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Revista Literaria Trimestral. A単o X. Julio 2010. No.

Revista de Arte y Literatura

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Palabras

na de estas calurosas tardes de Julio, me senté ante el escritorio explorando el techo en busca de algunas palabras que lograran prender en la imaginación del lector y que además le aportaran al final algo de optimismo, o de alegría, o de quietud. Una tarea muy difícil si a uno se le ocurre escribir después de leer la prensa o ver alguno de los pocos programas que despiertan interés. En eso vino T, y me invitó a que lo siguiera, sin ningún respeto por la actividad que me ocupaba, valiéndose de no sé que derechos, que estoy segura no le he otorgado. Como no soy de esos espíritus que predican sumisión, está claro que no le hice el menor caso y continué estudiando las figuras que se dibujan arriba en el pino del plafón. La interrupción hizo su efecto y me dejó peor, sin palabras, y pensando en animales. Recordé que una vez escribí sobre un burro, que rebuznaba sin parar y era más mañoso que la mula de Bosch. Talvez ahora podría escribir de otra especie, del avestruz por ejemplo, que vi varios el otro día en un zoológico elemental ubicado por cierto en los predios de mi jumento. Así que ahí voy. Existe una fábula o un mito que le achaca a esta ave, que es la más grande de las criaturas aladas, el cobarde comportamiento de esconder la cabeza entre la arena cuando percibe algún peligro. A pesar de ser un ave muy brava, tiene como costumbre hacer hoyos en la arena para colocar sus huevos y de ahí puede haber surgido el malentendido o también puede que sea algo miope pues suele bajar la cabeza para percibir 2

bien cómo atacar lo que se le viene encima, el asunto es que quién sabe cuál chismoso malinterpretó las señas y le ha endilgado esta mala fama que ya no hay quien le despinte. Así que se ha quedado el avestruz como la metáfora de la cobardía, o cuando menos de la negación de la realidad. De modo que se le dice avestruz a la vecina que se preocupa por las flores marchitas del jardín de al lado cuando tiene su casa prendida en llamas, o quien pretende salvar la vaca en una inundación donde también se le ahogan los hijos, o quien escribe formulitas para resolver cuestiones milenarias que existen en la luna cuando no es capaz de percibir los problemas evidentes que le saltan al frente como salidos de una caja mágica. Me pregunto, ya que nos hemos metido en el reino animal, si podemos hacer algunos experimentos. Por ejemplo se podría averiguar qué pasa si se pone un avestruz a cargo de un gallinero. Es probable que se vea rodeado por un coro de gallinas gordas y satisfechas que aplaudan sin cesar y compitan sin decoro por idear las más efectivas formas de ensalzar la grandeza de este espécimen que en verdad posee su gran tamaño. El problema podría estar en que no hay sólo un grupo de gallinas felices en este gallinero, hay muchos más pobladores y podríamos agregar otras variables, digamos que la infraestructura física general está deteriorada, que hay partes Revista de Arte y Literatura


que se inundan, que a otras se las lleva el viento, que llegan pestes, que proliferan los gavilanes, y otra gran variedad de depredadores surgen por doquiera, al cundir la fama de descuido del lugar, y atacan indiscriminadamente y desde cualquier ángulo a quien sea, entre sus desdichados habitantes, y para colmo de males, parte de la crianza nueva que antes venía de fábrica con el deseo de mejorar el gallinero, ahora lo que quieren es parecerse al gavilán. Ante este panorama, el avestruz, comportándose como dicen que se comportan los avestruces, no verá más allá de las plumas que se agitan vitoreándolo, a lo mejor le da por cortar cintas para la moderna parte frontal del gallinero o por pasear su humanidad por donde quiera, indiferente, aéreo, con el ego inflado por los aires que levantan los aplausos del coro de gallinas gruesas e insaciables. Pero en la parte atrás de este mi recién creado reino de las gallinas, lo que se escucha es un clamor intenso lamentando la ausencia de un antiguo gallo que se les fue, lo cual es lógico,

Julio 2010. Año X. Número 46 Re­vis­ta Tri­mes­tral. Fun­da­da en San­tia­go de los Ca­ba­lle­ros. No­viem­bre de 1999 Directora: Ro­sa Ju­lia Var­gas Comité editorial: Bruno Rosario Candelier, Luis Beiro, León David, Manuel Mora Serrano, Al­ta­gra­cia Pé­rez Al­mán­zar, Carmen Comprés y Fausto Leonardo Henríquez. Redacción: Fiordaliza Taveras Arlín Abreu Di­se­ño y diagramación: Marleny Genao Edma’s Grafics / 809-226-5580

pero no sé porqué motivo hay gallinas que anhelan con vehemencia la presencia de un ovejo, también ido, y vaya usted a saber la razón de un murmullo que proviene del extremo, de los que se espantan ante el relajo y el descaro de los rapaces, esos dicen preferir el riesgo de morir ensartados en el cuerno de un chivo, a ser carne de quien sabe cuál gavilán… Pero me temo que me he ido por otro lado, lo que deseaba era encontrar unas palabras que ramifiquen en forma de esperanza, en lugar de ponerme a fabular. Lo que he conseguido aquí es una fábulita sin moraleja, algo que se parece a un cuento de niños sin acabar. Y así se va a quedar, puesto que T, después de inclinarme hacia Esopo, ahora desea arrastrarme hacia su juego. Ya me habían dicho que el fox terrier no se cansa de insistir y de jugar, ahora que se hartó de sus tácticas pacíficas, de mover la cola sin pausa, de mordisquear las sandalias, de emitir esos gruñidos cariñosos con los que me suele ablandar, optó por meterle el

Portada: Pintura al Oléo de Jaime Colson Impresión: Editora de Revistas Co­la­bo­rador Especial de este número: Domingo Caba Ramos Co­la­bo­radores de los primeros números: • Bruno Rosario Candelier • Nelson Julio Minaya • Güido Riggio Pou • Julio Adames • Juan Luis Guzmán • Manuel Llibre Otero • Pura Emeterio • Máximo Vega. Myt­hos re­ci­be con apre­cio las co­laboraciones de es­cri­to­res y se re­ser­va el de­re­cho de pu­bli­car aque­llas que con­si­de­re opor­tu­nas.

diente a mi falda, y me hala y me lleva, y me obliga a poner este punto final.

VENTAS: Li­bre­ría La Tri­ni­ta­ria Ar­z. Nouel esquina Jo­sé Re­yes, Santo Domingo. Cues­ta Cen­tro del Li­bro Su­per­mer­ca­dos Na­cio­nal. San­tia­go y S­to. Do­min­go. Li­bre­ría Avante Arzobispo Nouel. Ciudad Colonial Philobiblia Al­ma Ma­ter esq. Jo­sé Do­lo­res Al­fon­se­ca, UASD, Sto. Do­min­go. Librería Macallé Arzobispo Nouel, Sto. Do­min­go.

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Contenido Biografía de Tomás Hernández Franco

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Tomás Hernández Franco. Un Ilustre desconocido por Domingo Caba

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Juicios Críticos sobre T H F 11 Yelidá de THF 13 Otros Poemas de THF 16 El ultraísmo en THF por Mora Serrano 22 Sonetos de THF 24 Calidoscopio de Luis Beiro 25 Anselma y Malena cuento de THF 26 Errores en el uso del Verbo Haber 30 por Domingo Caba La IV Trienal del Tile Cerámico 32 Lo que pasó 34

La Pintura de Bárbara Moreno

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Las Cerezas cuento de Fabio Fiallo

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Tomás Hernández Franco

Biografía

Poeta, cuentista, ensayista, orador, periodista y diplomático

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e temperamento bohemio y espíritu aventurero, nació en Tamboril en la provincia de Santiago, el 29 de abril de 1904. Fueron sus padres Rafael Hernández Almánzar y Dolores Franco Bidó. Cursó los estudios básicos en su pueblo natal y en Santiago, siendo sus maestros el venezolano Adán Aguilar, residente en Tamboril, y Rosaura Hernández. En esta época de estudiante escribe su primer libro: Rezos bohemios, y se traslada a La Vega como redactor del diario El Progreso. Entonces viaja, en 1921, a Europa a estudiar Derecho en París, Francia, estudios que abandonó para dedicarse por completo al estudio y cultivo de las letras. Residió en Francia hasta 1929, año en que tuvo que regresar al país con motivo de la muerte de su madre. Partiendo de Rezos bohemios hasta los fragmentos publicados póstumamente en los Cuadernos Dominicanos de Cultura, la evolución poética de Tomás Hernández Franco se nos presenta titubeante, como moldeada por los azares de su propia vida aventurera. Recorre todas las tendencias desde la netamente romántica, influido por poetas tan disímiles como Geraldy y Baudelaire, haciendo suyas, después, sin transición, las técnicas dadaístas y surrealistas que ya se habían adueñado del París de sus años de estudiante. 6

Fruto de tales inquietudes son los libros perdidos, «El boxeador idílico», y «10 x 10», de los que superviven «Poema del feto» y «Poema de chewing gum». También escribió en París su libro en prosa publicado con ilustraciones de Jaime Colson: El hombre que había perdido su eje. Después de su regreso a Santo Domingo, siente el deslumbramiento de

la escuela española y produce canciones bajo el signo de Alberti y de Lorca. Esta etapa constituye una evidente superación en cuanto a elaboración técnica. Sale de tales influencias acicateado otra vez por el afán de originalidad, volviendo sus ojos hacia una nueva vanguardia. Al calor de las inquietudes que la Poesía Sorprendida pone a circular en nuestro ambiente, crea su poema más original y perfecto: Yelidá, cumbre solitaria de una poética a la cual no vuelve a tener acceso. En este extenso y vigoroso poema resuenan de manera inconfundible las impresiones dejadas en su ánimo confesadas por él a sus amigos, que le llegan de la «Elegía por la muerte de Tomás Sandoval» de Franklin Mieses Burgos, y de un cuento de Vigil Díaz, no recogido en sus libros, en el que un noruego llegado a la ciudad de Santo Domingo, se pierde en la noche tras el rastro de los tambores que le llega de allende el Ozama. De la elegía de Mieses Burgos parece extraer el colorido verbalista, siendo el cuento de Vigil Díaz el que le ofrece la configuración del personaje en la imagen de ese noruego que se entrega al llamado atávico de los tambores. Sus conocimientos del vudú y de la mitología escandinava completan el material con el que Hernández Franco estructura su poema, cargándolo con Revista de Arte y Literatura


las misteriosas connotaciones de dos culturas opuestas, e ilustrando así el perenne conflicto emotivo en que viven los pueblos de América en su fusión y entrecruzamiento de razas. Es aquí donde «Yelidá» alcanza visos de epopeya y logra significación dentro de la poesía americana. Fue en El Salvador, mientras desempeñaba un cargo diplomático, donde el 18 de diciembre de 1942 publicó Yelidá en Ediciones Sargazo. Allí publicó también la conferencia Apuntes sobre poesía popular y Poesía negra en las Antillas. Su labor periodística se inicia antes de los 15 años en el diario

La Información, órgano en el que aparte de redactor, tanto en Santiago como en París, llegó a compartir su dirección con los entonces escritores Rafael César Tolentino y Joaquín Balaguer. Tan pronto regresó de Europa desarrolló una intensa campaña de prensa desde la tribuna del periódico La Información contra el gobierno de Horacio Vásquez y se integró de manera militante al movimiento cívico del 23 de febrero de 1930 que puso fin al ejercicio presidencia de Vásquez. Partidario del ascenso de Trujillo, escribió poco después su primer ensayo importante: “La más bella Revolución de América”,

para referirse a la toma del poder por Trujillo. Ocupó importantes cargos públicos durante ese régimen, pero al final cayó en desgracia y murió en la pobreza. En Cibao, un libro publicado en 1951 y muy elogiado por la crítica, se recogen algunos de sus mejores cuentos, como, El asalto de los generales y Anselma y Malena. Dirigió, junto con Héctor Incháustegui Cabral, Rafael Díaz Niese, Emilio Rodríguez Demorizi y Pedro René Contín Aybar, los Cuadernos Dominicanos de Cultura. Murió en la ciudad de Santo Domingo el día 1 de septiembre de 1952.

Obras Rezos bohemios (1920) Capitulario (1921) De amor, inquietud y cansancio (1923) La poesía en República Dominicana (edición en francés en 1923) Hombre que había perdido su eje (1926) La más bella revolución de América (1930) La fuerza espiritual de un pequeño país (1931) Canciones del litoral alegre (1936) Apuntes sobre poesía popular y poesía negra en las Antillas (1942) Yelidá (1942) Cibao (1951) Poemas de mi otro yo (1960) Obras literarias completas (Estudios, notas y compilación de José Enrique García 2000)

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El Poeta Tomás Hernández Franco acompañado de Jaime Colson y otros amigos, su segunda esposa Amparo Tolentino y al frente su hijo Tomasito en los años ‘40

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Domingo Caba Ramos

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Educador, escritor, columnista, profesor universitario de Lengua y Literatura

