Bryant: uno para mandar el partido a la prórroga y otro para ganarlo. Finalmente, el MVP que tanto se merecía recayó por segunda temporada consecutiva en Steve Nash, que lideró a unos Suns que fueron segundos del Oeste y ganaron 60 partidos, nueve más que sus Lakers. Y por si fuera poca la desdicha, al otro lado del país, Shaquille O’Neal conquistaba su cuarto anillo de campeón de la NBA, haciendo a Miami Heat la franquicia más joven en conseguirlo. Parecía como si la felicidad en Kobe jamás pudiese llegar a ser plena, pero había motivos para el optimismo. La NBA le reconocía casi unánimemente como el mejor jugador del mundo, estaba en el punto de forma más alto de su carrera y estaba siendo capaz de llevar a cotas más altas de las esperadas a una plantilla cogida con alfileres. Y ahora creía ciegamente en Phil Jackson,

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aquel entrenador con quien años de meter cinco tiros seguidos atrás “no me tomaría ni un café”. con el pie desde el centro de la cancha, ten por seguro que ese hijo de puta entrenará sin descanso hasta lograrlo y poder Temporada 2006/07: El restregártelo por la cara”. llanero solitario sigue metiendo puntos Nunca dejaría de ser un bocazas de puertas para dentro, No era cosa de una temporada, pero empezaba a domar sus no. Kobe seguía con mucha demonios, algo que agradecían hambre de puntos. Sin las otras estrellas del equipo, embargo, no empezó así la en especial Lamar Odom, que temporada, mostrando una subiría su media anotadora versión más altruista que, hasta los 15’9 puntos, si bien si bien no abandonaba ni de su estatus siempre estuvo algún lejos su naturaleza anotadora, peldaño más bajo que el de gente lanzaba menos y mejor a como O’Neal, Malone, Payton o canasta y pasaba más el balón. posteriormente Gasol. Phil Jackson, al tiempo que le permitía convertirse en la más De lo que no se preocupó fue potente máquina anotadora, le por caer mejor. Jamás entendió iba convirtiendo en un jugador esa moda reciente de la NBA más completo y mejor líder para por la que todas las estrellas sus compañeros. intentasen hacerse amigas. Él no veía amigos, sólo adversarios. El liderazgo siempre había sido Gente a la que tenía que pasar su asignatura pendiente. Kobe por encima para lograr sus es un absoluto obseso del juego objetivos, bien se llamasen hasta un punto insano. Piensa las MVP, anillo o título de máximo 24 horas del día en baloncesto, anotador. Su carácter sociópata en ser el mejor jugador del siempre estuvo ahí, y Smush mundo y en perfeccionar cada Parker lo supo bien. Parker, pequeño detalle. Su gran error, base titular por accidente de los pensar que todos los demás Lakers durante dos temporadas, debían hacer lo mismo. Y ver cumplió de sobra con aquello que no era así siempre le había que se le podía exigir, siendo al sacado de sus casillas, lo que le mismo tiempo cierto que nunca llevaba a gritar y faltar al respeto tendría el potencial para dejar de a sus compañeros de manera ser un jugador de segunda fila. inhumana. Años después, y fuera del equipo, revelaría con desagrado la tarde Robert Horry, el siete veces en que se intentó acercar a Kobe campeón de la NBA (tres con para tener una charla personal, los Lakers) sabía hasta qué más allá del baloncesto, y este punto podía llegar esa obsesión le replicó con un cortante “no perfeccionista: “Si un día te tienes las suficientes espuelas acercas y le dices que no es capaz en tu cinturón para tener una


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focos, ya fuese para bien o para mal. Pero siempre estaba ahí. Era el mejor reclamo para vender zapatillas. Aprovechar el amor de los fieles como abrazar el odio de los detractores. La mamba negra es una de las serpientes más rápidas y venenosas del mundo, con un porcentaje de acierto sobre su víctima del 99% cuando lanza su ataque. Y eso a Kobe le encantaba. Tanto la comparación con letal reptil, como la confirmación como villano oficial de la NBA.

conversación conmigo”. Kobe era otra que ambos. Kobe, al fin y al cabo. El cambio de imagen no Pero algo en él estaba cambiando. terminaría ahí, y a principios de Y quiso simbolizarlo cambiando 2007 nacería uno de los mejores también su número de camiseta, apodos del mundo del deporte: abandonando su icónico número The Black Mamba. Nike, que 8 por el 24. ¿Número de horas al se había mantenido al lado de día que pensaba en baloncesto? Kobe pese al infausto episodio ¿Número de segundos que de la acusación de violación, podía tener el balón en sus había visto cómo su estrella manos en cada ataque? Lo que creaba una división tremenda sí se sabe es que era el número entre el amor y el odio. No había que había empezado a llevar en término medio, Kobe Bryant LowerMerion antes de acabar su no permitía a los seguidores del etapa en el instituto con el 33. baloncesto sentir indiferencia o Al aterrizar en los Lakers, el 24 quedarse a medio camino entre estaba siendo usado por George ambos extremos. Como el agua McCloud y el 33 colgaba del y el aceite. Sería así como la techo en honor a Kareem Abdul- compañía de material deportivo Jabbar. ¿Cuál número retirarán crearía el personaje de The Black ahora los Lakers, el 8 o el 24? La Mamba para un personaje que respuesta correcta no podría ser siempre atraía la atención de los

En lo deportivo, sus Lakers no mejoraron mucho. De hecho, no mejoraron. Perdieron tres partidos más que la temporada anterior y volvían a irse a casa en la primera ronda de playoffs, nuevamente a Phoenix Suns pero esta vez por un contundente 4-1. La falta de refuerzos seguía siendo algo que Bryant acusaba, y la plantilla suficiente hacía colándose en la postemporada, destacando si acaso la evolución del ahora sophomore Andrew Bynum, que pintaba a posible pívot dominante en un futuro a medio plazo. Pero Kobe seguía excelso. Y esta temporada se recordaría como aquella en la que volvió a ser MVP del All-StarGame, con 31 puntos y la victoria del Oeste en Las Vegas (algo que le encantaba, lucirse ante el resto de estrellas de la liga) y, sobre todo, por la fantástica racha de cuatro partidos consecutivos anotando 50 puntos o más, superando a Jordan o Baylor, que tenían su mejor racha de partidos con más de medio centenar de puntos

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en tres, y siendo solamente superado por Wilt Chamberlain, a quien Kobe llamaba “el videojuego humano”.

campo (8/12 en triples) y 11/12 en tiros libres. Kobe era más letal que nunca, y Jackson lo sabía: “Huele la sangre y al instante está detrás de ti. La razón por la 50 puntos o más en cuatro que entreno a los Lakers es él”. partidos seguidos Como en su mayor bestialidad, enfrente un rookie español: Dicen que el mejor momento de Sergio Rodríguez. un deportista, tanto por nivel físico como madurez, se da a A los 65 ante Portland le siguieron los 27 o 28 años del mismo. 50 en la visita de Minnesota Esas, las edades de Kobe la Timberwolves. Kobe dominó temporada anterior y esta. un partido que había dejado Las dos temporadas con una sentenciado antes del último mayor concentración de gestas cuarto y que llegó a complicarse anotadoras que se recuerdan por la brillante actuación de desde los tiempos de Chamberlain Kevin Garnett, que firmaba 26 y que probablemente jamás puntos, 15 rebotes, 6 asistencias volveremos a vivir. Al debate y 3 tapones. Insuficiente e sobre qué era más impresionante, irrelevante en la comparación si los 62 puntos en tres cuartos ante el medio centenar de Bryant o los 81 en un partido entero, en el único partido de esta racha había que sumar una nueva en que sus porcentajes de tiros opción: cuatro partidos seguidos de campo no llegaron al 50% de anotando 50 o más puntos. Pero acierto. es que de esos cuatro, en dos de ellos alcanzó 65 y 60. Tan irreal Vuelta a los 60, ahora en que sólo podía ser verdad. Era Memphis. En una temporada Kobe. pésima para los Grizzlies, la última completa de Gasol allí, La lata la abrió con el partido de éstos ofrecieron un vibrante 65 puntos, en el Staples Center partido que se resolvió por sólo y frente a uno de sus rivales dos puntos (119-121). Bryant favoritos, los Portland Trail tiró hasta 37 veces a canasta, Blazers, para frenar las siete 25 veces más que su siguiente derrotas seguidas de su equipo. compañero más lanzador, Odom Era su segunda mejor anotación con 12. Pero claro, anotando personal y la más alta de la 20 de ellos, a los que sumar un temporada en la NBA. De los 65, casi perfecto 17/18 desde la nueve fueron en una prórroga de línea de personal. Al igual que cinco minutos que, por supuesto, Garnett, Pau había hecho un permitieron a los Lakers ganar el partido brillante con 35 puntos partido. Sorprende que, además, y 15 rebotes, pero eran días se había permitido no llegar a en que Kobe hacía a los Lakers los diez puntos en dos cuartos. indestructibles. Finalizaba con unos brillantes porcentajes de 23/39 en tiros de Y para terminar la racha, otros

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50 a los Hornets, que debido al huracán Katrina se mantenían amparados en Oklahoma City. Media centena a la que ya se había acercado en el tercer cuarto, que había terminado con 44 puntos. Parecía no existir fórmula para detener a un jugador en permanente estado de gracia, que acababa el mes de marzo promediando más de 40 puntos por partido. Lo más gracioso, que su forma de “romper” la racha fue quedarse en tan “solo” 43 puntos al recibir a los Warriors. Pero dos partidos más tarde volvía a anotar 53, 46 a principios de abril delante de Ray Allen –uno de sus enemigos íntimos- y aún le quedaría tiempo antes de playoffs para sumar otros dos partidos más de 50 puntos. Otra campaña más a nivel de MVP, premio que sin embargo recaía en DirkNowitzki, primer europeo en hacerse con el más prestigioso galardón individual en la tercera temporada seguida que iba a parar a manos de un extranjero. El elemento diferenciador, nuevamente el récord de victorias y derrotas. El 67-15 de Dallas Mavericks, sexto mejor récord de la historia por entonces –hoy séptimo por culpa de los Warriors de Curry y compañía-, muy superior al 4240 de los Lakers. Tenía un gran mérito meter durante dos años seguidos en playoffs a una plantilla tan mediocre como la de los Lakers, pero era insuficiente para Kobe. No podía contentarse con jugar


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primeras rondas de playoffs. La gloria o nada. Fue entonces cuando se especuló mucho sobre posibles traspasos para Bryant, un lugar que no sólo le permitiese sumar campeonatos, sino que no le privase de hacer legendaria una de las carreras individuales más asombrosas de todos los tiempos. La otra opción, reforzar el equipo. Kevin Garnett tenía los días contados en la fría Minnesota, que había fracasado en sus proyectos de asalto al poder, y “The Big Ticket” sería vendido. Kobe insistiría a Kupchak y compañía que “hay que hacer fichajes y hacerlos ya. Personalmente es una gran frustración. Este verano hay que tomar decisiones”. La adición de KG les convertiría en candidatos al anillo de un plumazo. Sin embargo, los Timberwolves exigirían como parte del intercambio a Andrew Bynum, algo a lo que no estaba dispuesto el general manager angelino. Así las cosas, Garnett acabaría en Boston junto a Ray Allen para formar el famoso bigthree con Paul Pierce. Los Lakers se quedaban sin uno de los jugadores más determinantes de la liga por su negativa a dar a cambio a un sophomore y eran los Celtics quienes se presentaban como favoritos al título de 2008. El cabreo de Kobe, considerable. Primera experiencia con la USA Basketball En 2005, Jerry Colangelo, cuatro veces premiado como ejecutivo del año en la NBA, había llegado a la USA Basketball con una misión clara: recuperar el perdido

respeto internacional. La debacle de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, en la que Estados Unidos se colgó una triste medalla de bronce con un equipo en el que había nombres como Allen Iverson, Tim Duncan, StephonMarbury, Shawn Marion o unos imberbes LeBron James o Carmelo Anthony, la gota que colmó el vaso que había empezado a derramarse en el Mundial de Indianápolis 2000. El ejecutivo parecía así el hombre indicado para convencer al estrellato más brillante de la NBA de la importancia de representar a su país en los torneos veraniegos organizados por la FIBA, con especial importancia para los Juegos Olímpicos. Colangelo lo lograría y, entre otros nombres, quien se vestía por primera vez el uniforme del

país de las barras y las estrellas, Kobe Bryant. La suya fue una ausencia bien echada de menos un año antes en el Mundial de Japón 2006, otro bronce debido a la derrota en semifinales ante Grecia. Primera y, a la postre, última de la era Krzyzewski. Era el verano de 2007 y, si querían recuperar el oro olímpico al año siguiente, primero había que ganarse la plaza en el Torneo de las Américas. Dicho y hecho, el USA Team ganaría el oro sin apenas sudar la camiseta. Kobe, que promediaría 15’3 puntos por partido con porcentajes de acierto superiores al 50%, incluso pediría a un árbitro, y haciendo gala de su español, que “dejara a su defensor jugar más fuerte, que si no, se aburría”. Temporada 2007/08: Un

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traspaso que lo cambia todo Había acabado el verano y la plantilla con la que los Lakers abrían temporada 2007/08 presentaba el denominador común a las posteriores a 2004: mediocridad. El fichaje de Kevin Garnett se había escapado, como también los de Jermaine O’Neal y JasonKidd, otros objetos de deseo del escolta para su equipo. La única cara nueva reseñable no era ni tan si quiera nueva: Derek Fisher, que si bien era un gusto tenerle de vuelta, no satisfacía ni de lejos las exigencias de Bryant, que había sido tajante con la familia Buss y la front-office de los de púrpura y oro: o traían piezas nuevas que hiciesen a los Lakers candidatos al anillo, o le traspasaban a él. Hubo que esperar hasta el 1 de febrero de 2008, pero ese traspaso llegó. Pau Gasol era el regalo con lazo que le traían a Kobe, que en un nuevo esfuerzo titánico estaba superándose en lo de llevar a los Lakers más lejos de lo que nadie esperaba. Antes del debut de Pau, el equipo marchaba cuarto del Oeste con un balance de 30-16, siendo una de las revelaciones de la liga. Pero era la lanzadera que necesitaban.

candidatos al anillo, lo que Kobe llevaba tantos años deseando, a cambio de… ¿nada? Si bien es cierto que el paso de los años ha nivelado la balanza con el excepcional rendimiento de Marc Gasol, en aquel momento el traspaso parecía una broma de mal gusto para las primeras fuerzas de la liga, en especial en el Oeste. Especialmente enfadado se vio a GreggPopovich, que al tiempo que se deshacía en elogios hacia el nuevo compañero de Kobe, “Pau es posiblemente el hombre alto más versátil de la liga y eso les hace muy, muy buenos”, se quejaba de que el traspaso cambiaba “el panorama de la liga” porque lo que habían hecho los Grizzlies “está más allá de la comprensión humana”, por lo que “habría que crear un comité de traspasos que vilipendiase aquellos que no tienen sentido”.

estaba allí. Es verosímil pensar que más aliviado que Kobe podría sentirse era Phil Jackson, que ahora tenía que explicar tan complejo entramado ofensivo a un hombre de la inteligencia de Pau, y no a Kwame Brown, funesto número 1 del Draft del catalán. Antes de la llegada de Gasol, Bryant no relajaba sus instintos anotadores. En veintiuno de los 46 partidos disputados había llegado o pasado la treintena en anotación. Y en cuatro de ellos había anotado 40 o más puntos. Precisamente, en el último partido antes de oficializarse el traspaso se fue hasta 46, tal vez sabiendo que algo gordo se estaba cocinando. Con un partido entre medias antes del debut, Kobe quiso tener una charla con Pau. En plena gira por el Este, el americano llamó a la puerta de la habitación de hotel del español. Era la 01:30 de la madrugada, y lo único que quería era tantear a su nuevo compañero, saber si estaba preparado para el desafío del campeonato y si su nivel de compromiso iba a estar acorde a la exigencia –del propio Bryant-. Pau no tardó en darse cuenta de que Kobe no duerme demasiado.

Popovich maldecía hasta hartarse, y es que Mitch Kupchak se había ganado el cielo. Kobe, acostumbrado a no cortarse el pelo, declaraba lo siguiente al respecto del acuerdo de negocio alcanzado por su general manager: “ha pasado de un deficiente a matrícula de honor”. Kupchak hacía las operaciones, pero estaba claro que quien Llevaba tres años teniendo que El español llegaba a Los Ángeles llevaba los pantalones era otro. asumir muchísimos tiros por junto a una elección de segunda partido. Porque le gustaba y ronda de Draft a cambio de Kwame Kobe tenía a otro jugador de porque el equipo no tenía plan Brown, JavarisCrittenton, calibre all-star que no pudo B. Ahora era el momento de AaronMcKie, los derechos de su encajar mejor en la plantilla y testear si podía cargar parte de hermano Marc y dos elecciones sistema de juego de los Lakers. la anotación en otro apoyo. En de primera ronda de Draft, que La figura del hombre alto el estreno de la sociedad Bryantiban a parar a Memphis. Fue pasador y entendedor del juego Gasol en el antiguo Izod Center uno de los bombazos de la liga, tan necesaria en el triángulo de New Jersey, Kobe se quedó en que convertían a los Lakers en ofensivo de Tex Winter ahora tan sólo seis puntos (un pobre

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3/13 en tiros de campo, tanto en porcentaje como en intentos) y ni tan si quiera visitó el tiro libre. Registró su segunda mejor marca asistente de la temporada (8), muchas con el español como destinatario, que se fue hasta los 24 puntos y 12 rebotes en 35 minutos de juego en su estreno con la camiseta morada. Kobe no dudaba: “Gasol es increíble”, o “por fin tengo a mi lado un pívot que de verdad sabe jugar”, eran sus declaraciones posteriores al debut. “Ahora es Navidad todos los días”, diría poco más adelante. Gasol encajó a la perfección y en Los Ángeles respiraban tranquilos. Eso sólo podía significar que volvía la oportunidad de conquistar campeonatos y que su estrella, por fin, iba a estar feliz. Y así lo contaba el legendario Magic Johnson: “Hace cinco años que no veía a Kobe tan feliz”. Ahora tenía un jugador de primer nivel a su lado que no iba a intentar robarle la posición de macho alfa. Kobe era el líder. Por entonces, el mejor jugador del mundo. Candidato al MVP. Y, lo más importante: candidato al anillo de campeón como indiscutible primera espada del equipo de sus sueños, Los Ángeles Lakers. Cobraría gracia muchos años después, pero Dwight Howard declaraba lo siguiente sobre el fichaje de Gasol: “¡Dios mío, los Lakers con Pau, vaya equipazo! Kobe, como todo el mundo sabe, es el mejor jugador de la NBA y Pau un excelente interior, genial en el poste bajo y que todo lo

hace bien”. Los Lakers, que ya iban en quinta marcha, tomaban ahora velocidad de crucero: balance de 27-9 tras la añadidura de Pau y primera posición del Oeste para playoffs, finalizando la temporada regular con un récord de 57-25 que les daría ventaja de pista en todas las eliminatorias… salvo las hipotéticas Finales si Boston o Detroit era el rival. Antes de eso, Bryant finalizaría la temporada alternando grandes actuaciones anotadoras, pasando de los cincuenta puntos en dos ocasiones más, una de ellas sin Pau Gasol. Y precisamente, ante los Grizzlies de un Juan Carlos Navarro que se había quedado huérfano en la ciudad de Elvis, que asaltaban el Staples Center a pesar de los 53 puntos con 37 tiros a canasta de Kobe. A diferencia de los dos años anteriores, Bryant no finalizaba la temporada con un promedio anotador superior a la treintena ni tampoco ganaba el título de máximo anotador. Pero sus Lakers habían sido el mejor equipo del Oeste. Y eso sólo podía significar el MVP. Por primera vez en su carrera, Kobe podía decir de manera oficial que era el mejor jugador del mundo. Un MVP que, de haber contado en las dos temporadas previas con una plantilla que hubiese permitido a los Lakers ganar más partidos, habría sido el tercero consecutivo. Y es que no deja de llamar poderosamente la atención que Kobe Bryant abandone el baloncesto con

un único MVP de temporada regular, habiendo trascendido su juego a un nivel mayor que el resto de sus contemporáneos y ganar la opinión generalizada de su notable superioridad. Una posible explicación se encuentra en que el MVP es un premio que entrega la prensa especializada, algo que a Kobe nunca se le dio demasiado bien. Llegarían los playoffs, y tras superar la primera ronda por primera vez desde 2004 con un contundente barrido sobre los Nuggets de Iverson y Anthony (49 puntos y 10 asistencias de Kobe en el segundo partido de la serie), sudar más de la cuenta ante Utah Jazz y sobreponerse con más facilidad de la esperada a San Antonio Spurs en las Finales de Conferencia, los Lakers habían vuelto. Kobe había vuelto. Y se daban las Finales NBA más legendarias posibles, las que todo aficionado quería: Celtics-Lakers. Los 80 parecían haber vuelto también. Pero Boston llegaba más preparado. Al bigthree de Pierce, Allen y Garnett había que sumarle mucho más: un Rondo que sólo llevaba dos años en la liga pero se confirmaba como un base fiable muy a tener en cuenta, un banquillo de primer nivel con gente como James Posey, P.J. Brown o Eddie House, especialistas defensivos que entendían y ejecutaban su rol a la perfección como Perkins o Tony Allen… más hechuras, vamos. Los Celtics habían tenido pretemporada y temporada para preparar el asalto al título,

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mientras que en los Lakers aún oro a su país, la carencia del cual que “era alucinante ver cuánto había cierto verdor y todo había tanta sorna estaba despertando trabajaba”. Solía despertarse a llegado más sobre la marcha. en el baloncesto internacional. las 04:00 de la madrugada para hacer por su cuenta sesiones La victoria por 4-2 reflejaba El nivel de Kobe, como el año individuales, y “mientras por entonces una importante anterior, estuvo a la altura. los demás desayunábamos, superioridad, siendo incapaces Delegó funciones en estrellas veíamos cómo venía totalmente los Lakers de robar ningún más jóvenes en partidos empapado en sudor de haber punto en Boston, al contrario intrascendentes y buena parte de trabajado ya cuatro o cinco horas que su rival, que asaltaría el los importantes, como pasó en antes del entrenamiento”. Una Staples en el cuarto partido para, la final, en la que LeBron, Wade locura. aun con la derrota del quinto, o Carmelo cargaron el peso del con un esfuerzo celtic que partido hasta su tramo decisivo, Con un oro olímpico, el MVP parecía dosificado para celebrar ese “clutchmoment” en el que y un subcampeonato NBA, el título en casa, volver al Este tanto le gusta moverse a Kobe, Kobe podía dar por buena su con dos bolas de partido. De las que apareció en los instantes temporada. Pero en ningún caso cuales sobraría una, debido a la para, con sus canastas decisivas, darse por satisfecho. tremenda paliza por 39 puntos clavar mil dagas ardientes en el de diferencia (la peor derrota corazón de los españoles que tan Temporada 2008/09: ¡El histórica de los Lakers en las de cerca vivieron la posibilidad anillo, por fin! Finales) que infligiría Boston, de lograr una hazaña que pasaría que alcanzaba su decimoséptimo a la historia como uno de los Tras lo destructivo del verano entorchado, aventajando ahora mejores partidos de baloncesto de 2004, Kobe había pasado en tres a su más inmediato rival FIBA jamás vistos. por mucho. Un primer año angelino. pésimo en que la realidad Los Juegos Olímpicos de Pekín le golpeaba con garrote vil, Sufriría también Kobe más ante supusieron el primer gran evento desesperación con compañeros, los Celtics que en las rondas de baloncesto internacional entrenadores y directiva, años de previas, dejando su porcentaje en que una verdadera pléyade exhibiciones anotadoras a modo de acierto en tiros de campo en de estrellas americanas unía de reivindicaciones puramente apenas el 40% para 25’7 puntos fuerzas para lograr el triunfo individuales, liderazgo para llevar por partido, seis menos que con sumo respeto por el rival, a equipos mediocres más lejos de los casi 32 que promedió ante previo trabajo de estudio y lo esperado… y como siempre, Nuggets, Jazz y Spurs. análisis, desde hacía más de diez mucho odio. Incluso más que años. Muchos grandes jugadores amor. Kobe abrazaba el odio en El cetro olímpico vuelve a tuvieron que convivir durante lugar de pelarse con él. Tenía que Estados Unidos más de un mes, sacrificando aceptarlo. La veneración tendría egos y aunando virtudes en favor para él un precio mucho más caro Se había acabado la temporada, la del grupo. Ello sirvió también que para cualquier otra estrella del MVP y la vuelta a las Finales para que se conocieran mejor de la NBA. con un equipo competitivo. los unos a los otros. Y Kobe no Pero no la posibilidad de ganar pasó desapercibido. Si siempre se DarrylHowerton, de la Revista títulos. Y es que Kobe repetiría ha elogiado su insuperable ética Oficial NBA, comparaba a Kobe experiencia con el equipo de trabajo y exigencia propia, en esta temporada con un nacional estadounidense para, un combinado americano con maestro ajedrecista. Solo que, una vez hecho el “trabajo sucio” en muchas estrellas más jóvenes que hasta ahora, era un rey sin alfil, 2007, vivir la experiencia de unos él bien pudieron verlo de primera torre ni peones. O con un poco Juegos Olímpicos y devolver el mano. Contaba Chris Bosh de lo uno pero nada de lo otro.

