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CERRAMOS LOS OJOS A LA REALIDAD

Noelia García Pueyo


Capítulo: 1 Hola, me llamo Nayat, la historia que os voy a contar pasó cuando yo tan solo tenía 12 años. Desde aquella época donde vivíamos en una ciudad maravillosa y ejemplar, donde cristianos y musulmanes se respetaban y las mujeres tenían los mismos derechos a educación y tránsito que los varones, las cosas ya no son lo mismo, es triste pero es la realidad de hoy en día haber nacido en Siria. Yo vivía en un pueblo de la ciudad de Raqqa, en Siria. En aquella época mis hermanos tenían 17 y 20 años, eran altos y morenos, me llevaba muy bien con ellos, soy la pequeña y la única chica así que bueno, pues era un poco la consentida. Mi hermano de 17 años, llamado Abdú estudiaba, estaba haciendo bachillerato y el otro llamado Faruq trabajaba con mi padre en la obra. Así que como podréis comprender trabajando en la obra pues nosotros éramos una familia honrada y humilde, teníamos suficiente dinero para sobrevivir y darnos algún capricho. Yo iba al colegio, me gustaba mucho ir, me lo pasaba bien y sacaba muy buenas notas, allí me veía con Khaled, que era mi mejor amigo. Khaled tiene mi edad, siempre llevaba una gorra blanca, le resaltaba mucho porque él era muy morenito, en clase se la hacían quitar. Él provenía de una familia humilde como yo y vivía cerca de mi casa con sus padres. Cuando cumplí los 12 años, mi padre me dijo: -Hija, ya te estas haciendo mayor y por eso es mejor que no te sigas viendo con Khaled, ya que la gente puede malpensar... -Papá, no es justo, yo seguiré yendo con Khaled.. Mi padre me miró con cara de enfadado y me dijo: -No irás con él y punto. Cuando me miró así yo ya supe que no debía ir con él, pero no le hice caso, mi padre era muy bueno pero cuando no le parecía bien algo te lo decía claro. Al día siguiente llegué al colegio y como todos los días, Khaled vino a saludarme, yo no le rechacé, entonces le conté lo que me dijo mi padre, él se lo tomó a risa ya que pensaba que lo diría a broma.


Quedamos en que nos veríamos en el colegio y en la calle en secreto. Yo ya me estaba haciendo mayor, mis padres me propusieron en que me pusiera un velo, pero yo me negué, ellos lo dejaron pasar.. Al dia siguiente yo estaba muy enfadada, por todo este cúmulo de cosas, según mis padres porque me estaba haciendo mayor, así que cuando iba andando al colegio, y en la puerta como todos los días me estaba esperando Khaled, a lo lejos le señale con la mano que viniera, él vino y me dijo: -¿Que haces? ¿Dónde quieres ir? Yo no le contesté, él enseguida me vio mala cara y que estaba entristecida así que sin preguntar más me siguió. Nos fuimos a un pequeño parque, yo estaba enfadada por lo que me habían dicho mis papas. Yo era buena pero también tenía mis puntos de rebeldía. Khaled empezó a hacer tonterías para animarme y al final lo consiguió. Caminando y caminando por una calle pasamos por un quiosco, entramos, había chucherías y al verlas nos entró unas ganas de comerlas, como no teníamos nada de dinero yo cogí un puñado y me las metí en el bolsillo de la chaqueta, Khaled me vio y hizo lo mismo, nos miramos y sonreímos. Cuando las robamos, el señor de la tienda se dio cuenta pero como era bastante mayor nosotros salimos corriendo riéndonos sin mirar atrás, él salió a la calle y empezó a gritar como un loco. Nos aprovechamos de la situación porque el quiosquero tenía una cierta edad. Nos sentamos en un banco a comer las chucherías, me acuerdo perfectamente de aquel día fue uno de los más bonitos de mi vida, allí en Siria. Cuando fue casi la hora de salir del colegio, nos fuimos a casa, mis padres no se enteraron de nada. Aquel día me hablaron en serio. Querían que me pusiera el velo, lo dijeron tan serios que me lo tuve que poner, aunque les rechisté no me hicieron caso, pero cuando iba al colegio o salía a la calle, sin que ellos me vieran yo me lo quitaba, me consideraba demasiado pequeña para ponérmelo, pero mis padres eran muy religiosos, aunque mi padre no era muy machista era así y decía que había que ponérselo y que yo ya tenía la edad adecuada para usarlo, yo lo consideraba una tontería... Aquellos días como me vieron tan enfadada, me hacían gracias y me daban todo lo que yo quería… me decían que era de prueba para que me vaya acostumbrando que alguna vez me lo podía quitar... Mi hermano Faruq en cambio no era así, él también consideraba que no tenía la edad adecuada para usarlo y que