Tomás Hernández Franco: un ilustre desconocido

on Héctor Inchaustegui Cabral (1912 - 1978), en el prólogo al libro “La Poesía Dominicana en el Siglo XX” (1975, Tomo I), del poeta y crítico chileno Alberto Baeza Flores (1914), escribe lo siguiente: “La Literatura Dominicana no ha tenido las proyecciones que a uno se le antoja que merece. Quiero decir: las obras de los autores dominicanos no han logrado la circulación que haría hincharse de orgullo nuestros pechos” (P. VIII) . Y al explicar los motivos que generan tal indiferencia, don Héctor señala de manera enfática que: “Aquí nadie se ocupa de nadie que se haya muerto y si hay excepciones, son muy escasas: libro editado por escritor desaparecido, libro enterrado con su autor” (P. IX). Las palabras de Inchaustegui Cabral cobran fuerza y validez a la luz de innúmeros ejemplos extraídos de nuestra historia literaria. El más vivo de ellos lo constituye el anonimato en que yace sepultado el nombre del eximio poeta y escritor tamborileño Tomás Hernández Franco (1904 - 1952), quien no obstante ser uno de los máximos exponentes de la poesía dominicana y una de las figuras representativas de la literatura hispanoamericana, su obra, por no haber “logrado la circulación que haría hincharse de orgullo nuestros pechos”, resulta desconocida en el ambiente cultural dominicano, y por esa razón hoy su nombre es ignorado casi de manera total hasta en el mismo pueblo que lo vio nacer. En sintonía con esta idea debemos decir, sin temor a errar, que de la producción literaria de Tomás Hernández Franco apenas si se conoce su obra maestra: el poema YELIDA (1942). De las demás composiciones, 8

por no decir nada, es muy poco lo que se sabe. Tomás Rafael Hernández Franco fue poeta, cuentista, ensayista, orador, periodista y diplomático. De temperamento bohemio y espíritu aventurero, nació en el municipio de Tamboril, en la provincia de Santiago de los Caballeros, el 29 de abril de 1904 y murió en la ciudad de Santo Domingo el día 1 de septiembre de 1952. Fueron sus padres el comerciante don Rafael Hernández Almánzar y doña Dolores Franco Bidó. Cursó los estudios básicos en su pueblo natal y en Santiago y de aquí viajó a Europa a estudiar Derecho en la mundialmente famosa Universidad de La Sorbona de París, Francia, carrera que pronto hubo de abandonar para dedicarse por completo al estudio y cultivo de las letras. En el Viejo Continente Hernández Franco logró forjarse una sólida formación cultural y literaria. Allí mantuvo estrecha ligazón con intelectuales latinoamericanos y europeos, conoció la poesía francesa, la poesía modernista, las corrientes de vanguardia vigentes en la época (Cubismo, Futurismo, Dadaísmo, etc.) y publicó muchas de sus obras. Sobre su permanencia en el mundo parisiense el crítico literario Pedro René Contín Aybar nos presenta un informe bastante resumido al sostener que: “tuvo una vida accidentada, multiforme, aventurera y muy pocos instantes de resposo. Vivió en Europa, casi siempre en París, donde además de estudiante, poeta, bohemio, conferenciante, adinerado, en la pobreza, feliz, angustiado, batallador fue hasta... ¡boxeador!” (In Memoriam)Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 118,

septiembre 1952). Residió en Francia hasta 1929, año en que tuvo que regresar al país con motivo de la muerte de su señora madre. Contrajo nupcias en dos oportunidades. La primera unión, de la cual no nacieron hijos, se llevó a cabo con la joven Thelma Hernández. Luego se divorció y se casó nuevamente con la distinguida dama doña Amparo Tolentino, hija del escritor Vicente Tolentino Rojas, logrando procrear dos hijos: Tomás y Rafael Luciano, ambos herederos fieles de la vocación poética de su padre. El primero de ellos, Tomás Hernández Tolentino, publicó en 1960 un libro de versos intitulado “Poemas de mi otro Yo”, y por la gran calidad que se advierte en muchas de sus composiciones estamos seguros de que su autor, de no haber sido por su muerte a destiempo, hubiera brillado con luz propia en el exigente horizonte poético dominicano. Fuera del matrimonio Hernández Franco procreó dos hijos: Norma Guareño y Salvador. La vida de este” genial inspirado”, como lo llamó Máximo Lovatón Pittaluga, giró alrededor de tres actividades fundamentales: el periodismo, la política y la literatura. Su labor periodística se inicia antes de los 15 años en el diario La Información, órgano en el que aparte de redactor, tanto en Santiago como en París, llegó a compartir su dirección con los entonces jóvenes escritores Rafael César Tolentino y Joaquín Balaguer. Colaboró igualmente en el desaparecido diario La Nación y formó parte del Consejo de dirección de los Cuadernos Dominicanos de Cultura, revistas literarias publicadas a partir de Revista de Arte y Literatura


1943 y en las cuales colaboraban los más connotados intelectuales de la época. Hernández Franco tuvo una destacada participación en la vida política de la nación. Tan pronto regresó de Europa desarrolló una intensa campaña de prensa desde la tribuna del periódico La Información contra el gobierno del presidente y general Horacio Vásquez, y aliado a Rafael Estrella Ureña, se integró de manera militante al movimiento cívico del 23 de febrero de 1930 que puso fin al ejercicio presidencial del político mocano. En la administración pública y en el servicio diplomático desempeñó con probidad y competencia numerosas funciones oficiales. Fue Subsecretario de Estado, Diputado al Congreso Nacional por la provincia de Santiago, Oficial Mayor de la Secretaría de Agricultura, Cónsul en Amberes, Enviado Extraordinario y Ministro Pleniponteciario en Haití, Encargado de negocios en Cuba, Secretario de la Legación Dominicana en Puerto Príncipe, La Habana y San Salvador. También cumplió funciones consulares en Francia, Bélgica y otras naciones europeas. Además representó a la República Dominicana en varias conferencias internacionales. Mientras participaba en una de ellas, en la Conferencia Internacional del Trabajo celebrada en Bogotá, Colombia, en 1943, le correspondió defender con las armas en las manos las más nobles causas enarboladas por el movimiento popular de carácter conspirativo que la historia americana registra con el nombre de EL BOGOTAZO. No obstante haber desempeñado todos estos cargos, Tomás Hernández Franco murió en medio de la más absoluta pobreza. LABOR LITERARIA En la vida y trayectoria de Tomás Hernández Franco resalta sobremanera no sólo su gran talento y fértil imaginación sino también su impresionante precocidad intelectual. Bachiller a los 16 años, ya a los 14 lo encontramos escribiendo sobre literatura Revista de Arte y Literatura

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y arte vanguardista en las páginas del periódico La Información. En 1921 publica sus dos primeros libros: “Rezos bohemios” y “Capitulario”, después de haber leído, al decir de Pierre Loiselet, a Rubén Darío, Leopoldo Lugones, José Herrera Reissig y José Santos Chocano, de quienes probablemente recibió la influencia modernista que se percibe en todos sus libros de iniciación. Aunque escribió cuentos y ensayos, Hernández Franco fue antes que todo poeta. Entre sus mejores cuentos se destacan “El asalto de los generales” y “Anselma y Malena” El primero de ellos, vale aclarar, fue seleccionado por la Yale University, en los Estados Unidos, para ser incluido en una antología de cuentos españoles e hispanoamericanos destinada a los estudiantes norteamericanos que tomaban los cursos lingüísticos que se impartían en esa prestigiosa institución docente. Dio a conocer dos libros de cuentos: “El hombre que había perdido su eje” (París, 1925) y “Cibao” Esta obra, de la cual forman parte los dos cuentos mencionados en el párrafo anterior, fue editada en nuestro país en noviembre de 1951. Se trata del último libro de Tomás Hernández Franco. En París dictó una conferencia en Francés, cuando apenas tenía 19 años, con el título de “La Poesía en la República Dominicana” Esta conferencia, leída en la Universidad de La Soborna, fue luego publicada en forma de libro por autorización del mundialmente famoso centro de estudios superiores. Otros de sus ensayos fueron “La más bella revolución de América” (Amberes, 1930) y “Apuntes sobre poesía negra y popular en las Antillas” (El Salvador, 1942). Como ya dijimos antes, Hernández Franco descolló en la poesía. Entre sus obras poéticas merecen citarse “Rezos bohemios” (Santiago, 1921); “De amor, inquietud, cansancio” (París, 1923); “Canciones del litoral alegre” (Ciudad Trujillo, 1936) y “Yelidá”, su obra cumbre, escrita y publicada en El Salvador en 1942, cuando su autor se 10

desempeñaba como Secretario de la Legación Dominicana en aquel país centroamericano. Junto a los destacados poetas Héctor Inchaustegui Cabral, Pedro Mir y Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco formó parte de los llamados Independientes del 40. Además de artista literario, Hernández Franco sentía una extraordinaria afición por los deportes. Su pensamiento deportivo aparece magistralmente expresado en “El Sport, su historia, su simbolismo, su filosofía y su influencia moral y material en la civilización”, título de la conferencia leída por el propio autor en el teatro “APOLO” de Tamboril, la noche del 27 de octubre de 1931 en provecho del team de beisbol “SENADORES” de este municipio. En esa disertación, cuyo propósito central estuvo dirigido a poner de manifiesto los estrechos vínculos que unen al arte con el deporte, el bardo tamborileño supo plasmar al mismo tiempo todo el amor que siempre sintió por su “PAJIZA ALDEA”, afectiva y poética denominación que solía usar para referirse a su pueblo Tamboril. ¡Pero no sólo eso! Hernández Franco fue también promotor de boxeo en Santiago y cuando estudiaba en París se coronó campeón amateur de boxeo universitario al noquear o derrotar a un estudiante alemán que ostentaba tan importante galardón. El mismo día , o en los días próximos a su muerte, fueron muchas las voces que se levantaron para lamentar el caso y exaltar sus glorias. “La irreparable muerte del distinguido escritor dominicano - reseñó el periódico La Nación - quien fue uno de los más apreciados colaboradores de este diario, enluta las letras nacionales” (sept. 1952). Por su parte el diario La Información emitió también sus consideraciones al respecto, al opinar que : “La muerte arrastra con Tomás Hernández Franco, a uno de los más caracterizados talentos del país; su inteligencia y su cultura rielaron paralelamente con sus magníficas

condiciones de hombre bueno. En el periodismo dominicano, principalmente como redactor de La Información, su pluma tuvo aureolas proceras, sobre todo en la prosa combativa y mordaz. Era capaz de enrolar una sentencia en una frase corta. “En la oratoria dominicana continúa diciendo La Información - tuvo la virtud de arrebatar muchedumbre, tanto por los conceptos como por la elocuencia de su peroración. Fue poeta, gran poeta, trilló luminosamente las reformas de la métrica y de la consonancia haciendo obra verdaderamente artística” (sept. 1, 1952). En un artículo titulado “Tomás Hernández Franco: Positivo valor nacional”, publicado en las mismas páginas del rotativo santigués, el escrito Máximo Lovatón Pittaluga nos presenta lo que entendemos como el mejor retrato intelectual del autor de Yelidá: “Era Tomás Hernández Franco, el dominicano que traspasó triunfal las fronteras literarias, la más genuina expresión del talento en los trópicos de Hispanoamérica. Es el cuentista que deleita, el orador tonante en la barricada política, festivo en la charla del culto salón, de austera expresión, de seriedad en el Ateneo, la más ática y fácil de las plumas que militaron en el periodismo dominicano por espacio de más de 25 años y el mismo que nos sorprende y provoca desconcertante admiración con YELIDA, su maravilloso poema en versos, gloria verdadera de las letras nacionales, escasamente conocido en este nuestro medio a donde impera el sórdido materialismo, injusto a veces con nuestros positivos valores. Yelidá sólo consagra el nombre de Hernández Franco entre los grandes poetas de América” (La Información, sept. 3, 1952). En junio de 1952 compuso en Tamboril “En esta alta cuesta de la noche”, su último poema, en el cual parece presentir y anunciar la muerte que tres meses después lo sorprendería en su lecho de enfermo del Hospital Salvador B. Gautier, la noche del 1 de septiembre de 1952. blog: www.domingocaba.blogspot.com

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Tomás Hernández Franco (Tamboril, Santiago, 29/04/1904 - Santo Domingo, 01/09/1952), a pesar de ser uno de los más originales y grandes poetas contemporáneos de nuestro país y haber compuesto uno de los textos capitales del siglo XX en la República Dominicana, el poema “Yelidá”, su obra ha sido poco divulgada, razón por la cual el inspirado bardo tamborileño, como en otras ocasiones lo hemos afirmado, continúa siendo un “Ilustre desconocido”. Acerca de su vida y obra, sin embargo, son innúmeros los escritores de reconocida prestancia académica y/o literaria que han externado sus juicios valorativos: DCR

*«Tomas Hernández Franco – argumenta Manuel Mora Serrano - es uno de los más grandes poetas “inéditos” de este país, porque realmente se refieren los biógrafos e historiadores a su Yelida (1942), cuando, realmente, Tomás empezó a publicar muy joven, a los 17 años, “Rezos Bohemios” (poesía), y un libro de cuentos: “Capitulario”, y ya, para 1940, había editado la mayor parte de su obra. Es este Tomás un caso de precocidad superado sólo en cuanto a edad de publicación por Joaquín Balaguer, que editó en 1922, a los quince años, su primer libro: Salmos Paganos. Tomás - continúa el autor de “Juego de dominó”- fue un gran trabajador y un individuo de avanzada. En la revista Yelidá, en su primer número, se reveló, como él dio a conocer en La Información, las primeras noticias del movimiento surrealista francés en los años veinte, y ya se sabe que también él es el autor de los primeros relatos auténticamente surrealistas escritos por un dominicano» (Listín Diario, 18/4/98). Manuel Mora Serrano es novelista, poeta y ensayista. Revista de Arte y Literatura

Juicios críticos a

Tomás Hernández Franco

*Pedro René Contín Aybar, ensayista, crítico literario y quien compartiera con Hernández Franco la redacción de Los Cuadernos Dominicanos de Cultura, describe de esta manera a su antiguo amigo y compañero: «Tomás Hernández Franco era la inquietud personificada. Le veo grande, fuerte, gesticulante, hablando a gritos, defendiendo ideales cada vez renovados, bufando, manoteando, riendo, inestático siempre. Producía la impresión de un barbotar constante, como un torrente ensordecedor, como una incesante máquina de producción ilimitada. Poeta, su verso vibraba con elásticos acentos móviles. Agrupaba ideas, al parecer sin concierto, para cerrar con un broche magnífico donde todo su pensamiento disperso se resumía en un sonoro acorde definitivo. Polemista, esgrimía argumentos contundentes, destrozaba, fundía, aplastaba. Recorría todos los caminos, oprimiendo un círculo contrictor donde su contrincante quedaba reducido a polvo. Sus convicciones eran firmes, aunque violentas, y las oponía hasta contra la razón, seguro de que la postre la razón era suya. Escritor, cultivaba, preferentemente, después de la poesía, el cuento y se puede asegurar que produjo, si no los mejores, al menos algunos de los más encomiables cuentos dominicanos, entre ellos, piezas de antología, como “El asalto de los generales” y “Anselma y Malena”»

Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 118, p.383, sept. 1952

*El periodista y escritor cubano Virgilio Ferrer Gutiérrez nos presenta el siguiente retrato: «Lo que ha visto nuestra lente: 6 pies de carne y hueso. Una mirada zahorí, curiosa, inquieta. Unas orejas que son antenas. Una cordialidad desbordada. Un enorme talento y una exquisita sensibilidad. Una nariz aguda como corvo pico de aguilucho. Un espíritu abierto. Unos enormes brazos, siempre en cruz. Y unas manos vigorosamente trazadas, listas para lo que sea menester…» Virgilio Ferrer Gutiérrez, Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 118, p.387, sept. 1952

*«Un amigo me da la noticia: “Murió Hernández Franco” –apunta el escritor salvadoreño Ricardo Trigueros de León - Silva el viento en las crines de los caballos, de los caballos que él amó e hizo relinchar en sus cuentos, entre disparos y matorrales, mientras Y elida, hija del mal y del sargazo, tiembla de frio entre dos brazos morenos llenos de sal y azul. El mar que ciñe los litorales de la isla dominicana alzará altas olas y en los muelles, algunos marinos, fumando sus pipas y bebiendo tragos de ron, contarán 11


la historia de un hombre que cantó al mar las anclas llenas de herrumbres, los arpones que lanzan sobre el lomo de los peces y los anzuelos que, en la madrugada, son recogidos por manos de pescadores, sacando a flor de agua un vivo temblor de escamas. Gesto bonachón el suyo de andar a grandes zancadas. Así caminaba en sus cuentos, a grandes pasos, como un viento desatado.”

en tanto que *Joaquín Balaguer, en su “Historia de la Literatura Dominicana” (1992) nos lo presenta como “un poeta de reconocida originalidad y cuentista de rica imaginación y de estilo ágil”

Trigueros de León, Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 118, p.389, sept. 1952

(Tomado de “La poesía dominicana en el siglo XX, Alberto Baeza Flores, tomo II, edición UCMM, 1977, p.153)

*El poeta Ramón Emilio Jiménez, bastante conocido por sus famosos himnos escolares, en un soneto titulado “Tomás Hernández Franco”, le cantó de la siguiente manera a su amigo entrañable: *En un enjundioso perfil titulado: “Tomás Hernández Franco en el recuerdo”, el destacado escritor, historiador e intelectual mocano, doctor Julio Jaime Julia (1922 – 1993), afirma lo siguiente: «En enero de 1949, en compañía del fraterno amigo Doroteo A. Regalado, prócer de la Intervención Militar Norteamericana, tuve el privilegio de conocer y conversar brevemente con Tomás Hernández Franco en el acogedor ambiente de su hogar en Tamboril. La impresión de esa única oportunidad que se me presentó de verle físicamente fue desde luego imborrable, por la sencilla razón de que él era uno de esos personajes inolvidables. Alto, activo, dinámico, rebosante de vida interior, sorprendentemente talentoso, cordial, simpático, comprensivo, decidor, y amable, Tomás cautivaba desde el primer momento con la franqueza de su trato y el poder de su extraordinaria inteligencia…» Suplemento “Coloquio”, p.10, 20 de mayo de 1989.

