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El portugués Fernando Pessoa dedica en 1918 un poema a la triste despedida del joven Antínoo:

El rostro de Antínoo fue el modelo tomado para representar a los jóvenes efebos durante el siglo ii. Sus rasgos delicados y perfectos fueron muy imitados lo que dificulta a día de hoy el tener una idea clara de cómo fue el hombre que enamoró a Adriano.

«La lluvia, afuera, enfría el alma de Adriano. El joven yace muerto. En el lecho profundo, sobre él todo desnudo, la oscura luz del eclipse de la muerte se vertía. A los ojos de Adriano, su dolor era miedo». Ya en el siglo xx será Marguerite Yourcenar en sus Memorias de Adriano (1951) la que dote de poder una historia tanto tiempo relegada. En las páginas de dicha obra el propio emperador narra el ferviente amor que sintió en su edad adulta por el bello Antínoo:

¿Quién no puede evitar emocionarse leyendo las palabras que Marguerite pone en boca de Adriano? Volar en el tiempo y volver a sentir el amor y desgarrador dolor que vivió el emperador. Y ya en fechas recientes, Adriano pasa su relevo a Antínoo quien en la obra de Manuel Francisco Reina La coartada de Antínoo (2012) relata en primera persona la pasional historia de amor que ha vivido al lado del hombre más poderoso del mundo «Amarte a ti, Adriano, amar al emperador de Roma, me convertiría por esas guerras místicas del amor y del poder en el adversario de todo un imperio. Sin quererlo, me convertí en el antagonista de los hijos de la loba capitolina».

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ANTÍNOO

JAIME NUÑO

«Su presencia era extraordinariamente silenciosa, me siguió en la vida como un animal o como un genio familiar. Me maravillaba de su dura suavidad, de esa sombría abnegación que comprometía su entero ser. Y sin embargo aquella sumisión no era ciega; los párpados, tantas veces bajados en señal de aquiescencia o de ensueño, volvían a alzarse, los ojos más atentos del mundo me miraban en la cara; me sentía juzgado. Pero lo era como lo es un dios por uno de sus fieles [...] Sólo una vez he sido amo absoluto; y lo fui de un solo ser».

La homosexualidad en Roma: cuando los tópicos caen El primer dato que debemos tener en cuenta es que los griegos y los romanos no concebían de la misma manera la homosexualidad. En el mundo romano asistimos a una evolución de las prácticas entre personas del mismo sexo. Durante la república las relaciones estaban penadas y se incidía en la pederastia, considerada una práctica griega inmoral en la que un joven mantenía relaciones con un

hombre adulto como formación educativa y moral. Al finalizar la etapa republicana observamos la aceptación de las practicas entre los amos y esclavos. Con el imperio, se pierden restricciones y vemos como la mayor parte de los emperadores mantenían relaciones bisexuales u homosexuales, caso del emperador Adriano. De alguna manera las relaciones entre hombres en privado eran aceptadas

pero públicamente no estaban exentas de burlas y criticas. Si de la homosexualidad masculina tenemos datos y los autores latinos nos hablan constantemente, de la femenina apenas conocemos nada, de hecho Ovidio se niega a creer que exista tal práctica. En el siglo iv, con Tedosio I las relaciones entre hombres comienzan a ser prohibidas, castigando a quienes lo practiquen con la pena de muerte.

Patrimonio 63  

Número especial de la revista Patrimonio que conmemora los 1900 años del reinado de Adriano, centrándose en su figura y en su legado, a trav...

Patrimonio 63  

Número especial de la revista Patrimonio que conmemora los 1900 años del reinado de Adriano, centrándose en su figura y en su legado, a trav...