tenía que esperar un poco más, por eso con él tenía una relación de hermano a hermana especial, nos entendiamos muy bien y nos queríamos mucho. El al principio se interpuso y le dijo que me lo quitara, pero mi padre era mi padre y teníamos que hacer lo que él quisiera, así nos crió, a no faltarle nunca el respeto, pero ese día Faruq se pasó un poco y tuvo una fuerte discusión con él, Faruq y mi padre chocaban mucho tenían pensamientos distintos y caracteres muy fuertes. Con Abdu yo también tenía buena relación pero él siempre hacía lo que decían mis padres sin reclamarles nada y tenía otra mentalidad distinta, bueno como la de mi padre. Así que cuando discutió con él se fue y no se quedó a casa a dormir, me dijo que se iba a casa de un amigo. Yo estaba preocupada ya que todo había comenzado por mí, por no hacer lo que me decían sin rechistar aunque no me gustara. Le dije que no se enfadara y que no se fuera, que se perdonara con papá. Pero él no me hizo caso y dándome un beso se despidió de mí y de mi madre. Abdú no estaba en aquel momento en casa así que de él no se pudo despedir..

Capítulo: 2 Un día, estábamos cenando en casa y de repente oímos muchos gritos, ruido... Era la gente del pueblo que harta de la pobreza, de la violación de derechos humanos, desigualdad y corrupción, decidieron protestar, sentían que el gobierno se estaba aprovechando de ellos. Ya llevaban días con estas protestas, así que tampoco nos asustamos tanto,eran unos “muchos” que pedían a unos “pocos” un sistema más igualitario, pero aquel día lo cambió todo, no sé si todo aquello mereció la pena, el régimen de Bashar al Asad sintió que la población protestaba cada vez más fuerte contra más de cuatro décadas de dictadura. El régimen Bashar al Asad, hartos de las protestas decidieron revolverse y así que mandó a atacar a la población… La población lejos de conseguir su fin, estas primeras demandas de justicia prendieron mecha cuando fueron acalladas violentamente por el gobierno sirio. Todo aquello fue un caos, mi hermano Faruq aquel día no estaba en casa, ya que se fue por la fuerte discusión con mi padre y nosotros preocupados, estábamos


