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De echos

mano -añade- se desconoce el valor de la inmunidad natural y la efectividad de las vacunas y su fundamento científico es lamentablemente endeble”. Lo que parece indiscutible es que los tiempos han cambiado y que el campo de las vacunas se ha hecho más extenso y complejo. Cada vez se aplican para enfermedades más infrecuentes y/o más leves y con menos conocimiento científico. El caso de las vacunas de la gripe A y del papiloma son quizás los más polémicos.

la epidemia fantasma La gripe A, producida por el virus H1N1, ocupó las portadas de todos los medios de comunicación en la primavera de 2009. En junio de ese año, la Organiza-

La vacuna de la gripe estacionaria Tampoco la vacuna de la gripe estacionaria se libra de las críticas. “Las vacunas contra la gripe, tanto la de la gripe A en su día como la estacional, solo logran reducir los síntomas de gripe en los que padecen gripe-gripe (menos de un 20% de los que tienen un síndrome gripal), pero no en los mayores de 65 años ni en los menores de dos años. En ningún caso disminuyen dichas vacunas ni las hospitalizaciones, ni las neumonías, ni las muertes”, afirma el médico Juan Gervás, quien añade que, además de que no está probada la eficacia de la vacuna de la gripe estacionaria por la ausencia de ensayos clínicos a largo plazo al respecto, esta “tiene efectos adversos frecuentes y a veces graves”. Por ejemplo, cuenta Gervás a Números Rojos, “la vacuna contra la gripe estacional produjo en Australia una epidemia de convulsiones graves en niños y la vacuna contra la gripe A, en Estados Unidos, produjo un gravísimo caso de salud pública, una epidemia de síndrome de Guillain-Barré, un trastorno neurológico autoinmune”.

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ción Mundial de la Salud (OMS) declaró el nivel de alerta 6 de la pandemia. La alarma sanitaria se extendió por todos los continentes. Las urgencias de los hospitales y las consultas de atención primaria se colapsaron. Los gobiernos de todo el mundo se apresuraron a hacer acopio de vacunas para hacer frente a los contagios. A pesar de la crisis, las farmacéuticas siguieron siendo un valor fuerte y seguro en las bolsas mundiales. Mientras llegaban las vacunas, los fabricantes hicieron caja gracias a las ventas de sus antivirales. Roche, fabricante del Tamiflu, el medicamento antiviral, facturó un 9% más en el segundo trimestre de 2009, cuando estalló la alerta sanitaria. En concreto, la multinacional admitió que las ventas de su antiviral crecieron un 203% en los seis primeros meses del año ante la expansión del virus de la nueva gripe. En total, el laboratorio suizo obtuvo unos jugosos ingresos de algo más de 2.600 millones de euros solo ese año. En cuanto a las vacunas, Francia, por ejemplo, con 60 millones de habitantes, adquirió 94 millones de dosis para atacar la gripe A. Se usaron entre seis y siete millones. La compra por parte de Francia, como las de otros países europeos, se hizo a cuatro laboratorios diferentes: GlaxoSmithKline (GSK), Novartis, Sanofi-Pasteur y Baxter, que comercializaron su vacuna patentada en condiciones exclusivas. Alemania, con una población de 80 millones de habitantes, adquirió 50

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