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Anderson Debernardi: Un discípulo olvidado en su tierra

Portafolio: Ausencia

The Glink Bang Theory

Editorial FADA NN para La Morada

Vampiros: de lo vivido a lo imaginado

Sylvia Falcón: la soprano que salvará la música andina quiere enamorarse

500 días por Sudamérica en bicicleta

Misericordia: la fuerza de manos peruanas

Elfer Castro

CODA: Talía Vega, Ignacio Briceño y Camilo Riversos

Colaboradores: Adrián Portugal, Alonso Molina, Andrea Vela, Camilo Riveros, Daniela Sánchez, Daniela Talavera, Erasmo Wong, Elfer Castro, Gustavo Arrué, Hilda Melissa Holguín, Ignacio Briceño, Jacques Ferrand, Joseph Zárate Salazar, Lucia Rodriguezh, Marco Garro, Mauricio Panesso, Mihaela Radulescu, Rafael Robles, Sergio Urday, Talía Vega, Walter Higueras

www.revistann.com contacto@revistann.com 4


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ANDERSON DEBERNARDI

UN DISCÍPULO OLVIDADO EN SU TIERRA Escribe: Chiara Rizo Patrón Fotos: Alonso Molina

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Es el principal discípulo de uno de los artistas visionarios más importantes del mundo y no hay crítico en el Perú que haya curado su obra. En Finlandia ha realizado más de una individual y la primera en el Perú fue incluso patrocinada por dicho país: Lima, hasta el momento, no ha acogido ninguna, aunque el artista lleva más de 30 años de carrera. Suecia, Alemania, Noruega, Estados Unidos, Japón, Malasia, Singapur y Emiratos Árabes han expuesto sus pinturas en sus galerías. Anderson Debernardi Mozombite, 44 años, oriundo de Orellana (Ucayali) es más conocido afuera que en su propio país.

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Estoy en su casa, en Puente Piedra, mirando la antítesis entre sus pinturas llenas de abundante fauna y flora, de misticismo, de simbología sobre sus visiones con el ayahuasca y de vibrante colorido, en contraste con la vista gris de los techos y los cables que cruzan de una casa a otra y que se ven desde todo el segundo piso, donde se encuentra su pequeño taller atravesado por una hamaca. Como muchos peruanos está en Lima (hace doce años), porque quiere velar por la educación de sus hijos, pero siempre regresa a su tierra donde ingiere su fuente de inspiración: el ayahuasca, un brebaje visionario que está compuesto por dos plantas: la liana y la chacruna. Pablo Amaringo (1938-2009), su maestro, conocido también por ser shamán, curandero y vegetalista, decía sobre los efectos de la planta que era como “entrar en un estado de conciencia ampliada, en el que te acuerdas de todo”. Luis Eduardo Luna, antropólogo colombiano con más de cuarenta años investigando sobre el ayahuasca, refuerza lo anterior cuando dice que lo interesante sobre la planta es que hace que llegue muchísima información que está dentro de nosotros mismos, pero de manera consciente a diferencia de los sueños.

Un brebaje famoso en todo el mundo y descubierto por los indígenas amazónicos, que ha sido ingerido por el artista antes de que naciera. Su madre lo tenía con tres meses de gestación cuando lo ingirió. Ahora, Debernardi de 44 años tiene más de cincuenta experiencias bajo la ingesta de ayahuasca. Debernardi pinta los recuerdos de estas visiones; pinturas que este año lo han llevado a festivales psicodélicos como el Boom Festival en Portugal y al Congreso de Artistas Visionarios llamado Alchemeyez, en Hawaii, donde también ha sido invitado. *** Todo comenzó cuando Andy, como le dicen sus amigos más íntimos, tenía 17 años y asistió al aniversario de la escuela Usko Ayar (Príncipe Espiritual en quechua). Un lugar gratuito en Pucallpa donde incitan, desde 1988 a la comprensión y respeto del medio ambiente a través del arte. No por nada, este proyecto fue galardonado en 1992 por la ONU con el premio Global 500, por su labor de educación y preservación de las tradiciones y culturas amazónicas. Esta escuela fue fundada por su maestro Pablo Amaringo Shuña y por el amigo, mentor y manager de Andy, Luis Eduardo Luna.

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Cerca de la escuela, Andy vio una casa muy linda al final de un puente y se acercó tanto a ella que llegó a tocar una de las pinturas de Amaringo –“¡No toques que está fresco!–, le gritó. Desde ahí, maestro y discípulo fueron inseparables durante siete años. Debernardi perteneció a la primera promoción de la escuela y ayudaba a pintar sobre los dibujos que su maestro ya había compuesto cuando la cantidad de comisiones o pedidos era demasiada, e incluso Debernardi se convirtió en profesor de la escuela. No podía tener mejor educador, pues Amaringo además de haber expuesto en dos de los museos más importantes del mundo: el MoMA de Nueva York y el Hermitage en San Petersburgo, su estilo, de “horror al vacío”, de pintar de forma diacrónica, con precisión en los detalles y colores vivos, habían influenciado ya a artistas alrededor del mundo. “Pablo me influenció sobre todo en el aspecto visionario; cómo fusionaba la parte tradicional con la parte iconográfica; su escuela sembró en mí ciertos valores espirituales y morales importantes para este mundo de las visiones; él me dio la conexión con el mundo; me enseñó inglés; me enseñó a sobrevivir en esta carrera difícil.”

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Pero Pablo jamás quiso que sus alumnos sean artistas visionarios, sino artistas naturalistas. Él inculcaba en ellos la observación de la naturaleza, tanto en el aspecto físico como el ecológico. Los alumnos hacían excursiones a la selva y luego pintaban lo que recordaban. Decía que se tenía que pintar en el mismo orden en el que Dios había creado al mundo: primero la luz, luego las plantas, los animales, y al final, a las personas, comentó en una entrevista Luis Eduardo Luna. “Los alumnos también recibían clases de botánica e hidrología”, me cuenta Debernardi, “pero la parte técnica dependía del talento de cada uno. En la escuela educábamos nuestros ojos, mente y manos”. La relación entre el Ayahuasca y Pablo Amaringo es una historia aparte y se puede leer y comprender en el libro llamado Ayahuasca Visions. The religious iconography of a peruvian shaman, escrito por Luis Eduardo Luna en 1991. En este libro, Amaringo dice “El ayahuasca no es algo para jugar. Incluso puede matar, no porque sea tóxica en sí misma, sino porque el cuerpo puede no ser capaz de soportar el reino espiritual”. Y es que en la historia de Amaringo, el ayahuasca lo controlaba y por extensión


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sometía también a su arte. “Cuando él dejó de tomar ayahuasca se refugió en la biblia. Desde ahí decidió pintar las visiones a través del recuerdo y de los ícaros1, pero por hacer eso los espíritus también lo acosaban”, dijo en el 2011 Debernardi, quien durante los años que vivió en casa de Amaringo, cuando era estudiante, veía cómo su maestro se levantaba aturdido por las pesadillas que los espíritus de la planta le causaban. *** –¿Has tenido alguna mala experiencia con el Ayahuasca?– Sí, en el río Momón, en Iquitos. Esa experiencia marcó en mí una gran diferencia sobre el respeto que

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se debe tener por las plantas sagradas. Yo me creía un caballo de fuego e iba directo a tirarme del monte. Si no me agarraban, de seguro me tiraba. Tomé demasiada dosis de ayahuasca jactándome de que no me iba a ser nada. –¿Qué es lo que hace que un artista sea visionario?– Es plasmar esa parte del sub consciente que tenemos en nuestro interior. Es evocar todos tus orígenes como individuo dentro de este mundo natural que tenemos, pero también tenemos un mundo espiritual. Debemos entender que el ser humano por naturaleza es un hombre religioso. En todo los tiempos la humanidad está avocada a la búsqueda de


sus orígenes y respeto a alguien. Y yo recurro a la parte shamánica con el fin de saber eso. Ser artista visionario es evocar todas esas tradiciones de los ancestros, en mi caso a través del ayahuasca, de los ancestros indígenas. –¿Y el ayahuasca qué papel juega en todo esto?– El ayahuasca es un nexo, una planta que contiene sustancias motivadoras para el sistema nervioso, las cuales te permiten ver el pasado, el presente y el futuro. El cerebro tiene como un disco duro, donde se archiva toda la información y esta planta es un estimulante para que uno pueda encontrarse a sí mismo. Así como Amaringo decidió pintar sus recuerdos con el ayahuasca por sugerencia de Luis Eduardo Luna en 1985, Debernardi recién a partir de 1995 cuando dejó Usko Ayar, decidió visitar el mundo del ayahuasca, también incentivado por Luna. *** Para ese entonces, en 1999 Debernardi ya había expuesto como parte de la escuela Usko Ayar en la galería del Banco Wiese en Lima; ya había hecho varias individuales en Finlandia (entre ellas su obra más grande de 20 mts de largo realizada en La Casa Tropical del Jardín Botánico de Helsinki) y sus pinturas de paisajes

1 Cánticos de los chamanes durante la sesión de la planta. En ellos se muestra la fuerza de un chamán o vegetalista, su sabiduría. Ya sea para curar o proteger. El canto intercede por las plantas.

