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magellan De viajero a viajero

Año 3 - Julio/Agosto 2017

COLOMBIA LA CALMA SOSTENIDA DE LA GUAJIRA

ÁFRICA NEGRA

MARRAKECH

DESCUBRIENDO SU MAGIA Y BELLEZA

UN POÉTICO LABERINTO A LOS PIES DEL ATLAS

VIETNAM

NEPAL TOCANDO EL CIELO EN GHANDRUK

BELLO, EXÓTICO E IMPONENTE

MALTA

HISTORIA Y MISTERIO MEDITERRÁNEO

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magellan De viajero a viajero

magellan De viajero a viajero

Año 3 -Julio/Agosto 2017

EDITORIAL COLOMBIA LA CALMA SOSTENIDA DE LA GUAJIRA

ÁFRICA NEGRA

Año 3 - Nº31 - Julio/Agosto 2017 Publicación de periodicidad mensual

MARRAKECH

DESCUBRIENDO SU MAGIA Y BELLEZA

UN POÉTICO LABERINTO A LOS PIES DEL ATLAS

VIETNAM

NEPAL TOCANDO EL CIELO EN GHANDRUK

BELLO, EXÓTICO E IMPONENTE

MALTA

HISTORIA Y MISTERIO MEDITERRÁNEO

Editor Fabrizio Rodilossi fabrizio@magellanmag.com Redacción Laura Fabregat redaccion@magellanmag.com Redes sociales Gonzalo Paraíso redes@magellanmag.com Publicidad publicidad@magellanmag.com Marketing marketing@magellanmag.com Han colaborado en este número Pablo Strubell Jordi Canal-Soler Cristina Ibañez Enrique Vaquerizo José Gregorio Feijoo Martínez Toni Martínez Suscripciones Suscríbete y te mantendremos informado sobre la salida de cada número y acerca de todas las novedades de Magellan. Contacto Tel. +34 680624660 info@magellanmag.com Web www.magellanmag.com

‘Magellan’ no se hace responsable de los artículos firmados por los autores. Foto de portada: Malta

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Destinos para todos

Y

a está aquí ese momento del año en el que se concentran el mayor número de viajes a lo largo y ancho del planeta. En este número especial de verano que lanzamos para los meses de Julio y Agosto son muy variados los destinos a los que viajaremos de la mano de nuestros contadores de historias. Pasaremos de la calma serena de un trekking en Nepal, al exótico y maravilloso Vietnam, continuaremos descubriendo los secretos del siempre enigmático continente africano con una ruta pensada para los aventureros y una parada en la siempre fascinante Marrakech, la ciudad de los mil colores con olor a especias, viajaremos hacía el sur del mundo explorando la siempre sorprendente Colombia y acabaremos nuestra particular ruta planetaria con una parada en la pintoresca Malta, una de las más preciadas joyas del Mediterráneo. Viajes y destinos para todos los gustos; para los que están a punto de viajar a esos lugares, para que los que ya los han visitado los puedan viajar de nuevo con las palabras de nuestros escritores o para que los vayan imaginando quienes los tienen guardados en el cajón de los viajes soñados. Todo el equipo de Magellan os deseamos un feliz verano y una vez más os invitamos a viajar equipados de tablet, ordenador, o simplemente de papel y bolígrafo para que el viaje que ahora emprendéis sea un relato inolvidable a vuestro regreso.


magellan De viajero a viajero

Disponible gratuitamente en el App Store

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SUMARIO

MALTA NEPAL

MARRAKECH COLOMBIA

VIETNAM

ÁFRICA

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isla de los viejos misterios 12 La Indagamos los secretos mejor guardados

06 Noticias Damos un repaso a las noticias y

de Malta: antiguos vestigios fruto de la fusión de culturas mediterráneas.

eventos más candentes que han tenido lugar alrededor del mundo. mejor foto de mi viaje 08 La Groenlandia, Vic, Agrigento y Dublín

caminos del África negra 20 Los Nos perdemos en la inmensidad del sur

son los lugares en el punto de mira de nuestros lectores este mes.

del continente para viajar a través de su naturaleza, sus culturas y sus tradiciones.

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SUMARIO

36

56

48

64

en Ghandruk,Nepal 36 Trekking Tocamos el cielo desde la ‘meca’ del

n Akkuc, la perla del Sur 56 Tamurt Nos perdemos por Marrakech, una de

trekking, el pueblo con mejores vistas del Annapurna.

las ciudades más vibrantes y singulares de Marruecos. ¿Listos?

días en la Guajira 48 Unos Recorremos la ‘romántica’ y trepidante coti-

caótica serenidad 64 Vietnam, Es el destino estrella, y no es para me-

dianidad colombiana en el más curioso de los escenarios, una tierra con ‘género’ y ritmo.

nos, el país asiático tiene todo lo que un viajero pueda desear. ¡Lo descubrimos!

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NOTICIAS Un eclipse sobre las nubes

ALASKAAIR

Son muchos los aficionados a estos fenómenos que hacen mil malabares para huir de la contaminación y presenciar el espectáculo de la forma más pura posible. El 21 de agosto, un nuevo eclipse solar total podrá verse desde EE UU, y gracias a Alaska Airlines, los más puristas podrán disfrutarlo desde el cielo: un vuelo charter especial perseguirá “The Great American Eclipse” de Portland a Washington y ofrecerá la oportunidad de ver el sol enmarcado por un halo de 10 kilometros. www.alaskaair.com

‘GALLOS’. RUBIN EYNON

Veinte años de magia

Explorando la leyenda

POTTERMORE

Desde hace un año, la espectacular escultura de bronce realizada por el artista Rubin Eynon inspirada tanto por la leyenda del rey Arturo como por el pasado real del Castillo de Tintagel es la pieza central de la nueva propuesta turística del castillo de Cornualles. Una propuesta que explora la historia del castillo de Cornualles y descubre el papel crucial que las leyendas han tenido en la región, que ha sido todo un éxito de visitantes. Un destino ideal para los visitantes que huyen del calor. www.english-heritage.org.uk

Tirar del carrito en el andén 9¾, en King’s Cross, es sólo una de las muchas actividades que un fan de Harry Potter puede realizar hoy en Londres. Entrenar con la varita, ir al Gran Comedor, o volar con escoba son otras. Y este año habrá más que nunca. Han pasado 20 años desde que J. K. Rowling deslumbrara al mundo con su exitosa saga, y para conmemorarlo Pottermore.com, la plataforma creada por Rowling ha preparado un recorrido definitivo para visitar los mejores escenarios potterianos. ¡A volar! Pottermore.com

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NOTICIAS Argentina, el destino ‘foodie’ por excelencia este año

DESTINOS PARA ‘SOLO TRAVELERS’ Hay viajeros que prefieren descubrir el mundo solos, sin acompañante definido, a la aventura. Estas son las mejores ciudades para ‘solo’ travelers según Airbnb.

Buenos Aires está siendo la cita ineludible de grandes chefs internacionales y también de buenos comensales. En 2017 la capital de Argentina ha sustituido a Mérida (España) como Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica, un reconocimiento al buen momento que vive la cocina porteña. Una buena excusa para conocer las delicias del país a través de las actividades programadas: ferias gastronómicas,mercados urbanos, y... ¡Un buen asado! turismo.buenosaires.gob.ar

La mejor ciudad de 2017 Fue escogida como mejor destino para visitar este año, y las quinielas no han fallado. Los paseos junto al Garona, su arquitectura, un delicioso panorama gourmet en el cual destacan las ostras frescas, y su principal atracción: el vino. Hay muchas razones para visitar Burdeos. Considerada la piedra filosofal de la producción vinícola, ofrece para éste verano circuitos por los chateaux y catas especializadas. Sin duda, un año de buena cosecha.

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Cancún (México). Es claramente el país de moda entre los ‘solos’, y sus playas, puro objeto de deseo.

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Ho Chi Minh (Vietnam). Sus mercados y bares se han convertido en meca del viajero ‘solo’.

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Colonia (Alemania). No te puedes perder el casco antiguo, del s.XIII y los conciertos en la plaza Stadtgarten.

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Playa del Carmen (México). Las reservas no cesan, y no es de extrañar, es literalmente el paraíso.

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Johannesburg (Sur África). Maboneng Precinct y Parkhurstalitas son los lugares de moda. Es tendencia.

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São Paulo (Brasil). Empezó con los JJ OO y la tendencia sigue: el ambiente es de lo más exótico.

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Auckland (Nueva Zelanda). Es una de las destinaciones de moda del 2017: olas, viñedos y ostras.

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Ciudad de México. Atraídos por la oferta gastronómica, los ‘solos’ acuden en masa al barrio de Polanco.

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Charlotte, (Carolina del Norte, EE UU). Las reservas de viajeros solos se han duplicado: museos y buena cerveza.

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Busan (Corea del Sur). Esta relajada ciudad costera ofrece expansión urbana y playas.


LA MEJOR FOTO DE MI VIAJE

Envíanos tu mejor foto a: fotos@magellanmag.com

Groenlandia

Jordi Matamoros

Vic (España)

Barbara Puig

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LA MEJOR FOTO DE MI VIAJE

Envíanos tu mejor foto a: fotos@magellanmag.com

Agrigento (Italia)

Tobia Bordoni

Dublín

Aitor Goñi

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APPS DE VIAJES

WeRide

ArtCity

Si eres aficionado motero, WeRide es tu app y la nueva forma de conectar con tus amigos. Disfruta de tu pasión con toda la comunidad motera compartiendo rutas, experiencias, fotos y conocimientos del mundo de la moto. Una particularidad interesante de esta app es su opción WeSpot con la que podrás localizar a tus compañeros en tiempo real sobre el mapa, muy útil también caso de pérdida o a la hora de reagruparse.

Esta aplicación te permite conocer las exposiciones que se celebran cerca de tu ubicación, permanentemente actualizadas. La app contiene más de 2.000 exposiciones vigentes de artistas iberoamericanos (tanto las que celebran en sus países como en el extranjero) y también, todas las exposiciones, con independencia de la nacionalidad de los artistas presentados, que puedes ver en cualquiera de los países iberoamericanos.

FlightAware

Findery

Si eres de los que sufre antes de un vuelo, esta app se convertirá en tu mejor aliado. Con ella podrás ver si tu vuelo tiene retraso, las condiciones meteorológicas de tu destino y los detalles de cualquier vuelo. La app, además de trazar la ruta estandar de tu vuelo, muestra la desviación normal según las condiciones climáticas, y permite ver con exactitud por donde va el vuelo.