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*Para el brillante poeta, académico y ensayista Mariano Lebrón Saviñón Tomás Hernández Franco “fue un poeta de originales encantos”,

causa, pues cuando nos encontrábamos siempre elogiaba mis poemas, especialmente, “La elegía por la muerte de Tomás Sandoval”. Personalmente su figura de campesino ilustre atraía desde el primer momento por el desparpajo de su franqueza atronadora; y en realidad, era un hombre bueno y generoso capaz de las mayores abnegaciones para sus amigos»

TOMAS HERNADEZ FRANCO Luces de ingenio, en ocasión geniales, fueron en él aliento vigoroso, poesía, inquietud, todo a raudales, bondad, locura, sueño, todo hermoso. Brilló en la prensa, defendió ideales, con actitud viril y ánimo airoso, lo saludaron músicas triunfales, y todo le sobró, menos reposo. Reposo espiritual para ser fuerte, serenidad de que se halló vacía, su joven alma por extraña suerte. Honda fiebre del mundo le absorbía, y vivió en esa fiebre hasta que un día, halló serenidad, pero en la muerte. Ramón Emilio Jiménez. (1886 – 1970) *Franklin Mieses Burgos (1907 – 1976), miembro fundador de la Poesía Sorprendida y uno de los poetas de mayor relieve de la lírica dominicana contemporánea, apunta acerca de Hernández Franco lo siguiente: «A Tomasito Hernández le conocí en el año de 1930, con el funesto advenimiento de la tiranía. Fuimos amigos pero no compañeros de tertulia. Sin embargo le tenía una gran admiración como poeta, él a mí también me la tenía por la misma

*Don Manuel del Cabral (1907 - 1999), en su libro autobiográfico “Historia de mi voz” nos presenta, acerca de su amigo e integrante como él de los llamados “Poetas Independientes”, un perfil que no podía ser más singular, fraterno y pintoresco. Un perfil en el que en armónica simbiosis de la palabra artística se funde lo lírico con lo épico; lo serio con lo humorístico; lo real con lo fantástico: TOMAS: « Inteligentemente alto. Eróticamente bajo. Cotidianamente absurdo. Dos zancos con talento sosteniendo su infancia. El andar de este muchachón se confundía con las escaleras cayéndose. Bebía sin reloj. Escribía desordenadamente cuerdo. No le falta ni un caballo en la cara ni una azucena en su niño. Cuando conversaba se desbocaba en metáforas y anécdotas que aumentaban y aumentaban hasta que Tomás quedaba sepultado bajo ellas sin saber cómo salir de un montón de cosas increíbles, milagrosas, fascinantes. Pero por fin encontraba el recurso: ordeñaba con paciencia la gota de la última botella, se la bebía, y al instante nos decía: “La cerveza embrutece y el vino da talento, la leche nos da vergüenza…” No se sabe de que murió Tomás. Pero se dice que lo obligaron a tomar leche. Entonces… se murió de vergüenza» Manuel del Cabral, “Historia de mi voz” (págs. 43/44)

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Yelidá Por Tomás Hernández Franco

Tomás Hernández Franco (1904-1952), destacado escritor, periodista, poeta, cuentista y diplomático dominicano. Al pensar en Tomás Hernández Franco inmediatamente se remite a “Yelidá” su gran poema épico, su insignia escritural. Siendo esta su obra cumbre por la que sería recordado y colocado entre los poetas dominicanos más relevantes del siglo XX. La que fuera publicada por vez primera en El Salvador en 1942 mientras se desempeñaba como diplomático. Oriundo de Tamboril (Santiago), Tomás desde muy joven demostró su inclinación por las letras, pues siendo adolescente escribe su primer

Un antes

libro: Rezos bohemios. Se convierte más adelante en redactor del periódico El Progreso en La vega y de La Información en Santiago. Definido como aventurero, inquieto y bohemio, Hernández Franco dejó plasmado ese espíritu en sus escritos, ese aire de la búsqueda constante que le definiera. En 1921 se dirige a Francia a estudiar Derecho; carrera que luego abandonaría para dedicarse de lleno al universo de la creación literaria. Estando en París recibió influencias de las corrientes literarias de la época y en la ciudad parisina nació El hombre que había perdido su eje: libro en prosa con ilustraciones de Jaime Colson.

Erick el muchacho noruego que tenía alma de fiord y corazón de niebla apenas sospechaba en su larga vagancia de horizontes la boreal estirpe de la sangre que le cantaba caminos en las sienes En el más largo mes del año había nacido en la pesquera choza de brea y redes salpicada casi por las olas parido estaba entre el milagro del mar y el sol de medianoche de padre ausente naufragado nadador ya de algas profundas y arenas sorprendidas de escamas y de agallas y de aletas Era el quinto hijo para el mar nacido Erick creció en su idioma de anzuelo y de corriente fuerza de remo y sencillez de espuma como todos los muchachos de la playa mitad Tritón y mitad Ángel Pero Erick no sabía nada de eso -pulso de viento y terquedad de proaaprendió los nombres de los peces de las puntas y cabos la oración del canal y la bahía a los quince años conocía mil golfos y sin contar el ya remoto y salobre seno de la madre ni un solo pensamiento de noruega le había caminado entre las cejas rubias En un anual calafateo de lanchas llamas estopa y brea Erick tenía veinte años y era virgen dentro de sus botas de hule y creía que los niños nacen así como los peces en la noche quieta de los reposos del mar pero el tío piloto contaba entre dientes largas historias de islas con puertos bruñidos y azules donde centenares de mujeres desnudas subían carbón al barco Revista de Arte y Literatura

Dirigió los Cuadernos Dominicanos de Cultura junto a distintos escritores como Héctor Incháustegui Cabral, Emilio Rodríguez Demorizi entre otros. Se dedicó además de la poesía, al cuento. Durante la dictadura de Trujillo Tomás Hernández Franco se desempeñó en varios cargos diplomáticos como Encargado de Negocios en La Habana, Cónsul en Amberes y Cónsul en El Salvador, Ministro Plenipotenciario en Puerto Príncipe, además fungió como Oficial Mayor de la Secretaría de Estado de Agricultura.

donde había pájaros verdes hirviendo de palabras obscenas y donde en la noche florecía el burdel con hondo aliento de tamtam El tío mascullaba una lejana canción de sol y cocoteros en lengua que no podía ser noruega y que ponía en el pulso de viento de Erick pequeños remolinos A los veintidós años Erick tenía la mirada gris azul densa de su alma puesta en dique y una voluntad de timón y de quilla por llegar a las islas de las montañas de azúcar donde -decía el tío- las noches olían a cedro como las barricas de ron Erick sabía que los marinos noruegos siempre desertaban en las islas pero cuando estaban bien borrachos los capitanes los metían a patadas en las bodegas sucias y entonces volvían a Noruega flacos y callados y tristes Con todo y las patadas el marino Erick ya estaba en ruta

Otro antes

Esta no es la historia de Erick al fin y al cabo que a los treinta años ya no era marinero y vendía arenques noruegos en su tienda de Fort Liberté mientras la esposa de Erick madam Suquí rezaba a Legbá y a Ogún por su hombre blanco rezaba en la catedral por su hombre rubio Madam Suquí había sido antes mamuasel Suquiete virgen suelta por el muelle del pueblo hecha de medianoche a toda hora con hielo y filo de menguante turbio grumete hembra del burdel anclado 13


calcinada cerámica con alma de fuente himen preservado por el amuleto de mamaluá Clarise eficaz por años a la sombra del ombligo profundo Erick amó a Suquiete entre accesos de fiebre escalofríos y palideces y tomaba quinina en grandes tragos de tafiá para sacarse de la carne a la muchacha negra para huyentarla de su cabeza rubia para que de los brazos y el cuerpo se le fuera aquel pulido y agrio olor de bronce vivo y de jungla borracha para poder pensar en su playa noruega con las barcas volteadas como ballenas muertas Pero Suquiete lo amaba demasiado porque era blanco y rubio y cambió el amuleto de mamaluá Clarise por el corazón de una gallina negra que Erick bebió en viernes bajo la luna llena con su tafiá y su quinina y muy pronto los casó el obispo francés mientras en la montaña el papaluá Luipié cantaba el canto de la Guinea y bebía la sangre de un chivato blanco En la noche sudada de fiebres y marismas Erick sin sueño marinero varado sobre la carne fría y nocturna de Suquí fue dejando su estirpe sucia de hematozoarios y nostalgias en el vientre de humus fértil de su esposa de tierra y Erick murió un buen día entre Jesucristo y Damballá-Oueddó apagado el pulso de viento del velero perdido en el sargazo su alma sin brújula voló para Noruega donde todavía le quedaba el recuerdo de un pié de mujer blanca que hacía frágiles huellas en la arena mojada

Un después

Y así vino al mundo Yelidá en un vagido de gato tierno mientras se soltaba la leche blanca de los senos negros de Suquí alegre de todos sus dientes y de su forma rota por el regalo del marido rubio y Yelidá estaba inerme entre los trapos con su torpeza jugosa de raíz y de sueño pero empezó a crecer con lentitud de espiga negra un día sí y un día no blanca los otros nombre de vodú y apellido de kaes lengua de zetas corazón de ice-berg vientre de llama hoja de alga flotando en el instinto nórdico viento preso en el subsuelo de la noche con fogatas y lejana llamada sorda para el rito Los otros sólo tuvieron la sospecha de un peligro cercano mientras Suquí descendía su alma por los caminos de noche de su entraña y engordaba en su alegría de matriz de misterio ternura de polen en su hija de llama para cuyo destino no tuvieron respuesta el gallo y la lechuza ni sabían nada el más sabio ni el más viejo 14

Los peces lo sabían y la noche y la selva y la luna y el tiempo de calor y el tiempo de frío y el alma de garra del pantano y el dios que enmaraña las raíces y las empuja fuera de la tierra y el macho y hembra que en los cementerios enciende fuegos verdes sobre el vientre helado de los muertos y el que está en la garganta de los perros lejanos y el del miedo con sus mil pies y su cabeza cortada Y ésta quiere ser la historia de Yelidá al fin y al cabo Tacto de clave flanco sonoro al simple peso de la mirada paladar de fiera cuerpo de eterna juventud de serpiente nuevo para cada luna nueva completa para siempre como el mito hermafrodita en el principio del mundo cuando descuartizaron a los dioses enigma subterráneo de la resina y del ámbar pacto roto de la costilla de oro traición hembra del tiempo libertada

Un paréntesis

Los liliputienses dioses infantiles de la nieve los viejecillos vestidos de rojo que sacuden la niebla de sus barbas y los que soplan sobre las letras sin rumbo de las veletas los habitantes del rescoldo los del viento ululante los que dibujan las árticas auroras los dioses de algodón y de manzana que tienen largo el sur y corto el norte los que sobre la tímida y verde vida del musgo verde resbalan y juegan con las flores del hielo los hiperbóreos duendes del trineo y del reno supieron la noticia en lengua de disueltos huracanes lejanos Sangre varega en la aventura de cosas de hombre por cosas de mujer se trasplantaba en islas de caracol y de pimienta perdida iba a quedar para su ártico en el flotante archipiélago encendido perdida iba a quedar para su mansa vegetación de pinos ordenada perdida iba a quedar para su lucha de olas aceite y peces perdida iba a quedar para Noruega en las islas de fuego condenada Viajeros por los hondos caminos del subsuelo adornados de tumbas donde dialoga el fósil con la raíz podrida y el hueso suelto espera la trompeta y se hace oscuro el secreto del agua que lava las pupilas insomnes del mineral perdido por la grieta y la gruta y el estrato los dioses de leche y nube con el sexo de niño buscaron al otro dios de los mil nombres al dios negro del atabal y la azagaya Revista de Arte y Literatura


comedor de hombres constelado de muertes Wangol del cementerio y del trueno el dueño del ojo vidriado de zombí y la serpiente Buscaron a Ayidá-Oueddó que es la que pone a arder la lámpara roja del estupro la que en el hondo vientre de cueva del bongó mantiene las cien serpientes locas del dolor y la vida la que en la noche de Legbá suelta los perros del deseo la que está partida en dos mitades por sexo infinito maestra de la danza sagrada para llegar hasta ella misma domadora del grito y del espasmo. Implorantes de llantos en sordina Casi borrachos ya de olor de isla los dioses de Noruega pedían salvar la última gota de la sangre de Erick la escandinava inocencia de una gota de sangre Buscaron a Badagris dictador de la puñalada y del veneno espíritu suelto de los cañaverales donde el tafiá es primero flor y luego miel el padre del rencor y de la ira el que enciende la choza al leve contacto de su mano negra y viola a todas las niñas en el vientre de las madres dormidas Buscaron a Agoué dios ventrudo del agua mitad evaporado de sol y de brasa y mitad prisionero del pantano aburido de moscas y de olas en su casa de vientos y de esponjas Hablaron con los ojillos azules entomados mientras la sangre se les iba haciendo de plata derretida porque Ayidá-Oueddó bailaba en el canto del gallo con los senos brillantes de sudor y de estrellas. Pero aquella noche Yelidá había tenido su primer amante estaba tendida y fresca como una hoja amarilla muy llovida adolorida sin dolor casi despierta en la hamaca de un sueño tibio le vivía tan sólo un golpe amado de tambor en las sienes y en el vientre se le dormía la música y la danza Por los caminos de la lombriz y de la hormiga rota toda esperanza regresaron.