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selváticos y fauna hiperrealista ya eran conocidas en varios países alrededor del mundo. “Pablo trabajaba con científicos antropólogos que estaban haciendo estudios sobre el ayahuasca. Todas esas amistades que él tuvo ahora son mis amistades. Ellos tienen mis trabajos y ellos me están sosteniendo.” –¿Dirías que tu arte se ha dado conocer en Perú?– Yo diría que no. En Pucallpa se han hecho varias exposiciones. En Lima también se han hecho algunas, pero sin trascendencia. Más transcendencia hubo en galerías internacionales. Yo pienso que todo sirve por pequeño que sea el espacio. Ahora tengo la posibilidad de participar en festivales de música electrónica que conglomeran de 30 mil a 40 mil personas. (Posibles festivales que se avecinan: Earth Frecuency Festival y el Rainbow Serpent Festival, ambos en Australia) –¿En Lima dónde has expuesto?– En Lima como artista visionario no he expuesto. Después de salir de la escuela, todas mis exhibiciones han sido a nivel internacional.

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–¿Algún crítico de arte te ha hecho alguna curaduría?– Hasta ahora nadie, pero la crítica internacional se queda entusiasmada y sucumben ante mi trabajo, e incluso rumorean que el alumno por fin está superando al maestro. Yo digo que Pablo siempre será Pablo. *** “Nadie le compró una sola obra”, afirmó Luis Eduardo Luna refiriéndose al trabajo del maestro Pablo Amaringo Shuña en el Perú; Luna quien además acompañó a Amaringo hasta 1994. De hecho, recién un año antes de su muerte en noviembre de 2009, el Instituto Nacional de Cultura (INC) lo reconoció, a sus 70 años, como Personalidad Meritoria de la Cultura Peruana por su destacada labor como estudioso de las tradiciones amazónicas, maestro de ayahuasca y artista plástico. De hecho, hace un año cuando investigué sobre Amaringo, la mayoría de páginas que encontré en Internet estaban en inglés. Le

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escribí a una de ellas pidiéndole imágenes de sus obras y me respondieron lo siguiente: – I take this moment to say we miss Don Pablo immensely. His death was unnecessary if he had had more support. Anderson me comentó que Amaringo murió de problemas relacionados a una artritis severa y al reumatismo. De hecho, él mismo perdió el contacto con su maestro durante los últimos años de su vida. Como buen sucesor, Anderson también tiene una página web, que está en inglés y puedes encontrar información sobre él, también en inglés, en el Centro de Investigación Wasiwaska de Luis Eduardo Luna, promotor de dos generaciones de artistas visionarios de la selva peruana, cuyas obras al parecer guardan una tendencia y esperemos no una tradición: son reconocidas internacionalmente y pasan casi inadvertidas en su propio país.


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E DANIELA SÁNCHEZ DANIELA TALAVERA ERASMO WONG GUSTAVO ARRUÉ HILDA MELISSA HOLGUÍN JACQUES FERRAND LUCIA RODRIGUEZH MARCO GARRO SERGIO URDAY

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PORTAFOLIO

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DANIELA SÁNCHEZ SIN CONFIANZA

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DANIELA TALAVERA MI ARENA MAR 22


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ERASMO WONG SIN TÍTULO

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GUSTAVO ARRUÉ ERROR 1 Y ERROR 1 B 26


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HILDA MELISSA HOLGUÍN AMNIÓTICO 29


JACQUES FERRAND HOTEL CRILLÓN

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LUCIA RODRIGUEZH _SIENTO RESERVADO

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MARCO GARRO TAMBO DE MORA

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SERGIO URDAY RECOLETA 37


THE GLINK BANG THEORY

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En tiempos de latín, cumbia y reggaetón, el hip hop ha sabido mantenerse firme en circuitos no tan comerciales pero no por eso menos interesantes. Dentro de esta movida subterránea, Glink, una joven de diecisiete años, intenta abrirse paso con la voz y las ideas como dos de sus principales armas. A un lado las concesiones por edad y sexo: cuando la pista suena, suena para todos por igual.

Escribe: Rafael Robles Fotos: Adrián Portugal

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–¿Te transformas? Estamos en un taxi camino a San Juan de Lurigancho. Somos cinco, con el chofer, el videasta y el fotógrafo. Glink va pegada a una de las puertas posteriores mientras responde a la grabadora que se acerca y aleja de su voz, dejándose llevar por el vaivén de una ruta accidentada que comenzó hace una hora, en Larcomar. Nos dirigimos al concierto Sonido Urbano para escucharla cantar. El flyer promete hasta dieciocho presentaciones en una sola noche. Nadie, ni la propia Glink, sabe muy bien cómo llegar. Pero eso vendrá luego. *** Días después volvería a escuchar de nuevo esa voz, poco antes de empezar a escribir este artículo. La sensación cuando le doy play a la grabadora es la misma que en el taxi: Glink no comparte la onda contestataria de la mayoría de sus colegas, ni tampoco se parece demasiado a su versión del 2011, que está registrada (para su mala suerte, sospecho) en un video de Youtube proveniente de Achora tu Rima, batalla de improvisación en Lima, del año pasado. La Glink de ahora ya no dice lisuras, ni usa jergas, ya no maldice, ya

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no jode a su oponente, ya no reniega de su suerte ni está enojada. Todo lo contrario, la chica que abre la ventana del taxi y que deja que una nube de polvo nos sacuda el adormecimiento de encima, utiliza frases armadas y neutras como las de un futbolista después de un partido que ha terminado en empate. “La juventud está cada vez peor” o “Soy bien humilde, me gusta dar todo de mí sin esperar nada a cambio”, son algunas de ellas. Es cierto, no hay riesgo, pero tampoco hay maldad en lo que dice. Su discurso no tiene nada de novedoso, pero tampoco es posero. No meter la pata y no meterse con nadie, esa parece ser su propuesta. –¿Te transformas?¬– le pregunto, refiriéndome a su evidente metamorfosis sobre el escenario. De alguna manera todavía desconfío de la imagen de niña buena que ha traído consigo esta tarde, sobre todo luego de verla, durante los trece minutos que dura el video, gritar palabras que pocas chicas de diecisiete se animarían a utilizar en público. El Youtube no miente. Youtube lo sabe todo. –Cuando estás en el escenario el público te contagia de su buena vibra y das todo de ti. Quieres demostrar todo el estilo que tienes y dominar los nervios para no


quedarte muda. Cuando estás en tarima todo es diferente, todo cambia, ya no es lo mismo como cuando estabas por subirte un instante atrás. –Te he visto en un video y se te ve mucho más rabiosa, más achorada de lo que dices estar en el escenario. Por eso te preguntaba si tu transformación iba por ahí. –Ahh, bueno… es que ese es un video de la primera vez que tuve una batalla. Verás, lo que me dijeron antes de salir es muy diferente a lo que realmente es el hip hop. A mí me dijeron que tenía que insultar, usar lisuras y malas palabras para ganar. Me dijeron que eso es lo que hacía que el público te eligiera. –Pero no resultó. Perdiste esa batalla… –No pues, me dijeron mal. Ahora sé que se trata de dar una respuesta ingeniosa, una respuesta que la gente note que vale la pena. Ellos te tienen que elegir como merecedora de ganar una batalla. Tienes que fijarte en tu oponente, ver qué tiene y decírselo rápido, sin pensarlo mucho. Hay que verle los defectos, la ropa que usa, su talla, cómo tiene su pelo, cómo te habla, si es gordo o flaco, si es que se parece a un personaje de la farándula o de la tele.

–Y por ejemplo, ¿qué improvisarías ahorita si tuvieras que ganarme a mí una batalla? Glink no responde. No estoy seguro de que me haya escuchado y prefiero no insistir con la pregunta. En compensación (después de todo, es una adolescente que va en un taxi con cuatro desconocidos a un concierto muy lejos de su casa), prefiero dejar que me cuente otros aspectos de su vida real, más allá de la que respira en internet. Me dice, por ejemplo, que estudia educación en el pedagógico Manuel González Prada, porque lo que más quiere es enseñar. También que es auxiliar en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe, que hace beatbox y grafiti, aunque su madre no haya estado muy contenta con eso en un inicio (hoy es una de sus principales aliadas e incluso tiene un rap llamado “Madre solo hay una”, compuesta por Glink), y que está segura que si hicieran una encuesta a todos los jóvenes sobre si deberían o no pasar música local en las radios, la respuesta en favor de la industria nacional sería avasalladora. “Aunque sea una hora al día deberían pasar lo que se hace aquí. Aun así pienso que se está apoyando cada vez más”, dice Glink poco antes de que el chofer nos declare perdidos y empecemos

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Pase lo que pase, haga lo que haga, no voy a descuidar nunca mis estudios porque tengo claro que mi madre sacrifica su economía para pagármelos”, explica Glink, y con eso termina por dejar atrás a la chica que habita en Youtube para algunos seguidores del hip hop, y se convierte así en una joven de diecisiete que sabe separar la música de los estereotipos.

