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autor/ maría victoria pressler

fotografía/ cortesía de la familia baliero-córdova

CARMEN CÓRDOVA INVENTORA DE OLAS

Desde muy pequeña, Carmen Córdova se vinculó con un ambiente cultural sumamente inspirador. Su padre, el poeta, escritor y crítico Cayetano “Policho” Córdova Iturburu, fue parte la bohemia intelectual y pensante que sentó las bases de la vanguardia argentina durante las décadas del veinte, treinta y cuarenta. Marcando un destino artístico, la partida de nacimiento de Carmen llevaba, junto a la paterna, la firma de un testigo muy especial, amigo de su padre: el escritor Roberto Arlt. Creció inmersa en un mundo privilegiado de ideas estimulantes, transgresoras y libertarias que despertaron en ella su amor hacia la escritura en prosa, fundamentalmente a la de poemas, aunque su pasión más profunda fue la danza. Estudió catorce años en el Conservatorio Nacional, que en aquella época funcionaba en el Teatro Cervantes, y luego en el sótano del Colón. Finalmente, el perfeccionismo exigido por su padre (quien llegó a decirle: “para ser bailarina hay que ser la primera o serás una corista”) y su profesora de baile frustró su carrera. Fue una alumna “diez”, se recibió de maestra y estudió arquitectura en la Universidad de Buenos Aires. Allí tuvo la suerte de estudiar y trabajar con gente talentosa y valiosísima, como Vladimiro Acosta, un arquitecto innovador que la deslumbró por su rigor e imaginación. En 1954, a punto de terminar su carrera, decidió ir a pintar al taller del artista Emilio Pettoruti, donde conoció a quien sería su futuro marido, el arquitecto Horacio “Bucho” Baliero. Con él redescubrió la arquitectura y enloqueció al oír hablar de Max Bill y Tomás Maldonado. oam (organización de arquitectura moderna) “Nos llamábamos así porque éramos los modernos”. Carmen Córdova En esos tiempos Tomás Maldonado y Alfredo Hlito lideraban la creación de una joven agrupación de arquitectura moderna, la oam (designada con una minúscula militante) que funcionaba en un estudio que conjugaba la labor de profesionales de diversas disciplinas artísticas, y se situaba en el primer piso de un petit hotel que alquilaban en la calle Cerrito 1371. Allí, trabajó junto a Bucho Baliero, Alicia Cazzaniga, Francisco Bullrich, Eduardo Polledo, Jorge Grisetti, Juan Manuel Borthagaray, Gerardo Clusellas y Jorge Goldemberg, con el objetivo de cambiarle el tinte academicista a la arquitectura. Ellos tenían una concepción de la arquitectura ligada a otras formas del arte como la mú-

sica, la danza y la pintura. Una vez al mes alquilaban sillas y Juan Carlos Paz hablaba sobre música y pasaban discos. “¡Éramos muy fanáticos; los talibanes de la modernidad!”, recordaba Carmen Córdova. En el segundo piso estaban Hlito, Maldonado y Carlos Méndez Mosquera con una empresa de publicidad, que después se convirtió en la editorial Nueva Visión; y en otro piso Enio Iommi creaba sus esculturas. Justo Solsona, Eduardo Bell y Ernesto Katzenstein, que en esa época eran estudiantes, se acomodaban en el altillo que daba a la terraza. En la recepción, prolijamente diseñada con un escritorio ultramoderno y un vidrio de fondo con el cartel de oam en una tipografía también moderna, se encontraban Mónica y Nélida, las secretarias. Todos trabajaban dentro de esa casa-estudio, sumergidos en un período de profunda reflexión y construcción de ideas, fuertemente influenciados por la arquitectura moderna de los años cincuenta, expresada en los libros de Le Corbusier que recién llegaban al país. A partir de ese momento Córdova se convirtió para siempre en una arquitecta moderna, pensante, militante de la estética de Max Bill, un referente insustituible en cuanto a ideas y diseño. En esa época Carmen también trabajó con figuras relevantes de la escena argentina, como el arquitecto Antoni Bonet. Junto a Justo Solsona y Ernesto Katzenstein, formó parte del equipo de dibujantes en el Plan de Barrio Sur para la Ciudad de Buenos Aires, alternativo a la trama porteña, que quedó interrumpido por problemas políticos. Acompañada por Baliero viajó a Brasil para presentar la revista Nueva Visión en la Bienal de San Pablo; y luego se trasladaron a Río de Janeiro, extendiendo su estadía en el país durante seis meses. Conoció a Oscar Niemeyer –de quien se evidencia una fuerte influencia en el Cementerio de Mar del Plata–, y tuvo la posibilidad de vivir el movimiento que se daba en esa época. Pese al gran deseo de Carmen de establecerse en Brasil, Baliero insistió en volver a Buenos Aires. En el año 1961, Córdova y Baliero ganaron el concurso para realizar el Cementerio de Mar del Plata cuyo proyecto se completaba con el Cementerio Israelita, en los cuales el lenguaje formal y escultórico era verdaderamente notable. En 1966, con el golpe de Juan Carlos Onganía, el socialista Teodoro Bonzini, fue destituido, por lo cual el edificio para el crematorio fue transformado en una capilla. Además se sacaron los nombres de los arquitectos reemplazándolos

PLOT Nº04  

Artículos pertenecientes a la cuarta edición de Revista PLOT.

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Artículos pertenecientes a la cuarta edición de Revista PLOT.

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