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Revista Límite Nº 10, 2003

DOS CONTRIBUCIONES SOBRE LA ESTABILIDAD Y EL DETERMINISMO DE LOS SISTEMAS

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Miguel Espinoza Verdejo

Universidad de Estrasburgo. Francia.

RESUMEN

La observación principal de Ilya Prigoine, tal como la desarrolla en Las leyes del caos (1993), es que la ciencia natural contemporánea pone de manifiesto la existencia del azar y del caos en la constitución de la mayoría de los sistemas dinámicos; afirma que tales sistemas son una mezcla irreductible de determinismo y de azar. El químico ruso contrapone así su interpretación de la ciencia contemporánea -actividad consciente del indeterminismo y de la irreversibilidad temporal creadora, y que por eso estaría en lo cierto- a la ciencia moderna que habría estado, según él, condicionada por un tiempo reversible conservador y erróneamente orientada hacia el determinismo. Por su parte, la contribución principal del físico francés Théodore Vogel en su obra Por una teoría mecanicista renovada (1973) consiste en mostrar que no existe mejor modelo científico que el mecanicismo. Este modelo presupone la estabilidad de los sistemas, la relación causal, el determinismo, y se enracina en la esperanza de que las matemáticas, la herramienta principal del pensador mecanicista, permitirán renovar las categorías mecanicistas y reducir, en consecuencia,

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las áreas de indeterminación. Ahora bien, yo no adopto una actitud neutra en esta oposición de filosofías de la ciencia natural sino que intento criticar las ideas de Prigogine y poner de relieve el valor de la posición de Vogel.

ABSTRAC

“Two contributions on the stability and determinism of natural systems”. One of the main teachings of Ilya Prigogine’s book The Laws of Chaos (1993) is that contemporary natural science neatly reveals the presence of chance and chaos in the constitution of most dynamical systems. He states that indeterministic systems are an irreducible mixture of determinism, randomness and stochasticity. The Russian chemist opposes thus his interpretation of contemporary science as an activity rightly conscious of indeterminism and the creativity of an irreversible time, to a modern science which was, according to him, conditioned by a reversible time uncapable of creativity and erroneously oriented towards determinism. On the other hand, the French physicist Théodore Vogel’s main contribution in For a Renewed Mechanistic Theory (1973) is to show that mechanism is our best scientific model. This model presupposes the stability of systems, causation and determinism. The mechanistic thinker hopes that the development of mathematics, its main tool, will allow the renewal of the mechanistic categories and the reduction of the zones of indeterminacy. Now face to these opposed philosophies of natural science my attitude is in no way neutral: I try to criticize Prigogine’s vision and argue for Vogel’s belief in causality, determinism and the unity of the method of modern and contemporary science.

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INTRODUCCIÓN

La primera contribución analizada es la de Ilya Prigogine tal como la expone en su libro Las leyes del caos (Les lois du chaos, Flammarion, París, 1993). La segunda, aunque le precede en el tiempo, es la de Théodore Vogel desarrolada en Por una teoría mecanicista renovada (Pour une théorie mécaniste renouvelée, Gauthier-Villars, París, 1973).

Ilya Prigogine, premio Nobel de química en 1977, tiene el don de la exposición oral y escrita de temas difíciles, sus instructivos textos se leen con agrado. Las leyes del caos mantiene el tono vivo de las conferencias al origen del libro pronunciadas en la Universidad de Milán en 1992. Corriendo el riesgo de ser aguafiestas, advierto que en algún momento hay que salir del encanto y reaccionar.

La ciencia de lo estable. Un preámbulo hará resaltar lo que el autor quiere hacer. En la Física, Aristóteles muestra una marcada preferencia por lo regular y ordenado, lo que se explica por la acción de un determinismo causal producto de condiciones antecedentes, o bien por un determinismo producto de la finalidad o de la forma, identificadas a la esencia inteligible. La repetición, la regularidad, el orden de los hechos permite agruparlos en tipos estables, contenido de las ciencias particulares que se construyen gracias al encadenamiento lógico de los diferentes

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sectores. Y sin negar que los acontecimientos contingentes, fortuitos o accidentales resultan de la acción de causas, los deja de lado con la indiferencia con que se trata lo marginal y lo falto de interés. La predilección aristotélica por lo estable y lo regular ha dominado el curso de la ciencia, y aunque los modernos hayan abandonado la sustancia (o materia) reemplazándola por una relación (la masa es un coeficiente), y hayan renunciado a la causalidad reemplazándola por una función (la correlación entre eventos), no se puede negar la importancia de la ley de la naturaleza en la ciencia moderna. La ley da testimonio del interés por la regularidad y el orden. Así, aproximadamente las mismas condiciones iniciales producen, en aproximadamente las mismas circunstancias, aproximadamente las mismas consecuencias cuando se trasladan los fenómenos en el espacio y en el tiempo (ley causal); o bien: aproximadamente los mismos fenómenos varían juntos (ley funcional).