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con el pregúntale-al-mototaxista-queseguro-conoce, indagación topográfica que le sumaría aproximadamente una media hora más al recorrido. En ese lapso, Glink empieza a soltarse (nada une más a los seres humanos que el extravío) y a hablar de su admiración por el MC chileno Bubaseta, del concurso de talentos que ganó en el colegio haciendo beatbox y de la oportunidad de grabar su disco debut con la productora Sector 9, el primero de los pasos para cumplir uno de sus principales sueños: dejar huella en la gente. Mientras tanto, su tema “Déjalo que fluya” ya puede escucharse en internet. *** No sin antes dar varias vueltas a ciegas y después de una hora y media de camino llegamos al local. El concierto será en el tercer piso de un pequeño edificio que también alberga un gimnasio en sus dos primeras plantas. Somos los únicos asistentes hasta el momento y nada parece indicar que las cosas cambiarán con el paso de las horas. “Es que cuesta cuatro soles”, dice el organizador, arrepentido de haberle puesto un costo al evento. Arriba, en la azotea, Glink empieza a improvisar frente a la cámara, con el gris

atardecer (más gris desde un techo de San Juan de Lurigancho) de Lima como fondo. La toma se repite una, dos y hasta tres veces. Luego, llega el momento de que haga algo de beatbox y responda nuevamente algunas de las preguntas que le hice en el taxi, pero esta vez mirando directamente a un lente. En todo este tiempo, no hay ni una sola señal de nerviosismo o agotamiento de su parte. Al contrario, tres horas después de habernos encontrado en Larcomar, sigue con la misma energía hasta que regresamos (el concierto nunca se dio, por falta de público). “Siempre canto y me voy rápido, porque luego muchos empiezan a malograrse y no me gusta estar en un ambiente así. Pase lo que pase, haga lo que haga, no voy a descuidar nunca mis estudios porque tengo claro que mi madre sacrifica su economía para pagármelos”, explica Glink, y con eso termina por dejar atrás a la chica que habita en Youtube para algunos seguidores del hip hop, y se convierte así en una joven de diecisiete que sabe separar la música de los estereotipos. Esta noche, si bien no ha cantado, igual se le ve contenta, real, con la certeza de que queda mucho por delante. Parece que la pasó bien. Fue una aventura después de todo. El viaje, el extravío, el concierto cancelado… la pasó bien, sí, y lo cierto es que nosotros también.

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ACCESORIOS: LA MORADA FOTOS: ALONSO MOLINA MODELO: CLAUDIA LERCARI PARA ICEBERG PEINADO Y MAQUILLAJE: ANA DEL CARMEN VÍLCHEZ Y CARLA CILLÓNIZ PARA SOLMAKEART DIRECCIÓN DE ARTE Y PRODUCCIÓN: NN

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VAMPIROS: DE LO VIVIDO A LO IMAGINADO

Escribe: Mihaela Radulescu Ilustraciones: Ale Hop

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¿SE IMAGINAN UNA VIDA QUE DEJA DE SER PROCESO Y SE VUELVE ESTADO, UNO INTENSAMENTE SENSORIAL DONDE HACEMOS LO QUE DESEAMOS? LA FIGURA DEL VAMPIRO A LO LARGO DE LA HISTORIA NO SE BASA SOLO EN EL POPULAR PERSONAJE OSCURO QUE SE ALIMENTA DE SANGRE HUMANA, SINO EN UNA METÁFORA DE LOS MIEDOS Y DESEOS MÁS PROFUNDOS DEL SER HUMANO.

A primera vista, pensar en vampiros es inactual. No obstante, las imaginaciones del Tercer Milenio naciente encuentran en la figura del vampiro un núcleo de interés. El atributo que las define es la voluntad de romper la barrera de la muerte y la atracción mayor no es la inmortalidad sino el presente extendido, poderoso, espléndido, apetecible, sin límites: la clave para todas las frustraciones que se generan a partir de un presente siempre fugitivo, siempre insuficiente. El tiempo es el enemigo de nuestro tiempo y la abolición de los límites del presente nos acerca, todo lo posible que se pueda, al dominio del tiempo o a su ignorancia. Así, la vida deja de ser proceso y se vuelve estado. Un estado intensamente sensorial en que escuchamos mejor, vemos más, percibimos el todo. El vampiro nos hace ver lo que deseamos ¿Cómo? Con una saturación de signos que remiten a nuestros deseos y, a través de ellos, a nuestros traumas. Hacen lugar a lo inexplicable para enfrentar lo irreparable. Los vampiros se asoman en la historia humana desde los tiempos míticos. En un rápido tour, los encontramos en Sumer, Egipto, Mesopotamia; en el folclore africano, árabe, judío. El edimmu1 absorbía la energía vital de la gente, a través de la respiración. El akhkharu2 hacía lo mismo con la energía de las emociones, de quienes recorrían la oscuridad de la muerte. El aluka3 atacaba a los viajeros en el desierto y les chupaba la sangre. Lilith4 era ávida de semen. Aliento, 58


1 Fantasmas de los que no habían sido enterrados correctamente en la antigua mitología acadia, sumeria y babilónica. 2 Nombre con el que designaban al vampiro en la antigua Sumeria 3 Vampiro que se alimenta de la sangre de los animales, en especial la del caballo. 4 Se la considera la primera esposa de Adán, anterior a Eva. 59


EL VAMPIRO PASÓ DE SER UNA AMENAZA QUE SE ASOMABA EN EL HORIZONTE DE LO FANTÁSTICO, EN LA FRONTERA ENTRE LO VIVIDO Y LO IMAGINADO, PARA APARECER EN LOS REMOTOS PUEBLOS MARCADOS POR LA POBREZA, LA IGNORANCIA Y LA ENFERMEDAD

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emoción, sangre, semen: símbolos del pathos, de lo que siente o experimenta el ser humano. El recorrido puede continuar, por India, América y por supuesto por Europa. Lamias, Empusas, Larvae, Vrykolakas preparan el terreno, asociando al vampiro rasgos híbridos, falta de piedad, presencia monstruosa a veces disfrazada de encantos femeninos y , por supuesto, la pasión por la sangre, la violencia devoradora, la sombra de la muerte. La Edad Media marcó un hito cuando el vampiro pasó de ser una amenaza que se asomaba en el horizonte de lo fantástico, en la frontera entre lo vivido y lo imaginado, para aparecer en los remotos pueblos marcados por la pobreza, la ignorancia y la enfermedad. Muertos desenterrados para clavarles estacas, vivos torturados y sacrificados para prevenir daños mayores, instrucciones promovidas por la iglesia para encontrar y destruir a los vampiros, elevan a otra categoría este imaginario espectral de nuestro deseo de superar los límites impuestos por nuestra condición material, temporal y débil, en la Tierra. Para este primer gran triunfo del vampiro no faltan las condiciones. En primer lugar, las enfermedades que asolaban: la peste, el ántrax, la anemia, la rabia, la porfiria. Cada una aportó algo al retrato del vampiro: la peste a los enterrados vivos; la anemia, su extrema palidez; la rabia, su furor y sus espasmos musculares; la porfiria sus deformidades faciales, la palidez, la fotosensibilidad e intolerancia al ajo. En segundo lugar, cierto determinismo rígido que exigía explicaciones para lo que se salía de lo común: cierta apariencia física, una violencia desmesurada, el incumplimiento de las normas que exigía un castigo más allá de la vida. En esta categoría suele mencionarse a varios personajes de la historia, particularmente orgullosos y desmesurados: la condesa Elizabeth Báthory, Vlad Tepes, el rey valaco o el héroe de la Guerra de los Cien Años y amigo de Juana de Arco,

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Gilles de Rais. O a algunos casos enfermizos asociados a la psicosis, la esquizofrenia o la parafilia. En tercer lugar, está la observación de la naturaleza, por ejemplo de los murciélagos, por su hematofagia. Alimentarse con sangre recuerda también los rituales guerreros, donde beber la sangre del primer enemigo muerto en combate, como lo hacían los escitas por el siglo XVIII A.C., acrecentaba la fuerza del guerrero. Pero éstos no son los vampiros que nos interesan. La vuelta de turno se da en el siglo XIX y la literatura romántica es la responsable. De la fantasía gótica emerge este vampiro que no envejece, solitario, marginado pero a la vez inmortal, poderoso, oscuro. El aura erótica del vampiro surge con Clarimonde, la muerta enamorada de Theophile Gautier y el Vampiro de Polidori, donde un apenas disfrazado Lord Byron arrasa con su encanto tenebroso. Los vampiros del siglo XIX son malditos, pero fascinantes. Entre los que siguen presentes entre nosotros, bajo diferentes nombres y aspectos cinematográficos, están Carmilla, el personaje de Joseph Sheridan Le Fanu y Drácula, de Bram Stoker. El cine recoge sus personalidades y las recrea, cada vez que necesita renovar el misterio. El misterio de Drácula, por ejemplo, desde aquel 1922, cuando Murnau resignificó al personaje y la historia de Bram Stoker. Nosferatu el vampiro, interpretado por Max Schreck, es la oposición desesperada al dominio de la muerte, en torno a la cual gravitan los personajes. Tanto el vampiro que necesita sobrevivir, patético en

