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L O DE HOY :

P A ’ LA SANDUNGA , JALA LA ALDABA

M ESTIZA

Dra. Martha y la Srita. Juana ( Pérfida )

Clavicordio con trompa de elefante (Roberto Manhke )

E DICIÓN S EMANAL 006

26.02.13

Aeternitas (Segundo Round) (El Arlequín)

Magia (Eicca)

D RA . M ARTHA Y LA S RITA . J UANA

Co-habitación confesa ( Muro)

Me llamo Martha y soy holandesa. Solía trabajar en un hospital para niños con heterocromía y a la cipridofobia. Absurdo, lo sé, pero ahora vengo huyendo de mi país porque encubro a un monstruo que es perseguido por toda Europa. Como cualquier prófuga inteligente decidí esconderme aquí. Él no es malo. Ni yo lo soy. -Seguramente fue un malentendido- me decía al momento de abrazarme fuertemente. No podía verlo a la cara, y no por su horrible apariencia, misma que ya ni recordaba cómo era. Además, uno no es nadie para juzgar entre lo espantosamente feo y lo considerablemente hermoso. Seguramente era el monstruo más hermoso que el universo pudo haber parido. No me importa si es él, o ella, no me importa, me repito al saberlo mío. Es precioso y es mío. Me da fuerza y me empuja al caminar, y cuando dormimos me susurra encantos en el oído que parece fuente de sanación, pero nada tan bueno como el sexo oral que me da… Lástima que ya olvidé cómo es y no me atrevo a mirarla de nuevo. ¡Claro que no! No por ser diferente es asexuado. Tiene el sexo que nadie tiene, el sexo que cualquiera quisiera tener dentro dé -fuera dé, sobre dé, en lugar dé- el suyo. No era grande, ni pequeño, o estrecha, ni siquiera de esas que parecen boconas, no, era adimensional, tal vez ni existía. Ahora me doy cuenta de que no sé nada de ese asqueroso monstruo. Ni la religión que profesa, si es que creía en algo, porque estoy casi segura de que alguien con su aspecto no debería tener creencias teológicas. De repente, sacó una pluma y yo hacía como que no miraba. La dichosa pluma era tan horrible como él, y desencadenó una serie de interpretaciones prejuiciosas en su contra. Si escribe como su pluma, y si habla como su escritura, y piensa como habla, y vive como piensa… Estoy atrapada en un capricho amoroso que se extiende traspasando las fronteras de la razón. Lo juzgué por la pluma que usaba, y


con ello me juzgué a mí. Ya quiero aterrizar, no soporto más estar cerca de la inmundicia que me acompaña. No entiendo por qué acepté ayudarlo, no necesita mi ayuda. Yo no necesito la suya tampoco. Quisiera emancipar la fracción de mí que me domina y no me deja ser quien quiero ser. Y más ahora, que me veo al espejo, ahora que descubro que el monstruo soy yo. Soy yo difuminándome en un espejo de vanidad. Por fortuna llegamos al aeropuerto, la aeromoza nos indicó la salida, y pude volverla a olvidar.

E L CLAVICORDIO CON TROMPA DE ELEFANTE

No muy seguido pasa que despiertas por la mañana - con fortuna, en tu cama - y te encuentras justo debajo de la chimenea un regalo más bien exquisito: un clavicordio con trompa de elefante. No se en qué momento fue que el repartidor tuvo la habilidad suficiente para meter semejante chuchería por la ventana, mucho menos por la chimenea!. El aparato suena bastante bien - aunque cuenta unos chistes muy malos - . No se me hizo cortés preguntarle la razón de su trompa. Desde que un extraño me obsequió aquella cebolla con dentadura postiza he tenido la precaución de no preguntar. Probablemente no quiso conformarse con ser un paquidermo trompetista. A mi perro Cirilo le cae muy bien, se han hecho buenos amigos. Todas las noches antes de dormir les lanzo la pelota en el parque durante unos veinte minutos. Cirilo es más rápido, pero el clavicordio tiene trompa, lo que le


da la ventaja. Lo malo es que comienza a oler mal y no me ha dejado bañarlo. * Nota mental: Devolverle la chimenea al mensajero, probablemente la dejó por accidente.

