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ciudad HABLA UNA

QUE

Por Marta Orrantia*

A

lo mejor es la soledad. O el azar. O la fauna que vive allĂĄ. Lo cierto es que desde hace doscientos aĂąos, New York ha sido el hogar de muchos escritores importantes, ha sido su cuna, su lugar de trabajo y su fuente de inspiraciĂłn. Desde Walt Whitman hasta el aristocrĂĄtico Henry James, y desde Brooklyn hasta Manhattan, la ciudad ha dado un amplio espectro de literatos, poetas y leyendas. El siglo veinte no fue diferente. A medida que New York se convertĂ­a en una ciudad, ya no de inmigrantes pobres venidos de Italia, Inglaterra y Europa del Este sino de ricos y emprendedores visitantes, a medida que su importancia y su fama crecĂ­an, muchos escritores llegaron, atraĂ­dos a ella como abejas a la miel. Tal vez el mĂĄs importante fue Truman Capote, que a pesar de haber nacido en Nueva OrleĂĄns, decidiĂł radicarse en la costa este, en el norte, y convertir a New York en el escenario de sus obras. Capote, mĂĄs que muchos nativos, supo lo que era la “neoyorquinidadâ€?, GHĂ€QLyDODFODVHDOWDTXLVRVHUFRPRHOORV\ se les burlĂł, pero no saliĂł impune. Muchos de los que antes se decĂ­an sus amigos se sintieron traicionados cuando ĂŠl escribiĂł de ellos en sus novelas y le dieron la espalda.

Desde Walt Whitman hasta Paul Auster, y desde Brooklyn hasta Manhattan, New York ha dado un amplio espectro de literatos, poetas y leyendas. No ocurriĂł asĂ­ con otro inmigrante, esta vez nacido cerca, en Virginia. Su nombre es Tom Wolfe. Periodista y polĂŠmico escritor, Wolfe bautizĂł a las mujeres de clase alta neoyorquina FRPR´UDGLRJUDItDVVRFLDOHVÂľSRUTXHHVWDEDQWDQĂ DFDVGHYRPLWDUTXHVHOHVYHtDQORV huesos como si los hubieran puesto bajo los rayos X. Su sĂĄtira social llegĂł hasta escribir La hoguera de las vanidades, uno de los libros que mĂĄs furor hizo en Estados Unidos, gracias a su crĂ­tica descarnada de la sociedad estĂşpida y vacĂ­a de New York, que olvida con frecuencia que hay vida mĂĄs allĂĄ de la Quinta Avenida. Otro maravilloso escritor, igual o mĂĄs ĂĄcido que Wolfe, fue J. D. Salinger. El guardiĂĄn entre el centeno, una de las novelas mĂĄs impresionantes del siglo XX, estĂĄ llena de crĂ­tica, de humor, de esa acidez que lo caracterizĂł como escritor. Se dice que Salinger, que se recluyĂł durante muFKRVDxRVHQVXJUDQMDGH1HZ+DPSVKLUH\YLYLyFRPRXQHUPLWDxRWHQtDXQSUROtĂ&#x20AC;FRDOWHUHJR llamado Thomas Pynchon, un hombre del que sĂłlo se sabe que es (Âżera?) neoyorquino, pero en lugar de su foto, los libros traen una equis en la solapa. SegĂşn cuenta la leyenda, Pynchon â&#x20AC;&#x201C;que compartĂ­a con Salinger, ademĂĄs de una amistad, una fuerte fobia socialâ&#x20AC;&#x201C; trabajĂł en la Boeing, aunque no existen registros de su paso por ahĂ­, y prestĂł el servicio militar, donde misteriosamente su expediente se quemĂł. Su obra mĂĄs importante es El arcoĂ­ris de la gravedad, aunque Mason & Dixon (1997), ambientada, como la anterior, en Londres, tambiĂŠn fue muy aplaudida. Los escritores no han dejado de aparecer. No han dejado de cambiar sus temĂĄticas, tampoco, conforme cambia el mundo y a medida que la ciudad va evolucionando. Citar escritores neoyorquinos famosos es una tarea larga, porque son tantos y tan variados sus temas que resultarĂ­a imposible agruparlos bajo un mismo estilo, como se hizo hace ya muchos aĂąos con otros estadounidenses, los de la generaciĂłn perdida, o los escritores beat californianos. 7DOYH]SRUTXH1HZ<RUNHVWRGR\QRHVQDGD$TXtFRQĂ X\HQWDQWDVQDFLRQDOLGDGHVKD\ tanta libertad, hay tanto individualismo que hablar de una tendencia resulta un poco ridĂ­culo. 6LQHPEDUJRH[LVWHQHVFULWRUHVTXHUHĂ HMDQSRUORPHQRVHQDOJRORTXHVHYLYHHQVXFLXGDG