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su pobre soledad –la imagen de Nosferatu cargando su ataúd y cruzando una plaza desierta es la clave para su infeliz destino, más que su amenazadora subida flotante por la escalera; comparable tal vez con su imagen lejana, en el marco de una ventana, con la mirada fija hacia el mundo o la vida– como los mismos personajes que luchan contra él. Han pasado años, pero esta película sigue siendo una revelación tremenda de la esencia del sufrimiento, de la crispación existencial: la soledad extrema. Estamos viendo, al parecer, al único vampiro en el mundo, que parece haber perdido la memoria y el sentido de la identidad. Solo permanece la vitalidad salvaje que lo obliga a seguir adelante. La fuerza de este Nosferatu, que no tenía mucho que ver con el personaje creado por Bram Stoker, es tal, que desencadena su propia tradición cinematográfica: cine que nace del cine. Nosferatu, el vampiro de la noche, de Herzog, retoma en 1979 el guión de Murnau, en una especie de homenaje dramático, que aumenta la apuesta. El mundo contra Nosferatu no es solo el mundo contra la soledad, sino también el mundo contra la enfermedad y la muerte, como enemigos implacables del hombre. La película de Herzog se vuelve una especie de apocalipsis, donde el vampiro nunca muere, porque la muerte y la maldad ( la muerte es la maldad que oprime el destino humano ) nunca mueren. Oponerse es digno pero redundante en su fracaso. No hay quien se adelante a la muerte, a la derrota, aunque combatirla es un deber.

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Cada época acumula los contenidos de sus luchas y derrotas en las historias de Drácula, donde el destino sigue siendo el que gana, como en una antigua tragedia griega. En el 2000, Elias Merhige, estrena La sombra del Vampiro, verdadero ensayo, con una fuerte carga psicoanalítica, sobre el vampiro que hay en cada uno de nosotros. Aprovechando lo que hoy llamaríamos una leyenda urbana, referente a la identidad vampírica del actor original de Nosferatu, la película postula que el actor invitado a representar al vampiro en la película de Murnau es un vampiro. Pero esto no es todo; si así fuese, sería una cuestión circunstancial, ligeramente folclórica. A mi parecer, estamos ante una película llena de vampiros, comenzando con el director. Vampiros psíquicos, si queremos ubicarlos en una categoría reconocida por los tratados sobre los vampiros: gente que absorbe las emociones de los demás, para entrar en la inmortalidad. Vivos por siempre a través del arte. Vivos por siempre en la película, este universo artificial que canibaliza a los personajes, que los sacrifica y almacena en su cuarto –depósito de magia y fantasía: la inmolación de la vida como sacrificio para la inmortalidad del arte–.

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Aunque me gusta, como a todos, la versión de Coppola sobre Drácula, su juego del amor y de la muerte, tengo que insistir que, en esta corta pero poderosa tradición, Murnau, Herzog, Merhige, estamos ante el pathos en mayúscula: se trata de salir del tiempo contextuado, abolir la historia, recuperar el miedo y el deseo primordial. Creando su propio paraíso: la nostalgia del paraíso lo lleva a Nosferatu ante la cama de la mujer, matriz de la vida, para exacerbar la experiencia sensorial de la sobrevivencia, con la mano aferrada sobre el corazón apenas latiendo de la mujer, con todo los signos de la desmesura y del exceso de la voluntad de vivir, como sea, por siempre. Esta imagen, presente en las tres películas, exalta el valor absoluto de la sobrevivencia, acumulando la necesidad de vivir del otro o alimentarse del otro, el dolor ante la fatalidad de la muerte y la presencia pujante de la sexualidad, como único medio para asegurar la continuidad de la vida. Además, la mujer como matriz de la vida establece un vínculo poderoso con la tierra: la tierra ancestral que el vampiro lleva con él y en la cual duerme, cobijado en su viejo ataúd. Esta tierra representa la regresión en lo indistinto, el regreso a la unidad primordial, sin tiempo, espacio o identidad, en que uno es todo.

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Sylvia Falcón LA SOPRANO QUE SALVARÁ LA MÚSICA ANDINA QUIERE ENAMORARSE

Escribe: Joseph Zárate Salazar Fotos: Alonso Molina 66


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LE DICEN LA SUCESORA DE YMA SUMAC, AQUELLA SOPRANO PERUANA QUE CONQUISTÓ HOLLYWOOD EN LOS AÑOS CINCUENTA CON SU VOZ PRODIGIOSA. SYLVIA FALCÓN AMA LA TRADICIÓN DE LA MÚSICA ANDINA, PERO TAMBIÉN EL HEAVY METAL Y LOS GRITOS DE AXEL ROSE; ODIA EL BOOM COMERCIAL DEL FOLCLORE EN YOUTUBE, Y SIEMPRE SE RESFRÍA ANTES DE DAR UN CONCIERTO. ES OBSESIVA CON SU CARRERA, AUNQUE A VECES SOLO DESEA SER UNA CHICA NORMAL. UNA QUE TAL VEZ –ALGÚN DÍA– PIERDA LA CABEZA POR AMOR.

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Sylvia Falcón no puede hablar. O no debe. En condiciones normales, su voz puede llegar hasta el Sol de la sexta octava del piano –una nota tan aguda como un silbido–, pero esta mañana gris y fría de octubre, Sylvia Falcón me dice bajito, casi susurrando, que no puede hablar demasiado y se acomoda la bufanda azul que le abriga el cuello. Hoy tiene ensayo y está nerviosa: dentro de una semana dará un recital y odia sentirse así. Se trata de algo terrible, dice, lo peor que le puede pasar a una cantante y que ha tumbado a la cama a grandes leyendas: desde María Callas, la gran soprano del siglo XX; hasta Madonna, la reina del pop. Es algo que la desespera, que la deprime y que siempre le sucede días antes de un concierto. Ella dice que está resfriada. Pero esta vez –le dirá su médico más tarde– le pasa algo

peor. La soprano Sylvia Falcón tiene bronquitis. Si un simple resfriado –como contaba el escritor Gay Talese– podía sacar de sus casillas a un ídolo como Frank Sinatra; para una joven soprano de veintiocho años, una bronquitis a pocos días de una presentación se parece mucho al desastre. «Desde hace un año que no me enfermo así. Prefiero romperme un tobillo que esto», dice Sylvia Falcón, con una risita irónica, intentando controlar su fastidio. Estamos en el estudio de la pianista que tocará con ella en el recital. Sylvia Falcón nació en Lima, es delgada, de talla mediana, piel canela y lleva el cabello largo y lacio amarrado en una trenza negrísima, como

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el color de sus ojos. Lleva ocho años como intérprete de música tradicional de Ayacucho, Cusco y Huancavelica, y tres como soprano de coloratura. Sylvia Falcón puede cantar melodías de notas rápidas y agudas, algo muy parecido a lo que hacía Yma Sumac, aquella peruana famosa en los años cincuenta por su voz prodigiosa: fue la primera soprano en la historia de la música en cantar melodías similares al trino de un ave y bajos profundos en una misma canción. Yma Sumac –la única peruana que tiene una estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood– fue la reina de la lírica o coloratura andina, un estilo que combinó la majestuosidad incaica y la influencia europea de la ópera con las voces exquisitas de mujeres como Zoila Zevallos, Wara Wara, Siwar Q’ente, entre otras veinte sopranos que conquistaron los grandes escenarios del mundo diciendo que eran las Hijas del Sol. La soprano Sylvia Falcón quiere revivir ese legado que ahora muy pocos recuerdan.

un título todavía apresurado para su corta carrera musical. Por ahora solo tiene un disco publicado: KILLA LLUQSIMUN; el año pasado cantó en el Performing Arts Center de Nueva York con el pianista peruano Carlos Bernales; pronto lanzará INKARIO, su segundo disco dedicado a la lírica andina; y a fines del año pasado cantó con la orquesta sinfónica del Cuzco en el Coricancha, el famoso templo inca, ante más de dos mil personas.

Sylvia Falcón tiene la agenda llena. Pero también la garganta adolorida: el clima húmedo de Lima la atacó de sorpresa. La soprano dice que no es la primera vez que le pasa: durante la grabación de su primer disco se resfriaba seguido por los nervios. Incluso Wara Wara –una de las mejores sopranos de coloratura que, como Yma Sumac, se presentó en países tan distintos como Rusia, Grecia y Japón–, le ha dado varios secretos para cuidar la voz antes de un concierto. Cuatro son fundamentales: no hablar con nadie, no trasnocharse, Algunos le dicen la sucesora de Yma no dar besos, ni tener sexo la noche Sumac, aunque ella piensa que es anterior.

