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Junio 2007

Año 1, No. 5

LA PAREJA DISPAREJA

Era una pareja de varones homosexuales.

Realmente era dispareja: Jorge, joven y guapo, Marcos, feo y viejo. Esa noche decidieron ir a una fiesta de disfraces. Ambos optaron por ir como Dorian Gray: el primero era el personaje, el segundo su retrato. René Avilés Fabila RESIGNACIÓN DEL ESCRITOR

He escrito cientos de historias, de dragones,

asesinos, putas y princesas con sus caballeros. Algunas con finales tristes, otros felices. Sólo por esta vez desearía que alguien escribiera la mía. Cruz Alejandro LETRERO EN LA PUERTA DEL HERMANO MAYOR

No se permiten animales. Karina Uribe EL REY DE TEBAS …pero sigo siendo el rey. José Alfredo Jiménez

Había una vez, la muerte; un incesto y el

exilio con dos ojos secos en las manos. Había otra vez, la muerte; una fuga del museo con los mismos ojos secos en el bolsillo de mi Dickies. Luis Alfredo Gastélum


Y2K: 20 YEARS LATER

Generación tras generación ha confiado su des-

tino a los astros. Una noche, Krizmaro, médico brujo de la tribu de los Kikistrán, predijo climas idóneos para las cosechas, la llegada de diversas manadas para cazar, y que Kanteká, su Dios volcán, no requeriría sacrificios. Pero debido al deterioro de la capa de ozono, Krizmaro hizo una lectura errónea. Una sequía azotó toda la zona. Las manadas jamás llegaron y Kanteká, entre maldiciones de magma, exigió su tributo. La aldea terminó en ruinas. Pero a los miembros de la tribu nada de eso les asombró, ya que simplemente se quedaron perplejos la noche que levantaron la mirada y vieron como la luna ardía en llamas. Alonso Díaz

HORA PICO

La mujer como puede se sube a la calafia de-

teniéndose bruscamente en el tubo de apoyo. El chofer siente un horrible escalofrío y la mira atónito por la velocidad de la sorpresa. Ella jadea exhausta. Deja caerse de costado sobre los escalones de la puerta. Goterones de sudor le pegan los cabellos a la cara y sus sollozos perturban a los expectantes pasajeros. Está muy sucia, al parecer delira, tiene el pantalón mojado y parcialmente revela la palidez de su rostro. - Bájate o te bajo, dice violentamente el chofer recuperado del susto y poniéndose de pie con todas las ganas de soltarle una patada. Tiene los puños cerrados y los brazos tensos. Parece un tronco enfurecido. Poco a poco comienza a colgársele la cara y se va poniendo más pálido que la mujer al notar el abultado vientre que sobresale bajo la sucia camiseta de ella. – Por favor… al hospital. Jhonnatan Curiel

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LE PETIT MORTE

La carne arde bajo las sábanas, recorrerte es

mi más valiente travesía. Soy viajera que avanza incendiando tus territorios, bebiéndome tus océanos. Desnuda y a ciegas, como Von Humboldt por tu geografía. Conducida por el ímpetu explorador que estalla con los segundos que se rozan entre sí, que se acarician. Voy superando en tu lienzo al Rodin erótico, rebasándole al ritmo de nuestra complicidad incesante. Voy reescribiendo la historia de tu cuerpo con mis labios. Tu sexo resbala por mi cuerpo y a través de él. Catarsis florecida en vigorosos impulsos, constantes e inperpetuables. Avanzo y observo. Recurrente. Miles de caricias habrán de renovarse y sucumbir ante otras que le darán paso a nuevas caricias que se repetirán una vez más infinitamente, pero siempre audaces eludiendo el abuso de la caricia, justas con el deseo, esperando la justicia carnal, la única real. Caricias entregadas a su búsqueda, pacientemente armadas de fogosidad. Siguiéndote en cada movimiento, en cada gesto, en cada gemido, para no perderse antes de encontrarle. En tus formas que se contraen estrepitósamente, en tu voz que se extingue en un clamor descompuesto, en la fruición exacerbada. No hay lugar para otro beso ni otra caricia. El volcán esparce su lava, recorriendo cada kilómetro de nuestras huestes. Bienvenida la pequeña muerte. Mavi Robles-Castillo SIN TÍTULO Estoy en la playa. A lo lejos veo una pequeña lancha. Una parvada de gaviotas vuela a su alrededor. Una de ellas se clava a la barca y vuelve a subir. Es carne lo que lleva en el pico. Grito pero la sirena de una patrulla me opaca. Al verla, me alejo, veo la red extendida en el mar y la sangre del pescador tiñendo lentamente los hilos. Patricia Casián