Prigogine diría que la validez de lo recién descrito se terminó hace cien años: “El siglo XIX nos ha legado una herencia doble. Por una parte tenemos las leyes clásicas de la naturaleza, las leyes de Newton nos proporcionan el ejemplo supremo de tales leyes. Estas leyes son deterministas: dadas las condiciones iniciales, podemos predecir todo evento pasado o futuro; en consecuencia nos hablan de certidumbres. Por lo demás, estas leyes son simétricas en relación al tiempo. El futuro y el pasado tienen el mismo rol. Pero el siglo XIX nos ha legado también una visión evolutiva, temporal, del universo, lo que se consigue a través del segundo principio de la termodinámica. Este principio expresa el crecimiento de la entropía en el curso del tiempo e introduce así la flecha del tiempo. Desde ese entonces el pasado y el porvenir ya no tienen un rol

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simétrico” (p. 8). Prigogine ha dedicado una gran parte de su esfuerzo a entender el segundo legado: su interés se concentra no en el ser sino en el devenir, no en lo estable sino en lo caótico, no en lo eterno sino en lo temporal, no en el determinismo sino en el indeterminismo, no en la certeza sino en la probabilidad. Desde que el caos ha sido puesto en un sitio de honor, piensa Prigogine, la ciencia ya no es la misma que antes.

Me parece que los sistemas caóticos, tal como los concibe el autor, tienen cinco propiedades íntimamente vinculadas entre ellas: 1º sensibilidad a las condiciones iniciales, 2º la evolución contiene una serie de bifurcaciones, 3º la evolución es una mezcla de determinismo y de indeterminismo, 4º las bifurcaciones introducen el tiempo irreversible, y 5º las bifurcaciones explican la creatividad y la emergencia de nuevos seres y propiedades. A continuación propongo algunos comentarios sobre estas propiedades.

Inestabilidad y bifurcación. Uno de los primeros en concebir la inestabilidad exponencial fue H. Poincaré: “pequeñas causas, grandes efectos” (ver, por ejemplo, “Le problème des trois corps”, 1891, y Science et méthode, 1903). Luego en el artículo “On the Nature of Turbulence” de 1971, D. Ruelle y F. Takens utilizaron la noción de sensibilidad a las condiciones iniciales para describir los sistemas caóticos. Eso significa que en el espacio de las fases dos trayectorias inicialmente tan próximas una de la otra como se quiera, se separan luego necesariamente. Dos movimientos en un estado inicial muy cercanos pueden evolucionar de manera muy diferente y la incertidumbre inicial se desarrolla de manera exponencial con el tiempo. Después de una evolución larga con respecto al tiempo de

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Liapunov, se pierde la memoria del estado inicial. (El tiempo de Liapunov permite definir una escala temporal con respecto a la cual la expresión “dos mismos sistemas” -es decir dos sistemas que corresponden a la misma descripción inicial- tiene un sentido efectivo). La evolución de un sistema caótico es imprevisible.

Las bifurcaciones tienen una función eminente en la cosmología de Prigogine: son las causas que explican hechos ignorados por la mecánica o la dinámica clásicas como la historicidad y la irreversibilidad del tiempo. Algunas ecuaciones diferenciales admiten soluciones inestables, hay entonces una bifurcación. (Grosso modo, diríamos que una solución de una ecuación diferencial es estable si una variación muy pequeña en las condiciones iniciales o de frontera genera cambios muy pequeños en el desarrollo de la solución). Doy un par de ejemplos de bifurcación. Sea la ecuación diferencial y” = ay donde a es el parámetro. Si a es estrictamente superior a 0, entonces la solución es exponencial. Llamémosla solución A. Si a es igual a 0, entonces la solución es una recta, es el caso límite (solución B). Si a es estrictamente inferior a 0, entonces la solución es sinusoidal (solución C). Una variación infinitesimal de a hace pasar de A a C. Otro ejemplo: una bolita ubicada en el fondo de una esfera está en equilibrio estable mientras la esfera comienza a girar lentamente, pero hay un umbral de velocidad a partir del cual el equilibrio al fondo de la esfera ya no es estable y aparece otra posición de equilibrio a cierta distancia del fondo, y es ahora esta nueva posición la que es estable. Diga lo que diga Prigogine, los mecanismos que comportan bifurcaciones no refutan ni la causalidad ni el determinismo, y lo interesante es ver cómo una causa ínfima produce un gran efecto.