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—La disciplina de una cantante es parecida a la de un futbolista en concentración. Pero a veces no se pueden seguir todas la reglas ¿no? —se ríe la joven soprano y toma un sorbo de agua tibia de su botella: dice que es el mejor remedio que tiene para recuperar su voz. Para Sylvia Falcón el repertorio de la coloratura andina –como la que compuso el músico ayacuchano Moisés Vivanco para Yma Sumac–, le ha dado una gran potencia de colores, sonidos y ritmos a la música tradicional. La joven soprano está convencida de que, como en los tiempos de esas grandes sopranos, el Perú está en un momento ideal para rescatar la esencia y profundidad de la música andina que hoy se ha manchado de farándula y del boom de lo folclórico. Sylvia Falcón quiere rescatar el respeto a la tradición: a esas canciones que sus padres le cantaban cuando solo era una niña que no conocía los Andes.

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tres mil metros de altura, en la sierra central del Perú. Durante el viaje su tío contaba historias y tocaba huaynos con su guitarra, y Sylvia siempre cantaba con él hasta quedarse dormida. Su papá le había enseñado varias canciones en quechua –desde los tres años Sylvia ya zapateaba huaynos con destreza–, y ahora que vería a su abuelo en la fiesta patronal, iba muy ilusionada mientras cruzaba montañas, campos de maíz y ríos limpios que antes solo había visto por televisión. La noche antes de llegar al pueblo, el camión llegó a una curva cerrada y todos, precavidos, se bajaron para seguir el camino a pie. Entonces Sylvia divisó un destello detrás de una colina. Se adelantó, subió corriendo hasta la cima y la vio: inmensa, brillante, rompiendo la oscuridad. Era la luna.

***

—En Lima, yo casi no veía estrellas. Ver la luna así, de pronto, tan cerca, fue algo mágico —recuerda Sylvia Falcón, mientras acaricia el anillo pequeño que tiene en la mano izquierda.

Sylvia Falcón tenía doce años cuando visitó la sierra por primera vez. Era primavera. Ella viajaba con su madre y su tío en un viejo camión de carga junto a otras familias rumbo a un pueblito de Huancavelica, a más de

El anillo es de plata y tiene grabada una media luna. Sylvia Falcón adora los anillos, pero de los cinco que siempre usa –tres en una mano, dos en la otra– ese, el de la media luna, nunca se lo quita: fue un obsequio que


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recibió luego de aquel primer viaje a Huancavelica, a mitad de los noventa. Dice que la energía de la plata –como la luna– es poderosa, que los antiguos peruanos usaban ese metal para alejar a los malos espíritus. La soprano Sylvia Falcón vive fascinada con la mitología andina. Cree en la pachamama y en el espíritu de las montañas y los ríos, y siente un respeto profundo por la música, las fiestas y los rituales de sus ancestros. Hace un mes, por ejemplo, cantó huaynos, bailó con la banda y preparó una merienda para más de doscientas personas en la fiesta patronal de Sequello, un pueblo con casitas de barro, árboles de pacay y prados verdes en el valle del Sara Sara, Ayacucho, la tierra de su padre. Desde los doce años, Sylvia Falcón nunca ha dejado de asistir ni de cantar la música de su pueblo. —El ser andino es musical por naturaleza, vive entre melodías —dice la soprano, que estudió antropología en San Marcos—. En Ayacucho hay cantos específicos para techar una casa, para enamorar, para sembrar. Se dice que

la música tradicional es simple en sus melodías, pero no es cierto: es muy rica en significados, sonidos, ritmos. Tiene una interpretación profunda y eso merece respeto. El problema, dice Falcón, es que hay artistas que al fusionar ritmos o incorporar instrumentos electrónicos a la música tradicional, se alejan de la fuente, «eso que nos conecta con la tierra: mientras más nos alejemos de ella más perdidos estaremos en la búsqueda de un arte sincero». Por eso a Sylvia Falcón le fastidia tanto el boom comercial de las «artistas folclóricas» y sus nombres delirantes: desde la Mecánica del Folclore, hasta La Gloria Trevi del Huayno y La Reina de las Parranditas. Interpretaciones de la tradición que deforman la música andina y que la convierten en un arte exótico, sensacionalista y ridículamente comercial. Una vez, por ejemplo, Sylvia escribió un artículo sobre el huayno en Internet y vio un par de videos de Wendy Sulca, la niña que se volvió famosa cantándole a «la tetita» de su mamá y cuyos videos alcanzaron nueve millones de visitas

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en Youtube. Esa noche no pudo dormir. —¡Desperté con dolor de garganta, me enfermé! —recuerda la soprano, abriendo los ojos—. Es terrible ver a una hija de nuestro pueblo cantándole a la cerveza, y que las grandes exponentes del «folclore» la aplaudan por eso. Es una falta de respeto. Lo grave es que algunos creen que así es toda la música andina, que es lo único que nos representa. Pero Sylvia Falcón no se considera una fundamentalista de la tradición, una artista que no tolera otros géneros musicales. Todo lo contrario: en el colegio religioso donde estudiaba, por ejemplo, ella bailaba y cantaba huaynos, pero también valses criollos y hasta canciones de Las chicas del Can y Pandora. Luego, en la secundaria, la soprano se enganchó con movida subte del rock: mientras que a los quince sus amigas bailaban reggaeton, Sylvia se vestía de negro y torturaba a su mamá escuchando Led Zeppelin, Queen, Black Sabbath, bandas de metal neoclásico y pogueando en los conciertos de Leuzemia en los antros del centro de Lima. Incluso formó una banda con sus amigos del colegio y tocaban covers de Cranberries y Guns

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N’ Roses, y más tarde formó Brumalia, una banda de música gótica-etéreo, «con letras más siderales, metafóricas, medio existenciales», donde ella era la vocalista. —¡Era locazo! —recuerda la soprano y se ríe—. Me fascinaba el sonido, la parte melódica y el registro vocal de gente como Freddy Mercury, Robert Plant. Siempre me gustaron las buenas voces agudas. Pero Sylvia Falcón nunca dejó de escuchar la música de sus padres. —Uno puede escuchar muchísimas cosas pero lo tuyo es tuyo. Un joven puede disfrutar bailando pop, reggaeton, rock y también la música tradicional de su pueblo. Es algo que ella vive en serio: la soprano cuenta que hace poco cantó en un concierto por los diez años de Brumalia, su banda de música gótica-etérea. Dice que los muchachos siempre le piden que cante un jarawi a capela antes de empezar a tocar. *** Es mediodía y en el estudio de la pianista suena Cholo Traicionero, una de las canciones más famosas de Yma Sumac. La soprano Sylvia Falcón,


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que todavía tiene la garganta adolorida, susurra la melodía y hace anotaciones en la lista de canciones con un lápiz rojo. Falcón dice ser obsesiva con los detalles de cada una de sus presentaciones.

clásica, que ya escuchaba de adolescente: dice que temas como el Intermezzo de Cavalleria Rusticana, o el aria Mon coeur s'ouvre a ta voix de María Callas, la conmueven hasta el llanto. Solo después de todo ese aprendizaje, se ha sentido lista —Yo estudio mucho mi repertorio — para lanzar INKARIO, su segundo disco advierte la soprano—. Tengo que estar dedicado a la coloratura andina luego de contenta con las cosas que produzco para cuatro años de producción. mostrarlas. Fuera de la bronquitis que sufre ahora, —Como las cosas me tienen que terminar Sylvia Falcón se cuida mucho: nunca fuma de gustar, siempre me demoro en sacar ni toma alcohol ni gaseosa para no dañar un proyecto. Solo dejo de pensar cuando su voz; tampoco escucha música con canto. Pero luego, en el día a día, pienso audífonos para no afectar su oído. Incluso mucho y entonces hago todo más difícil. durante el verano del 2008 viajó a California Sylvia Falcón dice que es así en sus para perfeccionar su técnica vocal con el relaciones sentimentales y eso a veces tenor David Gordon. Durante esa época le molesta. Nunca, por ejemplo, se ha comenzó a cultivarse más en la música relacionado con músicos para evitar

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(…) EL PERÚ ESTÁ EN UN MOMENTO IDEAL PARA RESCATAR LA ESENCIA Y PROFUNDIDAD DE LA MÚSICA ANDINA QUE HOY SE HA MANCHADO DE FARÁNDULA Y DEL BOOM DE LO FOLCLÓRICO.

conflictos: dice que las grandes sopranos como Yma Sumac, Zoila Zevallos y Wara Wara, se casaron con sus músicos. Pero Falcón siempre evitó eso porque sentía que podía perder muchas cosas. «Yma sumac dejó de producir cuando se divorció de Moisés Vivanco, se odiaron», cuenta. Para la soprano Sylvia Falcón, el arte es un espacio puro, que no se debe manchar. Pero supone que ya le tocará vivir alguna historia parecida, aunque no tan trágica. —Me gustaría ser un poco más normal, hacer alguna locura por alguien, pero no puedo pues. He tratado y he fracasado — dice la soprano y se ríe—. Me gustaría que algo extraordinario pase. La única certeza que cruza mi vida ahora es el arte y nada más.

