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NUEVA GRECIA

de que ese mismo año, por un lado, se celebre en el Ateneo de Sevilla la Fiesta del Ultra y de que, por otro, un grupo de jóvenes poetas españoles firmen un manifiesto ultraísta. Dado que una corriente de vanguardia tan efímera como el Ultraísmo se expresó principalmente por medio de revistas, no es de extrañar que los poemas ultraístas sobre jazz aparecieran en publicaciones como Ultra, Mediodía y, sobre todo, la ya mencionada Grecia. Suelen ser textos breves de imágenes sorprendentes e innovadoras, escritos no sólo por autores renombrados como Rafael Lasso de la Vega, Joan Salvat-Papasseit (en catalán), Juan Larrea, Adriano del Valle, César Arconada, Guillermo de Torre o César González-Ruano, sino también por figuras menos recordadas como Xavier Bóveda, César A. Comet, Emeterio Gutiérrez Albelo, José Rivas Panedas, Francisco Vighi o Tomás Luque; cabe destacar que el número de autoras que escriben en España sobre jazz es mayor incluso que en Estados Unidos: Concha Méndez, Elisabeth Mulder, Ernestina de Champourcín y Lucía Sánchez Saornil (cuyo seudónimo era Luciano de San-Saor). En aquellos años pioneros y de desconocimiento de los nuevos ritmos, varias eran las denominaciones que se empleaban para definirlo y que, por tanto, aparecen en estos poemas: ragtime, cakewalk, fox, fox-trot, charlestón y, la más frecuente de todas, jazz-band (o jazzband), término que tenía diversas acepciones y que luego ha dado lugar a ‘jazz’, el vocablo que ha perdurado. Para los escritores vanguardistas esta música novedosa es urbana, nocturna, frívola, bailable y moderna (como el cine). Así, por ejemplo, en “Té-Dancing Delicias” (1928) César Arconada celebra el dinamismo lúdico del jazz exclamando eufórico “¡Oh, el baile! ¡El baile!”; el poema “Atardecer” (1927), de Ernestina de Champourcín, concluye subrayando que “Los autos persiguen, borrachos de prisa / un jazz que devora su propia estridencia”; César González-Ruano alude en “Estampa de madrugada” (1922) a “las notas borrachas de un jazz-band mujeriego”; los primeros versos de “Panoramas urbanos” (1921), de Lucía Sánchez-Saornil, son “La noche ciudadana / orquesta su Jazz Band”; uno de los versos finales del poema de Concha Méndez “Jazz-band” (1926) es “Jazzband. Rascacielos”. El ritmo marcadamente sincopado del texto de Concha Méndez deja entrever que la influencia del jazz también resulta apreciable en ocasiones a nivel formal. No es posible terminar esta aproximación a la presencia del jazz en la lírica española de vanguardia sin aludir a Guillermo de Torre, autor del poemario que mejor sintetizó el credo del Ultraísmo, Hélices. Poemas 1918-1922 (1923). Sus versos whitmanianos intentan recrear el frenesí de la vida moderna (rascacielos, máquinas, tecnología, etc.), y en ellos tienen cabida los ritmos afroamericanos surgidos en Nueva Orleáns en los albores del siglo XX.

Nueva grecia nº6 primavera 2014  
Nueva grecia nº6 primavera 2014  

revista de literatura, poesía, arte y vanguardia.

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