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El sinuoso recorrido desde Cerocahui hasta Urique a bordo de un destartalado autobús que corre a toda velocidad por el borde del abismo es ya una aventura por si misma, pero la llegada a la tranquila y calurosa Urique y su jardín tropical al fondo del cañón es otro atractivo más para no perderse el viaje. Aquí incluso la vegetación es exuberante, contrastando con el árido terreno del altiplano. Mujer tarahumara tejiendo artesanías

El tren sigue su recorrido por la Sierra Tarahumara y para en tres pequeños pueblos antes de hacer su alto más espectacular: justo al margen de un amplio balcón de piedra junto a las mejores vistas de todas las Barrancas del Cobre, la estación de Divisadero es parada obligatoria durante quince minutos. Aprovecho el tiempo para llegar hasta el balcón y tomar fotos del paisaje, deleitándome en los numerosos puestos de cocina rápida junto a las vías y curioseando entre los artículos de artesanía que las mujeres tarahumara de coloreados vestidos exhiben a lo largo del paseo que lleva hacia el balcón. Cerca de aquí se encuentra el mirador de Piedra Volada donde, para los más aventureros, una gran roca inestable junto a un precipicio sirve de punto de observación del cañón. Un par de hoteles situados a

Estación de Divisadero

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Revista de viajes Magellan Nº34  

Magellan, revista de viajes y turismo. Travel magazine. En este numero: Roma: Siempre será eterna México: El Ferrocarril Barrancas del Cobre...

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