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UN ARTE MILENARIO

Manejo títeres desde hace cinco años. Tengo

2 marionetas, 6 guiñoles, 4 dedales, 3 de mesa y una mojiganga. Siempre estoy ideando uno nuevo y en cuanto puedo lo construyo. Los guardo en cajas y bolsas. Muchas veces he querido repararlos pero me salen tareas imposibles de aplazar. Gracias a ellos como, viajo, leo y visto. A veces los reemplazo, los arrumbo y los olvido. La mayoría no ha vuelto a escena. Seguramente es por eso que ahora me tienen ellos en una caja, con el estómago lleno de hule espuma, los labios zurcidos y unas cuantas varillas atravesadas en la espalda, lista para ser arrumbada y olvidada. Rosa Razo

BASKETT

El maestro intentaba callarlos, explicarles

con calma una fórmula que necesitarían para resolver unas operaciones matemáticas, pero los alumnos gritaban, reían y corrían en el interior del aula. Alzaba la voz, volvía a pedir que regresaran a sus lugares, que mantuvieran el orden porque la directora iba a escuchar sus gritos y vendría para levantar reportes, pero nadie lo escuchaba; ni lo veían. Alguien aventó a su compañero quien fue a dar a un costado del maestro. Otro más fue hacia él y le dio una patada. Después sintió que lo alcanzaron unos lápices y cuadernos del fondo del salón. Intentó salir del aula. Un alumno se plantó en la puerta. Alguien lo pateó en las piernas, otro le dio un golpe en la espalda. El maestro cayó despavorido. Un chico lo levantó y lo lanzó hacia un compañero suyo y éste lo arrojó hacia el patio. Todos salieron del aula y siguieron la trayectoria del maestro que rebotaba en la cancha de la escuela. Uno de ellos lo tomó y tiró hacia la canasta. Alguien propuso hacer dos equipos para jugar basketball. Josué Barrera

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SÓLO PARA ANIMALES IMPORTANTES Con infinito amor, a mi madre, María Elena Díaz Martínez

En una selva cercana vivía un león que se encontraba aburrido. Disgustado por la situación decidió organizar una gran fiesta. Entre los invitados se encontraban los animales más selectos; las refinadas garzas, las hermosas serpientes, los orgullosos pavos reales, y las distinguidas panteras entre muchos otros elegantes asistentes. Mientras la fiesta trascurría, un ratoncito y su madre paseaban cerca de ahí. Al ver tal algarabía el pequeño roedor preguntó a su mamá: ―¿Es una fiesta má? ―Sí, hijo.- Contestó la madre. ―¿Y por qué no somos invitados? ―Porque es V.I.P., sólo para animales importantes. A lo que el ratoncito, después de reflexionarlo por unos segundos, respondió: ―Pero, si yo soy importante para ti y tú eres importante para mí, entonces también somos V.I.P. deberían de habernos invitado. Alonso Díaz PELIGROS EN LA CIUDAD (8)

El autobús se desvía de su trayecto habitual.

Una viejecita sentada delante es la primera en notarlo. Un señor con una maleta y una chica de rasgos achinados avanzan también para interesarse. Son órdenes, dice el conductor, Nueva ruta. Los pasajeros se agolpan en las ventanas y ven alejarse la ciudad. Dos hermanos se miran: llegarán tarde al colegio. Si alguien hace amago de protestar, algún pasajero lo retiene: No vale la pena. Son órdenes. Cuando paran ya no hay edificios, les rodea el desierto. Los pasajeros bajan, el autobús se aleja. Se sientan bajo el sol, y esperan inútilmente. Aquiles Heredia 5


SÍSIFO

Y justo cuando crees que vas a lograrlo… Karina Uribe LA ERMITAÑA

Despierto desnudo y amarrado a una cama.

