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L O DE HOY :

P A ’ LA SANDUNGA , JALA LA ALDABA

M ESTIZA

(Muro) 

Autorretrato de un Descreído (El Gordo Farrugia)

E DICIÓN S EMANAL 004

Propensión a la recursividad

12.02.13

El instante (los caprichos del azar) (El arlequín)

P ROPENSIÓN A LA RECUSIVIDAD

Horóscopos semanales (Neville Longbottom )

Llegando a la terminal (Pérfida)

Envolvente, diría que casi como una espiral torcida, medito sobre mis cavilaciones, es decir: medito que medito. Y no contento con ello, me lanzo a plasmarlas en palabras que les den cobijo, permitiéndoles vivir un poco más de tiempo; quizá matándoles su carácter vital, aunque garantizándoles un cierto endurecimiento capaz de darles permanencia: otorgándoles memoria. Al escribir sobre el escribir, es decir, al tejer hilos de ideas producto de mi meditación volcadas en letras –no simples grafías-, reparo y me pregunto ¿para qué manchar el impoluto espacio blanco delimitado por márgenes convencionales? ¿Para qué consumir del preciado tiempo del posible lector con sandeces recursivas? Me defiendo ante este pugilato mental argumentando que transito en cuestiones de segundo orden, en elaboraciones metacognitivas, en metapuntos de vista desde las cuales es dable pensarse a sí mismo desde sí mismo; verse cómo se ve, o simplemente comprender un poquito más al entendimiento, aprendiendo a aprenderse desde sí y para sí. Dos muestras bastan para sentirme acompañado: el grafógrafo de S. Elizondo y las manos que se dibujan a sí mismas de M. C. Escher, ¿querían más? Pues me vienen a la cabeza por el momento dos emblemáticos pensadores: E. Morin y Foester. Pienso algo muy pensado sobre las estructuras fractálicas, evidentes en un sin número de cactus o en las figuras de muchas plantas: sólo hay que ver cómo las vemos. Si inadvertimos nuestra propia ceguera tendremos una ceguera de segun-


do orden, pasando por alto sus estructuras: veremos cactus, y nada más, veremos plantas pero jamás repararemos sobre sus perfiles según la reproducción en abismo de sus estructuras ordenadas acordes con el principio hologramático del todo contenido ya en las partes y viceversa. Aunque ahora ya no escribo sobre mi escritura, no por ello dejo de pensar qué escribo y cómo serán leídas estas palabras bifurcadas según el impulso vital que cada palabra conlleva y que probablemente genere una actualización de parte de un “lector histórico”, es decir: un lector que suplica al que escribe que escriba para otros porque no se escribe sólo para sí sino para los demás. [Si eres un lector que se toma en serio leer, a pesar de las múltiples lecturas “pendientes” –sea por encargo o por alguna otra razón inconfesadaquizá este escrito te distraerá o hará que dejes de leer otras cosas; probablemente tal postergación se vea impulsada por un abandono momentáneo o por una búsqueda de alguna ganancia lúdica]. Leo lo que antes he escrito, veo lo que antes he visto y medito en lo antes meditado y no puedo evitar pensar en lo pensado en lo acumulado en la memoria. Rememoro y al mismo tiempo pienso: pienso en lo guardado y me veo en mis propios pensamientos que para el caso no se quedan en simples archivos privados sino que son, a razón de estas grafías: algo público. Públicas, porque son razón de un acto intersubjetivo, revelándose en incesantes vuelcos recurrentes, en vueltas cíclicas, en ruedas que inician y terminan en el mismo punto: semejante al acto que quizá hará que releas; llevándose a cabo por la simple propensión a la recurrencia en concordancia con cierta generosidad que le atribuya “algo interesante” a este esbozo de intrincados conceptos, o a su contraria: porque te perezca ilegible y resulte imperativo volver a leer. De cualquier manera nos reencontraremos en alguna parte precisa de esta espiral aparente de sandeces poco ecológicas (que sólo manchan de negro los surcos del papel en blanco), o por su contraria, que vierten de interesantes recurrencias -que no ocurrencias- los canales de una posible intercomunicación humana. La bola está de tu lado… regrésala objetivando lo recursivo en la virtualidad del diálogo posible entre lo escrito y lo leído.


