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El poder de las farmacéuticas

la población. Esta en muchas ocasiones está desinformada, quiere remedios sencillos para todo, sin tener en cuenta que en raras ocasiones se han comprobado los progresos reales en salud de las vacunas”. El doctor Gervás afirma al respecto que “se produce una colusión, que no colisión, de intereses, de querer proteger a la población, de presión de expertos (en muchos casos, representantes con bata, ilustres profesionales a sueldo de las industrias) y de sociedades científicas (con fuertes intereses con las industrias que las sustentan), y de la propia población. El resultado final es la promoción de toda vacuna, por más absurda que sea, y el descrédito de las vacunas útiles y necesarias”, se lamenta.

La clave: información Lo que parece claro es que hay vacunas que han contribuido de forma importante a erradicar enfermedades. Pero muchos expertos creen que abusos como los dos citados, la gripe y el papiloma, acabarán por producir un enorme descrédito de los profesionales, las autoridades del ramo y las vacunas en general. ¿Cómo actuar entonces? Para Jara hay que tener claro que “las vacunan son medicamentos y como tales tienen su peligrosidad y hay que tener en cuenta que se aplican a poblaciones sanas. Por eso, no han de ser obligatorias, sino de libre e informada elección. Pero la propaganda en este ámbito es tan grande que se han

mitificado. Debería estudiarse caso por caso dependiendo de muchos factores qué vacunas poner y cuáles sobran y además son peligrosas”. Juan Gervás recuerda que “vacunar es una actividad preventiva, y como siempre significa enfermar primero un poco para no enfermar mucho después. Pero no hay que olvidar que a veces es peor el remedio que la enfermedad”. En todo caso, señala el doctor Gervás, “el principio ético de la autonomía exige que se informe detalladamente de beneficios y perjuicios a los padres y adolescentes y a las personas a vacunar en general para que puedan tomar una decisión apropiada. También conviene señalar los frecuentes fallos de las vacunas, cuya aplicación nunca conlleva inmunidad completa para siempre. Es este consentimiento informado, no simplemente 'firmado', el que podría dar razón a los que defendemos las vacunas como un tesoro que no conviene dilapidar, ni con engaños ni con su ampliación sin límites y por intereses comerciales”. La medicina no es magia. No puede ofrecer vacunas para todo y para todos. Es necesario volver a situar el interés de los pacientes y de la población por delante del interés de los accionistas de las empresas farmacéuticas a base de más conocimiento, más flexibilidad, transparencia y tolerancia ante las críticas para volver a hacer las vacunas compatibles con un negocio que debe volver a ser honrado.

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Revista Números Rojos 006  

Esta democracia no nos sirve

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