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entre lo que se edita en el mundo, tanto en castellano como en otros idiomas. Y además, se permiten canjes, siempre que sean de interés, y se reciben donaciones de particulares. Ana nos insistió en un concepto fundamental, a la hora de entender una institución como la BNE: la conservación. La conservación de los depósitos es lo que da sentido a la institución, pues allí se encuentra todo, o casi, del patrimonio cultural de nuestro país, desde joyas irrepetibles y valiosísimas hasta las más humildes publicaciones de los más discretos creadores entre nuestros paisanos. Por cierto, que las obras de nuestros autores del CAMF están allí depositadas y conservadas. Los curiosos podéis comprobarlo consultando sus catálogos por Internet. –¿Cómo es posible que un tan ingente tesoro cultural concite tan poca curiosidad entre los españoles? –preguntó la compañera Cipriana, a la vista de los datos de visitantes anuales a sus salas de lecturas, apenas unos 13.000 carnés de usuarios. Nuestra guía insistió en la labor de depósito y conservación de la institución y en que es una biblioteca de bibliotecas, pero su respuesta no explica semejante desapego del ciudadano, y aún del ciudadano culto. Por cierto, de la BNE no salen los libros, no se hacen préstamos como en las demás bibliotecas públicas. Ana Boludo nos paseó por la sala de ordenadores, donde se catalogan y controlan todos los depósitos, y por la Antesala y el Salón de Lecturas, de 248 pupitres, apenas unos pocos ocupados. En la Antesala tuvimos el privilegio de ver el facsímil de los cuadernos manuscritos de Leonardo en poder de la BNE, y algunas otras obras no tan prestigiosas pero no menos valiosas. Desde las paredes nos contemplaban los retratos al óleo de algunos premios Cervantes. Y ya al otro lado del salón de lecturas, pared con pared con el depósito de doce plantas de la sede recoletos –seis de estas plantas subterráneas y seis en superficie– y sus más de 119 Km. de estanterías, nos contó nuestra guía el secreto más sabroso: durante una semana de septiembre de cada año, los trabajadores de la BNE, todos y de dos en dos, pues son

necesarios los testigos, se dedican a repasar centímetro a centímetro todas y cada una de las estanterías, a recolocar todos y cada uno de los libros mal ubicados y a levantar acta de todos los que faltan. Es la semana en que los bibliotecarios sueñan con signaturas y números currens. Nos aseguró que la seguridad ha mejorado mucho, pero que los robos no se pueden evitar. Y otra cosa: los libros en la BNE no se ordenan por materias, por autores, por orden alfabético, no, están ordenados por tamaños, por alturas, sobre todo para no desperdiciar espacio y poder meter más estanterías por lienzo. Es una pena que nuestras sillas no pudiesen pasar a este sancta sanctorum, el corazón de una biblioteca. En fin, que en el dossier que nos entregó Carla sobre el Tricentenario se habla, sobre todo, de las muchas exposiciones que se abrirán el próximo año, la más importante “Biblioteca nacional de España: trescientos años haciendo historia”, y que organiza la BNE pero que financia en su mayor parte AC/E, la marca que vende la cultura nacional. No entramos al depósito, pero tuvimos rega-

El encuentro con Carla

los. Los que nuestro milagro particular, la portuguesa Carla, la becaria, consiguió para nosotros: unos separadores que reproducen tres de las joyas de la BNE: el folio 24 v del códice Liber de laudibus Sanctae Crucis, de Rabanus Maurus (784-856), la primera lámina del libro Instrucción de musica sobre la guitarra española y metodo de sus primeros rudimentos hasta tañerla con destreza, de Gaspar Sanz (1640-1710) y un cuadro de Mariano Fortuny, Árabes caminando bajo la tempestad. Y esto ha sido lo más destacado de una mañana muy estimulante. Gracias, Carla. 9

PROPOSICIONES Nº 9  

Revista de los residentes del CAMF de Leganés

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