A UTORRETRATO DE UN D ESCREÍDO Sufro yo a tu costa, Dios no existente, pues si Tú existieras, existiría yo también de veras. -M. de Unamuno-

Todo el sueño se ha derrumbado. Así mismo, cada casa, cada puente y cada faro han caído; aplastados todos, desahuciados todos, a obscuras nos vemos. Y veo cómo arden las calles y arde el tiempo; son las ansias de apagarse, de consumirse, de apagarse, de destruirse, de apagarse, de encontrarse, de apagarse y de arder. Ahora duele más sentir el aire que el fuego. Cada paso está atravesado por un momento. Es por eso que a veces me quedo horas detenido sobre la grava. Observo todo y me tiro; hago los intentos necesarios por huir de ahí pero el esfuerzo no es consciente del dolor; vuelvo a observar todo y golpeo mi rostro, ya no para despertar sino para seguir durmiendo; pero no hay cama ni noche, todo aquí es cierto. Junto todas las palabras de asco que se formulan cual sustancia viscosa y transparente en mi boca, las mantengo flotando en mi lengua, repitiéndolas una y otra vez; escupo y me mantengo. Camino. Cada paso está atravesado por un momento que ya fue. Han sido horas las que he caminado por las ruinas de esta ciudad cuando siento que he visto todo, pero lo que sigue es nuevo. Me he cruzado con el único resto que parece intacto. Es una pequeña casucha de paredes blancas y un techo verde a dos aguas. Los colores son vivos e intensos, tanto como el rojo que incendia su alrededor, pero que no la toca a ella. El contraste entre lo inmaculado de las paredes y mi piel carbonizada me hace darme cuenta de lo mucho que he cambiado en estos últimos pasos. Ahora soy un ser irreconocible, un pedazo de carne, huesos y carbón, un ente que ha decidido consumirse y fundirse en sus propias cenizas. Abro la gran puerta de madera y encuentro una vista que nada tiene que ver con la fachada impecable que me ha engañado. Por dentro no hay más que montones de piedra destruida y basura de todo tipo. A diferencia del color intacto de las paredes afuera, del otro lado, resultaría imposible distinguir la verdadera tonalidad que alguna vez tuvieron los ladrillos. Una peste, de la cual aún no consigo rastrear su origen, se ha impregnado en todos mis cabellos. En ese momento otro gargajo de palabras se junta en mi garganta y debo hincarme a vomitar cada una de ellas, tan sólo que esta vez la sustancia viscosa y transparente


está llena de odio y tarda más que unas cuantas horas en poder ser expulsada. Es entonces cuando lo veo. Algo como una esfera negra alcanza a asomarse entre las rocas; es la cabeza de un hombre enterrado entre los escombros. Poco a poco voy retirando cada piedra hasta dejarlo libre −y muerto− contra el piso. Aquella peste proviene de lo putrefacto de su cuerpo, por lo que resulta una verdadera labor el intento por reconocerlo. Toco lentamente cada parte de su rostro, descubro los pequeños lunares que aún es posible rescatar, el tamaño de sus ojos, el trozo de nariz que aún le queda... Me toma varios minutos poder distinguirlo hasta que miro su muslo izquierdo descubierto y la cicatriz que le atraviesa, la misma que atraviesa mi muslo izquierdo. Lo tomo entre mis brazos y lloro. Lloro porque estoy muerto y nadie se ha salvado. Lloro porque me extrañaré el resto de eso que me quede como vida. Lloro porque temo no poder salir de esa casucha nunca más. Lloro por todas las razones que encuentro −porque estoy solo, porque estoy podrido, porque me he acabado…−. Lloro. *** Y mientras todo esto ocurre desde mis adentros, logro escuchar la multitud al unísono pidiendo por su salvación. Me levanto en medio de sus rezos y me alejo.