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Por extraño que parezca en un jugador de corte, a primera vista, tan sumamente individualista, Kobe siempre fue un estudioso del juego. Su obsesión por el baloncesto iba mucho más allá de sus habilidades individuales. Quería conocerlo todo. Así, y tras un largo proceso de madurez y el fichaje de Gasol que le devolvía a la posición de la posibilidad de volver a ganaron anillos con los Lakers, Kobe estaba más listo que nunca. Había pasado por todo y ahora era su momento. “Creo que lo que me ha hecho más listo es haberme dado cuenta de que era un estúpido”, decía el propio Bryant. El primer paso para subsanar un error es aceptarlo. Y Phil Jackson se lo reconocía: “Ha acelerado su madurez. Ahora sabe cuándo el juego del equipo necesita su presencia, cuándo sus compañeros requieren que asuma la responsabilidad en ataque. Sabe cuándo hacer que alguien se involucre, sabe cuándo acelerar o decelerar el ritmo. Esas son las cosas por las que sería mejor juzgarle a partir de ahora”. Y uno de sus mejores amigos en la NBA, Derek Fisher, también salía en defensa de su evolución: “Aunque no fue a la universidad, conoce a la perfección todos los estratos del baloncesto. Su inteligencia es enorme, y yo, como pequeño que soy, he tenido que desarrollar una inteligencia y una astucia especiales para abrirme paso”.

2008/09, superando los 60 victorias (65-17) por primera vez desde el año 2000, un registro que les permitiría tener ventaja de campo en todas las eliminatorias de playoffs salvo si su rival en las Finales eran los Cavs de LeBron, que habían conseguido una más. Kobe era el líder idóneo que tantos años había intentado Jackson hacer de él. Ya no era aquel jugador “inentrenable”. Aquella máquina anotadora despiadada seguía estando ahí, pero su utilización era mucho más óptima. Sólo pasaría de 50 puntos en un partido en toda la temporada, pero serían los 61 con los que establecía el –por entonces- récord histórico de anotación en el Madison Square Garden de los Knicks. Todo iba sobre la seda, y ganaba su tercer MVP del All-StarGame, esta vez compartido con su otrora enemigo íntimo Shaquille O’Neal, que ejerció de anfitrión en su nueva casa de Phoenix. Cita que, por cierto, suponía el regreso de Pau Gasol al partido de las estrellas después de su estreno en la edición de Houston 2006.

Pero el éxito de la temporada de los Lakers, y de Kobe, se mediría por su capacidad para superar a los Celtics en las Finales, si es que llegaban y si es que eran ellos sus rivales, teniendo en cuenta la gran temporada de LeBron James (primer MVP para él) y sus Cavaliers u otras fuerzas incipientes en el Este. Para ello, Con todo ello, puede entenderse los de California debían mejorar fácilmente el ciclón que fueron en tres aspectos en los que los Lakers aquella temporada hicieron aguas en el junio pasado:

rebote, defensa y, en definitiva, actitud para bajar a pelear en el barro. Sus hombres grandes se hacían así fundamentales, y al paso adelante que debían dar Odom y Gasol se sumaba ahora el lesionado Bynum. Además, Kobe llegaba a la postemporada en plena forma: no tuvo que perderse ningún partido de temporada por lesión y jugó la menor media de minutos de su carrera desde que era sophomore. En el tramo decisivo, solventarían rápido la papeleta de los Jazz en primera ronda, pero en la siguiente se atragantaban los Rockets del correoso Ron Artest, un equipo sin estrellas pero muy bravo que les llevaban hasta un sorprendente séptimo partido. En Finales de Conferencia, los mejorados Nuggets de Carmelo pero ahora también de ChaunceyBillups, verdugo en 2004, les llevarían hasta un sexto, pero el dominio de Kobe, con 34 puntos de media, dictaría sentencia. Pero el rival en las Finales, sorpresa: Orlando Magic, que mandaban a casa a los favoritos Cavs de LeBron con un Howard imponente, un Turkoglu rejuvenecido y un Rashard Lewis decisivo, con Stan Van Gundy a los mandos. Boston también fue víctima de los Magic una ronda antes, pero con “excusa”, ya que perdieron por baja a Kevin Garnett para todos los playoffs. Segundo año con Pau, segundo viaje a las Finales para Kobe. Esta vez, con el factor cancha a favor. Y vaya si Kobe tenía ganas, que abría la serie con 40 puntos y una victoria por 25 de diferencia

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que bien podía pronosticar un barrido. No sería el caso, ya que en Orlando los Magic hicieron valer su cancha para vencer el tercer partido y ya habían llevado el segundo a la prórroga. Y podían haber ganado el cuarto, si no fuese porque Jameer Nelson andaba defendiendo detrás de la línea del triple con tres puntos de ventaja en la última posesión. Pero quien forzó la prórroga no fue Kobe, sino Derek Fisher. Kobe recibió el balón para subir al campo contrario, pero ante la presión decidió pasar, hasta que Ariza se lo envió a Fisher, que, ya en la prórroga, anotaría otro triple decisivo a falta de treinta segundos para poner tres por delante a su equipo. Esta vez, la asistencia llegó directa de Bryant, a quien ya no obsesionaba ser el protagonista forzoso, sino ganar. Sólo ganar. Después del duro golpe, los Lakers lo tuvieron fácil para sentenciar la serie en la misma Florida y ganar el anillo tras un 4-1 que dejaba a las claras su superioridad. Kobe Bryant, no sólo por fin ganaba un anillo sin Shaq (al cual igualaba con cuatro) y tiraba por tierra el argumento favorito de sus haters, sino que ahora también era el MVP de las Finales, las cuales acabó con unas medias de 32’4 puntos, 5’6 rebotes y 7’4 asistencias. Sublime. Unas Finales que también dejaron una de las imágenes que no terminaban en canasta más famosas de la carrera de Kobe Bryant y que mejor

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definen su carácter sobre la pista. Ocurrió en un saque de fondo favorable a los Magic, con Matt Barnes dispuesto a poner el balón en juego y Kobe frente a él, desafiante. Barnes, a quien siempre ha sido adalid de la polémica, amagó que le lanzaba con fuerza el balón, quedándose a sólo unos centímetros de su cara. Y Kobe… como quien ve llover. Ni parpadeó. “He didn’tevenflinch!”, repetían fascinados en la narración televisiva. Ya no había nada que reprochar a Kobe Bryant. Nada que, al menos, no pudiese tener una constructiva réplica. Podía respirar en paz. Eran siete años sin ganar el anillo, algo que no paraba de repetir aquella noche del 14 de junio de 2009 en Orlando. Le ponían en el horizonte a Jordan, pero no quería ni pensarlo. No era momento para el arisco Kobe, que celebraba el título con sus compañeros (“lo que más me gusta es que lo hemos ganado en equipo”) y se mostraba más sociable que ¿nunca? Había ganado títulos de máximo anotador. Había sido MVP de la temporada. Había llevado a equipos mediocres más allá de todos los pronósticos. Había ganado el campeonato de la NBA sin Shaquille O’Neal (“por fin podré dejar de leer y escuchar esas idioteces”). Había sido MVP de las Finales. No había mejor jugador de baloncesto en activo en el mundo que Kobe Bean Bryant. Era imposible negar la obviedad.

Temporada 2009/10: Backto-back Cuando se gana, lo único que se desea es volver a ganar. No hay otra opción. Los Lakers, que presentaban como único cambio importante dentro de la plantilla el cambio de Ariza por Artest, buscando un punto más de carácter en momentos duros de los partidos o la propia temporada, volvían a ser los máximos candidatos. Tal seguridad tenía la liga en que Los Ángeles Lakers llegarían a las Finales, que DocRivers, entrenador de los Celtics, cuando visitó el Staples para el enfrentamiento de liga regular, pidió cien dólares a cada miembro de la plantilla, juntando un total de 2.600 dólares, que serían escondidos en un falso techo del vestuario visitante. “Los recuperaremos cuando volvamos”. Y volvieron. Pero antes de eso, los Lakers volvieron a asegurarse el primer puesto en la Conferencia Oeste con 57 victorias, lo que no les daría ventaja en las Finales ante Cavs ni Magic. Kobe Bryant, como venía siendo habitual en los mejores años de su carrera, había rozado la excepcionalidad, registrando hasta ocho partidos con 40 o más puntos durante una temporada regular que en su primera mitad marchó de manera fabulosa para los Lakers, que entre mitad de noviembre y finales de diciembre ganaban 16 de 17 partidos, pero que en su segunda encadenaban alguna


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racha extraña de tres derrotas seguidas, con alguna rareza por en medio de Kobe –como el partido con sólo 5 puntos ante los Bobcats-, o terminaban la temporada regular perdiendo cinco de sus últimos siete partidos, casi llegando a costarles el liderato del Oeste. Fechas en las que, además, Kobe firmaba su nueva renovación para seguir vistiendo de púrpura y oro. Una morterada de dinero de más de 83 millones de dólares a repartir en tres temporadas contando a partir de la 2011/12. En primera ronda de playoffs tocarían los Thunder de Durant y Westbrook, que se clasificaban para su primera postemporada, y pagaban la novatada no sin dar guerra ante un errático Kobe que se quedaba en un mejorable

40’8% de acierto en tiros de campo. Se animaría la cosa con un nuevo barrido a los Jazz en la siguiente ronda, garantizando más de treinta puntos por noche y metiendo más de lo que fallaba. Pero sus mejores marcas se las dejaba para las Finales de Conferencia ante los Phoenix Suns, ya sin Shaq, a quien no se podría enfrentar en una eliminatoria de playoffs. Dado el rendimiento del escolta en esta serie, parecía recordar con mucha certeza aquellas eliminatorias de primera ronda de 2005 y 2006. Es difícil pensar en motivación extra cuando el reto al que te enfrentas es acceder a las Finales de la NBA, pero si ese es un territorio ya explorado por ti, para el que partes como favorito y vigente campeón, tienes la seguridad de que tu equipo va

a lograrlo y, en definitiva, eres un obseso rencoroso llamado Kobe Bryant… sí, puedes encontrar una motivación extra. El resumen estadístico habla por sí solo: 33’7 puntos -52’1% en tiros de campo y 43’2% en triples metiendo más de tres-, 7’2 rebotes, 8’3 asistencias y 1’2 tapones por partido. La Black Mamba más cargada de veneno y más completa para ganar la eliminatoria en seis partidos. Y en las Finales, esta vez sí, oportunidad de revancha. El rival, esta vez de manera inesperada, eran los Boston Celtics. Inesperada porque habían sido cuartos del Este, parecía el año en que LeBron –aliado con Shaq- se plantaría en las Finales con la intención de ganarlas y contaban con el factor cancha en contra en todas

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las eliminatorias salvo primera Los Ángeles Lakers volvían a ronda. ser campeones por segunda vez consecutiva. Back-toUn factor cancha que robaron back. Decimosexto anillo de la del Staples. Si bien el primer franquicia, sólo uno menos que partido de las serie se lo llevaron los de Boston. los de casa con un gran Kobe -30 puntos-, esto no fue así con Mención especial merece la el segundo, el de los 8 triples de legendaria tolerancia al dolor Ray Allen (récord de triples en un de Kobe Bryant, que en estas partido en las Finales). Por suerte, Finales se superaba a sí mismo. o por preparación mental, los Con un dedo de su mano derecha Lakers asaltarían el TD Garden (la de tirar) roto desde principios en el traslado de la serie a Boston, de la temporada, necesitaba con un decisivo Derek Fisher operarse. No quiso para no que seguía apareciendo cuando poner en peligro la temporada y más se le necesitaba y Kobe más sus opciones de éxito. Y con un se atascaba (10/29 en tiros de dedo índice roto aguantó hasta campo). Dos derrotas seguidas levantar el trofeo de campeón. en Boston darían la vuelta a la Una pasión incomparable. eliminatoria y ponían en jaque el título que tanto deseaban Si todo era paz en Kobe un año los Lakers, y con dos partidos antes por las mismas fechas, por delante en Los Ángeles, no ahora, si cabe, todavía más. Había había margen de error. Perder ganado a los Celtics, el eterno significaba otro anillo verde. rival y quien le robó la gloria Otra derrota ante el eterno dos años atrás, culminando su rival y posiblemente no volver venganza. Era su quinto anillo, a tener la oportunidad de ganar con el que superaba a Shaquille, a los Celtics, dada la edad de su igualaba a Magic y se quedaba a plantilla, quedando por siempre sólo uno de Jordan. los de Boston como superiores a Kobe y compañía. Con una 2011: El principio del fin defensa tremenda se salvaría fácil el primer punto de partido, No había sido una mala y además los de Rivers perderían temporada la 2010/11 para Los por lesión a KendrickPerkins, Ángeles Lakers. Si bien se les leñero acreditado. En el séptimo, había escapado por primera vez un partido de nervios y tensión, en tres años el liderato del Oeste, Kobe no tendría su día, con un habían finalizado segundos lamentable 6/24 en tiros de ganando 57 partidos y seguían campo, pero contribuiría con 15 siendo ese equipo bicampeón rebotes y vería la fiesta salvada que amenazaba con un nuevo por un inconmensurable Pau three-peat, ahora sin Shaq. Gasol (19 puntos y 18 rebotes) y el triple matador a pase suyo de Tampoco había estado mal Kobe, Ron Artest, que se iba hasta 20 que jugaría su última temporada puntos en el día más decisivo. completa de 82 partidos en liga

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regular y en el All-StarGame de Los Ángeles ganaba su cuarto y último MVP ante su afición, gracias a 37 puntos y 14 rebotes, siendo el único jugador en la historia en ganarlo cuatro veces junto a Bob Pettit. Lograría un triple-doble por primera vez desde 2009 (30 puntos, 10 rebotes y 12 asistencias en Sacramento), seguiría batiendo récords de precocidad anotadora y se uniría a un selecto club, el de los únicos jugadores con más de 25.000 puntos, 5.000 rebotes y 5.000 asistencias, junto a Michael Jordan, Oscar Robertson, Jerry West, John Havlicek, Kareem Abdul-Jabbar y Karl Malone. Por entonces, ya nadie dudaba de que Kobe Bryant era leyenda, pero él seguía haciéndola aún más grande. Sin embargo, parece que el ambiente en L.A. no era tan bueno como antes y ahora flotaba algo enrarecido. Pequeñas crisis de vestuario eran lo único que podían explicar un mes de abril con tres victorias y cinco derrotas, todas ellas seguidas, antes de encarar las eliminatorias por el título. Un bajón de juego inexplicable cuando inmediatamente antes se había perdido un único partido de dieciocho. No era la mejor forma de empezar los playoffs, y los venidos a menos Hornets les pusieron en más de un aprieto, gracias a un Chris Paul estelar que jugaba sus últimos partidos en New Orleans (22 puntos, 6’7 rebotes, 11’5 asistencias y 1’8 robos por partido en la serie). Kobe jugó una de sus


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peores series de playoffs pero los Lakers acabarían ganando en seis partidos, aunque dando la sensación de que este no iba a ser su año. Si los dos años anteriores habían llegado como un ciclón a la fase final de la temporada, con una plantilla en la que los roles estaban perfectamente definidos y Kobe era visto como el mejor jugador del mundo, este año no era así. Algo había cambiado. ¿Pero tanto? Dantesca fue la eliminatoria angelina ante Dallas Mavericks, a la postre uno de los campeones más sorprendentes de las últimas décadas en la NBA. El equipo texano empezó sorprendiendo, ganando el primer punto de la serie en el Staples, y a partir de ahí, no pudieron dar más vergüenza los Lakers, en especial Ron Artest y Andrew Bynum con sus agresiones al menudo J.J. Barea. Un barrido total que se culminó con una cuarta victoria por 36 puntos de margen en el último partido de Phil Jackson. Un desastre inaceptable del que nadie se salvó. Se presentaba un verano interesante para los de California. ¿Qué había pasado? ¿Por qué ese apagón de juego? Mucho se especuló sobre ello, y se apuntaba muchos frentes: el disgusto de Odom por ceder su puesto de titular a un infantil Bynum, un posible arrepentimiento por el cambio Ariza-Artest, el distanciamiento entre Bryant y Gasol debido a una mala relación entre sus parejas sentimentales... hasta las páginas más rosas se hicieron eco de un posible intento

de Shannon Brown por intimar de más con Silvia López, novia de Pau. El español empezaba así el tormento que habían sido sus últimas temporadas en Los Ángeles. En cuanto a Kobe, le aparecían demonios del pasado. Las voces más críticas insinuaban que ya estaba haciendo lo mismo que a principios de milenio: cargarse un equipo fantástico por puro egoísmo. Como estrella del equipo y jugador de la NBA a quien más fácil era disparar con bala, estaba en el centro de la diana. Además, no ayudaba a su imagen pública un incidente con el árbitro Bennie Adams, a quien gritó en un partido “jodido maricón” al tiempo que golpeaba de rabia una silla del banquillo. Por si fuera poco, ahora se le tachaba de homófobo. Una actitud intolerante que limpió dos años después, cuando apoyó públicamente a Jason Collins tras su salida del armario, de quien dijo estar orgulloso, así como al hijo de Magic Johnson, homosexual también. “Lo que no puedo tolerar es la falta de tolerancia”. Lockout, nuevo entrenador y veto a Chris Paul A tan marejada temporada le seguiría una larga espera hasta el estreno de la siguiente, que debido a un cierre patronal que se saldó con la victoria de los propietarios sobre los jugadores –Derek Fisher dejó mucho que desear como representante de los mismos- dio su pistoletazo de salida el día de Navidad, con

un calendario extremadamente condensado de 66 partidos que estrenaba los back-to-back-toback, es decir, tres partidos en tres días. Una campaña con asterisco que se presentaba con un dramático cambio en Los Ángeles. A la retirada de Phil Jackson no se creyó encontrar mejor candidato que un Mike Brown que había sido destituido de Cleveland después de sus continuos fracasos en playoffs y su incapacidad por hacerse de respetar ante su estrella LeBron James, que estrenaba nueva casa al sur de Florida. Pasarse de majo sería considerar ingenuo a Kupchak si creía que Kobe, no precisamente conocido por las facilidades que proporcionaba en el trabajo diario a sus entrenadores, iba a aceptar de buen grado a un entrenador que no había podido domar al nuevo mejor jugador de la NBA. Por si fuera poco, Brown ya echó por tierra en su presentación como nuevo técnico la posibilidad de seguir jugando con conceptos similares al triángulo ofensivo, ya que él tenía sus “propios sistemas de ataque”. Pero no iba a ser este el cambio más gordo. Ese lo fue uno que no llegó a ser. Y es que cuando los Lakers habían acordado un traspaso a tres bandas conjunto con New Orleans y Houston por el que se desprendían de Pau Gasol y Lamar Odom para conseguir a Chris Paul, la NBA –entonces propietaria temporal de los Hornets- vetó el traspaso por orden de su comisionado

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David Stern. Si el ambiente ya estaba enrarecido, ¿ahora qué? Odom no quiso volver, terminando con sus huesos en unos Dallas Mavericks en los que no funcionó, comenzando su periodo de autodestrucción que cerca estuvo de costarle la vida hace sólo unos meses. Gasol tragó como profesional que era, pero lo pasaba mal. Y Brown era un cansino a quien nadie hacía caso. Ante tal panorama, Bryant optó por hacer lo que tan bien sabía: jugar para él. Se estuvo viendo, posiblemente, al Kobe más chupón dentro del marco de un equipo competitivo. Su antiguo yo salía a relucir con exhibiciones anotadoras enormes, como los cuatro partidos seguidos por encima de los 40 puntos (48, 40, 42 y 42) a la edad de 33 años, sexta vez en su carrera que conseguía una racha así, sólo superado por Wilt Chamberlain. “No está mal para ser el séptimo mejor jugador de la liga”, decía un picado Kobe por la posición que le había dado ESPN –cadena a la que más tarde llamaría “atajo de idiotas”- en su ranking anual. En el fondo le encantaba que dudasen de él. Era su combustible. También adelantaba a Shaquille O’Neal en la lista de máximos anotadores históricos. Una temporada 2011/12 en la que también jugó varios partidos enmascarado debido a una lesión en su nariz provocada en el AllStarGame por una dura falta de DwyaneWade. Máscaras que, con su autógrafo, serían vendidas por 67.100 dólares. No era una

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máquina de dinero sólo con camisetas o zapatillas. Un esfuerzo titánico por su parte permitió a los Lakers superar la primera ronda de playoffs en siete partidos ante los Nuggets, eterna víctima, pero en segunda ronda no pudieron con el empuje de unos jóvenes Thunder que ahora sí estaban preparados para deshacerse de unos Lakers venidos a menos, en un claro relevo generacional que clamaban Durant, Westbrook y compañía. Los porcentajes de Kobe dejarían mucho que desear, y sus únicos partidos por encima del 40% serían los dos últimos (38 y 42 puntos), saldados con derrota y despidiéndose en Oklahoma sin repartir ni una única asistencia. Gasol, desesperado, decía que había faltado “mucho movimiento de balón y la involucración de más jugadores”.