esperando a que llegase, no salimos de casa ya que la gente estaba llena de sangre, mal herida… Al cabo de un rato llegó, casi ni lo reconocimos porque tenía la cara llena de sangre, con heridas, moratones.. al verlo así, se nos cayó el alma al suelo. Nada más llegar lo ayudamos y le limpiamos la cara, nos contó lo sucedido y nos dijo que aquello iba a acabar muy mal… Así fue. Todo aquello cada vez iba a peor, pero tampoco nos imaginábamos que iba a acabar como acabó... Al día siguiente de lo sucedido todo aquel asunto se tranquilizó un poco, así que por si acaso mis padre me dijeron que no fuese al colegio hasta el día siguiente. Cuando llegó el día, como siempre fuí al colegio, hacía bastantes días que no veía a Khaled y me preguntaba que cómo estaría, si le habría pasado algo, lo espere donde siempre, tardaba mucho así que lo espere un poco más pero después de un rato y ver que no llegaba me fuí. Justamente aquel día le di gracias a Dios de que no hubiese venido Khaled a la escuela, ya que lo sucedido pasó en su clase, estábamos dando clase cuando de repente una bomba cayó en el colegio afortunadamente no en mi clase, pero si afectó en nuestra clase… ese día puede considerarse el principio de todo y de lo que todavía sigue... Yo estaba asustada, con mucho dolor, pero sobre todo mucho dolor en una de mis manos, me veía sangre por todo el cuerpo, veía a los niños tirados gritando y llorando, hasta que por fin oí a aquella ambulancia que me llevó al hospital. Todavía me acuerdo de los llantos de mis padres y mis hermanos cuando llegaron al hospital, estaban atemorizados, no se lo podían creer, bueno nadie se lo podía creer, nadie pensaba que una revuelta social podía llegar a este límite. Al oírlos me desperté enseguida, asustada, les dije: -¿Qué ha pasado, mamá, papá?. No me acuerdo de casi nada, lo último que recuerdo es que de repente oímos un gran ruido y que después me vi toda ensangrentada... Ellos sin escucharme casi, se me lanzaron a darme un abrazo. Intentando tranquilizarme me dijeron: -Tranquila hija no pasa nada, esta todo bien.. sólo ha sido un susto. Yo, afortunadamente, estaba bien no me había pasado nada grave a diferencia de otros, yo tuve suerte, aparte de heridas, alguna grave, y moratones, me quedé sin


dos de mis dedos, que los médicos enseguida vendaron y por suerte en aquel momento no me vi la mano. Estuve dos días ingresada y después fuimos a casa. Mi familia no se separó ni un minuto de mí. Al salir a la calle no nos podíamos creer cómo estaba todo aquello, casas derrumbadas, heridos tirados por calle, ambulancias intentado ayudar, comida tirada por los suelos, incluso hasta muertos.. Hoy en día me doy cuenta de lo afortunada que fui y que soy. Ya no solo eran peleas y disparos, sino que aquello llegó al extremo de bombardeos, la gente asustada no sabía cómo reaccionar. Nadie salía de casa por miedo y los que estaban fuera, estaban tirados heridos o directamente muertos. Y claro pues entonces en los supermercados no vendían, ni en las farmacias… no había gente para vender. Los hospitales estaban desbordados, los bombardeos y ataques habían causado muchos heridos y también algunos muertes, por suerte de mi familia no murió nadie en aquel momento. Ya, cuando la gente llegaba a la desesperación, salía a robar a las tiendas o a coger lo que encontraran... no había otro remedio. Nosotros estuvimos en casa hasta que ya no hubo nada para comer, ya que las bombas seguían, cada día era una lucha para que una no cayera en tu casa. Un día por la desesperación mis padres tuvieron que hacerlo, tuvieron que salir a robar comida de los supermercado o a coger lo que encontraran por las calles, aunque todo aquello seguía; las bombas.. Ellos salieron, me acuerdo perfectamente de aquel día, yo llorando les rogué que no, que no lo hicieran, pero bueno no había otra opción, era jugársela y conseguir comida o morir directamente. Así que salieron, nos dijeron que irían a la tienda más cercana, a dos calles de mi casa. Después de un buen rato ellos tardaban, estábamos preocupados, no venían… nos dijeron que no saldríamos de casa, pero dada la desesperación mi hermano mayor, Faruq, tuvo que salir, lo hizo sin que nos diéramos cuenta. Al rato volvió, con la cara triste, no nos dijo nada. Yo y Abdú le preguntamos por nuestros papás, él no nos contestaba, nosotros nos imaginábamos lo sucedido, al cabo de un rato decidió contárselo a Abdú, mientras se lo contaba, yo escuchaba sin que ellos me vieran detrás de la puerta y bueno pues escuché lo que era de esperar. La tienda explotó, mis padres debían estar hay y como que no llegaban pues supusimos que habían muerto. Antes de todo, salimos a la calle a buscarlos