Otro después

Con alma de araña para el macho cómplice del espasmo Yelidá por el propio camino de su vientre asesina del viento perdido entre los dientes de la gruta ahí se estaba vegetal y ardiente en húmeda humedad de hongo y de liquen caliente como todo lo caliente cosa de hoja podrida fermentada en penumbra tiempo y luna hecha de filtro y de palabra rara en el agua del charco con su verde y su larva y su ala a medio nacer y su andar de meteoro Yelidá deshojada a sí y a no por éxtasis de blanco y frenesí de negro profunda hacia la tierra y alta hacia el cielo en secreto de surcos y en místico de llamas

Final

Será difícil escribir la historia de Yelidá un día cualquiera Revista de Arte y Literatura

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Junto con Pedro Mir, Manuel del Cabral y Héctor Inchaustegui Cabral, Tomás Hernández Franco (Tamboril, 29/04/1904 – Santo Domingo, 01/09/1952) formó parte de los llamados Independientes de los 40, grupo poético cuya producción se caracterizó por la intención de denuncia y la preocupación social que late en la mayoría de los versos que la conforman. No fue, sin embargo, Hernández Franco, como sí lo fueron Mir, del Cabral e Inchaustegui, un poeta social, aun cuando lo social está presente o aflora constantemente en su poesía. Esa presencia se pone de manifiesto, por ejemplo, en un poema de humana o antropológica raigambre, “El poema de las multitudes”, casi desconocido en el ambiente literario dominicano, y el cual se constituye en un himno a la humanidad, en un desesperado grito reivindicativo o en un canto de solidaridad con las masas irredentas, despojadas históricamente de sus derechos existenciales. Domingo Caba Ramos.

El poema de las multitudes Por: Tomás Hernández Franco

¡Muchedumbres! Masa de hombres de todos los países roncas de gritar la sublime protesta muchedumbres trágicas, rabiosas y fuertes. ¡Muchedumbres hambrientas! Famélica legiones incubadoras de los cataclismos y las revoluciones! ¡Paupérrimas muchedumbres! De los obreros vencidos por la ignorancia el alcohol la tisis! Hombres agrupados por el dolor carroña de las batallas alaridos de los hospitales soldados desconocidos de la muerte sin gloria! ¡Muchedumbre de todos los países Salve! Tranquilas muchedumbres de las ferias jocundas paz peripatética de los domingos grises cobres y penachos del batallón que pasa pueblo de los conciertos en los jardines públicos… ¡Populacho de todas las ciudades del

mundo! un Hombre está cantando la gloria de ser Hombre

Es del sudor la miseria el dolor la laceria es de toda la angustia de los hombres reunidos es de todas las rabias de los hombres vencidos es de la pena de la hija pálida y contrahecha es del pavor es de los tristes, de los cansados, de los caídos que la gran tortura de vivir está hecha! ¡Muchedumbres coléricas! Roja miseria de las barricadas harapientas banderas al asalto de las bastillas de la Vida rebeliones siniestras del moujik bajo el fuete ladridos de los manicomios dolor de las mujeres bajo las lámparas de los burdeles trabajadores de los muelles marinos de los naufragios mineros de las tinieblas valor de los soldados en las guerras inútiles. Populacho de todas las ciudades del mundo!

un Hombre está cantando la gloria de ser Hombre! Obreros de New York de Londres de París de Hamburgo de Moscú.

Legión terrible de hombres que ha de decir la última palabra frente a la Eternidad y frente a Dios legión sangrienta feroz legión formidable de los hombres enfermos legión formidable de los hombres fuertes trágicos tristes! Carcajada única del obrero que sufre! Multitudes frente al dolor y frente a la muerte muchedumbres de todos los países llenas de ira o llenas de piedad. hombres que la suerte parió, aburrida, por el mundo llena de tristeza o llena de maldad! Multitudes! Sobre tus espaldas escribieron la Historia! Y sobre tus frentes yo escribo mi Poema de Alegría! El poema de la Gloria terrible de ser Hombre! Tomás Hernández Franco (París, 1926) Revista de Arte y Literatura


“En esta alta cuesta de la noche” (Ultimo poema de Tomás Hernández Franco)

En el mes de junio de 1952 fue compuesto este poema en el municipio de Tamboril, tres meses antes de que su autor abandonara para siempre el mundo de los vivos, y junto a otros poemas (“ Oración para el próximo dolor”, “ Puedo jura ahora”, “ Canción de amor en muerte para el hijo”, “ Inventar la palabra mansa”), conformaron el reducido volumen que con el título de “Poemas Póstumos” fue publicado en octubre de ese mismo año . Se trata de un poema de lírico y doloroso acento, en cuyos versos late la presencia del yo interior del poeta, y por ello entrañan los mismos subjetividad, intimismo y la manifestación de sus convicciones y sentimientos, ante una realidad objetiva: la muerte que presiente, y con la cual parece sostener un diálogo confidencial o aceptar resignadamente. La misma muerte que días después habría de sorprenderlo en su lecho de enfermo el 1 de septiembre de 1952. Domingo Caba Ramos.

E

n esta alta cuesta de la noche, de montaña a montaña, y de mar a mar, eres tú, silencio, el único que hablas, y es tu estentórea voz, la que alza el huracán en los gritos del miedo. Estoy vencido por ti, silencio, pero yo puedo hablarte, pero desde lo último de mi última cobardía: porque hasta la noche está sin ti, sin nadie, y tan vacía. Hay un perro que ladra, asustado por haberte olfateado, ¡te presiente! una flor invisible que en el aire se mueve, debe estar su perfume tan quieto y tan

inútil, y hay un niño que quisiera ver en sueño a los ángeles, soñando su sonrisa porque ha visto, ¡y tu voz tan opaca hablando de la muerte! Lo sé. Es de ella de quien quieres hablar, silencio, y subiendo la sombra insomne de la noche, frente a tu tribuna sin lenguas y sin gestos, ante ti, yo, desnudo, ante lo que no dices, Aplaudo, yo, único, solo, tu inmortal argumento. “Es que la tumba espera, y esperan los gusanos” Antes de yo nacer, silencio, mi voz, como la tuya, anda suelta, sin eco, por noches como esta, era una voz sin huesos, sin sangre, sin cerebro, Y temblaba en el viento como una cosa loca. De aquello de ser loca, a través de mil muertes, es el miedo de ahora, el miedo de ella misma, frente a ti, silencio, sin respuesta en la noche. Y hay que subir la cuesta del insomnio sin luz, silencio, hacia tu tumba y tus gusanos». Tamboril, junio de 1952

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Bárbara M

BREVE Autobiografía PICTÓRICA Por Dra. Bárbara Moreno García

M

e inicié por los andariegos caminos de la pintura, en la década de los 90, si mal no recuerdo fue en el año 1992 ó en el 1993. Todo comenzó porque debía llenar ese “excedente” de tiempo que siempre me quedaba luego de estudiar, leer, investigar, meditar y descansar. Lo que pasa es que, por esa época, hacía mis estudios de post-grado en Francia y entonces, cuando visitaba en Alemania, a mi buen amigo de aquel entonces, fue cuando por primera vez en mi vida pinté, me refiero a que comencé a trabajar con material propiamente de pintores, específicamente con pintura pastel que fue la que se puso a mi disposición como veremos. Pues bien, Andreas Gruhle, que así se llamaba mi amigo alemán, fue quien me inició o me invitó a que pintara, en un primer momento, para tener una ocupación agradable, amena, placentera en los momentos en que tenía que quedarme sola, como con frecuencia sucede en estos países europeos, en donde uno tarde o temprano tiene que confrontarse con la soledad por alguna u otra razón. Al principio se trató de una sugerencia cualquiera, simple e “inofensiva”. Hay que añadir que aquí la gente lleva una vida muy introvertida, en su casa, debido sobre todo, a las condiciones climáticas, que hacen que la vida y las actividades, transcurran y se realicen más en el interior que en el exterior. El tiempo no siempre es tan halagador que invite a salir o ir de juergas, tal es el caso de Ulm, la ciudad donde venía con cierta frecuencia, donde el cielo se ensombrece con un gris desesperanzador y terrible. En invierno llega además la neblina que sobreviene “arropándolo” todo con su manto implacable y oscuro. En esos días hasta el más optimista se encuentra obligado a tener Revista de Arte y Literatura


Moreno García un horizonte muy “corto y limitado”, entonces, cuando todo se cubre, en esos meses inacabables del invierno, no nos queda más alternativa, a los que nos gusta el arte, que entregarnos a él con más fe, nos retraemos con más devoción que nunca en su regazo ideal para “sobrevivir”, como si al crear obras de arte buscáramos o pretendiéramos “ordenar” el mundo, “mejorar el paisaje y el ambiente”, en fin, “disponer” las cosas como nos gustaría que fuesen, en entera libertad como lo hacen los Dioses, poniendo color donde hay sombras y luz ¡porque nos falta! El artista, trata de inventar ”productos” y realidades tan intensas y valederas que nos

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provean, de alguna manera, esos “rayos” tan divinos como inmensos que se ausentan. En definitiva, creo que es una especie de consuelo lo que buscamos, ya sea a través de la escritura - la poesía en mi caso - o a través de la pintura, que es lo que ahora nos ocupa. Siendo esta una actividad placentera y que, en realidad me gustó siempre - aunque no tuve la motivación adecuada ya que más bien me crié en un mundo de poetas, pensadores y analistas - creo que Andreas tuvo la intuición de que este quehacer iba muy bien con mi temperamento y carácter, siempre inclinado a los vientos del arte. Recuerdo que le dije que “no sabía pintar” y que mis dibujos eran siempre, inexactos, irreconocibles como los del Principito. Entonces, él insistió en que no importaba, que pintara cualquier cosa y ese preciso día, a él se le ocurrió que debía 20

plasmar unos “puntos intensos rojos” que había sobre la mesa. Me refiero a unas amapolas que se encontraban en un vasito de cristal. Aunque tratándose de flores de una vida tan inmensamente “breve”, justo cuando me puse en acción ya tenían las “cabecitas” hacia abajo que anunciaban su “decaimiento” o descenso intempestivo. De todas maneras, las restituí tal y como las sentía en mi dibujo y a mi amigo le gustó verlas otra vez reflejadas en mi primer cuadrito de papel. Cuando hoy medito en ello, me doy cuenta que quizás lo hice, en un principio, más bien por complacerlo y porque, de toda manera lo amaba mucho, y quería demostrarle que hacía caso a sus palabras y por lo menos lo intentaba. En la noche de ese día, eché mano a unas cartulinas para seguir ocupándome con la pintura pastel y todos los otros utensilios, un lápiz, un borrador, un pañito de tela y yo, sentada en la silla frente a una mesita, tratando de hacer las cosas lo mejor que podía, aunque todavía en nada convencida de mi habilidades pictóricas. Así, mientras él tenía que ausentarse por motivos de trabajo y otros compromisos de diversa índole, me fui acostumbrando a entregarme, cada vez con más entusiasmo a esta tarea amable de colores, dibujos y papel. Andreas Gruhle, que pasado algunos años, se convertiría en mi esposo, ya había seguido algunos cursos de pintura pastel y había realizado unas cuantas pinturas, muy bien logradas. En su caso, se trataba sobre todo de un arte muy realista con bodegones y motivos de “nature morte” en la que casi siempre aparecía una botella de vino, una que otra manzana apetitosa y muy cerca a la que vemos en los campos, una verdadera motivación al consumo de esta fruta dulce y fina. Desde que me conoció a

mí, una mujer de otros tonos, gustos y latitudes, comenzó a incluir en su bodegón también mandarinas de un apasionado naranja, tan subido, que recordaban al sol poniente o a la intensidad del trópico. Pues bien, No sólo me motivó a pintar sino también a esforzarme porque lo hiciera bien y le gustó siempre lo que le mostraba. Con el paso del tiempo la pintura no fue simplemente una ocupación cualquiera sino que el tema se fue ampliando, aparecieron los paisajes, sobre todo de pueblecitos solitarios donde no se ve a nadie, pero en donde nunca falta la torre erguida de una iglesia, como ocurre en Alemania. Luego incluí también flores, las pintaba en los más variados matices, tratando al mismo tiempo, de llenarme de su embrujo de colores, formas y perfume, que se convirtieron, sin saberlo, en las “hermanos” que tengo, pero que no se encontraban aquí, cerca. Creo que, sin darme cuenta, a través de las flores, traté de “recrearlos”, de alguna manera, ya que eran y siguen siendo la savia viva que motiva mi creación, sin olvidar a mi madre, a mi padre y a mis hijos, y no sólo en la pintura sino también en la poesía. Seguía pintando y tomé algunos cursos de pintura con la pintora Heidi Wolf en la institución llamada Casa de Formación para la Familia (Familienbildungsstätte). Pues bien, esta profesora me abrió “las puertas” a un arte visto desde una perspectiva más moderna. Fueron pasando los años, y entonces aparecieron también mis personajes y, poco a poco, se convirtieron en el motivo principal que prefería plasmar en el papel o en el lienzo. Se trataba, casi siempre, de seres “humanizados” aunque no aparece, claramente identificado, si se trata de niños o de adultos y que en algo nos recuerdan al arte naïf o de motivos infantiles, Revista de Arte y Literatura


más bien se trata de identidades abstractas. Este carácter simbólico y abstracto lo presentan muchas otras de mis pinturas, diríamos que es uno de los razgos carácterísticos de ellas ya sea cuando se trata de paisajes, poblados, barcos o flores, siendo por lo demás, el azul, el amarillo y el naranja los tonos dominantes de las mismas. A veces se trata de parejas o en grupo de tres ó más, tal y como viví en mi niñez, siempre rodeada de muchos parientes y seres queridos. Un buen día vine a dar con Roswitta Bardroff-Distler otra reconocida artista alemana que enriqueció mi concepción y aportó nuevos elementos a la “maletita abierta” de mi arte. Ella ofrecía talleres de pintura Acuarela y Acrílica en la misma institución que recién he mencionado y se conviritió, con los días, en un “eslabón” importante en la cadena que se fue formando alrededor de este arte. Esta pintora fue quien me concedió un “ancho permiso” para usar con más “atrevimiento” los colores, así como las formas más libres y abtractas, que eran las que más se acercaban a mi manera de entender la pintura. Recuerdo que le llamaron la atención los tonos intensos y vivos que prefería, las formas individuales que adquirían los objetos pintados en mi lienzo y enseñaba al grupo mis pinturas diciendo que tenían un estilo muy propio. Entonces, motivada por Elisabeth Linss, una activista cultural de la Universidad Popular, mostré allí en el 2003 una selección de mis pinturas, sobre todo en pastel y acuarela, aunque también algunas en acrílica y, desde entonces, sigo exponiendo en este lugar, casi anualmente, mis trabajos pictóricos. JUSTIFICACION CONCEPTUAL Esta serie de pinturas que ofrezco forman parte de mis Obras Revista de Arte y Literatura

cuyo tema es el Hombre, aunque no siempre esté plasmado en el lienzo, pero están relacionados con él de alguna manera. Muchas veces se trata del paisaje o del pueblito en donde vive, otra, son las flores, que me han ocupado muchas horas, ya que las siento como “pequeñas muestras celestiales” que nos hace sentir con intensidad extrema las sutilezas más gratas de la Creación. Ese ser intenso, con sus aciertos y sus grandezas, ese ser múltiple y polifacético, que constituye el ser humano, ha motivado en especial mi creación artística tanto en la poesía, como en la música y en lo que ahora nos ocupa: La pintura. Me refiero, en particular, al Hombre en tanto que ente social que, de una manera innata y espontánea, necesita conciliarse, unirse, y a partir de allí, ser posible, el entendimiento, la concordia. El logrado vínculo le convierte en un ser más satisfecho, más feliz, más en armonía con nuestra propia naturaleza humana y hasta más espiritual. El Hombre, de donde parten los más grandes desafíos, el personaje número uno de la Creación, logra, a mi entender, su realización integral en la unidad con el otro, alcanza su plenitud en el Amor, la fuente inspiradora de las más altas y nobles tareas. He querido

concentrarme en este convencimiento y plasmar en la pintura personajes en pareja, representando la imagen del vínculo, siempre agarrados o muy de cerca, para marcar la estrecha compañía y el hecho de que nos necesitamos unos a otros y que sólo en esa unidad nos hallamos a nosotros mismos y cumplimos con uno de los fines más altos de la existencia, la comunicación positiva, la paz, la armonía entre los seres humanos, como base para una sociedad más humana, tolerante, perdonadora y solidaria. Resulta aterrante las cifras de nuestro tiempo, en lo concerniente a las separaciones que se dan en este plano. La familia está en crisis y, a veces, parecería como si resultara el hecho más fácil o banal cambiar de compañero(a) como se cambia de marca de coches o de computador. Por ello, busco enfatizar la belleza de la unión entre un hombre y una mujer, para, a partir de allí, referirme a la humanidad entera, en su búsqueda hacia la Compatibilidad, la Amistad, la Armonía Universal, que son los fines primordiales que deben motivar sus esfuerzos, y en la que estamos implicados todos los Hombres del planeta.


