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NUEVA GRECIA Cansinos lo ilustró con este gran ejemplo de De Quincey: the central darkness of a London brothel. Tradujo del francés muchas obras, entre ellas la novela, hoy inexplicablemente olvidada, L’Enfer de Henri Barbusse; del inglés, los English Traits de Emerson; del alemán, toda la vasta obra de Goethe; del ruso, la de Dostoievski; del griego, la de Juliano el Apóstata. En su mente fue todos esos hombres y también él. Mi ignorancia del árabe me ha inducido al deleitable examen de distintas versiones occidentales de Las mil y un noches; después de la primera, la de Galland, que abrevia las prolijidades del texto, deja caer lo obsceno y acentúa lo mágico, la mejor, a no dudarlo, es la de Cansinos, que se publicó en México. 34

También el propio Borges fue un coleccionador de idiomas, un voraz lector y profundo conocedor de múltiples tradiciones literarias, un incansable coleccionista atento a los sutiles ecos e infinitas resonancias de las palabras. Su sueño de apresar la totalidad de cuanto existe encontró en la Biblioteca de Babel y en el aleph quizá su expresión más sublime. Y es que el amor por algo entraña un conocimiento exhaustivo de sus más íntimos detalles: solo así se explican la pasión y el ensimismamiento en que se hunde gozosamente quien se entrega a aquello que ama. Cansinos amó profundamente las lenguas humanas, acaso desde la consciencia de que son la expresión más excelsa del espíritu humano y el medio por el que se perpetúan en el tiempo las intuiciones y hallazgos más valiosos de las civilizaciones que se han sucedido sobre la faz de la Tierra. Necesitaba escribir como necesitaba respirar: para comprender y dar sentido al mundo, pero también para ordenarse a sí mismo por dentro. Se entregó a la lectura y a la escritura con una avidez rara, y nos dejó un legado inmenso y prolífico que abarca desde la poesía y el ensayo hasta la novela y la traducción de diversas obras y autores clásicos. 35 En este sentido, en La novela 34 El candelabro de los siete brazos, p. 11. Con estas otras emotivas palabras evoca el argentino su despedida del autor sevillano: “Sentí que al despedirme de Cansinos, de ese viajero inmóvil que exploró los reinos de la tierra, me despedía de todas las bibliotecas de Europa y de su acumulado saber.” A los ojos del argentino, el autor sevillano encarna un repositorio vivo del saber humano: desde su atalaya de soledad del Madrid anterior y posterior a la Guerra Civil, contempló el devenir histórico y cómo se mudaba la sociedad lentamente, dejando por escrito sus impresiones sobre un mundo fugaz que no se detenía ni un instante. 35 Entre sus novelas destacamos La encantadora (1916), El eterno milagro (1918), La madona del carrusel (1920), En la tierra florida (1920), El movimiento V.P. (1921), La huelga de los poetas (1921), La señorita Perséfone (1923), Las luminarias de Hanukah (1924), Bohemia (2002, póstuma); entre sus ensayos, Estética y erotismo de la pena de muerte (1916), Poetas y prosistas del novecientos (España y América) (1918), El divino fracaso (1918), España y los judíos españoles (1920), Salomé en la literatura (1920), Ética y estética de los sexos (1921), La nueva literatura (1917-1927), Los temas literarios y su interpretación (1924), Los valores eróticos en las religiones: De Eros a Cristo (1925), Los valores eróticos en las religiones: El amor en El Cantar de los Cantares (1930), Evolución de los temas literarios (La copla andaluza. Toledo en la novela. Las novelas de la torería. El mito de don Juan) (1936), Los judíos en la literatura española (1937), Mahoma y el Korán (1954); entre sus antologías, Bellezas del Talmud (1919, reeditada por Arca Ediciones en 2006) y Antología de poetas persas (2006); y entre sus memorias, los tres volúmenes de La novela de un literato (nueva edición completa en 2005) y los diarios de la

Nueva grecia nº6 primavera 2014  

revista de literatura, poesía, arte y vanguardia.

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