Desde niña Sylvia Falcón sabía que cantar era lo suyo. Pero sus padres no opinaban lo mismo y le insistieron a que estudiara algo en la universidad, que la música podía esperar. Sylvia ingresó a San Marcos a estudiar antropología –le seguía fascinando la cultura andina y viajar– pero decidió no cantar más. Hasta que en una fiesta, durante el primer año de la universidad, unos amigos que sabían de su talento la invitaron a cantar huaynos y jarawis con un trío de guitarras. «Ahí dije: de esto no me puedo correr, me gusta», recuerda la soprano. Desde ese momento siguieron más recitales, ganó confianza y pasó el tiempo, hasta que dio su primer concierto en la Estación de Barranco, uno de los escenarios más famosos del circuito cultural limeño.

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“EL PROBLEMA, DICE FA ARTISTAS QUE AL FUSIO INCORPORAR INSTRUME A LA MÚSICA TRADICION LA FUENTE, ESO QUE NO LA TIERRA: MIENTRAS M DE ELLA MÁS PERDIDOS BÚSQUEDA DE UN ARTE 80


ALCÓN, ES QUE HAY ONAR RITMOS O ENTOS ELECTRÓNICOS NAL, SE ALEJAN DE OS CONECTA CON MÁS NOS ALEJEMOS S ESTAREMOS EN LA E SINCERO».” 81


M T L I G E I I T

E A A C E U B Ó R

G Q M A N N R N A

U S U E Ú S M E E R A V A C E X Ñ A

Algo que me haga pensar que hay más cosas de las que vemos. El problema es que la gente no tiene tiempo para sentir.

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Sylvia Falcón dio siete conciertos en la Estación. Hasta que una noche a mitad de 2006, Daniel Kirwayo –uno de los más grandes arreglistas y compositores de la música tradicional andina– la escuchó cantar. La espero al final del concierto y le dio su tarjeta: quería grabar una canción con ella. Dos días después Sylvia lo buscó. Y lo primero que hizo el maestro fue ponerla frente al micrófono a cantar Atawallpa, un tema que luego sería parte de KILLA LLUQSIMUN (CUANDO SALE LA LUNA) el primer disco de la soprano lanzado un año después: un claro homenaje a aquellas canciones tradicionales de los pueblos de sus padres, pero sobre todo a ese recuerdo de cuando visitó la sierra de niña. Ella tenía veintitrés años cuando grabó ese disco. Era cuestión de tiempo para que la llamaran la nueva Yma Sumac y descubriera, por fin, todo lo que su voz podía hacer.

un precioso manto fucsia y una pollera negra con flores de colores bordadas a mano. Sylvia tiene los ojos cerrados. La soprano canta. Está cantando. Interpreta un jarawi en quechua –una canción dulce que habla del río, el amor, el viento– que hace una semana solo podía susurrar con dificultad. Un gran piano de cola acompaña su voz. Cincuenta personas la contemplan en silencio. —Siempre he creído que el arte tiene que causar algo o no sirve —dice la soprano antes de su última canción, una que estará en su próximo disco y que será un homenaje a su maestro, Daniel Kirwayo, que falleció hace unos meses.

—Me gusta que la música me genere una vibración extraña. Algo que me haga pensar que hay más cosas de las que vemos. El problema es que la gente no tiene tiempo para sentir. *** Pero sí: hay tiempo, dice. De pie sobre el escenario, Sylvia Falcón Entonces la soprano cierra los ojos otra luce un hermoso traje típico del Cusco: vez. Y siente.

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Hace un año y medio de vernos por primera vez, coloqué en su maleta, y a escondidas, un liviano y pequeño regalo, como para un viajero: una bicicleta en miniatura, pensando además que no lo volvería a ver. En ese entonces, julio de 2011, Mauricio Rodríguez Panesso (29 años) llevaba cuatro meses en la ruta por Sudamérica, un viaje sin destino ni planes. La única certeza era la compañía de su bicicleta, una de verdad. No sabía qué le esperaba, había dejado todo atrás para aprender una de las grandes lecciones que la vida colocó en su camino: “hay que andar bien ligero en la vida, sin apegos. Uno no es de nadie, ni nada y nadie es de uno. Las cosas vienen y se van.” Una corta historia para tan nobles aventuras a través de un pedaleo que palpita al ras de una carretera sin nacionalidad, en un viaje que aún no termina y va hacia el interior … al interior de uno.

Escribe: Chiara Rizo Patrón Fotos: Mauricio Panesso Ilustración: Andrea Vela 85


Aprendí en no pensar en el futuro, porque la mente es muy poderosa. Yo me preguntaba siempre qué me va pasar, a quién me voy a encontrar, será que me van a abrir la puerta.

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Lima, julio de 2010. Un concierto del grupo colombiano SYSTEMA SOLAR; un cruce de sonrisas, una pisada de pie, una servilleta que llevaba escrita nuestros mails. Luego seguiría una cadena de sesenta y dos mails dentro de un subject titulado “como chibolos” y una amistad que creo durará toda la vida, por lo menos en el recuerdo. Yo era un encuentro dentro de su periplo. “La persona a la que llegas está tan consciente como tú de que tienes poco tiempo. Se conocen costumbres, pero sobre todo uno busca sentir al otro. Lo entregas todo en un momentico y la otra persona también. Entonces se crean lazos muy cercanos que sabes se van a romper. Te vuelves muy consciente de eso.” –¿Qué es lo más importante para comenzar un viaje de mochila por tan largo tiempo?– Tomar la decisión y no pensar mucho al momento de salir, porque eso es lo más difícil, salir. Se necesitan un montón de ganas, de humildad, ser sincero y no esperar que te den nada, ni esperar que las personas reciban algo de ti. Para sorpresa de muchos, Mauricio es un Ingeniero Industrial de la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito, que decidió partir en una etapa de su vida llena de incertidumbres. Pero la idea no surgió de él, sino de dos amigas suyas, Raissa y Johanna, quienes tenían una misión muy clara: buscar y hacer grupos de comunicación alternativa durante el viaje. Llevarían, entre otras muchas cosas, cine a los lugares donde no existía la opción si siquiera de un televisor. Mauricio fue el tercer mosquetero y se unió al plan. La ruta en un inicio, marzo de 2011, era Bogotá-Argentina, pero las cosas cambiaron en el camino. Yo siempre viajé con la bici. Iba montada en el carro. (Me olvidé de mencionar que para emprender vuelo los tres viajeros compraron en Colombia un carro de segunda rojo, uno muy pequeño donde cabían tan grandes sueños). El primer recorrido largo comenzó en

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Perú, subiendo de Cuzco a Machu Picchu. Fueron seis días. –¿Cuál es la diferencia más grande entre viajar en un carro o en una bici? – Con el carro llevaba una maleta muy grande y pensaba en dónde dejar el carro y si estaba bien el carro, y pensaba mucho más en el carro que en mí. Con la bicicleta comencé a comer más sano, porque entré en comunión conmigo y con la gente que me rodeaba. Adquirí mucha conciencia de mi mismo. *** Iquique (Chile), 14 de Noviembre de 2012. Mauricio está trabajando nuevamente como Ingeniero Industrial en una empresa llamada Mammoet. Ya hace tres meses que concluyó el viajé y está muy 88

cerca al Salar de Uyuni (Bolivia), de hecho hoy en día sigue visitando en bicicleta aquél místico lugar, el lugar donde decidió y comenzó a viajar solo montado en dos ruedas. “La inmensidad del color blanco, la deshidratación incontrolable, la recepción amorosa de una familia que me invitó a sembrar quinua, las pedaleadas en la mitad de la sal viendo la luna llena, el temor de no saber si llegaría a algún lugar, una ciudad fantasma que me recibió una noche, un hospital que me brindó un espacio para dormir y la increíble conexión con la mamita coca que me quitaba hasta la sed. No tuve la menor duda que debía seguir y seguir en la bici.” Córdoba-Bueno Aires- Bahía Blanca-


Bariloche-Carretera Austral- Cochrane-Río Gallegos-Tierra del Fuego, hasta la última ciudad del sureste llamada Ushuaia. Regreso: Buenos Aires-Uruguay-Brasil (Curitiba)-Asunción (Paraguay), final del trayecto en bici. Tomó un carro hasta Bueno Aires, luego a Córdoba y una avión rumbo a Bogotá. Duración del viaje: un año y cinco meses. “Encuentros tan cortos que solo permiten amar y soltar.” –Después de haber conocido tan diversos lugares y personas ¿Podrías hacer una distinción?– En la ciudad la gente tiene un montón de temores, un montón de predisposiciones, de códigos super enmarcados. En el campo, la gente tiene

mucho tiempo para conversar, la gente quería escuchar y tenía tiempo para hacerlo; en la ciudad la gente quería escuchar, pero no tenía tiempo. Una vez instalado en una casa confeccionada con sal apareció un cicloviajero que llevaba más de siete años alucinando en su nave; él salía del salar y yo entraba: el viaje había comenzado. En mi camino hubieron muchos imprevistos, puesto que no era un experto en rutas largas y menos en estas condiciones. El soporte de mi maleta se rompió y creo que en la oscuridad me desmayé de cansancio. De pronto una luz en la montaña me llamó y un hombre viajando en una moto me resguardó. Al verlo lo abracé y hasta terminé compartiendo la carpa con él... 89


