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Efecto contagio

C

reo que los políticos pasan demasiado tiempo discutiendo y resolviendo problemas entre ellos, en vez de resolver los problemas comunes”. “Ahora mismo es difícil encontrar cualquier tipo de trabajo aquí. Algunas de mis amistades acabaron la universidad hace años y siguen desempleadas”. “Nuestro Gobierno nos está impidiendo a los jóvenes construir una vida propia, bajando aún más los salarios y retirando otras ayudas”. Estos testimonios bien podrían pertenecer a jóvenes españoles, griegos, portugueses. Pero no es ninguno de estos países el que nos ocupa. Mucho más pequeño que cualquiera de los anteriores, con una extensión aproximada de 20.000 metros cuadrados y menos de la mitad de población que Irlanda –poco más de dos millones de personas-, la República de Eslovenia sufre sus propios vaivenes debidos a la crisis actual, de los cuales apenas se habla en el resto de la Unión Europea. Las últimas noticias que relacionamos con Eslovenia tal vez se remontan a su disolución de Yugoslavia en el año 1991, después de que en diciembre de 1990 el Gobierno de Liubliana, su capital, convocara un referéndum que apoyó la disgregación. Sería

precisamente la separación de Eslovenia y Croacia de entre las seis repúblicas regionales y dos provincias autónomas que conformaban la llamada República Federal de Yugoslavia la que detonaría en última instancia el conflicto en los Balcanes. Al contario del resto de la región, en Eslovenia el conflicto duró apenas dos semanas. En esta llamada ‘guerra de los diez días’, Belgrado envió a 20.000 soldados contra la minúscula república alpina mientras las televisiones difundían imágenes en las que aviones yugoslavos atacaban camiones erigidos como barricadas. Hubo muy pocas bajas eslovenas antes de que las tropas del general Kadijevic desistieran de recuperar el país.

preparados para la guerra La generación eslovena que hoy se encuentra cercana a la treintena recuerda la preparación ‘voluntaria’ para una posible guerra con sus vecinos balcánicos, a pesar de su corta edad en aquel momento. Miha Janež, joven nacido en Liubliana, tenía solo cinco años cuando él y su familia corrían a esconderse en el sótano bajo el sonido de los aviones y las sirenas en el pequeño pueblo de Koblarji, al sur del país. Tres años mayor que él, Klemenc Serbec relata la breve formación que

recibieron grupos de niños para el eventual desastre. Sus tareas comprendían aprender a orientarse en los bosques, recoger leña, ayudar con el porte y colocación de suministros médicos, etc. Hasta ahí los recuerdos. Es representativo de que la guerra pasó aquí todo lo desapercibida que puede pasar una guerra. El fin del breve combate llegaría de la mano de los pactos de Brioni, a través de los cuales Eslovenia (junto a Croacia) aceptaba posponer 90 días la entrada en vigor de su declaración de independencia mientras el Gobierno federal ordenaba a las tropas abandonar el territorio de forma escalonada. Ya entonces, esta nueva nación contaba con el PIB per cápita más elevado de entre las exrepúblicas yugoslavas. En un breve lapso de tiempo, Eslovenia fue consolidando la integración europea sin perder su vínculo con los Balcanes. Dos años después de su independencia, se adhirió al Consejo de Europa y en 2004 pasaría a formar parte tanto de la Unión Europea como del área de Schengen. Hoy, aunque mantiene el nivel de renta más elevado del centro y el este europeos de la UE, Eslovenia se ha visto azotada por la crisis financiera y económica, con una caída del 7,8% del PIB en 2009. En 2010 y 2011

Tras un breve conflicto armado, la 'guerra de los diez días', eslovenia se convirtió en un país independiente, con el mayor pib de la antigua yugoslavia  113

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Revista Números Rojos 006  

Esta democracia no nos sirve

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