*Marta Orrantia, periodista y escritora. FundĂł y fue editora de las revistas Jet Set, Gatopardo y Rolling Stone. Enamorada de New York desde hace 25 aĂąos.


New York Literatura

Mario Puzo, por ejemplo, no podrĂ­a haber nacido en otro lugar que en Manhattan. Su obra, mĂĄs DOOiGHODWHPiWLFDPDĂ&#x20AC;RVDHVXQDUHFRQVWUXFFLyQPHWLFXORVDGHODVIDPLOLDVGHLQPLJUDQWHVHVWD YH]LWDOLDQRVGHORVEDUULRVORVYHFLQRV\ORTXHVLJQLĂ&#x20AC;FDEDFUHFHUHQORTXHORVHVWDGRXQLGHQVHV apropiadamente han llamado Little Italy. Esa New York de gueto es lo que han rescatado los escritores nuevos. Paul Auster, si bien no habla siempre de la temĂĄtica urbana, en Ciudad de cristal o La trilogĂ­a de New YorkHQIUHQWD sus demonios en las calles de su ciudad natal, que narra como pocos de sus contemporĂĄneos. Otro escritor neoyorquino hasta la mĂŠdula es Johnathan Lethem, cuya obra tiene el sabor de los projects (las viviendas de interĂŠs social) de Brooklyn, y narra en libros magistrales como La fortaleza de la soledadODLQIDQFLDVLQSULYLOHJLRVGHXQRVFKLFRVFRQGHQDGRVGHVGHTXHQDFLHURQ DXQPXQGRGHGURJDVDEXVR\SRFDIDQWDVtD 4XL]iVHO~OWLPRUHĂ HMRGHODFXOWXUDQHR\RUTXLQDQRYHQJDGHXQQDWLYRGHODFLXGDGVLQR GHXQLQPLJUDQWH6XQRPEUHHV-XQRW'tD]1DFLyHQ5HS~EOLFD'RPLQLFDQD\VXVSDGUHV OROOHYDURQPX\SHTXHxRDYLYLUD1HZ<RUNGRQGHTXHGyLQPHUVRHQHVDFXOWXUDGHOspanglishHQHOFDRVGH4XHHQV'tD]JDQyKDFHXQSDUGHDxRVHOSUHPLR3XOLW]HUFRQThe brief wondrous life of Oscar Wao (La maravillosa vida breve de Oscar Wao), una de las primeras novelas escritas en el argot de los inmigrantes latinos y la Ăşnica que ha llegado tan lejos en los codiciados premios.

Ya New York no se escandaliza como lo hacĂ­a con las obscenidades de Whitman. No sueĂąa como lo hacĂ­a con las ĂŠpicas de Herman Melville o las leyendas de Washington Irving (ambos nativos de la ciudad). Ahora ha mostrado ese lado sucio, desangelado, violento y pobre. Ha mirado hacia adentro, no hacia Londres como lo hicieron James y posteriormente Pynchon, sino hacia su ombligo, y en ĂŠl ha descubierto PXFKDPiVULTXH]DTXHDIXHUD 1HZ<RUNHVHOFDOGHURGRQGHODLQĂ&#x20AC;QLGDGGH FXOWXUDV\ORVPLOHVGHDQyQLPRVTXHYLHQHQGH otros lugares del mundo encuentran una voz de la que pueden sentirse orgullosos. Los escritores de hoy relatan sin vergĂźenza quiĂŠnes son los neoyorquinos y nos enseĂąan quĂŠ es lo que hace de esta ciudad un lugar tan rico, no VyORHQFXOWXUDVVLQRHQODOLWHUDWXUD

Paul Auster

Foto: polaris/otherimages

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Literatura