Temporada 2012/13: Otro ‘FabFour’ que fracasa Mitch Kupchak parece no tener término medio como general manager: o revoluciona el panorama NBA o fracasa hasta lo más sonado. Cuatro años después de hacerse con Gasol, tocaba cambiar el mapa NBA. Empezó fichando al agente libre Steve Nash, que aunque contaba con 38 años era uno de los jugadores que mejor había cuidado su físico a lo largo de su carrera y venía de promediar un doble-doble en la pasada temporada. Agotado el proyecto de los Suns, el dos veces MVP podía ser una pieza más que interesante para un nuevo asalto al título, y Kobe Bryant festejaba su llegada. Y, aún más sonado, el traspaso por hacerse con Dwight Howard. El pívot, que llevaba un par de temporadas pidiendo salir de Orlando, había renovado con los Magic a mitad de temporada para que no se repitiese la historia de la salida de Shaq y los de Florida pudiesen sacar algo a cambio de su salida. El destino sí sería el mismo, y gracias a la implicación de Nuggets y Sixers en el traspaso, los Lakers sólo se desprendían del infame Andrew Bynum, que acababa de tirar su carrera por el desagüe, además de las monedas de cambio Josh McRoberts y Christian Eyenga.

Acabada una horrible temporada, volvían los Juegos Olímpicos, ahora en Londres, con el mejor USA Team que se recuerda desde Barcelona ’92. Tanto, que Bryant se aventuró a decir que ese equipo ganaría al DreamTeam original. Una idea que hizo gracia a Jordan, de quien Kobe dijo que “sabe que soy un hijo de puta peligroso”. Con la misma final de cuatro años atrás, Estados Unidos arrebató el oro a una España que tal vez había tenido su última oportunidad de arrebatárselo (¿Río 2016?) en otro partido memorable para la historia, jugando Kobe su Y Pau Gasol seguía. último partido con la camiseta estadounidense. Kobe estaba feliz.

Feliz

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hambriento. Tenía una nueva oportunidad, quién sabía si más, de seguir sumando anillos e igualar –o superar- a Jordan. Era el pasaporte a la grandeza, podía convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos si seguía añadiendo campeonatos.

le comunicaron a Jackson que consideraban más idóneo para ese proyecto a D’Antoni, “me eché a reír”. Seguramente pesó en la decisión la familia Buss, y es que se especula con que, Jerry Buss, poco antes de morir, dio su última orden como dirigente laker de no contratar a Jackson. Lástima que los campeonatos no Jamás había aceptado la relación los ganen los nombres, sino los de este con su hija, dieciséis años hombres. Y Howard demostró menor. ser todavía un niño. Llegó a los Lakers con la idea de que Kobe Kobe asumió con escepticismo la le fuese cediendo poco a poco decisión, pero D’Antoni tampoco el trono a jugador estrella del funcionó. Llegaba de fracasar equipo. O le habían prometido en New York, donde su relación algo que no le podían conceder, con Carmelo Anthony no había o él lo entendió mal. El caso es sido la mejor, y ahora pretendían que saltaron chispas en más de que impusiese un nuevo estilo una ocasión entre ambos. Pero de juego. Nuevo para los Lakers. no sólo con él. Howard tampoco Viejo para D’Antoni, que se soportaba a Mike Brown y era empecinaba en jugar con su más que caprichoso. Después de nuevo equipo como con los una pretemporada en la que los Suns del “eightsecondsorless” fantásticos Lakers no ganaron con cuatro de sus cinco titulares ni un partido y un inicio de liga sobrepasando los 30 años y una con cuatro derrotas en cinco pareja de pívots como Gasol y partidos, Brown era despedido Howard. No, no funcionó. después de perder en Utah y Kobe dedicarle la “mirada de la Nash jamás tendría continuidad muerte” (buscar en YouTube en la temporada debido a sus “Kobe Bryant Mike Brown continuos problemas de espalda. deathstare”). La plantilla se le Gasol sería desaprovechado quedaba grande. Demasiado gallo de manera criminal obligado a en el corral. BernieBickerstaff jugar abierto. Nadie respetaba a le sustituiría temporalmente D’Antoni, y menos aún Howard, antes de la llegada de un nuevo que ponía más quejas que entrenador, sonando con soluciones. Tampoco él había fuerza un nuevo regreso de Phil llegado en su mejor momento de Jackson. El Maestro Zen estuvo forma física (una operación para realmente cerca de fichar y se corregir molestias en su espalda sintió motivado por enseñar le obligó a renunciar a los Juegos a Nash y Howard los secretos de Londres). del triángulo ofensivo, pero Kupchak volvía a su habitual Y Kobe era Kobe. Jamás él torpeza escogiendo a Mike se tendría que adaptar a un D’Antoni en su lugar. Cuando entrenador, sino al contrario.

Anotaría 40 puntos o más en ocho partidos a sus 34 años de edad, y no se cortaba en hacer desplantes a sus compañeros o su propio entrenador. De Pau llegó a decir ante la prensa que debía “dejar de quejarse y ponerse los pantalones de chico grande”, y en una charla antes las cámaras de D’Antoni en el vestuario cortaba a su entrenador para decir qué era lo que debían hacer a partir de ahora. No se cansaría de decir que debían “volver a lo básico. Nash es el mejor en el pick and roll, Pau el mejor en el poste bajo y Dwight el pívot más poderoso”. Cansado de que D’Antoni no escuchara, acordó con sus compañeros una “autogestión” que no se cortaban en airear públicamente. Rotura del tendón de Aquiles. ¿En peligro su carrera? D’Antoni no podía con Kobe. De modo que decidió exprimirle. Es verdad que los Lakers, que estaban pasando la gran parte de la temporada fuera de puestos de playoffs, no estaban para dar descansos a sus mejores jugadores, pero Bryant jugó 45’5 minutos de media –de 48 posibles- en sus últimos siete partidos. Había “garantizado” la presencia de los Lakers en playoffs, un objetivo infinitamente menor al anillo que se exigía a plantilla de tal nivel. Pero se rompió. Fue en el antepenúltimo partido de la temporada, en la visita de los Warriors. En una de las jugadas finales del partido, Bryant recibió

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una falta de Harrison Barnes al inicio de una penetración que le llevaba al suelo. Pero no por la contundencia de la misma. Había notado un chasquido. Y dolor, mucho dolor. La rotura del tendón de Aquiles es posiblemente la lesión más dolorosa que puede sufrir un deportista. Y ahí estaba Kobe, el indestructible, caminando por su propio pie hasta el banquillo para el tiempo muerto de antes de los tiros

libres. Y vuelta a la línea. Ambos tiros, dentro. Y nuevamente por su propio pie iba a vestuarios. Tremendo. Y sobrecogedor. Todo el Staples, todo los aficionados al baloncesto, sabían que se había roto y era grave. Su carrera podía estar en peligro. Sobra decir que sus Lakers perecieron en primera ronda barridos por los Spurs de manera vil.

capaces de volver después de una lesión así. Y menos a tan avanzada edad. Y volver al nivel de antes, ninguno. Pero Kobe quería volver. Aún podía dar más.

“Tal vez debería rendirme a la silla de ruedas y recordar viejas historias de la carrera que he tenido. Tal vez es así como acaba mi libro. Tal vez el Padre Tiempo Pocos jugadores habían sido me ha derrotado… ¡o tal vez no!”. Puro Kobe Bryant. Con la incógnita de cómo volvería Kobe –porque volver estaba claro que iba a volver-, los Lakers, en gesto de agradecimiento y respeto (tal vez demasiado) ofrecieron a Kobe poner libremente los términos para la negociación de su nuevo contrato. A diferencia de la moda seguida por otras estrellas “adultas” de la liga como Duncan o Nowitzki, Bryant no iba a rebajar considerablemente sus emolumentos para ayudar a su franquicia a ser más competitiva con nuevas adquisiciones. Había otras fórmulas para ello, o así lo consideraba él. Finalmente, en noviembre de 2013, se haría oficial la renovación por dos temporadas más a razón de 48 millones y medio de dólares a entrar en vigor a partir de la 2014/15. Pero antes, ese verano Howard sería agente libre. La operación que le había traído a los Lakers había sido arriesgada porque ahora podía irse sin que los amarillos sacaran a algo a cambio. Pero era difícil imaginar que llegando a tan

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lustrosa franquicia, con grandes jugadores a su lado, quisiera marcharse sólo un año después. Pero tras aquel espantoso año, esa fue su decisión. No podía verse con Kobe, que aun así intentó convencerle de que permaneciese. Eso sí, a su estilo. “Puedo enseñarte a ser un campeón”, fue una de las frases que le dijo. Y a Howard no le hizo demasiada gracia la soberbia –o eso interpretaba él- con que era tratado por parte de Kobe. Creía que ser algo que no era y no había demostrado. Ahora, después de tres temporadas en los Rockets, su relación con Harden es hasta peor que con Bryant y es Houston quien parece buscarle acomodo lejos de allí. 2013-15: No es el Aquiles, es la edad Después de una delicada operación y seis meses de dura rehabilitación, Kobe Bryant estaba listo para volver. Lo haría en diciembre, en un equipo que ya no contaba con Howard y sí con Nash, pero como si no. El canadiense también parecía perder su batalla con el Padre Tiempo y sólo jugaba quince partidos en toda la temporada. Quedándole aún una más de contrato, decidía retirarse en vez de seguir arrastrando ese nivel de juego impropio de su genialidad y pasar más tiempo con su familia en su querida Arizona. También estaba Pau. Y seguía D’Antoni. O sea que por ahí no muy bien. La temporada pintaba a nefasta para los Lakers. Pero Kobe quería volver, un general

nunca deja solos a sus guerreros. Pero no estaba preparado. Su tendón de Aquiles respondió bien, pero seis partidos bastaron para una nueva y dramática lesión: fractura en la rodilla izquierda y otra vez adiós a la temporada, que lógicamente dejaba a los Lakers fuera de playoffs por primera vez desde la 2004/05. La versión de Kobe sobre la pista en los seis partidos que pudo disputar fue muy distinta a la habitual. Tal vez queriendo empezar poco a poco, su instinto no era el de un anotador compulsivo, sino que tiraba menos y buscaba repartir juego, terminado un partido con la rareza de 4 puntos y 13 asistencias –en la derrota ante los Thunder-. Se notaba que no estaba acostumbrado, y ello le llevaba a perder muchos balones, hasta 5’7 de media. Otro año más para olvidar y otra rehabilitación a la que hacer frente. En verano de 2014 se acababa el contrato de Pau Gasol, que había aprovechado la inoperancia de D’Antoni para dedicarse a lo suyo y firmar una gran temporada. No le faltaban novias en el mercado, y los Lakers, que no contarían más con el entrenador que había estropeado su carrera, se interesaban en renovarle. Como con Howard, Kobe lo intentó –de una manera más sincera- apelando a su interés por terminar sus carreras juntos vestidos de amarillo. Pero Pau llevaba demasiados años siendo infravalorado y maltratado en los Lakers, viviendo en un constante

estado de alerta por los rumores de traspaso. Y aquel traspaso que no fue tampoco se olvidaba. Kobe lo entendió y le deseó suerte a un Gasol que firmó por los Bulls, que le ofrecían menos dinero que los Lakers, y salvaron una amistad que se había reforzado en estas últimas temporadas. Reconocería Pau que sería en los últimos años cuando más intimaron y frecuentaron encuentros fuera de la pista de baloncesto. ¿Sin opciones de ganar más anillos? Los Lakers intentaron convencer a Carmelo Anhony, también agente libre este verano de 2014, pero no funcionó. Muchas estrellas de la liga eran reticentes a pensar que Kobe iba a pasar la antorcha tan fácilmente, por no hablar del escepticismo hacia su vuelta a las canchas en plena forma para afrontar con garantías un asalto al campeonato. Ni Anthony ni nadie quiso ir a Los Ángeles y Kobe aceptaba que el declive era real. La temporada 2014/15 era la primera de su nuevo y monstruoso contrato que tan poco margen de maniobra había dejado a Kupchak en la agencia libre. Aceptado que no podría superar nunca los seis anillos de Jordan, ni si quiera igualarlos, debía jugar dos temporadas más por puro amor al juego. En lo que sí superaría a Jordan sería en la lista de anotadores históricos, el 14 de diciembre en Minnesota, con dos tiros libres que dejaban atrás los 32.292 puntos del más grande. Los

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Timberwolves paraban el partido para homenajear a Bryant, al que regalaban el balón del encuentro de recuerdo. Visto que jamás volvería a ganar anillos, las canchas NBA iban dejando atrás el odio para apreciar su grandeza. Y antes de eso, el 30 de noviembre se convertía en el jugador de más edad en lograr un triple-doble con al menos 30 puntos (31 puntos, 11 rebotes y 12 asistencias contra los Raptors). Batía récords de precocidad, ahora de senectud. Pero nuevo revés. Ya empezaba a tomar algunos partidos de descanso para aguantar las exigencias del calendario NBA, pero volvería a romperse. Esta vez el manguito rotador del hombro derecho, en un partido en New Orleans que siguió jugando y tirando con la izquierda. Una tolerancia al dolor que no tenía nombre. Kobe, que ya venía preparando su futuro como empresario una vez se retirase, haría como con las lesiones anteriores y grabaría para documentales propios de su empresa Kobe Inc. cómo le comunicaba el doctor la rotura y que la temporada se había acabado para él. Un somero “OK” era su respuesta. El famoso reportero Ahmad Rashad aprovecharía este tiempo para entrevista a Kobe, que volvía a expresar su deseo de volver y cumplir su contrato, sino jugar todavía más. Ante el pobre panorama deportivo que tenían ante sí los Lakers, la edad del jugador y el histórico de lesiones,

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el periodista le preguntaba por qué quería volver, si ganar campeonatos –su “razón de ser”, como alguna vez había dichoera imposible: “Para saber si soy capaz”, respondía Kobe. Genio y figura. La superación a sí mismo era su mayor desafío. Temporada 2015/16: La despedida Los Lakers llevaban dos años seguidos registrando récords negativos históricos: en la última temporada con D’Antoni, el peor balance desde que juegan en Los Ángeles (27-55), y en la primera de Byron Scott, el peor de su historia (21-61). Por lo que se hacía difícil imaginar a Kobe Bryant jugando más allá de la esta temporada. Pero quién sabía. Es Kobe Bryant. Empezaba la temporada sin dejar claro qué haría después, con un cuerpo muy castigado y un equipo que daba más pena que risa. Por si acaso, los fans de las canchas rivales que iba visitando por posible última vez, le despedían entre aplausos y ovaciones. Era impresionante ver más camisetas de los Lakers en el estadio rival que del equipo anfitrión.

emotiva que esta iba a ser su última temporada. Empezaba así su Farewell Tour, jugando su primer partido tras el anuncio en su natal Philadelphia, la primera de muchas ciudades que homenajearían a Kobe en su última oportunidad de verle jugar al baloncesto. “Tengo que aceptar el hecho de que no quiero seguir haciendo esto. Y esto bien con ello. Me he quitado un peso de los hombros. Era lo correcto y me siento en paz”. Kobe se ponía filosófico en su primera rueda de prensa posterior al anuncio, diciendo que le parecía “bello” no ser capaz de irse de sus defensores o sentir dolor cada mañana cuando se despertaba, porque eso le hacía ver todo el duro trabajo que había puesto en su carrera.

La temporada NBA tenía muchos focos de interés pendientes. Los Warriors de Stephen Curry hacían historia día tras días y amenazaban el 72-10 de los Bulls del 96, los Spurs de Duncan Leonard seguían estando ahí, los Cavs de LeBron despedían a Blatt porque pensaban que la autogestión les iba a llevar al título… pero nada importaba más que Kobe. Él acaparaba mucho más que todos los demás en un Pero se dio cuenta de que no equipo que parecía empeñado en merecía la pena más años. Por estropear su adiós con continuas su físico, por su equipo y por niñerías. no estropear más una carrera tan sumamente brillante. El Sin duda, Kobe Bryant ha 29 de noviembre de 2015, jugado el peor baloncesto de su y con una carta dedicada al carrera esta última temporada. baloncesto en ThePlayers’ Su porcentaje de tiros de campo Tribune, “DearBasketball”, Kobe ha sido el peor de todos, un anunciaba de una manera muy paupérrimo 35’8%, y siendo


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movido al puesto de alero, sin motivación ninguna, el curso se le ha hecho incluso largo. Descansó durante muchos partidos de la temporada, pero nunca si era su último partido en alguna ciudad, ocasión en la que se vestiría de corto para gusto de sus fans en todas las ciudades de Estados Unidos. Sólo quedaba darle gracias por tanto. Y como su ídolo, Jordan, tuvo un All-Star entero para despedirle, el de Toronto 2016. Los homenajes se sucedían unos a otros, como las muestras de cariño y respeto. “Suerte” la de Pau, pero también la de Kobe, en que la lesión de Jimmy Butler le abriese las puertas del partido de las estrellas a su “hermano”, con quien tuvo un entrañable uno contra uno en un momento del partido, al grito –en español- de “¡vamos, Pau!”. Nike, su marca deportiva, lanzó varias campañas publicitarias apelando al odio que siempre había despertado Kobe Bryant. En una, Kobe pedía que no le amasen, sino que le odiasen. Era lo que le ponía. En otra, varios fans y rivales –como Paul Piercele cantaban cuánto le habían odiado. Había que apreciar el odio. Pero la realidad era que sólo quedaba amor. Los detractores se habían ido reduciendo año a año, y ahora apenas quedaban. Se iba uno de los mejores de la historia, un deportista que ha amado el baloncesto como nadie en el mundo y que ha trabajado por él sobrepasando los límites humanos. No se puede más que apreciar y respetar tal entrega.

El trolleo de Kobe: 60 puntos con 50 tiros en su último partido Asumido desde antes de la temporada que los peores Lakers de la historia no iban a entrar en playoffs, la fecha de despedida oficial de Kobe Bryant era el 13 de abril. El escenario, el Staples Center. Y el rival, Utah Jazz. Días antes de la gran cita, Shaquille O’Neal, ahora analista televisivo de TNT, le pedía en una conexión posterior a un partido que metiese 50 puntos en su partido de despedida. Kobe se echaba a reír diciendo que “ni de coña”. ¿Tenía en mente lo que iba a hacer? Ya había avisado Byron Scott que la estrategia para el irrelevante partido ante los Jazz iba a ser la que Kobe quisiera. Pero más que Kobe, era la que todo el mundo quería. Balones, balones y más balones para él. ¿Por qué no? Era el #MambaDay, y Kobe tiraría, tiraría y tiraría. Tanto, que batiría su propio récord de tiros intentados en un partido el día que se iba: 50. ¡50! ¡Pero… si un partido de baloncesto tiene 48 minutos! Sus porcentajes habían sido malísimos durante todo el encuentro, pero llegado el clutchmoment, todo cambiaría. Con los Lakers por detrás en el marcador, Kobe se echaría el equipo a la espalda para anotar 13 de los últimos 15 puntos de su equipo y dar la victoria a los suyos. Se despedía ganando. Era lo que quería.

Y para ganar, metió 60 puntos. Sí, 60. ¿Quién más si no él podía lograrlo? Parecía como si estuviese tomándonos el pelo a todos, anotando su quinta mayor anotación el día en que lo dejaba porque no podía más. Todas las estrellas expresaban su asombro ante la prensa o en las redes sociales por la última y definitiva monstruosidad del genio. No era para menos. En su speech final, sobre el logo de los Lakers en el Staples, Kobe bromeaba sobre lo que acababa de hacer: “Toda la vida pidiéndome que pasara más el balón y hoy nadie quería que lo hiciese”. Irónicamente, su última acción fue una asistencia a JordanClarkson, que anotaba la última canasta del partido a falta de 4 segundos. 4 segundos. Momento en el que Kobe Bryant era cambiado para recibir la última ovación como jugador de baloncesto. 4 segundos. El mismo tiempo restante en que se retiró a descansar después de meter 81 puntos en un partido. Te odiaremos si así lo quieres, Kobe. Pero te queremos. Y te estamos muy agradecidos por todo lo que has aportado a nuestro deporte. Un deporte que hoy no se entendería sin ti. “Me gustaría estar todo el día jugando. Para mí es lo mejor que existe. Hay jugadores que están en esto porque siemprefueron buenos, por la fama o por el reconocimiento, pero yo realmente amo este deporte como a mi vida”. - Kobe Bean Bryant.

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FINAL FOUR 2016 ¿QUIÉN ES QUIÉN EN BERLÍN? Texto: Xavi Arbués @salsasecreta

terreno abonado a la épica y las sorpresas, este es el equipo que a priori debería alzarse con el título. Su mayor peligro es la profundidad de su plantilla, un buen día de la mayoría de cualquiera de sus jugadores puede dar al traste con cualquier sistema defensivo. Y es muy difícil que ninguno de ellos tenga un buen día.

