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Sin front ras

caña de azúcar

esa planta dulce y egoIsta Hace más de 500 años los 'descubridores' europeos exportaron al 'Nuevo Mundo' la caña de azúcar, sembrando así el germen de un cultivo latifundista y acaparador que la tecnología ha convertido en el azote de los pueblos sudamericanos. Hoy, la voracidad del modelo también amenaza otros lugares como el sudeste asiático. Texto: Nazaret Castro / Laura Villadiego (Buenos Aires / Bangkok). Fotos: Laura Villadiego.

“Las tierras fueron devastadas por esta planta egoísta que invadió el Nuevo Mundo arrasando los bosques, malgastando la fertilidad natural y extinguiendo el humus acumulado por los suelos…” ('Las venas abiertas de América Latina', Eduardo Galeano, 1971)

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ace quinientos años, los bosques del nordeste brasileño comenzaron a talarse y sus fértiles tierras se llenaron de plantaciones de caña de azúcar. El destino: los círculos cortesanos europeos, donde el azúcar se cotizaría al alza hasta que, ya en el siglo XVIII, comenzó a extraerse de la remolacha plantada en el Viejo Continente. Según algunas versiones, fue Colón quien, en su segundo viaje a las Indias, llevó la caña y su modelo de cultivo, soportado en mano de obra esclava, que había conocido en las Islas Canarias y se practicaba en Chipre desde hacía 300 años. Y fue así como, cinco siglos atrás, se implantó en América Latina un modelo de producción en el que la tierra se coloca al servicio de los

intereses económicos de los poderosos, y no de las necesidades alimentarias de los pueblos que la habitan. En Brasil, la tierra quedó exhausta tras siglos de monocultivo dirigido a la exportación. El azúcar arrasó a su paso con los húmedos bosques pernambucanos y dejó tras de sí un páramo desértico y un ejército de bocas hambrientas: las de los descendientes de los esclavos que fueron llevados desde África para cortar la caña, uno de los trabajos más duros que existen, según cuenta el saber popular. Quinientos años después, Pernambuco, que conserva apenas un 2,5% de su vegetación originaria, sigue siendo uno de los lugares más pobres de Brasil. En este país de dimensiones continentales, que después de unas décadas de declive volvió a

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Revista Números Rojos 006  

Esta democracia no nos sirve

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