Page 1

PRIMERA

Revista literaria

PáGINA

1 año prosa, música, cine , fotografía,poesía, reseñas, crítica, ilustración, ensayos y más...

De entrevistas,

2016, Enero,6


"¿Y no parece, durante algunos días, que nunca/ habremos de morir?"

Miguel Guardia In memoriam

@pp_revista Primera Página www.primerapaginarevista.wordpress.com Directorio

Dirección General Emiliano de la Rosa Dirección Editorial Cristopher A. Yescas Arreola Ilustración y fotografía Sandrógina Saucefalea Columna de cine Juan Manuel Columna musical Ashel Columna crítica literaria Anaïs Veränderung

Contacto:

Revista: primerapaginarevista@outlook.com Emiliano de la Rosa: emilianodelarosa@outlook.com Cristopher Yescas: cris.2596@hotmail.com Sandra Saucedo (Ilustración): sandrogina@outlook.com Juan Manuel (Cine): jjtarantino.3@gmail.com Anaïs Veränderung: Ashel (Música) elchetumal@gmail.com


4 Frisk In memoriam 8 Carlos M. Cid La pintura 10 Joshua Córdova Sonidos 2015 12 Ashel 14 Óleo Gibrán Valle La mañana siguiente 15 Estefany Villegas Tábano 16 Jorge Arroyo Ciudades Desiertas 18 Armando López Sobre Flor y Espejo 28 David Paredes Figuras 32 cinematográficas Sofía

prometedoras

Juan Manu

36 Luz Edgar Chávez García festejo blanco 38 ElDaniel Valencia Guardia: el 42 Miguel alegre pesimista Entrevista a Paloma Guardia Montoya

RESISTOL: 46 PURO Noche de pulques

en la Cd. de México Anaïs Veränderung Callejero 51 Retrato Alejandro Rodríguez 52 Un viaje sureño Antonieta Salazar

56 Tragedia y Quimera

Isaac Navarro


4

Sofía

Camina con la cabeza gacha, sin mirarme. Sus pisadas se hunden en la tierra que nace y muere al instante. Queda negra, podrida, es tierra que ya no volverá a ser, tierra sin tiempo. Avanza lentamente, sabe que no hay prisa; domina, absorbe, le impide alimentarse de él. Su flujo del tiempo avanza conforme a su voluntad. Me quedo quieta. El viento gime entre las hojas de los árboles, acaricia mis mejillas, me besa el cuello y juega entre mi cabello. A su alrededor no hay aire: todo se queda estático hasta que él decide darle una dirección. Tiemblo ligeramente por el frío, porque se acerca. ¿Cuánto tiempo no estuve esperando? Desde que escuché su voz por primera vez, encerrada en esa alcoba, cubierta de sangre, polvo y mierda, han pasado ya quince años. Entonces era una niña condenada al fuego. Las brasas purifican, erradican definitivamente, pero es un proceso lento, en el que el dolor te recuerda por qué no tienes permitido seguir existiendo. Anoche hizo mucho frío. Mi padre –lo que solía ser mi padre- estaba en el centro de la plaza; obligué a ese cascarón vacío a abrir la caja en la que habían introducido mis manos, mis pobres manos, mis manos ahora libres. Las pegué a mi boca para darles un poco de calor y me alejé por el camino de cabellos y sangre. Cuando salí del que solía ser mi pueblo, moví un dedo. El olor del azufre me llenó los pulmones antes de desaparecer.

miscelÁnea

CREACIÓN

Por Frisk Él se detiene y me mira. Sus ojos son grandes, oscuros, como los ojos de un animal que tiene miedo de atacar a su presa. Puedo sentir su miedo cuando no puede controlar mi tiempo: otro se arremolina, me inflama para intentar tocarlo. Rodeo su cuello con mis brazos y besos sus labios. Tengo frío, tengo mucho frío todavía. Aprieta mi cuerpo con más fuerza conforme absorbo su poder y siento como se queda sin respiración mientras otro penetra en él a través de mi aliento. Cae de rodillas, jadeando, pero aun así esconde su cara en los pliegues de mi vestido. Entonces me detengo; cuando se recupera intenta absorberme de nuevo y esta vez lo dejo. Me jala hacia él y aprieta mi boca con la suya. Él también necesita calor. Siento como mi flujo del tiempo deja de ser de Miria y pasa a ser suyo. Otro se deforma, fluye, se detiene, desaparece. Somos un beso eterno, que no tiene principio ni final, que une al hombre y a la mujer, a la magia y a tiempo en un solo ser invencible. Pero nunca lo poseímos, mi vida. Nunca llegaremos a ser el mito que se repite. Hago una rosa en el aire y la enredo en su cabello. La toma entre sus manos y se ríe cuando los pétalos caen marchitos al suelo. —¿Me estuviste esperando? —Yo ya no tengo esperanza. Vine porque tú me llamaste.


primera literaria

Sus carcajadas resuenan en mis oídos. La esperanza es un mal disfrazado de bien: hace que los hombres crean en que hay algo más allá de sus acciones. Entonces se convierten en entes pasivos, confiados en un futuro incierto. Pero la esperanza sólo puede serlo cuando no se ha realizado, cuando se persigue y no cuando se alcanza. Está en su naturaleza no ocurrir nunca. El Relojero creía en ella; ahora está perdido en el infinito de universos sin poder encontrar el camino de regreso. Él, en cambio, está aquí y yo estoy con él. No necesito el tiempo. No necesito tener esperanza. Lo tengo a él. Lo tenía a él.

5

sentir el poder de la otra, ardiente e infinito. Solía decirme que no le temía a la muerte porque encontraría la forma de volver; sin embargo, su poder no fue suficiente para salvarla. Esa noche pude ver desde mi celda el resplandor rojo del fuego; no la escuché gritar, porque las otras gritaban mucho, llenaban el aire con sus alaridos y yo lloraba de miedo y de tristeza. Pero ella se fue callada, así que no supe cuánto tiempo duró su tormento. Al día siguiente mi padre se atrevió a mirarme. Reconocí sus ojos verdes, mis mismos ojos verdes, asomados por la rendija de la puerta de hierro. Madre siempre me dijo que se enamoró de mi padre cuando lo miró a los ojos. Tranquilamente me explicó que mamá ahora estaba en el lugar al que pertenecía. Le sostuve la mirada y le sonreí. —Es cierto, papá. Yo también puedo ver el mar. Corrió escaleras arriba mientras yo tarareaba una canción. Es la misma canción que tarareo ahora mientras acaricio su rostro blanco. Tiene los ojos cerrados y está quieto, muy quieto, tranquilo. Quisiera que despertara porque cuando duerme siento que no está, que se ha ido, pero no puede irse sin mí. Siento miedo y frío, otra vez el frío, y quiero gritarle que abra los ojos o que me comparta sus sueños, yo ya no quiero dormir desde que soñé con un bosque negro, con una niña de trenzas y ojos castaños, con un monstruo de dientes afilados que intentaba devorarla. Pero se despierta y volvemos a empezar. Sus frágiles alas se agitan como en un baile que sigue el compás de nuestros cuerpos.

He creado un bosque y lo he desvinculado de los otros mundos; sólo yo decido quién entra y quién sale. Aquí no fluye el tiempo: el cielo es una bóveda estrellada en la que reina una luna llena perpetua. Las flores no se marchitan, las estaciones no pasan; de vez en cuando, permite que un poco del otro fluya en la hierba o en los árboles, manipula el flujo del tiempo para que la muerte llegue irremediable, pero yo regenero un mismo ser atemporal y el ríe a carcajadas. Creíamos que él era únicamente eternidad, amor mío, sin importar si ésta era vida o no. Creíamos que ser eternos era lo mismo que congelar un momento. Sus manos recorren mi espalda, su aliento eriza mi piel, su voz es el único sonido que profana el silencio. Somos eternamente sudor y saliva; somos una trampa. Una noche abrí los ojos mientras me besaba y vi el aletear de una mariposa. Solíamos ser sus presas. Formábamos parte de un fluido uniforme que borraría los rastros de Una vez mi madre me dijo que estaba doblemente nuestra existencia, condenados al cambio y la maldita por heredarle la belleza inhumana y la muerte. Ahora vemos como los demás son brujería. Sus dedos blancos acariciaban mis arrastrados en un remolino del cual no hay mejillas de niña y sonreía; ambas podíamos escapatoria; a diferencia de él y yo, su final es


6


7

propias manos y existo en cada árbol, cada hoja, cada pétalo de flor a los que nunca se les permitió tener una esencia propia. Todo tiene precio y yo tengo que compensar mi intrusión en el ciclo; nunca podré morir, nunca podré volver. Lo siento tanto, mamá. También a mí me destruyó mi amor. La mariposa no deja de agitarse violentamente. Decido que por lo menos una de las dos debía dejar de sufrir e hice un ligero movimiento con el dedo. El olor de sus alas chamuscadas es lo último que percibo antes de Las alas hacen ruido cuando chocan con el frasco cerrar los ojos. de cristal. Me molesta que se mueva; todo está en calma, tranquilo, exactamente igual que como él lo dejó. Incluso yo no me he movido: sigo acostada boca arriba y espero con los ojos fijos en la luna. A veces su blanca superficie refleja una cara o me trae una voz, como en un susurro; aprieto fuerte los párpados y tarareo la canción de cuna. Dicen que una eternidad no es nada cuando se ama, pero soy yo la que ya no es nada, no sé dónde empieza mi cuerpo y dónde la tierra y la hierba, joven-tierra, mujer- hierba con el corazón de piedra porque el de verdad se lo ha llevado él. Intento de nuevo hacer aparecer en mis manos una criatura parecida a la que ahora lucha por volar libre de nuevo, pero no resulta, nunca resulta, siempre hay un detalle que lo arruina todo: las alas son muy grandes, la cabeza muy pequeña, son muy raras las franjas, el color no es tan brillante, algo está muy mal, tú te fuiste y yo decidí quedarme, pero todo fue su culpa, mi vida, ella tejió la esperanza con su vuelo. Ya casi no siento el frío ni la soledad, sólo la hierba que sube poco a poco por mi cuerpo, lo transforma, aunque eso no importa realmente; mi flujo del tiempo es de él y sólo él podrá cambiar mi dirección. Pero ya no podrá encontrarme porque ya no existo. ¿Por qué quieres salir, pequeña? ¿Qué no ves que aquí afuera no hay nada? Nada es real, es tan solo un bosque que debía ser la jaula. Ahora es mi sepultura, pues soy el mundo que creé con mis

inminente. ¿Qué harían si se vieran desde fuera, desde este estado estático que él y yo hemos construido? La eternidad es ordenada, pura, es seguridad, control. La eternidad somos nosotros y en nosotros nace. Hay algo extraño, sin embargo, en el caudal temporal en el que se sumergen los hombres; a momentos parece que ellos pueden decidir la dirección del río. Esa sensación dura tan sólo unos instantes; sin embargo, un instante es lo único que se necesita para que lo eterno se vuelva efímero. ¿De dónde llegaste, mariposa?