Findery es como el mapa del tesoro de tu mundo: deja “notas” sobre sitios en los que has estado, comparte historias que sucedieron en los lugares que más te gustan y empieza a recopilar destinos que te encantaría visitar. Con ella podrás descubrir el mundo a través de las historias de otros usuarios y encontrar nuevos a través de consejos locales, recomendaciones e historias personales.

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Associazione di Promozione Turistica Sud Tourism

L’Associazione di Promozione Turistica Sud Tourism nace con el objetivo de impulsar y promover al máximo el conocimiento de las riquezas paisajísticas, ambientales, gastronómicas, históricas y artísticas de Sicilia.

www.sudtourism.it 11


VI AJ ER O A BL O G UE RO DE

La isla de los viejos misterios

Malta esconde vestigios de una civilizaciรณn desconocida y fascinante que desapareciรณ sin dejar rastro TEXTO Y FOTOS CRISTINA IBAร‘EZ FECHA DEL VIAJE NOVIEMBRE 2015

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D

icen que 2.000 años antes de que se construyeran las pirámides de Egipto ya existían en Malta templos tan sofisticados que dejarían pasmado al mejor de los arquitectos. Templos dedicados a la diosa de la fertilidad, construidos con tal precisión que durante los solsticios y equinoccios los rayos del sol entraban por unos orificios e iluminaban una parte muy concreta del templo…¿Simple

casualidad o unos conocimientos asombrosos para la época? Porque estamos hablando de templos de 6.000 años de antigüedad, Stonehenge a su lado sería arquitectura modernista. Pero es que los misterios no acaban aquí. Arqueólogos e historiadores se rompen la cabeza para intentar averiguar cómo una sociedad tan “primitiva” podía levantar piedras de 20 toneladas y lo más importante: por qué desaparecieron sin dejar rastro en el siglo 25 antes

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La Valeta


Mdina, la Ciudad del Silencio

de Cristo… Hoy en día poco queda de esos espectaculares templos. El paso del tiempo los ha reducido a un conjunto de piedras a los que hay que echar más imaginación que otra cosa, pero aún así, de ellos emana una energía muy especial. Es sorprendente la cantidad de templos megalíticos que hay en Catacumbas de San Pablo y Santa Ágata

Malta, pero lo que más nos llamó la atención es que sean tan desconocidos. Es cierto que no son ni la mitad de espectaculares que las pirámides, pero esconden más misterios de los que podemos imaginar... Por Malta han pasado fenicios, árabes y romanos entre otros. Es lo que tiene ser una isla en mitad del Mediterráneo. Y esta mezcla de culturas nos ha dejado ciudades tan pintorescas como Rabat, Mdina e incluso La Valeta. Precisamente en Rabat descubrimos el que en nuestra opinión es uno de los lugares más interesantes de Malta: las catacumbas de San Pablo y Santa Ágata. Aunque son diferentes juraría que se tienen que comunicar por

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algún sitio, y es que esta enorme red de pasadizos subterráneos aún no se ha descubierto en su totalidad. Las catacumbas no sólo eran un lugar de enterramiento, sino que los cristianos las utilizaban para esconderse de los romanos en una época en la que el cristianismo no estaba muy bien visto. Incluso se dice que el apóstol San Pablo tras sobrevivir a un naufragio llegó a Malta y se refugió en estas catacumbas ¡Así que han acogido a visitantes ilustres y todo! Pero si visitar unas catacumbas es una experiencia sobrecogedora, lo que nos hizo disfrutarlas al 100% es que estábamos completamente solos…lo que nos hace confirmar la teoría de que Malta es una gran desconocida. Otro de los iconos de Malta, reflejo de esa mezcla de culturas, son las tradicionales barcas de pesca llamadas luzzi. Fueron traídas por los fenicios hace 3.000 años, y no sólo destacan por esos vivos colores que las hacen tan fotogénicas, sino que tienen dos

DNI DEL BLOGUERO Nombre: Cristina Apellido: Ibañez De: Guadalajara (España) Edad: 33 años Me licencié en Ciencias Ambientales y trabajé como administrativo, pero mi verdadera pasión es viajar, escribir y la fotografía. De ahí nace mi blog: unplanetaporviajar.com, un espacio en el que plasmar mis experiencias por el mundo y tratar de aconsejar a otros viajeros. Porque nunca pierdo la oportunidad de coleccionar momentos que suman. Blog: www.unplanetaporviajar.com Instagram: @unplanetaporviajar Facebook: @unplanetaporviajar Twitter: @unplanetaporviajar

Luzzu, barca de pesca tradicional

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ojos pintados en la parte frontal. Son los ojos de Osiris, que ya existían en las embarcaciones de griegos y fenicios para asegurar una buena pesca y alejar a los malos espíritus. La bahía de Marsaxlokk es el mejor lugar para verlas. La mejor manera de descubrir Malta es alquilar un coche y recorrérsela de arriba abajo. Incluso aprender a conducir por la izquierda puede ser un aliciente. Como las distancias son tan cortas que se pueden ver muchas cosas en un día. Incluso coger el ferry que te lleva a las otras dos islas que conforman el archipiélago de Malta: Gozo y Comino.

En el islote de Comino se encuentra una de las playas más famosas y paradisíacas de Malta: la Blue Lagoon. Lo que no esperábamos es encontrarla llena de chavales con la música a tope y armados con perritos calientes y piñas coladas, algo que quitaba bastante encanto a esta playa de aguas turquesa. Porque realmente el paisaje es espectacular y la playa digna de todos los elogios…pero cuando está vacía. Pero para momento surrealista el que vivimos en la isla de Gozo. Después de desembarcar cogimos nuestro coche de alquiler para poner rumbo hacia el templo megalítico más famoso de la isla: Ggantija. Aquel que

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Blue Lagoon, isla de Comino

según las leyendas fue construido por gigantes capaces de levantar descomunales bloques de piedra. Pero para nuestra decepción, y aunque el reloj no marcaba ni las 5 de la tarde, el templo estaba cerrado. En los viajes como en la vida los planes no siempre salen como queremos, así que pusimos

Templo megalítico de Mnajdra

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Inland Sea

rumbo hacia nuestro siguiente destino: el Inland Sea y la Azure Window, o lo que es lo mismo, el Mar Interior y la Ventana Azul. Al menos estábamos seguros de que eso no lo podían cerrar.

El Inland Sea es una curiosa laguna formada por el mar que se cuela por un túnel de 60 metros bajo la roca caliza. Un lugar curioso cuanto menos y más a esas horas de la tarde. Deliberadamente habíamos dejado para el final uno de los iconos de Malta, y la imagen que sale en todas las guías de viaje: la Ventana Azul. Empezamos a acercarnos al acantilado con la ilusión de ver la Ventana Azul, un imponente arco de piedra de 28 metros de alto. Pero la Ventana Azul no estaba.

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“Bueno, desde aquí no se verá” pensé yo. Pero es que no se veía ni desde aquí ni desde allí, ni desde arriba ni desde abajo. Después de pasar un buen rato trotando por los acantilados en busca de la Ventana Azul, una idea fugaz cruzó mi mente. Era tan imposible y tan surrealista que la deseché de inmediato, pero con el paso de los minutos la idea fue cobrando fuerza hasta convertirse en la única explicación posible. Para confirmar mis más terribles sospechas decidí preguntar a un señor que vendía helados y él me lo confirmó todo: “Hace justo un mes que el mar se tragó para siempre a la Ventana Azul…la tormenta fue terrible” Ahora ya estaba todo claro. Y sentí pena. Pena por la desaparición de una de las construcciones naturales más imponentes de

Malta, y pena por los malteses. Porque tener que decir adiós a uno de los emblemas de Malta, y sobre todo de la isla de Gozo, va a afectar muy negativamente al turismo. Pero así es la vida, y lo que la naturaleza nos da, la naturaleza nos lo quita…¡Descanse en paz Azure Window! Nuestros días en Malta tocaban a su fin, pero no la sensación de haber recibido mucho de la isla. Antes de viajar a Malta sólo sabíamos que esta pequeña isla mediterránea era famosa por sus playas, discotecas y academias de inglés. Pero estábamos decididos a comprobar que había algo más detrás de esa fachada tan superficial, y nuestra sorpresa fue descubrir que Malta es mucho más. Sólo el tiempo dirá si algún día conoceremos todos los secretos que esconde la isla de los viejos misterios… v Aquí estaba la famosa Ventana Azul

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Los caminos del Ă frica negra Nos perdemos en la inmensidad del sur del continente para viajar a travĂŠs de su naturaleza, sus culturas y sus tradiciones TEXTO Y FOTOS PABLO STRUBELL

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G

uerras, pobreza, corrupción, enfermedades, peligros… esa es, lamentablemente, la imagen que gran parte de la población tiene de África. Un continente maltratado por los medios de comunicación, que casi nunca hablan de su magia y belleza ni de las mil y una posibilidades y atractivos que ofrece a los viajeros. Exceptuando su franja norte, el Magreb, el desconocimiento que se tiene del continente negro tiende a simplificar su realidad y proyecta una imagen homogénea y unos clichés que no son tales. Es el tercer continente más grande del planeta, con 54 estados reconocidos, si algún calificativo se ajusta a su realidad este es “diverso”: tiene desiertos, montañas, jungla, mar, lagos, sabana, centenares de etnias con sus diferentes tradiciones, idiomas, religiones monoteístas o animistas, música, cultura, cine, deporte… Cuanto más acercamos la lupa al mapa, más nos damos cuenta de lo poco que lo conocemos y de lo mucho que va a ofrecer. Para todos aquellos que sueñan con ir al África negra por primera vez (la que queda más al sur del Magreb) o regresar a este continente, este artículo ofrece unas pinceladas de algunos países que el autor conoce a modo de ideas para futuros viajes. Es importante notar que se trata de una selección personal y que solo se mencionan algunos de los 21 países africanos en los que el autor ha viajado o trabajado, lo que puede ocasionar que viajeros que conozcan más países puedan encontrar ausencias en este artículo.

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PARA PRIMERAS VISITAS A ÁFRICA

La variación en el nivel de desarrollo económico y turístico entre países de este continente es enorme. Normalmente, a más desarrollo, mejores infraestructuras (carreteras, hoteles, restaurantes…). Es por esto que los países más desarrollados del continente sean, posiblemente, los mejores para iniciarse en él de la manera más cómoda y segura. SUDÁFRICA

Sin duda sintetiza toda la magia del continente: tiene increíbles parques nacionales donde disfrutar de la naturaleza; mar para bucear, hacer surf, observar ballenas, pingüinos o al tiburón blanco; montañas para hacer senderismo; un clima templado, que regala una

excelente variedad de alimentos, entre ellos, buenos vinos, excelente fruta y verdura y carnes jugosas. Buenos alojamientos a buen precio (hostales de mochileros, B&B, pensiones) abundan, y moverse por el país es fácil, ya sea en transportes públicos o con coche alquilado. Sin embargo, sorprenderá al que lo visite lo viva que sigue la brecha entre blancos y negros: el Apartheid finalizó legalmente hace muchos años, pero sigue vigente, especialmente en la economía, siendo el país con mayor desigualdad del planeta. El visitante notará un ambiente extraño, en el que relacionarse con la mayoría de la población negra no es tan fácil como en otros países en los que no fueron discriminados y humillados durante décadas.