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El libro SIDDHARTHA de Hermann Hesse trata en parte sobre un hombre que decidió viajar solo en busca de algo, pensando que huía de su propio ser cuando en realidad lo estaba encontrando. Cuando conocí a Mauricio fue muy fácil constatar de que estaba en frente de una persona que emanaba felicidad, sonreía con todo su cuerpo sin sonreír y yo lo miraba -y hasta ahora lo miro- preguntándome ¿Cómo lo hace? Tú esencia no está en cuántas cosas llevas, sino en cuántas cosas vas conociendo y cuántas cosas puedes ir dejando en el camino, me cuenta. Aprendí en no pensar en el futuro, porque la mente es muy poderosa. Yo me preguntaba siempre qué me va pasar, a quién me voy a encontrar, será que me van a abrir la puerta. Entonces, de repente, comencé a pensar en la gente que me había ayudado antes, y mientras cerraba los ojos les enviaba pensamientos bonitos. Yo creo que los sienten. (De hecho, en algún momento de nuestros dos cortos encuentros y a pedido de él, he cerrado los ojos).

que en guaraní significa “sabiduría”. ¿Te imaginas? estaba gritando ¡Sabiduría! ¡Sabiduría!”, me dice emocionado.

Ahora, después de su viaje y sorprendentemente en Lima una vez más, este cicloviajero está cocinando un concentrado de siete granos llamado ZAMPA, que saca de un pomito de vidrio que guarda en su bolsillo: frijoles, garbanzos, maní, maíz, trigo, lentejas y soya, todos ellos, tostados y molidos. No busco dejar de comer carne, pero no siempre hay que comerla si se puede reemplazar por otras proteínas, me cuenta. Eso sí, existen códigos para el buen viajero y me dice con adjetivos determinantes que nunca se puede desperdiciar la comida y siempre se debe comer lo que te den. Acota, además, que siempre es importante sonreír y pedir por favor, como no olvidarse de preguntar, de llevar un mapa, una navaja, tomar mucho agua y siempre estar dispuesto. Muchos encuentros lo marcaron en su recorrido, pero yo he recogido algunos *** como cuando un muchacho gay y su madre, quienes manejaba juntos un “Cuando montaba bici gritaba mucho ¡UA! prostíbul y practicaban la santería, le como para saludar a la gente. Y, al principio, brindaron a Mauricio un espacio cómodo no significaba nada, pero luego me dijeron para que durmiera. O cuando se topó con 93


un bicicletista, quien prácticamente perdió la visión por una diabetes severa, y juntos recorrieron en una tándem largos trechos, o cuando se encontró con un bicicletista con la enfermedad de Parkinson, quien le mostró una vez más que en la vida no hay límites y que uno puede hacer cualquier cosa que se proponga.

dos cuadernos. Uno en el que escribía todo lo que iba haciendo y otro en el que le pedía a la gente que me escribiera cómo me habían visto a mí en mi paso. Trabajó como profesor de matemáticas, irónicamente en un gimnasio como instructor de bicicleta estática y hasta bajando descargas de camiones. Todo para seguir en la ruta. Hasta que un día se unieron muchos factores: se quedó sin dinero, estaba físicamente agotado y sentía que necesitaba recargar energías al lado de las personas que lo amaban incondicionalmente: su familia.

–¿Llevas amuletos que vas recolectando en el camino?– Todas las pulseras que tengo puestas me las han dado en el camino y las he sentido como protecciones. Una vez estaba en una carrera en Chile y se me acercó una niña de dos años divina, me vio super cargado de maletas y me obsequió un lazito rojo, que simbolizaba Ahora tiene un horario y normas laborales muchas cosas en esa región, entre ellas, que respetar. Se siente más observado la protección de los santos. También llevé (seguro por su cabello largo y el piercing

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que lleva en el medio de la nariz), pero lo que sigue haciendo, además de montar bicicleta, es darse un espacio todas las mañanas exclusivamente para él. Me levanto tomo un vaso de agua, si se puede tibia. Muevo el cuerpo, después me estiro, tomo un baño riquísimo con vinagre que hace de desinfectante, siento mi cuerpo y me preparo un desayuno lleno de frutas. Yo pienso que este viaje, aunque muchos lo quieran hacer, no está en el camino de todos. Es fácil hacerlo, pero no está en el camino de todos. –¿Te ves en un futuro asentado en un lugar?– Sí. Las siembras necesitan mucho tiempo. Me veo en un lugar armónico lleno de colores, como el árbol.

Más: Sobre ciclista no vidente: www.fb.com/ciclismoadaptadoushuaia. tandemmasculino El proyecto de comunicación alternativa: www.convozalsur.info Biciactivistas: www.fb.com/Biciactivistas

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LA FUERZA DE MANOS PERUANAS Escribe: Chiara Rizo Patr贸n Fotos: Aurelyen y Walter Higueras

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Alguna vez escuché que los grandes resultados se consiguen con pequeñas acciones. Misericordia, una marca peruana de ropa urbana de muy alta calidad, que incluso hace colecciones para uno de los diseñadores más importantes del mundo como Kris Van Assche de Dior, no solo es un proyecto de creación sino también un proyecto humano.

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Hace nueve años Aurelyen, un artista francés, que iba viajando por casi dos años entre Europa y Estados Unidos llegó a Ventanilla, el Cono Norte de Lima. Sí, como muchos extranjeros él veía infinidad de cosas que cambiar, pero descubrió que no era tiempo de actuar, ni opinar, sino de escuchar y entender. “Conocí una realidad distinta a la mía, donde la gente vivía, luchaba y buscaba una vía de desarrollo. Una vida buena, llena de deseos para sus hijos y, al mismo tiempo, existía una tristeza.” Aurelyen junto a su amigo Mathieu Reumaux decidieron ir a un centro llamado Señora de la Misericordia, un espacio que conglomeraba un colegio, una panadería, un orfanato y una escuela de costura. Ahí conoció a Valentina, quien se convertiría en su profesora de costura, y a los primeros artesanos de la marca Misericordia. ¿Qué los unió? El amor por HACER las cosas. Sin seguir el ejemplo de nadie cortaban, pegaban, cosían y bordaban poco a poco, día a día, uno, dos, cinco trabajadores; una, dos, cuatro máquinas y de pronto sacaron a la luz los primeros modelos. Prendas de alta calidad con diseños contemporáneos de profundos mensajes hechas con materia prima peruana como el ALGODÓN PIMA y la BABY ALPACA, que muy pronto se distribuirían por más de 120 prestigiosas

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tiendas alrededor del mundo como Colette o Baycrews, llegando incluso a países como Japón, Rusia y Sudáfrica. Misericordia, como dice Aurelyen, es una de las primeras marcas peruanas presentes en la escena mundial de la moda internacional. En el 2003, se hizo la primera colección de alto nivel cuando el Perú era otro país y Lima era otra ciudad. No existía el boom económico y las personas no compraban moda, ni existían tantas tiendas de diseño, ni la cantidad de proyectos creativos e interesantes que hay ahora. El proyecto de Misericordia significa que el Perú no es solo un país de producción, sino también de creación. “La idea era explicar que podíamos hacer un proyecto hecho por la fuerza peruana. Un proyecto de valor reconocido en el mundo entero.” –¿Por qué Misericordia?¬– Es un nombre representativo de nuestra acción, porque la misericordia es ayudar a buscar tu propio camino y a tener una visión más amplia de tu vida. –¿Cuéntame sobre la relación laboral entre la empresa y sus trabajadores?– Yo estoy en el país un promedio de cinco meses al año, pero todo mi equipo


“Somos pequeños, somos gente simple, pero lo que hacemos llega a la excelencia. Trabajamos con manos, espíritu y corazón. Esa es la filosofía de Misericordia.”

