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NUEVA GRECIA

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Rafael Cansinos-Assens, o el don mirífico de las lenguas Leonor María Martínez Serrano (Asesora de Formación del Profesorado Centro del Profesorado Priego-Montilla) Desde tiempos ancestrales el mundo ha hablado en voces diversas: la Tierra es una conmovedora encrucijada plurilingüe en medio del espacio sideral. Rafael Cansinos Asséns lo sabía muy bien para sus adentros y, tal vez por esto mismo, fue un hablante, escritor y traductor decididamente políglota, como intuyó que correspondía a una criatura de ascendencia judía, dotada del don mirífico de las lenguas. Del mismo modo que sintió un impulso irrefrenable por escribir32 sin parar desde temprana edad, en principio de un modo solipsista y para sí mismo, Cansinos sintió también la inevitable compulsión por apresar un logos proteico y cambiante mediante los cauces que le ofrecían diversas lenguas, clásicas y modernas. En su magnífico prólogo a El candelabro de los siete brazos, una colección de salmos de corte modernista henchidos de evocadoras resonancias bíblicas que viera la luz por vez primera en 1914, el lúcido Jorge Luis Borges se refería a Cansinos como “a un hombre que sentía la terrible belleza de cada instante” 33 y saludaba a quien sería su maestro en términos ciertamente encomiásticos, como ya lo hiciera Ralph Waldo Emerson a propósito del gigante Walt Whitman en un ensayo premonitorio titulado “The Poet”, escrito una década antes de que Leaves of Grass (1855) viera la luz en suelo americano, y en una carta del transcendetalista que el bardo se permitió la licencia de incluir en la segunda edición de 1856. Desde la convicción de que el ser humano es homo loquens o ‘criatura que habla’, a Borges, amante de la palabra oral y escrita como expresión de la secular aventura de la imaginación humana, no le pasó desapercibido un hecho fundamental acerca de la personalidad literaria de Cansinos:

Fue un coleccionador de idiomas. Se jactó una vez de poder saludar a las estrellas en catorce lenguas clásicas y modernas. El tema de una de las veladas fue, lo recuerdo, el epíteto; 32 Dice al comienzo de sus memorias tituladas La novela de un literato: “Mi vocación literaria puede decirse innata, pues empezó a revelarse como amor a las Letras desde que las conocí en aquellos antiguos y bellos libros con estampas en que me las enseñaba mi madre, sirviéndome como atril de sus rodillas, de suerte que podría decir que recibí el saber de sus pechos, lo mismo que la vida. Ya desde entonces sentía yo el amor a los bellos libros y el vago anhelo de escribirlos un día”. Rafael Cansinos Asséns, La novela de un literato (Hombres-Ideas-EfeméridesAnécdotas…), vol. 1 (1882-1914), Madrid, Alianza Editorial, 1996, p. 15. 33 Rafael Cansinos Asséns, El candelabro de los siete brazos, con prólogo de Jorge Luis Borges, Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 11.

p e n s A M I e n T o

Nueva grecia nº6 primavera 2014  

revista de literatura, poesía, arte y vanguardia.

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