El ultraísmo en Tomás Hernández Franco Manuel Mora Serano

H

Escritor, Orador Crítico, Promotor de la Literatura Dominicana

ace muchos años que tenía una preocupación poética: no sabía de dónde venía ese afán ultraísta puro de utilizar metáforas que tienen muchos de nuestros poetas, especialmente los de provincias, y creía que la habían recibido directamente de las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna o del joven Manuel del Cabral que alcanza deslumbramientos magníficos en poemas breves con un par de imágenes. El primero que conscientemente utiliza elementos ultraístas en su poesía es Andrés Avelino con su ‘Chalina negra cual chorro de alquitrán’ y en otros raptos, que por cierto no abundan demasiado. Ni Avelino era un poeta muy leído en el Cibao donde abundaba esta fiebre de eternizar una imagen ni el giro usado por él fue el preferido de los poetas del norte. En los cuentos de Tomás Hernández Franco hay deslumbrantes metáforas. Las hay en los cuentos y en La Mañosa de Juan Bosch, pero el mecanismo en sí, la forma un poco tramposa de construir las metáforas de algunos poetas criollos, incluyendo postumistas como Pedro María Cruz, y algunos independientes como el temprano Pedro Mir, me seguían preocupando. Contrario al supuesto de que los poetas somos creadores, regularmente imitamos algunos mecanismos y cuando se trata de ciertos facilismos verbales deslumbrantes como las Greguerías que se publicaban profusamente en diarios y revistas desde los años veinte, el calco se puede prefigurar. Sin embargo, teóricos del ultraísmo, como Jorge Luis Borges, y quien más tarde sería su cuñado, Guillermo de Torre, que estuvieron en el movimiento de Cansinos Asséns desde sus principios en el 1918 y

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19, ha dicho cosas como las siguientes: 1. Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora. 2. Tachadura de las frases medianeras, los nexos y los adjetivos inútiles. 3. Bolición de los trebejos ornamentales, el confesionalismo, la circunstanciación, las prédicas y la nebulosidad buscada. 4. Síntesis de dos o más imágenes en una, que ensancha de ese modo su facultad de sugerencia. Y, según Guillermo de Torre: Si la poesía ha sido hasta hoy desarrollo, en adelante será síntesis. Fusión de uno o varios estados anímicos. Simultaneísmo. Velocidad imaginativa. La rima desaparece totalmente de la nueva lírica. Algunos poetas ultraístas, los mejores, utilizan el ritmo. Un ritmo unipersonal, vario, mudable, no sujeto a pausa. Acomodado a cada instante y a la estructura de cada poema. Igualmente, en muchas ocasiones, se suprimen las cadenas de enganche sintácticos y las fórmulas de equivalencia -’como’, ‘parecido a’, ‘semejante a’-. La imagen, por lo tanto, no es tal en puridad. El parecido es realidad. La imagen se identifica con el objeto, le anula, le hace suyo. Y nace la metáfora noviformal. En cuanto a los medios técnicos, a la grafía, el ultraísmo adopta la escritura común a otras escuelas: suprime la puntuación. Esta es inútil. Ata, mas no precisa. El sistema tipográfico de blancos y espacios, de alineaciones quebradas, le sustituye con ventaja. De este modo el poema prescinde de sus cualidades auditivas -sonoras, musicales, retórica- y tiende a adquirir un valor visual, un relieve plástico, una arquitectura visible, que entre por los ojos. En cuanto a los ejemplos, veamos primero las greguerías y luego los ejemplos que toma Borges: He aquí algunas que Guillermo de Torre considera afines al movimiento: El monóculo es la llave de las miradas. La luna es un banco de metáforas arruinado. La palmera ancla la tierra el cielo. El piano

tiene esqueleto de pescado. El murciélago vuela con la capa puesta. En el fondo de los pozos suenan los discos de la luna. Nos muerde el ladrido de los perros. Se apagan las sonrisas como las luces. La golondrina parece una flecha mística, etc. etc. Borges, por su parte, pone como ejemplos de ultraísmo, entre otros: Andar con polvo de horizontes en los ojos tendida la inquietud a la montaña. Y desgranar los siglos rosarios de cien cuentas sobre nuestra esperanza (Pedro Garfias); Rosa Mística: Era ella/ Y nadie lo sabía/ Pero cuando pasaba los árboles se arrodillaban/ Y en su cabellera se trenzaban las letanías (Gerardo Diego). Viaje: Los astros son espuelas que hieren los ijares de la noche /En la sombra, el camino claro es la estela que dejó el sol. (Guillermo Juan); Primavera: La última nieve sobre tus hombros ¡Oh amada vestida de claro! El último arco-iris hecho abanico entre tus manos/La primavera es el poema de nuestro hermano el jardinero. (Juan Las); Epitalamio: Sobre tu cuerpo desnudo mi voz cosecha palabras (Heliodoro Puch.) Hay los casos de rupturas como en Casa Vacía de Ernesto López-Parra: Toda la casa está llena de ausencia. La telaraña del recuerdo/ pende de todos Revista de Arte y Literatura


los techos. En la urna de las vitrinas están presos los ruiseñores del silencio. Hay preludios dormidos que esperan la hora del regreso. El polvo de la sombra se pega a los vestidos de los muros. En el reloj parado se suicidaron los minutos. Entonces, ocurre que a su regreso de Europa, Tomás Hernández Franco colabora en el periódico Patria que dirigía Américo Lugo, donde hay publicaciones suyas desde 1927. El 23 de abril aparece Montaña Rusa (59 versos) y Tomás, ebrio de movimiento inicia su poema así: En el vesperado Coney Island/ de mi vida/ Mi alma/ vertiginosa montaña rusa/ me abre abismáticos vacíos que gravitan/ sobre la emoción de mi plexo solar / y perspectivas nuevas/ caen en cascadas de mis pupilas/ como una geométrica leyenda de estalactitas endiabladas. El 28 de junio, publica Exposición nacional y allí dice: Sobre el regocijo de los otros mi fatalidad tiró el ancla en el remanso de mi bostezo/ Las banderolas-pañuelos en los bolsillos de la tarde-parecían mujeres en ronda cantando aires alegres. Sin embargo, me parece que lo más imitado no fueron las imágenes un poco avant garde para el momento en el país, sino unos poemas que Tomás tampoco incluyó en libros y que voy a copiar in extenso: Tango Te quiebra mi recuerdo en los cristales de la fatalidad -pájaro loco en la noche- espiral sin motivo. mi corazón soy yo y atraca en mi garganta latir y a penas las fronteras de mis sienes lo separan del mundo. Diques que un día haré saltar para que quede libre mi corazón ¡Mi corazón! monarca de incógnito que me dijo su verdad esta noche mascando el chewing gum de mi médula y empinado sobre una música oída hace tanto tiempo Revista de Arte y Literatura

y vuelta a oír mi corazón en el florecer de mi inocencia quise que incendiara al mundo. Ahora Ahora me queda sólo tu sonrisa y esa música en el paisaje aldeano pájaro loco suicidando en los cristales de la fatalidad ¡Mi corazón! Y el 4 de febrero de 1928, apareció este un poco más trabajado. Signo Todos los paisajes del mundo están dormidos en tus pupilas Profunda Geografía desde mi deseo se deslumbra de perspectiva y se acuclilla de horizontes. San Sebastián explorador de lo infinito. En tu mirada -todos los libros del mundo están escritosLiteratura en blanco borrados jeroglíficos de avatares y decadencias donde apenas la bastardilla de mi anhelo pone su fulgor al margen de tus desmayos y tus sobresaltos. todas las caricias prosperan en tus dedos y hay besos de la aurora del mundo jugando en tu sonrisa. Lo he descubierto todo perdido en los Saharas de tus grandes silencios -inquietopor el paisaje. Promedio donde detrás de la muralla de China de tus pudores florece la flor roja de tu corazón. Mientras fui yo quien puse nebulosa de mis besos sobre la vía láctea de tus flancos. Naturalmente, si eso se podía decir y lo decía un poeta joven importante, con la aureola de haber llegado de Europa y de traer las últimas novedades, mucho fue lo que se quiso calcar y se calcó de Hernández Franco durante esa época que es poco conocida de su producción

literaria. Los estudiosos de nuestras letras han pasado por alto estos detalles y otros hitos culturales, por simple ignorancia de un hecho que ahora no tiene la relevancia que tenía entonces. Los poetas dominicanos de finales del siglo XIX y principios del XX leían las publicaciones periódicas que proliferaron en nuestro medio, sobre todo los primeros treinta años del siglo pasado. Se empastaban y guardaban las colecciones de revistas y periódicos y, algo mucho más importante, los jóvenes poetas no eran parricidas sino que, respetaban y seguían a los mayores. Se puede hablar hasta 1930, con las excepciones de lugar que confirman la regla, que más que los libros, las revistas y periódicos eran la norma a seguir, sobre todo porque los venezolanos Manuel Flores Cabrera y Horacio Blanco Fombona en sus revistas Renacimiento y Letras democratizaron las publicaciones y publicaban todo lo que producían los literatos en cualquier parte del país, especialmente en Azua, Moca, San Pedro de Macorís, Santiago, La Vega, Higüey, Baní, San Cristóbal y Puerto Plata, donde hubo no sólo publicaciones importantes sino distinguidos poetas y narradores. Todo el mundo sabía redactar y son raras las erratas o errores a pesar de las formas primitivas de las publicaciones y de que la mayoría no hizo estudios superiores. Manuel del Cabral con su oído finísimo, y su mimetismo extraordinario para captar matices y aprovecharlos, fue el beneficiario inmediato de estos avances de Tomás, porque a partir de esos poemas está claro que el ultraísmo se metió de lleno en nuestra poesía sin que los poetas que usaban sus recursos lo supieran o lo sospecharan, hasta el extremo de que ningún crítico importante, ni siquiera uno tan avezado como Pedro Henríquez Ureña lo advirtiera. En nuestro estudio del postumismo y el vedrinismo, abundamos más sobre las vanguardias que influenciaron a nuestros poetas. Pero no abundamos sobre estos aportes de Tomás Hernández Franco que está esperando todavía que nuestros críticos los descubran plenamente. Valga esta nota para iniciar ese viaje a Tamboril. 23


Poesía

En la Calma Aldeana: Cinco Sonetos para un solo sentimiento

“Yo fui tamborileño en París, en Nueva York, en Centroamérica y en Santiago” (Tomás Hernández Franco) En 1921 publicó Tomás Hernández Franco (Abr. 1904 - Sept. 1952) su primer libro de versos: Rezos Bohemios (1921), uno de cuyos capítulos, “En la Calma Aldeana”, está dedicado o inspirado en esa “aldea ilusionada de sus cantos” (Tamboril), de que nos habla el poeta vegano J. Furcy

Pichardo en el prólogo de la obra. El capítulo está compuesto por cinco sonetos de profundo fervor tamborileño, constituidos a su vez, como lo expresa el ya citado prologuista, por “versos felices de concepción y ejecución”; en los que el poeta pinta “la vida o el sueño de su aldea gentilísima y romántica, o dormida tras el idílico evangélico de amor de todas sus mujeres, bajo la planta de la luna, siempre en el

MEDIA NOCHE “Es muy puro el encanto de esta noche de luna; La aldea se ha dormido bajo un cielo de plata, y un arroyo murmura, como un canto de cuna, monorrítmicamente su perenne sonata... Los robles también duermen, como gigantes buenos bajo el celeste amparo de esta noche tan clara, ¡taciturnos, sombríos, sufridos y serenos, son como los vencidos de una epopeya rara! Todo es paz en la aldea. El viejo campanario, sobre su cruz sostiene un búho funerario como un perverso emblema de horror y brujería...

recodo fresco de sus lomas, junto al arroyo inolvidable, al pie del robledal hablador incorregible de seducción y de quimera..” Son cincos sonetos en los que el Tamboril de principio de siglo aparece fielmente retratado. Son cinco sonetos para un solo sentimiento. Estos son sus títulos: “media noche”, “Tristeza del domingo”. “En la vaga penumbra”, “La aldea está triste” y “En la paz del crepúsculo”. Y esto son sus versos: DCR

Y decora esta tarde la silueta exquisita, que veo en la lejanía de una mujer bonita leyendo a la Invernizio a Carlota Braemé” EN LA VAGA PENUMBRA “En la semi - inconsciencia de esta vida aldeana cuando caen de la noche los primeros crespones vibra pausadamente la voz de una campana como un eco gigante de muchas oraciones.... hay beatitud sencilla en la rústica escena: florecen “Padre Nuestros” en labios temblorosos y alguna novia triste desahoga su pena, rezando por el novio, con los ojos llorosos...

... Hierático y solemne, el búho no ha sentido a un rayo de la luna en él se ha detenido mientras reza el rosario de su misantropía...” TRISTEZA DEL DOMINGO “Tristeza del domingo. La gris melancolía que padece el paisaje, ha llenado la tarde... ¡los mismos ruiseñores mataron su alegría! ...Florece en mí el fastidio que me infunde lo igual, ...todo es igual, lo mismo... el arroyo que ríe... el viento que murmura por entre el robledal, y hasta el color rojizo que la tarde deslíe!...

Se ha extinguido en la noche la voz de la campana Ya las gentes no tienen la ingenuidad cristiana que les diera un momento la oración vesperal.

No hay una nota alegre en la tarde aldeana: el sol se va ocultando tras la sierra lejana mientras leo un soneto del divino Musset...

Pasaste como un sueño de rara fantasía y triunfó la elegancia de tu azul gentileza, ¡y era franca tu risa de una eterna armonía

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En tanto yo me alejo por la penumbra admirando a la luna que el panorama alumbra y en busca del encanto de una charla trivial...” LA ALDEA ESTA TRISTE “La aldea está muy triste desde que tú te has ido, le falta tu alegría, le falta tu belleza... ¡y hasta mis propios versos por ti se han conmovido al contar esta pura y aldeana tristeza!