A ETERNITAS (S EGUNDO R OUND ) Descenso, ese era la perfecta reducción de mi existencia ahora trascendente; mientras caía – por cierto que era la caída más apacible que llegué a experimentar jamás – veía como el tiempo se detenía, los segundos se transformaban en vidas enteras. Corría detrás de una silueta ilegible, era pequeña, demasiado pequeña para ser exactos, me acerqué lo más que pude, mientras más corría más se alejaba, y sentí como mis pies comenzaban a desintegrarse, luego vinieron las rodillas, enseguida las piernas, el vientre se disolvió casi tan pronto como mi pecho; la observé a la distancia, la luz la envolvía, al final cuando estaba a punto de desvanecerme por completo, ella volteó, me miró tiernamente, y su sonrisa, tan encantadora – me sorprende que aún tenga noción de palabras como ésta – me decía algo incapaz de descifrar, era como si me hablara en un lenguaje extraño y ajeno a mi ser, el lenguaje de los vivos. De regreso a la realidad y ante lo que parecía ser un eterno declive, me iba dando cuenta que la muerte no era lo que me habían dicho, la isla del hedonismo, una sociedad sin dolor, sin pena, la cumbre del orgasmo, el éxtasis eterno; bendita ignorancia, ahora lo asumo, el sufrimiento trasciende a la muerte, desde la más modesta aflicción como el sentimentalismo de la poesía, hasta el más absurdo dolor como caer cinco metros sobre un estropeado cuerpo; me sentía tan patético, como un insecto pisoteado que manifiesta sus últimos espasmos, y me pregunté: “¿dónde estaba dios?, ¿dónde quedaba el cielo?, ¿dónde estaba la vida eterna que me han prometido?”, porque esto no lo era, si lo era, exijo que me regresen a la vida, a la


vida donde sufrí, donde lloré, donde me lastimaron y lastimé, a la vida donde mi alma no se alejaba de mi ser, a la vida donde poseía un cuerpo atractivo, a la vida en la que amé y fui amado. Tendido sobre el suelo y desgarrado tras la caída, mi ser consciente, mi ser inmóvil, el yo que con tantas fuerzas mantuve oculto se elevó sobre el saco de carne desplomado en el terreno, me tomó de la mano y me mostró una verdad – cuyo contenido ya lo sabía, pero nunca pude aceptar – que jamás quise morir, que temía a la incertidumbre, que era un cobarde que se mantenía inmóvil, incluso después de la muerte fui tan cobarde para fluir, para navegar con ella, me arropé del odio y negué mi propia muerte. Dicho esto, ella brotó de mi pecho, me miró, la miré, saltó de mí y corrió, se alejó entre los árboles, y yo la seguí, sentí como poco a poco iba recuperando mis fuerzas, me regeneraba con cada paso que daba, era como si quisiera que yo la siguiera. Cuando al fin la alcancé, la tomé entre mis rejuvenecidas manos, ella me sonrió y volvió a mí. Me encontraba en un páramo desolado y por primera vez en mucho tiempo, sentí la soledad, me sentí desarropado en un mundo donde no había lugar para mí; ante mi desnudez y mi soledad, no había nada que impidiera que mi alma brotara nuevamente y saliera huyendo dejándome completamente solo con mi miedo en un mundo del que ya no formo parte. No podía permitir tal atrocidad, desgarré mi carne, me abrí el pecho con mis manos, y mientras me adentraba a mis entrañas el miedo me iba consumiendo, pero cuando la vi, tan tranquila, perdida en un profundo sueño - ¿qué es lo que sueña el alma? – sentí como la calma me revitalizaba; la tristeza se apoderó de mí y lloré…


M AGIA No sabré mucho de música pero sé que lo que tú estás haciendo no sólo es música…es magia. El dulce sonido que escapa del piano cada que acaricias sus teclas es tan reconfortante que la original causa que me ha traído hasta ti ha perdido significado. Haces lo que nadie logra hacer con el silencio, haces que mi rostro muestre una sonrisa tan liviana que no causa pesar el mostrarla. Son escasos los minutos que te entretienes tocando, las notas bailan alrededor tuyo y creo ser capaz de seguir su calmada danza, no conozco sus nombres y sin duda fallaría al nombrarlas, pero siento que puedo diferenciar la esencia de cada una y que mi alma puede llamarlas. El suave batir de cada nota en el aire crea la efímera ilusión de una explosión de colores suspendida en la nada; las más graves crean colores vivos y fuertes, las que se visten de suavidad originan colores claros y dulces que se mezclan entre si. La obra terminada es una pintura que no se puede describir con palabras. El tiempo no pasa ya por la regencia de los minutos y horas, ahora transcurre entre compases y tiempos que dan un sentido nuevo al momento que están creando. La dulzura del ambiente que has creado toca cada fibra de mi ser, remueve las impurezas que he venido cargando y me llena de la calma que tu interpretación transmite. Mis ojos se cierran, pero no es como si ya no pudiera ver nada, ahora puedo “ver” con mayor intensidad la hermosa obra que tu magia crea para mí. Los símbolos que vi en tus partituras antes de escucharlas brincan en frente mío y uno nuevo sale del piano cada que una tecla es tocada, a veces sale más de uno; tengo el presentimiento que sigo sin saber nada sobre música y que este nuevo mundo que vine a descubrir hoy es más hermoso de lo que pensaba. Me entretengo “viendo” cómo esas pequeñas figurillas bailan, cómo se entretienen paseándose por tu cabello y cómo algunas de ellas se enredan en tus mechones mas largos, suelto una risilla al verlas batallar por recobrar su libertad. Me hecho hacia atrás al verlas venir hacia mí, la melodía se ha vuelto un poco juguetona sin dejar la ternura de lado; las veo venir traviesas a mi encuen-