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Las leyes fundamentales de la física clásica presuponen un tiempo reversible, el tiempo es una variable que puede adoptar valores positivos o negativos, el tiempo no introduce ninguna novedad que no sea en principio predecible y describe lo que el autor llama “estructuras muertas”, sin disipación de energía (sistemas conservadores). Esto ocurre mientras se consideran trayectorias únicas, pero la evolución “sin historia” cambia cuando aparecen las bifurcaciones. Esto pasa con los sistemas disipativos “lejos del equilibrio”. El autor da como ejemplo simplificado el caso de un sistema formado por dos moléculas X e Y de colores “diferentes”. “La imagen intuitiva que nos formamos de las colisiones es que corresponden a encuentros que se producen por azar. Deberíamos entonces prepararnos a encontrar flashes de azul asociados con X o de rojo asociados con Y. En vez de eso vemos una alternancia periódica de colores rojo y azul. Hoy conocemos un gran número de osciladores químicos de ese tipo. La aparición de la solución oscilante lejos del equilibrio se realiza a partir de un punto de ‘bifurcación’” (pp. 29-30). Desde los puntos de bifurcación emergen diferentes soluciones y la elección entre las soluciones está dada por un proceso probabilista. A partir de esta observación, Prigogine ve la evolución de los sistemas caóticos lejos del equilibrio como una sucesión de estadios descritos por leyes deterministas -la trayectoria del sistema donde no hay punto de bifurcación- y por leyes probabilistas: en el punto de bifurcación la predicción tiene un carácter probabilista. Para el autor hay entonces una continuidad entre lo determinado y lo probable (imagen, por ejemplo, diría yo, de nuestra propia experiencia que parece estar constituida de momentos determinados y de momentos libres).

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La irreversibilidad. A causa de las bifurcaciones los sitemas caóticos tienen una temporalidad y una historia irreversibles. El químico moscovita los contrapone a los sistemas “muertos” o “eternos”. La simetría temporal pasado-futuro se rompe. Lo interesante según él es que en algunos casos los sistemas lejos del equilibro son creadores de estructuras. Afirma por ejemplo que sin las correlaciones de largo alcance debidas al no-equilibrio no habría ni vida ni cerebro. Como en Bergson, el tiempo irreversible y su rol creador son en Prigogine una plaza central donde convergen las diferentes vías de su pensamiento. Se queja de que las leyes de la dinámica clásica, relativista o cuántica no contengan la dirección del tiempo y propone entonces que se reformen las leyes de las dinámicas tradicionales.

Prigogine quisiera introducir el tiempo irreversible en la descripción física del mundo (ver, además, por ejemplo, su libro From Being to Becoming. Time and Complexity in the Physical Sciences, 1980. El espacio o el espacio-tiempo por un lado, la materia o la materia-energía por otro, constituyen la dualidad básica de la física. En la medida en que el espaciotiempo se describe geométricamente, se describe con categorías eternas y es imposible hacer justicia al tiempo irreversible. Queda la materia y la posibilidad de asociar el tiempo irreversible a ella. Recordemos que en la mecánica el símbolo usado para representar el tiempo, t, es susceptible de adoptar valores positivos o negativos, como ocurre, por ejemplo, en una dinámica hamiltoniana (cambio de t en –t). Para representar la irreversibilidad, es verdad que se puede construir un sistema diferencial que presente atractores y caracterizar de cierta manera una evolución hacia un límite, pero, curiosamente, el estado asintótico llega a ser él mismo

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reversible: “cuando se considera el límite para t

tendiendo hacia el

infinito, que se tome el infinito +1 o el infinito simplemente, se tiene el mismo límite. Así,

en cierto modo, se elimina el efecto del tiempo

[irreversible] en el límite mismo” (R. Thom). En suma, hay que reconocer con Prigogine -y no veo cómo podría ser de otra manera-, que el tiempo es fundamentalmente irreversible, y la afirmación de que todos los procesos físicos son reversibles es absurda. Entre los problemas que quedan pendientes está el de elaborar una física de la irreversibilidad que evite un escollo como el presentado por Thom.