Revista de Arte y Literatura


como si fuese risa de una infantil princesa! ...¿Te acuerdas del arroyo que siempre gluglutea, cual si contase un cuento pasional a la aldea, envuelto en el misterio de un divino secreto?... Así van mis estrofas contándote la pena, que yo he aprisionado con la ideal cadena de catorce eslabones de este mismo soneto”

y semeja el incendio de ciudades lejanas que el alma ha soñado visitar algún día, Para allá, entre ruinas, sepultar su secreto atado con los versos del póstumo soneto, mientras muere la tarde con su roja agonía” Tomado del libro del autor : “ Tamboril, su gente y su cultura ( y otros ensayos ), Editora Teófilo, Santiago, 2000, págs. 74/76.

EN LA PAZ DEL CREPÚSCULO “El crepúsculo vierte su divina tristeza en el bello paisaje. Una franja grisácea es un río que canta, con su eterna pereza, arrullando la muerte de la tarde violácea... Al sembrar el ocaso sus oros en la tarde, que plena de paisaje castamente moría, brotó lejos el ritmo de algún rezo cobarde ungido con el Angelus y con Avemaría... El crepúsculo tiene languideces humanas,

Calidoscopio

Por: Luis Beiro

Paz El hombre no está preparado para vivir en paz. Siempre queda la duda, el atropello y la buena memoria. Siempre una hoja que cae atemoriza, o un trueno rompe el equilibrio. Siempre una hermosa mujer se interpone entre la magia y el viajar. El hombre no aceptará jamás la verdad de su propio existir: no necesita dagas ni ejércitos para vencer ni vencerse: sólo mirar cómo se hunden las acacias en los jardines lejanos. Pero no cree, no va a creer nunca en su propio discurso. No promulgará una ley para salir adelante y volver a marchar. Contra el rencor. Sabe que no podrá vencer si primero no es vencido por la sombra que aprieta su garganta. Memorial No todo está perdido cuando queda algún recuerdo. Pero, si la luz urde el tiempo, una mano pavorosa intentará balancearse en vano por las Revista de Arte y Literatura

ráfagas del aire, en busca del temblor. El rastro trashumante pertenece a un campo inexplorado donde florece el polvo de la nada. Sin recuerdos, no volverán el andamiaje en su bóveda sagrada, ni los trajes flagelados, ni los rostros de cartón salpicados por la noche. Piedras y arena sin lágrimas serán el débil recinto de la bruma detenida. ¿Algo más que ese sabor a dicha inexistente? ¿Vivir sin ranuras?, ¿mirar sin entender la enredadera en la noche que resopla? La nada y su pasión por la penumbra son los mágicos recintos a dónde iremos a parar sin gritos ni congojas. Allí entraremos en filas, obedientes y tranquilos como hilos de papel. Ni la memoria de las piedras, ni la pasión por los sargazos nos hará volver la vista atrás. Solos, fríos e incoloros, seremos estatuas murmurantes, calcinadas.

Homerito Los poetas se debaten entre la vida y la resurrección. Entre la angustia y el cansancio. Saben resucitar, tal vez menos coloquiales y escribiendo sonetos imperfectos; siempre vuelven al silencio del naranjo por miedo a la blancura. Volverán a los avernos porque suyas son las polvaredas desvirtuadas, aquellas polvaredas que braman en la piel cuando la noche se volvía un ave trashumante. Volverán una y otra vez en forma de pastos, piedras o bosques a cantarle al río fulminado, a la mujer que danza entre relámpagos, a los ecos que miran hacia dentro de sí mismos. No fueron, ni son, ni serán ángeles, sino dioses o demonios asidos al delirio. Podrán romperse el alma que llevan fuera de sus cuerpos. Saltarán sus huesos como escamas peregrinas, pero nunca dejarán de simular rituales irredentos. Los poetas ni nacen, ni mueren, solo resucitan. Son pedazos de insomnio en un estanque destruido de impiedad. 25


Anselma

D

espués de haber dejado pasar tantos años sin referirme jamás a la historia de Anselma y de Malena, ahora me digo que es tiempo de contarla, aun cuando tengo la seguridad de que en esto trato de engañarme, pues todos saben que nadie puede contar bien una historia que no ha terminado todavía y que, tal como están las cosas, parece que no terminará nunca. La verdad es que, hace tiempo, estuve pensando en que algún día tendría que escribir sobre Anselma y Malena. Esa vaga seguridad del principio se me fue convirtiendo con los días en una convicción cada vez más arraigada. Pero, cometí el error de no buscar, durante todo el tiempo que tuve disponible, las palabras que iban a servir definitivamente para este asunto y ahora me encuentro con que todas estas de que hago un uso tan banal cada día, no son, precisamente, las que hacen falta, ni las que pueden dar a todo esto el sereno ambiente de silencio que, ahora, es imprescindible. He dicho silencio, solamente, pero afirmo que el verdadero ambiente sería una mezcla de silencio y decoro. Ahora ya he dicho silencio y decoro y creo que esas dos palabras bastarían y pudieran sobrar para explicar toda la historia: es decir, toda la historia desde que comenzó hasta como está hoy en día, en su lento, pesado, eterno desarrollo. Es realmente difícil escribir con un argumento como este de Anselma y de Malena, que ha acaparado casi un siglo en el tiempo y que no ha tenido ni un solo momento verdaderamente culminante; 26

argumento sin diálogo y sin grandes pasiones y que, además, ofrece la dificultad de que uno de sus principales actores, el marido, murió muy al principio de todo esto. Aun cuando él fue el indiscutido organizador de este asunto, hace años que el único recuerdo concreto que se tiene de su existencia es un largo, ancho y encorvado sable de coronel de dragones, amarrado a un alto clavo negro que hay en la pared cada año más blanca de cal y de aire. Si ese hombre estuviera vivo todavía la historia fuera fácil de escribir o, a lo mejor, no hubiera historia y yo no tuviera esta dificultad de no saber contarla. Es cierto que Juana existe y que, a todas luces, ya está también en el camino de hacerse eterna y esta realidad me ofrece la cooperación de cuatro personajes, contando al muerto naturalmente, pero aún así es un material insuficiente, porque si el marido jugó un papel tan importante al principio, él mismo no quiso jamás darse por enterado de la situación, cuando eso le era posible, y es bien sabido que después de su muerte ni siquiera su nombre ha sido pronunciado en aquella casa. Juana pudiera estar en condiciones de aportar algunos datos muy valiosos, pero ella misma tuvo conciencia del drama mucho tiempo después del drama comenzado, o quién sabe si nunca ha tenido la conciencia de él y todavía esto puede que no sea cierto completamente, porque Juana no tenía para qué darse cuenta de nada ya que ella era, sin proponérselo, el drama mismo, o su mayor parte o el punto de convergencia de todos los elementos de esta historia. Lo mejor es, pues, ordenar claramente mis cuatro personajes. En primer lugar está el difunto, el coronel de dragones, del cual queda una segura prueba de su existencia en aquel sable largo, ancho y encorvado, que pende de un clavo negro en una pared blanca y que es, también, una prueba de lo que debió ser el carácter de aquel hombre: seco, duro, taciturno, inflexible. Después está Malena, la viuda, con sus ciento cinco años de edad, viuda desde hace setenta, absolutamente lúcida y muda por su propia determinación, empotrada en un alto sillón de paralítica, escueta y nítida como un filo.

Frente a ella, también en otro sillón de paralítica, está Anselma, con ciento dos años de edad solamente y cuarenta de estar allí, frente a Malena, pronunciando cada mucho tiempo alguna palabra casi dicha en secreto, lúcida también con su lucidez analfabeta de siempre, resignada a que no llegue la muerte, agrietada a trechos como una corteza de roble, inmóvil como si fuera la sombra humilde de Malena. Por entre las dos vaga, frecuente y callada, la silueta encorvada de Juana, con su apellido que no se dice y con sus ochenta años. Y esa es toda la historia. Ahora es cuando, justamente, me hacen falta las palabras que no conozco y que debieran dar esa eterna sensación de silencio y decoro. Sensación de algo pétreo, tangible, casi hosco; tacto a distancia de lo inconmovible y huraño que debe ser el alma de la roca. Inverosímil certeza de que en el fondo de esto hay una gran lápida dura humedecida de lágrimas nocturnas… Pero, yo escribiré la historia hasta el final, hasta el final de mi propia posibilidad y me alegraría encontrarla otra vez escrita por alguien que la sepa escribir o por alguien que pueda saber como termina si es que puede terminar algún día. La aldea nunca tuvo más de una calle y esa calle bastó siempre para todas las divisiones del amor, del odio y del dinero. Un domingo, en un gran galopar de caballos, tiros al aire y derroches de aguardiente barato, Malena y el coronel “unieron sus destinos” –así se decía entonces- allá en la ciudad. Cuando la cabalgata, ya de regreso, atronó la polvorienta calle, el único que miró con alguna inquietud hacia la puerta de Anselma, fue el recién desposado coronel. Anselma no estaba en la puerta. Lloraba en algún sitio del patio, sin grandes penas, sin grandes rencores. Lloraba porque le parecía justo llorar en una ocasión así. En aquel tiempo no era agradable la vida de los coroneles de dragones y quizá ese era el motivo de que ellos mismos no fueran tampoco muy agradables. Malena, que no podía hacer otra cosa, hija ella misma de otro coronel de dragones, se metió en la vida matrimonial con ese alarde tan común a las mujeres de entonces y que las hacía, el

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y Malena día siguiente al de las bodas, aparecer ya con veinte años encima. Esa vejez milagrosa, lograda en una simple noche, por ser caso tan repetido, no asombraba ni siquiera a los propios maridos, quienes, desde el primer día de vida conyugal veían, mustias y un poco derrengadas, transitar por sus casas las sombras cansadas de las mujeres que habían creído conocer. Diríase que la juventud de las abuelas residía únicamente en la hosca virginidad que guardaron para la bendición nupcial y que el abrazo un poco ebrio de los novios las dejaba ajadas para siempre. En el fondo, había otra cosa también: la súbita vejez era consecuencia de una deliberada forma de la voluntad, feroz secreto sin palabras trasmitido de madre a hija por generaciones, como única forma de la dignidad de la mujer casada. La eterna fidelidad al marido debía demostrarse con la eterna imposibilidad de gustar a otro hombre. Además de esa obligación obvia, los deberes y derechos de una mujer casada no variaban mucho de los de una buena ama de llaves de confianza. Ante la indiferencia del coronel, Malena, envejecida de la noche a la mañana, nunca se enteró de que, a pocos metros de distancia, proseguían los amores de su marido y Anselma. La aldea no había hecho ni un guiño de malicia porque aquello no tenía ninguna importancia. Así nació Juana. Una noche cualquiera, sin preámbulos innecesarios, el coronel la trajo a la casa envuelta en unos trapos y se la obsequió a Malena: -Cuídala como a tu hija… porque es hija mía. Malena no preguntó –su deber no era preguntar- por la madre de la criatura. Para gran satisfacción del coronel su único movimiento de rebeldía consistió en hacer, desde esa noche, cama aparte y redoblar su meticulosa actividad en los cuidados de la casa. Las relaciones de Anselma y el coronel habían sido el producto de una larga paciencia. Desde muy niña, la muchacha había quedado huérfana y sin mas amparo que el que le ofrecía una tía borracha. Cuando Anselma estaba por los catorce años, sin que ella se enterara y sin grandes regateos, el coronel la había comprado. Con libre entrada a la choza Revista de Arte y Literatura

Cuento

desde aquel día, su único trabajo fue esperar, con saboreada espera, que aquella muchacha un poco salvaje, estuviera “a punto” como se decía a sí mismo. Ningún otro hombre pretendió jamás ponerse en el camino de Anselma, porque de todos era sabido que pertenecía, por derecho de compra, al coronel. Anselma había estado “a punto” pocos días antes del matrimonio de Malena. Se entregó como tenía que entregarse, como se lo había aconsejado la tía durante tanto tiempo, con mucho respeto por aquel hombre y con un poquito de asco también. Muerta su tía, consideró como algo muy lógico que su hija fuera a parar a la casa de la Doña, por quien sentía, sin conocerla, una profunda veneración. Al coronel lo trajeron, de la gallera, bien macheteado y bien muerto un domingo cualquiera. Malena se vistió de negro para toda la vida y para toda la vida, también, cerró las puertas de la casa. No obstante, todo parecía muy alegre, por el exceso de limpieza, por el manso cloquear de las gallinas, los grandes ramos de rosas del Perú y el incesante juego de la chiquilla en el patio. El envejecimiento de Anselma, precipitado por la soledad y la miseria, fue tan rápido como el de Malena y para vivir recurrió a la caridad aldeana, siempre despectiva, ofensiva y hostil. Juana tenía treinta años cuando supo que su verdadera madre era Anselma la mendiga. Apergaminada, envejecida y fea, sin recordar cómo había sido su padre, la noticia no la emocionó demasiado y hasta le parecía bastante lógico como complemento de su vida vacía. Un día que quiso preguntar demasiado, Malena le contestó un simple: -Puede ser… Y hasta muchos años después no se volvió a hablar una sola palabra de este asunto. Sintiéndose hija de Malena, Juana socorría, desde lejos, a Anselma, hasta que la escasez de recursos y la invalidez de ambas fueron haciendo casi imposible aquel trabajo para ella que no sabía cómo repartirse entre ambos deberes. Un día, planteó clara la cuestión: -Si Anselma es mi madre la debo traer

aquí… -Como es su madre, usted puede hacer lo que quiera… sin consultarme. Malena pestañeó, mirando el viejo sable encorvado. Aquél día unos hombres trajeron a Anselma y la dejaron en su silla frente a Malena: -Buenas tardes, doña Malena… -Buenas tardes… Señora. Sobre el silencio definitivo se han ido amontonando los años. Los días no han podido traer ninguna variación. Algunas mañanas, cuando Juana se acercó a Anselma, ésta le dice en un soplo: -Me parece que la Doña está enferma y que pasó la noche mal. Otras veces es Malena la que indica: -Debe abrigar a la Señora, tosió mucho anoche… Ni Anselma ni Malena se han atrevido jamás a tocar su alimento antes de que las dos hayan sido servidas. Una vez que Malena rodó del sillón y se quedó como muerta en el suelo, en los ojillos grises de Anselma brotaron dos lágrimas y estuvo rezando largo tiempo: -¡La pobrecita se ha salvado de milagro! Juana tiene ochenta años. Las dos viejecitas están ahí todavía, dormitando en el ancho rayo de sol que entra por la ventana, cada vez más pequeñas y más flacas, cada vez más silenciosas. En el patio siguen floreciendo los rosales del Perú y cloquean las gallinas. En el crepúsculo, el viejo sable del coronel parece una gran cruz torcida. – Este cuento forma parte del libro “ Cibao” ( 1951 )

