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R E V I S T A

L I T E R A R I A


PUÑO Y LETRA REVISTA LITERARIA

índice relato breve nota del editor todólogo (dos)

ya estaba vieja (tres)

Director general francisco piñón directora editorial karla gaytán

CUENTO El deportivo (cinco)

veinte pesos (seis)

la boda de los tuerto consejo editorial cindy peña damián pacheco adriana lozano diseño editorial y armado brenda cortés karla gaytán nelda ochoa mercadotecnia y medios electrónicos rené rodríguez

(ocho)

POESÍA CALAVERA (ONCE)

LOVE BOAT (DOCE)

SIN TíTULO (CATORCE)

ÍNDICE DE AUTORES

( ) Tanto el equipo editorial de la revista Puño y Letra como sus asesores no comparten las opiniones y/o criterios expresados en los textos publicados. El contenido de los textos es responsabilidad única de los autores de los mismos.


(RELATO BREVE)


Todólogo Manuel García Jurado

Tras un par de ingeniosos dobleces —la proa hacia la popa, el mástil sobre sí mismo— el capitán se convirtió en piloto de un avioncito de papel.

DOS


Ya estaba vieja

Rafael León Verdugo

Estaba vieja; ya no le quedaban los vestidos de copa que le habían dado fama. Hacía muchos años que la juventud había abandonado ese cuerpo y no encontró nunca la panacea para curar la senectud ni la soledad; pero ahora, tambaleándose entre la cirrosis y la sobredosis, vio a la catrina en el umbral de la puerta. La contemplaba con vista impaciente, contoneando la cadera, vestida para el mambo, fumando su cigarro entre ademanes de diva, pavoneándose de la elegancia febril que emanaba de sus huesos. Se acercó hasta la cabecera de su cama, pasando de lado a los cónyuges del pasado y se postro frente a ella, como aquel que le da un beso a un niño antes de que se duerma. Exhaló una bocanada de humo mientras la veía a los ojos y le dijo “Vámonos que se nos hace tarde para el danzón”.

TRES


(CUENTO)


El deportivo

José Manuel Gómez Garza

Cuando lo vi, me sentí desfallecer. Era hermoso, lo más grandioso que jamás había visto. Era un deportivo color rojo: provocativo, altanero, insultante. Era de dos puertas (como debe ser un automóvil de soltero), seis cilindros y cinco velocidades. Cuando metí la llave por primera vez, rugió y mostró su poderío. Me sentí implacable, invencible, victorioso. Me sentí como se debe sentir quien tiene a su adversario contra la pared antes de dar la estocada final. Corrí por las calles a toda velocidad, devorando el asfalto como si la vida se me fuera en ello, y con cada kilómetro dejaba atrás miedos y problemas. El viento en la cara me decía que era libre de hacer lo que me viniera en gana. Tenía un automóvil y lo iba a disfrutar. Definitivamente, mi auto era la sensación. Hubo un punto en el que dejó de medir kilómetros por hora y empezó a medir chicas por cuadra. Una, otra, otra, otra y otra más. Múltiples piernas se rozaron, algunos corazones se rompieron y otros tantos suspiros se dieron en esos asientos de piel. Cada día manejaba más rápido y con menos precaución. Los semáforos y las señales se quedaban muy atrás cuando mi bólido salía a las calles. Nada se metía en mi camino. Hasta que se atravesó ella. Sentí cómo el calor se intensificó a más no poder, sentí cómo los fierros se retorcieron y me aprisionaron como si de una jaula se tratara; sentí cómo la vida se me escapaba en preciosos segundos que jamás regresarían. La embaracé y tuve que vender el deportivo.

