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¿Es posible la unidad?

Mónica Oltra, de Coalició Compromís, insiste en que “la izquierda se ha de articular desde la pluralidad. De hecho -añade-, estamos trabajando con otras formaciones políticas para tratar de aunar fuerzas para romper con el sistema bipartidista que sufrimos”. ¿Los obstáculos? Según Oltra, "las actitudes dogmáticas, la no aceptación de la pluralidad o el tratar de hegemonizar a toda costa este movimiento. En realidad, el mayor enemigo sería el partidismo, otra vez”. David Fernández, de la CUP, concreta que la unidad es el fruto de “un proceso de generar confianzas, sinergias y complicidades sobre realidades y programas concretos y con lecturas críticas y serenas de saber qué es lo que nos ha desunido, que no es poco”. Y añade que su organización parte de la premisa de “la severa derrota y autoderrota, infligida y autoinfligida, que acumulan las izquierdas, particularmente el proyecto socialdemócrata europeo, que acabó en manos del tesón neoliberal. En Cataluña quien arranca los peores recortes antisociales desde el final de la dictadura es un tripartito… de izquierdas. Ya vale

de que el poder sea como un violín: que se toma con la izquierda y se toca con la derecha. Ese es el reto: no gestionar poder, sino transformar la sociedad”. El distanciamiento por igual de la derecha y de los socialistas, que la izquierda transformadora califica de social-liberales, sería el punto de partida común para generar una alternativa. El referente internacional es la Syriza griega, una candidatura plural de grupos alternativos que supo ocupar el espacio a la izquierda de los socialistas del PASOK. Pero Syriza, que provenía del movimiento popular, afronta ahora un proceso de transformación en partido político que está generando fuertes tensiones internas.

A DESBROZAR ¿Es posible una 'Syriza española'? Los movimientos sociales lideran la lucha contra los recortes superando las divisiones partidistas aunque también compartiendo el espacio reivindicativo con la izquierda y, sobre todo, con sus y simpatizantes. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca y las 'mareas ciudadanas' son claros ejemplos. Es lo que el profesor Raimundo Viejo llama la política del movimiento, que es de donde, según él, “han surgido, se despliegan y progresan las otras formas de hacer política ¿Alguien se imagina si cada liberado de la izquierda parlamentaria y sindical hiciese lo que hace Ada Colau, cómo estaríamos?”, se pregunta Viejo, que acusa a la izquierda tradicional de intentar “parasitar” los movimientos sociales. Julio Anguita reconoce que la izquierda “ha tirado” su conexión con la calle, convirtiendo las agrupaciones de los partidos en “oficinas electorales”, y comparte el ejemplo de la PAH como el de otra forma de hacer política que va “al problema inmediato, concreto, sangrante”. El líder histórico de IU critica de la izquierda que “es muy narcisista y se mira al espejo a ver si ha quedado bien con los grandes pensadores del pasado”, olvidándose "de la lucha diaria". Para él la izquierda “no solo debe cuestionar el sistema, sino también trabajar para erradicarlo, construyendo simultáneamente una sociedad alternativa. No es cuestión de combatir  53

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Revista Números Rojos 006  

Esta democracia no nos sirve

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