Las leyes del caos. Curiosa expresión. Si hay tales leyes, entonces el caos no es el desorden, la confusión incontrolable. El caos en la ciencia de hoy no es lo que el sentido común llama así sino el resultado de la inestabilidad. Si hay leyes del caos entonces hay modelos, más o menos deterministas, que describen la evolución de los sistemas caóticos. Según Prigogine, el caos expresa un azar in re. La justificación que da es que las leyes del caos son las probabilidades: epistemológicamente, las probabilidades se oponen a la certeza, ontológicamente, se oponen al determinismo. Recordemos que algunos científicos del siglo XIX como Poincaré hablaban, sin contradicción, de la ciencia del azar para referirse a las probabilidades porque éstas eran para ellos un remedio para salir del paso dada la complejidad de las pequeñas causas que producen efectos sorprendentes (ver, por ejemplo, Poincaré, “Réflexions sur le calcul des probabilités”, 1899, “Le hasard”, 1907, reeditados en L’Analyse et la recherche, Hermann, París, 1991).

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De acuerdo a Prigogine, a partir de un modelo probabilista se puede sacar una conclusión ontológica: el indeterminismo o el azar serían primitivos, existirían en la realidad en sí: “Se admitía que las probabilidades no eran sino la expresión de nuestra ignorancia. Para los sistemas inestables, eso no es así. Las probabilidades adquieren una significación dinámica intrínseca” (p. 11). Esta afirmación, no justificable por la experiencia, refleja una creencia metafísica, pero Prigogine no lo reconoce así y continúa su discurso mezclando lo metafisico a lo científico. Esta mezcla infeliz puede dejar en el lector poco sagaz la impresión, errónea, que la parte científica o positiva descrita por el autor no puede ser prolongada sino por una ideología del azar. Propongo entonces que se retengan firmemente estas cuatro afirmaciones: 1) las probabilidades son un modelo descriptivo, 2) la teoría de las probabilidades es un modelo matemático deductivo determinista apto para describir un determinismo débil, es decir, la evolución de una clase de fenómenos y no de un fenómeno individual, 3) no se puede probar que las probabilidades reflejen necesariamente un indeterminismo real, 4) al tratar este tema hay que distinguir lo epistemológico de lo ontológico: el indeterminismo epistemológico no implica el indeterminismo ontológico.

La imposibilidad de una ciencia nueva. Prigogine tiene la costumbre de razonar exponiendo lo que él considera como quiebres radicales y Las leyes del caos es una ilustración de esta afirmación. Habría por una parte una ciencia clásica determinista en búsqueda de la certeza y una ciencia contemporánea indeterminista que se satisface con lo probable; una concepción clásica de las probabilidades como reflejo de la ignorancia y una concepción reciente que le da un alcance ontológico; un período

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clásico sin tiempo irreversible y una época reciente que considera al tiempo irreversible como la variable principal; un científico clásico para quien sólo los sistemas estables cuentan y un científico, contemporáneo nuestro, dedicado al estudio de los sistemas inestables (el “cristal” y el “humo” de Atlan, los “relojes” y las “nubes” de Popper). Se opone entonces lo nuevo a lo clásico y se hace el elogio de lo novedoso: habría una ciencia nueva y una nueva racionalidad. “La introducción del caos nos fuerza a generalizar la noción de ley de la naturaleza y a introducir los conceptos de probabilidad y de irreversibilidad. Se trata de un cambio radical porque, según esta visión, el caos nos conduce a reconsiderar nuestra visión fundamental de la naturaleza” (p. 15).