Sudàfrica: Table Mountain en Ciudad del Cabo

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Sudàfrica: Second Beach (Port St Johns)

De imprescindibles se pueden considerar el Parque Nacional Kruger, uno de los más ricos en fauna del país, fácil de recorrer en coche y, además, con la posibilidad de hacer rutas a pie o nocturnas, acompañados por los rangers (vigilantes); la remota y poco desarrollada Wild Coast, salpicada de pequeños pueblos pesqueros y zonas rurales; el P.N. Kgalagadi, situado en pleno desierto; Cape Town, la primera ciudad colonial del país, dominada por la impresionante Table Mountain; Jeffrey’s Bay, lugar de referencia mundial para los amantes del surf y las olas infinitas; Stellenbosch, la principal zona de producción del excelente vino sudafricano; o las montañas Drakensberg, con infinitas posibilidades para el senderismo. NAMIBIA

Este país desértico, dos veces el tamaño de España, es otro país excelente para primeras visitas al continente, especialmente si se recorre como hace la mayoría en un coche alquilado, disfrutando de los grandes espacios, del

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DNI DEL VIAJERO Nombre: Pablo Apellido: Strubell De: Madrid (España) Edad: 41 años En 2010 Pablo, junto con su pareja Itziar Marcotegui, recorrió África de cabo a rabo durante 12 meses. En transportes públicos, visitaron 17 países empezando en Sudáfrica y finalizando en Marruecos. En 2013 trabajaron como guías de safaris en África Occidental. Hoy organizan las Jornadas de los grandes viajes, dirigen La editorial viajera y son guían de viajes. Web: www.ungranviaje.org Facebook: pablostrubell.viajesfotografias Twitter: @pablostrubell Instagram: @pablostrubell


desierto, de su árida belleza. Es el país ideal de los viajeros DIY (Do It Yourself ) independientes a la hora de moverse, dormir, cocinar…. Con muy poca población para su enorme extensión, sus ciudades están bien surtidas y son los lugares donde aprovisionarse antes de perderse por sus pistas y recorrer kilómetros y kilómetros sin ver a nadie. También dispone de algún parque natural buenísimo, cañones que hacen palidecer a otros más famosos y una interesante mezcla étnica,

con los llamativos himbas en el noroeste, los hereros… Una primera visita debería incluir la Costa de los esqueletos, una zona remota, salvaje e inhóspita, en la que el desierto entra en contacto con el mar; las dunas alrededor de Sossusvlei, en mitad del parque Namib Naukluft, el desierto más antiguo del planeta; el Parque Nacional de Etosha, especialmente en nuestro verano, hogar para centenares de especies animales, incluyendo elefantes, búfalos, leones, cebras, leopardos; el cañón del río Fish, con la posibilidad de hacer una excursión por uno de los cañones más impresionantes del planeta caminando durante 5 días por su lecho; la región del Caprivi, la parte más fértil y húmeda del país y una de las mejores para la observación de los animales; Twefelfontein, con pinturas rupestres y petroglifos

Namibia: Twefelfontein Namibia: la duna 45

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con más de 6.000 años de antigüedad; y Windhoek, la capital, que es una ciudad agradable con algunos museos interesantes. SENEGAL

Por su cercanía a España tal vez sea otra de las mejores opciones para iniciarse en el África negra. Un país acostumbrado al turismo (lo que facilita dormir, comer, moverse por el país) pero no masificado, razonablemente seguro, diverso, colorido, barato, con buena comida, con gente amable. Un país con mucha cultura, música y tradiciones y un islam sosegado. A pesar de ser francófono, encontraremos muchos senegaleses que hablan castellano y querrán practicarlo. Eso sí, deberemos ir preparados para constantes ofrecimientos de venta de objetos, servicios de guía, actividades y, en algunas zonas,

proposiciones de prostitución masculina a viajeras. En una primera visita conviene visitar la ciudad de Saint Louis, la primera ciudad francesa en el continente, que cuenta con un sensacional y decadente casco histórico colonial, así como con un famoso festival internacional de jazz; Dakar, la capital, la ciudad más sucia y caótica pero también vibrante: mercados, actividades culturales, playas... y la bienal Dak-Art; el país Bassari,

Senegal: Saint Louis

Senegal: Cap Skiring

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junto a Kedougou, con sus colinas repletas de poblados de etnias como los bassari, bedik, peul... el P.N. de Niokolo-Koba, en el interior del país, que cuenta con grandes mamíferos, (aunque no sean fáciles de localizar); el Delta del Sine Saloum, un paraíso para ornitólogos, ideal para explorar en piragua; las playas de Casamance, en especial, Cap Skiring rodeadas de manglares y lagunas para recorrer en piraguas; el tranquilo y reposado ambiente de Ziguinchor, la capital de la Casamance, con sus casas coloniales, animados mercados y abundante vegetación.

PARA REPETIDORES CAMERÚN

Se puede afirmar que Camerún condensa la esencia de África sin temor a equivocarse. Tiene, en una extensión algo menor a la española, un poco de todo lo que el continente ofrece: riqueza de gentes, de culturas, de paisajes, de naturaleza, de climas y de religiones. El sur del país es húmedo, fértil, jugoso, cubierto de bosques impenetrables, y contrasta con la aridez del Sahel en el norte. El oeste es también claramente distinto, con montañas y praderas fértiles en los que los antiguos

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reinos se establecieron (y que aún hoy en día podremos visitar y conocer). En cuanto a religión conviven el islamismo en las etnias del norte, el cristianismo en el centro y sur del país, y el animismo entre los pigmeos y otras etnias que creen en los dioses de la naturaleza. Todo lo anterior unido a varios parques naturales, sensacionales playas, comida interesante y variada, oportunidades para el ecoturismo, facilidad para comunicarse (en francés o inglés), precios razonables y una buena infraestructura turística, hacen que Camerún tenga todo lo que el viajero pudiera buscar.

Camerún: Mercado en Foumban

Conviene visitar, o acercarse, al Monte Camerún, que con sus 4.095 metros es la montaña más alta de África Occidental; a Ebodjé, el pueblo en el que una iniciativa de ecoturismo permite convivir con pescadores del sur del país y ver como desovan tortugas; visitar la Ring Road, la carretera que, entre montañas, lagos y cascadas une pueblos en los que visitar a los reyes tradiciones en sus palacios; Foumban, su museo de arte, artesanos y mercados coloridos; Yaounde, la capital, una de las pocas ciudades agradables de África; y los pueblos de las montañas Mandara (Rumsiki, Mora, Koza, Maga…) y sus coloridos y activos mercados (si las condiciones de seguridad lo permiten). Camerún: Rumsiki

Camerún: Ebodjé


BENÍN

Benín es uno de los países que pasa más desapercibido del continente, pues no tiene grandes atractivos. Pero es precisamente por esto y por la ausencia de turismo que vale tanto la pena visitarlo. Emergiendo como un puño (como dicen ellos) entre Nigeria y Togo, es un país variado en su pequeña extensión, bañado

por el océano Atlántico en el sur y topándose con el Sahel en el norte. Amable, tranquilo, y con un nivel de desarrollo medio-bajo, sus gentes son de las más cercanas del continente. Algunos conocerán este país como el originario del vudú, la religión animista que Hollywood se encargó de demonizar (si bien el viajero será testigo de increíbles rituales religiosos en sus templos). De precios bajos y con una de las mejores comidas callejeras del continente hará las delicias de los mochileros y aquellos a los que les guste interactuar con los locales de una manera sincera y directa. El viajero debería acercarse a la región de la Atakora en el norte del país con sus peculiares casas Tata Somba; a Grand Popo, la mejor playa del litoral; a Abomey, la antigua

Benín: Tata Somba

Benín: playa Grand Popo

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Benín: mototaxis en Cotonou

capital del imperio de Dahomey, llena de palacios; a Ouidah, importante por sus templos de vudú y su historia en el comercio de esclavos; a Porto Novo, la capital política y cultural, con interesante arquitectura colonial; a Cotonou, la capital económica, con una frenética actividad y el descomunal mercado de Dantokpa; y al P.N. de la Pendjari, el mejor parque del país con elefantes, leones, antílopes y gran variedad de pájaros. AMANTES DE LA NATURALEZA KENIA

La imagen de África que todos tenemos antes de visitar el continente es, probablemente, de Kenia: la infinita sabana salpicada de acacias, de naturaleza salvaje y casi virgen; etnias con tanta personalidad como los

masai o los samburu; la costa suahili, con sus sensacionales playas y su amalgama cultural de árabes, indios y africanos, montañas tan impresionantes como el monte Kenia; el profundo valle del Rift o los bosques húmedos del interior hacen de este país uno de los destinos más salvajes, en los que mejor disfrutar de la naturaleza en estado puro. Desgraciadamente viajar por él y conocer su belleza no sale barato: no es un destino exclusivo, pero sí caro, al menos si se quieren hacer safaris. Tiene infraestructuras razonablemente buenas pero adolece, no obstante, de recursos para el turista de bajo o medio presupuesto: apenas existe el término medio en alojamientos y las visitas a los parques nacionales son realmente caras. Es el precio a pagar por disfrutar por la naturaleza en estado puro.

