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El sector pesquero exportador se puede renovar científica y tecnológicamente y capturar la renta. Sin embargo, la degradación ambiental, la degradación del ecosistema y la reducción de la biomasa son significativas y amenazan el futuro.

Por tanto, el Estado interviene como regulador y representante de los legítimos propietarios de los recursos naturales materia de la controversia. Se legisla en beneficio del bien común, de las mayorías nacionales, pues esa es la función primordial del Estado.

La capacidad de generar ingresos está sustentada en la captura de renta basada en la explotación de recursos naturales. Pero ahí hay límites físicos y biológicos.

En la ecuación falta la sociedad civil, es decir los dueños de casa, los propietarios de los recursos. Supuestamente están representados por el Estado; pero el problema empieza cuando sus representantes no protegen sus intereses. Un escenario posible es el desborde popular hacia el rechazo del sistema con el objeto de destruirlo o reemplazarlo porque traiciona a los intereses ciudadanos. Otro es que esta sociedad se organice debidamente para hacer valer sus derechos y sus opiniones.

¿Cuántos hospitales, cuántas escuelas, cuantas carreteras, cuantos desembarcaderos, han surgido gracias a la actividad pesquera? Probablemente algo haya surgido si revisamos las inversiones provenientes del canon pesquero, pero no en proporción a los volúmenes de dinero ingresado por exportación de harina de pescado y aceite. Hoy el pescado es escaso y tanto o más caro que la carne. El beneficio del país no va de la mano del beneficio de las empresas en el actual modelo. El armador industrial, fundamentalmente asociado a un grupo económico-financiero, no está necesariamente interesado en la sustentabilidad a largo plazo del negocio, puesto que al grupo lo que le interesa es una conversión acelerada de los recursos naturales en capital financiero. La idea es trasformar en el más corto plazo posible, la mayor cantidad de biomasa pesquera en capital fresco. La lógica de estos grupos es la acumulación y no la producción a largo plazo. Si mañana ya no resulta rentable la explotación pesquera, entonces emigran a otro sector. Cumplir con criterios de sustentabilidad implicaría renunciar a la conversión de naturaleza en dinero, es decir, sería como dejar dinero en los fondos marinos para que en otras generaciones, otras personas lo vengan a recoger. Esto no es coherente desde la perspectiva del grupo económico-financiero que opera con la lógica de la acumulación. Desde esta perspectiva, convertir todo en dinero y acumularlo a nombre del grupo financiero, es lo más consistente y coherente. La lógica de la sustentabilidad va en sentido contrario. La lógica del Estado tiene que ser cumplir con el criterio de sustentabilidad, que significa, precisamente, dejar dinero en el fondo del mar para que lo recojan las próximas generaciones, cuidando que nunca se agoten. Aplicando simultáneamente el cobro de regalías justas para compartir los beneficios entre los dueños de los recursos y los concesionarios de los mismos. En conclusión: la lógica del industrial es correcta y lícita...para él. Sin embargo no es la lógica conveniente al país.

REVISTA PESCA

El sistema es perverso. El desconocimiento del sector pesquero es compartido por la prensa y por la propia sociedad, y por tanto ambos resultan indolentes al problema. Existe un vacío de conocimiento que es aprovechado para manipular información en uno u otro sentido. El ciudadano común está expuesto a una u otra corriente de opinión sin mayor posibilidad de defensa o de réplica. Gracias a todo ello el status en la pesca se sigue manteniendo y seguimos creyendo que somos buenos porque exportamos mucha harina de pescado. No asumimos conciencia, aún, de que como dueños de esos recursos pesqueros no se nos está pagando un precio justo por su explotación. La captura de recursos pesqueros es un hecho real y consumado antes de iniciar el proceso de transformación y comercialización. El proceso final genera los balances, estados de ganancias y pérdidas y finalmente las utilidades y los impuestos. Pero esto es totalmente independiente de la extracción. El impacto causado a la biomasa y al medio ambiente se producen, y la mortalidad es real aún si la empresa presenta pérdidas en su balance y por consiguiente no paga impuestos. El país no tiene porque pagar la factura de una mala gestión, de una mala racha, de una sobrecapitalización, de un sobreendeudamiento ni de una gestión inadecuada. La industria está haciendo su mejor esfuerzo por ser rentable y eficiente. En esta ecuación es el Estado el que no está desempeñando debidamente su rol. La generosidad con la cual la naturaleza ha proveído al mar peruano, no puede ser para beneficio de unos cuantos nada más. 24

Profile for Marcos Kisner

Revista Pesca noviembre 2012  

Revista informativa sobre politica pesquera, los oceanos, tecnologia pesquera y medio ambiente.

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