arriesgándonos a morir, buscamos por todo pero no estaban, fuimos hasta la tienda pero estaba todo derrumbado y gritando les llamábamos, no pudimos ver nada y nadie contestaba, también levantamos algún ladrillo con la esperanza de verlos vivos pero como se oían tiroteos nos marchamos a casa. No nos quedaba otro remedio que irnos nosotros solos, a pesar de la pena que teníamos encima y del dolor, no había otra opción dada la situación y todos los muertos que veíamos tirados en la calle. Por si acaso, nos quedamos dos días más en casa, comimos lo poco que había y alguna vez mis hermanos salían y cogian lo que encontraban por la calle, ya que desde que explotó la tienda muchos alimentos fueron esparcidos. Desgraciadamente no supimos del todo cierto lo que les pasó a mis padres, pero sí explotó la tienda a la que fueron y no venían hace dos días que podíamos hacer o pensar... Cada día era peor estar allí, cada vez las bombas caían más cerca y cada vez lanzában más. Así que teníamos que huir, yo aunque no lo haya mencionado siempre estaba pensando en Khaled, me decía yo misma: -¿Estará bien? ¿Le habrá pasado algo? Pero con lo sucedido, respecto a mis padres, él se me fue un poco mi mente… Mis hermanos me dijeron: -Nayat coge todas tus cosas, nos tenemos que ir. -Donde vamos, ¿no conocemos más lugares? -Por eso no te preocupes cariño. Yo les rogué: -Por favor, tetes, podemos ir a buscar a Khaled, no sé nada de él desde que ha pasado todo esto. -Lo siento Nayat no podemos, nos arriesgaríamos mucho y él seguramente ya se habrá ido con su familia. Estaba destrozada, todo aquello había sido un golpe muy duro, la muerte de mis padres no la pude superar, ellos eran un pilar muy fuerte para mí y de repente no estaban… Cogimos nuestras pertenencias y también algo de valor, como joyas y algo de dinero que había, ya que si queríamos huir había que pagar, nada en esta vida es gratis y ahora es cuando de verdad me estoy dando cuenta. Había policías en nuestra calle en ese momento, así que apagamos la luz y nos escondimos, por si


acaso decidían entrar, después de una hora o así salimos, ya no había nadie, abrimos la puerta, mis hermanos me cogieron de la mano y salimos corriendo.

Capítulo: 3 Nuestro destino era Europa. Nosotros corríamos, todo aquello era un caos, no sabíamos si parar a ayudar a la gente o seguir adelante, preferimos huir porque se oían bombas… miramos a ver si estaba nuestro coche, gracias a Dios si que estaba, nos subimos a él y sin mirar atrás nos fuimos, queríamos llegar a Túrquia. Fue complicado, la situación no era fácil, había muchos destrozos y policías por allí rondando. Teníamos miedo tanto yo como mis hermanos mayores, se lo notaba en sus ojos que eran oscuros como el café. La policía nos miraba, nosotros disimulamos como podíamos, pero nos pararon y con un gran desprecio que reflejaba su rostro, nos dijeron: -¿Dónde vais? -A buscar comida -contestó Faruq- no tenemos nada para comer. Sin decir nada más nos dejaron ir, tuvimos gran suerte. Nunca había pasado más miedo en mi vida, mis hermanos me cuidaban mucho pero yo les notaba el miedo, sería muy distinto si estuvieran mis padres. En ese momento no sé porqué pero les eché muchísimo de menos. Después de tantas horas en coche, después de tanto miedo... por fin llegamos al lugar deseado, tardamos casi unas 15 horas en llegar a Esmirna, ya que casi no paramos para descansar, lo mejor era llegar cuanto antes. Una vez allí no sabíamos qué hacer, a quien buscar o donde ir… fuimos ahí porque estaba más cerca de Grecia.