8

miscelÁnea

In memoriam

CREACIÓN

Por Carlos M. Cid

La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos Alejandra Pizarnik

Ayer me enteré de la muerte de tus padres y golpeé con furia los días y las horas nostálgicas, te buscaba en su cínico silencio y te encontré dormida. Estabas soñando en el interior de una bala con el brazo extendido, guardando en tu mano la belleza de lo que nace. Y te preparé mi abrazo como un horizonte de seda para invocar tu santidad profana tu vuelo de diosa mártir en mi cuerpo de lobo. Pero el disparo penetró en tu alma, despertando una palabra lejana en tu silencio ingenuo, en tus labios de mujer tierna balbuceando incontenibles la tristeza de la mañana. Ahora la noche me come y me bebe, me sepulta en una insoportable caída de meteoro estela dúctil girando incontenible hacia tu desnudez. He traído mi cuerpo hasta ti este domingo pero en vano el alba me corona,


primera literaria

9 en la hora más solemne de la tempestad me postro ante mi creyente lienzo de lo inmóvil. En ti las horas transcurren como perros cansados cargando en el hocico tu belleza.

Bendita eres entre todas las mujeres Tu piel de cítara muerta canta para mí, petrificante aroma de astro derramado en mi memoria. Arcángel de mediodía consuélame en tu pecho de mártir, derrama tu indulgencia sobre mi cuerpo insepulto. Surtidor de gracia inmunda, Eva de las mártires desnudas, ruega por nosotros tus pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte: Amén


10

miscelÁnea

La pintura

CREACIÓN

Por Joshua Córdova Para el alma de Roberto

Cada mezcla indicaba la textura que las manos de don Félix querían plasmar. La combinación de colores era un azar en la espátula; asimismo, la mezcla de matices que surgía del pincel, pues parecía un tinta inagotable de tonos. La fusión de los pigmentos reflejaba su deseo de reposo en el lecho lúgubre. Aquella noche, el dolor no le impidió acariciar el lienzo de Camelia, su amada mortal. Se detuvo un instante. La demora de no haber pintado en años —su artritis se lo impedía— le reventó la paciencia, pero sus dedos no soportaban sostener una brocha durante más de cinco minutos. Se levantó del asiento, después se dirigió a la mesa donde había té. Trató de tomarlo pero tiró la taza. La soledad del páramo lo habitó nuevamente. Con el coraje derramado por los ojos, don Félix se adentró nuevamente en el bosque de trazos. Una diadema de tela adornaba la imagen solitaria de un cálido rostro. Los capullos que lo miraban se combinaron sutilmente con el cabello que caía y caía como ráfagas de viento. En el cuello, un dije colgaba solitario sobre el pecho de la joven. Lo demás eran pinceladas que unían lo real con lo maravilloso. Los rasgos pintorescos cobraron vida. Al teñirse con un poco de óleo, la piel del viejo se fundió con el cuadro, en consecuencia, las manos del hombre y la mujer se aproximaron. El hálito de la muerte parecía real. Su sombra se reflejaba en el piso. La gradación de la pintura parecía difuminarse por el aire mientras el semblante de ella se surcó como el arado. Después, un ósculo se disolvió en la expresión de don Félix. Al delinearla, la mujer surgió del lienzo envejecida, pues la vida no es más que una pintura de arrugas que caen sobre el rostro al contacto de un beso. Don Félix —calmo, por fin— suspiró tranquilamente, luego, pudo conciliar el sueño.


primera literaria

11


12

palomazo

Sonidos 2015

reseña

Por Ashel @ElChetumal

A continuación se presentan cinco producciones nacionales generadas durante el 2015 que según el criterio de un servidor, vale la pena escuchar:

Valerio y la última vuelta al Palejonú - Jean Loup

En este trabajo, Jean Loup nos muestra una evolución grandiosa, con ese característico math-rock con toques de post-rock y melodías juguetonas que dan como resultado un grandioso trabajo lleno de diferentes matices.

Escúchalo en:

https://jeanloupoficial.bandcamp.com/album/valerioy-la-ltima-vuelta-al-palejon

FB:

https://www.facebook.com/jeanloupoficial

The Broadcasting Department of Philadelphia - Pure Morning

Pure morning nos lleva con este trabajo por un viaje lleno de melancolía y sonidos noventeros de bandas como My Bloody Valentine o Slowdive, mediante atmósferas típicas del shoegaze, con sonidos sencillos pero envolventes.

Escúchalo en: https://puremorningband.bandcamp.com/album/thebroadcasting-department-of-philadelphia FB:

https://www.facebook.com/PureMorningBand


13

primero

Musical

Knivar - Father Saturnus

De las cenizas del Akûma nace esta gran banda que debuta con esta producción que contiene elementos que van desde el hardcore hasta el post-rock.

Escúchalo en:

https://fathersaturnus.bandcamp.com/album/knivar

FB:

https://www.facebook.com/Fathersaturnus/?fref=ts El cambio de nombre (antes Baby Nelson & The Philistines) trajo consigo también un cambio en su sonido, sin embargo, la banda nos entrega un álbum igual de disfrutable que sus anteriores producciones, música con un estilo punk/garage.

Tibio - Nelson y los Filisteos

Escúchalo en:

https://nelsonylosfilisteos.bandcamp.com/album/tibio

FB:

https://www.facebook.com/nelsonylosfilisteos

Dimensión Maldita - Apocalipsis

Para cerrar con broche de oro, les presento la última producción de Apocalipsis, demasiado infravalorada a mi parecer y de los mejores trabajos de año, con riffs enormes y llenos de poder que van desde el Sludge hasta el Black Metal.

Escúchalo en: https://apocalipsis.bandcamp.com/album/dimensi-nmaldita FB:

https://www.facebook.com/Apocalipsisband/?fref=ts


14

Óleo

miscelÁnea

CREACIÓN

Por Gibrán Valle Para Inés

El pincel, cargado de blanco titanio haciendo estragos a lo largo de tu piel. Tu saliva, solvente en beso foráneo borrando desfalcos de mi paleta altiva. Mi pigmento, polvo de bruces que te dejó sin aliento. Tu siena tostada, senda a tu rizo secreto de madrugada. Mi imprimatura, con velo de gesso rodeé tu cintura. Tu azul cerúleo, impalpable en ocasiones como mercurio. Mi velada, caricia aceitada tras de la pincelada. Y tu bosquejo, montada en mi caballete mirando entre trazos tu propio reflejo.


primera literaria

15

La mañana siguiente

Yo conozco a la mujer que cepilla su cabello dentro del vagón del metro, sé que podría ser ella la misma de aquel momento matutino en que sentí la espuma detenerse sobre la amarillez de mi piel serena y blanda. Reciente he visto yacer, con soledad virtuosa, a una mujer desnuda, y la he visto cargar sobre cada palmo de su piel el sospechoso lunar de la promesa. En mi piel el agua se seca. Sus cabellos vuelan al interior de un túnel oscuro. Silencio. Es ella. En cada omisión acústica, en cada benevolente onda que hacia el interior de mí se propaga hasta convertirse en línea ordenada, en sintagma o en tren, persiste otra línea del cuerpo de alguna mujer: un cabello, ese espiral del ombligo, la inescrutable línea de unos labios contenido o este dedo insípido que por cada idea aprende a teclear. Silencio. Ya presiento a esa mujer.