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Kenia

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Para conocer bien el país habría que visitar la Reserva Nacional Masai Mara, especialmente durante la gran migración, en los meses de julio y agosto; el Parque Nacional de Amboseli, uno de los mejores lugares para observar elefantes, con el impresionante Kilimanjaro a sus espaldas; subir al monte Kenia, de 5.199 m, el más alto del país; recorrer la costa en dhow, los barcos tradicionales a vela; descansar en las playas de Mombasa, alejados del bullicio de la segunda ciudad del país y principal puerto mercante; o pasear por el casco antiguo de Lamu y aprender de la cultura suahili en la isla más importante del país.

increíbles, culturas y etnias fascinantes… pero todo con una pizca de mayor aventura. O de menos desarrollo, pues en este extenso país todo es más precario, más difícil (carreteras, hoteles, infraestructuras…). Tal vez por eso la gente es tan especial en este país: amable, cercana, educada, digna. A la vez, y más que ningún otro país, Tanzania es la tierra de los safaris, y tiene algunos de los mejores parques del planeta. Y en su interior guarda los lagos Victoria, Tanganika o Malaui, escenarios de la increíble historia de exploración de Burton, Speeke, Livingstone… Tanzania: Serengueti

TANZANIA

A pesar de tener mucho en común con Kenia, Tanzania tiene una fuerte personalidad propia. Comparten la naturaleza, playas

Tanzania: Ngorongoro

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Madacascar: Canal des Pangalanes

Aunque no se puede hacer todo en una visita, destacan los parques del Serengueti, Ngorongoro y Selous, los más impresionantes de África; Stone Town (Zanzíbar), la ciudad suajili mejor conservada, una mezcla de estilos árabe, persa, indio, portugués… la reserva de Gombe, donde Jane Goodall trabajó durante años estudiando los chimpancés; las numerosas etnias del país: merus, masais, pares, sambaas, hadzabes, datogas… los petroglifos y pinturas del yacimiento de Kondoa, en las montañas Irangi; el senderismo por las montañas Usambara y Udzungwa y el alpinismo en el Kilimanjaro, el techo de África, fácil técnicamente pero dura físicamente y el buceo en algunos de los arrecifes de coral junto a las islas de Mafia, Pemba o Zanzíbar.

FUERA DE RUTA (LOS QUE NO SUELEN ESTAR EN NINGUNA LISTA) MADAGASCAR

Un día Madagascar fue un paraíso virgen, aislado del continente, con bosques húmedos, playas de arena blanca, con increíble flora y fauna endémica. Y parte de lo que tuvo lo retiene, pero la deforestación, el exceso de población y la corrupción están pasando factura a este pobre y desabastecido país. Con todo, merece muchísimo la visita, especialmente para aquellos viajeros que buscan que cada día sea una pequeña aventura. Carreteras desastrosas, transportes públicos abarrotados, alojamientos sencillos… hacen que viajar sea lento y algo incómodo, sobre todo si se pretende ver mucho de este país, que vive de la agricultura, ganadería de subsistencia

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y de la pesca artesanal. Su mezcla étnica, su belleza y la sensación de que en muchos lugares no han visto muchos blancos hacen de viajar por este país una experiencia difícil de igualar. Los lugares clave para conocer el país son Antananarivo, la capital, una activa ciudad situada en colinas alrededor de plantaciones de arroz; el Parque Nacional de Ranomafana, para entrar en contacto con los lemures en un entorno virgen; el Canal des Pangalanes para acceder en piragua a algunos de los poblados más remotos del país; el tren de Fianarantsoa a Manakara, el único para pasajeros que aún funciona en el país y que desciende desde el altiplano al Índico; las islas de

Nosy Boraha (Sainte-Marie) o Nosy Be (esta última la más turística del país) pero buenos lugares para bucear, descansar y disfrutar de buenos hoteles y restaurantes.

Madacascar: Mercado de Analakely en Antananarivo

Madacascar: el tren de Fianarantsoa a Manakara

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Angola: Benguela

ANGOLA

Angola sufrió una cruenta guerra civil durante 30 años. Hace más de 10 desde el alto el fuego y, desde entonces, se dedica a extraer el petróleo, oro y diamantes que la han convertido en uno de los países más ricos del continente. Eso no quiere decir desarrollados, ni que la riqueza se haya distribuido uniformemente. Así, viajar por el país es una aventura en sí misma: el turismo no lo tiene fácil: lo comprobaremos al intentar obtener el visado; luego al ver los precios en el país; y por último por la escasa infraestructura que hay y lo difícil que resulta llegar a los lugares más interesantes (fuera de las ciudades). Es un país en construcción. Quien lo visite, no obstante, se encontrará una

de las poblaciones más extrovertidas y acogedoras del continente, en uno de los países menos turísticos del continente. En una primera visita se suele empezar por Luanda, la caótica capital del país, donde se puede observar la estrecha convivencia del lujo y la pobreza; Benguela y Lobito, para admirar sus edificios coloniales; el P.N. da Kissama, el mayor parque nacional del país; el Miradoiro de Lua, desde donde admirar el cañón con rocas de apariencia lunar que terminan en el Océano Atlántico; Lubango, una pequeña ciudad, apenas afectada por la guerra, que mantiene su ambiente relajado; el río Kwanza, para disfrutar de los paisajes y dar un paseo en barca admirando las aves.

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BURKINA FASO

Burkina Faso es uno de los países más pobres del continente. Por su situación en el Sahel, sufre el cambio climático en toda su crudeza: sequías, inundaciones, tormentas de arena… Tal vez por esto, la gente es tan especial y genuina. Tan vital. Ellos son el gran activo de este país, eminentemente rural, desértico en el norte y boscoso en el sur. Con todo, no es difícil moverse por el país, eso sí, en condiciones algo precarias. Y el norte, en la frontera con Malí, tal vez no sea recomendable visitarlo en estos momentos Se debe visitar Ouagadougou, para vivir su animada escena de artes plásticas, música y cine y disfrutar de sus festivales culturales (FESPACO, FESTIMA); Bobo Dioulasso,

la patria de la etnia bobo, una ciudad de ambiente tranquilo con una magnífica mezquita, mercados y un par de museos decentes; Picos de Sindou, para admirar las curiosas formaciones rocosas erosionadas por el viento; Banfora, la ciudad desde la que explorar las cascadas de Karfiguéla, el lago Tengréla (si tiene suerte, verá hipopótamos desde la piragua) o los Dômes de Fabedougou. v

Burkina Faso: Banfora, cascadas de Karfiguéla

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Burkina Faso: Bobo Dioulasso, bar futbolero


Trekking en Ghandruk, Nepal Disfrutando de las increíbles vistas que sólo se pueden contemplar cuando el destino elegido está junto al cielo del mundo TEXTO Y FOTOS JORDI CANAL-SOLER FECHA DEL VIAJE 16/05/2017 A 18/05/2017

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A

Templo budista de Ghandruk con vistas al Annapurna Sur

manece en Ghandruk. Las calles del pequeño pueblo construido en el fuerte pendiente de una montaña del valle del Modi Khola, en Nepal, permanecen durmiendo. Pero a medida que el sol se levanta las sombras de la noche empiezan a desaparecer y con ello el pueblo despierta. Escucho el canto de un gallo a lo lejos, y el rebuzno de un burro más cerca, allá en la entrada del pueblo donde esperan a ser cargados para llevar material hacia el fondo del valle. Son las cinco de la mañana y en la penumbra de las calles adoquinadas de Ghandruk solo se escuchan unas pisadas levantando ecos mortecinos: las nuestras. Corremos hacia la zona baja del pueblo, cerca de la escuela y el campo de césped que sirve a las veces de cancha de fútbol y bádminton. Al lado, en una especie de espigón rocoso que sobresale del bosque que recubre la ladera, se levantan las oficinas del Annapurna Conservation Area Project. El gran helipuerto situado en su extremo es el mejor sitio del pueblo para ver el amanecer. Llegamos justo a tiempo, cuando las primeras luces empiezan a iluminar los picos de las montañas cercanas. Ghandruk no es uno de los pueblos más grandes de Nepal, ni de los que está situado a una mayor altura. No tiene grandes templos, aunque sí existe un pequeño monasterio budista, moderno, situado en su parte baja. Por las laderas de Ghandruk no circulan yaks de peludas faldas, y sus habitantes no pertenecen a la etnia sherpa asociada con los altos valles y las grandes cimas; aquí la gente

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es de la etnia gurung. Pero a pesar de todo, Ghandruk tiene un merecidísimo destacado lugar entre los trekkings de Nepal por sus excelentes vistas. Desde el pueblo, situado en una especie de balcón frente a las montañas, se extiende al norte la cadena montañosa de los Annapurnas, que se levantan como una muralla justo delante de Ghandruk. Al amanecer, el sol empieza a teñir de rojo las puntas nevadas de cuatro cimas: el alto Annapurna

Sur (7.219 m de altura), el compacto Hiunchuli (6.441 m), el oculto Gangapurna (7.455 m) y la doble cima del Machapuchare (6.993 m). Poco a poco la luz se desliza por las montañas mostrando todos sus detalles, jugando con las sombras de las rocas o los penachos de nieve creados por el viento de las cimas, hasta que en pocos minutos el hielo y la roca de las montañas resplandecen bajo el sol tropical. Parece ser entonces cuando el pueblo

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DNI DEL VIAJERO Nombre: Jordi Apellido: Canal-Soler De: Barcelona (España) Edad: 38 años Soy escritor y fotógrafo especializado en viajes. Viajo por el mundo y lo cuento en artículos en revistas y periódicos, programas de radio y televisión, charlas y conferencias y media docena de libros, entre los que se cuentan VIAJE AL BLANCO (Editorial UOC, 2014) y TERRES DEL NORD (Nova Casa Editorial, 2015). También me encontraréis en: Página Web: www.jordicanal.com Blog: www.apuntsdeviatge.com Facebook: facebook.com/apuntsdeviatge Twitter: @jordicanalsoler Instagram: @jordicanalsoler Youtube: jcanalsoler

Granja en el camino de Tolka a Landruk

Google Plus: +JordiCanalSoler

empieza a vivir de nuevo: los ruidos se multiplican y algunos portones se abren. La gente comienza a despertar. Del monasterio budista nos llega música que flota por el aire tranquilo de la mañana a todo volumen. Es un CD de música de relajación que repite hasta el infinito el más famoso mantra del budismo: Om mani padme hum, om mani padme hum,… «La joya del loto». La frase nos deja en un estado de contemplativa serenidad y se

levanta hacia las montañas como si quisiera rendirles homenaje. Aquí, bajo los Himalayas, la admiración por las montañas es palpable. Su majestuosidad, su elevación y la combinada ambivalencia de su proximidad y lejanía infunden un respeto que comparten también los visitantes. Muchos alpinistas han querido superar sus propios límites y los de la humanidad escalando las grandes cimas de esta cordillera, pero justo frente a Ghandruk

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se encuentra una de las montañas cuyo pico nunca pisaron ni hollarán los humanos: el Machapuchare. Con su extraña doble cima en forma de cola de pez, es una montaña tan sagrada que su escalada ha sido prohibida por el gobierno de Nepal. En 1957 un equipo de escaladores británicos se quedó a cincuenta metros de la cumbre. No vieron a los dioses Pareja gurung en el camino

de la cima, pero dejaron la montaña en paz y regresaron sin hacer cumbre. La veneración del pueblo nepalí por el Machapuchare es tanta que incluso cuando pasan por debajo tienen que abstenerse de realizar necesidades fisiológicas. El trekking de Ghandruk es uno de los más fáciles de Nepal, y también uno de los más escénicos gracias a estas vistas. Además, es de los más accesibles: la cota máxima del recorrido es la del propio pueblo de Ghandruk, 2.040 metros de altura, por lo que aquí es difícil que se dé el mal de altura que afecta a los viajeros no aclimatados en trekkings más elevados. Incluso para aquellos más aficionados a las grandes cumbres y paisajes más yermos el trekking de Ghandruk puede ser una primera fase del recorrido que los lleve