Pero bueno al fin y al cabo estábamos contentos de estar en Túrquia, bueno dentro de lo que cabe. En Siria no estábamos seguros, allí todo había terminado para nosotros. Había mucha gente que había huído de nuestro país para venir aquí. Encontramos bastantes sirios pidiendo ayuda, nos pusimos a hablar con ellos ante la desesperación, no sabían qué hacer, hasta que cuando un hombre que estaba mirando la situación vino y nos dijo: -Yo os puedo ayudar, pero el precio que tendréis que pagar no es barato. La gente se empezó a alegrarse tenían esperanza. Mucha gente decía: -¿Cuánto hay que pagar?, ayúdanos por favor nuestro país está en guerra no podemos volver, moriremos. Decía el hombre: -Tranquilos, tranquilos, yo os ayudaré. ¿Vosotros queréis llegar a Europa, no? -Sí, sí, allí hay esperanza. -Pues yo en barcas os llevaré allí y una vez en Europa os buscáis la vida como podáis. -¿Que precio hay que pagar por nuestra libertad? -decía uno que pertenecía a aquel grupo. -Pues, unos 250 euros por persona... pensar que después de esto seréis libres, tendréis una vida feliz. La gente lloraba, no sabían qué hacer, no tenían tanto dinero para pagar o eran familias numerosas y no podían cruzar todos. Mis hermanos se decían entre ellos que este hombre trabajaría seguramente en mafias, aprovechándose de la situación de los más desesperados, en este caso nosotros. Contamos el dinero, no teníamos lo suficiente, a no ser que aceptará las joyas. Hablamos con él, Faruq le dijo: -Tenemos este dinero que llegaría para pagar a dos de nosotros y también tenemos estas joyas, ¿aceptarías esto por los tres? Él dijo: -No, lo siento, pero no, aparte de que no aceptó joyas, esto no llega para pagar todo lo de los tres, así que no, me dais dinero o nada.. En aquel momento a él ya se le quitó esa cara de buena persona que tenía por otra de avaricia.


Mi hermano Faruq decidió que él se quedaría hasta que consiguiera dinero, mientras que a nosotros nos enviaría a Europa. Abdu ya era lo suficiente mayor como para cuidar de mí, así lo pensó Faruq y acertó. Faruq le pagó a aquel hombre el dinero, para nosotros dos, nos acompañó hasta Esmirna una ciudad de Túrquia, muy próxima al mar Egeo que fue de dónde partimos. Al llegar allí bajamos del coche y vimos bastante personas, siria por supuesto, mi hermano al ver a tanta gente se fio más. Me encantó llegar a aquella playa, la del mar Egeo, allí estábamos esperando, yo me quería meter al agua pero no hacía buen tiempo. Nuestras pertenencias, bueno algo de ropa y poco más la tuvimos que dejar, no nos dejaban llevarlas porque era la maleta muy grande y no dejaban llevar nada que ocupase mucho, bueno lo único que sí pudimos llevar fue las joyas y una foto de mis padres que cogí de casa. Allí estábamos, cuando de repente vi que el viento dejó caer una gorra en el suelo; aquella gorra me sonaba conocida, no lo podía creer, yo pensaba que era de Khaled y deseaba que fuera la de él, salí corriendo y me metí entre aquel grupo de gente, que además era bastante. Yo deseaba que fuera él, desde todo aquello que pasó ya no lo volví a ver más, hasta que aquel día por sorpresa de los dos nos vimos. Lo encontré enfrente de mí, mientras él estaba buscando su gorra, que con aquel aire que hacía ese día se le había volado, él me vio con ella en mi mano, vino corriendo a darme un abrazo. Nos dimos un beso en la mejilla y nos contamos todo lo sucedido. Él me dijo: -Cuando la gente empezó a protestar y el gobierno empezó a atacar, mi familia decidió ir a otra casa que teníamos en un pueblo cercano, pero después todo fue peor, todo aquello se convirtió en una guerra, todo llegó mucho más lejos y se expandió por todo Siria y mis padres decidieron huir lejos, hasta Europa. Mis hermanos me miraban a lo lejos, ya que salimos de entre toda la gente, ellos ya sabían quién era Khaled y cuando vieron a su familia se acercaron y se pusieron a hablar con ella, le contaron lo sucedido, que nuestros padres murieron y que ahora Faruq no podía viajar porque no teníamos el dinero suficiente. Ellos enseguida se ofrecieron para dejarle el dinero para viajar, ya que solo tenían un hijo, Khaled, y no habían tenido tanto gasto, todavía les había sobrado dinero para prestárselo a Faruq. Él lo aceptó era la mejor opción. Llegó la hora de embarcar, había mucha gente y pocas barcas, yo creía que no íbamos a caber, cupimos pero no era de extrañar que alguien se cayera ya que