CINCO


Veinte pesos José Carlos Seguin Romero

Tropecé con un billete azul que moría arrumbado en la banqueta. Era casi imperceptible. Optaba por la apariencia de una envoltura. Benito Juárez autografiaba el billete. Lo recogí, ligeramente anonadado. Nunca había hallado dinero. La suerte me seduce, pensé. Circundé con los ojos, buscando un posible dueño. Ningún sospechoso parecía desfondar su monedero en desesperada búsqueda por un billete. La fortuna del día. Los miércoles, temprano, camino hacia la facultad, pero usualmente no me encuentro dinero olvidado. Sufrí a causa del descuido de quién sea que haya extraviado el efectivo. ¿Tú que sentirías si pierdes veinte pesos? Los ahorradores lo consideran un tesoro, los ancianos tacaños lo recitan ‘necesario’. Para los millonarios es una sufrida miseria. Para los dementes es un barco. Para mí, en aquel horario, era un inesperado golpe de suerte. Entiéndelo, es dinero fácil, dinero azarosamente tuyo, por ahora. Mojé mi culpabilidad, ¿soy un ladrón? Sería un idiota si no lo hubiera recuperado. La dichosa suerte llegó a mí después de agredir la mala suerte de un desconocido y pobre diablo. Los miércoles alguien extravía un billete y otro lo recoge del suelo. Guardé el billete en el bolsillo derecho, cercano a la cartera refugio, la credencial y el iPod Shuffle. Percibí su buena energía. Inusual amuleto. Lamenté haberlo escondido en la oscuridad. Pensé en ello toda la mañana. Mi suerte llega a oler pésima. No creo en ella, comprendo con aspereza que el azar es engañoso y los destinos evolucionan, aparecen y desaparecen en menos de un minuto. Resolví frecuentes e ilógicas posibilidades: a) Perder el billete nuevamente, proclamando mi torpeza; b) Comprar algo comestible con la condición de que fuese chatarra; 3) O conservar el billete una vida. Pensé y divagué sobre la suerte de los demás. Mi prima Ale, por ejemplo, conoció los tréboles de cuatro hojas y los inmortalizó en las páginas de libros-viajes sobrepuestos en guirnaldas de cobre. La misma prima recuperó, tiempo atrás, dos billetes de cien (con ambos poetas sangrando) tirados en otras banquetas.

SEIS


En mi formulario personal, en vísperas remotas, cuando velaba los techos y dormitaba cerca de la azotea apreciable, rasqué el antebrazo de uno de esos billetes (de lotería falsa) con una moneda de a cinco y tenía que obtener tres cifras iguales para intercambiar dicha cantidad por monedas palpables en un desconcertado OXXO (requisito inoportuno y maestría del azar). Anochecí con la risa nerviosa plegada en mi garganta y los ojos inexpresivos. ¡Había ganado! ¡Había ganado algo! Tres pesos canjeables. ¿Corrí a la tienda más cercana de inmediato? No es cierto. Esperé, esperé hasta arruinar la vigencia del premio. Un primer premio. Lo conservé como recuerdo de mi primer triunfo insospechado. ¿Dónde vaga ahora? El polvo socorrió al aniquilarlo, lo puedo creer. Dinero gratuito, nunca podré prevenirlo. Refulgió oculto, postergó su llamado. Veinte pesos azules, el patio o el fondo de Juárez. La economía la concibo estricta. Yo tenía mis deudas y el billete tenía el valor. No lo conmemoraré, ¿quién conmemora semejante abstractismo? Perdí las manos, pagué con la suerte restante. El día cernió su poder, el calor salpicó nexos respiratorios, brisas tímidas, facciones alegres. Seguí interesando pícaros jirones del universo; el ritmo del universo filtra, a veces dicta, señales indecisas. Me alegro haberme alejado del billete, en estos relevos, secuestrado en otra cuenta. Los billetes no te encuentran: te cazan y luego te infectan.

SIETE


La boda de los(fragmento Tuerto de novela) Vanessa Garza

Juanito el moro tiene sed. A Juanito el moro le duelen las nalgas y la cabeza. No ve agua a pesar de que se escucha un grifo goteando. Juanito el moro ve lunas a lo lejos, también luces a los lados, ya no sabe qué día es. ¿En qué estaba pensando? ¿Por qué dije eso? Juanito el moro lo lamenta. Está mareado y débil, se ven verdugones en sus piernas y no puede sentarse. Todos afuera se ríen de Juanito, ahora es Juanito el esqueletito, ya no queda nada de esos gordos labios ni de sus grandes brazos. Juanito extraña ir a la escuela pero eso fue hace mucho, extraña a Belinda su maestra, le encantaban sus chamorros y la blusa que le apretaba el pecho. Juanito no aprendía nada pero tenía excelente puntualidad y asistencia. La escuela ahora es un túnel de coches y Belinda está muerta, él lo sabe, él la mató y ahora lo lamenta. ¿En qué estaba pensando? No pensabas en nada morito, acuérdate que tú solo cumples órdenes. Ella te estorbaba, pero ahora te duele el pecho cuando recuerdas que ella te enseñó el cuento del Almohadón de Plumas y matemáticas. ¿Eras feliz Juanito? ¿Te gustaba tu coche y tu chamarra? Tenías una chamarra de cuero que te encantaba, de tanto usarla ya la tenías despintada. Puedes comprarte otra nueva. Tú no escuchas, esa chamarra te da suerte y ha sido testigo de tus andanzas. Te encantaba como el carro te hablaba, como te abrazaba en el asiento y te llevaba a cualquier lado seguro. Ese carro blindado que abría los ríos de coches en las avenidas como Moisés en el Nilo. Tu chaqueta y tu carro que te abrazaban y te ayudaban a sacar la chamba. ¿Pero como no te diste cuenta Juanito de lo que estaba pasando? ¡Dice mi tío que el culo avisa! ¿Nunca te dio mala espina? Te iba bien Juanito, estabas bañándote de dinero, ganabas más dinero que el que tu papá no pudo ganar en toda su vida. Era mecánico. A ti te daba coraje y vergüenza. Tu papá te obligaba ayudarle todos los fines de semana y vacaciones. Te enojaba que fuera tan honrado. Mi papá está bien pendejo te decías. Siempre evitando que sus clientes gasten, siempre agachado en esos carros, era todo lo que sabía hacer, bufar de calor y vivir debajo de esos carros. Tú lo ayudabas, tú también quedabas manchado y engrasado, te empezaron a decir el moro en la colonia por lo ennegrecido y quemado que estabas. Fue fácil de-

