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La gran historia de mi vida

1.

Mi historia en la gran ciudad

2.

Mi infancia

3.

La guerra

4.

La gran huida


Capítulo primero: Mi historia en la gran ciudad Era un día como los demás, iba de contenedor en contenedor buscando un poco de comida y quizá algo de chatarra para venderla y así ganar algo para poder comer una noche más, pero tenía la extraña sensación de que hoy había menos chatarra de lo habitual. Decidí ir a buscar en un contenedor más alejado de mi ruta habitual y entonces vi a otro niño, el era mas bajo que yo, pero parecía más fuerte, entonces vi su bolsa, llena de la chatarra y la comida de mis contenedores, me pertenecían, así que fui corriendo hacia él y me encaré y le dije: -¡Eh tú !,¿qué haces cogiendo cosas de mis contenedores? -No son tus contenedores amigo, ahora son los míos y si tienes algún problema dímelo y lo resolvemos -me respondió-. -Primero, yo no soy tu amigo y segundo, estos son mis contenedores así que te obligo a que te vayas y que me devuelvas todo lo que me has quitado. -No amigo, -me dijo cogiendo una vara de metal de su bolsa- si no te vas tendré que pegarte. -¿Tú pegarme a mí? Estás perdido. Después de una corta pero intensa pelea el extraño niño se fue dejándome en el suelo tirado y moribundo. Al cabo de 10 minutos recobré las fuerzas y me dirigí con lo poco que me había dejado hacía mi refugio, que bueno, tan solo era un callejón con cuatro o cinco periódicos y cartones puestos haciendo una “caseta”. Aún era mediodía y no me podía mover, tenía los huesos hechos trizas, y estaba muy cansado, mientras pensaba en mi antigua vida, mi padre, mi madre, y mis amigos… me dormí. -Al día siguiente- A mitad de mi trayecto rutinario de contenedores, por cierto no me encontré con el extraño chico, fui a preguntar al taller: -¿Hola, Cómo estáis ? - Contestando todos al unisono- Bien -¿Tenéis algo que me podáis dar? -No, lo sentimos, hoy no hay nada -contesta uno-.


-No os preocupéis, gracias, a propósito ¿Algún día me podría venir a observar para aprender y ayudaros? -Por supuesto, puedes venir cuando quieras. -Gracias. Después de esta charla continué con mi ruta de los contenedores en los que encontré algo de chatarra, que me dió para comprar un bocadillo de jamón para la comida, luego me fui al parque que había para comérmelo, cuando me lo acabé me embarqué otra vez en mi exhaustiva búsqueda de chatarra, después de un par de horas y un kilo de chatarra, me fui a mi refugio para dormir, ya había anochecido. A la mañana siguiente me fui directo al taller para ver cómo reparaban un coche viejo, lo que me sorprendió es que me dejaron ajustar algunas tuercas, también me enseñaron los nombres de algunas piezas del coche, y al final me dieron un poco de dinero para cenar. Cuando me fui era más o menos media tarde así que fui a por un poco más de chatarra y cogí la del día anterior y se la llevé al chatarrero y me dió suficiente para comer un par de días más. Al salir del desguace me dirigí hacia un mercado para comprarme la cena, entonces vi a un perro que parecía hambriento, sin casa, sin dueño, tan perdido como yo, me dio mucha lástima y le di un poco de mi bocadillo y partí hacia mi refugio, donde pasaba sólo todas las noches, cuando llegué me dí cuenta de que el perro me estaba siguiendo, le dí el poco bocadillo que me quedaba y los dos juntos nos pusimos a dormir en el frío suelo. Cuando desperté me dí cuenta de que no estaba la bolsita donde guardaba el poco dinero que tenía para ir a comer hoy. Entonces me ví obligado a tomar una decisión: si ir al mercado más próximo para robar un poco de comida para ambos o ir al taller y pedirles un poco de dinero para comer, pero es que no los conozco mucho, y tampoco me los quería poner en contra, después de un rato decidí ir al mercado a coger un poco de comida para mi y el perro, que extrañamente me seguía. Una vez llegué cogí un poco de pan, un par de manzanas, lo que pude conseguir, además en un puesto de comida rápida robé dos hamburguesas, luego le dí un poco de la carne al perro, también fuimos a una pequeña zapatería en la que robamos un par de zapatos, aunque me venían grandes lo agradecí, al menos tenía algo con que cubrirme los pies. Como estaba muy cansado


me tumbé en un rincón en el suelo y me puse a pensar sobre mi vida, cuando mi padre y mi madre me acompañaban al colegio, sobre la vida en Siria, mi querida Damasco, sus calles, sus monumentos, todo reducido a cenizas, ya no queda nada…

