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Equipo

de trabajo

Solangy Carrillo Pineda Estudiante de Bibliotecología Directora encargada Editora de sección cultural Diseñadora

Revistapergamo@gmail.com

Carolina Ramírez Chica Estudiante de Archivística Programadora y diseñadora Editora de sección académica Juliana Sepúlveda Hurtado Estudiante de Bibliotecología Correctora de estilo Comunity manager

Colaboradores Martín L. Rocha Ríncon Bibiliotecólogo. José Pablo Arana Duque. Estudiante de Bibliotecología.

Esta obra se encuentra bajo una licencia Creative commons Atribución- No Comercial- Compartir Igual 4.0 Internacional, la cual permite que otros puedan descargar la obra, compartirla con otras personas y crear obras derivadas a partir de ella de manera no comercial, siempre y cuando se reconozca la autoría original y licencien sus nuevas creaciones bajo las mismas condiciones.


Biblioteca la Esperanza Alejandro Ceballos Soledad nació en una vereda llamada la primavera, en un pequeño pueblo del departamento de Antioquia, aún recuerda con nostalgia aquellos guayacanes que crecían en el patio de su casa y que le hacían honor al nombre de la vereda, o los naranjos que se posaban imponentes frente a la misma, cuya sombra invitaba al descanso de propios y extraños que solían pasar por aquel “pedazo de paraíso”, como lo llamaba Soledad. El pueblo se caracterizaba por ser un lugar lleno de gente humilde y amable, de campesinos trabajadores y echados para delante, como se dice popularmente, aunque no era lo único por lo que se caracterizaba, ya que desde unos años atrás, grupos armados al margen de la ley habían llegado al poblado, atraídos por los imponentes paisajes, montañas y riquezas naturales que poseía este lugar, por ende, los habitantes poco conocían de su existencia o mejor dicho, prestaban poca atención a estos grupos, puesto que solo les importaba trabajar su tierra y sacar sus familias adelante. Pero esto cambio cuando empezaron a suceder algunos hechos que interrumpieron la cotidianidad del pueblo y sus habitantes. Cuenta la historia, que una noche tranquila de agosto, cerca de la vereda donde vivía Soledad, llegaron hombres uniformados preguntándole a una familia, del porqué ellos habían proporcionado un cerdo a uno de los grupos armados contrarios, ya que estas humildes personas sin saberlo, comentaron que aquellos hombres con parecido aspecto, les obligaron a entregar y preparar el animal para gozo de los mismos. Aunque aquella historia no fue suficiente para ellos, por lo que, sin medir palabras le dispararon al padre de familia, no sin antes acusarlos de colaboradores de dicho grupo armado. 1


Aquel infortunado episodio fue el primero de una serie de acontecimientos que con el tiempo fueron convirtiendo este “pedazo de paraíso” en un lugar lleno de zozobra e intranquilidad para las personas que lo habitaban. Muy lejos de allí, en una ciudad de varios millones de habitantes vivía Juan, un joven que trabajaba como auxiliar en una biblioteca pública y de la cuál disfrutaba bastante, pues desde pequeño siempre asistió con sus padres o compañeros de clase, ya que la biblioteca estaba situada cerca de la escuela y de su hogar. Soledad recuerda con tristeza aquel 26 de junio, cuando a plena luz del día llegaron varios hombres vestidos con camuflado militar para hacerles desalojar la tierra en la que vivían, con la amenaza de ser asesinadas, pero Soledad y su madre se rehusaban a abandonar su hogar, así que siguieron en sus quehaceres cotidianos, sabiendo que algún día éstos hombres regresarían. Días después mientras doña Teresa recogía los huevos en el corral de las gallinas, observó a lo lejos unos hombres uniformados que se acercaban desde la colina, en ese momento salió corriendo para avisarle a su hija Soledad, pero ya ellos se encontraban replegados por toda la finca, unos buscando algo que comer y otros simplemente descansando del peso de sus fusiles y su conciencia, bajo la sombra de los naranjales. Al ver que la madre y su hija habían hecho caso omiso de la advertencia, el comandante de aquellos hombres prendió fuego a la casa. Soledad y su madre no tuvieron más remedio que abandonar lo poco que les quedaba y dejar atrás lo que alguna vez fue su hogar. Al llegar al pueblo, desorientadas y sin saber qué hacer, las dos mujeres buscaron ayuda en la estación de policía, pero no hallaron respuesta alguna, así que partieron para la ciudad con el poco dinero que tenían en


