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Legados

La última favorita

Por Daniel Ruiz Luján

“¡C

uánto jaleo por una puta!” (Craveri, 2008: 265), exclamó un hombre en voz alta ante la visión de una Madame de Mailly que en 1744

una nobleza que se remontase a 1400. De nuevo, la afrenta no se hizo esperar y cuando un abad, ignorante de que el rey había convencido a una sobrina del Rey Sol para fungir de madrina a la Pompadour,

ingresaba en la parroquia de San Roque, en donde unos años después se casaría el infame marqués de Sade. La primera en una larga lista de amantes que acumularía el Rey Bienamado se limitó a contestarle que, ahora que la conocía, rezase por ella. Y cómo no: traicionada por dos de sus hermanas, que con malicia le arrebataron el corazón de Luis XV, las cinco muchachas Mailly-Nesle abrieron un capítulo en la alcoba real que desató un escándalo sin precedentes en toda Francia. Efectivamente, aunque la pobre Louise-Julie de Mailly no fue ninguna prostituta, la denuncia de este hombre ilustra perfectamente la percepción que el pueblo francés tenía sobre este rey, que gracias a estas hermanas se inició en el erotismo, en el amor y en la política, pero también en la espiral que contribuyó a crear el clima de escándalo que le enajenaría el respeto de sus súbditos. 1745 tampoco pasó inadvertido: por primera vez en la historia de la corte francesa una burguesa se instalaba en Versalles para ostentar el peleadísimo puesto de maîtresse-en-titre que siempre había correspondido a las mujeres de la nobleza. Es más, esta hija de banqueros que pasaría a la historia como Madame de Pompadour, ingresaba en el santuario de la monarquía, donde solamente tenían derecho de ciudadanía los aristócratas que pudieran demostrar

preguntó en presencia de la aludida: “¿Quién es la puta que va a ser capaz de presentar a semejante mujer a la reina?”, la princesa se echó a reír diciendo: “No añadáis más abad, soy yo” (Craveri, 2008: 282). Total, que tampoco dejó de ser puta esta mujer que tanto aportó al florecimiento de la civilización artística de la Francia del siglo XVIII. Sobra decir que la Pompadour tampoco fue ninguna prostituta, pero la ironía de la vida quiso cerrar con broche de oro esta puesta en escena decadente que solo auguraba el ocaso de un modo de vida y de toda una era. Cuando en la última María Antonieta que el cine nos ha legado, Kirsten Dunst pregunta sobre la procedencia de la extravagante mujer que durante la cena anterior se empeñaba en reunir todas las manifestaciones del mal gusto en la época, Shirley Henderson simplemente contesta con malicia: “De todas las camas de París”. Y ahora sí, aquello era verdad. Jeanne Bécu se ganó un lugar en la historia de Francia como la provocadora Madame Du Barry, la última amante de Luis XV —y la última en la historia del Antiguo Régimen en todo caso— que arribó a Versalles para escandalizar a una corte puritana al borde del abismo. Nacida en Vaucouleurs en 1743, Jeanne tuvo que trasladarse muy pronto con su madre a Paris, donde permaneció en un austero

54 • PERIPLO • DICIEMBRE 2011 • Vol. XII

PERIPLO. Los límites del cuerpo  

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