Capítulo Segundo: Mi infancia En Damasco, cuando era más niño, me dedicaba casi todos los días a ir a la escuela o ayudar a mi padre en su trabajo de zapatero, en el cual mi papel era limpiar a la perfección los zapatos que él artesanalmente hacía, o limpiar los zapatos de la gente que pasaba y se detenía en la tienda. Pero no os creáis que el precio que pagaban era mucho, no, todo lo contrario, lo que podían pagar entre diez personas no daba ni para pagar tres barras de pan. Pero al menos era una manera de poder subsistir. Cuando iba al colegio los compañeros me trataban mal porque trabajaba, porque suspendía los exámenes, porque vestía con ropas viejas… pero bueno, yo lo aceptaba ya que eso, era cierto, lamentable pero cierto. Aunque ahora no estoy mejor, aquí en Francia no estoy mejor, pero ese es otro tema. Lo más fuerte es que cuando llegaba a casa, intentaba hacer los deberes, pero tenía muchas tareas: lavar los platos, ayudar a mi madre, que por cierto no trabaja, y cuando acababa las tareas y me ponía a intentar hacer los deberes, no los entendia por que me había pasado la clase pensando en lo que me decían los compañeros y no me centraba en las explicaciones de la profesora. Pero aún así yo no me quejaba por tener sólo esos problemas, porque cuando mi madre me mandaba a comprar veía a mucha gente en el suelo pidiendo dinero para comer y poder subsistir, y yo me decía para mi mismo, nunca acabes así, y mírame ahora buscando chatarra en contenedores para poder comer algo. Cómo cambian las cosas. Un día como otro cualquiera me dirigía al mercado para poder comprar alguna patatas para la comida. Cuando ya estaba volviendo a casa me atacó un vagabundo y me intentó quitar las patatas, yo las defendí como pude, pero me rompió la bolsa y se cayeron todas al suelo , por suerte fui más rápido y conseguí recuperar cuatro de las siete patatas de la bolsa,


después, salí corriendo hacia casa sin mirar atrás. Al cabo de 5 minutos, tuve que parar de correr por el cansancio, me giré y vi que no me estaba siguiendo nadie, respiré aliviado y me dirigí al portal de mi casa, entré y le conté toda la historia a mi madre, luego cenamos y me fui a la cama… Por la mañana me levanté y preparé la mochila para ir al colegio, de camino al colegio, me encontré un chico de mi misma edad que se dirigía al colegio también, pero nunca lo había visto, me acerqué a él guardando cierta distancia y conseguí observar lo que estaba haciendo, me di cuenta de que era un carterista, se dedicaba a robar las cartera de los transeúntes y las guardaba en lo que parecía una mochila escolar, me acerque a él muy indignado, me dispuse a echarle la bronca por sus acciones pero, me contó como excusa que él no lo hacía por placer sino por necesidad, ya que estaba en la pobreza y de algo se tenía que alimentar. Entonces empezamos a hablar y comprendí mejor su punto de vista y le pedí si me podía enseñar a hacer pequeños robos de carteras. Él me respondió que por supuesto, pero me dijo que esto era difícil, no era una tontería, porque por estas cosas te podían encarcelar en el calabozo o incluso apalearte, aun así accedí por intentar tener mejor vida, y me dijo varios consejos para poder hurtar algunas carteras con facilidad: 1ª Pasar desapercibido 2ª Nunca salir corriendo 3ª Nunca actuar con torpeza Después me explicó las técnicas del robo de carteras y nos sentamos a hablar de nuestras cosas en un descampado cercano. ¿Cual es tu historia ?¿Cómo es que acabaste robando carteras?-preguntePues, mi padre trabajaba en una fábrica, pero el ambiente no era muy sano y el trabajo era peligroso, un día tuvo un accidente y se cortó la pierna y cómo los médicos eran tan caros y escasos no le pudimos curar bien y se le acabó infectando, causándole la muerte, y a mi madre no la llegue a conocer, por esa razón estoy aquí, solo y robando carteras, de algo tengo que vivir.-me respondióY tu historia cual es.-me preguntoMi historia, no es tan trágica como la tuya, pero tampoco he tenido una vida fácil, mi padre trabaja de zapatero, pero no le da el dinero para mantenernos a mi y a mi madre, y yo a veces no tengo más remedio que