E L INSTANTE ( LOS CAPRICHOS DEL AZAR ) Uno es el hombre, reservado, callado, melancólico; creado a semejanza de dios, hundido lentamente en las arenas del tiempo y por lo tanto destinado al olvido. Otra es la mujer bella, delicada, viva; concebida del costado del hombre; dolorosa y enigmática, floreciente en las cenizas, vibrante e inolvidable. Los dos contemplan un paisaje ya olvidado, ninguno habla. El hombre mira al cielo en movimiento, la mujer al agua en calma, el hombre cierra los ojos, la mujer los abre. El silencio interminable, sólo el susurro del viento, pero el viento ya no tiene nada que decir, ya lo ha dicho todo, y una vez dicho todo, se hace el silencio que emana de las palabras ya dichas, el silencio que resuena en el olvido. En las hojas marchitas las palabras sucumben.


El hombre voltea la mirada, observa a la mujer, pero ella atenta, como una estatua fría y sólida no responde. El hombre vuelve a clavar su mirada en el horizonte que perece lentamente. La mujer lo mira, callado y apagado; como el sol extraviado en las tinieblas de la noche, su mirada permanece fija en el olvido, en un pasado que agoniza tan deprisa. Es un instante, el sol aún brilla, el silencio es el rey de esta tierra y sus súbditos son el viento, las hojas y el agua, sus esclavos el hombre y la mujer que permanecen callados sobre ese puente de un recuerdo embarullado. Los dos se miran, se pierden en la mirada del otro, se buscan, se encuentran y se vuelven a perder, cansados de perderse se toman de la mano, se sonríen mutuamente, es sólo un instante. Un instante tan fugaz como un parpadeo, como el contacto del primer beso; los dos se sueltan, se liberan de las ataduras de un pasado ya muerto. Ambos dan media vuelta, el hombre a la izquierda, la mujer a la derecha y se marchan, se alejan del instante, perdiéndose en la inmensidad de los recuerdos.


Aries Las vacaciones han dejado en ti ese amargo sentimiento de ser solamente un espectro. Tienes razón: eres un espectro. Intenta aprovechar las ventajas de ese suceso. Recuerda que la Vida nos presenta complicaciones solo a condición de saber que podemos tomar partido de ellas. Haz todas las cosas que hasta ahora te prohibiste: reza. (Sí, la Vida es igual de mezquina que tú). Tauro Es probable que hoy sea uno de esos días en los que se suele cruzar un perro enfermo de tuberculosis justo frente a ti. Ámalo. Es tu hermano. Nunca puedes saber cuándo necesitarás ayuda. La Luna cruzará esta noche tu signo. Lo que significa absolutamente nada.

H ORÓSCOPOS S EMANALES Géminis La terrible sensación de que tienes un doble en algún lugar del mundo (muy probablemente en tu espalda o en una de tu mejillas) es totalmente cierta. Encontrarás una enorme cantidad de literatura al respecto. No se te quitará el escalofrío de una mano tenebrosa que te toca… Pero quizás cumplas los veinte minutos sugeridos de lectura al día. Cáncer ¡Qué día más apurado, Cáncer! Te he visto asistir a innumerables cajetillas de cigarro. Cuida tu salud. No asustes a los pequeños. Sobre todo, mantente alerta y evita escuchar canciones profundas y enigmáticas que pueden llevarte fácilmente a la demencia o a pensar que ya nada es posible salvo la delicada crianza de los hipocampos, por razones que nunca te quedarán claras. Leo Tus relaciones fracasan. Ya no te relaciones. Virgo Piénsalo bien: no se resuelve nada en esta vida escribiendo cartas de amor exclusivamente con la letra “p”. Tu ascendente, Aries, sugiere la “d” que presenta mayores posibilidades estilísticas y apunta hacia arriba en lugar de hacia abajo.