Por Estefany Villega


16

miscelÁnea

Tábano

En la televisión una escena: la muerte de un hombre al que se le atoró un hueso en la garganta. Risas. Risas grabadas que no eran suyas. Provenían de sus compañeros de sala, de sus mandíbulas batiéndose al unísono. Levantó las piernas sobre los reposabrazos del sillón, las abrió. En la pantalla, si uno observaba el reflejo en el cristal, podía verse su vulva. Las muecas de los videntes seguían intactas como el rictus de los condenados a morir. Ojos chispeantes, reflejo de la pantalla, carcajadas continuas y mudas que se superponen a la suya. Un suspiro que le brota. Entonces fue que salió de casa. O al menos eso es lo que me contó después. Vagaba sola en la calle cuando la encontré. La falda corta. Le aquejarían los calores, los de afuera, los de adentro. El vapor caliente que sale de la rejilla del metro es como el tacto que la ha de añorar aún, a lo lejos, manos batientes en la memoria, en otros sexos. La segunda mano que tocó el suyo, la recuerda. La primera fue su izquierda, la tercera, la derecha. Las suyas alisaron los pliegues de la blusa, acomodaron los senos pequeños, pezones erectos de frío. Una seña con mi mano, y viene a mí. A estas horas la calle es desierta, casi. Una larga pierna tras la otra es llevada por el ansia de las banquetas mojadas. El sopor de la lluvia evaporándose. El bochorno la transporta, pies firmes en sus tacones a mi ventanilla. No hay

CREACIÓN

Por Jorge Arroyo

ceremonia, ni tarifa, dice. Parpadeo tras las gafas gruesas, desconfío de propuesta tan generosa. ¿Me abres? Pregunta. Estira la blusita, veo las tetas exiguas. Le abro. No lo entiendo. Me observo en la ventana algo empañada, mi cuerpo negro, masivo, chorreando sudor como la lluvia en la ventanilla. Cómo está eso de que me vas a salir gratis, le pregunto. Sólo sonríe con unos dientes grandes y algo separados. No te quejes, te va a gustar. Una risita de travesura. El auto chapotea en un charco al acelerar. Mi sangre le lleva la delantera. Su mano se apresura hacia mí, mano pequeña, fría. Busco sus ojos, giran hacia el retrovisor. No, ya en serio, por qué. No me quedo contento en la duda. Su cabecita hacia atrás en el asiento, en él se hunde, y de él se aleja evaporándose en recuerdos. ¿No me vas a responder? No. O quizá sí, parece con la boca a punto de soltar una palabra. Y entonces contesta, después de un rato donde sólo crece el vahído que provoca su calor. ¿Conoces los tábanos? Atardecía, me cuenta. Su abuelo, soldado viejo, curtido, áspero, tallaba un pedazo de madera con su navaja en la puerta de su casa. Su abuela, vagina cansada-altar a la patria, quemaba rencores en el rescoldo del fogón.Ella, sentada junto al arroyuelo, hacía círculos con la derecha en el lodo, hacía círculos con la izquierda bajo su falda. La primera mano. Su reflejo en el agua,


primera literaria

enrojecido. Se arremangó el vestido enlodado, las yemas de los dedos suaves e incandescentes. Le gritaron desde la casita. Se levantó rauda, los insectos se levantaron también como nube desde la hierba en la orilla. Ay, dijo la niña, y de un manotazo le pegó al tábano atrás de su muslo. El insecto, moribundo, sepultado poco a poco por el lodo. Sollozando dio unos pasos hacia la casa cuando su abuelo llegó. Qué pasó, preguntó mientras la veía, roja, sucia y con el vestido levantado. Mira, le dijo él, ven. Y tomó su manita. La llevó a la troje, y con delicadeza la volteó y vio la roncha. Le sobó el pequeño muslo con manos callosas, rasposas como lija de cerillos que quemaron, encendieron la piel de la niña. Por aquí te picó, le preguntó. Ay, un grito que no sale de su boca. La comezón de una nueva punzada. Le sonrió una boca de dientes podridos. Risas mudas las de él, ojos que carcajeaban. La segunda mano. Cuando volvieron a la casita la abuela, muda, contemplaba el fogón que ya se había apagado. Así lo recuerdo, dice ella mientras abre los ojos. ¿Te gustó?, pregunto. Duele mucho la picadura, responde. Ríe. Un ente de ojos de cristal ahumado y corbatín ajado responde a mi mirada en la ventanilla del conductor. ¿No hizo nada más? le insisto. No. Calla de nuevo con la mirada en la ventana empañada. Sus ojos tropiezan con el reflejo de los míos. No volví a pensar en sexo hasta mi fiesta de quince años, sigue después de un rato. Su vestido parecía un hábito usado de monja, burdo, basto, de roce áspero como los dedos que muertos surgen de su memoria. El calor despierta de su amnesia. Ella, arrebolada en encajes-mortaja, pasó la mitad de su fiesta encerrada en el baño (la

17

tercera mano). Enferma de nervios, les dijo a sus padres. La puerta atrancada, el espejo reflejando su sexo descubierto bajo las enaguas. El grito, el estertor. Al salir tocaron su frente, hirviendo, y la llevaron a casa, sonriente. Una sonrisa silenciosa de dientes disparejos que ahora me contempla. Me hace estremecer. No quiero verla. Miro al frente. Hemos llegado. $350 un cuarto sin aire acondicionado, un robo. Le abro la puerta del auto y mis ansias la jalan conmigo. Segundo piso, a la derecha, y a la derecha. Un set falso con una cama plástica. Espejos en el cielo. Mientras se quita el vestido saco la piedra filosofal y le enseño a transmutarse, el mechero titila en los reflejos sobre nosotros. Su cabeza reproduce la cinta en tecnicolor, aquella tarde de sus once años, y se le vienen los colores a la cara, a los pechitos puntiagudos. El rubor de las comezones no rascadas. Desde mi maletín la cámara, el show empieza con un centelleo rojo. Me desnudo, inmenso, zumbante, la rondo. Sube a la cama y sonríe. A ella, la protagonista, se le atora un hueso en la garganta. Risas genuinas, las de ella. El picor del tábano.


18

camera

Ciudades desiertas

fotografia

Por Armando López

1) Torre Latinoamericana

Febrero 15, 2015 Una de las fotografías ganadoras del Icon of freedom 2015; participó en dicha exposición en el Creative London OXO Tower Wharf, Londres.

2)Palacio de Bellas Artes, México, DF.

Julio 15, 2015

3) Retrouvailles Diciembre 9, 2015

4) Retrouvailles Diciembre 9, 2015

5)Monumento a la Revolución

Julio 15, 2015


lucida fotografia

19


20


21


22


23


24


25


26


27


28

expedientes

Sobre Flor y Espejo o Imagen de Julia de Emiliano

CREACIÓN

de la Rosa

Justificaré el presente trabajo pues podría malinterpretarse la crítica como un acto de proselitismo, lo cual no es el objetivo, sino el ofrecer una primera lectura crítica sobre poetas contemporáneos, nacidos entre 1985 y 1996. Sin embargo, hay bastantes poetas destacados de esta generación, algunos de ellos reunidos en la antología Postal de oleajes de la poeta Jenny Bernal; pero, dentro de esta generación son las prácticas las que permiten agrupar a las creaciones poéticas y las maneras de “ser” de la poesía. Se puede hablar, por ejemplo, de una generación FONCA, escritores de menos de 30 años que buscan ser becarios de la ahora extinta CONACULTA; la generación de becarios que buscan el apoyo de fondos privados como la FLM, y los escritores que se reúnen en torno a los premios literarios. En fin, las prácticas institucionalizadas de la literatura pueden definir cierta agrupación de escritores.Por otro lado, están aquellos que conforman colectivos literarios, que aunque con intereses muy diversos, saben encausar una misma

Por David Paredes

preocupación quienes posteriormente organizan una editorial independiente. Dentro de este marco hay poetas como Odeen Rocha, Sandra Peña, Monserrat Arias, Aldo Vicencio, entre otros. Luego, poetas que no conforman ningún colectivo, pero que coinciden dentro de las literaturas expandidas y digitales, como Roberto Cruz, Tania Carrera, Eduardo Tiselli y Amanda de la Garza. Fuera de todo esto, se encuentra Emiliano de la Rosa, poeta en quien aún se lee poesía que intenta apegarse a lo tradicional —lo que sea que signifique tradicional, en este caso significa la influencia de poetas del siglo de oro de quienes la poesía mexicana no se destetó hasta el modernismo—, rasgo tan evidente que intenta permear la ortografía (“Locvura”) y la sintáxis. Otro punto a favor reside en que Evodio Escalante, importante crítico e investigador, se interesó en el libro, por lo que asistió a la presentación del mismo. Ésta es mi premisa: hace falta realizar crítica de esta generación para que no pase desapercibida porque hay un vacío crítico enorme y qué mejor que empezar con un


críticos crítica

texto que ya alguien ha criticado como bueno. Evodio Escalante habló sobre la influencia bíblica en el poemario durante la presentación del libro. No cabe duda en tal afirmación cuando al término de cada poema está escrito Selah, palabra de origen hebreo que sobresale en 39 salmos del Antiguo Testamento cuya aparición se remonta hasta la traducción de Casiodoro de Reina, quien prefirió no traducir la palabra1. Juan Bautista reflexiona sobre las posibles significaciones de Selah con base en dos acepciones: la primera del máximo doctor de la iglesia romana, San Agustín, quien supone la función de diapsalma, un silencio que separa los salmos en el canto — Diapsalma interpositum in canendo silentium significat—. Por otro lado, la del Dr. García Blanco que se opone a la traducción musical griega de Selah, por lo tanto traduce la voz hebrea desde la filología y en relación con los pasajes que dicha voz junta. Así, Selah varía conforme el salmo: “secretamente”, “silenciosamente” u “ocultamente”. Bautista toma una posición de inconformidad frente a ambas propuestas, de modo que las retoma para dar un giro: Selah es un silencio durante el canto; silencio que habla con diferente voz dependiendo el contexto oracional. Aquí, deja a un lado la filología por su interpretación religiosa, casi poética, de Selah:

Lo que no pueda explicarse con palabras tal vez pueda entenderse con el corazón […] ciertas veces el silencio es más expresivo que la palabra. Y así Selah, que podríamos llamar la sagrada pausa del Salmista, al presentarse después de una verdad importante o de un pensamiento nuevo, no requiere nada más: la lengua calla; el arpa o el salterio sigue repitiendo en melodiosa cadencia la última

29

frase del cantor, mientras nuestros corazones [asienten] interiormente a la verdad divina. 2