estábamos muy apretados, nuestro lugar de llegada era Grecia. Ese día hacía aire, empezamos a subir a los botes, nosotros subimos todos juntos mis hermanos, Khaled, sus padres y yo. Nos dejaron solos, nadie de la mafia subió con nosotros, nos dieron remos para no desorientarnos, ya que había pocos kilómetros de Esmirna a Grecia. Las barcas se movían fuertemente, teníamos miedo, y todavía yo tuve más cuando ya estábamos muy adentro del mar vi que algunas personas caían al agua por los fuertes oleajes, nosotros les ayudamos a subir pero algunas llegaron hasta a morir, no pudimos salvar sus vidas, porque la mar estaba un poco revuelta y enseguida el agua se los tragaba mar adentro, pero por suerte otras personas si consiguieron subir. En las barcas había todo tipo de personas, niños pequeños incluso hasta algún bebé que sus madres llevaban en brazos. Nosotros íbamos con la familia de Khaled no nos separamos de ellos, ya que sabían más de la vida, eran más mayores, porque aunque mi hermano era mayor, tan solo era un crío, ellos nos arroparon sin ninguna excepción. Aquel día fue muy triste para Khaled y su familia ya que entre tantos que cayeron a la mar su padre también fue víctima, lo intentamos coger con todas nuestras fuerzas pero la mar se lo tragó para dentro. Su familia gritaba y lloraba desconsoladamente, ahora ellos dependían de nosotros y nosotros de ellos, así lo decidimos. Nosotros nos sujetamos unos a otros para intentar que así no nos cayéramos. El viaje fue duro, entre la pena que tenían Khaled y su madre y también en que eran muchas horas, no teníamos para comer, teníamos mucha hambre y estábamos cansados de remar para llegar a la costa. De pronto vimos las islas que estaban en línea recta yendo a Grecia, las que queríamos ver para parar y así orientarnos más, paramos y descansamos un momento, yo lo estaba deseando, porque estaba empapada. Después de cinco minutos volvimos a ponernos en marcha y ya pasadas bastantes horas por fin vimos tierra firme, estábamos cerca de Europa. La gente antes de tiempo saltaba de la barca y nadaba para llegar hasta la orilla, nosotros una vez un poco más cerca hicimos lo mismo, mi hermano Faruq me cogió de la mano y juntos nos lanzamos al agua, él no me soltó en ningún instante, me acuerdo que nadamos y nadamos hasta que yo no podía más, pero mi hermano me ayudó, teníamos que llegar y cuanto antes mejor, al lado nuestra también estaba Abdu, que él ayudaba a Khaled y su madre. Después de un rato grande nadando, por fin llegamos a la orilla, yo sin mirar a nadie más me tumbé en la arena, estaba agotada no podía conmigo misma. Mi hermano ayudó a los demás a llegar. Yo,


