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NUEVA GRECIA Esta vez Ésa era su mesa de picnic y ésos eran sus dos abetos que crecían tan verticales que te hacían pensar que había cierta desesperación, pongamos un techo que devora la luz, pongamos una chimenea, y esas dos cositas que volaban de cuneta en cuneta y se encaramaban apenas un segundo—cada una de ellas—eran los duendes de rayas negras y cara blanca que venían a comer y cantar por encima del ruido de los cardenales y el zumbido del caucho y sus ecos y del rugido del primer tren. Dios, él estaba aquí de nuevo no muy lejos del parque infantil junto a la cebra de plástico. Dios, iba mirando la bombilla frente al cuadro de distribución atornillado al poste de teléfono sin alquitranar. Estuvo observando el cable tirante y cómo se extendía entre las rosas, el cable que se adentraba en la tierra para que allí nada cayera, y hundió el rostro para sorber su té sin usar las manos esta vez y entonar su chanson en inglés y francés como lo hacían hace seis siglos sin una sola palabra de rabia, nombrando a la alondra esta vez y al espino blanco, golpeando una mano y un pesado nudillo, chasqueando la lengua contra el paladar, su pulgar musical rascando la mesa del comedor, sus insultos lamentables frente a la codorniz de metal, sus frivolidades ante la carpa de rostro inexpresivo, su triste caja torácica y dedos fláccidos, su torpe aletear y tres o cuatro pobres staccatos, tan difícil esta vez.

Nueva grecia nº6 primavera 2014  

revista de literatura, poesía, arte y vanguardia.

Nueva grecia nº6 primavera 2014  

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