Esta manera de ver me parece exagerada. Hay más bien una continuidad en la historia de la ciencia moderna. A mi juicio no existe ni puede existir una ciencia nueva; el objetivo y los medios de la ciencia fueron, son y serán los mismos: se trata de aprehender la inteligibilidad natural, de describir, de controlar y de explicar los fenómenos mediante modelos construidos gracias al lenguaje natural y a las matemáticas. Explicar quiere decir subir en la escala de la necesidad, vincular los fenómenos de apariencia aleatoria a las leyes, a una necesidad, necesidad que se manifiesta en la causalidad y en la deducción. Esta concepción de la ciencia es satisfecha de manera óptima por los sistemas fisicomatemáticos, por los sistemas laplaceanos, es decir, sistemas perfectamente controlables, predecibles y retrodecibles. Propongo llamarlos “sistemas de primera clase”. Estos sistemas son perfectamente definidos, las incógnitas dependen de un número finito de variables independientes, las leyes estructurales que determinan la evolución están matematizadas, es decir

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que son ecuaciones “cerradas” lo que significa que el número de ecuaciones es por lo menos igual al número de incógnitas. Las leyes, que son ecuaciones, representan lo que hay de necesario en la evolución de estos sistemas, y la parte asociada a la contingencia se formula también de manera satisfactoria: el estado del sistema en un momento dado que fija las condiciones iniciales, las acciones a distancia, etc. Aquí lo epistemológico y lo metafísico se funden. Pero, desgraciadamente, no todos los sistemas son tan satisfactorios, sea porque no se pueden definir perfectamente, o porque no se conocen todas las leyes que rigen su evolución, o porque no todas las leyes están matematizadas, sea en fin porque la parte asociada a la contingencia no se conoce perfectamente. Tales son los sistemas “de segunda clase”. Ellos son de origen experimental

La evolución está

también determinada, hipótesis justificada parcialmente por la existencia de leyes, pero la predicción y la retrodicción precisas son imposibles Finalmente, los componentes de la “tercera clase” son los sistemas en que priman las probabilidades y las estadísticas: las definiciones se dan en términos estadísticos, las leyes son probabilistas, y en lugar de la certeza se obtienen predicciones y retrodicciones con una probabilidad determinada. (No he tratado de ser exhaustivo en esta clasificación de sistemas deterministas).

Por lo anterior, en vez de oponer la ciencia clásica determinista y la ciencia nueva indeterminista, lo correcto es reconocer que toda ciencia trabaja con modelos deterministas más o menos fuertes y que se recurre a modelos

deterministas

débiles

cuando

no

queda

otro

remedio.

Probablemente lo que se degrada no es el determinismo ontológico sino nuestra manera de aprehenderlo. Nuestros contemporáneos dedicados al

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estudio de la termodinámica y del ser vivo, problemas donde el tiempo irreversible es ineluctable, tienen la tarea de fabricar modelos cada vez más adaptados, y no es porque el modelo fisico-matemático estricto no se aplica que se necesita una ciencia nueva o una nueva razón. Por eso me parece inconveniente y sin pertinencia lo que dijo Sir James Lighthill, siendo presidente de la Unión Internacional de Mecánica Pura y Aplicada, en un discurso publicado en 1966 y comentado con entusiasmo por Prigogine. En su alocución Lighthill pide disculpas, en nombre de todos los mecanicistas, a todas las personas cultas por haberlas inducido en error haciéndoles creer que los sistemas que satisfacen las leyes newtonianas del movimiento están determinados. Prigogine no deja pasar la ocasión de subrayar que es una gran cosa que los expertos por fin reconozcan “que durante tres siglos se han equivocado acerca de un punto esencial de su campo de investigación” (p. 42). El autor recuerda que desde los años 1960 se sabe que existen sistemas simples cuya evolución es caótica, por eso ya no puede decirse que el indeterminismo sea exclusivamente el resultado de la complejidad, y serían estos nuevos descubrimientos los que habrían motivado el mea culpa de Lighthill. Pero ¿por qué pedir disculpas? Laplace ya se había dado cuenta, a comienzos del siglo XIX, que los sistemas

fisicomatemáticos

perfectamente

deterministas

son

excepcionales, razón por la cual escribió su Teoría analítica de las probabilidades (París, 1812), y la grandiosa e intrépida declaración del determinismo universal, su imaginación de la inteligencia que puede calcularlo todo, aparece al comienzo de su Ensayo filosófico sobre las probabilidades (París, 1814). No me cabe duda de que si Laplace viviera hoy, diría que hay que continuar la elaboración de modelos para aprehender de la mejor manera posible el determinismo de los sistemas

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caóticos, y estaría feliz de colaborar con los matemáticos y físicos dedicados, por ejemplo, al estudio de los atractores, sugiriendo que incluso los sistemas de apariencia más caótica están regidos por seres geométricos, los cuales, en algunos casos, son complicados como los atractores extraños. No es porque se ensancha el género de sistemas estudiados o porque se revisan algunas categorías que se funda una nueva ciencia o que aparece una nueva racionalidad.