El silencio —como experiencia mística y colectiva— no es la mera ausencia de sonidos o de ruidos que disturben la espiritualidad líricapoética de los salmos ejecutados, sino el silencio que como el alba rasga el velo de la noche; revela verdades superiores al conocimiento humano. Así, está el silencio de admiración, el silencio solemne, el silencio del dolor y el silencio de reflexión. Emiliano de la Rosa toma ésta voz en su poemario, porque la poesía es más que una experiencia del lenguaje que desautomatiza nuestros sentidos. La experiencia es mística porque intenta conectar con el espíritu del hombre. Los dos epígrafes al principio del librito dan orientación sobre el contenido del mismo y el camino a seguir para interpretar las significaciones —por ejemplo, ¿quién es Julia?—. El primero pertenece a San Juan de la Cruz de su libro Subida al Monte Carmelo, que versa sobre “la noche oscura del alma”, el sufrimiento por el cual el alma debe pasar para llegar a la luz divina que une con Dios. El segundo epígrafe corresponde a Apuleyo en su Apología o discurso sobre la magia en defensa propia , un cuasi tratado sobre los espejos. La traducción de la cita: “Dime ahora, si confieso que también me he mirado en el espejo, ¿qué crimen es finalmente conocer la propia imagen y no guardada en un solo lugar, sino llevada a donde quieras, disponible en un pequeño espejo? ¿O ignoras tu que para el ser humano nada hay más digno de contemplarse que su propia imagen?” 3. Los epígrafes hacen muy interesante el poemario, ya que en Flor y Espejo la imagen de la amada reemplaza la imagen de uno mismo. El reflejo del espejo sirve para construir la identidad del ser humano “Y mi único camino de reconocimiento este espejo”. Cabe aclarar que,


30

comotodapoesíamística,estaimagende identidad se construye en el interior desdeñando la exterioridad de las sensaciones: Por eso nada tengo por mío Nada quiero sino tu gesto Nada es nuestro en esta tierra Y nada es más suyo sino su imagen […] Me he guardado del mundo. De la ciudad y de los pueblos. Y del camino. 4

A raíz del génesis, el segundo poema del libro genera un espacio no edénico, al contrario, caótico y obscuro “Sea el caos y su silencio” donde el hombre mismo vive hacinado en la angustia de la existencia “Todo repose lejos de mi mientras yo yazca con los brazos en derredor de mis rodillas juntas” como si el desentendimiento del mundo y su caos comienza con la posición primordial que es la del feto en gestación. En esta primera estrofa, la nada conforma la existencia, propuesta interesante de Hugo Mujica quien hace una relectura de San Juan de la Cruz en “La nada: fuente y metáfora”:

Dios crea de la nada y para nada: rosa sin pétalos, dios sin dios: lo humano/ El hombre es su nada, pero su nada no es él./ Esa nada es su fundamento, su espacio de dios: su ser sostenido apareciendo. Su pender y depender: su brotarse alma. 5

En ambas citas los poetas coinciden en influencia y en la concepción de la nada como la existencia misma del alma. Más adelante en Flor y Espejo dice: “Sacie mi hambre solo con agua”, que dentro de la poesía mística española remite a Santa Teresa de Jesús, exactamente a El Libro de la Vida , donde la mística utiliza el agua como metonimia de las lágrimas: tres tipos de agua, sacadas de tres fuentes diferentes. En este caso, el agua que sacia el hambre es el agua del dolor; luego, ésta agua dolorosa es donde se refleja la identidad de la voz poética, sin embargo, conforme avanza el poema, este reflejo se ve turbado por la presencia de una entidad ordenadora del cosmos entero: “Caen del cielo

y mi reflejo se turba”. “Hito pluvial”, ya no saca agua de la fuente anterior, sino de otra fuente: la fuente del amor. Lentamente la identidad es reemplazada por la mujer de origen divino “Todas las amistades de la luz se regocijan en tu cuerpo”. La propia mujer, Julia, ha despertado del letargo al poeta, y éste por fin puede ver el mundo exterior a él, ajeno, pero como Salomón en el libro de Eclesiastés se da cuenta que todo sobre la tierra es vanidad. Es curioso el uso de verbos en pretérito perfecto compuesto, ya que la semántica de los verbos en ese tiempo denotan que la acción no está acabada; la acción se perpetúa por tiempo indefinido, usando enfáticamente el “ver”. Pero este mundo es tan


Y entonces la razón se ofusca para dar paso a elucubraciones incesantes hasta que, sin darse cuenta, la guía, su identidad y reflejo, desaparece —“En sueños te has ido y así ha sido en verdad”—. Aquí el poeta para describir el sentimiento de la ruptura opta por desechar el lirismo verborreante: Déjese la palabrería: la ausencia duele, corroe, desgasta, carcome.

31

Lentamente cae y trata la noche más obscura de su alma como diciendo que el amor es brevísimo y el sufrimiento largo en Que pronto llegan las noches, la segunda parte del poemario. Aunque corto, el poemario es sustancioso y va directamente al grano sin recovecos. La influencia de la poesía mística española es muy fuerte, pero genialmente imprime su sello personal con el reflejo de la imagen como constructor de una identidad interna, el dolor físico y espiritual de la pérdida y el terno retorno de la historia. Por último ¿quién es Julia? Julia es la amada que el poeta lleva como una imagen, imagen que como alma desplazó a la del propio hombre; es su flor y es su espejo. aberrante que el observarlo causa un dolor en el hombre, de tal manera que en el siguiente poema declara “Soy un ciego y tú una guía de palabras resonantes al camino”. El amor, pues, funciona a manera de elevación espiritual para desentendimiento de este mundo; el amor místico como una escuela iniciática consta de un guía y un discípulo: si es maldito el hombre que confía en el hombre ¿qué será del hombre que confía en la mujer? Locvra Sobresto se abatel corazón […] De mirra ya sufre […] Yo hago lo qve me place y bebo agva cuando me place, y canto lo qve me place.

Notas 1Hay

estudios interesantísimos sobre la palabra desde la filología y la música. Véase: Charles A. Briggs. “An inductive study of Selah” en Journal of Biblical Literature. Vol. 18, No. 2 (1899), pp. 132-143. Dalton, J. “Meannig of the word Selah” en Notes and Queries. Vol. 5, No. 126 (1864), pp. 433-435 y Norman H. Snaith. “Selah” en Vetus Testamentum. Vol. 2, No. 1 (Enero 1952), pp. 43-56. 2Juan Bautista Cabrera. “El significado del término Selah en los Salmos” en http://www.literaturabautista.com/el-significado-deltermino-selah-en-los-salmos 3Apuleyo. Apología (trad. Roberto Heredia Correa). México, UNAM, 2003. 4Emiliano de la Rosa. Flor y Espejo o imagen de Julia . México, Memorabilia Ediciones, 2015, pp. 9 y 10. 5Hugo Mujica. “Juan de la Cruz. La nada: fuente y metáfora” en Ojo Real. No 15 (2004), p. 90..


32

veinticuatro

CINE

Figuras cinematográficas prometedoras Por Juan Manu A menudo reconocemos a ciertas personas como talentosas; ciertamente existen mejores carpinteros que otros, mejores oradores, negociantes o artesanos que inmediatamente se inscriben dentro de lo que se considera “lo mejor”, pero la importancia del talento se encuentra, o por lo menos lo que se espera de las personas talentosas, es su perdurabilidad como tal. Un aspecto que no podríamos totalmente exigirles porque resulta imposible que un individuo abarque completamente el concepto como tal del talento, sin embargo, resulta inevitable concebir expectativas alrededor de lo que esperamos que hagan; por eso, y habiendo aclarado el punto, señalaré algunas de las figuras contemporáneas que creo que están más cerca de un futuro prometedor en la arte cinematográfico por lo que han presentado en su tarjeta de presentación, es decir, en su ópera prima.

Jennifer Kent

Muchos críticos, además de una gran parte de la audiencia, asegura que el género de terror es sin duda alguna el más difícil de realizar con éxito, además de ser actualmente el menos reconocido en certámenes y el que genera pequeñas fortunas en comparación con su presupuesto inicial porque le apuesta más a efectos secundarios que a la propia narrativa o al planteamiento de ésta. Hemos visto innumerables variaciones de la

misma historia, de los mismos encuadres y descaradamente de la misma fórmula entera; no debería sorprendernos que la australiana Jennifer Kent, ayudante de Lars Von Trier durante el rodaje de Dogville, estrenara la silla de director de largometrajes –la figurativa silla de cortometrajes la estrenó en 2005– en el 2014 con la presentación de The Babadook. Jennifer Kent conoce el oficio: sabe lo mucho que importan los pequeños detalles de su monstruo: su origen, las maneras de llevar al límite a sus víctimas e inclusive la sonoridad de su nombre; impulsa individualmente a sus personajes para que se desenvuelvan con pertinencia las relaciones entre estos para el propósito del film y produce, a través de la imagen, la película misma. Aunque es cierto que el terror no llega a los huesos, el guión de Kent contempla un miedo latente que se sustenta y flanquea, como un vaivén, entre la racionalidad y la imaginación. Reconozcamos el sentimiento que nos causó y causará The Babadook, veamos a través de él y, de cerca, enfoquémonos en Jennifer y en lo que nos dirá en la posteridad.


fotogramas

CINE

33


Ana Lily Amirpour

Desde su estreno, A Girl Walks Home 34 Alone at Night, ópera prima de Ana Lily

Amirpour, se incluye en el género de terror, en el de romance, de thriller y, debido a ciertas características y su bajo presupuesto, al indie; el cómo de este raro, pero no imposible resultado, que no fue causado por convenios entre los realizadores y las distribuidoras para atraer a más público, surgió por su gran seducción intelectual que combina su poderío visual en blanco y negro, su propositivo guión, su fotografía y el trabajo actoral de ambos protagonistas para ejercer la obra cinematográfica con el fin de decirlo; sí, de decirnos aquello que se vislumbra desde el título y que puede revelarse ante el espectador si sigue las fascinantes y bien logradas pistas del film. Ana Lily Amirpour distingue el fin del oficio y le otorga al cine la oportunidad de volver a ser aquello que nos funciona para expresar las preocupaciones, la visión y las críticas, a través de la ficción, del mundo en el que vivimos. A Girl Walks Home Alone at Night ha llegado a varias salas de cine enteramente por sus méritos artísticos que han maravillado tanto a la crítica como a la audiencia; la ópera prima de una realizadora de quien posiblemente queramos seguir su voz con los ojos en sus películas.