cuando me repuse un poco, también empecé a mirar quién llegaba y a ver si todos los nuestros estaban en tierra firme. Por fin, por fin lo logramos, serían las 4 o 5 de la tarde, todos nosotros estábamos juntos, es decir Faruq, Abdú, Naserina, madre Khaled, Khaled y yo, allí tirados en la arena, cansados, sin nada que decir. No había policías, fue una suerte porque según dijeron mis hermanos, si nos hubiesen visto embarcar en la playa, nos habrían llevado a un campamento de refugiados y de allí seguramente otra vez a nuestro país. Hasta que llegó lo lógico y esperado, cuando Abdu preguntó: -¿Qué hacemos? ¿Dónde vamos a ir, aquí donde no conocemos nada ni a nadie? Nadie contestó, suspiramos sin saber qué hacer, y allí nos quedamos unos cinco minutos, sentados en la arena. Al final Faruq se levantó, y nosotros le seguimos, caminando nos fuimos pisando la arena hasta salir de la playa y llegar a una cera, estábamos mojados y llenos de arena, nos sentamos en un banco y nos empezamos a sacudir la arena y el agua, la gente nos miraba, no teníamos nada, sólo la ropa puesta y un bolsito que llevaba Naserina con el dinero empapado de agua, que le sobró y las joyas que mi hermano le dio para que las guardara. Lo primero que se le ocurrió a Faruq fue vendarme los dedos ya cicatrizados, con un trozo de camiseta que se cortó, aunque ya estaban casi curados y no hacia falta vendarlos, yo los prefería tener tapados hasta que me acostumbrara a vivir sin mis dos dedos.


Capítulo: 4 Nos fuimos adentrando a la ciudad, no teníamos ni idea de qué ciudad era… ya que no conocíamos mucho de Grecia. Los mayores pensaron que nos ganaríamos la vida de cualquier manera un poco digna y que cuando recaudáramos algo de dinero, alquilar una casita, pequeña, lo suficiente para tener un techo y dormir, de momento no queríamos nada más. Mientras mis hermanos iban a pedir cualquier trabajo, como camareros, albañiles, trabajar en la obra… les daba igual en que, lo único que querían era trabajar, yo me quedé con Khaled y su madre, en una calle donde había suficientes tiendas. Allí Naserina también buscaba trabajo, mientras Khaled y yo mendigábamos pidiendo algo de dinero

para comer, no fue nada mal y aunque solo nos llegaba para

comprar comida, fue suficiente. También robamos una cartera a un señor que pasaba por allí y se puso a hablar con algún conocido, con la gente que había en aquella calle resultó fácil robársela ya que la tenía en la parte trasera del pantalón, él no se dio ni cuenta, después nos fuimos andando con tranquilidad. Cuando vimos que se fue volvimos al mismo lugar a mendigar. Estuvimos ahí casi media tarde y justo cuando casi nos íbamos apareció una niña de mi edad y viéndonos con esa ropa y ese estado nos preguntó: -Hola, ¿por qué estáis así y mendigando? ¿Os ha pasado algo? -Hola, solo estamos pidiendo dinero para comer, no tenemos nada, acabamos de venir y no conocemos a nadie.


-Yo os puedo ayudar, esperad un poco y os traigo algo para comer, que vivo aquí al lado. Corriendo se fue sin decir nada más. A los cinco minutos volvió y nos trajo un paquete de dulces. Nosotros estábamos muy agradecidos, después de comer y hablar con ella un ratito, Neserina nos miraba y nos decía que fuéramos. Le dijimos que nos teníamos que ir, ella nos dijo donde vivía y que si necesitábamos algo la podíamos llamar. Así que después de casi dos horas, todos nos volvimos a reencontrar donde nos habíamos dejado. Naserina estuvo todo el rato pendientes de nosotros. Abdu nos dijo que encontró trabajo en una obra, contó que pasó por ella y cómo había poca gente en ella, preguntó si necesitaban a alguien de ayuda, ellos dijeron que sí pero que pagarían muy poco, así que al día siguiente empezó a trabajar y él fue el primero que trajo dinero a casa, bueno aparte de nosotros con lo que ganamos mendigando y robando, en la cartera había casi cien euros que se los dimos casi todo a Faruq para que los guardase. Aunque algo nos quedamos nosotros para comprarnos alguna cosa, fuimos un poco egoístas. Aquel día compraron algo para comer, algo barato, no queríamos gastar el dinero de golpe, queríamos ahorrar.