Lo último que recuerdo es haberme detenido en una casita de adobe para pedir algo de beber: demasiado sol me había succionado mi energía. Una viejecita me invitó a pasar y no sé qué me dio de beber. El caso es que no puedo mover ni manos ni pies y siento un tremendo ardor en el pene. Reconozco la sombra de la vieja entrando al cuarto. Conforme se ilumina su cuerpo me entra una tremenda nausea. Ella está desnuda también: de tez morena, huesuda, de cabellera larga y obscura que le cubre sus esfumadas nalgas; la sombra en su rostro le da un toque de perfecta desquiciada. Sonríe diabólicamente mientras se monta en mí, manosea mi miembro y se lo introduce. Siento una calidez insoportable. En cada movimiento de su ermitaño cuerpo grita en éxtasis. Al explotar, así, de la nada, la miserablemalagradecida me atraviesa el corazón de una sola puñalada. Néstor Robles EL VIEJO DEL COSTAL

Cargando su pesado costal, el hombre barre el

terreno mientras recolecta su botín nocturno. Empapado en brisa marina, apunta su paralizante mirada a los pequeños curiosos que decidieron no seguir las advertencias de sus padres. Con ágil garra aguileña los embolsa sin pensarlo dos veces. Su trabajo es cansado, pero provechoso y remunerado. En esta temporada de veda vale muy cara la langosta. Rafael Zamudio

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UN MARTES LLUVIOSO

Un martes lluvioso, Israel decidió dejar de ser

él mismo. Su nombre, ropa y memorias lo aburrían. Dio un paseo por el Centro con la esperanza de encontrar una nueva historia que pudiera llamar suya. En sus paseos se topó con un ortodoncista con el que compartía un parecido razonable, lo invitó a tomar unas copas para después jalarlo hacia un callejón oscuro y darle un golpe fulminante en la cabeza. Intercambió ropas e identificaciones. Ismael había muerto. Un nuevo sacamuelas había nacido. Así pasó tres años de su vida, sacando y tapando dientes gringos a precios módicos. Consumía novocaína como si fuera leche. Ahora Pedro ya no quería ser Pedro. Vagó por los mismos lugares durante varias décadas hasta que se topó con Arturo. Ser escritor ha de ser divertido, se dijo a sí mismo, hasta que tuvo que escribir. Lentamente se vio inmerso en una vida caótica, llena de alcohol, prostitución y obras inconclusas. Vivió tantos años como Arturo que a veces olvidaba su primer pasado: ahora contemplaba el suicidio como única escapatoria a su terrible realidad. No era que le molestaba la pobreza, falta de talento o el hecho que lo estuvieran cazando unos gorilones porque les debía dinero. Lo que le molestaba eran los personajes que diariamente lo seguían, le robaban la poca cordura que le quedaba, las palabras que le quitaban minutos de su vida. Ahora por fin entendió el porqué Arturo fue el más fácil de aniquilar. Prácticamente ya estaba muerto. C. I. Solórzano SAN PEDRO

El difunto con su castrado recuerdo. Colibríes

de color verde levitan y despliegan las semillas que en su juventud dejó. ¿Bueno o malo no se juzga quién eres tú, monólogo de virtud? De todo merecer. ¿Qué no temes que el visitante a las puertas algún día seas tú? Israel Morgado

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Junio 2007

Año 1, No. 5

DIRECTOR GENERAL Alonso Díaz SUBDIRECTOR EDITORIAL Luis Alfredo Gastélum CONSEJO EDITORIAL DISTRIBUCI�� Ó� N Alonso Díaz Néstor Robles Rosa Razo Luis Alfredo Gastélum C. I. Solórzano Rafael Zamudio EDITORES Rosa Razo Néstor Robles CORRECCIÓN DE ESTILO Rafael Zamudio DIRECTORA ADMINISTRATIVA C. I. Solórzano IDEA DE DISEÑO Octavio Machado VERSIÓN DIGITAL Néstor Robles

Revista Mensual Tijuana, Baja California, México Junio 2007 Edición Digital Envía tus minificciones a: colaboraciones@revistamagin.com Visita: www.revistamagin.com

MaGín 5  

El número cinco maginesco

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