Veamos ahora la contribución de Théodore Vogel. Su conciso volumen Por una teoría mecanicista renovada, admirable por la calidad del fondo y de la forma, se abre con la constatación de que el mecanicismo conoció una gran fortuna durante los trescientos años que precedieron al siglo XX. Desde Descartes hasta Lord Kelvin se edificó una construcción científica considerable. Una vez reconocido lo simple de la pretensión de que se puede explicar todo en el mundo sensible “por figuras y movimientos” (Descartes y otros), así como lo ingenuo de la creencia en la realidad intrínseca de estos modelos, Vogel menciona varias propiedades del mecanicismo que él quisiera ver mejoradas y expandidas en su aplicación. El tono del volumen es una mezcla de nostalgia y de fuerza tranquila: nostalgia de un pasado no muy lejano en que el mecanicismo era casi unánimemente reconocido como el núcleo de la ciencia de la naturaleza, fuerza tranquila originada en la idea, subyacente al mecanicismo,

que

lo

conocible

del

universo

es

descriptible

matemáticamente.

El carácter indispensable de las matemáticas. “La esperanza secreta de una explicación unitaria del mundo tal vez no nos ha abandonado

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completamente” (p. 2). Es sobre el componente matemático que recaen principalmente las esperanzas depositadas en el mecanicismo. Las matemáticas son la herramienta más poderosa del mecanicista como lo muestra la mecánica racional. El deseo de obtener una comprensión unitaria altamente perfeccionada del mundo sensible gracias a los modelos matemáticos “era una noble ambición y un punto de vista cuyo principio permanece justo” (ibid.). Aunque de alcance más modesto que las aspiraciones

desmesuradas

de

los

primeros

mecanicistas,

el

“neomecanicismo” preconizado por el autor se desarrolla gracias a la convicción de que las matemáticas son el lenguaje natural del razonamiento riguroso, lo que puede emplearse cada vez que los conceptos son “claros y distintos”. Vogel confía en la capacidad de la razón de clarificar los conceptos, optimismo compartido por los filósofos racionalistas que han imaginado incluso la elaboración de una metafísica rigurosa o exacta (Leibniz, Gödel), y piensa, más allá y con razón (la historia de las matemáticas testimonia en su favor) que las matemáticas son capaces de crear nuevos entes que permitirán la elaboración de modelos mejor adaptados al estudio de sistemas. En este contexto el autor menciona, sólo de paso, la contribución de las distribuciones de Laurent Schwartz a la física matemática.

Etapas y alcance del procedimiento mecanicista. Uno de los méritos principales del autor es precisar la esencia del mecanicismo dando pistas además para extender la actitud mecanicista al estudio de una serie de sistemas que han sido hasta ahora reticentes a tal tratamiento. Para una mejor comprensión trato separadamente las propiedades del mecanicismo que el autor entrelaza. El método neomecanicista prolonga el

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procedimiento típico de la mecánica racional. Quien desarrolle por ejemplo la dinámica teórica o la dinámica topológica actuará como sus predecesores mecanicistas. En aras de la claridad, desdoblaré en seis etapas lo que Vogel resume en tres: 1° El pensador mecanicista delimita una región del espaciotiempo y elige un sistema concreto, un todo relativamente estable y separable de su ambiente. 2° Intenta enseguida abstraer de este sistema ciertos aspectos significativos que trata como si constituyeran un grupo cerrado. Esta abstracción es definitiva e irreversible, el mecanicista no se autoriza a introducir más tarde, en el curso de su razonamiento, otras cualidades que había dejado de lado al definir el sistema, eso viciaría lo ya hecho y tendría que recomenzarlo todo. 3° A las propiedades elegidas el mecanicista hace corresponder una serie de entes matemáticos. 4° Luego postula que los objetos sensibles tienen entre ellos algunas relaciones específicas como las que se encuentran, por ejemplo, en las ecuaciones diferenciales que describen las leyes de evolución de todos los fenómenos de una misma clase. 5° De estas relaciones deduce el número más elevado posible de consecuencias lógicas. Finalmente, 6° el mecanicista traduce las consecuencias lógicas al campo de lo observable para verificar hasta qué punto el procedimiento es adecuado (pp. 4, 5, 143). No habría que creer que lo descrito es aplicable solamente a los sistemas físicos, el autor piensa que tal procedimiento es extensible a todo sistema natural, físico o biológico, y en principio el modelo mecanicista puede aplicarse también al ser humano porque somos sistemas naturales. Apreciemos la audacia y la lucidez de Vogel: “Hemos intentado sugerir... el interés que presentaría una tentativa de explicación análoga de un cierto número de procesos biológicos y sociales; si no hemos propuesto aplicaciones explícitas a tales problemas, es porque