sus bolsillos en busca de los familiares de su padre, ya fallecido, puesto que ellos les ofrecieron ayuda al conocer la situación en la que se encontraban. Estando en la ciudad, madre e hija se instalaron en la casa de los mismos por unos días, mientras Soledad buscaba un trabajo para ayudar económicamente, lo cual no iba a ser fácil, ya que no Poseía experiencia ni conocimientos académicos, porque siempre trabajó el campo y no tuvo oportunidad de estudiar en la escuela, además, por desgracia, la avanzada edad de su madre no le permitía trabajar. La ciudad a la cual llegaron, era la misma en la que vivía Juan y aunque no se conocían, sin saberlo, iban a estar conectadas de algún modo. Al cabo de unas semanas, al ver lo difícil que era la situación y sin poder todavía obtener un trabajo, sus familiares tomaron la decisión de expulsarlos de su hogar, por lo que era imposible mantenerlas allí, debido a la precariedad del momento, luego ellos también vivían con lo mínimo para sostenerse económicamente. En la calle, sin conocer a nadie y sin saber qué hacer, las dos desamparadas se dieron cuenta que la única solución que quedaba era pedir limosna a la gente para poder comer, sin importar donde quedase la dignidad. Y así pasaron varios días durmiendo en la calle y sobreviviendo de la caridad de las personas, lo que para ellos era algo que jamás pensarían que harían, desafortunadamente ésta es la situación de muchos de los desplazados como ellos en Colombia, así como también la de muchos indígenas que llegan a las grandes ciudades relegados de sus resguardos por grupos armados. Aunque por fortuna no fue mucho tiempo en el cual éstas mujeres estuvieron en la calle, gracias a un grupo de personas pertenecientes a la

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Acción Comunal de un barrio cercano donde ellas habitualmente pedían ayuda llamado la esperanza, permitiéndoles vivir en un cuarto de aquel lugar y además proporcionándoles víveres que habían sido donados, gracias a la solidaridad que despertaron entre los habitantes de la zona. Por otro lado, Juan era una persona que siempre había demostrado interés en contribuir en las soluciones de los problemas que arremetían a su comunidad, participando activamente en los comités barriales y cuanto evento se hiciera para ayudar a las personas. Éste interés también se hizo presente a medida que trabajaba en la biblioteca como auxiliar de servicio, ya que al conocer claramente los objetivos de la unidad de información y la razón de ser de una biblioteca pública como en la que él trabajaba. Un día se le ocurrió la idea de ingeniarse una forma de ayudar a su comunidad desde la biblioteca, puesto que las personas que habitaban su barrio, en su mayoría, eran campesinos procedentes de pequeños pueblos que habían llegado allí por motivo de desplazamiento, víctimas del conflicto armado por el que atravesaba el país. Juan entonces, decidió compartir con el personal de la biblioteca sus ideas para ayudar a las personas de su barrio y al mismo tiempo de su comunidad y su biblioteca, ya que la unidad de información estaba situada en ese mismo sector. El director de la unidad de información, al conocer la circunstancia del asunto y al ser consciente de que nunca se había percatado de la situación que rodeaba su comunidad, se reunió con el personal de la biblioteca para poner en marcha un proyecto de estudio de usuarios, mediante la aplicación de distintos métodos cualitativos y/o cuantitativos, que permitieran conocer la comunidad, el grupo de personas, el contexto,