tro, mi risa las ha llamado, me hacen cosquillas al chocar contra mi nariz y me causa tristeza el verlas deshacerse entre mis manos, buscan sacarme otra risilla y cuando una especialmente vivaz choca contra mi mejilla logran su cometido…ahora mi risa se transforma en notas, son de las de color claro y dulce, las veo partir hacia la pintura que sigue formándose, las veo fusionarse al lado de unas de color mas cálido… La música para en ese momento y el final del compás se lleva consigo la indescriptible obra que se formó sobre el viento. Mis ojos se vuelven a abrir a tiempo para verte sonreír…los colores cálidos provenían de ti. – ¿Cómo se llamó esa pieza? – te pregunto después de un breve silencio. – No tiene nombre, no le he podido poner ninguno – respondes con la sonrisa adornando tu cara. Sonrío, me parece bien que no tenga uno, finalmente es imposible poder nombrarla, la música que tú haces no es sólo música, es magia, y la magia esta bien sin nombres para llamarla.

C O - HABITACIÓN CONFESA Me introduje en él: espacioso, pletórico, barroco. Ahí se encontraban casi todos los objetos que, según yo, me representaban algo y creía que tenían una función estética. Siempre fui propenso a coleccionar, esta delectación me viene desde la infancia cuando mi mente volaba a mil por minuto a partir de todas esas imágenes plasmadas en mis libros de texto gratuito de la primaria; mi imaginación se extasiaba creando colecciones y generando disímiles museos domésticos en los cuales desfilaban los más variopintos objetos: caballitos, máscaras, chacos romanos, pistolitas de madera, arcos con sus respectivas fechas, carritos, muñequitas de cartón, tortugas de piedra, canicas, trompos, yoyos y un sinfín de objetos colgados en aquella imagen de mi libro de primer año que representaba los puestos de “todos santos”. Ese enraizamiento genético de mi subjetividad se hunde y se ha tejido con la imaginería del juguete, sin saber absolutamente nada de los procesos lógico-matemáticos clasificatorios en cuyo caso se juntan cosas que guardan un aspecto común.


Objetos manufacturados por los sueños y la capacidad creativa de nuestros artesanos: todos susceptibles de un aprecio especial con una dotación intrínseca de identidad cultural de los “pobres” que nos enriquecen generosamente y dan de comer a nuestro espíritu, sustentando nuestra alma. Artesanía que abría la puerta a otras apreciaciones: las formas caprichosas de las piedras, las cortezas de los árboles, las texturas de la tierra, los tonos verdes de las hojas o los ocres de algunas de ellas secas. Las deshilachadas nubes de una aurora dando un brillo especial a sus contornos perfilados de oro. Espacios de fuertes atribuciones estéticas a toda objetivación; lugares de solaz, extensiones tridimensionales inaugurando la dimensión creativa de la multiplicación de las longitudes imaginarias. Espacio como contenedor de todos los objetos y simultáneamente continente subjetivo y multiplicador de diversos contenidos: espacio afuera y adentro: continuidad sin corte, sin rupturas ni fracciones, en suma: un impulso vital bersoniano. Espacio cuyas habitaciones invitan a colocar todos los objetos en un orden caótico perpetuando la estética de sí y por sí mismos; belleza carente de un fin pragmático o funcional. Espacio que habito y me habita. En él me acuesto para contemplarlo y él me mira desde el ángulo inverso de una deliciosa atención simbólica, radicando su origen en una relación recíproca, en un vínculo continuo de la cohabitación: una relación de maridaje cuyo fruto es el gozoso recuerdo de mi infancia que en su seno temporal se fraguaron las fuerzas vitales del coleccionismo.


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Mestiza #6  

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