Un debutante, un clásico, un favorito y una «cenicienta» camuflada. Estos son los cuatro equipos que disputarán entre el 13 y el 15 de mayo la Final Four de Berlín para llevarse a casa el trofeo más codiciado del baloncesto europeo. Distintos estilos y distintas trayectorias pero un objetivo común: terminar el día 15 remojando al entrenador en la ducha, y no a Desde la versatilidad de Datome, al poder interior intimidatorio de modo de castigo. Vesely o de Udoh (preguntémosle Repasemos pues con qué armas por él al Madrid) o talentos llega cada equipo a la cita más innatos como los de Dixon o Bogdanovic, es difícil trazar un importante del año: plan defensivo efectivo ante este equipo. Y cuando quien maneja esta suma de calidad es Obradovic, la cosa se complica exponencialmente.

FENERBACHÇE ÜLKERSPOR El equipo turco se presenta com oel gran favorito de esta edición, no en vano ha sido el mejor equipo LOKOMOTIV KUBAN en la fase clasificatoria además de haber barrido demoledoramente al Real Madrid, actual campeón, El equipo de Krasnodar debuta en la Final Four dejando en la en la ronda previa. cuneta a todo un Barça, aunque Aunque esto es la Final Four, sea a uno de los más irregulares

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de los últimos años. Con una plantilla que bien podría haber sellado la paz en plena Guerra Fría (la mitad de jugadores son estadounidenses y la otra mitad rusos), destaca la presencia de Víctor Claver, que por fin parece haber encontrado su sitio como demostró en el partido del Palau entre otros. Entrenado por el otrora defenestrado en Olympiakos Bartzokas, este ha conseguido transofrmar al equipo de Krasnodar de revelación a aspirante. Con Delnaey, Claver y la mejor defensa de la Euroliga debería bastarles para sacudirse complejos en su primer partido contra el ogro CSKA.

CSKA MOSCÚ Un asiduo de la Final Four en los últimos años (12 de 13), siempre tirando de talonario (son el presupuesto más alto) pero con clarividencia siempre en los fichajes. La trayectoria del CSKA en esta Euroliga ha sido prácticamente


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impecable, por lo que debería ser el teórico rival del Fenerbahçe en la final. Aunque para apostar en una F$ hay que estar muy seguro de uno mismo.

hacía su entrenador Perasovic en la pista, con una frescura en el juego a compás con la ilusión que emanan y que generan en sus aficionados.

Lo que está claro es que el hecho de que un equipo que puede permitirse tener a Teodosic como sexto hombre da muchas pistas sobe cuanta calidad hay ahí. Y es que con Nando de Colo inspirado (probablemente el mejor jugador de esta Euroliga junto con Bourossis) el CSKA es un equipo muy difícil de parar. Añadamosle a esto las rachas de Fridzon o el trabajo impagable de Hines y a lo mejor ya nos sentimos más seguros apostando.

Borousis se ha erigido como uno de los dominadores de la Euroliga convirtiéndose indiscutiblemente en la referencia de este equipo. Adam Hanga, a gran nivel durante toda la temporada y Darius Adams, al que esta final le llega en el mejor momento, completan el trío en el que se apoya la gran temporada de los vascos. Con una plantilla más corta que el Fenerbahçe, tendrán que emplearse a fondo físicamente para superar el primer cruce. Una vez hecho esto, quién sabe. Solo con ilusión no se ganan partidos, pero un 3-0 a Pantahinaikos puede hacernos intuir que no solo de ilusión vive este equipo.

Profundidad de banquillo y equilibrio en una plantilla hecha para dominar Europa y que tendrá que superar su leyenda negra de desinflarse en los momentos clave.

Así pues esta F4 se presenta más abierta que nunca. Dos Davids contra dos Goliaths, pero esto es baloncesto y no hay sitio para favoritos. Esa palabra maldita que deben recordar hoy los Panathinaikos, LABORAL KUTXA Olympiakos, Barça y Madrid, que verán los partidos desde su casa Y en Vitoria vuelven a preguntándose por qué no están abanderarse como la alegría ahí. Y la respuesta es sencilla. del baloncesto español. Nadie a principios de temporada les Ahí solo están los cuatro mejores. daba la oportunidad de ser los representantes de nuestro baloncesto en mayo. Nada más lejos. Llegan sin nada que perder, regalando baloncesto como lo

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HAY QUE CAZAR A MICHEAL RAY En la NBA de finales de los setenta el consumo de marihuana y cocaína era generalizado. Hasta que David Stern decidió tomar cartas en el asunto. Texto: Ignacio Morejón

los jugadores la usaba con más o menos frecuencia y los propios jugadores, aunque no acababan de ponerse de acuerdo en la cifra, pensaban que no iba muy desencaminada. Off the record, por supuesto. El comisionado O’Brien, acorralado y bastante fuera de onda, echaba balones fuera diciendo que no creía que el consumo fuese mayor que en el resto de la sociedad estadounidense, pero a la vez le era imposible no admitir que la NBA tenía un problema muy serio. De la mano de Stern se firmó un acuerdo con la asociación de jugadores en septiembre de 1983 para que hubiese controles obligatorios para detectar la presencia de cocaína y heroína. El plan incluía zanahoria (perdón y clínicas de desintoxicación para los que admitiesen su problema por voluntad propia) y un gran palo En la NBA de finales de los 70 (expulsión de la liga de por vida (esa década de afros imposibles y tras tres positivos). campeones aún más imposibles) y principios de los 80, el consumo Micheal Ray Richardson nació de marihuana y cocaína era en Lubbock, Texas, en 1955. A generalizado, pero esta última los seis años su familia se mudó droga era la que realmente a un gueto de Denver, del que preocupaba a los mandamases saldría (como en tantísimas de la liga. Un artículo del historias parecidas) gracias periódico Los Angeles Times a su habilidad y pasión por denunciaba que hasta un 75% de el baloncesto. Su periplo de Como el mismo David Stern admitiría treinta años después en su última rueda de prensa como Comisionado de la NBA, el bigote que llevaba en 1984 cuando tomó posesión del cargo le quedaba bastante ridículo. Pero ahí acababa lo ridículo del personaje, un cerebro privilegiado que llevaba cuatro años moviendo los hilos desde su posición de Presidente Ejecutivo de la liga para librarla de los que él veía como sus dos principales problemas: las dificultades económicas y la mala imagen por el extendido consumo de drogas. Así, y tras haber llegado previamente a un acuerdo con el sindicato de jugadores, se implantaron dos medidas que han sido capitales en el discurrir de la NBA hasta nuestros días: el tope salarial (en la 84-85) y el programa anti drogas.

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cuatro años en la universidad de Montana fue un éxito, con un año senior espectacular que le valió ser elegido con el número cuatro del draft de 1978 por los New York Knicks. Alto (1.96) y atlético para su posición y capaz de jugar de base o escolta, a la voraz y desquiciante prensa neoyorquina le faltó tiempo para denominarlo “el nuevo Walt Frazier”. Tras una primera temporada decepcionante, en su segundo año explotó cual supernova, liderando la liga en asistencias y robos (batiendo de paso el record de los Knicks en ambas categorías), siendo nombrado en el mejor equipo defensivo de la liga y jugando su primer All Star. Las siguientes dos temporadas mantendría su gran nivel, jugando el All Star en ambas ocasiones y estableciéndose como uno de los mejores bases de la NBA, título oficioso de mejor defensor exterior de la competición incluido. En la 8182 y con los Knicks en plena descomposición, su tortuosa relación con la gramática inglesa le hizo pronunciar una de las frases más famosas de la historia del equipo y que aún se usa habitualmente cuando las cosas


HAY QUE CAZAR A MICHAEL RAY

Fotografía: Grantland.com

van mal por la Gran Manzana: “The ship be sinking”. A estas alturas el buen rendimiento deportivo apenas podía ocultar lo que era vox populi en la NBA: MRR tenía una severa adicción a la cocaína que propiciaba un comportamiento errático, impredecible y con tendencia a la indisciplina. Tras la mala temporada, la llegada de Hubie Brown al banquillo conllevó una limpia total en el equipo, cuyo movimiento estrella fue mandar a Sugar Ray a los Golden State Warriors a cambio del futuro rey de la ciudad: Bernard King. Media temporada fue todo lo que duró Richardson en Oakland antes de

volver loca a una directiva que le puso un lacito y lo envió con sus mejores deseos (de tenerlo lejos) a los Nets de Nueva Jersey. Una vez entró en vigor el plan de controles antidrogas el rumor que corría entre los jugadores era que la NBA usaba agentes encubiertos para intentar pillarles. De Walter Davis, la suspensión más elegante de la liga, se dijo que la NBA lo cazó usando un agente femenino con la que subió a la habitación del hotel a meterse unas rayas. Davis acabó en rehabilitación y consiguió recuperarse como jugador. El otro rumor era que

la maltrecha NBA no podía permitirse destrozar la imagen de sus mega estrellas, con lo que irían a por jugadores que no saliesen en las portadas de los anuarios o que no fuesen los más mediáticos de sus equipos. Además, el objetivo prioritario eran jugadores que se creían irrecuperables por ser adictos y no consumidores esporádicos, ya que en ese caso probablemente hubiesen tenido que suspender la liga por falta de personal. Como hemos visto, Micheal Ray tenía todas las papeletas y algunas más para que le tocase…y una diana gigante tatuada en su espalda.

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En la pretemporada de la 83-84 y después de un partido amistoso en el Garden, Sugar estaba de fiesta con su compañero de equipo Darryl Dawkins en una casa particular. Dawkins quería volver al hotel y llamó a la puerta del cuarto en el que Micheal Ray llevaba un buen rato encerrado con una chica, pero allí no había nadie. Al parecer la chica le dijo que sabía dónde conseguir cocaína de buena calidad y ambos se habían largado por la puerta de atrás. Uno de los invitados dijo saber dónde habían ido, así que pidieron un taxi para traer de vuelta al díscolo Sugar antes de que se metiese en líos. Dawkins recordaba que el taxista le resultó sospechoso: traje caro, aspecto impecable y conducía como si no supiese bien por dónde iba. Tras rescatar a Micheal Ray volvieron a la fiesta y éste volvió a encerrarse con la chica en el cuarto con la intención de seguir bailando, pero ahora en horizontal. Cuando Dawkins fue a comprobar si la función había acabado para poder irse de una vez, descubrió que el pájaro había volado de nuevo. Cansado del comportamiento de su compañero de equipo, decidió regresar al hotel en taxi él solo. Curiosamente el taxista era el mismo de la vez anterior. De camino al hotel el taxi se echó a un lado y el atildado “taxista” le espetó furioso: “¿Dónde cojones está Micheal Ray?”. Vaciando los bolsillos delante del conductor y con su enoooorme sonrisa, Chocolate Thunder dijo: “a mí que me registren, yo estoy limpio”. Ya fuera del papel, el

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conductor le respondió: “no nos interesas tú, queremos a Micheal Ray, y le vamos a pillar, es una cuestión de dónde y cuándo”. Al bajarse del fake taxi Dawkins ni se molestó en pagar la carrera y al día siguiente puso sobre aviso a Sugar, pero apenas dos semanas después ya le habían pillado y era la segunda vez. A finales del 83 los problemas de Richardson con las drogas ya eran públicos. Aprovechó el plan de rehabilitación que ofrecía la liga y para diciembre ya había estado hasta 3 veces en clínicas de desintoxicación, perdiéndose todos los partidos hasta ese momento. Llegó a convertirse en uno de los rostros de la epidemia de la coca en la NBA, grabando incluso un video oficial llamado “Cocaine drains” en el que alertaba de los peligros del polvo blanco (adelantándose a Maradona y Julio Alberto en este tipo de eventos). Los Nets, hartos, hicieron el amago de echarle, para acabar readmitiéndolo (supuestamente bajo presión de la liga) y MRR volvió a las canchas a pocos días para acabar 1983. Revitalizados, los Nets consiguieron clasificarse para los playoffs en la octava y última posición de su conferencia. En el cruce les esperaban los actuales campeones, los Sixers de Moses Malone, el Dr J y el fo-fi-fo. Contra todo pronóstico (y con un Richardson estelar) les tumbaron en cinco partidos, rematando la eliminatoria en el Spectrum de Philadelphia, lo que aún se considera como una de las grandes sorpresas de la historia

de la NBA. A pesar de caer contra los Bucks en la siguiente ronda, la temporada había dejado buen sabor de boca y el futuro se presentaba esperanzador tanto para el jugador como para la franquicia. La temporada 84-85 fue la de la resurrección del Micheal Ray Richardson omnipresente en la cancha y del que Bird llegó a decir que era el segundo mejor base de la liga tras Magic. Jugó todos los partidos, hizo la mejor media en puntos de su carrera (20.1), lideró la clasificación de robos y volvió al All Star. Había firmado un buen contrato de larga duración (cuatro años) y pasaba los controles semanales que éste estipulaba. Aun así, los Nets no acabaron de despegar y, aunque se clasificaron para la post temporada, cayeron estrepitosamente en primera ronda contras los emergentes Pistons. Sugar ganó el ahora desaparecido Comeback Player of the Year y estaba en su mejor momento. ¿Qué podía salir mal? El 27 de diciembre de 1985 los Nets celebraban la fiesta de navidad del equipo. Iban 19-12, llevaban 5 victorias seguidas y el ambiente general era bueno y distendido. Algunos jugadores se fueron a un Sheraton cercano a seguir la fiesta, entre ellos Micheal Ray, que estaba de buen humor y sonreía mientras bailaba con su mujer. El equipo le pidió a Dawkins que le echase un ojo, pero éste tenía una nueva novia y otras prioridades, así que le pidió a Bobby Cattage que le sustituyera como niñera. En un


HAY QUE CAZAR A MICHAEL RAY

abrir y cerrar de ojos y mientras su mujer iba al baño, Sugar se largó de la fiesta con una chica en el Mercedes que le acababa de regalar a su esposa. A la mañana siguiente nadie sabíadónde estaba y empezó a cundir el pánico ya que no era la primera vez que desaparecía. Esa misma noche hubo una llamada a la oficina de los Nets. Era nada menos que Richardson, que con su característico tartamudeo dijo:“¡me han raptado! ¡Si no les doy 5000 dólares ya mismo me van a hacer mucho daño!”. Tras emitir un aullido lastimero, colgó el teléfono. Todos sabían que Sugar era un tipo duro criado en calles difíciles y que un intento de secuestrarlo acabaría con la muerte del secuestrador o la suya misma, por lo que supieron al instante que había vuelto a las andadas. Estuvo desaparecido toda la semana y a la vuelta lo mandaron directamente a un centro de rehabilitación, perdiéndose un mes de competición.

siguiente ya era tarde para llegar al entreno, así que dije que ‘a la mierda’ y nos quedamos allí colocándonos y follando. Cuando me volví a despertar se había ido, pero decidí quedarmehasta acabarme toda la mercancía. Cuando vinieron a buscarme aún estaba completamente pasado”. La mayoría de los jugadores estaban convencidos de que la liga había mandado a la chica, pero también de que MRR era una bomba de relojería que no necesitaba demasiada ayuda externa para explotar. A principios de febrero no se presentó a un entrenamiento y estuvo todo el día ilocalizable, pero pasó el control de drogas y solo le suspendieron con un partido. A pesar de ello, si mirabas al cielo cerca de donde estaba Micheal Ray podías ver a los buitres acechando en círculos a la espera de la caída final de lo que era ya un cadáver deportivo. No hubo que esperar demasiado. El 20 de febrero le sorprendieron forzando la entrada de su casa después de que su mujer hubiese obtenido una orden de alejamiento y la NBA le obligó a pasar un test en ese mismo momento. A la vuelta un mini tour de dos partidos, le comunicaron que había vuelto a dar positivo. Strike 3 y out, Richardson nunca volvería a jugar en un partido de la NBA. En la portada del anuario de los Nets de la temporada 1985-86 salía Buck Williams, y el año anterior había sido Darryl Dawkins.

Al reintegrarse al equipo le contó a Dawkins lo que había pasado. En sus propias palabras: “Cuando mi mujer fue al baño se me acercó una chica blanca. No la había visto nunca pero te aseguro que estaba buenísima. Me dijo: ‘Sugar, tengo un conejito ardiendo para ti, cariño. Ven conmigo, nos meteremos un par de rayas y te follaré como no lo han hecho nunca’. Me fui con ella a un motel y cumplió su palabra: la mierda era de primera y su conejo estaba al rojo vivo. Para cuando me desperté a la mañana La

primera

reacción

de

Richardson fue poner en duda la validez del test y solicitar uno nuevo, pero al poco se rindió a la evidencia, reconoció haber consumido y pidió ayuda públicamente para superar su adicción. Una vez más. El 25 de febrero de 1986 David Stern anunció en una rueda de prensa que Michael Ray Richardson era suspendido de por vida de jugar en la NBA (“mi momento más duro como comisionado”), aunque la sanción se revisaría dos años después. Ha quedado en la memoria que Sugar fue el primer jugador sancionado a perpetuidad por consumo de drogas, aunque ese “honor” realmente correspondió un mes antes al prolífico anotador John Drew, alero de los Hawks, dos veces AllStar y hoy muy olvidado, pero que llevaba sin jugar en la liga desde finales de 1984. Curiosamente Drew también había participado en el citado video “Cocaine Drains”. La reacción del vestuario de los Nets fue de alivio mezclado con pena. En general MRR era un jugador apreciado por sus compañeros, que le consideraban buena persona, pero dada su importancia en la plantilla, sus entradas y salidas del equipo y su indisciplina eran una distracción intolerable a medio largo plazo para construir un equipo alrededor suya. Esa temporada aún lograron clasificarse de nuevo para los playoffs gracias al buen inicio (fueron barridos por los Bucks en la primera ronda), pero al año siguiente se desplomaron, convirtiéndose en uno de los peores equipos de la

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liga durante un lustro, hasta que volvieron a la post temporada de la mano de Petrovic, Coleman y Blaylock. Esta historia tuvo dos finales felices. Uno fue que el pánico a perderlo todo hizo que muchos jugadores decidieran que había llegado el momento de darle un descanso definitivo a sus fosas nasales, a pesar de algunas expulsiones posteriores por uso de cocaína (Washburn, Tarpley, Dumas, Lloyd, Wiggins…). El exitoso regreso de Micheal Ray en la 84-85 había mandado el mensaje equivocado: si te pillan alguna que otra vez no pasa nada, puedes volver y acabar teniendo una carrera exitosa en la liga. Ahora estaba claro que la liga iba realmente en serio en el tema de la coca y que le podía tocar a jugadores con buen caché y no solo a marginales o semi retirados. El otro final feliz es que Micheal Ray se convirtió en un regalo inesperado para los aficionados al baloncesto en Europa. Tras dos temporadas en ligas menores estadounidenses (CBA y AAU), Richardson fichó por la histórica Virtus de Bolonia para salvar su carrera y, posiblemente, su vida. Fue el comienzo de una legendaria carrera en Europa con numerosas paradas en las ligas de Italia, Francia y Croacia. El camino no fue siempre fácil o en línea recta (hubo más positivos en la época de la Virtus)pero finalmente consiguió superar su adicción para ser capaz de mantenerse en activo, primero como gran estrella y luego como

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jugador de rotación, hasta la asombrosa edad de 46 años. En 2004 comenzó su carrera como entrenador, que por ahora le ha llevado con cierto éxito por los banquillos de ligas menores estadounidenses y canadienses, aunque el sueño de volver a la NBA pero esta vez en los banquillos, parece lejano. Paris, 1997. David Stern acompañaba a los todopoderosos Bulls del Dios Michael Jordan mientras ambos se daban un baño de masas en un partido de exhibición. La NBA se había expandido a la velocidad de las telecomunicaciones y ahora era un tremendamente exitoso producto global. Al descanso alguien se le acercó y le tocó en el hombro. Stern, curtido en mil y una batallas, se quedó sin aliento, dudó un instante y se fundió en un abrazo con Micheal Ray Richardson, que jugaba en Francia en aquella época. No hablaban desde aquel fatídico día de febrero de 1986. Sobre su expulsión de la liga, Sugar había dicho: “No estoy enfadado. Asumo totalmente la responsabilidad de lo que hice. David Stern me ayudó a salvar la vida”. Ambos vieron juntos la segunda parte del partido e iniciaron una amistad que continúa hasta hoy.