Refugiándose a la sombra de uno de los restaurantes del camino

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Simpatía natural en Landruk

hasta el campo base del Annapurna, ya que la primera parte del recorrido, siguiendo el valle del Modi Khola, es la misma. Hay varias rutas alternativas para llegar y regresar de Ghandruk, pero la más sencilla de todas es la que parte de Kande y finaliza en Nayapul después de pasar por Ghandruk. Se necesitan tres días para realizarla, pero a un ritmo tranquilo no son necesarias más que dieciséis horas de marcha que pueden repartirse bien entre los tres días. Como en todos los trekkings de Nepal, es recomendable contratar a un guía y porteadores. Gran parte de los ingresos del país provienen del turismo y, si buscando ahorrar se decide prescindir de ellos, no solo no se beneficia a su gente sino que pierde uno la posibilidad de tener un intérprete que le permita

entender mejor los usos y costumbres de los pueblos por los que se pasa. Y es que en Nepal el mayor activo que tiene el país, además de las montañas y la naturaleza, es su gente, con la que usando al guía como intérprete, se puede conversar. Pocos hablan inglés, y a parte del nepalí y de las lenguas regionales, el idioma universal aquí es la sonrisa. Bien pueda ser una pareja de aldeanos que baja hacia la capital para ir de consulta al médico, o un hombre viejo que descansa en la sombra de su choza, o una mujer arrugada como la corteza de un roble, todos esbozan siempre una sonrisa al cruzarse con los viajeros en el camino y normalmente lo rubrican con un sincero Namasté!, el saludo oficial que se acompaña también juntando las palmas frente al pecho o la boca con los dedos hacia el cielo.

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El inicio del trekking de Ghandruk es en el pequeño pueblo de Kande, al que se llega en coche. Aquí se divide la carga con los porteadores (el máximo establecido por el gobierno son treinta kilos) y no se tarda demasiado en cruzar las cuatro casas de piedra que se encuentran al extremo del pueblo. El camino, bien pavimentado con grandes losas en varios de sus tramos, se convierte aquí en una especie de escalera que nos permite ganar altura en muy pocos metros, pasando aquí y allá junto a pequeñas granjas colgadas de la vertiente de la montaña, con magníficas vistas frente a sus porches y pequeños corrales donde balan cuatro o cinco cabras. A causa de la poca altura en todo el recorrido del trekking de Ghandruk, el camino se desarrolla siempre por bosques espesos de vegetación

selvática excepto allá donde ha sido desbrozado para obtener terrazas de cultivo. El agua es abundante, la tierra fértil y el sol abundante, por lo que tanto la naturaleza salvaje como las plantaciones de arroz y maíz crecen rápidamente. Helechos, lianas y plantas epífitas de barbudo aspecto se desarrollan bajo y sobre los árboles. A veces, se escucha el grito de alarma de un langur gris, una de las dos especies de mono que habitan en las selvas de Nepal. En otras ocasiones, más frecuentes, los pájaros son los que llenan con sus trinos el aire espeso del interior del bosque. Y en ocasiones, todos ellos callan para dejar cantar a la lluvia. La mejor época para el trekking en Nepal es evitando la época del monzón (de junio a septiembre), pero en cualquier otro mes también puede llover ocasionalmente, El empinado camino a Ghandruk

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Todo hay que subirlo a brazos o mulas a Ghandruk

por lo que en la mochila siempre hay que llevar algún chubasquero o capelina para protegerse del agua. A lo largo del camino hay varios lugares donde poder parar a descansar, comer o esconderse de la lluvia: son pequeños campamentos que han ido apareciendo junto a viejas granjas. Algunos incluso tienen pequeños hoteles con habitaciones donde pasar la noche, pero muchos de ellos solo tienen algunos restaurantes que suelen servir la comida tradicional nepalí, el dal bhat, un plato combinado de arroz y sopa de lentejas que puede ir acompañado de algún curri de carne y tarkari de verduras. Para bajar la comida no falta aquí la cerveza. Hay dos grandes marcas en Nepal, las dos cargadas de simbolismo: Everest es la más conocida, y la segunda se llama Ghorka en recuerdo de los ghurkas, los aguerridos y valientes soldados mercenarios de Nepal contratados en los ejércitos de Gran

Bretaña, India, Singapur y Nepal. Varios de ellos salieron de este valle, y algunos que han regresado después de servir en el ejército han comprado casas para transformarlas en hoteles. Hay varios en Australian Camp, uno de estos campamentos a más de dos mil metros de altura y con vistas a los Annapurna. Y unos cuantos más en Pothana y Deurali, los siguientes pueblos del recorrido. La primera etapa finaliza en Tolka, en la margen izquierda del valle de Modi Khola, donde los hoteles, aunque espartanos y con aspecto de refugios de montaña, tienen miradores hacia el fondo del valle. A la mañana siguiente toca el recorrido más duro. El camino pasa por Landruk, a escasa hora y media de Tolka, y hay que descender por un zigzagueante sendero hasta la parte más baja del valle, allá donde el río Modi salta por las rocas con aguas grises provenientes

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de los glaciares del Annapurna Sur. Un puente colgante, decorado con banderas de oración de los cinco colores budistas, atraviesa sus diez metros de anchura. A partir de aquí empieza el tramo más exigente de todo el trekking: la ascensión desde los 1.355 metros de altura del río hasta los 2.040 m de Ghandruk, una subida de setecientos metros que hay que hacer poco a poco y disfrutando del paisaje. Toda la vertiente de la montaña está llena de terrazas de cultivo. Aquí el terreno es escaso y la única forma de aprovecharlo es creando estas superficies artificiales que, tan remotas y exigentes, no pueden ser labradas

por tractores. La fuerza animal de un tiro de bueyes es la encargada de mover el arado, y la estampa de los campesinos labrando así los campos no ha cambiado desde que a principios del siglo XX se empezó a permitir la entrada al país a los primeros turistas. Incluso aquí, en Ghandruk, las cosas siguen siendo como entonces. Al pueblo no se puede llegar por carretera, y los últimos kilómetros hay que hacerlos a pie desde Kimche, lo más lejos que llega el autobús de Pokhara, la capital de la región. El camino desde el río que remontamos llega directo a Ghandruk, pero el esfuerzo acaba tocándonos el ánimo y las

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fuerzas a los excursionistas, así que solo le podemos encontrar un remedio: una ducha fría, un plato de sukuti (una carne de búfalo seca y ahumada servida en salsa), un vaso de raksi (un licor de mijo) y un buen descanso en alguno de los muchos hoteles del pueblo. La noche, sin embargo, no será tan larga como a muchos nos gustaría: a la mañana siguiente habrá que madrugar para ver la salida del sol… El camino de Ghandruk a Kimche, ya de regreso hacia el fondo del valle, discurre por la derecha del río Modi, tan elevado que desde las curvas del camino se pueden

ver preciosos paisajes del otro vertiente, con Landruk y Tolka como principales poblaciones. Después de Kimche, el sendero para los caminantes intersecciona a veces con el del autobús que hace el servicio diario. Aquí hay también más movimiento de personas, especialmente de niños y niñas que, antes de las diez, recorren algunos kilómetros desde sus casas en la montaña hasta las grandes escuelas de Ghnadruk o de Syauli Bazar. Desde aquí el camino baja hacia el río Modi al que se llega en menos de una hora. A partir de entonces el sendero sigue el curso del río por entre una vegetación aún más espesa.

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La muralla del Himalaya frente a Ghandruk


Aquí y allá algunas granjas aprovechan el mayor espacio de cultivo que ofrece el fondo del valle y la cercanía del agua para grandes cultivos de arroz. Más allá se llega finalmente a Birethanti, donde un gran puente atraviesa el río Modi. Ya solo quedan pocos kilómetros hasta llegar a Nayapul, una pequeña ciudad

en la entrada del valle donde finalizan (o empiezan) los tours del Annapurna. Aquí se encuentra gran cantidad de buses para regresar a Pokhara, a poco más de sesenta kilómetros, así que el retorno puede realizarse casi a cualquier hora del día. Pocos viajeros quedarán despiertos durante el viaje re regreso: a pesar de ser un trekking sencillo y demandante, el esfuerzo se nota y las pocas horas de dormir para poder ver la salida del sol acaban también pasando factura. Mientras el autobús circula por entre los campos de arroz del centro de Nepal, más de uno de sus ocupantes soñará con esas montañas de los Annapurnas, de picos agudos, roca y hielo, que vio levantarse, como faros rojos, en el crepúsculo de la mañana… v

Indicador de camino en el trekking de Ghandruk

Uno de los puentes en el trekking de Ghandruk

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Unos días en la Guajira Crónica de una escapada intensa allí donde acaba Colombia, la salvaje Guajira. TEXTO Y FOTOS ENRIQUE VAQUERIZO FECHA DEL VIAJE OCTUBRE 2015

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¿E

spañol?, ¿Como el otro chico?, ¿El que desapareció? No tiene por qué pasar nada, es un sitio tranquilo si no buscas problemas, pero español… esos indios son rencorosos. Riohacha como muchos lugares en Colombia no es exactamente como la esperaba, ni rastro de pueblos decrépitos que aguardan el regreso de la compañía bananera, ejércitos a la deriva, vapores atravesando el Magdalena,

ni mucho menos gallinazos picoteando los restos de estirpes interminables. Nada de eso queda ya en Riohacha, demasiadas novelas de García Márquez me temo. Me siento en el Malecón frente a una enorme pantalla de plasma y celebro junto a unos chicos un golazo de James Rodriguez. El mar ronronea a apenas unos metros, la playa está oscura y en silencio, apenas si distingo el contorno de los chiringuitos vacíos y una montaña de tumbonas apiladas entre las palmeras.