Libra Sin palabras. Escorpión No todo está perdido. Todavía puedes asesinar a ese vecino odioso que te despierta los sábados al ritmo de “procura coquetearme más”. El año nuevo chino te ofrece inmensas ampliaciones de creatividad que te permitirán lograr tus objetivos. Llama a tu madre: se le acaba de atorar un hueso de aguacate en la garganta. Sagitario Deja de llorar por la renuncia del Papa: de todas formas, nadie lo quería. Capricornio Hoy es tu gran día. Repite constantemente esta frase: “soy una persona valiosa, inteligente y sagaz”… Bueno, mejor: “soy una persona valiosa e inteligente”… No, no: “soy una persona valiosa”… Cállate y disfrútalo… Acuario El mundo es opaco y triste sólo para aquellos que quieren verlo así, y también para el resto de la humanidad que se niega a verlo así. Esto, por supuesto, no te importa, pero ya que no tienes nada mejor que hacer, te lo decimos. En el amor, apestas. Piscis En tu caso, las múltiples verdades de la vida se reducen a una: no debiste haber nacido. Por desgracia, los astros dicen que vivirás mucho tiempo. Allá tú. Recuerda que el destino que los astros dictan es irrefutable. Tu pensamiento del día: una soga.


L LEGANDO A LA TERMINAL Estoy sentada con las piernas que parecen casi inalcanzables. Estoy sentada, con las piernas entrecruzadas. Nuestras manos están pegadas, amarradas, y adyacente a ellas, existe un sentimiento inmejorable. Tengo sobrepuestos en mi cuerpo unos pendientes y gargantilla, todo falso, pura bisutería. Él, él sólo me idolatra ahí sentado, aquí a mi lado. No me toques más, suéltame, sé que angustiosamente me reclamas el sin sentido de seguirme amando. Estoy sentada con una voz que parece se me ha escapado. No existe discurso, ni retórica que te haga entrar en razón. Sé que rebuscas en tu cabeza las palabras exactas y la mirada que le dé coherencia a tu habla para hacerme entender que esto tiene que acabar, que ya es inútil que permanezcamos juntos, si tú ya no me dices nada, si yo ya no te escucho nada. Es mejor terminar, regresar a nuestra libertad, ya sé, tal vez yo la conseguí antes, pero quiero parecer considerada contigo. No te aferres a mi cuerpo, déjalo ya partir. Vamos, no temas a olvidarme, sé que dimos lo mejor cada uno de nosotros para hacer que esto funcionara. No muestres apuro en conseguir a alguien más, es mejor que intentarte matar. Por favor, no te mates, no termines tu existencia por un impulso, por un capricho de jóvenes, duró lo que tenía que durar, espero lo entiendas. No tienes que hacerlo, de verdad, no me sigas, entiende que no hay lugar para ti conmigo, al menos no en este momento. No me susurres al oído, no soporto que digas que me extrañas, yo lo hago de la misma manera, pero… No tomes eso, valórate un poco y date cuenta de que yo no valgo nada, ya no soy parte de nosotros, o de un nosotros. Escúpelo, por favor, escúpelo si todavía me amas. Deja de mirarme con esos ojos, me duele sentir tu mirada, tus ojos diáfanos desvaneciéndose en mi presencia. Aprieta más mi mano, muy fuerte, que ya no estoy segura si te pueda volver a sentir. El autobús por fin llego al andén 14. Doña Esther subió por las escaleras de la primera clase y comenzó a barrer el piso alfombrado hasta llegar casi al final del pasillo, en los asientos 23 y 24, dónde un par de bultos arrugados se encontraban petrificados. Sus manos parecían una conexión inhumana, más allá de la vida. Un cuerpo se encontraba recostado sobre el otro y nadie supo cual se fue primero, pero con la certeza de que murieron enamorados.

Los días más venturosos serán aquellos que te sientes a leer una y otra vez estas páginas. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. ¡Deja de leer! lamestiza@outlook.com

Gracias!


Mestiza 4