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(conformado por 50 trabajadores peruanos aproximadamente, entre mujeres y hombres de 19 a 55 años) maneja el taller con mi total confianza y eso me parece importante: apostar para que la relación laboral entre el trabajador y el dueño sea de progreso mutuo. Yo aprendo de ellos y ellos de la empresa, y de mi también. Además, aunque parezca normal decirlo -y no lo es- en la industria textil peruana, Misericordia es una empresa formal que da a sus trabajadores seguridad, un lugar donde se respeta los horarios, las horas extras y que da a sus trabajadores un desafío cotidiano, donde cada uno puede explorar su saber a través de distintas áreas, desde la producción hasta la creación. Los trabajadores tienen la oportunidad de aprender sobre el desarrollo de la prenda desde la A hasta la Z, por lo que estamos logrando un standard creativo y contemporáneo de muy alto nivel. Tal es el caso de María Huamaní quien comenzó a trabajar en Misericordia cuando tenía 25 años. Al inicio se encargaba del control de calidad, pero Aurelyen le prometió una capacitación de excel avanzado; María aprovechó la oportunidad y estudió en IDAT. El anteaño pasado estaba encargada del área de despacho y ahora lo está del área administrativa. Ve los pagos a los proveedores, brinda la información necesaria al área de contabilidad y ejecuta los pedidos y envíos de telas para llevar a cabo las producciones. Hoy tiene 28 años. “El señor Aurelyen se comunica constantemente vía skype. Todos acá saben su función y todos trabajamos en equipo por un mismo proyecto,” me cuenta María. ***

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“Misericordia es una de las primeras marcas peruanas presentes en la escena mundial de la moda internacional.� 104


Foto: Walter Higueras

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Misericordia tiene un dimensión artística explorada por Aurelyen, quien realiza no solo los diseños gráficos de las prendas, sino también hace las sesiones fotográficas, los videos y a través del blog de la empresa difunde también la cultura peruana y latina. “Hay calidad en las prendas, pero también en lo humano. Todas las emociones que he vivido en Lima me han permitido explorar, explotar y transformar mi estética y mi creatividad. Porque me han permitido una mirada diferente de lo que es considerado belleza. Una belleza donde hay un poco más de tragedia, suciedad, contraste y eso es lo que trato de difundir a través de las prendas. Lo que no me gusta de Europa es que todo está uniformizado; no hay un lugar para la diferencia y me parece que eso precisamente tiene muchas cualidades.” –¿Cuáles son los proyectos que más han marcado a Misericordia?– Desde el 2008, estamos trabajando con Kris Van Assche (de Dior para hombres), uno de los diseñadores más importantes del mundo. Estas colecciones se llaman Kris Van Assche por Misericordia y hasta el momento se han desarrollado 20 dibujos y más de 50 modelos únicos que han sido incorporados en los desfiles de moda que hace Van Assche cada temporada.

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Él respeta Misericordia y nos ha ayudado desde un inicio. Nos ha dado un sí al mundo de la moda diciendo: “Yo respeto este proyecto de muy alta calidad que ustedes también deben de mirar”. Para nosotros significa un momento muy importante es nuestra historia. Además, hemos trabajado con diseñadores de moda como Bernard Willhem, Lutz y Stephan Schneider, Matali Crasset, con la marca de bicicletas mundialmente conocida ABICI y la marca de lentes llamada Waiting For The Sun, entre otras. –¿Qué significa para ti llegar a haber formado La Cabaña de Alta Costura de Misericordia?– Siempre ha sido el nombre del taller (ubicado en Lince), porque explica muy bien lo que queremos hacer. Es decir, somos pequeños, somos gente simple, pero lo que hacemos llega a la excelencia. Trabajamos con manos, espíritu y corazón. Esa es la filosofía de Misericordia. Para mi la cabaña representa un grupo de gente que lucha día a día, que me da mucha fuerza para seguir con el proyecto adelante. Y tengo la esperanza que poco a poco podremos extendernos.

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HICE UN SALÓN DE BELLEZA EN 0 LAS IDEAS VIENEN E DETESTO QUE CONTROLEN MI TRABAJO

LO QUE HAGO SON PUESTAS EN ESCENA R T LLEGUÉ DE LA NOCHE A LA MAÑ

C O N LA FIBRA DE ALAPACA SE P T 0 DO LO QUE SEA DISEÑO, GE

E LO S QUE VINIMOS DE PROVINCIA

NO SE PUEDE ENCASILLAR A U SE HA DICHO QUE MI ESTILO E C HE CR E CIDO EN TRES AÑOS S L AS ETAPAS DE ESTRÉS SON FABULO YO CAMBIA RIA LO CONSERVADOR DEL DIS V I VÍ TRES AÑOS ENTRE CHICAG ESTUDIABA 0DONTOLOGÍA EN AREQUIPA

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H A B PREFIERO CONSOLIDARME COMO ARTISTA, QUE O QUE ME APASIONA ES EL ARTE R

M SOY UNA PERSONA QUE LE G U S T A HACER DE TOD AVECES SOLO ES NECESARIO VER H SOY ELFER CASTRO


N IQUITOS INSPIRADO EN LOS AÑOS 50’s

ÑANA A PARÍS

PUEDE HACER DE TODO ENIAL

A SOMOS MÁS INTROVERTIDOS

UNA PERSONA CREATIVA ES MUY EXAGERADO

OSAS SEÑO PERUANO GO Y WASHINGTON

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Modelo: Elena Chizhova Locación: Canadá Fotografía y Dirección de Arte: Elfer Castro Diagramación: NN

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O A

TRES MÚSICOS PERUANOS NOS RECOMIENDAN UN DISCO ACTUAL


BUH RECORDS (2012)

TRIBUTE TO ZERO KAMA

RETURN TO L.A.Y.L.A.H.

Ignacio Briceño Licenciado en literatura, guitarrista y vocalista de la banda de rock Cocaína.

Yo escuché este disco en la tina, en agua muy caliente. Sospecho, es decir que dudo tajantemente, que se pueda escuchar en la computadora o incluso en el micro. Creo que es un disco para la casa o el campo. La cueva o el suelo. Un disco para el cual no es importante conocer a Zero Kama ni a sus tributarios, ni saber que su disco lo grabó exclusivamente con instrumentos hechos de huesos humanos. En un momento me alcé sobre el agua, mis brazos tensos a lados, una gravedad absorbente, como si mis pies estuvieran contra la tierra y mi interior siguiera tirando abajo, más abajo. Técnicamente, creo que la potencia de la expresión responde a la sensibilidad del tracklist. Una fuerza. Una. El flujo es el de una erupción, los mil años de su formación y los mil de su transformación. Sospecho, es decir que afirmo tajantemente, que tiene todo aquello de lo que carecen las bandas de rock hoy en día. Ritual. Verbo.

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SKA TOWN RECORDS (2012)

AYAHUASKA

VIEJA SKINA

De los elementos de las raices del ska tradicional jamaiquino se han aprendido más lenguajes musicales de los que podamos imaginar. Por ello suele ser especial encontrar a bandas que exploren en la tradición de los músicos de sesión de las periferias de Kingston Vieja Skina une a miembros de las bandas ska del Bar de Bernabé con músicos de la Jazz Jaus, en la exploración de una de las raíces de las músicas en el mundo. Luego de tener varios lanzamientos digitales en vivo, eps y singles; la primera banda de ska tradicional en el Perú debuta con un disco de alto nivel internacional, en calidad compositiva, interpretativa y técnica. Grabado en Lima por Jorge Cavero; mezclado en Brasil por Victor Rice, sonidista de Moon Ska Records y masterizado en Alemania por Manfred Shultz, quien trabaja para casas como Sony o EMI; este disco solo podría sonar mejor retrocediendo en el tiempo. Como si esto no fuera suficiente, el disco tiene un tema versionado por el maestro del dub Mad Professor y un tema acústico. Es un inusual gusto el saber que una de las mejores bandas del mundo, en un estilo musical tan particular, es nuestra. Escúchalo: https://soundcloud.com/viejaskina 120

Camilo Riveros Antropólogo, bajista y gestor cultural. Miembro de las bandas Plug Plug, Puramerk y El Aire, entre varias otras. Actualmente se dedica a la investigación aplicada desde el portal Sonidos.pe y desde la productora cultural COHETE Lab, los cuales tienen como objetivo contribuir a la profesionalización de la autogestión de los circuitos musicales peruanos.


TERROR NEGRO (2012)

EL QUE ABANDONA NO TIENE PREMIO

DELTATRON

Talía Vega (aka Mama Rule) Historiadora de arte y cine. MC de la banda de hip hop Menores de Edad. Miembro fundadora de Arteria, organización dedicada a la difusión cultural, cuyos proyectos más recientes incluyen la producción de la presentación del libro LIMA y la serie documental “Resuena Latinoamérica, “ que está próxima a estrenarse.

Inicialmente, El Que Abandona No Tiene Premio segundo disco del Dj, productor y fundador del sello Terror Negro, Paz Ferrand aka Deltatron, podría evocar en algunos la continuidad de una tendencia, dentro de una escena independiente, a experimentar con ritmos latinoamericanos y sonidos digitales. Sin embargo, tal como su trabajo anterior, los nueve temas incluidos en este disco son una concentración de sonidos que reflejan y hacen eco a la cultura popular y a la vez marginal de una Latinoamérica actual. El productor sobresale con un trabajo que se arriesga y rescata ritmos que algunos podrían descartar como una extensión de la moda basura latinoamericana. Con una fuerte presencia de bajos que obligan al cuerpo a moverse, el baile se vuelve algo deliciosamente sucio y pegajoso. Un viaje intenso y embriagado de adaptaciones rebajadas y distorsionadas de géneros como la cumbia y reggaetón que te recuerda por qué son los residuos de estos géneros los que actualmente mueve masas. Escúchalo: http://soundcloud.com/deltatron 121


SONIDO - ILUMINACIĂ“N - VIDEO

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Revista NN #02  

Revista NN# 02 Enero 2013 www.revistann.com contacto@revistann.com

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