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ADOBE STOCK

Su diseño –parece que el propio emperador intervino en él– reflejaba la predilecta retrospección de Adriano hacia el mundo helenístico. Templo decástilo y de enormes dimensiones (53 x 110 m), sobresalía entre los mayores de la Antigüedad clásica. Pero su personalidad –aunque «una» en su apariencia externa– residía en su ser geminado, en su drástica división interna por un muro que contraponía dos templos: el que ahora vemos desde el Coliseo, en ruinas, albergaba la estatua de Venus Felix; el opuesto, incorporado siglos después a la iglesia de Santa Francesca Romana, correspondía a Roma Aeterna. Fundir en un único concepto –y en ese lugar sagrado– la idea de Roma con la de la diosa portadora de toda alegría (y, por lo que hace al legendario origen de la ciudad, madre de Eneas) representaba, en su primera y más alta argumentación arquitectónica, uno de los anhelos vitales de Adriano. Lo que en nuestros días se conserva de él es poco. Tras sufrir un incendio, fue restaurado por Majencio (entonces fue cuando se construyeron los dos ábsides opuestos). Así y todo, las ruinas que ahora contemplamos dan testimonio último de un locus clave en la fundación de Roma: gran parte de la colina de la Velia fue irreversiblemente desmantelada por Mussolini, para la apertura de su Via del Impero.

Código semántico y razón constructiva Cuando Adriano comenzó la construcción de su descomunal Mausoleo en Roma (135), se remitió –herencia etrusca de por medio– al ancestral y circular signo del túmulo; siguió la estela –ampliando con mucho el diámetro– del cercano Mausoleo de Augusto, al otro lado del Tíber (y, más remotamente, la del Mausoleo de Cecilia Metela en Via Appia). Contrapongamos la forma circunferencial y masiva de la Mole Adriana (que hoy subsiste transformada en Castel Sant’Angelo) con el imponente vacío rotondo –y rotundo– que Adriano había concebido años antes en el Panteón: puntos culminantes, los dos, en la evolución de sendos arquetipos provenientes de las primeras experiencias arquitectónicas del hombre. Las dos fuentes de la arquitectura romana (lo etrusco –el sistema abovedado– y lo helénico –el orden adintelado que se materializa en el lenguaje clásico–) acompañaron siempre su acontecer. En tiempos de Adriano la compenetración de ambos ascendientes hizo especial énfasis: el Panteón es la más clara yuxtaposición de la semántica del lenguaje clásico –el pronaos y sus 16 columnas

Página anterior: Ruinas de la fachada exterior de la Biblioteca de Adriano en Atenas, con la serie de columnas yuxtapuestas a la misma. Debajo: Cuerpo bajo y remanente de la Puerta de Adriano en Antalya (hoy Turquía), edificada con motivo de la entrada de Adriano en la ciudad, en el año 130. En esta página: Ruinas del Olimpeion de Atenas, concluido por Adriano tras ser iniciado ocho siglos atrás, con la colina de la Acrópolis al fondo.

LA ETAPA ADRIANEA

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Patrimonio 63  

Número especial de la revista Patrimonio que conmemora los 1900 años del reinado de Adriano, centrándose en su figura y en su legado, a trav...

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