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Fotografía: sportsonearth.com SKYHOOK

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ANICET LAVODRAMA: “NO SE PUEDE ACEPTAR QUE OCURRAN COSAS COMO LAS DE LALO GARCÍA” Entrevista: José A. Hernández Gálvez @jahernandez85

Anicet Lavodrama (nacido el 4 de julio de 1963 en Bangui, República Centroafricana) es un tipo especial. So voz profunda pronto te contagia de un optimismo natural, una mentalidad que llevó por las pistas de España en Valladolid, Badalona y sobre todo Ferrol, donde se convirtió en una leyenda de aquella tierra y en una figura emblemática de la ACB que todavía no sabemos donde se nos extravió. Háblanos del comienzo de todo. Del chaval que juega al baloncesto en África a finales de los setenta. En la República Centroafricana, el baloncesto era un deporte ya muy practicado, que se había implantado tanto en las escuelas secundarias como en las organizaciones religiosas. El deporte se utilizaba mucho como parte complementaria a la educación académica. Tendría unos doce o trece años, y por entonces mi padre trabajaba como diplomático en Costa de Marfil cuando empecé a jugar, animado porque mis dos hermanos mayores y mi hermana también lo practicaban. ¿Cuál es la reacción de tu familia cuando planteas la

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posibilidad de ir a EEUU?

tu familia en la República Centroafricana, a vivir solo Bueno, cuando hablamos en en Houston. 2016 tenemos otros datos para entender la situación. Como te No fue un cambio dramático. digo, en mi país, al igual que en Mi padre era embajador y eso otros países de África se practica significaba estar destinado a mucho el baloncesto. En el año un país durante cuatro años. Yo 73 nuestra selección participó en ya había viajado bastante por el Afrobasket, y un año a después aquel entonces, no a Estados en el Mundial. Aquello fueron Unidos, pero sí a Europa. Llegué unos logros extraordinarios a Houston contento e ilusionado para nuestra selección y para la por una experiencia nueva. nación. Por aquel entonces se dio una casualidad muy interesante. Como muchos otros países Con nuestra selección junior africanos, existían muchos jugamos contra Nigeria, en la intercambios con distintos que estaba Hakeen Olajuwon, gobiernos. En nuestro país había y Christopher Pond también con Francia, con Alemania, con habló con él. Olajuwon acabaría Estados Unidos... A finales de también en Houston, pero en los setenta llegó a la República otra universidad Centroafricana para ser asesor deportivo un entrenador ¿Crees que ese espíritu americano, Christopher Pond. formativo y de respeto que Por aquel entonces yo estaba siempre ha acompañado a la acabando el COU, y cuando me NCAA se ha perdido? preguntó si quería seguir jugando baloncesto le dije que sí, pero En España se habla muchas que también quería estudiar. El veces de este tema de forma me comentó la posibilidad de ir tópica. Yo conozco el entorno, y a estudiar a Estados Unidos con es imposible que comparta esos una beca, y fue algo que tanto tópicos. Para mi es la plataforma a mí como a mis padres nos idónea para todo joven. El interesó mucho. problema que tenemos aquí en España es que muchos jóvenes Y en 1981, pasas de vivir con acaban la temporada junior, y en


ENTREVISTA A ANICET LAVODRAMA

la ACB solo tenemos 18 equipos, con LEB no hay más de treinta, por lo que es muy difícil. Y para entonces muchos chavales han abandonando los estudios y no tiene una salida clara. Acabas tu periplo universitario y sales elegido en tercera ronda del draft del 85 por los Clippers. ¿Se queda una espina clavada cuando eres drafteado pero no llegas a ser un NBA? Tú me conoces como un jugador de baloncesto, pero a decisión que yo tomé antes de irme a EEUU con mi familia no era con esa mentalidad. Era para ser médico, o ser corredor de bolsa, o trabajar en banca. Ése era mi objetivo. Ser jugador profesional de baloncesto fue una casualidad. No fue hasta mi tercer año de universidad cuando me empezaron a decir que podía llegar a ser profesional. Pero mi objetivo real hasta entonces era el diploma universitaria. Una de las razones por las que me quedé en Ferrol mucho tiempo fue esa la importancia del descubrimiento personal y cultural, más que los logros deportivos. No me quedó ninguna espina con la NBA, sé que lo podría haber hecho si hubiese sido mi objetivo personal, pero no lo era.

me marcho de Houston a Los Ángeles para entrenar durante el verano del 85, y más tarde a las ligas de verano. Por allí apareció un señor alto, con mucho pelo, que se llamaba Moncho Monsalve, que me dijo: Anicet, vengo de España, y si no te quedas con los Clippers, tengo un equipo al que le gustaría firmarte. No tenía ni idea de donde estaba Ferrol, pero me quedé con la forma de ser de Moncho, encantadora. Es una persona que aprecio y quiero mucho. La Galicia de finales de los 80 y principios de los 90 es un hervidero de huelgas, protestas sindicales, movimientos obreros... ¿Le llega todo eso al jugador? Yo aprendí de mi padre y de mi madre que si eres un personaje público tienes que contribuir, tienes una responsabilidad con la gente. En esa época se vivía en un periodo de transición en España y en particular en Ferrol, que tenía un entorno social y político basado en los astilleros, en el movimiento obrero, con mucha construcción naval. Y por supuesto que todo esos movimientos sociales se notan. Me lo transmitían los compañeros, los directivos con los que hablaba. Para mi Ferrol era una ciudad con mucho potencial por su ubicación geográfica, de puerto.

Llegas en noviembre del 85 a Hablemos de baloncesto. España, sustituyendo a Terry Aquel Ferrol tenía una Martin ¿Por qué Ferrol? idiosincrasia muy particular, con jugadores de la tierra Cuando me draftea los Clippers, como Manolo Aller o Ricardo

Aldrey, y extranjeros como tú o Nate Davis, que conectaban muy bien con el público. Yo creo que uno de los aciertos de los clubes de aquella época, en Ferrol, en Zaragoza, en Valladolid, es que los directivos hacían que los clubes fueran como una familia. Yo llegué a un club en el que me integré de forma extraordinaria, por la forma de ser de mis compañeros, de Moncho Molsave y de la directiva. Los jugadores de la tierra como Manolito Aller, que era de Ponferrada pero que llegó a Ferrol muy joven, eran gente que sentía lo que era la ciudad, por el gran apoyo que tenían de la gente. El grupo que yo me encontré era un grupo que comprendía la idiosincrasia de las familias de Ferrol, y aquello hacía que se viviese mucho.

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Yo creo que hicimos un buen baloncesto con el cual el público de Ferrol se identificaba, incluso hasta hoy. Para mí fue junto a mi época universitaria uno de los momentos más importantes a nivel personal.

extraordinario. Me gusta que la gente me lo recuerde, aunque tendría que haber sido segundo, pero entonces no me conocían, era más famosos Russell y Wayne Robinson. Para el público fue algo extraordinario, supuso un algo muy excitante, y que sirvió Pero esa virtud de ser una para equiparse al espectáculo de familia y un club al mismo la NBA. tiempo ¿No se convierte también en un pecado? Y tras casi diez años allí, el Al final muchos clubes de OAR Ferrol desaparece. ¿Qué aquella época, como Ferrol, supone para un jugador tan como Salamanca, como Lliria, identificado con la ciudad y el han acabado desapareciendo. club como tú? El entorno deportivo no es un entorno individual. Es decir, el deporte, la liga de baloncesto está dentro del entorno económico. Tiene que estar amparado por el ministerio correspondiente. Si los clubes no tienen éxito, o no sobreviven por su mala gestión, es porque no se llega a construir el entorno para que eso suceda. Es una responsabilidad del ente organizador. Esos clubes han desaparecido no por ellos, sino por culpa de la ACB y del entorno de la ciudad, que ha fallado. Preparando esta entrevista he revisado el célebre concurso de mates de Don Benito. Gradas de plástico, el público mezclándose con los americanos, la canasta al borde de desintegrarse en cada mate... Tan amateur como maravilloso. Fue una época maravillosa, muy bonita. Me encontré con David Russell en Detroit y aquello lo recordamos con mucho cariño. El concurso para mí fue

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escoges el camino del deporte, fantástico. Para mi Lalo es víctima del sistema. El tenía la responsabilidad de formarse, pero también el sistema tiene que ofrecer esa posibilidad.

Lalo era una persona con mucha energía, con mucha fuerza, que fue utilizado como hijo político de la ciudad para promover muchas cosas. Pero en el momento en el que tuvo que hacer su transición de deportista a ciudadano fue complicado, porque había dejado su formación académica. Perder a Lalo es algo que me duele mucho, Mucha tristeza y dolor. Yo había por su familia, por la comunidad tenido propuestas de clubes del baloncesto. No se puede de Italia y Francia, también de aceptar que algo así ocurra. España, pero me identificaba con el público y la ciudad de Y después de quince años Ferrol. Fue una gran tristeza, de baloncesto, llega un día y siempre estamos con entre que todo se acaba. ¿Cómo el todos los antiguos compañeros, primer día que te despiertas viendo la posibilidad de tener un y sabes que no vas a jugar club en la ciudad Ferrol, aunque nunca más? no para recuperar ese nivel, ya que no sería económicamente Es algo duro. No es fácil para sostenible. el deportista, que ha sufrido Más tarde llegas al Forum lesiones, que ha estado con de Valladolid, y compartes vestuario con otro mito, Lalo García, otro mito de la época. Una personas extraordinaria. Un fabuloso embajador de su ciudad. Para mí un fallo en el sistema es que hay muchos chavales que entre los 16 y los 18 años tienen la ilusión de llegar ser un profesional en la ACB. Sacrifican los estudios por el deporte, y eso no puede ser. Por eso, como te decía antes, es el modelo de la NCAA, que puede tener sus fallos, pero te da la oportunidad de poder formarte. Si luego


ENTREVISTA A ANICET LAVODRAMA

épocas en las que no cobrado durante meses.... Yo había ido a EEUU a estudiar, y cuando comencé en el deporte profesional, sabía que eso tenía un fin. Fui a la universidad y ese era mi objetivo, ir siempre a clase y aprobar los exámenes. No era convertirme en el Doctor J. o en Jabbar. Hice mi último trabajo de la universidad estando en el campus de verano con los Clippers, y es algo de lo que estoy orgulloso, y que siempre cuento a mis hijos o a los más jóvenes Serge, con el talento y las ganas que tenía de trabajar, había cuando tengo oportunidad. que llevarlo a un entorno que Cuando acabas tu época le permitiera crecer. Yo sabía profesional, tienes que tener un que él se podría haber quedado en Congo y acabaría siendo un plan para tu nueva identidad. jugador de su selección, pero Años más tarde volvemos a veía en él un talento innato e saber de ti, cuando traes a inexcusable para ser un jugador España a un joven llamado NBA. Hice lo posible para que llegara su momento. Serge Ibaka... Si, en 2005 y 2006 estuve trabajando como ojeador para los Cleveland Cavaliers, y acudí a un Afrobasket sub 18 en Sudáfrica en el que estaba él. ¿Quedan más Ibakas esperando en África? Igual que en España solo tenemos un Pau Gasol o un Juan Carlos Navarro, hay poca gente que tenga un talento enorme y una personalidad tremenda como él. Pero también hay que entender que en África solo hay seis países que se practique baloncesto a un nivel profesional, y hay mucha gente alta, fuerte y coordinada. Sin embargo, tiene que existir una estrucutra que permita que se desarrolle.

¿Desde que le ves crees que va ser un jugador NBA? Tenía todas las características. El talento, el físico... le veías en la mirada algo especial. Era el que más animaba a sus compañeros. El primero para defender. Entonces ya tiraba bastante bien. Con su altura, su elegancia, su versatilidad, para mi tenía una proyección de muy alto. nivel. ¿Hay otros chicos así? Por supuesto, pero el entorno no lo permite. En África hay otras prioridades, hay que construir hospitales, carreteras... No existen los medios que hacen falta para que se puedan formar en deporte y descubrir más Ibakas. En los últimos años estamos

percibiendo el nacimiento de muchas agencias de representación de jugadores. Como alguien que conoce el sector de primera mano (Anicet trabaja para la agencia de representación U1st) ¿Esto es un paso adelante o un peligro para un jugador con entornos que en muchos casos es complicado? No. Cuando llegué a España no había por ejemplo televisión por cable, ni secadora, que son cosas que tenía en Houston. El país ha ido evolucionando y creciendo, tanto a nivel social como a nivel económico. Es normal que haya también más agencias de este tipo porque hay más clubes profesionales tanto en España como en Europa. Es algo positivo. Por cierto. Para un pívot con todas las letras como eras tú. ¿Están los grandes en la era del “Small Ball” más en peligro de extinción que nunca? El pívot típico quizás se ve ahora menos. Hay mejor trabajo táctico y técnico en todos los jugadores. El nivel ha subido mucho, y un jugador de mi altura que en mi época tenía que jugar de pívot, hoy en día podría haber sido base. El jugador ahora es más versátil. Ya no vamos a encontrar muchos Arvydas Sabonis ni Hakeen Olajuwon. Veremos más jugadores como Kevin Garnett o Luis Scola, gente que son diez centímetros más altos que yo, pero que pueden jugar también por fuera.

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LOS ÚLTIMOS DÍAS DORADOS

DEL MADISON Texto: Germán Coronel Márquez @Gersace_

Los más jóvenes no hemos tenido oportunidad de disfrutar de unos New York Knicks ganadores. Tampoco con opciones a ello. Su presente parece poco menos que gris y más oscuro aún ha sido su pasado reciente. No obstante, la ciudad que nunca duerme tuvo días de sueño, en los que la pesadilla del hoy no aterraba, en los que el disfrute era una realidad y el sufrimiento tan solo un acompañante. De manera decadente, la franquicia ha evolucionado a una decepción constante. Los números no engañan y no están de su lado. Once de las últimas quince campañas han visto su fin en abril. Aterrizajes forzosos para despegues en falso. Cuatro entrenadores distintos desde la 2011-2012. Proyectos que quedan en intenciones. Acostumbrados ya al fracaso, sin rumbo, a la deriva. En cambio, el siguiente es un relato de atrevimiento, acierto y pasión. La noche y el día en un mismo lugar. La evolución ha sido regresiva. Nada más lejos de la realidad, las sonrisas brillan por su ausencia. Un gran mercado venido a menos. Cualquier tiempo pasado fue mejor, suelen

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decir, y en este caso el dicho popular no se equivocaría. El Madison Square Garden también ha tenido días de gloria y no hay que remontarse a la década de los setenta para recordarlos.

ya establecido por quien ahora se hacía cargo de Miami Heat. Jeff Van Gundy tomó el mando bajo una exigencia que no cedería. La marcha de su mentor no le dejaría exento de responsabilidades.

La confección

Charles Oakley, Anthony Mason y John Starks son tres nombres unidos a Nueva York de una forma especial. La garra hace que lo espiritual trascienda. La afición tiene, de manera inconsciente, predilección por los guerreros y ellos no serían menos. El primero en salir fue Mason (1996), a cambio de Larry Johnson, de los Charlotte Hornets. Ese mismo año llegaría también Allan Houston, un escolta proveniente de los Detroit Pistons. En 1998, Oakley fue traspasado a Toronto a cambio de un joven Marcus Camby que llegaba con la promesa de ser el backup ideal para Patrick Ewing. Ya en 1999, se uniría Latrell Sprewell para aportar las cualidades ofensivas por las que se le conoce, saliendo rumbo el mítico 3 a Oakland. El alero recibía una segunda oportunidad tras ser suspendido en la 97-98 por tener enfrentamientos con, el por aquel entonces entrenador de los Warriors, PJ Carlesimo.

Con Pat Riley, los Knicks no sólo habían rozado el cielo, sino que también encontraron en el baloncesto más agresivo que se recuerda en la gran manzana su seña de identidad. Sin embargo, el engominado y afamado entrenador decidió renunciar a su último año de contrato en 1995. Don Nelson dejaría Golden State Warriors para ocupar el puesto vacante. El balance conseguido (35-24) no fue el esperado, siendo cesado en mitad de temporada. En estos meses, Nelson llegó a buscar un traspaso para el mítico 33, a cambio de Shaquille O’Neal. “Será Los Ángeles o nosotros, y si le damos a Ewing sería un buen negocio para Orlando” llegó a confesarle a Harvey Araton (periodista del New York Times). El testigo lo tomaría, definitivamente, alguien que acompañó como asistente a Riley desde siete años atrás y que no dejaría de lado el estilo


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hasta que las chispas saltaran en diversas ocasiones. Dos de los combatientes, además, se guardaban rencor entre sí (de hecho llegó a explotar), pues Mourning estuvo a punto de aceptar un contrato de los Hornets cuando LJ aún defendía su camiseta.

Fotografía: NY Daily News

“Vimos que estaba enfadado con lo que ocurrió en el pasado y quería una segunda oportunidad. Vamos a prestarle apoyo.” Afirmaba, el por aquel entonces general manager Knickerbocker, Ernie Grunfeld sobre el alero de carácter incontenible y pelo trenzado. Este movimiento sería el que diera pie a más incertidumbre. Sin embargo, todos creaban una nueva era. Atrás quedaban las primeras finales de la franquicia desde 1973, en 1994. Mismo estilo, distinta apariencia. El mayor artífice de aquello seguía en el barco. Pat Ewing estaba dispuesto a dominar las pinturas con la misma camiseta. Las incorporaciones le ayudarían en la búsqueda de un anillo que se le resistía por la intromisión en el camino de dos leyendas; Michael Jordan (en 4 ocasiones) y Hakeem Olajuwon (en las finales

de 1994, con el famoso tapón a Starks). Rivalidades históricas La salida de Riley a los Heat le había puesto una diana en la espalda, lanzaban contra ella dardos de odio. “Pat the rat” o “Snake of NY”, como los aficionados le apodaron y dejaron ver en sus carteles, dejó de ser la imagen del carácter y la solidez para ser un villano cuya incapacidad para ganar en los Knicks (aunque cerca estuvo de ello) le hizo huir. El cariño tornó en desprecio y una de las rivalidades más memorables de los tardíos 90 se fraguaba, aún con el mítico pique entre el cineasta Spike Lee y Reggie Miller fresco. El destino es caprichoso y tenía un as en la manga, pues ambos estaban llamados a encontrarse y rozar

El primer duelo se dio en los Playoffs de 1997. Miami consiguió llegar a las finales de conferencia al vencer 4-3, pero la serie estuvo cargada de emoción. Con un 3-1 a favor, los de Van Gundy parecían tener todo a su favor, sin embargo, en la quinta batalla se decidió la guerra. Tras una pelea entre PJ Brown y Charlie Ward; Ewing, Starks, Houston y Johnson fueron sancionados por abandonar el área de banquillo, además del propio Ward, para un total de siete partidos. Sin sus cuatro pilares, tres derrotas consecutivas les obligaban a pensar en la próxima temporada. En la 1997/1998, una lesión de Pat Ewing mermó al equipo. En diciembre, el pívot se partió la muñeca tras un desafortunado empujón en el aire de Andrew Lang, de los Bucks, teniendo que ser operado. Así, se perdería el resto de regular season y llegaría para la segunda ronda de los Playoffs, donde los neoyorquinos entrarían como séptimos para vérselas de nuevo con su mayor enemigo. El MSG clamaba revancha y los de azul y naranja se la darían sin pestañear. El corazón de Grandmama LJ lideró a la franquicia y, una vez más, un encontronazo dictaría

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sentencia. Con el 2-2 casi decidido, 5 segundos por jugarse del Game 4, Larry Johnson y Alonzo Mourning se enzarzaron en la lucha por un rebote. A puñetazos, separarlos fue una ardua tarea. Dos de los físicos más imponentes chocaban entre sí. No obstante, el mayor de los Van Gundy no dudó un solo segundo y corriendo se lazó a poner paz, acabando en el suelo y agarrado a la pierna de Zo. Una de las escenas más peculiares vistas en la NBA. El resultado fue una suspensión de 2 partidos para ambos jugadores y un quinto partido que acabó del lado neoyorquino. Avanzaban para verse ante los Pacers, recuperando a su estrella que, tras cinco meses de baja, no dominaba como solía. Una vez más, cayeron derrotados (4-1) antes del asalto al anillo.

enero, se llegaría a un acuerdo para un nuevo contrato colectivo (con Ewing como presidente de la asociación de jugadores) y, por tanto, empezaba la competición, con calendario reducido de 50 partidos. El mítico center no llegaba en las mejores condiciones físicas a la pretemporada, pues se veía algo pasado de su peso habitual tras estar más centrado en las gestiones relativas al cierre patronal que al propio baloncesto, teniendo diversas lesiones a lo largo del año, sobre todo relativas al tendón de Aquiles. La plantilla ya tenía su cara definitiva, pero no el tempo competitivo. Para más inri, los problemas entre Van Gundy y Grunfeld debían acabar con la cabeza de alguno de ellos. Finalmente, quien salió fue el General Manager y los neoyorquinos se vieron forzados a ganar seis de los últimos 8 partidos para entrar El lockout haría esperar el como octavos en Playoffs, su comienzo del siguiente curso. peor marca desde la 1990-91. Cuatro meses después, ya en Entonces, una vez más, los de

Fotografía: NBA

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Florida esperaban. Esta vez como favoritos indiscutibles, pero Houston y Sprewell encontraron una armonía ofensiva hasta entonces inexistente, en el momento decisivo, llevándose la serie con un 3-2 a su favor. De las vistas entre estos contendientes había sido la más igualada, decidida en el último suspiro. We still believe Contra todo pronóstico, Mourning, Hardaway y sus escuderos fueron eliminados por un equipo mermado. Las dificultades que le sometieron a lo largo de la campaña estuvieron a punto de costarle su presencia en la post-temporada. Los arriesgados movimientos que habían cambiado la cara a los Knicks daban su resultado cuando más necesidad había. Los aficionados se vieron contagiados por el carácter que su sorprendente equipo mostró, haciéndose común un eslogan que les acompañó hasta las finales; I Still Believe. De este modo, derrotaron sin miramientos a Atlanta Hawks (4-0), pero perdieron a Pat Ewing con el tendón de Aquiles parcialmente roto, lo que dio la responsabilidad a Marcus Camby y quitó esperanzas a los neoyorquinos, que necesitaron un milagro de la mano de Larry Johnson ante los Pacers para llegar a las finales por primera vez desde 1994. “¡Lo hicimos!” titulaba el New York Post. El propio LJ vio sus prestaciones reducidas por una lesión en la rodilla.


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Rozando el cielo, de manera inesperada y con una historia casi novelística, escalando desde abajo, los de la gran manzana estuvieron cerca de dar la campanada. Gregg Popovich vistió su mano por primera vez (de cinco hasta hoy) con el anillo de campeón tras un poco competido 4-1, liderados por las llamadas “torres gemelas”; David Robinson y Tim Duncan. Creyeron hasta el final, pero la realidad frenó su ascenso en seco.

se dieran en situaciones parejas y casi coetáneas.

Jugadas memorables

Última posesión en el quinto partido entre NYK y MIA, igualado durante sus 48 minutos a más no poder y con un Pat que, cojeando, apenas podía correr. Terry Porter llegó a poner una ventaja de 3 tantos para los suyos con menos de 1 minuto restante, pero el propio 33 reduciría a una simple unidad. El balón definitivo sería para Sprewell, tras una pérdida de Tim Hardaway, que buscará el aro con 19,9 segundos por jugarse y una desventaja de 1 punto (76-77). Está a punto de perderla, pero a falta de 4 segundos, tendrán otra oportunidad. El alero no puede recibir, pero Allan Houston en carrera se hace con la ventaja suficiente para tomar el tiro. Se levanta, bota en el aro, lo rechaza el tablero... ¡y dentro! “Pensé que se quedaba corto” llegó a afirmar el propio Hilo de seda, que corrió como un poseso para celebrarlo. Avanzaban de ronda de manera heroica.