Alonso Ruizpalacios

Alonso Ruizpalacios no es precisamente un hombre inexperto en la dirección, sus trabajos en televisión y teatro, en donde se especializa, avalan su agudeza artística; no obstante, no fue hasta el 2014, año en el que se estrenó Güeros, en el que hubo un gran interés en el hombre detrás


de la película ganadora de cinco premios Ariel. Ruizpalacios logró, contra el pronóstico, lo más difícil: hacer la película de una generación sin el apoyo de una productora adinerada, es decir, con sólo la ayuda de sus amigos y su constante trabajo. Güeros no sólo representa la complicidad de un grupo de personas con un camino compartido, también simboliza el fresco cambio en la cinematografía nacional que, con su intelecto para formar múltiples contrastes y diálogos inteligentes con toques de humor negro, revelan los vacíos sociales y culturales del México contemporáneo. El plano que hace de Güeros una película completa es su estructura íntima que involucra características que Ruizpalacios ve en la Ciudad de México, es por eso que, en palabras de Alonso Ruizpalacios, Güeros es una canción de amor a la Ciudad de México. No queda más que decir que estamos listos para otra pieza, ya sea musical o no, de Alonso.

Damien Chazelle

Sin más: Whiplash consiguió que Sony Pictures decidiera ser su distribuidora oficial a nivel internacional después de su estreno en el Festival de Cine de Sundance; es tan buena que fue reconocida, sin exageraciones, ni ideologías, ni nombres distinguidos o dramas políticos o sociales por detrás, como suele elegirse últimamente a la mayoría de las películas competidoras en los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, mejores conocidos como los Premios Óscar, nada más y nada menos que a cinco estatuillas; tanto que debido a su simple y audaz historia, surgió uno de los mejores finales de la última década y, tras haber triunfado firmemente en crítica, el público ha decido predicarla como una película de culto, a lo cual me uno sin ánimos de emocionar a los lectores. Damien Chazelle bien podría no ser uno de los mejores directores de los próximos años, sin embargo, su ópera prima indudablemente será recordada durante mucho tiempo porque consigue mezclar lo mejor de todos su elementos para

para construir una obra que funciona como unidad y nunca por sus aspectos aislados.

Xavier Dolan.

35

No sabemos si Dolan podría hacerlo mejor, pero sinceramente eso no nos abruma porque todas sus películas cuentan con una sólida secuencia estilística con el justo grado de variación excéntrica de un director de cine y, con tan sólo veintiséis años y más de cinco largometrajes, es el personaje más importante del cine canadiense de los últimos años; posiblemente es la imagen que ha logrado que personas como yo confíen en que las expectativas sí pueden superarse dentro del cine con la justa medida entre ingenio y esfuerzo y por lo que decidí enlistar a los directores de cine que podrían continuar con su desarrollo artístico en un buen camino.


36

Luz

miscelÁnea

Esta luna blanca que te inunda los ojos; su conejo, gris como una gata altiva; esta noche, sus estrellas trémulas y sin piel;

CREACIÓN

Por Edgar Chávez García

la trampa de la estampa lunar, translúcida, que domina el ocaso; el reino del sol, quemante y azul, cuyas nubes sojuzgadas se evaporan; la humilde franqueza del silencio del bosque, catedral de cúpulas verdes, reflejos solares; del viento, murmullos de la materia, aliento helado del tiempo; de los rescoldos de vida en los troncos caídos, templos y altares del mundo; los enjambres de aves, las nubes que trazan sus caminos, son míos… los respiro, partículas extrañas que me traspasan; sonidos que se tejen con mi cuerpo, se enlazan y erigen el árbol de mi alma. Es dado en este mundo que haya hilos de tiempo, finas telas de araña enlazadas entre las húmedas piedras de la memoria, del pozo del agua primordial, que no resisten las espinas: tu miedo, tu olvido, tu silencio…


primera

37

literaria

Es dado en este mundo que haya triángulos, que entre tú, la luna y yo se trace uno… pero la luna de neón, y su conejo se comieron mis ojos de niño antes que los tuyos. Tus ojos de espejo, distorsión castaña de mi tiempo, compresión supermasiva de mi pecho, atracción ineludible hacia el sol hueco bajo tu tetilla que desgrana y dispersa mis átomos en chorros luminosos; el cielo estrellado de tu piel; las mariposas púrpuras que refleja tu cabello serán espectros, la ilusión de matergia, de espacio-tiempo; los hologramas no viven sin luz y la luz la tomo yo. Esta radiación sonora, de palabras, será el alimento de mi costado hendido, las ondas que inundarán mis sienes, la paz que rozará mis lóbulos… creará el nuevo volumen de mi cuerpo y mi alma, trazará constelaciones que no existen en tu espalda, coloreará mariposas, follajes y ojos con nuevos colores, ya no con los tuyos. En ellos reclamo este mundo, lienzo desdoblado, teseracto inconsútil al que llamamos universo.


38

miscelÁnea

El festejo blanco

CREACIÓN

Por Daniel Valencia

Hasta el día de ayer no podía recordar nada. La última imagen que tenía era la de mí mismo entrando a un gran salón de paredes blancas que parecían suaves al tacto. La prisa por relatar mi desgraciada historia ha hecho que olvide presentarme. Me llamo Agustín Galindo, tengo veinticuatro años y hasta hace una semana estudiaba medicina. Mis padres lograban pagar mi carrera trabajando en una imprenta, era el negocio familiar, mi abuelo se la heredo a mi padre de la misma forma en como se había hecho generación tras generación. Yo odiaba la imprenta. Allí pasé los largos periodos vacacionales de mi infancia. Por eso, cuando terminé la preparatoria y se me dio la posibilidad de continuar estudiando o entrar al negocio, elegí el estudio sin pensarlo dos veces. Me negaba a vivir frustrado en ese cuarto de diez por diez metros, apestando a tinta todo el día, rodeado de máquinas que trabajan sin descanso con su clac clac infernal, me negaba a pasar diez horas al día entre papel auto copiable, imprimiendo recetas médicas, volantes, recibos de pagos, tarjetas de presentación mal diseñadas que ofertan exterminio de plagas, reparación de refrigeradores y trabajos de plomería… Ni madres me dije, si puedo evitar morir de aburrimiento lo haré. Elegí medicina no tanto porque me


primera literaria

39

gustara la idea de salvar vidas, sino por la sensación de poder que significaba ser el intermediario entre la vida y la muerte. Pensar que puedo disfrazar de error una negligencia para dejar morir a alguien sólo por su aspecto o todo lo contrario, salvarle la vida a un don nadie al que nadie extrañaría solo para que alguien me dé las gracias, eso era lo que me gustaba. Lo que más disfrutaba de mi carrera eran las prácticas. Éstas se realizaban, regularmente, en la morgue de un cementerio. Yo siempre era el primero en ofrecerse para abrir los cuerpos, para examinarlos a detalle. Me fascinaba el olor a sangre, ver los negros pulmones de un fumador empedernido, o el estómago deshecho por las ulceras de un jubilado controlador aéreo. Me sentía completamente feliz rodeado de cuerpos fríos. Después de cada práctica solía pasar mucho tiempo observando a los embalsamadores, viendo cómo hacían que los cuerpos se conservaran un par de días más, haciéndolos parecer dormidos antes de que los familiares o los servicios funerarios llegaran. Poco a poco me fui ganando a uno de los embalsamadores, quien me enseñó todo lo que sabía sobre cómo preservar cadáveres. Una vez que tuve los conocimientos necesarios los puse en práctica, primero con un ratón que encontré muerto en la calle, después con aves, ratas, lagartijas y cualquier animal que pudiese encontrar. Estaba tan entusiasmado con el embalsamamiento de cuerpos que lo quise compartir con mis padres. Una mañana particularmente fresca baje a desayunar dispuesto a comunicar la dicha que me causaba mi nueva afición. Después de narrarles mis hazañas como conservador de cuerpos, mis padres no dijeron nada, se quedaron inmóviles uno frente a otro. Enojado, salí de la


40

casa, quería caminar y tratar de digerir el trago amargo que me había causado la indiferencia de mis padres. Regresé a casa ya entrada la noche. Todas las luces estaban apagadas. Como seguía molesto, me dirigí directamente a mi habitación, tumbándome en la cama. Caí en un sueño profundo. Soñé con un gran festejo, una especie de fiesta de disfraces, en donde todos los asistentes vestían de blanco. Era una celebración alegre. Todos los invitados reían, algunos bailaban, se empujaban entre sí, todos siempre con una gran sonrisa. Al contemplar tal escena, me contagié de la euforia y comencé a brincar de un lado a otro, gritando, con las manos levantadas. Me había vuelto loco. Era la mejor fiesta a la que pude haber asistido. Pese a toda esa felicidad había un detalle que me desconcertaba, aun cuando era notable la alegría que envolvía al salón: no había música que acompañara el frenético baile; además, no se veía comida ni bebida para los invitados. Pasé por alto todo lo anterior, ya que mi locura era más que mi curiosidad. De pronto, un individuo vestido de blanco detuvo mi carrera a la vez que qué me ofrecía una píldora con la que según él me sentiría aún mejor. Incrédulo ante su afirmación tomé la píldora y mi vista comenzó a nublarse, todo a mi alrededor parecía moverse con lentitud hasta que no supe nada más. El día de ayer desperté, estaba en una habitación de paredes y piso acolchonado, tenía una camisa de fuerza que me impedía moverme con libertad. El hombre que me había ofrecido la píldora entró a la habitación. Ya que lo tenía frente a mí, pude darme cuenta de que era médico, o eso supuse por la bata que llevaba puesta. Platicó conmigo durante mucho tiempo, entre otras cosas me dijo que hacia una semana la vecina de la casa contigua se había alarmado ante unos gritos horribles que había escuchado en mi casa, descubriendo al día siguiente el comedor y la cocina llenos de sangre, a mis padres sin vida sentados en la mesa del comedor

y a mi hablándoles de la felicidad que sentía en esos momentos. Impactada por la imagen, tomó un martillo que encontró en el suelo y me golpeo con él en la cabeza, después llamó a la policía y ellos me trajeron aquí, al hospicio para enfermos mentales de la ciudad. A veces cuando me siento solo en mi suave habitación cierro los ojos y recuerdo aquel festejo blanco en el que ahora también están invitados mis padres.