ayudarle, pero cuando no hay nada que hacer en la tienda, me dejan ir al colegio.-le respondí¿En serio? ¿Vas al colegio?-me dijoSi, ¿Por?-le respondíMe podrías enseñar a leer, yo no sé hacerlo , desde muy pequeño me pusieron a trabajar y no tuve la oportunidad de poder aprender a leer, y me gustaría, porque así podría entender mejor los documentos que a veces hay en las carteras.-me dijoNo sé, podría intentar enseñarte a leer pero va a ser costoso ya que yo tampoco te creas que sé hacerlo demasiado bien, aún sigo aprendiendo cuando puedo.-le respondíPero podrías enseñarme algo básico para poder entender algo, por poco que sea, cualquier cosa. ¡ Por favor!-me suplicóLos dos nos pusimos a leer un libro que tenía en la mochila, nos hicimos muy amigos, pasábamos mucho tiempo juntos, hasta que un día sucedió.

Capítulo tercero: La guerra Pero un día, todo empezó a derrumbarse, estaba en el colegio con mi amigo, al que conocí en el descampado, las paredes empezaron a temblar y el techo se resquebrajaba, nos escondimos bajo la mesa, pero a mi amigo no le dió tiempo y le cayó un trozo de yeso en la cabeza, cuando me dí cuenta intenté arrastrarlo debajo de la mesa, pero ya era muy tarde, estaba muerto. Después del temblor y del derrumbamiento del edificio, salí al exterior y me dí cuenta por el ruido de los motores en el cielo y por el destrozo causado, que habían tirado una bomba en un edificio cercano al colegio, había cadáveres por todos los lados, gente llorando, una auténtica catástrofe, yo estaba muy entristecido por la pérdida de mi amigo, me dirigí hacia mi casa para contarle a mis padres lo sucedido en el colegio, cuando llegué a casa vi a mi madre cocinando tranquilamente, pero al entrar por la puerta y girarse para saludarme vio mi cara de asustado, corrió hacia mí y me preguntó qué había pasado, entonces le conté:


Estábamos en el colegio Juan y yo, cuando de repente comenzó a temblar todo, y empezó a caer yeso del techo, cayendo a mi amigo uno en la cabeza, matándolo.-le dije asustado a mi madre¿ Y tú cómo es que escapaste del caos?-me respondióMe escondí bajo las mesa para evitar que me cayera yeso.-le respondí¿Qué pasó para que el edificio temblara?-me preguntó muy nerviosaNo lo sé seguro, vi un avión tirando unas cápsulas a los techos de algunas casas, y una de ellas cayó cerca del colegio, creo que eran bombas.-le dijeEntonces mi madre salió corriendo hacia el colegio, y yo la seguí apresuradamente. Cuando llegamos al colegio, mi madre se dirigió a un edificio el cual no reconocía, como si no lo hubiera visto nunca, pero después, al ver a mi madre llorar, me dí cuenta que ese era el edificio en el que estaba la zapatería de mi padre. Entonces empecé a unir los puntos, hoy mi padre trabajaba, había caído una bomba, edifico de mi padre, entonces entendí porqué mi madre estaba llorando, mi padre había muerto en aquella explosión. Después los dos dolidos y con los ojos llorosos regresamos a casa, los dos pensando en lo mismo: hemos de huir de aquí cuanto antes, sino moriremos nosotros también. Al día siguiente, nos despertamos atemorizados por si habían caído más bombas en las casas cercanas y por si había muerto gente más gente conocida, salimos y vimos todo tal y como estaba ayer, parecía no haber pasado nada esta noche. Así que nos dispusimos a entrar y preparar las maletas para irnos, cuando de repente ese temblor volvió a azotar todo el terreno, incluyendo mi casa, haciendo caer el techo sobre nosotros, entonces mi madre saltó sobre mí cubriéndome con su cuerpo y protegiéndome de los trozos de yeso y cemento que continuamente estaban cayendo. Cuando cesó todo, vi a mi madre muerta por querer protegerme. Ya, sin nadie a mi lado, tome una decisión, seguiría el camino que mi madre y yo nos propusimos, llegar a tierras europeas.