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Wilmar es un mulato de casi dos metros que se dedica a vender pulseras de hilo, cantar unas cumbias tristísimas y emborracharse a conciencia. Hoy es otra noche más en su oficina, nos hacemos amigos al instante, aunque no parece muy convencido con mi itinerario de viaje. -Tú verás, ve si quieres, pero allí tampoco hay nada del otro mundo. A la mañana siguiente me aprieto en una furgoneta compartida y me dirijo hacia el Este. La Guajira es una mancha áspera y desangelada que se extiende durante centenares de kilómetros hasta la frontera con Venezuela. Hogar ancestral de los indios Wayúu es una de las regiones más olvidadas del país. El paisaje cambia rápido y pronto dejamos atrás

el verdor de la selva de Santa Marta y entramos en una llanura parda y claveteada por chumberas y matojos espinosos. Los otros cinco ocupantes del taxi son Wayúus, miran por la ventanilla o revisan los teléfonos móviles, envueltos en sus túnicas de colores chillones, e inexpresivos como estatuas. En la radio suena una especie de góspel local. El estribillo es bueno y se nos van los pies contra el suelo cuando se repite una y otra vez”. “Hay ambiente de muerte y dolor, en ciudades, campos y poblados todo huele a desolación, todo huele a muerte y dolor ¿Cuándo fue que nos hemos olvidado del Señor?” En Urubia monto en un remolque descubierto que sale hacia el Cabo de la Vela. Diez pasajeros nos amontonamos entre grandes

Wayuus en Urubia

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Niña Wayuu en El Cabo

botellas de agua potable, le comento al conductor que no he visto un solo turista. Me responde que no suelen venir demasiados en esta época del año, además se han extendido rumores sobre lo que pasó hace unos últimos meses. ¿Cuál es su opinión? Sólo eso, rumores. El asfalto se extingue poco a poco como los colores de una tela recién lavada. Brincamos sobre un terraplén pedregoso, que se allana hasta quedar reducido a un hilo de polvo y arena. El Cabo de la Vela en realidad es una sola calle, a lo Far West, las casas de madera se vigilan unas a otras en dos hileras enfrentadas, los Wayuus dormitan en las puertas y ofrecen alojamiento o lecciones de windsuf a precio económico. Bajo de la camioneta en el primer hotel del pueblo, un chico me ofrece las tarifas; elijo dormir en la playa en una hamaca. Unos treinta wayúus ofrecen a la entrada del

restaurante artesanía local, los niños se asoman a la barandilla que los separa de los clientes y contemplan hipnotizados un culebrón en el que un villano intenta besar sin éxito a una modelo con unos pechos enormes. Miguel es el propietario del hotel, nació en Barranquilla y pese a las dificultades las cosas no le van mal. Las dificultades son la falta de electricidad y de agua corriente, la soledad y ese viento incansable. ¿El otro chico? Claro que lo conocía, solía venir de vez en cuando por El Cabo, se alojaba en la pensión que hay al final de la calle. Ni idea de qué pudo pasarle, la policía estuvo una semana aquí y ya le preguntó a todo el mundo, incluso vino la familia. Era periodista y el día antes fue a visitar un cementerio wayúu para un reportaje, muchos indígenas lo conocían por aquí.

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DNI DEL VIAJERO Nombre: Enrique Apellido: Vaquerizo De: Madrid (España) Edad: 35 años Soy periodista y fotógrafo free lance especializado en viajes y reportajes sociales, he publicado en medios como El Mundo, El País, Altair Magazine o La Aventura de la Historia. He residido en varios países de África y Latinoamérica, apasionado de los azares inciertos que todo viaje regala.


Pelícanos en el Caribe

Espero a que se retire el sol ardiente para el primer baño del día. Algunas barcas de pesca regresan tras la jornada y una bandada de pelícanos espera la cena sobre una de ellas como en la cola del supermercado. De vez en cuando cruzan el pueblo camiones herrumbrosos, reparten víveres por las rancherías indígenas o llevan productos de contrabando hacia Venezuela. De vuelta al hotel me encuentro los mismos rostros impasibles que ofrecen sus pulseras de colores. No hay luz eléctrica ni televisión y el restaurante está vacío. Me marcho pronto a dormir, mañana me levanto temprano. Quiero ir a pie a la playa de El Pilón de Azúcar y el camino es largo. La hamaca está en la playa, tan cómoda y caliente como una confortable

bolsa de canguro. Estoy solo frente al cielo, infestado de estrellas. Duermo a ratos, desvelado por los ladridos de los perros y las pisadas en la arena que merodean alrededor con insistencia. El despertador suena a las 5 y cruzo el pueblo medio dormido bajo un cielo color púrpura. La playa está a unos ocho kilómetros y puede verse el promontorio de piedra desde el Cabo. Sólo tengo que seguir en línea recta y no perder las rocas de vista. Dejo atrás las últimas chabolas destartaladas, luego el desierto y otra vez el maldito vendaval que aúlla hasta quedarse afónico. Voy todo lo deprisa que puedo para evitar las horas de máxima temperatura. Pronto me queda claro que hacer esta excursión solo no ha sido una

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buena idea, el sendero desaparece de golpe entre cactus enormes y piedras afiladas. Sólo son las siete de la mañana, ya hace un calor del infierno y el sol escala el cielo con rapidez. En todo el trayecto tan sólo encuentro una choza desvencijada oculta tras un seto hecho de chumberas. Me destrozo las manos para ver si hay alguien dentro, sólo encuentro un rebaño de cabras que mordisquea los yerbajos resecos. Hace tiempo que perdí de vista el mar, sigo el peñón mientras sorteo los cactus y resbalo un par de veces. El silencio de la mañana es tan intenso que me perfora los oídos. Ya ni siquiera oigo al viento, se ha mudado a vivir dentro de mi cabeza y hace revolotear mis pensamientos hacia todas direcciones como pájaros asustados.

Trepo por una duna y llego al final cuando se me acaba la botella de agua, cuatro horas después tengo el peñón a la vista. Junto al acantilado hay una choza hecha de cañas y un coche. Desde el radiocasete suena música de salsa y dos parejas jóvenes bailan abrazados frente al mar, ni se dan cuenta de que paso junto a ellos cuando bajo por el acantilado hasta la playa desierta. Me doy un baño rápido, esperan otras tres horas de vuelta y se aproximan las horas de máximo calor del día. Cuando subo ya no hay rastro de las parejas, me despido mentalmente de la posibilidad de volver en coche. A cambio llegan un par de muchachos montados en una motocicleta, van descalzos y me preguntan si he visto a unos jóvenes con un coche rojo, les informo que deben haberse marchado hace

Paisaje Cabo de la Vela

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Playa del Pilón de Azúcar

unos minutos. Maldicen y se desesperan, hay algo en su expresión que me aconseja no pedirles que me acerquen al Cabo cuando discuten hacia qué dirección se han marchado. La veo justo cuando ellos arrancan, tan rápido que no me da tiempo a preguntar si ellos la ven también. Ha debido estar ahí todo ese tiempo, observándonos. Está sentada en el suelo recostada frente una roca y me mira fijamente. Por unos instantes dudo si es una muñeca. Cubierta de harapos y con la piel requemada por el sol, no se mueve, no pestañea, sólo me mira a través de un par de rendijas color ámbar. Paso a su lado dando un rodeo, no parece especialmente vieja, sólo sucia y esquelética. Ni siquiera contesta cuando murmuro un buenos días apresurado.

Camino unos treinta metros antes de volver la cabeza, se ha incorporado, sigue observándome. Aprieto el paso y por el rabillo del ojo veo como desaparece entre las dunas. Avanzo deprisa a través de los espinos y parece como si el mundo hubiese escapado de un desastre nuclear. Ni rastro de personas, sólo el sol que se desploma sobre el desierto y el mar Caribe, inmóvil como un cadáver. Intento recordar las trazas del camino de ida sin éxito. No tengo ni idea de donde estoy. Aparece detrás de una chumbera y se queda quieta, otra vez esa mirada de autómata. Echo a correr y ya no paro hasta que me duelen las costillas y una espina se me clava en el pie. Me doy cuenta de que no he escuchado un solo pájaro en toda la mañana.

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Horas después respiro frente a una cerveza y decido que no volveré a moverme en lo que queda del día. En algún momento para frente al restaurante un autobús y descarga una veintena de turistas ruidosos procedentes de Bogotá. En la mesa de al lado, un señor apura a chupitos rápidos una botella de aguardiente antioqueño, hace señas al todoterreno para que lo esperen. Se sienta a mi mesa y me cuenta su vida. Es el único médico de la zona y va de ranchería en ranchería, encargándose de dolores de estómago, diarreas y malarias. Reparte aspirinas y vacunas, la Hepatitis B es muy frecuente aquí. La mujer de la playa si… algo ha oído de ella aunque nunca la ha visto, no sabría decirme. Aquí no hay por qué creer siempre lo que te cuentan. ¿El español? Otra historia, si quiero saber su opinión aquella noche debió beber u otra cosa, (y aquí infla los carrillos como si inhalase el humo de una

antorcha) antes de meterse en el mar. Quizás se desorientó, el Caribe es traicionero o…hay veces que los tiburones frecuentan la orilla. Apura el vaso de un trago y pregunta cuánto tiempo más me queda en La Guajira, se despide con un guiño y me desea una buena estancia. Decido marcharme esa misma tarde y mientras Miguel cancela mi cuenta, me siento fuera junto una veintena de pequeños Wayuus que han dejado sus pulseras en el suelo y miran videoclips en la televisión. Sus caras de asombro se pegan a los barrotes de madera. Luifer canta guitarra en mano un vallenato de éxito “Pero que nos pasó, ven dime de frente lo que sucedió, tu amor está ausente de mi nido voló, me cuesta entender que hasta ayer fuiste mía….” Nunca he estado en un país donde se escuchen tantas canciones de amor. v

Jugando a las cartas en Riohacha

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Tamurt n Akkuc, la Perla del sur Su envidiable situación geográfica, entre el Atlas y el desierto del Sahara, hace de Marrakech una de las ciudades más singulares de Marruecos TEXTO Y FOTOS JOSÉ GREGORIO FEIJOO MARTÍNEZ

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¿Q

ué hace del viaje a Marrakech una experiencia imborrable?. La respuesta se resume en una idea sencilla de comprender: El vuelo en avión me trasladó en 90 minutos hacia la Ciudad Roja y cuando llegué al corazón de la Medina, había viajado 900 años atrás en el tiempo. Semejante jet lag no se supera fácilmente. Aterrizamos en una mañana lluviosa y fría de diciembre. La aproximación al aeropuerto de Menara nos dejó ver campos de cultivo y fincas de frutales muy ordenadas. Llama la atención el intenso color ocre de la tierra y las edificaciones, mezclado con el verde oscuro de las extensiones cultivadas. Al llegar a la terminal, el lento control de pasaporte me sirvió para ver que los acabados de los materiales y sistemas constructivos del edificio eran propios de un tiempo anterior al nuestro. Empezamos a dar marcha atrás al reloj… El taxi, en su camino hacia nuestro hotel, situado en las afueras de la ciudad vieja, se encontró bruscamente con un tráfico intenso y desordenado, incluso en domingo. Una multitud iba por libre abriéndose paso entre las calles, las aceras, cada esquina, los solares, los descampados, la mediana de las carreteras. Todo el espacio libre estaba siendo transitado por cualquier medio de transporte, desde la gente que caminaba cargada de fardos en medio del tráfico rodado hasta burros, caballos tirando de carretas, carricoches, taxis, autobuses y camiones que se entrecruzaban sin atender a los pasos de peatones ni a las líneas de la calzada. La escena se

