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Efecto contagio

En la foto grande, vista de la ciudad eslovena de Kočevje. Junto a estas líneas, autor de las fotos de este reportaje, Miha Janež, junto a su madre.

chos sociales. Pero la Presidencia eslovena es un cargo sustancialmente representativo y Pahor tuvo que cohabitar con un Gobierno conservador, en manos desde febrero de 2012 del primer ministro Janez Janša, del Partido Democrático de Eslovenia (SDS), al frente de una coalición de centro-derecha, inicialmente compuesta por cinco partidos.

austeridad como única receta Se esperaba que Pahor, “con su querencia por el diálogo y el consenso, se valiera de este alto cargo de tipo ceremonial para reducir las crecientes tensiones políticas y sociales en Eslovenia, que sigue sin ver la luz al final del túnel tras casi cuatro años de recesión intermitente (y en su fase más aguda ahora mismo) y que coquetea peligrosamente con el rescate crediticio”, según el análisis del Barcelona Centre for International Affairs.

Sin embargo, ya en los primeros meses de su mandato, el Ejecutivo llevó a cabo una serie de medidas de austeridad al gusto europeo y anunció reformas del sistema de pensiones y de la legislación laboral. En unas declaraciones que ahora suenan casi sarcásticas, dados los casos de corrupción de los que se ha visto posteriormente salpicado, Janša dijo poco antes de que se celebraran aquellas elecciones de diciembre: “Eslovenia está empapada en gasolina. Basta una cerilla para prender un incendio”. Tras semanas de movilizaciones, la prensa internacional se hacía eco de los disturbios en varios puntos del país, que El País llegó a calificar como “los peores desórdenes desde la disolución de Yugoslavia”. A pesar de que hubo en torno a una quincena de personas heridas y detenidas, la realidad es que las manifestaciones contra los recortes y la corrupción fueron en su mayor parte pacíficas. El 25 de febrero de este año, el ministro de Economía, Radovan Zerjav, del Partido Popular Esloveno (SLS), anunció la salida de su formación política de la coalición de gobierno de Janša. Fue el tercer aliado que perdía el Gobierno debido a las acusaciones de corrupción y mientras la posibilidad de un posible rescate planeaba amenazante sobre el país. El primer ministro se aferró al cargo incluso cuando, en enero, fue señalado por una comisión anticorrupción estatal. Tras estos acontecimientos, el Parlamento esloveno aprobó el 27 de febrero una moción de censura contra el ya ex primer ministro Janez Janša, y encargó la formación de un nuevo Gabinete a la política de cen-

troizquierda Alenka Bratusek, del partido opositor Eslovenia Positiva. En el momento de cerrar esta revista, Bratusek mantenía aún las negociaciones en busca de los apoyos necesarios para convertirse en la primera mujer presidenta del país. Mientras, un sentimiento mezcla de crispación y resignación aumenta entre las generaciones jóvenes y no tan jóvenes eslovenas. Las primeras, como atestigua la treintañera Mitja Šerbec, profesora en Kočevje, ciudad al sureste del país, miran con incertidumbre el futuro: “No podemos hacer planes, parece que estaremos viviendo para siempre con nuestras familias, aunque tengamos ya una propia. Pronto no importará si contamos con estudios superiores o no, ya que el Gobierno continúa disminuyendo los salarios y mi paga será igual a la de gente no cualificada”. Es el caso de todas las personas entrevistadas para este reportaje, como Miha Janež, que trabaja como técnico de imprenta a tiempo completo, acaba de establecer una productora de vídeo y vive con su madre. La situación eslovena es paralela a la que podemos estar viviendo en otros países de la Unión Europea, una Unión que antes o después habrá de emprender otro camino de reformas distinto al de hasta ahora si quiere superar los escollos actuales. A pesar de todo, estos jóvenes no paran de repetir la expresión eslovena uživaj, que se podría traducir como ‘tómatelo con calma, disfruta’, y contiene el poso balcánico de la aceptación e inspiración necesarias para seguir adelante. Uživaj, Slovenija, de otras peores has salido.  115

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Revista Números Rojos 006  

Esta democracia no nos sirve

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