No dormimos apenas porque nos quedamos en un

parque, alguno igual echaba una cabezadita, mientras otros se quedaban despiertos y así toda la noche pasamos. A la mañana siguiente Abdu se fue a trabajar, Faruq y Naserina a buscar trabajo y nosotros nos fuimos a casa de la niña que conocimos, ya que teníamos hambre y ellos no compraron nada esa mañana, era sábado así que pensamos que si estaría y sin vergüenza ninguna tocamos la puerta, cuando estás hambriento y no tienes nada, se te quita la vergüenza enseguida y te tienes que acoplar a lo que venga, ella nos abrió, nos recibió encantada y sacó algo de comida a la calle para darnos, bueno así estuvimos una temporada cuando teníamos hambre, a veces también llevábamos algo a los demás, pero pocas veces, no nos queríamos aprovechar de la situación. Hicimos muy buenas migas con ella, a veces quedamos y jugábamos. Muchas noches dormíamos en el parque, bueno dormir poco.. o también con el dinero de Neserina y Abdu nos quedábamos en un hostal de mala muerte.. y por eso costaba muy barato. Así nos fue durante un mes casi, cuando ya esa zona la conocíamos muy bien, más tarde Neserina encontró trabajo de cocinera en un bar, le pagaban bien y ella tenía buena maña para cocinar así que tuvo bastante suerte. Después de dos meses con el dinero de Abdu y


Neserina, bueno también a veces Faruq aportaba algo con algún trabajillo de un día que hacía, pero nada poca cosa, pudimos alquilar una casa muy barata, pequeña y fea pero era lo que había y contentos estábamos. Al principio de nuestra llegada lo pasamos bastante mal, luego todo poco a poco fue mejorando, como se dice después de la tormenta siempre viene la calma y así fue, aunque tardó en venir vino. Yo, aquí en Grecia, tarde bastante en ir al colegio, por lo menos casi un año, pero cuando fueron trayendo dinero a casa y nos habíamos estabilizado un poco, mi hermano y Neserina nos apuntaron a Khaled y a mi a un colegio público, allí al principio nos costó integrarnos, pero como nos teníamos uno al otro todo fue mejor, al final hasta nos encantaba ir al colegio. En Grecia no hizo falta que me pusiera velo, ya que no era Siria y mis hermanos tampoco me lo exigían. Finalmente soy feliz, aunque muchas cosas acabaron mal y no lo podré olvidar nunca, después de 6 años estoy estudiando, siempre estuve con la que considero mi familia y bueno que algunos son, durante un tiempo todos vivimos en un piso muy bonito, un poco pequeño pero bueno, ya que mi hermano Faruq cuando conoció a su actual pareja y madre de su hijo, llamado Rafa, un nombre muy español, se independizó y se fue a vivir a una casa que ella tenía. A él aunque le costó conseguir trabajo, ahora trabaja como taxista en una agencia. Naserina sigue con su mismo trabajo y vive con nosotros.Somos como una gran familia, Naserina ha sido como nuestra madre en todo este tiempo. Por otra parte Abdu no siguió los estudios que dejó en Siria pero se dedicó a la construcción, ya que se le daba bien porque mi padre trabajaba en la obra y le enseñó mucho, bueno todo lo que sabe se lo debe a él. Y Khaled dejó los estudios muy pronto, no le gustaba estudiar, cuando cumplió los 18 años prefirió trabajar de monitor en un gimnasio, le gustaba mucho el deporte. Al final lo que nunca esperamos fue que Khaled y yo nos enamoramos, así fue. Yo pienso volver a Siria, ya que a mi nunca me quedó claro que mis padre hubieran muerto en aquella tienda, espero volver y encontrarmelos en nuestra vieja casa.

12/05/16 Noelia García Pueyo. Castellón de la Plana.

Cerramos los ojos a la realidad  

Novela de Noelia García Pueyo. Proyecto "Pícaros refugiados". 3ºESO. IES Bovalar, 2016. Prof. Antonio Solano

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