En la retina de los seguidores quedará, para siempre, una identidad que hacía asociar a los New York Knicks con lucha incansable. La garra que caracterizó a aquel competitivo bloque durante toda la década de los 90 tuvo, en 1999, su máximo exponente. Ante todo pronóstico se logró rozar un hito que hubiera sido histórico y, con ello, llegaron dos jugadas memorables por su relevancia. Instantáneamente se tornaron clásicas. El tiempo, además, tuvo el capricho de agrandar la leyenda y hacer que

“La jugada de los cuatro puntos” es materia de culto a adorar en el ámbito Knickerbocker. Síntoma de días mejores, señal de un carácter perdido. Con 11,9 segundos por delante, 91-88 para Indy en el tercer enfrentamiento de las finales de conferencia, Johnson recibió, fintó y se levantó sin dudar. “Tenía la jugada en mi cabeza. Iba a ser el héroe o el villano, pero iba a tirar” declararía. El MSG se levantaría en su totalidad de una vez, en una increíble erupción. La locura se apoderó del protagonista, a

Aunque la siguiente temporada fuera más sólida, esta vez Indiana sí ganó el pulso y se convirtió en el campeón de la Conferencia Este. Meses después, la era del (posiblemente) mejor jugador de la franquicia vería su fin, siendo traspasado a Seattle a cambio de Luc Longley, Glen Rice y Travis Knight. Desde entonces, el desierto. La cima nunca, hasta el día de hoy, volvería a ser escalada.

quien calmó Chris Childs. Debía tomar el tiro libre ganador, y lo hizo. El momento más ruidoso de la historia del Garden. El triple más icónico jamás anotado portando azul y naranja. La respuesta de Mark Jackson sería rechazada por el aro . “Alá es grande” repetía la estrella de la noche, casi sin aliento, tras la gesta que tendrá, para el resto de los días, su firma. La víctima, además, era otro enemigo. Circunstancia inmejorable y, probablemente, irrepetible. Spike Lee dio su aprobación en modo de abrazo Ewing, lesionado en el banquillo, alzaba los brazos con gesto incrédulo. Fin de una historia casi redonda Lejos de ser positivo, el legado que la última bala dejó en la capital mundial ha resultado devastador para el pasado reciente. Tanto es así, que la impaciencia se ha apoderado de sus seguidores que han visto y sufrido las malas decisiones de Isiah Thomas y luego James Dolan como responsables de la oficina y lo que ello ha conllevado. Eddy Curry, Steve Francis o Renaldo Balkman son algunos de los nombres más significativos de unas gestiones poco más que lamentable. 17 años atrás, Nueva York veía la NBA con una relación directa con la pugna deportiva. Tras esto, cinco únicas ocasiones visitando la posttemporada saben a poco. Aun sin anillo, el curso 1998-1999 que tan lejano parece quedará plasmado como los últimos días dorados del Madison Square

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LA DINASTÍA DE LOS HOMBRES DE NEGRO

CAPÍTULO II: LUCES Y SOMBRAS Texto: Iván Ruiz @Elguaje50

Comenzaba el nuevo año y David Robinson estaba totalmente recuperado de su lesión. Eran buenas noticias para los Spurs, que habían contemplado impotentes como los Jazz de Utah les negaban el pase a las finales hacía escasos meses. El joven Tim Duncan había demostrado con creces en su primer año que tenía sobradas aptitudes para ser uno de los próximos dominadores del juego a largo plazo, y el complemento perfecto para “el almirante” en aquel preciso momento. Los veteranos Jerome Kersey y Mario Ellie llegan para reforzar la plantilla con su experiencia, acompañados de Steve Kerr que era traspasado desde los Bulls de Chicago y venía de ganar con ellos tres anillos seguidos, curiosamente teniendo de compañero a Dennis Rodman, un ex de los Spurs. Si Kersey y Ellie debían aportar experiencia, Kerr debería aportar templanza de muñeca en tiros clave en momentos clave. Sus tremendos porcentajes de acierto en el tiro de larga distancia le hacían merecedor de confianza por parte de Popovich. La temporada iba a comenzar de una manera irregular, pues debido a la falta de entendimiento

entre los jugadores y la propia Nba a la hora de concretar el convenio colectivo, se anunció un cierre patronal indefinido. Las negociaciones habían fracasado y las condiciones laborales no eran aceptadas por la asociación de Jugadores. La liga estuvo paralizada hasta que se consiguió llegar por fin a un acuerdo y se estableció la fecha de inicio el 2 de febrero de 1999. El coste total de la operación en cuanto a daños colaterales se refiere, quedaba plasmado en la cancelación del All-Star Weekend y la disputa de únicamente 50 partidos de liga regular. Con las “Torres Gemelas” tan ansiadas por Popovich rindiendo al 100%, los Spurs obtienen un récord en liga regular de 37 victorias y 13 derrotas. La corta temporada había discurrido con total fluidez para los tejanos que ejercían su extraordinario dominio interior con Robinson y Duncan, orquestados magistralmente por Avery Johnson que ejercía a la perfección su rol de “hombre fuerte” del entrenador, convirtiéndose en una extensión de éste sobre el parqué. Aunque David Robinson seguía siendo el “alma mater” de los tejanos, líder indiscutible dentro y fuera de las

pistas y un continuo referente de conducta, tuvo que rendirse ante el fenómeno Duncan y comenzar a aceptar que a sus 33 años (muy bien llevados, eso si) era él quien debía ser el complemento y mentor de aquella joya en bruto que con tan solo 22 años y en su segundo año como profesional, lideraba al equipo en anotación (21.7 p.p.), en rebotes (11.4 p.p.) y en tapones (2.5 p.p.). Además acabó 5º de la liga en anotación, 3º en rebotes y 3º en puntuación de eficiencia. La grandiosa clase personal y profesional de Robinson, le permitió hacerse a un lado con una elegancia y humildad inusitadas para una estrella de semejante calibre. Dicha circunstancia, era absolutamente impensable para otros jugadores de similares características a las del jugador, que militaban en otras franquicias. La psicología de Popovich y las cualidades humanas de Robinson obraron lo impensable. El resultado era un equipo que asustaba. Como datos estadísticos reveladores podemos decir que los Spurs acabaron la fase regular con el mejor porcentaje defensivo de la liga (defensive rating) y Fotografía: NBA.COM

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MUMBRÚ GRAN RESERVA

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solamente perdieron 3 partidos por más de 10 puntos. Comenzaban los playoffs y el primer objetivo en el punto de mira de los Spurs eran los Timberwolves de Minnesota, que comandados por el rey del “trash talking” Kevin Garnett, eran un equipo tan carente de opciones al título como incomodo de lidiar. La relación causal entre las dos circunstancias era fácil de explicar, los Wolves habían entrado en playoffs por los pelos en una temporada en la que Stephon Marbury disputó únicamente 18 encuentros, con lo que el rendimiento del equipo había sido más que satisfactorio, así que no tenían nada que perder y mucho que ganar, además de ninguna presión añadida. La serie no tuvo mucho misterio

y los tejanos sentenciaron con un 3 – 1 en una demostración de fuerza en la que Garnett empujó a los suyos lo que pudo pero se vio solo ante el peligro. Solo en el 2º partido con ayuda de Terrell Brandon, consigue arrebatarles una victoria a los intratables Spurs, en los que Duncan y Robinson ejercían una superioridad manifiesta sobre el resto de interiores y Avery Johnson parecía vivir una segunda juventud y no parecía haber quien pudiera anularle. La 1ª ronda fue un mero trámite. En semifinales de conferencia esperaban los Lakers con una plantilla plagada de estrellas. Shaquille O´Neal, Kobe Bryant, Dennis Rodman, Robert Horry, Glenn Rice y compañía, esperaban ansiosos a los tejanos,

con el absoluto convencimiento de que eran la enorme piedra de kriptonita apostada en el camino de los hombres de Popovich, pero como dijo aquel sabio: “más reinos derribó la soberbia que la espada”. Haciendo bueno el dicho, los Lakers cayeron derrotados estrepitosamente en 4 partidos (4 – 0) en los que la excelencia táctica de Popovich se daba a conocer por completo. Duncan estuvo magnífico durante toda la serie (29 puntos y 10.8 rebotes por encuentro) y contribuyó a la difícil empresa de intentar detener a Shaquille O´Neal. La épica lucha entre las torres tejanas y Shaq, acabó por desquiciar a éste último que no pudo dominar con la facilidad habitual y los Lakers lo acusaron. Rice y

Fotografía: hoopshabit.com

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Bryant con buenas actuaciones aisladas intentaban suplir la carencia ofensiva pero todo fue en vano, pues mientras el resto del equipo angelino no aportaba casi nada, Sean Elliot despertaba y mostraba un buen estado de forma que llegaba en el mejor momento de la temporada. Si la 1ª ronda había sido un trámite, las semifinales de conferencia eran un golpesobre la mesa en toda regla. Los San Antonio Spurs demostraban ser un equipo ordenado y metódico, mientras que los Lakers eran un montón de jugadores de tremenda calidad sin dirección ninguna ni roles definidos, sumidos en una pelea interna por el liderazgo del equipo que les había hecho penalizar demasiado. Era la hora de la final de la conferencia Oeste y del otro lado del ring aguardaban los Portland Trail Blazers con Rasheed Wallace a la cabeza, rodeado por Damon Stoudamire, Arvydas Sabonis e Isaiah Rider entre otros. Los Spurs finiquitaron la serie por la vía rápida con otro 4 – 0 pero no sin haber sufrido en los dos primeros partidos, que a punto estuvieron de llevarse los de Oregón si a Wallace le hubiese ayudado alguien. Duncan, Robinson, Johnnson y Elliot mantuvieron un rendimiento tan bueno como regular, mientras que en los Blazers, aparte de Wallace, que si mantuvo el tipo toda la serie, solo hubo buenas actuaciones aisladas de Rider y Stoudamire que no sirvieron para mucho. Los Blazers se convertían en la tercera víctima de la apisonadora

tejana que contaba sus partidos por victorias en postemporada. Alcanzaban así los hombres de Popovich las tan ansiadas finales de la Nba de las cuales habían sido privados años anteriores, en frente, nada más y nada menos que los Knicks de New York. Los Knicks amparados en su buen plantel, habían llegado a la final con relativa solvencia (siempre y cuando no los comparemos con los Spurs) siendo un equipo con mucho talento, garra y juventud mezclada con experiencia en proporción adecuada. Latrell Sprewell, Larry Johnson, Marcus Camby y el mismísimo Alan Houston, conformaban parte del núcleo duro de los Knicks, en los cuales sobresalía como líder indiscutible, el gran Patrick Ewing. El problema residía en que Ewing estaba lesionado y eso significaba que los Knicks habían perdido su referencia interior en el peor momento posible. En el primer partido, Robinson y Duncan fueron como un muro enorme contra el que se estrellaban los interiores neoyorquinos una y otra vez. Los dos pívots se hartaron a poner tapones y coger rebotes, Duncan sobresalió con 33 puntos y 16 rebotes. Por parte contraria, únicamente Sprewell y Houston con 19 puntos cada uno, se libraron de estrellarse contra el muro y aportaron algo. Quedaba claro que los Knicks no tenían recursos ofensivos para atacar a las torres tejanas, ni recursos defensivos para parar a Tim Duncan. El segundo partido fue un calco superlativo del primero, pues el dominio interior fue descomunal

tanto en defensa como en ataque. Los interiores de los Knicks desaparecieron del mapa mientras Robinson y Duncan volvían a firmar sendos dobles – dobles y dejaban a los Knicks en 67 puntos (67 – 80) el rodillo seguía su avance y los pupilos de Jeff Van Gundy eran meros espectadores con asientos a pie de cancha. Con la serie trasladada a New York y arropados por el público del Madison Square Garden, una brillante actuación de Allan Houston y Latrell Sprewell, bien secundada ésta vez por Larry Johnson, consigue arrebatarles a los Spurs la victoria. La defensa de perímetro de San Antonio estuvo muy desacertada y tanto Houston como Sprewell causaron auténticos estragos. Esto desestabilizó a los hombres de Popovich que se obcecaron en intentar realizar ajustes defensivos para corregir la situación y penalizaron mucho en ataque. Los Knicks ganaban 89 a 81 y parecían arrojar algo de esperanza sobre la contienda. En el cuarto partido la cosa volvía por los derroteros habituales pero aunque los Knicks atacaron con convicción y pese a un oportuno resurgir de Marcus Camby, los Spurs volvían a ser una ordenada máquina en ataque,guiada por Tim Duncan que con 28 puntos y 18 rebotes demostraba que era indefendible cuando quería. Robinson con 14 puntos y 17 rebotes complementó su magnífica actuación y empujaba un poco más hacia el precipicio las opciones de anillo de los

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Knicks. La incertidumbre más absoluta rodeaba al 5º partido que podía ser definitivo para los Spurs o podía alargar la serie, llevándola de nuevo a Texas. En cualquier caso, el 3 – 1 era un hándicap muy importante para los de la gran manzana. En el 5º encuentro, Latrell Sprewell se dejó el alma en la pista (35 puntos y 10 rebotes) para evitar que los Spurs consiguieran levantar el trofeo en New York, pero a pesar de disponer del último balón para ganar el partido, erró un complicado tiro y no sentenció un duro y tenso encuentro en el que Duncan volvía a tener un rendimiento portentoso (31 puntos y 19 rebotes). Los San Antonio Spurs conseguían el primer anillo de su historia con un inmaculado record de victorias en playoffs (15 – 2) solamente superado por los Sixers del 83. Se convertían también en el primer equipo procedente de la ABA en ganar un título, y como colofón más que esperado, Tim Duncan era nombrado MVP de las finales. El impacto global del joven Duncan en el equipo trascendía más allá de lo esperado por los seguidores más optimistas, pues las estadísticas de playoff no mentían y le colocaban 1º en canastas anotadas (144), 1º en rebotes (195), 1º en tapones (45) y un largo etcétera de logros inusuales para alguien con su experiencia. David Robinson por su parte, obtenía un más que merecido premio a su intachable trayectoria y pasaba automáticamente a abandonar el selecto club de los jugadores que han sido estrellas

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toda su vida y nunca han ganado nada. Justo premio a su increíble aceptación del relevo generacional de liderazgo que suponía la llegada de Tim Duncan. Además, lideraba al equipo que estaba sentando las bases para el desarrollo de una nueva forma de jugar y de vivir el baloncesto. El concepto de “Dinastía” había llegado para quedarse y dejaba sobradamente demostrado que no iba a ser tarea fácil a partir de aquel momento enfrentarse a los Spurs. Popovich, como principal artífice de aquel concepto, se ganó el total reconocimiento y respeto de la liga. Los Spurs eran los justos campeones y habían dado la primera de muchas lecciones en la pista, pero ¿Serían capaces de mantener aquel nivel tan alto los próximos años? Con la lógica resaca del primer título de su historia, comenzaban los Spurs la temporada 99/00 con un único objetivo en mente: volver a repetir el éxito. Popovich aleccionaba a sus discípulos sobre la necesidad de ser implacable sobre el parqué. “Quiero ver como hundimos al rival, le hacemos daño y se va a su casa dolido” es un claro ejemplo de la robótica disciplina que Pops intentaba grabar a fuego en la voluntad de sus jugadores. Por aquel entonces, el resto de las franquicias ya marcaban con una X en el calendario el día que les tocaba viajar a San Antonio. Allí en su casa, arropados por el espíritu del Álamo, los tejanos eran intratables. Se mantuvo el bloque principal de la plantilla campeona y sólo

se realizó algún cambio poco significativo, como la marcha de Will Perdue o la llegada de Felton Spencer y Samaky Walker. La confianza en el “roster” era total, y la única intención del entrenador era pulir detalles y automatizar (aún más si cabe) las tácticas, técnicas y procedimientos necesarios para mantener o mejorar el nivel demostrado. Sean Elliott había anunciado al finalizar la temporada, que debido a sus problemas de salud, iba ser sometido a un trasplante de riñón. Elliott era una pieza fundamental en los Spurs, que no iban a contar con él hasta el 13 de marzo del 2000, convirtiéndose en el primer jugador que regresaba a las canchas después de un trasplante. La temporada no comenzaba demasiado bien. Duncan y Robinson continuaron ejerciendo su dominio absoluto de las zonas mientras que Avery Johnson dirigía con mano de hierro las operaciones. Mario Ellie, Jaren Jackson y Terry Porter, conformaron un sólido perímetro que adquiría más protagonismo con respecto al año pasado. El resto de la hoja de ruta era un calco a la del año pasado y, como era de esperar, se clasificaron fácilmente para playoffs, con un record de 53 victorias y 29 derrotas,siendo segundos de la división “Midwest” por detrás de sus archienemigos, los Jazz de Utah. Era la 20ª vez en 24 años de historia de la Nba que San Antonio entraba en postemporada. Tim Duncan promedió unos escandalosos 23.2 puntos, 12.4 rebotes y 2.2 tapones por partido,


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además compartió el galardón de MVP del All-Star Game con Shaquille O´Neal. Al finalizar la temporada, fue incluido en el mejor quinteto de la liga. Todo iba según el plan previsto y en la mente de Popovich el enemigo a batir eran los Lakers de O´Neal y Bryant. Los angelinos llegaban muy reforzados moralmente y con su pareja estelar a pleno rendimiento, así que el choque prometía, pero por circunstancias del destino, el enfrentamiento nunca tuvo lugar. Tim Duncan caía lesionado al final de la temporada regular y pronto se confirmó su ausencia para los Playoffs. Sin él, los Spurs eran un equipo bueno pero sin más. Para colmo, Elliott no recuperó totalmente su nivel, con lo que el rendimiento del equipo estaba más que resentido.

ofensivo, defensivo y moral, pero los Spurs no tenían pensado capitular sin presentar batalla. A punto estuvieron los tejanos de dar la sorpresa en el primer partido, apoyados en un renacido Elliott y un motivadísimo Samaky Walker que intentaba suplir el enorme vacío que dejaba la lesión de Duncan. Ganaron los Suns por 72 a 70 después de sufrir lo indecible contra un equipo metódico y duro que se defendía como gato panza arriba. Penny Hardaway y Cliff Robinson fueron los mejores de los Suns. En el 2º partido y aún en Tejas, Robinson cuajó una extraordinaria actuación que recordó al de años atrás, y con 25 puntos y 15 rebotes, sepultaba a los Suns, llevándose la 1ª victoria de la serie para su equipo en un contundente 85 – 70. La serie se iba a Phoenix y Sin su rutilante estrella, los Spurs con ella se iban las esperanzas habían perdido de un plumazo Tejanas. Los Suns se habían una buena parte de su arsenal dado cuenta de su superioridad

perimetral y no iban a entrar en guerras inútiles con David Robinson. Dicho y hecho, el pívot de San Antonio tiró del carro hasta la extenuación en los dos siguientes partidos, pero la actuación combinada de Hardaway, Robinson, Marion y Rogers, fue demasiado para los de Popovich que caían eliminados por 3 -1. Concluía así un fatídico año en el que se esperaba repetir éxitos pero las circunstancias del destino los alejaban de ellos. El balance de los tres últimos años era tremendamente positivo en cuanto a números, pero en el subconsciente de los aficionados flotaba la idea de que aquel equipo podía haber conseguido más cosas, y la inevitable pregunta de que si iban a hacerlo en un inmediato futuro. ¿Continuaría la dinastía por mucho tiempo? Todo estaba en manos de una persona…

Fotografía: NBAMATE.COM SKYHOOK

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EL HIJO DEL IMPERIO MILENARIO Texto: Javier Bógalo Fernández @El_Akrata90

Septiembre del año 1993. Amanece en Shanghai, la ciudad más poblada del país más poblado del mundo, China. Una urbe de proporciones gigantescas compuesta por estrechas calles que se prolongan hasta el infinito, y habitada por unas 24 millones de personas (34 millones si también consideramos su área metropolitana). La densidad de población se fija en 3800 personas/km2, generando una atmósfera de incontrolable bullicio que constituye su verdadero corazón. Llega a dar la sensación, como en otras grandes ciudades del continente asiático,

de que todo ello responde a una histérica construcción virtual, más propia del Sims City que de otra cosa. Y eso a pesar de que la gran revolución de los rascacielos apenas ha echado a andar. En uno de los múltiples rincones de Shanghai, refugiados en uno de tantos humildes hogares que dan cabida a muchas familias chinas, vive el matrimonio Ming. Uno de sus vástagos, Yao, nombrado así por el padre, descansa en su habitación intercalando sus dos grandes pasiones: por una parte, se deleita con los escasos videojuegos

que tiene a su alcance, y por el otro, fantasea con futuras aventuras ejerciendo de afamado arqueólogo internacional. El chico siente devoción por la arqueología y se ve a si mismo como un futuro Indiana Jones chino. Su madre le llama desde la cocina, apresurándole a vestirse y desayunar. No se lo volverá a repetir otra vez. Fang Fengdi guardaba un controvertido pasado como implacable miembro de la Joven Guardia Roja, tan temida durante la Revolución Cultural llevada a cabo por el dictador comunista, Mao Zedong. En dicha

