Page 34

Entre la recreación y el misterio Entrevista a Michael Hays

Autor/ Florencia Rodríguez

E

En febrero de este año, unos pocos días después de realizar el simposio What Criticism? –sobre el que ya hemos publicado algunos textos en PLOT 20–, tuvimos la oportunidad de entrevistar a Hays y poder revisar y ampliar con él algunas de las cuestiones sobre la crítica, historia y teoría en las que hace tiempo venimos trabajando. Este teórico al que sus alumnos ovacionan y admiran, a la vez que sienten la comodidad de acercarse a conversar, tomar café en el bar de la universidad y poder plantear abiertamente sus inquietudes, tiene la capacidad de relacionarse con el legado de personajes como Manfredo Tafuri o Colin Rowe y analizar el presente abandonando cualquier velo nostálgico e incorporando nuevas significaciones a términos como ideología, sentido o simbolismo. Florencia Rodríguez: En What Criticism?, (3) uno de los temas que más me interesó trabajar fue la relación imposible pero imprescindible entre la crítica y su objeto. Podríamos pensar en estos dos registros como mundos que se acercan a sus propios bordes para buscar entenderse. Me gustaría que nos comentaras tus opiniones sobre el rol de las palabras interpretando objetos.

(1) Hays, K. Michael: Architecture Theory since 1968, Cambridge, Massachusetts, MIT Press, 2000. (2) Hays, K. Michael: Architecture´s desire. Reading the late avant-garde. Writing architecture series, Cambridge, Massachusetts, MIT Press, 2010. (3) What Criticism? fue un simposio internacional sobre crítica contemporánea que tuvo lugar el 14 de febrero de 2014 en Harvard. Fue ideado y coordinado por Florencia Rodríguez. Los paneles de discusión de la jornada estuvieron organizados bajo los siguientes títulos: «La imposible amistad», «Crítica = amor», «Formas de lo incierto» y «Diseminación vs. Cultivación». Se puede ver más en PLOT 20.

Michael Hays: Sí, bueno. Antes que nada pienso que los objetos o los eventos arquitectónicos son modos de conocimiento, pero un tipo de conocimiento bastante distinto al lingüístico, al conocimiento textual. Nos han enseñado, desde el posestructuralismo, que pensar es pensar lingüísticamente y que el lenguaje es entonces el centro de todo. Es por eso que la arquitectura ha querido ser como un lenguaje. Pero yo ya no creo en eso sino que pienso que debemos abrirnos a otras maneras, a otros modos de conocimiento: otros que la lingüística y lo textual. Y creo absolutamente que la arquitectura –y quizá el arte en general, pero no quisiera ir tan lejos– es un modo de conocimiento tal, que entra en nuestro sistema de muchas formas diferentes y múltiples. Habiendo dicho eso, asumo que por supuesto necesitamos el texto para comunicar, diseminar, traducir e interpretar ese saber. Así que creo que la que mencionabas es una relación muy interesante y compleja. Por un lado pienso que la arquitectura en sus mejores esfuerzos aspira a ser cierto tipo de filosofía… pero nunca llegará a ser filosofía, ¿verdad? Porque se comunica de otra manera y genera conocimiento distinto, así que necesita del texto filosófico, del texto teórico y del texto crítico, más que nada para la diseminación y para la interpretación. En cambio, la experiencia individual de la arquitectura no precisa ese texto, pero pienso que una comunidad sí lo hace. En ese sentido, la escritura en sí acarrea cierto potencial pero también ciertas obligaciones diferentes que otros tipos de medios lingüísticos, como por ejemplo el lenguaje hablado. Todavía coincido con Derrida en mantener esta diferenciación entre la escritura y la oralidad, incluso privilegiando la escritura sobre lo hablado. Los medios o modos de comunicación que imitan la cultura oral, como Twitter o Facebook, son otro tema. Obviamente tienen un potencial fantástico, pero la escritura es un tipo de práctica muy diferente. Y el texto puede

ser un tipo de medio mucho más lento en sondear ese saber arquitectónico, en situarlo en múltiples contextos que no son lineares y que ni siquiera están siempre… es decir, nos gusta tomarlos siempre como sistemáticos pero no son siempre sistemáticos, y pienso que la escritura tiene el potencial de capturar esa complejidad de una manera que no ocurre al hablar sobre arquitectura, al dar una conferencia sobre arquitectura ni en la comunicación rápida sobre ella. FR: ¿Y te parece que la crítica y la teoría se tratan de la interpretación? Últimamente me interesa pensar que quizá pasa algo nuevo en los malos entendidos que surgen al traducir de un modo de conocimiento (los objetos) a otro (las palabras) y que da lugar a otros estados para esas ideas. Es decir, ¿se trata de una traducción o en este pasaje a otro modo de pensamiento o conocimiento pasa otra cosa nueva? MH: Sí, creo que mi mayor preocupación en relación a la crítica contemporánea –y pienso más que nada en los Estados Unidos porque es mi contexto de trabajo y es lo que conozco– es que tratamos de practicar la crítica sin tener una teoría y, particularmente, tratamos de hacer crítica sin la creencia en una ideología. Y como ideología entiendo no su vieja concepción marxista de velo o de falsa conciencia, sino una ideología que sea conscientemente construida o esculpida, es decir, que arme una posición. No entiendo cómo hacer crítica sin ideología y sin posición. Y pienso en la crítica que tenemos, la que conozco, y la llamaría «descripcionismo» en vez de crítica. Están tratando de describir una condición de la arquitectura, pero como no hay una teoría se habla de todo menos de arquitectura. Economía, sustentabilidad, el programa… todo menos arquitectura. Esta es la situación contemporánea de la crítica porque no hay una teoría de la arquitectura.

PLOT 21  

Selección de contenidos del número de Octubre-Noviembre de 2014.

Advertisement