41


42

los escritores

Miguel Guardia, el alegre pesimista

ENTREVISTA

Entrevista a Paloma Guardia Montoya

Miguel Guardia nació en la Ciudad de México el diecisiete de agosto de 1924; murió el veintidós de noviembre (el día de los músicos) de 1982. Yo era muy joven, tenía 21 años, cuando él murió. Su padre fue catalán, Manuel Guardia Fuste; su madre, mexicana. Se conocieron cuando mi abuela, Concepción Ríos, tenía catorce años. Tuvieron nueve hijos de los cuales murieron tres. Mi abuelo se rodeó por los intelectuales de su tiempo y se hizo dueño de una librería que estaba en la calle cinco de mayo que se llamó Compañía Librera Mexicana ; pienso que de ahí le pudo llegar al niño (luego joven) Miguel Guardia la inquietud literaria.

¿Quién fue Magda Montoya?

Esa pregunta es absolutamente difícil de contestar y, a la vez, la respuesta es muy sencilla: Magda Montoya es mi madre, esposa de Miguel Guardia, primera esposa de Miguel Guardia, con quien tuvo a su única hija, que soy yo. Por cartas, que mi padre envío a mi madre y que yo conservo, sé que Magda era una mujer hermosísima; la de la piel más suave que pudo

tocar; la de esencia y presencia que enamoró perdidamente a Miguel. Él era enamoradizo; después se volvió a casar con una escritora pero, ella, Magda mi madre, fue el amor de su vida, su pasión más grande.

¿Cómo conoce Miguel a Magda?

Magda Montoya tenía una escuela de danza, la Escuela de Danza de Magda Montoya , que estaba en lo que ahora es la glorieta del metro Insurgentes. También estuvo un tiempo en Mascarones. En el salón de ensayo de Mascarones había unos cristales por los que se veía a las bailarinas tomar su clase de danza. Magda y algunas de sus alumnas eran arrebatadoramente guapas, tanto así, que para Fausto Vega, Rubén Bonifaz Nuño, Miguel Guardia entre otros que no recuerdo, era maravilloso verlas por las ventanas, para no ser interrumpidas durante la clase, Magda pegaba periódicos en los cristales. Pero fue hasta que ella lee un poema de un señor, un tal Miguel Guardia, que se enamora del nombre. Ella no sabía que ese Miguel estaba entre los que interrumpían su clase; ella creía que era un


por sus lectores

ENTREVISTA

43


44


ancianito. Y un día, en ese ámbito, le presentan al Miguel Guardia del poema. Se turbó porque se encontró con un hombre unos años más joven que ella, un hombre tímido, discreto, con bellos ojos. Guardia era un hombre muy tímido. Le daban pánico las multitudes. Fue presidente de la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro. Por cierto renunció a esa presidencia porque se dio cuenta de la falsedad y los favoritismos de ese tipo de grupos. Escribió mucho tiempo en Excélsior, hasta la salida de Scherer.

¿La muerte en Miguel Guardia?

Siempre fue un tema recurrente en su escritura pero al final no le tomó mayor importancia. La muerte lo sorprendió muy joven. Tampoco creo que le haya importado morir por una complicación quirúrgica. Era pesimista. Es complicado: era dicharachero, alegre, bromista, y al mismo tiempo, todo lo contrario. Siempre tan depresivo. Sus poemas hablan por él con su lenguaje cotidiano. Tuvo una pasión enfermiza hacia los perros, que yo afortunadamente heredé. Amo a esos seres más allá de muchas cosas y personas.

El Retorno

El Retorno es un poema muy largo y que dice tanto, dedicado a Magda por supuesto. Fue un parteaguas en la vida de Miguel y en la poesía de su tiempo, el medio siglo: el antes y el después de El Retorno y otros poemas. Hay otro poema dedicado, se llama “La sangre enamorada” En una estrofa dice ¿No la han visto bailar? ¿acariciar el aire con las manos tendidas, y partirlo con el cuerpo, dulce o violentamente, …, en su primera versión termina con el nombre Magda. La segunda esposa, como si aquello se pudiera acaso, borró el nombre en una edición posterior… En fin, el texto describe perfectamente a mi madre. De la vida de mi padre jamás se borró el nombre de Magda.

¿De la reedición de su obra?

45

Pienso que es oportuna. Es un poeta poco conocido, brillantísimo. Hay investigadores que afirman la suma importancia de la escritura Guardiana por su forma y contenido. Eso es trabajo de investigadores. Testamento único es un poema que me dedicó. Me quedo con él y lo que allí mi padre expresa.


46

pastiches y

PURO RESISTOL:

O LA COLUMNA

Noche de pulques en la Ciudad de México Por Anaïs Veränderung A Angélica M., siempre. "Contra las muchas penas, las copas llenas; contra las penas pocas, llenas las copas." -Dicho popular.

Va: «La burra blanca del 56», pulquería de cabecera de varios estudiantes politécnicos y, en ocasiones, de estudiantes de la UNAM (como yo y algunos amigos, en este caso), está ubicada sobre la calle de Regina cerca del Claustro de Sor Juana y a unas cuantas cuadras del metro Pino Suárez. Cabe mencionar que dicha calle, Regina, más que calle es un semillero de pulquerías y bares, en donde los púberes, adúlteros y, en ocasiones, adultos normales, van a soltar la lengua al «calor de las masas», parafraseando al gran Cerati, después de algunos tragos. Ahí llegué yo. Ahí llegamos. Estábamos varios compañeros de la Facultad de Filosofía y Letras, de carreras varias (algunos de Letras y otros tantos del CELA; a decir verdad, para no ofrecer datos erróneos, yo era el único estudiante de Letras —Hispánicas, para ser exactos— perdido entre una muchedumbre aciaga de Latinoamericanistas). Cada uno de nosotros tenía un alias dentro del grupo. Los enlisto, para dar a conocer a

los personajes de esta crónica: El Oaxaco, el Costal, el Cronista (que no soy yo, su narrador), el Antropólogo, la Tabasqueña, el Argentino, el Bombero y, entre otros tantos, su servidor: la Botarga. «La burra blanca del 56» es una pulquería que, como su nombre indica, tiene la misma edad que la Torre Latinoamericana, ambas están activas desde 1956 y no han dado tregua desde entonces: una sirve para turistas incautos que quieren, o pretenden, «conocer» la ciudad, y la otra sirve para conocerla de verdad. Dicen que lo que se ve no se juzga; sin embargo, no se conoce a un pueblo, una ciudad o un país por completo hasta que uno no se emborracha en él, hasta que no se cae de la silla enervado por las bebidas tradicionales o hasta que no les dice a sus correligionarios de bebida que los quieren mucho —independientemente de si los conocen o no—. Las tres en ese orden. Nosotros conocemos a nuestra ciudad más de la cuenta. Y esa tarde-noche, cuando al sol le empieza a pesar el nimbo, le conocimos


pistaches

VALEVERGUISTA

47


48

conocimos hasta los calcetines. El alcohol destruye familias, en los más de los casos; pero, otras veces, da la pauta para que un grupo de desconocidos se vuelvan «hermanitos» en una sola noche. Así es el poder del alcohol. Así es el poder del Pulque. Llegamos a Regina a una hora en que, según Rubén M. Campos en El Bar, la vida literaria de México en 1900, es «la más regalada hora del día» que, justamente, era «la hora del Bar». En primera instancia, lo más extraño que puede tener «La burra blanca del 56» es su ubicación: justo al lado de una escuela primaria. Segundo: la pulquería no está a ras de piso, más bien se halla en un primer nivel al que nosotros, gente acostumbrada al sedentarismo, le hicimos el feo —y nuestro corazón casi destartalado aún más—. Tercero: el humo de tabaco no es permitido. ¿En qué cabeza cabe que el alcohol y el tabaco no son compatibles? A Faulkner —y a un sinfín de grandes escritores— no le gusta esta premisa. Primer pensamiento individual ya dentro del recinto: «¿cómo llegué aquí?». Primer pensamiento de grupo ya dentro de la pulcata: «conseguir una mesa lo suficientemente larga para que quepan todos». La tradición dicta que un jarrito rechoncho de barro y peltre es el recipiente perfecto para almacenar el elixir de los Dioses, el ictli de Mayahuel, las babas del diablo, el resistol. ¡Que viva la leche del Maguey! Las sagradas escrituras lo dijeron: «Tomad y bebed todos de él, porque esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados». Ya estamos libres de pecado después del primer trago. El también llamado caldo de oso es un brebaje ni muy baboso ni muy dulce. La única desventaja de esta pulquería, en comparación con muchas otras que he visitado, como lo son «Las Duelistas» (en Garibaldi),