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nuestra falta de competencia habría podido conducirnos a presentar axiomatizaciones ingenuas más susceptibles tal vez de alejar que de atraer a los especialistas. Por poco que hayamos conseguido convencerlos, les corresponde a ellos tomar la iniciativa” (p. 143).

Los sistemas dinámicos. La teoría de sistemas es una teoría general e interdisciplinaria cuyo objetivo es el estudio matemático de los sistemas (recordemos que Vogel es el autor de varios textos sobre la física matemática y sobre la teoría de sistemas). Se trata entonces de una filosofía natural, de una reflexión situada a medio camino entre la ciencia y la filosofía. Por no ser una ciencia “dura”, no es por lo general bien vista, por ejemplo por los físicos. De acuerdo a uno de los conceptos de sistema, es éste un conjunto de elementos, materiales o no, caracterizados por su composición; los elementos están relacionados unos a otros. Ahora bien, se ha hecho notar que esta caracterización es tautológica en la medida en que los elementos son a su vez entidades complejas cuyos componentes interactúan.

Otra manera de caracterizar el sistema consiste en considerarlo como un dominio del espacio-tiempo separado del medio exterior (del resto del mundo) por una pared o superficie, real o ideal. Expongo a continuación algunas generalidades sobre los sistemas y algunas observaciones personales que Vogel, me parece, aceptaría. Si es impermeable a la materia, el sistema es cerrado, abierto en caso contrario. Un sistema está aislado si no intercambia ni con otros objetos ni con el medio exterior ninguna forma de materia, calor o energía. A cada instante el sistema está definido, en una escala dada, por los valores de un cierto número, a veces

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elevado, de variables. Si el estado persiste, es un estado de equilibrio, y un sistema fuera del equilibrio evoluciona sufriendo transformaciones. El sistema describe un ciclo si después de una serie de transformaciones vuelve al estado de equilibrio. En un sistema estable las perturbaciones se amortiguan; en cambio en un sistema inestable las perturbaciones producen desviaciones que se amplifican. Se distingue una estabilidad de la materia y una estabilidad de la forma: en el primer caso el control de las condiciones iniciales permite el control de las posiciones al cabo de un cierto tiempo; en el segundo caso, aunque no haya estabilidad de la disposición de las partículas, una forma subsiste: es la estabilidad estructural. Hay sistemas disipativos (que pierden energía por roce) y sistemas conservadores o hamiltonianos, como los sistemas astronómicos. Hagamos también alusión a los sistemas simples y complejos: los primeros se definen mediante un número reducido de variables, de dimensiones o de grados de libertad, mientras que los sistemas complejos se representan mediante un número elevado o infinito de los mismos. Así la teoría de sistemas es un estudio interpretativo del comportamiento de estos seres: se concibe una idea de las razones o leyes inobservables tanto internas como externas al sistema que determinan que éste se comporta de tal o cual manera (output) dada su sensibilidad a tal o cual contacto, influencia o estímulo (input). Para interpretar de esta manera el comportamiento de un sistema no hay otra posibilidad excepto definir su estado interno mediante parámetros suplementarios en relación a la entrada y a la salida, parámetros que representan la naturaleza y la memoria del sistema. El hecho que la teoría de sistemas interprete las razones o leyes inobservables que conectan lo observable bajo la forma de entrada de datos y de salida

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explica, pero no justifica, la desconfianza de los físicos por la teoría de sistemas.

