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De echos

mujeres, no maniquíes emplean el mismo lenguaje machista de la televisión para reivindicar que el cuerpo de la mujer no es un objeto. inspiradas en el grupo de origen ucraniano, las femen italianas preparan la revolución feminista.

Texto: Benedetta Argentieri y Giulia Abbate. Fotos: Armando Casalino. Traducción: Yolanda Martínez y Rebeca Martínez.

I

o sono mia” (“Yo soy mía”). Esta frase tal vez encierre la necesidad que impulsa a un grupo de jóvenes mujeres a desnudarse, mostrar el torso descubierto con pancartas y, así, afirmar su autodeterminación. Y desde aquí podemos iniciar un recorrido y contar quiénes son las Femen italianas. Ellas, como todas las demás, quieren transformar el uso comercial habitual de los medios de comunicación, que muestran el cuerpo femenino como una forma vacía de sentido, para eliminar todo indicio de explotación mercenaria y devolver al cuerpo de la mujer la posibilidad y la dignidad de transmitir su valor. Pero lo primero de todo, ¿quiénes son? Jóvenes, algunas incluso menores, que quedaron fascinadas al ver las acciones del grupo ucraniano y pensaron que este imaginario, este lenguaje, quizás fuese el más adecuado y el que más se acercaba a lo que necesitaban. Las Femen surgieron en Kiev, en el año 2008, de la mano de su fundadora, la economista Anna Gucol, que lucha por combatir el negocio de la prostitución: decenas de jóvenes ucranianas se dejan seducir por la promesa de un trabajo y, sin embargo, terminan encontrándose en la calle. Pero las protestas también se hacen eco de las desigualdades en otros frentes: desde la diferencia salarial entre géneros (27 %), a la misoginia de la sociedad, pasando por sus desafíos al mundo de la moda como causantes de la anorexia. La acción directa sobre el pudor y los prejuicios presentes en la sociedad con 72 

respecto a la desnudez femenina atribuye a estas acciones una relevancia notable. Si el desnudo imaginario es aceptado y asumido como soporte comunicativo comercial, el desnudo material resulta todavía ofensivo. Conscientes de este impacto, las militantes se desplazan de país a país para hacer oír su voz. El objetivo es preparar una “revolución internacional de las mujeres” para 2017. El grupo ha ido ampliándose y ahora también quiere dejar su huella en Italia, difundir la práctica de la denuncia directa y participar, a todos los efectos, en la construcción de un movimiento político que luche por los derechos de las mujeres, mediante protestas no violentas, pero que logren atraer la atención de los medios de comunicación. La peculiaridad de Italia pasa por haber vivido veinte años de berlusconismo, de una televisión que ha acostumbrado al público a una imagen mercantilizada del desnudo femenino y ha hecho del cuerpo de la mujer un espectáculo. Para Femen, el reto consiste en transmitir y afirmar el valor del cuerpo, de un cuerpo político capaz de afrontar la represión sin temor. “La voluntad de las jóvenes italianas”, dice Mary -una de las militantes- refiriéndose al grupo, es la de “recuperar la libertad de nuestro cuerpo, utilizando el mismo lenguaje machista de la televisión para producir un cortocircuito”. En otras palabras: transformar el significado del cuerpo publicitario en cuerpo político, es decir, modificar un cuerpo que se somete a la voluntad de los demás, del marketing y el deseo, en un cuerpo libre que tiene su propia voluntad y su propio deseo. Pero Italia todavía no está preparada para la transformación. Según Maria Chiara, otra de las integrantes, la sociedad italiana está aún demasiado enredada en la hipocresía católica. Hay una tolerancia ciega a los spots publicitarios y, en consecuencia, silenciosa ante estas imágenes degradantes. Sin embargo, al mismo tiempo, esa misma mirada se vuelve puritana, maniaca y violenta frente al desnudo del cuerpo político. La duda es que probablemente ni lo entienda. “Por eso, antes de exponernos en la primera ac-

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Esta democracia no nos sirve

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