«El Templo de Diana» (en Xochimilco, en donde Diana es un afable camarero travestido que insiste en que pruebes cada sabor del pulque) o «La Hija de los Apaches» (en la Colonia Doctores, pulquería que Mario Santiago Papasquiaro, fundador del Infrarrealismo junto con Roberto Bolaño, menciona en su poema “EME ESE PE”: «Moriré sorbiendo/ pulque de ajo/ Haciendo piruetas/ de cirquera/ en la Hija de los/ Apaches/ del buen Pifas») es que el pulque curado es preestablecido y uno debe ceñirse a beber lo que le pongan enfrente. En esta ocasión había de tres sabores: aguacate, mandarina y/o natural. El pulque natural de «La burra blanca del 56» es la cosa más amarga del mundo. Una copa de ajenjo (o Hada Verde) es más dulce que las babas blancas de oso de la Burra Blanca. No queda más remedio (¡qué sacrificio!) que pedir un buen litro de curado de cada sabor. —¿Qué es lo que quiere el Seguro Social? —grita el Oaxaco. —¡Salud! —respondemos a coro mientras brindamos. Al fondo, en un rincón, el anciano más alcoholizado que haya visto en mi vida grita: «¡Camas!». Todos reímos y brindamos con él. Casi las seis de la tarde y comienza a anochecer afuera. Dentro de la pulquería el ambiente es un menjurje de acidez, una fiesta pagana. Pláticas previas a la ebriedad: —Dicen que al pulque le echan mierda humana para darle sabor. —Eso es puro mito, era una campaña de desprestigio para darle realce al tequila y al mezcal. No sea pendejo, compadre. —¿En serio? ¿Me lo juras? —dice, consternado, el Costal. —Te lo juro. Y luego el clásico: « ¡Salud!», que acompaña a cada plática de cantina como acompaña el «Amén» a cada plegaria.


«Persiste una “injusta campaña de desprestigio contra el pulque”», dice el encabezado del artículo escrito por Arturo Jiménez el lunes 4 de octubre del 2010 para la sección «Cultura» de La Jornada (página a12), en el cual afirma que existe, desde hace varias décadas, un ansia constante de desprestigiar a la llamada «bebida de los Dioses». Sin embargo, hoy en día —al parecer, y lo estamos viviendo— esta sentencia pierde cada vez mayor valor, sobre todo en las nuevas generaciones de adolescentes que consumen esta bebida fermentada con sumo agrado y deleite, los más incluso prefieren un buen vaso de «curado» que una cerveza «bien elodia» o un coctel de vodka y ron. Yo soy de esos, los que prefieren el buen tlapehue al licor de extranjería. (Dice la sabiduría popular: «agua de las verdes matas/ tú me tumbas, tú me matas, / tú me andas andar a gatas/ con la cola entre las patas».) Siete de la noche: un gesto amabilísimo por parte de los de la mesa contraria y, al cabo de unos minutos, ya estamos celebrando juntos en la misma mesa. Las cantinas sirven para hacer amistades y para revalidar las que se creían perdidas. Para ejercer la camaradería mexicana y demostrar que la hospitalidad es un rasgo igualitario de los mexicanos por igual. La cantina es una necesidad de la nueva sociedad, los nuevos tiempos. Antes se decía, según Arturo Jiménez, «ir al pulque» como hoy se dice «ir a las tortillas». El mexicano es un ser sociable por naturaleza; sin embargo, los tiempos modernos y la nube de delincuencia que sobrevuela la capital en constante amenaza, han hecho que el paisano, el ciudadano del «Ombligo de la luna», pierda dicha confianza y comience a expresar dicho temor y rechazo al desconocido. Dicen: «hoy en día hasta el que menos esperas te anda atracando en la calle, la capital es un hervidero».

49

Los Olvidados, de Luis Buñuel (1950), comienza con un tono tipo documental —en la voz de Ernesto Alonso—, que dicta: «Las grandes ciudades modernas: Nueva York, París, Londres, esconden tras sus magníficos edificios hogares de miseria que albergan niños malnutridos, sin higiene, sin escuela, semillero de futuros delincuentes. La Sociedad trata de corregir este mal, pero el éxito de sus esfuerzos es muy limitado. […] México, la gran ciudad moderna, no es la excepción a esta regla universal. Por eso esta película basada en hechos de la vida real no es optimista, y deja la solución del problema a las fuerzas progresivas de la sociedad». Sin embargo, a pesar del ya tan temido crimen, las cantinas del Distrito Federal parecieran estar fuera de esta regla universal, como dice Don Ernesto Alonso, pues al calor de las copas todos parecieran conocerse desde años. La cantina es una fraternidad, una Iglesia, y el pulque, en este caso, es su vino de consagración. No hay temor dentro de la pulcata.

Ocho de la noche: cantos en coro. Recuento de canciones: José José, José Alfredo Jiménez, Pedro Infante, Javier Solís, Panteón Rococó, Los de abajo, Molotov, etecé, etecé, etecé. De repente, dijo el Coronel Kurtz, en El corazón de las tinieblas: «el horror, el horror»: al fondo, entre el forobardo, se escucha: —Tráeme una cerveza, cantinero. Bien fría. Y todos giran el cuello para ubicar al interlocutor del cantinero, para lincharlo con la mirada, con un jarrito lleno de «resistol», a la par que beben un largo trago de pulque. El culpable se esconde detrás de su caguama, y da escasos sorbitos apenados. Todos lo miran como se mira al que te gana un lugar en el estacionamiento en hora pico. Cuando por fin termina la letanía de la cebada, va por un jarrito


50

y se sirve un buen chorro de leche de maguey. Todo vuelve a la normalidad. Todo es normal, al menos hasta que el recinto cierra y todos deben ir a su hogar (¡carajo!). Salimos del recinto y cada uno de nosotros toma un rumbo distinto, cada quien hacia sus lares. Es triste, hasta cierto punto, pues mañana el oficinista que esa noche pudo ser cualquier otra cosa, debe volver a su deber. El más borracho, mañana volverá a servir en su carnicería. El estudiante que quiso pasar un buen rato, mañana deberá ir a la escuela nuevamente. Pero todos comparten una cosa: jamás olvidarán esa noche. Al final, la pulquería es un lugar de recreación, un montículo en donde el olvidado y el dolido, el sediento, el joven y el viejo, el hombre y la mujer, Dios y el Diablo, se vuelve uno solo y se mimetizan para hacer de la noche una hora que se debe festejar.

Cuanta soledad, carajo.


Retrato callejero Por Alejandro Rodríguez Castillo

51

Esto que ves, p olvo al aire, marca, trozo de esp eranza, sueño arrugado de un regres o hoja de un re encuentro he cha de plata. Anuncio s obre anuncios ignorados, s ol i ta ri a m e m ori a d e l a s pl a z a s. Esto que ves, hermanado llanto, amor que esp era en una es quina, s ombra de un retrato deslavado, b os quejo de bes o y de s onrisa. G argantas que s e arrugan c on las hojas calles, dolor, ropajes. Puerta que no s e abre. Viento no es voz, olvido del abrazo. Éste que ves es tierra entre las uñas, bús queda c onstante de un re cuerdo, vo c es que memoran s ólo un nombre partido en las heridas de los labios.

Esto que ignoras, fantasma entre las calles, murmuro fortuito en tu memoria, un rostro más fundido en otros tantos, un grito que entre luc es fue olvidado. Número sumado a la e cuación, cuyo resultado s on siempre las derrotas: arrugas en las s ombras de las camas, la fe que s e torna lenta y roja. Tiene nombre, tiene un rostro, tiene alma, pregunta de los padres: No respuestas, No rastro, No llamadas. Éste que ves, suspiro reprimido vestigio entre los restos de una casa.


52

to

CRÓNICA


pa

Un viaje sureño

53

crónica

Por Antonieta Salazar

La aventura comienza con nubes bajo los pies y debajo de ellas, la inmensidad del mar. Esto genera la sensación de sentirme a la altura del sol y ver su escondite. Al descender, a la sombra de la luna, lo primero que se puede percibir es la calidez que las nubes viajeras permitieron pasar. Tomar un vehículo y comenzar la travesía para encontrar el rincón que le dará refugio a los pensamientos nocturnos. Este lugar presumía estar en las cercanías del centro, la catedral y el parque central, fue inevitable imaginar que podía encontrarme un paseo como Madero, un parque central como la Alameda y una avenida Reforma, pero al echar un vistazo por la ventana, todo parecía menos el lugar ya mencionado. Es fácil encontrar en las inmediaciones gente que se reúne en las esquinas para husmear las sorpresas que una montaña de basura da; todos ellos, los buscadores de tesoros, están desaliñados por el cúmulo de polvo, sudor, lluvia, tristeza y una que otra alegría impregnada en su piel. Estas personas, en su gran mayoría hombres, me acompañaron de forma permanente en este andar, no siempre vi los mismos rostros, pero siempre fue la misma utopía, sobrevivir. Al día siguiente, al caminar por la desconocida “Sultana del Valle”, me fui

encontrando al paso ceibas, ficus, palmeras y una que otra especie de árbol desconocida para mí, que se disponían a adornar cada rincón. Ellos tienen majestuosas dimensiones que generan frondosas sombras a lo largo del día y que los acalorados citadinos aprovechan para darse un respiro. Dicen que es mayor delito cortar un árbol que matar a una persona y esto se confirma en el momento en que pueden dar una cifra exacta de los árboles que adornan el horizonte, pero no de aquellos buscadores de tesoros; de éstos, no interesa tener registro, aunque no faltará aquel artista contemporáneo que queriendo hacer gala de su creatividad recurrirá a las experiencias impregnadas en la piel para que ellas sean creaciones de sombras en lienzos y de esta manera, hacer notaria dicha presencia. No es posible seguir describiendo este lugar, sin antes mencionar que este traslado mágicamente me volvió adinerada, debido a que por bondad, caridad o sólo porque tenían muchos, le regalaron tres ceros a mis escasos ahorros; así fue como veinte pesos de pronto se convirtieron en veinte mil. Un inhabitual desajuste mental, debido a mi proletario salario. Fue así, que con mis tres ceros extras y el entusiasmo que eso generaba, me dispuse a recorrer la ciudad dentro de un “MIO”, llamado así el transporte colectivo, que dicho sea de paso,