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C

uando yo sumaba apenas trece años, ya la Adolescencia había ceñido a la blanca frente de mi prima Eulalia quince botones de sus rosas más fragantes y lozanas. ¿Cómo, pues, resulta que al volver hoy la vista desde el umbral sombrío de mis treinticinco años, me encuentro a mi prima, no sólo radiante de juventud, hermosura y gracia, sino, más que nunca, firme en sus veinticuatro abriles recién cumplidos? ¿Increíble? Si; un poco, cuando menos. Verdad es que el ligero esquife de aquella dulce vida siempre bogó al blando impulso de los céfiros, sobre las aguas encantadas del lago Ensueño, 28

escoltada por una ronda de cisnes ideales que fingían alba escuadra de góndolas graciosísimas, mientras en las risueñas márgenes cercanas susurraban sus diálogos suaves las margaritas y los heliotropos. En tanto que la funesta nave de mi vida…. Pero… hablemos de mi prima. Cuenta ella que siendo muy niña, dos lustros tal vez no tenía, era golosa en sumo grado; y que un primo suyo, zagal fuerte y buen mozo, llevábala por los campos en busca de cerezas que el truhán cambiábale por besos cobrados con profusión. Y cuenta ella también, que una fresca

mañana la inocente pareja correteaba en busca de nidos por la apartada heredad de un tío, cuando de improviso vieron sobre ellos el toro más espantoso y feroz. Tenía los cuernos retorcidos, y largos y afilados como puñales. Merced a una cercana caverna a donde la arrastró su animoso compañero, podía ella contar ahora aquel fiero trance, el más apurado de su vida. La entrada del salvador refugio fue atrincherada, aunque no muy fuertemente, sin duda; y en tal escondite hubieron de permanecer horas enteras, escuchando los terríficos bramidos del minotauro, temblorosos de miedo y estrechamente abrazados. Por fin llegó el tío, puso en fuga el bicho y pudieron ellos abandonar la caverna. Y yo, héroe de ambas hazañas, apenas si me reconozco en esa fantástica leyenda creada por la romanesca imaginación de mi bella prima. Mis recuerdos, son así: Una tarde sorprendióme Eulalia devorando un puñado de frescas e incitantes cerezas; tanto más frescas e incitantes, cuanto que acababan de ser pilladas en el cercado ajeno. Ya en su relato confesó mi prima que de niña era golosa, yo afirmo que también era rapaz en sumo grado. En esta ocasión de las cerezas, prevalida de sus fuerzas, arrebatóme mi botín sin dársele un ardite ni de mis derechos ni de mis protestas. Hombre ya, he podido convencerme que la acción de Eulalia era perfectamente correcta y fundada en los más rudimentarios preceptos de la práctica internacional, que acumula derechos a quien cuenta con mayores fuerzas acumuladas. Comióse ella, pues, tranquilamente mis cerezas, y cuando ya sólo quedábale una, vino a mí y me la brindó, tenida entre sus labios, con la condición de que había de tomarla sin auxilio de las Revista de Arte y Literatura


Las cerezas Cuento

manos. Alcéme en la punta de los pies para alcanzarla como érame ofrecida; mas, mi prima, que gustaba de burlarme, ocultó con presteza el delicioso grano y mi boca hambrienta sólo apresó su boca, empapada aún en el jugo de las cerezas. Rió ella de mi engaño y tornó a chasquearme con la misma treta; mas, a la tercera vez, mantuve la roja y ardiente presa entre mis dientes hasta que fui servido con la mitad del codiciado fruto. Desde esa tarde quedó instituido aquel juego, y tal presteza adquirimos en ejecutarlo, y con ello tan grandísimo gusto sentíamos, que en ocasiones una misma cereza pasaba de su boca a la mía, de mi boca a la suya, infinidad de veces, y todos nuestros entretenimientos anteriores fueron relegados al olvido. Pero, a medida que se internaba la estación escaseaban las cerezas. Un día propuso Eulalia: ¿Si fuéramos mañana temprano a buscarlas en la heredad del tío Juan? No, que nos regañan. ¡Calzonazos! Hirióme aquella expresión como la punta cruel de un látigo, y dije: Iremos. A la mañana siguiente, allá íbamos por la verde campiña, matizada de flores silvestres, poblada de pájaros cantores, inundada de luz estival. Los propósitos de Eulalia en aquel día eran de los más raros y graves: No quería jugar, no quería correr, no quería saltar. Quería que paseáramos del brazo, como grandes personajes, bajo la sombra de los álamos gigantes que tendían su arcada sobre el camino, y que habláramos de cosas serias, de la vida, del amor. Yo no entendía una jota de tales temas, pero confieso que en aquella hora todo mi ardiente anhelo se cifraba en complacer a mi prima, a quien encontraba lindísima con su corpiño azul y su sombrero amarillo de paja, bajo cuyas alas escapábanse, ondulantes, hasta la cintura, dos trenzas Revista de Arte y Literatura

de oro, dos chorros de sol. Andábamos, andábamos. Y mientras ella hacíame preguntas o muy tontas, o muy hondas, yo respondía como mi escasa ciencia de la vida dábame a entender. ¿Un nido? Pues un nido es un cestito de paja y hojas secas suspendido en la rama de los árboles por la mano de Dios, como las estrellas. ¡Quién sabe; acaso las estrellas también sean nidos! Rióse Eulalia y comenzó su explicación. Un nido… Un nido es…De súbito prorrumpió en un grito de terror, y asiéndome fuertemente por la mano echó a correr. Nada hay más contagioso que el miedo. Aunque yo desconocía en absoluto cuál era el peligro que nos amenazaba en aquel instante, corrí como un gamo a la par de mi prima que no me había soltado. En pocos minutos llegamos a una caverna conocida con el nombre de la Cueva de las Brujas, y, sin detenernos, arrastrándonos como reptiles, nos metimos por su estrecha boca. Ya adentro traté de inquirir la magnitud de aquel peligro e interrogué a mi prima. ¡Cómo! ¿No viste el espantoso toro que nos venía encima? Yo prorrumpí en la más estrepitosa carcajada. Pero Eulalia, si era la vaca berrenda del tío Juan, que tú conoces tanto como yo. Te digo que no, que era un toro espantoso, con los chifles retorcidos y aguzados cual puñales. Y como yo continuara burlándome, ella comenzó a sollozar angustiosamente y a suplicarme: Primo, por Dios, por la Virgen Santísima, atrinchera esa entrada, ciérrala, tápala. Pero, ¿de qué modo? Con tu chaqueta, con mi sombrero, con mi corpiño. Y diciendo y haciendo quitóse rápidamente ambas prendas. Ya sabía yo que no corríamos ningún peligro; pero, como no encontraba otra manera de tranquilizar a la aterrorizada Eulalia,

accedí a sus ruegos, y con una vara que encontré por tierra, y su sombrero y mi sombrero, y mi americana y su corpiño, cubrí la entrada de nuestro refugio. El llanto de mi prima iba cesando gradualmente; pero no su miedo, a juzgar por la ansiedad con que se pegaba más y más a mí. Estábamos sentados en el suelo. La oscuridad que ahora reinaba en la caverna no me permitía distinguir sus facciones, pero yo sentía su brazo desnudo rodear mi cuello y su aliento entrecortado bañar mi rostro. El aroma de aquel aliento trajo a mi memoria los recuerdos palpitantes de nuestro juego favorito. Si al menos tuviéramos aquí una cereza, dije. Sin apartarse de mí se incorporó ella ligeramente preguntándome, a la vez, con acento indefinible de ternura. Verdad, ¿quieres una cereza? Y la sentí hurgar entre su ropa; en la falda, en los bolsillos, entre el seno quizás…Después, con una blanda presión de su mano me hizo inclinar la cabeza, mientras me ponía entre los labios algo que yo creí una cereza… reanudó su interrumpida lección del camino: Un nido… Un nido es… (Tomado de Cuentistas dominicanos 1, Biblioteca digital de Aquiles Julián.) Fabio Fiallo nació en Santo Domingo el 3 de febrero de 1866. Fue maestro, periodista y diplomático, dirigió el semanario El Hogar (1894-95). También dirigió y redactó La Bandera Libre, que le sirvió de tribuna para sus artículos en contra de la intervención norteamericana de 1916, lo que le valió ser encarcelado en la Fortaleza Ozama. Fue cónsul en La Habana, Nueva York y Hamburgo. Murió en La Habana el 28 de agosto de 1942.

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Errores y Confusiones en el uso del Por: Domingo Caba Ramos

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VERBO HABER

s mucho lo que se ha escrito acerca de esta forma verbal, y, muy particularmente, sobre los errores que se cometen o de las confusiones en que se incurre al emplearla tanto en la lengua oral como escrita. Pero a pesar de todo, los errores continúan y las confusiones persisten. Haber, vale recordar, es un verbo irregular procedente del latín ‘habere’, el cual originalmente se empleaba con el mismo significado de ‘tener’, sentido este, actualmente un tanto en desuso, por cuanto para ello utilizamos frecuentemente la forma ‘tener’ o ‘poseer’. En la actualidad, el verbo haber se emplea más como auxiliar para formar, seguido del participio de un verbo, los llamados tiempos compuestos de este: he tenido – habían llegado – habrán venido – habías podido, etc. En tal caso, como bien lo establecen las reglas generales de la concordancia del español, dicho verbo debe concertar en número y persona con el sujeto correspondiente: a) “Los apagones habían desaparecido…” b) “El apagón había desaparecido…” Esto quiere decir, que en su función de auxiliar, el verbo haber puede usarse tanto en plural como en singular. Todo dependerá del número en que se encuentre expresado el sujeto que realice la acción por él indicada. Pero aparte de auxiliar, haber también funciona con impersonal, vale decir, 30

cuando se presenta en aquellas oraciones carentes de sujeto o en las que no es posible identificar la persona gramatical que ejecuta la acción verbal. Se trata de un r o l

secundario en el que haber se emplea para expresar, siempre en tercera persona del singular, la presencia del ser u objeto designado por el sustantivo que en la frase aparece normalmente después del verbo: a) “En la toma de posesión habrá muchos invitados…” b) “En Licey al Medio hubo tres personas heridas de balas…” c) En el hospital había varios enfermos casi al borde de la muerte…” Nótese que en la tres oraciones anteriores, por ser impersonales, no aparecen los sujetos o seres que realizan las acciones del verbo que nos ocupa (haber), sino los objetos directos

(muchos invitados – tres personas – varios enfermos) en los cuales recaen dichas acciones. Y como quienes deben concordar en número y persona son el verbo y el sujeto y no el verbo y el objeto, es irregular la práctica muy frecuente de pluralizar el verbo haber en su forma impersonal, expresando erróneamente: a) “En la toma de posesión habrán muchos invitados…” b) “En Licey al Medio hubieron tres personas heridas de balas…” c) “En el hospital habían varios enfermos casi al borde de la muerte…” ¿A qué se deben estos yerros? Sencillamente, a que se ha confundido el sujeto (inexistente) con el objeto gramatical asumido o interpretado como sujeto. Y como en los ejemplos precitados, dicho objeto (objeto directo) aparece en plural (muchos invitados – tres personas – varios enfermos) el hablante, al percibirlo como sujeto, trata de forzar la concordancia en plural con el verbo que le antecede, originando así una falsa relación entre verbo y objeto. En virtud de esa confusión, no resulta extraño leer o escuchar oraciones irregularmente formuladas del tipo: a) “En el Palacio Nacional habían veinte periodistas esperando al Presidente…” b) “En la yola hubieron mujeres que lloraron como niños…” c) “En el fin de semana habrán muchas presentaciones artísticas…” En cada uno de los anteriores Revista de Arte y Literatura


incluido o se considere fuera de la acción expresada por el verbo, razón que lo impulsa a emplear la forma “ habemos”. Para su satisfacción, remediar la situación o enfatizar el carácter inclusivo del ‘hay’ impersonal, entonces se recomienda acompañar esta forma verbal de otras (estamos – somos, etc.) expresada en primera persona del plural. Así, en lugar de: “Habemos muchos dominicanos inconformes… y “Habemos muchos políticos serios…”, bien podría decirse: a) “Hay muchos dominicanos que estamos desesperados…” b) “Hay muchos políticos que somos serios…”

enunciados, pues, el verbo haber debió expresarse en tercera persona del singular. (Había/hubo/habrá) Habemos o la trampa de la no inclusión. La confusión objeto – sujeto también se pone de manifiesto cuando un objeto plural tiene carácter inclusivo, vale decir, cuando de una u otra forma el hablante queda dentro del mismo. Al no sentirse incluida o afectada por la acción verbal, la persona recurre a la personificación del verbo y a la modificación de la persona gramatical, y es entonces cuando surge la forma habemos en expresiones tales como: a) “Habemos muchos dominicanos desesperados por la actual crisis económica…” b) “Habemos muchos políticos serios…” Se trata, habemos, de un arcaísmo carente por completo de pertinencia sintáctica y morfológica, por cuanto si conjugamos el verbo haber en todos los modos, personas y tiempos, descubriremos que la forma habemos no aparece. Particularmente en presente del modo indicativo (primera persona del plural) sí aparece hemos, pero nunca Revista de Arte y Literatura

habemos. La Asociación de Academias de la Lengua Española, en su “Diccionario Panhispánico de dudas”, apunta al respecto lo siguiente: “La primera persona del plural del presente de indicativo es hemos, y no la arcaica habemos, cuyo uso en la formación de los tiempos compuestos es hoy un vulgarismo propio del habla popular. También es propio del habla popular el uso de habemos con el sentido de ‘somos y estamos’” (2004, pág.330) Y más adelante, en la misma página, el citado y muy consultado lexicón advierte lo siguiente: “No debe usarse la forma arcaica habemos para formar la primera persona del plural del presente perfecto o antepresente de indicativo, como a veces ocurre en el habla popular…” En su lugar se recomienda la forma impersonal “hay”. Merced a esta recomendación, lo correcto sería: a) “Hay muchos políticos serios…” b) “Hay muchos dominicanos desesperados por la actual crisis económica…” Es posible que en casos como los ejemplos antes trascritos, el hablante o emisor del mensaje no se sienta

Ello hay… Igualmente procederemos erróneamente al usar el verbo haber cuando a la forma impersonal “hay “le anteponemos la voz neutra “ello”, tanto al afirmar como al preguntar: _“¿Ello hay clases el lunes? _“Sí, ello hay…” Semejante “fósil lingüístico”, tan presente en el habla dominicana, nada aporta, nada amplía, nada aclara y nada añade al sentido de la expresado. Y su uso lo único que contribuye es a violar el principio de economía lingüística o ley del menor esfuerzo. Se trata de una de las tantas “expresiones chatarra” que utilizamos los hispanoparlantes. En resumen, el verbo haber tiene dos usos generales: funciona como auxiliar e impersonal. En el primer caso puede utilizarse tanto en plural como en singular: (había traído – habían traído), mientras que el segundo sólo se empleará en tercera persona del singular (había miles de personas - Habrá numerosas presentaciones artísticas…) En relación con la expresión: “habemos” y la construcción léxica “Ello hay”, conviene siempre recordar que en la actualidad una y otra se consideran verdaderos arcaísmos, razón por la cual sus usos, a todas luces, carecen de pertinencia lingüística.