Fotografía: NBA

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organización aprendería el valor de la disciplina, que gusta de impartir a sus hijos, sin dejar de lado ese aspecto compasivo que es natural en cualquier buena madre, y que a pesar de todo, le era imposible reprimir. Esa mañana Yao y su madre acudirán a visitar a un famoso entrenador de baloncesto, antiguo seleccionador nacional, afincado en la zona de Shanghai. El objetivo es que evalue su talento, y con suerte, le haga hueco en uno de los equipos de formación. Para sorpresa de ambos, sobre todo de Fang Fengdi, aquel hombre solo les ofrecería una afirmación categórica disfrazada de verdad incuestionable: “tu hijo no puede ser un buen jugador de baloncesto, su cuerpo no está correctamente estructurado para practicar este juego, anda como un pato, y carece de buen equilibrio.” Fue un jarro de agua fría para un matrimonio que sabía lo que era competir en el baloncesto chino de más alto nivel, puesto que ambos habían coqueteado con el profesionalismo en distintos formatos y categorías. Los dos albergaban la esperanza de que Yao, un prodigio genético que a la edad de 13 años ya superaba holgadamente los dos metros de estatura, se convirtiera en aquello para lo que estaba predestinado. Un proyecto a largo plazo cocinado, según dicen algunos, en laboratorio, y fruto de los programas de cría llevados a cabo por las autoridades chinas durante lás decadas de los

sesenta, setenta y ochenta. Así lo afirma al menos el periodista Brook Lamer en su polémico libro “Operación Yao Ming”, que narra la vida del jugador. En cualquier caso, la desilusionante sentencia no haría mas que fortalecer la voluntad de la familia Ming, y acrecentaría el interés del pequeño Yao por el deporte de la canasta. Gracias a la ética de trabajo motivada por la educación de sus progenitores, no cesó en su esfuerzo de mejorar y conseguir ser aceptado por el equipo junior de los Shanghai Sharks. Algunas jornadas se prolongaban incluso hasta las 10 horas diarias, una carga de trabajo excesiva para un chico de su edad, y donde el imberbe Yao canalizaba la esencia del shouju, un antiguo y sagrado juego inventado por la dinastía Han (siglo III a.C. - siglo III), y que algunos historiadores chinos apuntan como verdadero origen del baloncesto. Casi sin darse cuenta, el protagonista de esta historia estaba iniciando un camino especial, un camino que le llevaría a convertirse en el deportista chino más famoso de todos los tiempos. Así comienza su historia. En la primavera del 2002, apenas una década después, los Shanghai Sharks se alzaban con el primer campeonato CBA (Chinese Basketball Association) de su historia, destronando a los invencibles Bayi Rockets, que habían cosechado todos los títulos desde que se creara la liga en el año 1995. Un monopolio incontestable influenciado por el dominio de Wang Zhizhi, otro

prodigio chino que había dado el salto a la NBA en el año 2001, acogido por los Dallas Mavericks de Nelson y Cuban. En aquella final entre Shanghai y Bayi el inabarcable Yao Ming se alzaría con el MVP que le reconocía como jugador más valioso de toda la serie. Por si fuera poco, aplastaría a la competencia durante todos los playoffs, promediando unos estratosféricos 32.4 puntos, 19 rebotes y 4.8 tapones por partido. Números de otra galaxia. Cifras que no alcanzaban a reflejar con exactitud el potencial de un jugador único, que ya se instalaba de manera fija en los 2.29 metros de estatura. A la torre más famosa del mundo se le quedaba muy pequeña la liga doméstica. Poco a poco su fenómeno iba creciendo conforme se confirmaba el interés del organigrama NBA por hacerse con su figura. En realidad los contactos entre la mejor liga de baloncesto del mundo y el entorno de Yao se venían produciendo desde 1999. No obstante, no podían materializarse en algo serio hasta que el jugador no fuera capaz de regalarle un título a su ciudad de origen. Cosa que, como ya hemos visto, terminaría consiguiendo tres años más tarde. Y de qué manera. Aquel verano de 2002 sería testigo de como los Houston Rockets, que venían de realizar su peor temporada en 19 años, se hacían con la elección número uno del draft. Era un equipo descompensado, muy dependiente de su explosivo tándem exterior, Francis-

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Mobley, pero ausente de grandes referencias interiores que pudieran hacer frente a los indomables tanques que poblaban la liga. Además, desde hacía tiempo se venía cuestionando el papel de Rudy Tomjanovich como líder de un vestuario complicado. Atrás quedaba la época dorada en la que Rudy T había sido capaz de darle dos títulos a la ciudad tejana apoyándose en los largos hombros de su jugador franquicia, Hakeem Olajuwon. Pero todo ello era parte del lejano pasado. Olajuwon apuraba sus últimos minutos como profesional en Toronto, y desde hacía ya unos años, la nueva cara de la franquicia venía siendo el controvertido Steve Francis. Así pues, los Rockets estaban dispuestos a utilizar su “pick” para escoger a Yao Ming, tratando de esta manera corregir los desequilibrios estructurales de la plantilla. Jugaría un papel crucial los positivos informes que guardaba el equipo de scouting, que ya había viajado en ocasiones anteriores para ver en acción al gigante chino. Lo cierto es que su increíble potencial no era secreto para nadie, y las valoraciones positivas se acumulaban por toda la liga. Don Casey, antiguo entrenador de LA Clippers y New Jersey Nets, publicaba un exhaustivo informe en la página web oficial de la NBA donde examinaba el juego de Yao Ming, destacando su privilegiado “toque” y “feeling” para la posición de pívot. Es más, dejaba patente la condición de Yao como un once in a generation kind of player. Un rara avis difícil

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de encontrar.

en la Universidad de Chicago. Todo para tratar de elaborar “Yo juzgo a este draft de una una efectiva estratagema que manera muy sencilla. En dos-tres diera con los huesos de Ming en años, ¿habrá otro base o alero territorio estadounidense. estrella disponible? La respuesta es, sin duda, si. ¿Pero habrá otro Finalmente, y tras largas y Yao Ming? La respuesta es un arduas negociaciones, en octubre rotundo no.” - Don Casey de 2002 los Rockets llegarían a un acuerdo con Shanghai Sharks Para lograr hacerse con los para cederles los derechos sobre servicios de Yao Ming, la Yao, y dejar libre al jugador. El franquicia de Houston tuvo que acuerdo se estructuraría sobre poner en marcha una operación cuatro puntos bien definidos: de proporciones casi bíblicas. La idiosincrasia del deporte 1. Como siempre en estos profesional chino dificultaba de casos, Yao Ming aceptó que una manera especial que uno de sus importante porción de su salario grandes atletas pudiera fichar anual fuera a parar a los Shanghai por un equipo extranjero. Los Sharks. grandes deportistas del “imperio olvidado” eran casi como 2. Los Houston Rockets propiedad del estado, sujetos a aceptarían pagar una cláusula una normativa muy restrictiva de 350.000 dólares para hacerse que prácticamente les impedía con los derechos de Yao Ming y negociar su futuro de manera poder explotarlos en materia de individual. Como ya ocurriera marketing. en el caso de Wang Zhizhi y el de Mengke Bateer, los clubes 3. Los Houston Rockets de origen tenían derecho legal a aceptaron que Yao Ming pudiera recibir una fuerte compensación ser reclamado por la selección económica por la marcha de nacional china para cualquier sus cracks. Una cifra que, en la competición internacional, mayoría de las ocasiones, era siempre y cuando dicho reclamo más de la mitad del salario que no interfiriera con el calendario el equipo comprador ofrecía. habitual de la NBA, tanto en liga Y eso cuando las autoridades regular como en playoffs. chinas daban el visto bueno a la operación, claro. El caso de 4. De manera individual, los Ming, por su transcendencia, Houston Rockets llegaron a un presentaría aún más trabas si acuerdo de cuatro años con Yao cabe. Es por ello que los Houston Ming, cifrado en 17.8 millones Rockets terminarían formando de dólares. un selecto grupo de hombres, compuesto por asesores legales, Así pues, aterrizaba en la asesores de marketing, diversos mejor liga del mundo el más representantes...incluso un poderoso proyecto de marketing profesor de economía formado internacional que el siglo XXI


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había sido capaz de alumbrar. Al menos en el terreno deportivo. Yao era la culminación del ambicioso plan llevado a cabo por Deng Xiaoping, sucesor de Mao Zedong al frente del gobierno chino, a finales de la década de los setenta, y que consistía en liberalizar la estancada economía del país para generar un crecimiento sin precedentes. Si los expertos en la materia consideraban a China el último gran mercado fértil del mundo, la camarilla de David Stern - comisionado de la NBA por aquel entonces - consideraba al gigante asiático como el último gran terreno que conquistar. La última frontera en su ambicioso plan de convertir a la liga, su liga,

en un fenómeno de calado global. Yao Ming constituía la excusa perfecta, una especie de puente sociocultural (y por tanto económico) entre las dos naciones más poderosas del mundo: una que ya lo era, y otra que aspiraba a serlo. Estábamos ante uno de los pocos individuos de origen chino capaz de trascender fronteras, y ser símbolo tanto en el mundo occidental como en su lugar de origen. A nivel estrictamente mediático, tal vez el único precedente fuera el actor y artista marcial, Bruce Lee. Pero a diferencia de Lee, nacido en San Francisco y siendo por tanto ciudadano norteamericano de pleno derecho, Yao era un genuino producto chino.

Una vez alcanzado su gran sueño, el matrimonio Ming no podía olvidar lo que aquel viejo cascarrabias les había dicho sobre su hijo en 1993, un episodio que Yao recuerda vívidamente en su autobiografía co-escrita con el periodista Ric Bucher: “..cuando conseguí unirme al filial de los Sharks, este entrenador no dijo nada. Luego conseguí llegar al primer equipo y siguió sin decir nada. Poco después fui invitado a participar con la selección, y tras eso, llegué a la NBA. Sólo entonces aquel tipo empezó a decir que él me había descubierto y que, cuando yo era joven, donaba dinero a mi escuela cada año. En realidad se descubrió

Fotografía: NBA

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que solo había donado dinero el último año. Esto no le hizo gracia a mi madre. Fue entonces cuando me contó la verdad sobre lo que había dicho acerca mí la primera vez que se encontraron.”

grupo. Siempre por encima de su volante. No era extraño verle interés particular. chocar accidentalmente con el coche de un colega de vestuario Pero desde el prisma personal debido a un alcanzamiento de Yao, no fue la adaptación trasero. Tampoco era raro verle al baloncesto norteamericano realizar largos trayectos por lo más difícil de superar, sino autopista a la escasa velocidad de lograr aclimatarse a una cultura 64 kilometros/hora, temeroso que le era completamente de provocar el caos si iba más extraña. La barrera del idioma rápido. fue un primer impedimento importante a la hora de tratar El choque cultural también era con compañeros, equipo técnico importante a la hora de comparar y prensa. Solo atemperada por como se trataba al deportista de un curioso sentido del humor élite en ambos países. Mientras que le generaba simpatías allá que en EEUU era alojado en donde iba. Lejos de ser un tipo lujosas suits, durante su estancia completamente encerrado en los Sharks dormía en un en si mismo, lo que hubiera reducido dormitorio cuya cama resultado comprensible dadas las era ampliada por una incómoda circunstancias, Yao Ming lograba barra de madera que le permitía ganarse el favor de todo aquel reposar los pies. Era imposible que tenía la suerte de interactuar que las cosas pudieran ser tan con su figura. Una personalidad radicalmente distintas. Un fuerte abierta y sencilla encerrada en el contraste entre el excesivo lujo y cuerpo más extraño. la extrema modestia.

El debut de Yao Ming el 30 de octubre de 2002, en un enfrentamiento fuera de casa ante los aguerridos Indiana Pacers, se transformaría en un acontecimiento mundial. 287 millones de hogares chinos fueron testigos del evento a través del televisor, rompiendo todo tipo de records en ese aspecto. Ni las hazañas de Michael Jordan en Chicago Bulls habían logrado atraer a tantos espectadores hacia la “caja tonta”. Era algo histórico. Y aunque si bien Yao fue incapaz de mostrar algo de su talento en los escasos minutos disputados (no lograría anotar ni un solo punto), se intuía que solo el paso del tiempo lograría descubrir un Había pequeños detalles de su talento tan especial. vida que le otorgaban un aura de natural comicidad. Famosa Con el paso de las semanas, es una anécdota recogida por el joven pívot iría poco a poco la prestigiosa revista Sports demostrando todas sus enormes Illustrated en uno de sus cualidades como jugador de numerosos artículos dedicados baloncesto: buenos instintos y al pívot chino. Y es que antes movimientos al poste, una gran de aterrizar en EEUU, Yao Ming capacidad de tiro para un jugador no había conducido un coche de su altura, soberbia habilidad en su vida. Había días que se defensiva e intimidatoria, y por desplazaba a los entrenamientos último y quizás más importante, de los Shanghai Sharks en buena visión de juego. Yao nunca bicicleta, inmerso en la cultura forzaba las cosas, ni trataba de típica nacional. Cuentan sus elevar su productividad a costa del compañeros en los Rockets que rendimiento colectivo. Más bien lograría aprender a conducir al contrario, e influenciado por practicando en los aparcamientos la ética colectivista que impartía del pabellón, y que una vez la heterodoxia deportiva china, sacado el carnet, no podría siempre actuaba en beneficio del corregir su torpeza al frente del

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Pero volviendo a lo estrictamente deportivo, el día 17 de enero sería una fecha marcada en el calendario para todo buen aficionado al baloncesto NBA. Se medían los Houston Rockets y los vigentes campeones, LA Lakers, en territorio tejano. Era el primer duelo entre Yao Ming y su némesis natural, el dominante Shaquille O’Neal. La elegancia natural del chino frente a la potencia desatada del norteamericano. Un espectáculo mediático alimentado por las desafortunadas declaraciones de O’Neal semanas antes, que en su tónica habitual de dar rienda suelta a una lengua viperina, se había burlado del acento y el idioma mandarín, en una clara


YAO MING: EL HIJO DEL IMPERIO MILENARIO

referencia a Ming. El “34” de los Lakers levantaría ampollas entre la comunidad asiática, siendo acusado de ejercer un tipo de humor muy ofensivo y racista. Yao, fiel a su estilo conciliador, siempre trató de restarle importancia al asunto cuando era preguntado por el incidente: “Existen grandes dificultades para que ambas culturas puedan entenderse correctamente. Comprendo que el chino es muy difícil de aprender. Yo también tuve problemas con ello en la escuela, inclusive.” Un espíritu pacifista coronado por el hecho de que sería el propio Yao el que invitara a Shaq a disfrutar de una agradable cena con su familia en su nueva casa de Houston. Una oferta elegantemente declinada por O’Neal, alegando una agenda demasiado apretada. Reflejos de cuando Wilt Chamberlain merendaba en la casa de Bill Russell y recibía las simpáticas reprimendas de su madre. Al final el duelo dejaría algunos detalles para la posteridad. Hasta cuatro o cinco veces lograría Yao Ming taponar el lanzamiento de Shaquille O’Neal, poniéndole en duros aprietos durante largos tramos del partido. La hoja estadística de Shaq reflejaría una aparente superioridad que, en la práctica, no había sido tan acentuada. Yao fue un contendiente más que digno para el jugador más dominante que había contemplado el baloncesto desde el mejor Jordan. Y, a ojos de muchos, con eso bastaba. Por primera vez desde que Diesel llegara a los Lakers, surgía un

Fotografía: SportsIllustrated

aspirante legítimo a pelearle el trono de mejor pívot del planeta. Desde el declive de los Robinson, Ewing y Olajuwon, nadie ostentaba tal honor, y menos siendo un extranjero. Era un enfrentamiento entre el aprendiz y el rey, como lo definiría Phil Harrison (padre adoptivo de O’Neal). El pívot chino lograría finalizar la temporada a buen nivel, y vería crecer su juego exponencialmente en la siguiente, ya en la 20032004 a las órdenes de un nuevo entrenador, Jeff Van Gundy.

Poco a poco Yao se iba asentando como una legítima estrella de la NBA, y justificaba su condición de número uno del draft. Algunos de sus críticos siempre habían sostenido que Ming era una construcción artificial, un proyecto destinado a fracasar que solo tenía sentido por su incuantificable valor comercial. Se equivocaban. De manera inversa, conforme se elevaba su rendimiento individual también lo hacía su potencial de marketing. Todas las grandes multinacionales del mundo llamaban a la puerta del chino

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buscando explotar su icónica imagen. En febrero de 2004 firmaría un contrato multianual con McDonald’s, motivando unas declaraciones históricas de su jefe de operaciones: “Yao tiene atractivo internacional y también representa el carácter de nuestra marca. Es joven, dinámico, y posee un gran sentido del humor.” A la fiesta también se terminarían uniendo Nike, Reebok, Toyota y Apple, entre muchas otras. El caso de la gigantesca compañía levantada por el archiconocido Steve Jobs era paradigmático, puesto que el propio Yao era un ferviente consumidor de sus productos y un declarado admirador de la informática, sobre todo en su vertiente lúdica. Una pasión que todavía arrastraba desde la infancia. Famosos fueron los anuncios en los que Yao compartía pantalla con miniyo, el hilarante personaje de la

saga cinematográfica Austin Powers, y en los que se les veía utilizar ordenadores portátiles fabricados por Apple. Era una comunión perfecta, y una forma de penetrar en el mercado más potente del mundo. Millones de chinos se contagiaron de esta “Yaomanía” y empezaron a devorar cuartos de libra con queso, y a vestir zapatillas Reebok, tratando de emular a su gran ídolo. La NBA mientras tanto se frotaba las manos, así como su franquicia, los Houston Rockets. Estos llegarían a construir un nuevo pabellón, el actual Toyota Center, gracias a la enorme influencia económica que ejercía Yao.

proyecto en torno a la figura del chino, los Rockets realizarían un traspaso múltiple que hacía las delicias de la afición. Steve Francis y Cuttino Mobley ponían rumbo a Orlando Magic a cambio de Tracy McGrady, máximo anotador de la competición en 2003 y 2004, y uno de los jugadores más espectaculares, a la par que carismáticos, de toda la NBA. Un poderoso tándem exterior-interior que buscaba emular la exitosa fórmula llevada a cabo en LA por Bryant y O’Neal (cuya comunión se rompería precisamente en aquel verano de 2004). Parecía que, a partir de ese momento, el límite solo podía ser el cielo.

Con todo y con eso, la temporada 2004-2005 presentaría una serie de importantes cambios para Yao Ming a título individual, y para los Houston Rockets a título colectivo. Buscando construir un nuevo y ambicioso

Por su parte, Yao Ming entraría en estrecho contacto con Anthony Falsone, antiguo preparador físico de los Rockets, contratándole como entrenador personal. Falsone diseñaría un sofisticado programa, centrado

Fotografía: Youtube

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YAO MING: EL HIJO DEL IMPERIO MILENARIO

alrededor del levantamiento de pesas, para fortalecer la estructura muscular de Yao, quizás uno de los pocos puntos débiles que encontraba su juego, y por el cual se le solía acusar de “blando”. Además, en el apartado técnico y táctico, se sometería a duras sesiones de entrenamiento con Tom Thibodeau, por aquel entonces asistente en Houston, que le permitieron elevar sus capacidades hacia cotas insospechadas. Una mejora motivada por la indestructible ética de trabajo del pívot, que nos retrotrae a sus días de infancia cuando luchaba por ingresar en las categorías inferiores de los Shanghai Sharks. El propio Van Gundy sería testigo de aquellas maratonianas sesiones, y en numerosas ocasiones declararía asombrado que “Yao cuenta con la mejor ética de trabajo que yo he podido contemplar en un jugador profesional”. Palabras mayores. No obstante, el equipo nunca lograría dar con la tecla para convertirse en un aspirante real al anillo, y el proyecto de los Rockets “milenarios”, liderados por Yao Ming y Tracy McGrady, no daría los frutos esperados. Las constantes lesiones de las dos superestrellas, unido a la incapacidad de la gerencia tejana a la hora de rodear a ambos jugadores de un núcleo sólido de jugadores, fueron los cimientos del fracaso. Y a pesar de que el juego de Yao mejoraba cada año, hasta convertirse durante un periodo corto de tiempo (que coincide con el progresivo declive de O’Neal y el ascenso de

Dwight Howard) en el pívot más dominante de la NBA, su cuerpo comenzaba a venirse abajo como un castillo de naipes. Las lesiones se acumulaban sucesivamente y castigaban el frágil físico de Yao: fractura de un hueso en su pie izquierdo en 2005, fractura de la rodilla derecha en 2006, otro ataque más a su malogrado pie en 2008, etc. Era como si su estructura anatómica no pudiera soportar el abultado peso de su cuerpo. Un defecto genético imposible de corregir. Yao, a diferencia de otros grandes gigantes que le precedieron (Eaton, Bol, Bradley, Muresan) había logrado alcanzar el estrellato, más allá de ser un mero especialista. Pero al igual que los demás, su cuerpo no podía evitar traicionarle. Bajo esas circunstancias, no es de extrañar que los Rockets fueran incapaces de superar la primera ronda de playoffs durante la etapa Yao-McGrady. Unas veces por las lesiones y otras debido a que fueron sencillamene doblegados por el rival. Ya fuera Dallas o Utah. Curiosamente sería en la temporada 20082009, tal vez el año donde menos se podía preveer, cuando Houston lograría superar una primera ronda de playoffs. Una plantilla ciertamente renovada por la llegada de Luis Scola el año anterior, la consolidación de Shane Battier, y el fichaje del excéntrico Ron Artest, que arrastraba una bien merecida fama como enfant terrible de la liga. Un conjunto ahora dirigido por Rick Adelman, visionario

de los banquillos, y que no echaría en falta a McGrady, baja en postemporada por lesión y señalado durante todo el año por sus disputas contractuales. En el majestuoso camino realizado por los Houston Rockets en la postemporada de 2009 jugaría un papel central la figura de Yao Ming, que rendiría a un nivel excelente en ambos lados de la cancha. Tras eliminar de manera sorprendente a la Portland de Brandon Roy en primera ronda (4-2 en el global de la serie), se enfrentarían a los todopoderosos Lakers de Bryant, Gasol, Odom y Ariza en semifinales. Una escuadra atestada de estrellas que había logrado dominar la liga regular casi con el piloto automático puesto, cosechando 65 victorias y cediendo únicamente 17 derrotas. El 4 de mayo de 2009 daba inicio, por tanto, el enfrentamiento. Un duelo en el que, según opinión de los expertos, los Houston Rockets no albergaban grandes posibilidades de resultar vencedores. Aquel día, sin embargo, y de forma totalmente inesperada, resultaría ser uno de los más brillantes, y al mismo tiempo más tristes, en la carrera de Yao Ming. Una combinación con marcado sabor agridulce. En un partido dominado por la intensidad y el contraste de estilos, Yao Ming se echaría el equipo a la espalda percutiendo posesión tras posesión la guarida de los Lakers, al mismo tiempo que protegía su propia canasta en una demostracion de sólidos fundamentos defensivos. Su

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duelo con Bryant le elevaba a los altares, y los Houston Rockets comandaban el marcador 8579 a poco menos de cinco minutos para el final. Contra todo pronóstico. Pero entonces, en un choque accidental con Kobe, su rodilla derecha recibía un duro impacto. Fuertemente dolorido por el golpe marchaba a túnel de vestuarios, con la ayuda del entrenador asistente, mientras las cámaras captaban su desesperado intento por recuperarse. Quería volver al partido y ayudar a los suyos. Lo

Fotografía: NBA

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necesitaba.

Utah.” - Doug Collins

Doug Collins, comentarista de la televisión americana, podía sentir desde su asiento la ansiedad competitiva del pívot chino, que renunciaba a rendirse ante la adversidad.

