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Opini n

tolerancia insoportable

¿Qué se puede esperar de un sistema educativo donde el alumnado continúa siendo acosado por su orientación sexual? Poner el dedo en la llaga para airear la herida.

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Jesús Generelo Lanaspa Secretario General de la FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales) Actualmente Jesús dirige "Acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio en adolescentes y jóvenes LGTB", investigación a cargo de la FELGTB y COGAM. Su objetivo principal es educar en el entorno escolar en el respeto hacia las diferentes opciones sexuales.

1. Todos los estudios mencionados en el artículo y otros diferentes que inciden en esta cuestión pueden consultarse en www.felgtb.org/temas/ educacion/documentacion/ investigaciones.

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omo escribió Javier Cercas, “la violencia escolar no puede ser sino el primer problema de la escuela, porque la violencia es el fracaso total de la educación”. No cabe duda. En España, digámoslo alto y claro, hay violencia en los centros educativos. Más de la tolerable. Tolerada. Ya son numerosos los estudios1 que nos alertan de que en nuestro país el acoso escolar por orientación sexual o identidad de género, lo que se conoce como bullying homofóbico, está ampliamente extendido en nuestro sistema educativo. No son hechos aislados, es algo sistémico que sucede en la mayor parte de los centros de todas las comunidades autónomas. El estudio Jóvenes LGTB, por ejemplo, muestra cómo el 60% de los informantes ha sufrido la violencia psíquica y/o física en el ámbito educativo. ¿Nos extraña? En otro del INJUVE, el 80% de los jóvenes españoles declara haber sido testigo de agresiones verbales a personas con sexualidades no “normativas”; el 40% ha presenciado conductas de exclusión; el 20%, violencia física. Entre los 4.600 alumnos consultados en un estudio llevado a cabo en dos poblaciones de Madrid y Gran Canaria, el 37% afirma haber asistido a palizas a estas personas en contexto escolar. El rey, efectivamente, está desnudo, y lleva marcas de violencia en su piel. Todo el mundo lo ve, nadie lo comenta.

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nte datos semejantes, y ante la inacción de las administraciones, FELGTB y COGAM decidieron analizar las consecuencias de este terrible acoso. El estudio Acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio en adolescentes y jóvenes lesbianas, gais y bisexuales partía de una tesis que ya había sido confirmada en múltiples estudios internacionales: el acoso homofóbico, sufrido durante largo tiempo y sin ayuda por parte del entorno, puede llevar a la desesperanza y esta conducir al riesgo de suicidio.

Esta premisa inicial ha sido ampliamente corroborada. Respondieron 653 menores de 25 años de todos los rincones de España y que han sufrido acoso escolar por su orientación sexual. Para no cansar con múltiples cifras resumiremos diciendo que, efectivamente, la mayoría de ellos había sufrido el acoso a diario o casi a diario durante un período muy largo de su vida. El 82% de todos ellos no comunicó su sufrimiento ni a sus profesores ni a sus familias. Y los sentimientos que fueron desarrollando muestran su falta de visión de futuro, su desolación, su creencia en que nada puede mejorar. En definitiva, sentimientos de desesperanza. ¿A dónde condujeron esos sentimientos negativos con los que tuvieron que convivir, en silencio, sin ningún apoyo, durante largo tiempo? Al 43% le llevaron a la ideación del suicidio. Al 35%, a la preparación del mismo. Al 17%, a intentar quitarse la vida en una o varias ocasiones.

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ara comprender la intensidad de este sufrimiento el estudio cuantitativo se complementó con seis entrevistas en profundidad a jóvenes que llegaron a ver en el suicidio el final de su personal túnel. Nos hablan de sus sentimientos de miedo, de vergüenza, de infelicidad constante. Uno de ellos fue agredido por siete compañeros, que lo tumbaron y le orinaron encima. El profesor de Educación Física lo vio todo, pero salió y cerró la puerta tras él. No es un caso aislado, muchos de estos jóvenes hablan, pasmados, de cómo algunos docentes conocen las agresiones y o bien minimizan el problema o bien miran para otro lado. Es más, preguntados por quiénes han sido los agresores, el 11% responde que sus propios profesores. Esto es lo que sucede, queramos verlo o no, en nuestros centros educativos. Mientras tanto, la educación en diversidad afectivo-sexual, de la que habla el preámbulo de la ley educativa, no parece encontrar su lugar. Cada vez hay más profesores concernidos con esta cuestión, pero sigue sin desarrollarse un trabajo sistemático. La mayor apertura social y la igualdad legal han permitido a algunos jóvenes LGTB una cierta visibilidad. Pero esto, en un sistema educativo que no evoluciona al mismo ritmo, los somete a mayor inseguridad. Hoy por hoy, las y los jóvenes LGTB o cualquiera que se cuestione su sexualidad o no responda a las expectativas de género está en riesgo de sufrir exclusión o violencia en nuestras escuelas. ¿Nadie asume la responsabilidad? ¿No hay nadie a quien le importe?

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Esta democracia no nos sirve

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