OCHO


cidirte que hacer. Lo tenías todo enfrente, esperándote a que te decidieras. Tú mejor corres, corres de la grasa, de los fierros, de tu papá bufando tomándose una cerveza frente a la tele y tú mirándolo sin decir nada. Ahora todo era para ti ¿Querías una tele? Solo la tomabas de la tienda, ¿Un carro? ¡Escoge! Empezaste a ganar mucho dinero y todos te tenían miedo. Conociste el respeto Juanito, estuviste en los cuernos de la luna y haciendo un bien al país. Hasta que llegó la justicia social Juanito, ahora sí: ¡A agarrar a manos llenas! Ahora son tuyas todas las viejas. Una más guapa que la anterior, tenías una cama de dinero y de mujeres. ¿En qué estabas pensando Juanito? ¿No te dio mala espina? ¿Y tu papá? ¿Y Belinda? Las lunas que vez a los lados te abrazan, es lo único que te queda, las lunas y el piso. A veces escuchas afuera croar una rana pero ya no estás seguro ¿Dónde está Belinda Juanito? ¿Qué le hiciste? No sabes, sólo sabes que te mueres de sed y te duele el cuerpo. Juanito solloza pero no salen lágrimas, le salen quejidos secos y su cara está arrugada por la falta de agua. ¡Ya cállate pinche Juanito! Y siguen las carcajadas. Juanito se acuesta de lado, y el cuartito terroso se apaga en medio de un rancho con algunas camionetas. Juanito está enterrado en ese enorme rancho, en los nogales secos, la hierba cobriza, el ventarrón de la noche y la oscuridad cayendo y cubriéndolos a todos.

NUEVE


(POESÍA)

DIEZ


Calavera Raúl Fernando Pérez Lira

Estaba La Corrupción allá en su casa sentada en un diván sin penas ni nada trabajó todo el día la pobre exhausta rendida está y se soba bien la panza Le toca La Muerte feliz a la puerta grita su nombre con la voz de aguardiente La Corrupción abre y sin más pendiente abraza con tragos a su amiga muerta “Queridísima amiga de presencia imponente” le canta La Muerte a la anfitriona sonriente “que nunca te acabes o te vayas de aquí porque me aburro sin chamba si no es por ti” La Corrupción y La Muerte se echan ya cuatro pistos uno por las victorias contra los hombres justos otro por los inocentes que se echaron juntos y el tercero por el siguiente que viene brusco

ONCE


Love Boat Santiago Eximeno

Como Ulises navego en tu cuerpo horadando la tristeza tatuada en tu piel con la quilla de mi desesperación. Siento la sal del océano en tus labios y deseo abrazar tu placer en la proa de mi daño malsano. Tus brazos son mástiles de carne, alzados, suplicantes, sobre un embravecido mar de dolor. Ancla de metal brillante, afilada, sumergida entre lágrimas, sudor y sangre, rasga la piel y el músculo y eleva tu cuerpo hacia el cielo; eres hamaca de lágrimas encadenada a grises nubes de llanto y tormenta. La oscuridad de tu boca, Maelstrom en el que naufragan gritos ahogados atrapados en corrientes de placer y rabia y risa más allá de los arrecifes de tus dientes.

DOCE


Delgadas piernas abiertas, sextante que me hace perder el norte y me obliga a hundirme de nuevo en las aguas de tu sexo y cortar y ara帽ar y morder entre risas luchando por recuperar el tim贸n de mi (tu) cordura. Como Ulises retorno al hogar y al tomar tierra en tu alma suspiro por tener que partir de nuevo cuando fallezca el sol.

TRECE


(Sin título) Guadalupe del Río Está ahí, dentro, pequeña persistente afilada.