Finalmente, y recibido por una tímida ovación procedente del hostil Staples Center, Yao volvería a la cancha, sacrificando su carrera y poniendo su salud en serio peligro irreparable. El objetivo no era otro que completar la gesta y contribuir a ganar el partido. Misión completada. Yao Ming finalizaría el encuentro con unos sobresalientes 28 puntos (9/17 en TC + 10/10 en TL), 10 rebotes, 2 tapones y 1 robo tras disputar un total de 40 minutos

“Este chico tiene mucho mucho coraje. Conoce la importancia que tiene este partido, y está tratando de flexionar su rodilla contra la pared, en una imagen similar a la que vimos meses atrás con Kevin Garnett en


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en pista, y los Rockets lograban siempre. Curiosamente lo haría adelantarse en la serie de manera mes y medio después de que sorprendente. su gran rival, Shaquille O’Neal, también dijera adiós. Irónico. Forzaría un segundo y un tercer partido, cosechando A partir de ese momento, antiguos un imponente doble-doble en compañeros, entrenadores y aquel game 3 materializado en contrincantes le dedicarían todo 19 puntos y 14 rebotes, pero tipo de halagos, cubriéndole su físico ya no daba para más. de un reconocimiento más que Exclamaba basta. El golpe en merecido. la rodilla derecha, unido a sus “La gente dice que era bastante recurrentes problemas en el pie bueno. No, era más que eso, izquierdo, ponían fin a su periplo era dominante. Es posible que en la postemporada. El 9 de mayo no pudiera mantener ese nivel de 2009 los Houston Rockets durante el tiempo suficiente anunciaban que Yao Ming había como para considerarle un vuelto a fracturarse el pie y grande de todos los tiempos, necesitaría de una operación, pero este tipo fue dominante lo que le tendría de baja entre mientras pudo jugar. Fue el 8 y 12 meses. Una eternidad. mejor pívot de su generación.” Teniendo en cuenta que sin él los Jeff Van Gundy Houston Rockets fueron capaces de alargar la serie ante Lakers “Fue un icono de este deporte. lo máximo posible, forzando un Yo no pude vivir la época de decisivo séptimo partido, quién Michael Jackson, ni la de Elvis sabe lo que habrían podido Presley, pero si tuviera que hacer de haber contado con el imaginármelo, creo que estar pívot chino durante todos los cerca de Yao debió ser similar a enfrentamientos. Una duda eso. Era grande. Todo el mundo legítima que habla muy bien del quería estar con él. Nos honró impacto de Yao, pero que también con su presencia en la NBA. Fue cubre de un halo pesimista el genial, de veras.” - Chuck Hayes final de su carrera. “Yao Ming es uno de los mejores Porque, desde ese punto en jugadores jamás salidos de China. adelante, la carrera de Yao Ming Una vez me estaba posteando, se no volvería a ser la misma. Tras dio la vuelta para lanzar un fadeperderse la temporada 2009- away, y a pesar de saltar todo 2010 al completo, volvería para lo alto que pude, ni me acerqué disputar unos pocos partidos a taponar su tiro. Entonces dije de la 2010-2011, pero incapaz a mí mismo ‘joder, este tío es de sobreponerse a los castigos alto’. En otra ocasión traté de de su cuerpo, terminaría enseñarle varios movimientos anunciando su retirada el 20 de de espaldas a canasta pero me julio de 2011. En una rueda de taponó el tiro como tres veces prensa multitudinaria el hijo del consecutivas. Ahí me di cuenta imperio milenario se despedía de que tenía que ponerme serio del baloncesto profesional para y probar otra cosa.” - Shaquille

O’Neal Recientemente fue seleccionado para ser incluido en el Hall of Fame, la mayor distinción que un jugador retirado puede recibir. Un sector de los aficionados criticaron la decisión basándose en el puro rendimiento baloncestístico, y aludiendo al hecho de que el mejor Yao fue un cometa fugaz que recorrió el cielo demasiado deprisa como para ser contemplado en su plenitud. Y tal vez no les falte razón. Pero el legado de Yao Ming va mucho más allá de lo meramente deportivo, un tópico que en su caso se cumple a rajatabla. ¿Cómo definirle desde un solo prisma? Imposible, su figura trasciende el baloncesto. Uno de los mejores pívots de los últimos quince años, un icono para China y para la selección nacional (portaría la bandera de su país en la inauguración de dos JJOO - 2004 y 2008), una mina para el marketing a todos los niveles, una contradicción cultural andante, un físico extraño y anómalo, una persona sencilla, alegre y trabajadora. Todas estas afirmaciones servirían para definirle. Y, sin embargo, queda la sensación de que su legado más valioso fue la capacidad de llegar a rincones reservados para unos pocos elegidos. Tal vez reservados sólo para él. Suya fue la verdadera Revolución Cultural.

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LA LEYENDA DEL SUPERMÁN NEGRO

QUE VOLABA EN FILIPINAS Texto: Jose Luis Martín @jolumarco41

El 4 de febrero de 2012 fue el día en que Jeremy Lin se dio a conocer al mundo. Aquella noche firmó 25 puntos en la victoria de los Knicks ante los Nets, en la que sería la primera de una serie de actuaciones memorables que asombraron a la NBA y que fueron motivo de espacios en informativos de todo el planeta. Sin apenas oportunidades, fue fichado temporalmente por unos Knicks que habían perdido 11 de sus últimos 13 partidos disputados. A esos 25 puntos ante los Nets se sumaron 28 a los Jazz, 23 a Wizards, 38 a Lakers, 20 a Wolves o 27 a Raptors, en una racha de 9 victorias consecutivas para los neoyorquinos. Salido de la nada, comentaristas y espectadores no paraban de decir que nunca habían presenciado nada igual en la NBA. Pero no era así. Tres décadas antes alguien había protagonizado un impacto semejante en la liga, otro jugador salido del mayor de los anonimatos y que sería idolatrado al otro lado del Océano Pacífico, en un lugar donde los lugareños le aclamaban al grito de “El Supermán negro”. Antes de Jeremy Lin hubo un chico salido de la zona más rural de Estados Unidos que alcanzó la fama demasiado pronto pero que no

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supo manejarla adecuadamente. Jackie MacMullam, colaboradora habitual de varios medios deportivos estadounidenses y especialista en baloncesto, al ver la irrupción de Jeremy Lin en aquellos días recordaba “No recuerdo nada semejante desde Billy Ray Bates”. El octavo de los nueve hijos de un matrimonio de agricultores, Billy Ray Bates vino al mundo el 31 de mayo de 1956 entre los campos de algodón de la pequeña localidad de Kosciusko, un lugar perdido en el Estado de Mississippi, donde los prejuicios de la gente hacia las personas de raza negra eran las leyes del territorio. Lo único de lo que él y su familia disponían era una pequeña choza sin luz ni agua caliente que el millonario para el que trabajaban les había dispuesto en su parcela. A la temprana edad de siete años sufrió la pérdida de su padre, víctima del alcohol, y él y sus hermanos tuvieron que recolectar algodón para sacar adelante a la familia. Su infancia fue lo más alejada a la de cualquier chico de su edad, recolectando soja, apiñando bloques de fertilizante y colgando troncos para los trabajadores de la madera. Bates, para escapar

de tanto sudor, se refugiaba en la cancha de su colegio para disfrutar con otro sudor, el que le proporcionaba el baloncesto. Le costaba muchísimo el poder leer frases completas pero no tenía ningún problema en realizar mates de todo tipo. El baloncesto se había convertido en su única alternativa para escapar del algodón y de un futuro ligado al alcoholismo, pero no tenía la preparación necesaria para sobrevivir en el mundo más allá del parquet. Porque, para entonces, Billy ya estaba abrazado a la bebida, trazando un camino muy similar al que había hecho su padre en el pasado. Sus habilidades en el Instituto no pasaron desapercibidas y le hicieron ganarse una beca universitaria para jugar en Kentucky State, una Universidad secundaria pero donde él podría labrarse un mejor futuro. Funcionó en la cancha, donde promedió más de 20 puntos en sus últimos dos años, pero no en las aulas, completando su curso académico siendo prácticamente un analfabeto. No había casi nada que no pudiese hacer en una cancha, pero a su manera, lo que le cerró las puertas de casi todo


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Fotografía: NBA

el baloncesto profesional al ser incapaz de asumir alguna regla o jugar en equipo. Si quería hacer un mate, lo hacía; si quería lanzar desde 7 metros, lanzaba. Aún así y a pesar de sus escasos 1.90 metros de altura, los Rockets le eligieron en la tercera ronda del draft de 1978, aunque le negaron un contrato garantizado, con lo que las puertas de la NBA se le quedaban cerradas de momento. La alternativa vino de la mano de la CBA en los Maine Lumberjacks, un equipo recién creado aquel año donde Bates encontró su hábitat natural. Jugando en el Auditorium de la ciudad de Bangor ante poco más de 5.000 personas, fue el

máximo anotador, Rookie del Año y Campeón del Concurso de mates que se celebró en Rochester. En un equipo que acabaría la temporada último de su División con un récord de 17-30, Bates empezó a escribir los primeros capítulos de su novela personal. Al margen de romper varios tableros tras salvajes mates, fue suspendido un partido tras lanzar el balón a la cabeza de un árbitro y dejarle inconsciente tras haberle pitado pasos en un choque contra los Rochester Zeniths.

años antes había asombrado al país al ganar el anillo ante los poderosos 76ers. Asolados por las lesiones y sin Bill Walton en la plantilla, se estaban acercando peligrosamente al fondo de la Conferencia Oeste con un récord de 28-34. Jack Ramsay se fijó en Bates como una solución razonable y temporal, firmándole un contrato de 10 días. Para Bates era cumplir el sueño de llegar a la NBA y abandonar una CBA de precarios contratos, interminables viajes en autobús y gradas casi vacías.

Por aquel entonces, los Blazers estaban en caída libre, muy lejos del equipo que tan solo dos

Relegado en un principio al fondo del banquillo de los Blazers, Bates debutó el 23 de

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febrero, anotando 2 puntos en los minutos de la basura de un partido que los Blazers ganaron por 20 a los Pistons. Tras dos partidos sin jugar, anotó 13 ante los Jazz, y encadenó una serie de partidos en los que no jugaba o bien aparecía cuando el partido estaba sentenciado. Harto de la marcha de su equipo, Ramsay le dio la oportunidad ante los Bucks a mediados de marzo, anotando 14 puntos en el último cuarto. La noche siguiente le metió 26 a los Bulls. Mientras que otros compañeros huían del balón y de la presión de jugarse los tiros decisivos, Billy no se escondía. Podía anotar una

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canasta desde larga distancia y en la siguiente jugada realizar un mate sobre el pívot contrario. En los últimos 8 partidos de la temporada promedia 14.3 puntos y los Blazers se clasifican milagrosamente para los playoffs. “No podía recordar las jugadas y hacía enfadar a Ramsay cada dos por tres”, recordaba su antiguo amigo Rick Barrett, “pero podía ganarte partidos”. Los playoffs les emparejaron ante los Supersonics de Seattle, actuales campeones, quienes habían ganado 56 partidos en la temporada. En el primero de la serie se va a los 29 puntos, anota

20 en la victoria que empata la serie (una canasta suya forzó la prórroga) y alcanza los 26 en la derrota definitiva del tercero, todos ellos ante Dennis Johnson, uno de los mejores defensores exteriores del campeonato. Carteles con la leyenda “Bates for President” se pueden ver en la grada del Memorial Coliseum. Su impacto al final de esa temporada le llevó a ganarse un contrato por tres años con los de Oregón, en lo que parecía ser el principio de una estabilidad en su vida y en su futuro. Tras su segunda temporada en Portland, es el cuarto anotador del equipo, con casi 14 puntos de media en


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77 partidos, y los Blazers acaban con un récord de 45-37, lo que les lleva a enfrentarse con los Kansas City Kings en playoffs. Bates, quien en el último partido de la temporada regular había endosado 40 puntos a los Clippers, anota 25, 26 y 34 puntos en los tres partidos de la serie (28.3 puntos de media, récord aún vigente en la historia de los Blazers). Se había convertido en el favorito de la afición debido a sus mates y a la energía que desplegaba en su juego, pero Billy seguía siendo un alma solitaria. Sus compañeros se quedaban con la boca abierta cuando les hablaba de su juventud en Mississippi y, aparte de seguir abrazado al alcohol, había empezado a entablar una amistad con las drogas. En una cena con su compañero de equipo, Calvin Natt, éste le contó que él también procedía de Mississippi, e inmediatamente Billy le pregunto si se había criado también comiendo ardillas y zarigüeyas. En su tercera temporada bebía a diario, esnifaba cocaína y llegaba tarde a entrenamientos y partidos con tremendas resacas, por lo que fue finalmente cortado por los Blazers. Tras ir a rehabilitación tuvo unas brevísimas apariciones con Bullets y Lakers, acabando sus días en la NBA con 26 años en 1983. En aquellos breves tres años promedió 11.7 puntos y un 47% de acierto en temporada regular y 26.7 puntos y 54.5% de acierto en playoffs.

donde poder seguir jugando sin necesidad de dejar la botella, y ese lugar lo encontró al otro lado del Pacífico, en la modesta Liga de Filipinas, un lugar donde habría podido promediar 30 puntos por noche completamente borracho. El campeonato filipino había nacido en 1975, un campeonato amateur, donde los equipos llevaban los nombres de los sponsors comerciales y las canchas eran alquiladas a lo largo de todo el país. Los Crispa Redmanizers, el equipo dominante de la Liga, ofreció a Bates un contrato para la temporada 83-84, con lo que hizo las maletas y se presentó allí dispuesto a asombrar a los nativos en las canchas y en los bares, viviendo como un Calígula del siglo XX.

En su primer partido, ante los Great Taste Coffee, se fue hasta los 64 puntos, en una combinación de mates, penetraciones y lanzamientos desde todas las distancias. Su leyenda en las Filipinas había nacido. Allí pudo dar rienda suelta a todos sus hábitos autodestructivos, siendo adorado por un país que le veía promediar casi 50 puntos por noche. Y eso que en sus inicios intentó no llevar ese camino, ya que había aterrizado recién salido de la rehabilitación, pero muchas de sus primeras entrevistas en las Filipinas acababan bebiendo unas cervezas con los periodistas. “Ya no tengo problemas con la bebida, gracias a Dios”, respondía, “pero estoy Después de pasar por otro centro solo y no sé por qué no puedo de rehabilitación en Phoenix y tomarme una cerveza. Tengo el por ligas menores, buscó un lugar completo control de mi cuerpo

y no tengo cajas de cerveza en casa. Solamente es tomar algo con los amigos”. Pero en un país donde las victorias eran celebradas entre tabaco y algunos tragos, Bates batía todos los registros. Philip Cezar, antiguo compañero suyo, recordaba que mientras los demás bebían cerveza, él apuraba el whisky. Otro excompañero, Atoy Co, descubrió una botella que Bates llevaba consigo a los entrenamientos, con un extraño color para ser una bebida deportiva. Cuando logró cogerla en un descuido de Bates y tomar un sorbo, su garganta sintió la quemazón del Johnnie Walker. Al alcohol se sumaban las compañías femeninas, con tres o cuatro chicas diferentes cada noche a las que regalaba fajos de billetes. Su entrenador y presidente contrataron a conductores y guardaespaldas para asegurarse de que Bates estuviese en casa alejado de la vida nocturna, pero éste los sobornaba para escaparse en taxis de manera clandestina camino de los locales de moda. Pronto se ganó el apodo de “Black Superman” entre los aficionados, gracias a la manera en que atacaba el aro y suspenderse en el aire más tiempo que los demás jugadores, pero su habilidad para recuperarse de sus resacas era más propia de un superhéroe que sus habilidades en la cancha. Anotó 50 puntos en un partido cuando unas horas antes fue visto salir de un local a las 7 de la mañana, fue expulsado de un local de striptease tras

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haberse visto implicado en una pelea donde volaron botellas y ceniceros y su entrenador intentó hacerle recapacitar ofreciéndole un plus económico si llegaba a jugar sin superar los 95 kgs.

de botar el balón. Aún hoy hay WBL estadounidense antes de jóvenes suizas que aseguran ser dejarlo definitivamente. Lo que hijas suyas y reclaman ponerse no dejó atrás fueron sus excesos. en contacto con él. Su descenso definitivo a los En 96 partidos en la PBA infiernos llegó en 1998 cuando, promedió 46.2 puntos, 12.4 arruinado y bajo los efectos del rebotes y 5.7 asistencias, siendo vodka, atracó una gasolinera nombrado el Mejor Extranjero Texaco en New Jersey a punta de la Liga y ganando varios de navaja, hiriendo en la oreja campeonatos. En Filipinas se al dependiente. Al ser arrestado, había convertido en el héroe la policía encontró 7 dólares en que todos los nativos querían sus bolsillos. Fue condenado ser, curiosamente el tipo de a 7 años de prisión, de los que ejemplo menos apropiado para cumplió casi 5, pero regresó poco los jóvenes atletas emergentes, después por posesión de drogas. un tipo arrogante con un modo Salió de ella en 2008, cumplidos de vida salvaje “La única manera los 51 años. Intentó rehabilitarse que tenían de poder pararme y consiguió algunos trabajos era atarme la mano derecha a la precarios, e incluso parecía que pierna”. Pero todos esos excesos su vida se encauzaba cuando iban a pasarle factura en 1988, regresó a Filipinas en 2011 tras jugando con los Añejo Rum y ser elegido miembro del Hall con 32 años de edad no estaba of Fame de la Liga y aceptar un dispuesto a aceptar las súplicas trabajo como entrenador de los de su entrenador de no excederse Philippines Patriots. Pero no fue en la vida nocturna de Manila. así.

Cuando llegó a sus oídos que los comentaristas le llamaban “Black Superman” empezó a presentarse a los partidos con una capa a su espalda y a hacer mates en los calentamientos. Fue uno de los primeros jugadores en usar una cinta en la cabeza e incluso una marca de zapatillas local, Grosby, lanzó al mercado un par de zapatillas con su nombre. “Esa gente me amaba”, recordaba Bates, “Allí era como Michael Jordan. Podía tener todo lo que quisiera. Lo único que tenía que hacer era chasquear los dedos. Tenía mi propio apartamento, mi propio coche y mi propio guardaespaldas con un Uzi (subfusil de asalto). Tenía que quitarme a las mujeres de encima”. Después de los cuatro primeros partidos de la temporada, Entre medias, encontró un acabados con otras tantas contrato temporal en el modesto derrotas, fue cortado junto a Friburgo suizo en la temporada su compañero Kevin Gamble, 85-86. En la segunda ronda de después de anotar tan solo 17 la Copa de Europa de aquella puntos en su último partido, temporada se tuvieron que arrastrando su cuerpo por la enfrentar a doble partido al Real pista e incapaz de superar a Madrid de Martín, Corbalán y rivales más jóvenes. Unos días compañía. En la ida anotó 22 después, llamó por teléfono a puntos. En la vuelta, en el antiguo las 2 de la mañana desde una Pabellón de la Ciudad Deportiva, discoteca al manager de otro se soltó con 40, marchándose equipo pidiéndole una nueva bajo la ovación del público oportunidad. Borracho y sin madridista. Minutos antes, poder entender una sola palabra corriendo con el balón en pleno con todo el ruido de fondo, oyó el contraataque, había perdido la sonido del teléfono al ser colgado. cinta del pelo, retrocediendo tras Deambuló algunas temporadas sus pasos para recogerla sin dejar más por México, Uruguay y la

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Duró unas semanas tras ser despedido por mala conducta y chantaje a sus jugadores y en unos meses en la isla le dio tiempo a dejar sin pagar su apartamento y lanzar piedras a una limusina al amanecer de una gran borrachera. La propia Liga tuvo que pagarle su billete de vuelta a Estados Unidos con la esperanza de no volver a verle más. Tristemente su vida es el ejemplo del modo de vida de muchos de los profesionales actuales que piensan que el mundo está en sus manos como lo está la pelota de baloncesto. El último capítulo en la vida de Billy Ray Bates aún está por escribirse.


DOS PRIMEROS Y TRES SEGUNDOS

EN ZONA CON.... por CHEMA PIZARRO @ch

emapizca

En Orlando, Miami, Los Ángeles, Phoenix y Boston dejó su impronta de 5 bestial (y algún que otro tablero roto). Con cuatro anillos, quince películas y cinco discos en su haber, mantenemos una charla con Shaquille O’Neal, el rapero, el actor, el MVP. P: Siendo usted de New Jersey, ¿le suena el Ministro Soria? R:¿El de Gabinete Caligari? Me encantan, unos raperos espléndidos. Cambiemos de tema. ¿Los tiros libres...? Usted lo ha dicho: CAMBIEMOS DE TEMA Casi llega al nivel de Wilt Chamberlain Nadie fallaba los tiros libres como él. ¿Y los triples...? Una vez metí uno, CAMBIEMOS DE TEMA HE DICHO. Es curioso que haya llevado los dorsales 32, 33, 34 y 36. ¿Por qué no el 35? ¡¡¡POR EL CUL...!!! ¡¡¡Ya entiendo, ya entiendo!!! Otro que picó ¿Cuál es su mejor recuerdo de la etapa universitaria? Los botellones, sin duda. Allí ponía menos tapones que los que quitaba. 17 tapones puso en Mississippi, récord universitario. Pues créame que, aun así, me miraban con mala cara los tíos. Formar parte del Salón de la Fama de la NCAA debe ser muy especial. No crea. Formar parte de un salón te hace sentir como un mueble. En el año 2000 se llevó el MVP de la NBA, el de las finales y el del All-Star Game. Muy pocos pueden decirlo. Pues usted lo ha dicho. No será tan difícil Lo que parece que no cuajó muy bien fue su dueto con Kobe Bryant Habladurías. Nos queríamos mucho. Yo le quería matar mucho, pisar la cabeza mucho, sacarle el corazón con una cuchara mucho... ¿Sintió algo especial el día de su retirada? ¿Cómo no? La gente de Boston en pie... El de la retirada de Kobe, quería decir Sentí que se retiraba muy tarde. Unos veinte años tarde. Compartir un MVP del All Star con él debe ser especial. No tanto. Este fin de semana le toca quedárselo a él y estoy en un sin vivir. Llegó a ser luchador en la WWE, ¿por qué lucha y no sumo? ¿Sumo? Pues sí. De sanahoria, por favor. Shaqfu, su videojuego. Shaqtin’ a fool, su sección en la tele. ¿Le queda algo por hacer? Moriré sin haberme bebido una Shaqcacola. Muchas gracias, Shaquille. Ha sido un placer. No puedo decir lo mismo.

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Skyhook#3  

Tercer número de nuestra revista de baloncesto para leer. Número correspondiente a abril de 2016

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