Xemáa-El-Fná

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Koutoubia

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desarrollaba en una atmósfera gris y sucia. A lo largo de las fachadas de los edificios se sucedían locales, talleres, puestos de comida, todos en un estado lamentable. Lugares donde las herramientas conviven con los alimentos y los repuestos con las sillas, mostradores, escaleras de caracol y cualquier cosa que se pueda vender, reparar o intercambiar. Todo lo que veíamos en el trayecto al hotel era caótico y cochambroso. Nos preguntamos sin hablar, mirándonos de reojo: ¿Dónde nos hemos metido?. Llegando al hotel el panorama cambió súbitamente, dando paso, una vez superada la barrera de control, a un oasis de paz, limpieza y seguridad “a la europea”. El hotel tiene un amplio hall con aire oriental, no solo por su decoración sino por los clientes que se hospedan en él. Vimos familias hindúes, viajeros árabes, franceses, ingleses, y casi ningún español. Después de alojarnos nos subimos al microbús del hotel para realizar una primera visita a la gran explanada de la Medina, la mítica Xemáa-El-Fná. Llegamos casi a la hora de la última oración de la tarde, cayendo el Sol tras la Koutoubia y su esbelto minarete, que permite a los no creyentes trepar únicamente con la vista hasta su remate, desde donde la voz amplificada del imán anuncia a


DNI DEL VIAJERO Nombre: José Gregorio Apellidos: Feijoo Martínez De: Islas Canarias (España)

Organizador, simpatizante certificado del té. Humilde Ninja de los viajes. Especialista en música HQ. Creador de lo que sea. Arquitecto.

los cuatro vientos que Alá es grande. El primer vistazo al mercado de la Plaza no se me olvidará nunca. El pasmo visual fue tal que me imantó definitivamente a esta magnética ciudad.

La Medina de Marrakech es un corazón de barro palpitante. Su carne de adobe se expande, se contrae, se agrieta, se cierra, respira, se contorsiona de todas las formas y maneras posibles, y ninguna previsible. En la Medina puede suceder cualquier cosa, en esta ciudaduniverso cabe la vida entera. Cuando la tarde se hace roja hacia poniente, una muchedumbre se derrama a la hora de Maghrib, siguiendo el lamento profundo emergido del pozo de la historia. La hipnótica llamada del Imán que atraviesa el más devoto de los silencios, seas o no creyente, te llega al alma. Las palabras sagradas se entrelazan con su propio eco, una letanía que se contagia como un reguero de minarete en minarete, se engancha al humo de los braseros y asciende, flotando sobre las cabezas de hombres, mujeres, niños, bestias de carga, monos, serpientes.

Xemáa-El-Fná

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Medina

El aire frío llena un espacio vacío, sereno, que se expande desde las bocas calientes de las callejuelas, abiertas a la Xemáa-El-Fná, pasando de la penumbra de sus gargantas a la luz cegadora del Sol justo antes del ocaso, mientras la Plaza muda la escena para preparar lo

que se comerá y beberá esa misma noche, en el mismo escenario en el que conviven los comportamientos sociales más arcaicos con las manifestaciones más actuales de la sociedad contemporánea. No es fácil para un hombre blanco como yo seguir el rastro acertado ante la explosión de toda clase de olores, sabores y colores que saturan los caudalosos pasillos de semejante laberinto para los sentidos. Arrancada de mi origen occidental y arrojada sin contemplaciones a la situación más incomprensible, mi vida experimentó un punto de inflexión. Caminar por una, dos o mil calles equivale a recomponer

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sin descanso un rompecabezas sobre la arena, durante un día de viento. Oír la frenética ebullición de la ciudad vieja que vibra entre cuerpos humanos, animales, mercancías de mil formas y colores, es participar de una fraternidad que lo une todo, fundiendo mi vivencia con todas las gamas posibles e imposibles de la percepción humana, hasta crear una visión indeleble, el tatuaje de un mapa nómada que se incrusta en mi cabeza y en mis tripas, dibujando en mi interior la más auténtica experiencia norteafricana. No me veo en medio del caos, siento que estoy ante un desorden orgánicamente dispuesto, ajeno a la lógica cartesiana, sabiamente configurado por la superposición de capas surgidas del aluvión de acontecimientos seculares que han modelado esta ciudad.

Y esa impronta se me adhiere a cada paso, deshaciendo a jirones los patrones de mi comportamiento occidental, despojando de convencionalismos mi vivencia, inoculándome una nueva manifestación existencial, que me aturde por su intensidad, haciéndome deambular como un vagabundo de esquina en esquina entre la multitud andariega, ebrio de todos las sensaciones que soy capaz de vivir. Si alguna vez esta ciudad tuvo un tiempo continuo, un perfil lineal, un orden lógico, una imagen completa y reconocible, debió de haberlos perdido para siempre. Su aspecto fragmentado puede hacer pensar en la ruptura total del orden social, una entropía manifiesta. Pero realmente no es así. Tampoco se trata de una ciudad dormida en el Tiempo,

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aunque a primera vista pueda parecerlo. Se trata más bien de un tiempo distinto al que estamos acostumbrados a percibir desde nuestro lado del mundo. Esa asincronía sugiere una realidad extrañamente antigua, a pesar de la proliferación de todos los objetos y situaciones que nos vinculan con el presente. El fuerte contraste entre el turista rubio fotografiando con su móvil a una pareja vestida a la manera ancestral del Magreb nos ofrece situaciones paradójicas sobre nuestro sentido del tiempo. Esa realidad fragmentada es todo lo que conseguirá el viajero obtener del Dédalo al que se enfrenta. Entre los zocos, cada cual elabora a diario su mapa paso a paso, y sabe que deberá cambiar las coordenadas con la llegada de la noche, porque a la mañana siguiente tendrá que recalcular las rutas. Todo lo de ayer servirá de muy poco mañana. La Ciudad Roja debió nacer y crecer entre ayunos, oraciones, rituales, placeres y prohibiciones, que se acumularon sobre múltiples capas de complejidad amalgamada y petrificada por el frío de la noche continental, y vueltas a fundir incesantemente por el Sol, que abre cada día su ojo de fuego entre párpados

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negruzcos de nubes, tiznados de noche para, con una primera mirada al mundo, incendiar de vida a todos los viajeros de esta pequeña piedra redonda que gira perfecta en su órbita. Ese Sol que atraviesa con lanzas de luz los sombrajos instalados sobre las callejuelas de la Medina, alcanzando sin distinciones a todos los que circulamos bajo esa techumbre protectora del cielo abrasador, mil veces reparada con otros tantos retales de metal, plástico o madera, configurando un sugerente claroscuro, incluso a mediodía. Esas luces tan teatrales permiten descomponer otra vez más el caleidoscopio solar en múltiples reflejos sobre las lámparas de latón, las teteras plateadas, los recipientes de vidrio de colores, bañando con el más intenso color los

pasadizos donde se secan los ovillos de lana teñida colgados sobre nuestras cabezas. De regreso a Occidente, ya pasado un cierto tiempo, los recuerdos de la Medina forman en mí un collage colorido, un pensamiento construido de fragmentos que se empeñan en saltar a cada instante como los monos saltimbanquis, que se recomponen en mosaicos como hacen los contadores de historias con sus relatos heredados, que suplican que les mantengas en la memoria como un paria magrebí, que me alivian los malos ratos vividos como un curandero beduino, y me llenan la cabeza de personajes estrafalarios como los que vi (o quizá imaginé) mientras trataba de comprender la inabarcable complejidad de esa ciudad incierta y mutante. v

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EV AN EO S LO S

VI AJ ES

DE

Vietnam, caรณtica serenidad

Dos caras de una misma moneda. Vietnam ofrece al visitante una riqueza natural y cultural que invita a recorrerlo de punta a punta TEXTO Y FOTOS TONI MARTรNEZ FECHA DEL VIAJE JULIO 2016

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V

iajar te cambia. A mí, desde luego, me cambió. Hace más de 20 años que viajo y cuando tuve a mis hijos no dejé de hacerlo. Al contrario, empecé intenté inculcarles el amor por descubrir diferentes culturas y por aprovechar al máximo el tiempo libre para conocer qué hay en el mundo. El verano pasado y visto que ellos ya se han hecho mayores y que ya viajan solos decidimos hacer, mi mujer y yo, el viaje que no habíamos podido hacer nunca. Un viaje a Vietnam. Y ahora que me he decidido a escribir espero que algún día podáis vivir las mismas experiencias que mi Carmen, mi mujer, y yo vivimos. Vietnam es un país que, por su extensión y distribución lo hacen un país perfecto para recorrer de Norte a Sur o de Sur a Norte. Nosotros decidimos hacerlo de norte a sur y el país no defraudó. Pero si hay algo que nos ha marcado de este país con tanta historia además de su riqueza natural es su comida. Para nosotros, una de las más rica y sabrosa de toda Asia. Partimos desde Barcelona y tras 20 horas de viaje, una larga escala en Doha (Qatar) llegamos hasta el aeropuerto internacional de Noi Bai, en Hanoi. Allí nos estaba esperando el que sería nuestro guía durante todo el recorrido por el país. Y de allí llegamos hasta Hanoi, una capital moderna que todavía conserva el misterio y el encanto de antaño. Una capital a la que teníamos muchas ganas de conocer. Después de un día de viaje queríamos descansar pero esta ciudad nos llamaba a recorrer sus calles y probar su comida. Nuestro guía

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Lago Hoan Kiem

nos acompañó hasta el Mercado Nocturno de Long Bien pero se nos hizo corto. El día siguiente queríamos disfrutar de la ciudad así que fuimos al hotel para reponer fuerzas. Al día siguiente nuestro guía, del que todavía no os he dicho el nombre, Shok, nos recogió en el hotel y comenzó nuestro tour por la capital. Después de desayunar Pho, un bol de caldo de pollo con tallarines, ternera y hierbas aromáticas, el típico desayuno, comenzamos nuestra visita en el Mausoleo de Ho Chi Minh y tras ella la Pagoda de un sólo pilar, un verdadero símbolo de la ciudad. A continuación visitamos el Templo de la Literatura, la primera universidad de Vietnam de la que Shok nos habló con una pasión digna de

un pueblo tan orgulloso como el vietnamita. Nos contó que en sus inicios se estudiaba la filosofía de Confucio pero que actualmente es un lugar muy concurrido por estudiantes al finalizar sus estudios para hacerse la foto de graduación. Nuestra visita continuó en el Lago Hoan Kiem, lugar que si se visita bien temprano está repleto de vietnamitas haciendo deporte. Nuestro día fue non-stop pero mereció la pena. Y sí, no paramos de comer en todo el día. Vietnam es el paraíso de la comida callejera y aunque pueda parecer peligroso, es 100% recomendable. Nosotros íbamos acompañados en todo momento por nuestro guía Shok y él nos recomendó varios puestos en los que comer.