No creo que sintamos lo mismo, ¿me entiendes?- crucé un brazo y con el otro detenía el cigarrillo tratando de hacer ademanes que suavizaran el golpe para no tenerla en llanto haciendo escena pues suficiente era que me sacara de mi evento familiar. –Cuando Tejeuna su vida me fui con a Canadá, yo vi el mundo en toda otra perspectiva, ¿sí?, y tú… pues siempre mis nubes rotas; significaste mucho para mí –mentira suavizante- y aunque sea en vano admitirlo, esas noches camina me la airosa. pasé increíble –verdad indecorosa.- Ahora no sé si somos tú y yo en una misma oración o si alguna vez lo fuimos –inhalé mi cigarrillo esperando alguna reacción. Nada, ni una mueca. –No sé qué pienses al respecto. Tal vez quería forzar esto, tal Tres pasos adelante vez no quería estar solo, o tal vez ya caducó, pero eso de ahí, eso que dijiste que me fui y el punzón: con tu prima y pasaron cosas, pues no te lo voy a negar, ¿bien? Tú sabes cómo es Lucía de plata. de las cosas que pasaron. La prima era el tipo de prima que uno –sonríoespinita y me acuerdo desearía que no fuese prima y yo, siendo tan cínico, no le di mucha importancia. –Pero tampoco es para enojarse, es algo que no pude evitar y ya, ni la hagas de pedo. –Mi Urde las penas, cigarrillo se acababa y ella seguía ahí sentada en la acera sin decir nada- Y bueno, ¿sabes las recoge lágrimas lo que dicen deen “no eres tú, soy yo”? Pues algo así sucede, pero en este caso no siento que sealas yo.funde, se las traga. Ella seguía ahí parada mientras yo le echaba toda esa mierda. De alguna forma u otra era su cara o las enseñanzas de la mamá que la hacían quedarse callada, manos Filo:sumisa estalagmita arcaica a la rodilla, viéndome con sus grandes ojos cafés y sus largas cejas de preocupación. Ella puntilla fina sabía qué tan bergante era yo y yo sabía que le gustaba ordenar el combo número 5 sin grafito queso, con elrefinado. aderezo al costado y sin las frituras. Por consiguiente, yo no tenía idea de quién chingados era ella. punzada Mira, la Vida verdad es que siento que pierdo mi tiempo, y de verdad –toqué su hombro- no es nada personal. sueño Tengo vedado que regresar a mi reunión, ¿ok? Pero por favor quiero que quedemos en buenos términos –frase bruta, algo vana, no muy importante.- Quiero que existencia magra. por favor te subas a tu carro y ya no me llames. –Volteé a los lados para ver si alguien me estaba viendo y, aprovechando que el karma se encontraba ausente, me mojé los labios y le sonreí.- ¡Ah! Y si ves a Lucía, le dices que me llame.

CATORCE


Guadalupe del Río Martínez- Las palabras son el puente hacia el otro; son la posibilidad concreta del recuerdo; el sueño, la utopía. Mis palabras cargan el polvo del desierto lagunero; suenan por los salones y alguien las recoge. Son la herencia de algunos poetas provincianos. Cantan lo simple y a veces se despeñan. José Manuel Gómez Garza- Lic. en Ciencias del Lenguaje con acentuación en Traducción e Interpretación por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Estudiante de tercer semestre de la carrera de Letras Mexicanas dentro de la misma institución. Se desempeña como profesor de inglés y pertenece a la Asociación de Traductores e Intérpretes de Monterrey. Ha participado como ponente en encuentros nacionales e internacionales de literatura y lingüística. Miembro del proyecto Biblionautas en el que se dedica a promover la lectura entre los niños. Es un aficionado de la música y el cine, a los que destina su tiempo libre.

Raúl Fernando Pérez Lira- Me llamo Raúl Fernando, nací en Delicias, Chihuahua, estudio música y relaciones internacionales. Soy adicto a la cafeína, a los libros y tengo un blog: http:// yahorasoyblogger.blogspot.com. Santiago Eximeno - (Madrid, 1973) Ha publicado novelas como Asura (Grupo AJEC, 2004) y libros de relatos como Bebés jugando con cuchillos (Grupo AJEC, 2008) u Obituario Privado (23 Escalones, 2010). Ha sido traducido a varios idiomas y ha ganado varios premios, entre ellos cuatro veces el Premio Ignotus, concedido por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT), por sus relatos y antologías. ( Sitio web: www.eximeno. com) Vanessa Garza Marín- Estudiante de la Maestría en Estudios Humanísticos con acentuación en Literatura y Discurso. Previamente estudió la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Este fragmento es parte de una novela en curso que habla de la autodestrucción de una ciudad a manos de sus habitantes.

Manuel García Jurado- Es estudiante doctoral en ciencias. Su interés por la escritura fue catalizado recientemente por el sitio web de Alberto Chimal (www.lashistorias. com.mx), donde ha sido ganador en algunas ocasiones de su concurso mensual de microcuento. Ha traducido “Caza de Conejos”, de Mario Levrero, y se encuentra trabajando en la traducción de “Muerte en la rúa Augusta” de Tedi López Mills, ambas al Esperanto. Rafael León Verdugo- Estudiante de LAF.

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