Capítulo cuarto: La gran huida Una vez hecha la maleta, me preparé para salir de casa, entonces me dí cuenta de que necesitaba un mapa para saber dónde estaba, hacia donde ir, cuanto quedaba, ese tipo de cosas. Una vez encontrada la ruta que seguiría, de dirigí fuera de casa, en busca de un método de transporte, o cualquier medio para poder viajar más rápidamente. Mi objetivo prioritario era llegar a Rusia como fuese, para desde allí, poder entrar a Europa, evitando el abarrotado paso de Grecia. Pero, para eso debería pasar por Turquía y Georgia antes de llegar a mi destino, la gran Rusia. Salí de casa, y vi un camión con ganado, o eso parecía, entonces salí raudo dirigiéndome hacia el camión, me subí y descubrí que era un camión lleno hasta las trancas de cerdos, eso a la larga me supondría un problema, un gran problema, acabaría oliendo fatal. Ya era media tarde, estaba muy cansado y el mal olor y el hambre, me hicieron caer dormido sobre la áspera y dura capa de paja sobre la que los cerdos viven. Cuando me desperté noté un fuerte dolor en mis costillas, abrí los ojos rápidamente, y me dí cuenta, un cerdo me había usado de cojín, estaba toda su gran y pesada cabeza apoyada en mis costillas. Con todas mis fuerzas, intenté quitar al pesado cerdo de encima mía, para cuando me dí cuenta, se había despertado levantando así a los demás, y se giró bruscamente hacia donde yo estaba y empezó a pisotearme, entonces como única solución tuve que bajarme del camión, al saltar del camión me rasqué toda la pierna, quedando más dolorido de lo que estaba ya. Cuando recuperé mis fuerzas me levanté y me dí cuenta de que el camión se había detenido en una granja cercana, entonces pensé que en la granja me podrían ayudar y sanar mis heridas, me acerqué a la casa y llamé a la puerta, me abrió una señora de aspecto mayor y ropas un poco descuidadas. Me preguntó quién era y le contesté que estaba viajando desde Siria hasta Francia, entonces sorprendida me dijo que si estaba recorriendo tan larga travesía tendría que estar en forma. Me llevó hacia dentro, concretamente hacia la cocina, sacó un plato y me puso un poco del caldo que ella estaba cocinando, me sanó las heridas y me trajo un par


de mantas para dormir, porque según me dijo estábamos en las fronteras rusas. Con las heridas, el calor de las mantas y recién comido, no lo puede evitar, me dormí. Al cabo de un día y medio más o menos, me desperté como nuevo, como si nunca me hubiese pasado nada, y en agradecimiento a la señora le estuve un par de días ayudándola en la granja a cambio de comida y alojamiento. El último día, se despidió de mí y me dio las gracias por todo, yo también me despedí. Proseguí mi camino durante muchos días, atravesando la gran e imponente Rusia con un solo objetivo, llegar a la hermosa España de la que tanto había oído hablar. Pasaron muchas semanas en las que vagabundeaba, sobreviviendo como podía y mejorando mis trucos de truhán. Pero un día como los demás iba andando y de repente vi como todo se hacia mas verde, como con más naturaleza, quedé extrañado, empezaba a hacer más calor y entonces me percaté, había cruzado una frontera. Cuando vi el primer pueblo, me acerqué y pregunté a unos señores que pasean tranquilamente por la llanura, pregunté que dónde estaba, señalando el mapa, los señores me contestaron que estaba en Austria. Yo, perplejo de el largo trayecto que había recorrido, les dí las gracias y me dispuse a continuar mi larga travesía. Unas semanas después llegué a Francia, busqué un buen barrio, donde hubiese tiendas, escuelas, un buen sitio para asentarse e intentar sobrevivir en este mundo cruel e injusto.

Marcos Yus Torio Castellón Mayo de 2016

La gran historia de mi vida  

Novela de Marcos Yus Torío. Proyecto "Pícaros refugiados". 3ºESO. IES Bovalar, 2016. Prof. Antonio Solano

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