54

me generaba un aire de sencillez estar en transporte público con todos esos “miles” en la bolsa. Evidentemente, esta sensación fue momentánea al percibir que esos mismos tres ceros que cambiarían mi realidad en casa, serían agregados a cada artículo que yo consumiera en este lugar, es decir, yo seguía conservando un proletario estatus social. Sin mermar las ganas de exploración, recorrí el margen izquierdo del río que me llevaría a la avenida 4ª norte oeste, allí se alcanzaba a ver un gato de más de tres metros de alto, colocado en verano del ´96 y para conservar su corazón amoroso le fueron colocadas de forma artística las llamadas “Novias del Gato”, adornando de este modo el “Parque del Gato del Río”. Cercano a este felino lugar, se encontraba la Ermita, iglesia construida en el siglo XVII y aunque no conservaba la arquitectura original, debido a restauraciones por los embates telúricos acaecidos en diferentes fechas, es innegable la belleza nívea que refleja. Es imposible pensar sin la influencia de la globalización, así que decidí visitar el “Unicentro”, uno de los principales centros comerciales de la “Sultana…”; dentro de él, se puede encontrar lo que ofrece cualquier otro lugar semejante, salvo que en éste, se aprecian maniquíes de talla inusual de brassiere, no exagero si digo que una copa “d” es una talla normal en estas modelos estáticas; cabe mencionar que este sureño lugar se caracteriza por ser el paraíso para quienes desean exuberantes modificaciones corporales que se hagan presentes en la talla de sus prendas. A través de dicha imagen pude apreciar uno de los tantos reflejos culturales de la zona. Y yo con mi pequeña, pero orgullosa talla “b”, decidí regresar a mi refugio de pensamientos nocturnos. Para salir de esta ciudad es necesario trasladarse a la central camionera, aquí la peculiaridad, a diferencia de la “Tapo” o “Taxqueña” es que es posible regatear el costo del

viaje. Fue gracias a esto que visité un poblado situado a tres horas de distancia. Al llegar, fue inevitable hacer una analogía con Comala, debido a que en toda su arquitectura predominan solo dos colores: las fachadas blancas y los techados rojos, siendo éste último lo que motivó el nombre de este pueblo. Este lugar me conquistó aunque a ciencia cierta no sabría decir si fue la belleza del mismo o la nostalgia por el recuerdo de Colima. Se cuenta que esta fue de las primeras ciudades fundadas por los españoles, así que no es sorprendente encontrar una arquitectura que caracteriza un pueblo mágico. Dado que este pequeño y limpio lugar no contaba con extensas dimensiones fue inevitable regresar el mismo día al refugio de días anteriores. Cuando me dirigía rumbo al monumento icónico representado por un hombre con los brazos abiertos, me contaron que hay un mariposario haciendo honor a las mariposas amarillas de Cien Años de Soledad, aunque no recorrí este último, no evité imaginar: “… que vuelan liberadas…” tal como Oscar Chávez las describía. Al estar en el monumento antes descrito se me ocurrió esperar a contemplar los arreboles que un atardecer te muestra, sin embargo nunca me percaté que para llegar a ese momento del día faltaban aún cuatro horas; la espera fue eterna y mi intención se vio truncada gracias a la lluvia, al viento y a los nubarrones que me acompañaron en esa fría tarde. Acostumbrada a los horarios del transporte público que la Ciudad de México ofrece, no me pareció descabellado regresar alrededor de las 7:30 pm, nuevamente me sorprendió darme cuenta que las necesidades crean horarios distintos y en aquel lugar el transporte no se requiere después de que el sol se mete; viéndome obligada a caminar un gran tramo sobre la carretera sin más compañía que la oscuridad y el miedo que se generaba por ruidos


desconocidos. Aunque mi refugio nocturno no estaba situado en un lugar seguro, fue alentador llegar a él, después de esa gran travesía. Un día antes de partir visité el Parque Loma de la Cruz ya que ahí se encuentra el mercado artesanal que me invitó a invertir mis últimos miles de pesos, permitiéndome sólo adquirir unos cuantos artículos para recordar este viaje. Y aunque a mi llegada le fueron regalados tres ceros a mi bolsillo, éstos no me bastaron para visitar la cultura rumbera que Tin Tin Deo ofrecía. Así que este viaje me permitió regresar a mi lugar de origen con sólo $1.50, un año más y con un sinfín de aprendizajes que me permiten dar cuenta de la riqueza cultural que se vive de forma cotidiana dentro de esta ciudad.

55


56

miscelÁnea

Tragedia y Quimera

CREACIÓN

Por Isaac Navarro

I Vaya esas mujeres obsequiosas, “mitad llenas de lumbre, mitad llenas de frío”, según García Lorca. Siempre su carne como tisú, como neblina, como vaho eléctrico que nos agazapa los miembros; a la que los pulpejos rústicos de los dedos traspasasen hasta los músculos femeninos, de no estar imantada por una extraña fuerza misericordiosa que nos advierte: “No os toquéis si queréis vida” como, más o menos, eludirá Góngora. Pero no: porfiamos. Nos sorprenderá “el nido de sierpes” becqueriano, recibiremos una, dos y tres mordidas letales de un pecho que nos ofrecerá sus misterios “como ramos de jacintos”, y que desgarraremos con la imaginación y la memoria, nada más, como si hubiéramos respirado esa niebla lasciva por un instante y se hubiera impregnado en nuestro torrente sanguíneo para volvernos locos de una vez y eternamente.


primera literaria

57

II “Polvo enamorado” con la precisión lapidaria de Quevedo, pero no un polvo metafísico; a lo más polvo que arde en los ojos por las intensas vigilias; una polvareda lunática que, a ciencia cierta, no sabemos si proviene de un hada, de las sinapsis de barro, o de “los médanos de oro”, que son los recuerdos —como aseverará Juan Ramón Jiménez—; mejor hemos de decir, de la polilla que delata nuestro pasado, en un rastro de nosotros mismos que nos atomiza insustancialmente, hasta que la polilla no es nosotros, sino polilla, corpúsculos opacos de lo que fue una mesa, una rosa, una gota de lluvia, el aldabón que mordía una bestia, el impacto ahogado del hierro contra la madera vetusta, los vidrios cayendo tras una pedrada, las correrías de cuando éramos niños; la silla del abuelo, la higuera que florece en otoño, un cuadro de Monet, o el de Seurat, el haz de luz del proyector fílmico, la luz que espeta el amanecer en la cara, los curvos derroteros femeninos, que son acariciados por la piel del sol, que se desparrama estratégicamente; el pelo azabache, largo, profuso, “un frenesí”, “una ilusión” proveniente del Leteo, por donde los pulpejos vigorosos bogan en busca de serenidad; pulpejos que intentaron rasgar niebla lasciva, ramos de jacinto o médanos de oro; todo esto invocará al Uroboros imponente que amasará esos meandros puntillosos en el cabo de los años, a pesar de que la memoria sea un detrito infinitesimal que remite a todo y que remite a nada; astillas, hojarasca y esquirlas bien molidas


que se mezclan con la linfa del aire, y que la endurecen, creando una masa que envejece las ciudades, una esclerosis nublosa, una costra de nosotros que se enquista en el horizonte y en las ventanas; a lo más, seremos Enafísica, metamorada, lunamórica lama —imitando inútilmente a Huidobro— III Y acudo, otra vez, a esta mala costumbre de hacer parte de lo de uno a todos; me pregunto como don Rubén: “¿Cuál es la mujer que recordamos/al mirar los pechos de la vecina..?”, recordaremos a aquélla, por quien nos paramos de nuestro rincón oscuro para bailar, a quien nadie se acerca, como si la corte celestial agitase sus alas de cóndor desde las lejanías de algún planeta, generando un simún que nos devasta milimétricamente desde miles de años luz a la redonda, alertándonos del infierno. Pero porfiamos; llegaremos hasta aquella mujer que golpetea los dedos en una mesa al son de una persecución en tolvanera. Quedaremos en mutis. Ella contestará a nuestro silencio con otro silencio. Desencantados, miraremos fijamente sus ojos, que nos absorberán. Nos hallaremos, de repente, en una inmensidad oscura que se ensancha por fuerzas centrífugas, y que revela en sus zonas de mayor tensión una gama insospechada de azules y morados, que coloran galaxias, supernovas, estrellas y limadura del espacio. Este espectáculo magnánimo, más que henchirnos el pecho de beatitud, nos horrorizará, pues presentiremos que el cuero del universo es un papiro antiquísimo, que se reventará al final de los tiempos, crispando en mínimo y elocuente estertor al verbo-carne plop.


Tras la explosión, descubriremos una vastedad de horror que se despliega hacia todos los confines, el óleo secular de un grito como túnel, una sombra monstruosa de todos los colores, dos ojos desde el interior, que nos enjaulan en su infinita blanquitud. ¡Bienaventurados… porque algunos verán a Dios!


Revista Primera Página Número 7  

Numero de Aniversario Primera Página 1 Año de entrevistas, prosa, música, cine, fotografía, poesía, reseñas, crítica, ilustración, ensayos...

Revista Primera Página Número 7  

Numero de Aniversario Primera Página 1 Año de entrevistas, prosa, música, cine, fotografía, poesía, reseñas, crítica, ilustración, ensayos...

Advertisement