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DNI DEL VIAJERO Nombre: Toni Apellido: Martínez De: Barcelona (España) Edad: 55 años Químico de profesión y viajero de corazón. Espero poder jubilarme en una playa paradisíaca del Caribe. Hasta entonces, seguiré viajando.

El primer día de nuestra visita nos encantó y tan solo era nuestro primer día. En esta ocasión decidimos apostar por confiar la organización del viaje a una agencia local, la cual habíamos encontrado en Evaneos, una plataforma web que pone en contacto viajeros con agencias locales en el lugar del destino que organizan un viaje a medida y todo en español. Por el momento, estábamos muy contentos ya que todo había ido bien. Al día siguiente nos levantamos temprano para partir hasta la Bahía de Halong, uno de los lugares Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y también declarado una de las siete maravillas naturales del mundo. Tras más de tres horas por carretera nos topamos con esta maravilla, una bahía con cientos de islotes y que, a pesar, de la cantidad de turistas con los que compartimos esa estampa mereció la pena visitar. Aquí comenzó un crucero que duró dos días en el que exploramos

cuevas en kayak, nadamos en las aguas del Golfo de Tonkin y dormimos a bordo, algo que nunca imaginamos que haríamos pero que a pesar de la cantidad de gente con la que compartimos mar esa noche, nos encantó. ¡Y qué decir de ver amanecer desde el barco haciendo Tai Chi! Nadie nos dijo que podía ser tan exótico y raro a la vez. Aunque el desayuno a bordo fue lo mejor de la mañana, todo lo bueno se acaba y tuvimos que volver a tierra para coger el avión que nos llevaría hasta el centro del país, Danang. Aquí Shok y nos mostró esta bonita ciudad, Hoi An. El encanto de esta ciudad, la Venecia de Vietnam, nos encandiló. Surcada por el río Thu bon y Patrimonio de la Humanidad por su arquitectura con puentes japoneses y construcciones vietnamitas atraen. Aquí descubrimos el Museo Sahuyn, la Pagona Phuoc Kien, el puente cubierto japonés, la casa Tan Ky, con más de 200 años de antigüedad y sus poemas chinos incrustados además de las 844 casas históricas y templos. Por la tarde, Shok se fue a descansar y tuvimos tiempo libre para pasear por el mercado de la ciudad junto al río. A nosotros se nos hizo muy corta la estancia en esta tranquila ciudad pero había que continuar el viaje. Al día siguiente nos tocó madrugar y ya era el sexto día de viaje pero la verdad es que cada día era mejor que el anterior y todo estaba saliendo rodado. Nuestro guía junto con el chófer del coche nos recogieron en el hotel y partimos en dirección Hue donde se encuentra Kinh Thanh Citadel, o también conocida como la Ciudad Imperial. Aquí también visitamos la Ciudad Púrpura Prohibida

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Bahía de Halong

construida hace más de 200 años y terminamos el día embarcando en una barca a lo largo del Río Perfume desde el que observamos el ambiente tranquilo de la romántica Hue y más tarde visitamos la pagoda de Thien Mu, el símbolo de la ciudad. Por la tarde, fuimos hasta el aeropuerto donde nos dirigimos hasta Ho Chin Min para la penúltima etapa de nuestro viaje. Al día siguiente Shok nos recogió y nos dirigimos hasta los túneles de Cu Chi, una red de galerías subterráneas y estrechas, cavadas a mano por los guerrilleros para defenderse durante la guerra cruel que se libró en Vietnam a mediados de siglo XX. He de decir que este lugar es sorprendente y bastante estremecedor pero merece la pena. Tal y como nos comentó Shok, hoy en día estos túneles se han convertido en un importante reclamo turístico que proporcionan al

visitante una experiencia única y que ayuda a imaginar cómo era la vida durante la guerra entre Estados Unidos y Vietnam. Por la tarde, fuimos hasta el Museo de los Crímenes de la Guerra y después visitamos el Palacio de la Reunificación, el que una fue Palacio Presidencial. Más tarde conocimos el principal asentamiento colonial de la ciudad de Ho Chi Minh, la Antigua Central de Correos y el ayuntamiento. Aquí descubrimos la gran influencia francesa que hay en Indochina. Y hasta aquí llegó nuestro primer día en la ciudad más habitada de Vietnam, Ho Chi Minh, la antigua Saigón. Y tras 10 días de viaje nos quedaba una de las experiencias que más ganas teníamos de vivir. Lo cierto es que a esta altura del viaje cada nueva experiencia y cada nueva ciudad nos parecía maravillosa. Vietnam es un país que encanta, con una población amable y

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alegre que se siente orgullosa de sí misma y que conserva su historia reciente con todo detalle. Pero más allá de su historia posee un potencial natural que tuvimos la gran suerte de conocer. Al menos una parte. El día 11, justo después de desayunar, nos trasladamos hasta Ben Tre, un pequeño pueblo en el que cogimos un barco para recorrer el Río Ham Luong, uno de los afluentes del Mekong. Sí, el Mekong, el río que recorre los 7 países (Tíbet, China, Birmania, Tailandia, Camboya, Laos y Vietnam) y cuyo delta se encuentra al sur de Vietnam. Estar navegando en este río fue mágico también porque Shok seguía acompañándonos y contándonos todo lo que conocía de cada región. Era un auténtico experto y gran parte de la satisfacción de nuestro viaje se la debemos a él. Pero además, esta experiencia fue una de las más bonitas ya que los turistas que nos habíamos ido encontrando a lo largo de todo el recorrido desaparecieron. Es increíble cómo a través del río pudimos ver el día a día de la población, en qué trabajan y, al fin y al cabo, cómo viven. Además, paramos en un pueblo tranquilo en el que dimos un paseo antes de montar en un Xe Loi, que es como una bici pero motorizada y gracias a ella pudimos visitar los huertos de frutas. A mediodía seguimos deleitándonos con la comida vietnamita. En este caso, probamos especialidades locales. Al terminar, subimos a un sampán, una embarcación ligera que nos recordaba a los Piratas del Caribe. Con este barquito, movido por remos, paseamos por los canales hasta volver a coger el barco que nos llevaba de vuelta a Ben Tre, para sí volver a Ho Chi Minh.

Mercado de Da Nang

Al día siguiente lo que nos esperaba en otro día de vuelo para llegar hasta la última etapa de nuestro viaje, los templos de Angkor en Camboya. Despertamos en Ho Chi Minh y estuvimos paseando por la ciudad hasta tomar el avión dirección a Siem Reap, la segunda ciudad más importante de Camboya tras su capital Phom Phen.Cuando visitamos la ciudad no pudimos conocer la catedral así que fuimos a verla y no defraudó. En ningún momento nos imaginamos lo que nos encontramos al llegar a los templos de Angkor. Habíamos leído mucho pero nunca pensamos que fueran tan inmensos y tan impresionantes. Aquí visitamos la Puerta del Sur de Angkor Thom, el Templo de Bayon y el Templo de Baphoun dedicado al Dios Hindú Shiva, la Terraza de los Elefantes, la Terraza del Rey Leproso y Phimeanakas. Esto era solo una introducción pues el Angkor Wat era el siguiente monumento, el edificio religioso más grande del mundo. Es

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El Río Ham Luong en Ben Tre

muy difícil explicar con palabras lo que vimos aquí así que os invito a conocerlo. Lo que más nos apenó fue no poder estar más tiempo en Camboya. Es un país que nos interesa mucho por su cruel historia reciente y por la forma que tiene la población de vivir. Sin dudarlo, volveremos pronto. Antes de volver al hotel visitamos el Templo Ta Prohm, construido en el siglo XII y del que se conserva casi en su totalidad desde que fuese redescubierto por exploradores franceses. Su situación, con laberintos de piedra y rodeados de selva, raíces y ramas de higueras enormes lo hacen un lugar especial para sentir la historia del país. Quizá os preguntéis por qué no hemos visitado las famosas terrazas de arroz. Las más conocidas y las más bonitas se encuentran al noreste. En concreto en la región de Yen Bai. En este viaje no tuvimos ocasión de visitarlas pero lo cierto es que ya estamos pensando en volver al Sudeste Asiático y en

esta nueva ocasión conocer Tailandia, Laos y el norte de Vietnam y la región de Sapa, una zona de la que nos han hablado maravillas. En este lugar tan místico, sin darnos cuenta, terminaba nuestro viaje aunque todavía nos quedaban dos días para volver a casa. A la mañana siguiente cogimos un vuelo hasta Hanoi y más tarde, por la noche, cogimos el de vuelta a casa. Un viaje muy largo pero que nos sirvió para hablar de todo lo que habíamos visto, toda la gente maravillosa que habíamos conocido, la comida tan rica que habíamos probado, la suerte que habíamos tenido con tener a Shok como guía y también con tener la oportunidad de ver cómo vive su población. En resumen, viajar te cambia pero siempre para mejor. v

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Madera y agua. Jamaica (Xaymaca) significa en taína ‘tierra de madera y agua’, y el nombre es de lo más descriptivo: está repleta de bosques, ríos y cascadas de agua cristalina. Orquídeas. Es el vegetal rey en la isla: en Jamaica crecen más de 3.000 especies de plantas, de las cuales más de 200 son especies de orquídeas y ¡de plantas carnívoras! Ian Fleming. El escritor tiene una estrecha relación con la isla, que convirtió en segundo hogar. Alli creó al agente secreto más famoso del mundo, el agente 007, James Bond. Morgan. A partir de su conquista por los ingleses en 1655, Jamaica se convirtió en un nido de corsarios que atacaban navíos y ciudades españolas. El más célebre de ellos fue el galés Henry Morgan, el Pirata del Caribe más temido. Rastafaris. El popular movimiento surgió en 1930 en barrios marginales de Kingston para conquistar el mundo.

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