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NUEVA GRECIA

decisivo en el periplo vital de Cansinos: se asombra de forma conmovedora ante la diversidad del rico mosaico de lenguas con que se expresa la humanidad a sí misma. Al latín siguen el francés y otros idiomas que desea aprender con gran avidez para descifrar “la clave de todos los enigmas”. Fue, en definitiva, este inmenso amor a las lenguas humanas el que condujo a Cansinos hasta el ejercicio infatigable, intenso y extenso de la traducción: a los vastos dominios de Goethe y Schiller, de Balzac y La Fontaine, de Dostoievski, Tolstói, Turguéniev y Gorki, del propio Emerson, de la poesía persa, Las mil y una noches y el Corán. En otro lugar, dice de sí mismo, no sin cierto orgullo: “Yo mismo, por mi don de lenguas, tenía el alma de un sabio rabí hebreo, de los que habían elaborado el Talmud”.37 Las lenguas son, pues, para Cansinos el inmenso legado de la humanidad que no tiene fin, que encierra las enseñanzas y lecciones más elementales sobre el misterio del mundo y el lugar que ocupamos en él los seres humanos. Y aunque dijera aquello de traduttore, traditore a propósito de sus inicios como traductor, tarea que en principio se le antojaba servil y secundaria en la medida en que suponía verter los pensamientos ajenos al propio idioma, subraya de un modo innegable el valor de la traducción como ejercicio sublime que salva abismos entre las distintas culturas y cosmovisiones de los pueblos de la Tierra: 38

Una buena traducción tiene su mérito… Los traductores –agregaba Manolo– han hecho un gran papel en la historia literaria… Recuerde usted los Setenta, que tradujeron la Biblia…, y el cuerpo de traductores de Alfonso el Sabio… Usted tiene el don de lenguas… probablemente será de origen judío… Los judíos todos son políglotas… A lo mejor fue usted uno de los Setenta, ¿quién sabe?39

Existe, en fin, otro elocuente ejemplo de la naturaleza políglota de la escritura de Cansinos: las dos mil páginas manuscritas de los diarios aún inéditos que escribió durante la Guerra Civil española en alemán, francés, inglés y árabe aljamiado que aguardan calladamente ver la luz. Dice Andrés Trapiello en el puñado de páginas que dedica al autor sevillano en su monumental

37 La novela de un literato, vol. I, p. 81. 38 El gran Ortega y Gasset, también coetáneo de Cansinos, escribió en aquellos años el brillante ensayo “Miseria y esplendor de la traducción”, en el que apuntaba lo siguiente: “Las lenguas nos separan e incomunican, no porque sean, en cuanto lenguas, distintas, sino porque proceden de cuadros mentales diferentes, de sistemas intelectuales dispares –en última instancia–, de filosofías divergentes. No sólo hablamos en una lengua determinada, sino que pensamos deslizándonos intelectualmente por carriles preestablecidos a los cuales nos adscribe nuestro destino verbal.” José Ortega y Gasset, Obras completas, Vol. V, Madrid, Revista de Occidente, 1964, p. 447. 39 La novela de un literato, vol. I, p. 162.

Nueva grecia nº6 primavera 2014  

revista de literatura, poesía, arte y vanguardia.

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