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La élite del tile cerámico Por Arlyn Abreu

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os artistas ceramistas y el público en general tuvieron un escenario tanto para exponer como para apreciar lo mejor del tile cerámico y es “elit-tile IV Trienal Internacional del Tile Cerámico”. La trienal es un evento único que promueve la fabricación, la utilización, la investigación y el fomento del tile (azulejo) como pieza artística de colección. 357 artistas provenientes de 91 países, de diez regiones del mundo se dieron cita en la muestra que fue dedicada a la pintora dominicana Ada Balcácer. La obra Metamorphose de la artista alemana Maria Luise Bodirsky obtuvo la mayor cantidad de votos por parte del público, siendo reconocida en esta Trienal. Esta cuarta versión ofreció un programa diverso que incluyó talleres, conferencias, paneles, tertulias, vistas temáticas y educativas dirigidas a distintos públicos. La exposición propició un encuentro que abrió un espacio de debate sobre la importancia del milenario tile como manifestación identataria. La conceptualización museográfica de la exhibición se sustentó en el

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discurso de los artistas de acuerdo a su región cultural. Tile o baldosa, loseta o azulejo es la conjugación de la creatividad y la plasmación de identidades culturales, convirtiéndose así en una obra de arte con valor arquitectónico que transforma espacios. El ser humano siempre ha buscado maneras de comunicarse, de dejar sustentada sus creencias, sus pensamientos y todo su universo conceptual; el arte le ha servido para crear estilos de vida únicos con formas particulares de interpretaciones de la realidad, siendo el tile una expresión social que ha permitido el enriquecimiento creativo e intelectual de los alfareros, así como un documento identificativo que refleja la idiosincrasia de los pueblos. El tile donde la tierra y el fuego se fusionan para crear un medio expresivo capaz de crear belleza, se convierte de esta manera en una pieza artística de colección que representa el universo de sus creadores. “elit-tile 2010. IV Trienal Internacional del Tile Cerámico” es lo mejor del tile, por eso “elit”. Dicha Trienal es

un campo abierto de posibilidades creativas que emociona y crea lazos comunicativos entre los diversos países. La IV Trienal Internacional del Tile Cerámico fue realizada por el Centro León en coordinación con la Fundación Igneri/Arte y Arqueología, cuyo presidente Thimo Pimentel fue el gestor de la actividad, que también contó con la colaboración del Banco Nacional de la Vivienda y la Producción, la empresa CerArte y la compañía Edificaciones & Carreteras. Revista de Arte y Literatura


Festival de salsa de St. Clair:aire! Por Puro Tejada M.

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El autor es escritor dominicano residente en Toronto.

a ciudad de Toronto es, de las ciudades de Cánada, la más multicultural en discurso y palabra. Como confluyen en ella tantas razas y nacionalidades diferentes, los responsables de la ciudad deben velar porque cada quien tenga su espacio para expresarse con orden y libertad en las calles. El Festival de Salsa de St. Clair es uno de esos espacios vitales para la cultura latina. He tenido la oportunidad de asistir a su sexta edición y aunque tiene como punto de partida la salsa, no dejaron de estar presentes el son, la bachata, el merengue, la samba, a través de interpretes, instructores de baile y música ambiental. La gastronomía estuvo bien aspectada: Ecuador, Perú, Colombia entre otros pusieron sus sazones sin dejar de lado las famosas cocinas griega y española. No bien llegaban a Christie los latinos, que en esta ciudad suelen ser callados y

cuidadosos, recuperaban su idioma y estallaban en sonrisas de alegría. Allí la cosa era al revés: los blancos, los chinos y los musulmanes nos venían a ver, a aprender de nuestra cultura, algunos incluso a aprender a bailar nuestros ritmos. Recuerdo con especial distinción

a los Gypsy, El Trío los Inolvidables, Samba Squad y los cubanos (de Oriente) ‘Que no se pierda la esencia”. Me conmovió particularmente el ver a los jóvenes (algunos nacidos aquí o desde muy pequeños) ponerse la bandera de su país de origen: sus corazones, aunque tienen la mitad roja y blanca, en la otra tienen los colores de la enseña de sus antecesores. El orgullo por el contraste saltaba a la vista. Felicito al Salsa Festival Group y sus patrocinadores por entregarnos un espacio para tomar aire, para dejarnos hablar, dejarnos ser como cualquier comunidad de las que habitan Ontario. Imagino que en otras ciudades tendrán su propia versión, pero les he hablado de lo visto. Al volver al TTC tenía cerca tres cubanos y dos españolas. Aunque íbamos en el silencio habitual ya no era lo mismo. El fuego de dentro estaba encendido.

Joaquín Sabina Del álbum “Física y quimica” (1992) Puedo ponerme cursi y decir que tus labios me saben igual que los labios que beso en mis sueños. Puedo ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemigo, tu todo, tu esclavo, tu fiebre, tu dueño. Y si quieres también puedo ser tu estación y tu tren, tu mal y tu bien, tu pan y tu vino, tu pecado, tu Dios, tu asesino... O tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea. Revista de Arte y Literatura

Puedo ponerme humilde y decir que no soy el mejor que me falta valor para atarte a mi cama. Puedo ponerme digno y decir “toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos, de un rato me llamas” Y si quieres también puedo ser tu trapecio y tu red, tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío, tu resaca, tu lunes, tu hastío... O tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda en mitad de la calle y desnuda Y si quieres también, puedo ser

tu abogado y tu juez tu miedo y tu fe, tu noche y tu día tu rencor, tu porqué, tu agonía O tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea. O tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda en mitad de la calle y desnuda. O tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar...

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Por Fior D’aliza Taveras DOMÍNICO AMERICANO PRESENTA EXPOSICION REMINESCENCIA

CUBA EN IMÁGENES SE INAUGURA EN CASA DE ARTE, SANTIAGO El director ejecutivo de la entidad, Rafael Almánzar, valoró la muestra fotográfica del periodista cibaeño. El reconocido gremialista y periodista liceyano, Félix Jacinto Bretón, presentó su primera exposición fotográfica ‘’Cuba en Imágenes’, la cual recoge 70 obras de los tantos viajes realizados por él a la isla caribeña. La muestra se inauguró en el patio mágico de la entidad cultural Casa de Arte. “Es un interesante paseo visual que nos permitirá conocer más de la realidad de esa vecina nación caribeña, con la que siempre nos han unido vínculos estrechos”, explicó el comunicador, quien es director del periódico impreso y digital “El Observador” de Santiago. El dominicano agregó que la muestra busca que el público valorase a través de las fotografías “el romanticismo y la concepción de lo bello” de Cuba. “Nuestro propósito consiste en concienciar a los dominicanos para que tengan un mejor acercamiento y comprensión sobre la realidad de Cuba que tanta pasión despierta”, señaló bretón en la inauguración. La muestra incluye fotografías de rostros, mercados, obras arquitectónicas y vehículos antiguos en la capital del país y en las ciudades de Santiago, Sancti Spíritus, Holguín, Santa Clara, Cienfuegos, Pinar del Río, Guantánamo, entre otros lugares. El periodista anunció que las fotografías serán exhibidas en la provincia de Montecristi (noroeste dominicano), escenario de la firma de una alianza para la guerra de independencia de Cuba en 1895 entre José Martí, delegado del Partido Revolucionario Cubano, y el militar dominicano Máximo Gómez. 34

El autor es un artista costumbrista cuyas obras tipo murales se encuentran en el casco urbano de la ciudad. El artista plástico santiaguense Víctor Jiménez, presentó su primera exposición individual de pintura “Reminescencia” en el Centro Cultural Domínico Americano de esta ciudad. Las palabras de Cruz Alba Cordero en la apertura, destacaron el trabajo pictórico del artista donde plasma la realidad del país y evoca una época determinada, en tanto el director del centro anfitrión, Donald Mclean, valoró la exposición de pintura en distintos formatos en estilo costumbrista. El discurso de bienvenida fue pronunciado por el señor Donald McLean, director del Domínico Americano, quien valoró en su justa dimensión la importante individual. Al dirigirse al público que lo acompañó, el artista plástico Víctor Jiménez agradeció el apoyo recibido para la presentación de su primera Individual. Jiménez, es conocido como muralista, sus trabajos se aprecian en la ciudad de Santiago en el casco urbano, donde evidencia su gran dominio el color, la sombra y la técnica de la pintura criolla.//

literatura criolla que es la policíaca, una trama de misterios, suspenso e intrigas detectivescas que logran atrapar al lector. El escritor valoró la aceptación de la obra que se dio a conocer en la pasada Feria del Libro en su primera versión y por la gran aceptación que ha tenido, se atrevió a decir que Primavera

Roja, se convertirá en un best seller. El presidente de la sociedad cultural Alianza Cibaeña, Jhonny Guerrero, pronunció las palabras de bienvenida y mostró su regocijo por la presencia de uno de los artistas más completos del país y de mayor carisma. De su lado, el romántico artista e intérprete de “Señora Tristeza”, agradeció la presencia del público y la receptividad de la centenaria institución Alianza Cibaeña, por acogerlo para presentar en Santiago, su libro y disco, al tiempo de destacar la cantidad de amigos y fans que tiene en la Ciudad Corazón. Un momento emotivo para el cantante, fue la interpretación a violín y piano de las canciones ‘’Si entendieras’’ y ‘’Yo te amo’’, las cuales fueron interpretadas por las jóvenes Karina Guerrero y Ana Patricia Álvarez. Su destreza en los instrumentos el propio Anthony Ríos la calificó de excelente.

ANTHONY RIOS PRESENTA SU LIBRO Y DISCO EN ALIANZA CIBAEÑA El cantautor Anthony Ríos, presentó en la sociedad cultural Alianza Cibaeña, la segunda edición de su noveleta “Primavera Roja” y su más reciente producción discográfica titulada “Las que quise…las que quiero”, en un concurrido acto de seguidores del laureado artista y miembros de la prensa. La presentación del libro estuvo a cargo del destacado escritor Manuel Mora Serrano, quien realizó el prólogo de la obra y donde resalta que en él se aborda un género poco común en la

La mesa de honor estuvo integrada por Isael Pérez, de la editora Santuario; el escritor y prologista Manuel Mora Serrano, el autor Anthony Ríos; el presidente de la Alianza Cibaeña, Jhonny Guerrero y la escritora Sandra Tavarez, quien leyó la hoja de vida del artista. Al final los presentes disfrutaron de la voz del cantautor, quien interpretó ‘’Querube‘’ y ‘’Sin sangre en las venas’’, las cuales fueron

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ovacionadas por el público.// UAPA PONE A CIRCULAR LIBRO SOBRE TEORIA DE LAS

sentido didáctico, para facilitar el autoaprendizaje de los estudiantes de la carrera de Derecho y todo aquel que desee profundizar los aspectos relevantes a los contratos civiles y comerciales, expuso el director de Publicaciones, magíster Arismendy Rodríguez. La directora de la Escuela de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad, licenciada Martha Toribio, presentó la obra, la cual calificó de un gran manual para expertos y novatos y que cada capítulo es tratado en un lenguaje sencillo de fácil asimilación para el lector, al tiempo de resaltar el aporte de compensar todas las teorías de las obligaciones en un solo libro.

OBLIGACIONES Pedro Pablo Hernández es también autor de la obra el Cumplimiento de las Obligaciones “Teoría de las Obligaciones: el contrato y los cuasicontratos, es la más reciente obra del destacado abogado Pedro Pablo Hernández, el cual puso en circulación en un acto organizado por el Departamento de Publicaciones y la Escuela de Ciencias Jurídicas de la Universidad Abierta para Adultos (UAPA). La misión del autor fue elaborar un libro con

El directivo Arismendy Rodríguez fue quien leyó la hoja de vida del escritor y se refirió a las demás publicaciones como: Responsabilidad Civil de los Profesionales de la Salud, Fundamentos de Penología y otras que han contribuido con la mejora del ejercicio jurídico. Después de la presentación del libro, Pedro Pablo Hernández disertó con la conferencia “El cumplimiento de las Obligaciones”, donde demostró su amplia capacidad en el tema.//

PINTORES DE SANTIAGO EXPONEN COLECTIVA CONTEMPORÁNEA El Viceministerio de Cultura organizó la muestra donde intervienen maestros y jóvenes artistas Un grupo de veteranos artistas eligió la Sala que honra la memoria del pintor Federico Izquierdo en el Palacio Consistorial, para presentar su exposición colectiva Pintores Contemporáneos de Santiago. Los expositores son Ney Cruz, Juan Gutiérrez, Ubaldo Domínguez, Nicolás Casado, German Salcedo, Víctor Jiménez, Thelma Leonor Espinal, Nelson Batista, Víctor Tavarez, Luis Muñoz y Eusebio Vidal. La muestra que permanecerá abierta al público por varios días en la referida sala, es una iniciativa del viceministro de cultura para la región Norte, Enegildo Peña, quien resaltó la calidad de las obras y la trascendencia de los expositores dentro de la plástica dominicana en especial la cibaeña. Pintores Contemporáneas de Santiago, recoge los mas diversos estilos de los artistas participantes y los estilos que predominan en la plástica de la Ciudad Corazón.

Mal Fini, La nueva obra de Soto Jiménez

Santiago.- Con una gran asistencia a la centenaria sociedad cultural Alianza Cibaeña, el exjefe de las Fuerzas Armadas, José Miguel Soto Jiménez, puso en circulación en esta ciudad, su mas reciente propuesta histórica ‘’Malfiní’, la cual recoge acontecimientos del magnicidio del sátrapa Rafael Leonidas Trujillo. La obra de 700 páginas que aborda el estudio forense sobre los interrogativos a Salvador Estrella Shadalá, Antonio de la Maza, Manuel Cáceres, Huascar Tejada, Roberto Pastoriza, Pedro Livio Cedeño , Modesto Díaz y Antonio Revista de Arte y Literatura

Imbert Barreras, los ajusticiadores del dictador Trujillo Molina y reconocidos como los Héroes del 30 de Mayo. El presidente de la entidad cultural, doctor Jhonny Guerrero se expresó con palabras de exaltación para el connotado escritor e historiador que se ha caracterizado por abordar el tema de Trujillo en varias de sus obras, las cuales representan un gran aporte al conocimiento de la presente, y las futuras generaciones. En palabras del autor esta nueva obra -que no se refiere a la dictadura- la segunda que pone a circular en este año, tiene un gran valor por tratar el estudio forense del magnicidio, que es donde nace el relato y la construcción de los hechos . El título que da nombre al libro, ‘’Mal Finí’’ o Mal final, es una expresión en creol, cuyo significado es Guaraguao y esa palabra se le atribuye al ajusticiador Antonio De la Maza, quien al depositar el cadáver del Jefe, en el baúl del carro se limitó a decir: ‘ este guaraguao no comerá más pollos’’, expresó durante su comparencia en la actividad. El también presidente del Movimiento la

V República, expresó que la conspiración del 30 del mayo fue una convergencia de varios grupos dirigido por De la Maza, Díaz y Estrella Sahdala, así como un segmento de la oligarquía enemistada con el dictador Trujillo. En su exposición valoró a los ajusticiadores a quienes no hubo que torturar para que confesaran la verdad, porque su valor, dignidad e hidalguía estuvo presente al momento de hablar. La conducción del acto estuvo a cargo del destacado gestor cultural y comunicador Ramón Cabral de la Torre.//

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