las características y posibles categorías de dichos sujetos que habitan el entorno de la biblioteca. Los resultados arrojados, proporcionarían bases para encaminar y dirigir esfuerzos que posibiliten atender las particularidades y necesidades de información de dichas personas. Así mismo crear estrategias y acciones para la inclusión social desde la biblioteca pública. Todo esto puso muy contento a Juan, ya que gracias a su idea, se logro el reconocimiento de la comunidad por parte de la biblioteca, trayendo consigo la implementación de nuevos recursos y servicios. En definitiva, la biblioteca pública pudo identificar las características de su comunidad, pues el resultado del estudio dio cuenta que muchas de las personas que habitaban dicho contexto eran víctimas del conflicto armado del país, también que éstas personas pertenecían a categorías diferentes, puesto que todos eran víctimas del conflicto, pero habían sufrido distintos daños, como consecuencia de violaciones de los derechos humanos. Algunos de las categorías que pudo identificarse fueron las personas que eran víctimas del conflicto armado por asesinato o desaparición forzada, otras personas por tortura, algunas por lesiones físicas permanentes o transitorias, unas pocas personas por secuestro y una víctima de minas antipersonales. Siendo el desplazamiento forzado el motivo de más peso por el cual la mayoría de las personas llegaron a la ciudad. Por otro lado, si habían sido víctimas de fuerzas militares del Estado, Grupos armados paramilitares o grupos guerrilleros. Así mismo, la biblioteca pudo implementar estrategias y acciones que contribuyeran al mejoramiento de la calidad de vida de su comunidad, propiciando un ambiente de cohesión social. Todo ello se vio reflejado en diferentes recursos y servicios implementados por la biblioteca, tales

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como: •Asesorías para que dichos usuarios conocieran la ley de víctimas, paz y reconciliación del país para la restitución de tierras. •Señalamiento de lugares de atención inmediata para víctimas del conflicto armado. •Realización de guías de centros de documentación y archivos que puedan ser de utilidad para las personas víctimas en la recuperación de documentos relacionados con hechos victimarios. •Brindar información de proyectos gubernamentales para la atención de víctimas. •Articulación con entidades nacionales y distritales para apoyar con presencia en la biblioteca con unidades para la atención y Reparación Integral a víctimas. •Capacitación con talleres de formación. •Construcción de la memoria histórica de las víctimas para la paz y la reconciliación por medio de fondos bibliográficos. Después de asistir por varios meses a la biblioteca, Soledad pudo encontrar trabajo como operaria en una fábrica textil, ubicada a pocas cuadras del lugar donde se estaba alojando con su madre, esto le permitió obtener dinero para rentar un modesto apartamento en el sector que meses antes les había brindado ayuda y esperanza, aquel barrio era el mismo en el que vivía Juan y por medio del cual pudo conocer los servicios que prestaba la biblioteca a las personas víctimas del conflicto armado.


Ahora Soledad vive felizmente con su madre en un lugar digno, asiste a la biblioteca periódicamente para utilizar dichos servicios y conocer sus derechos como víctima del conflicto armado, esperando algún día regresar a su “pedazo de paraíso”. Por último, Juan decidió agradecerles el apoyo a sus demás compañeros por los logros obtenidos y sobre todo por haber participado activamente en el proyecto bibliotecario, compartiendo con ellos los siguientes párrafos que había leído algún día y de los cuáles aprendió bastante para querer ayudar a su comunidad por medio de la biblioteca pública la esperanza.

“La biblioteca pública colombiana debe situarse en el contexto nacional, observando y comprendiendo los procesos sociales, económicos, políticos y culturales del ámbito local y nacional. En este sentido, el bibliotecario debe reconocer que entre los distintos visitantes o usuarios de la biblioteca, están también las personas que han atravesado o han sido parte, por diferentes circunstancias, de experiencias asociadas al conflicto armado o a la violencia. Estas personas en proceso de reintegración social, al ser parte de la comunidad, pueden encontrar en la biblioteca pública no solo un lugar de reparación y resocialización a través de la reconstrucción de la memoria y de actividades para que los niños, jóvenes y adultos se inserten en proyectos de formación como lectores y escritores, sino además un centro de información y orientación que les ayude en el conocimiento de sus derechos y de la legislación y las disposiciones promulgadas para restituirle los derechos a las víctimas del conflicto armado en el país” (Rodríguez Santa María, 2011). Alejandro Ceballos.

Estudiante de Bibliotecología. Escuela Interamericana de Bibliotecología E-mail: apoxtol86@hotmail.com

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Referencia bibliográfica. Rodríguez Santa María, G. (2011). La biblioteca pública que queremos. p. 20-21. Recuperado de http://www.bibliotecanacional.gov.co/caja-herramientas/sites/default/files/recursos/La%20biblioteca%20publica%20 que%20queremos.pdf


Biblioteca la Esperanza.  

Crónica. Autor: Alejandro Ceballos. Revista Pérgamo, 2015.

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