Después de estas aclaraciones que permiten entender mejor el pensamiento de Vogel volvamos a él. Los objetos que retienen la atención del autor en el cap. IX son los sistemas dinámicos. Recordemos que la dinámica es la rama de la mecánica que establece el lazo entre los movimientos de los sistemas materiales y las acciones mecánicas que se ejercen sobre ellos. El movimiento implica el tiempo, por eso en cierta manera la dinámica es la descripción del paso del tiempo, del envejecimiento. En reacción a la afirmación de Bergson o de L. de Broglie que el tiempo del mecanicista es inútil e irreal, Vogel escribe: “el tiempo, tal como se lo entiende aquí, no es inútil en un mundo completamente determinado pues sirve para ordenar los estados, para dar un sentido a las cosas uniéndolas mediante cadenas evolutivas y causales” (p.52). Tal vez el tipo de evolución más simple imaginable y el más utilizado en la teoría de los sistemas es el que adopta como prototipo la ley fundamental de la mecánica racional (ley de Newton). Los sistemas regidos por ella se llaman “dinámicos” y son calificados de “autónomos” si la función no depende explícitamente del tiempo. Lo importante en este contexto de la ley fundamental de la mecánica racional no es tanto que las ecuaciones que se derivan de ella no sean difíciles de resolver numéricamente, sino más bien que la teoría es lo suficientemente completa como para permitir al físico responder a las preguntas principales sobre el sistema estudiado.

La estabilidad. Coherente con su creencia de que podemos explicar el mundo, Vogel tiene una predilección por el orden, la regularidad, lo

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universal, por las características que hacen que la ciencia sea posible. Se enfatiza entonces la estabilidad y en particular la estabilidad estructural, aquella de la forma de los sistemas. La estabilidad estructural puede verse, me parece, como el concepto heredero de la identidad o de la inmutabilidad del Ser de Parménides o de las Ideas platónicas: algo es conocible si no varía, o mientras no varía, mejor dicho, si varía manteniendo una forma reconocible. Así se explica el interés del autor por los sistemas dinámicos estructuralmente estables y deterministas. Una vez que estos objetos se han entendido, uno se aventura poco a poco hacia los otros sistemas menos estables. Vogel pasa revista a varios conceptos de estabilidad, la estabilidad estructural, la estabilidad en el sentido de Lagrange, en el sentido de Poisson, la noción de cuasiperiodicidad de Harald Bohr, la estabilidad en el sentido de Liapunov (pp. 82-89). No me detengo a describir todos estos importantes conceptos y menciono sólo las propiedades esenciales de algunos: “La definición más débil es la de Lagrange: un movimiento es estable... si toda su trayectoria está contenida en un dominio limitado del espacio de representación, es decir si no se aleja al infinito”. La estabilidad estructural es “la propiedad que posee un sistema dinámico de conservar el mismo retrato topológico (naturaleza de las singularidades y de los sectores que las rodean, existencia de ciclos límites...) incluso de las trayectorias próximas a las trayectorias primitivas, cuando se modifica la función campo de las velocidades por la adición de términos suficientemente débiles en valor numérico”.

Aunque se reconoce que la idea presenta problemas difíciles no resueltos, le parece al autor que la estabilidad estructural está asegurada por la mayoría de los sistemas y que las condiciones de inestabilidad

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conocidas se pueden evitar fácilmente en la construcción de una ley de movimiento. En un sistema estructuralmente estable, cuando la ley de evolución tiene un parámetro que se hace variar, el retrato topológico varía poco si el parámetro varía poco, pero para ciertos valores del parámetro, una nueva solución aparece bruscamente, y la solución diverge considerablemente de la solución original cuando el parámetro continúa variando. Así existe por lo menos un valor crítico del parámetro responsable de una bifurcación. Hay bifurcación cuando la solución de la ecuación o del sistema de ecuaciones cambia cualitativamente. Un punto del espacio de los parámetros donde ocurre un tal evento es un punto de bifurcación. De ese punto emergen dos o más ramas de solución estables o inestables, y la existencia de bifurcaciones da un carácter histórico a la evolución de un sistema. El autor hace ver que la bifurcación de los sistemas dinámicos ofrece posibilidades ricas y variadas que no han sido todavía suficientemente exploradas. (Señalemos que después de 1973, año de publicación de Por una teoría mecanicista renovada, han aparecido importantes trabajos en este dominio; hay, por ejemplo, artículos de V. I. Arnold, de R. Thom, y de I. Prigogine).

Los sistemas dinámicos aludidos aquí son deterministas de una manera a veces más rica y compleja que lo supuesto por el determinismo laplaceano, pero se trata en todo caso de sistemas cuyo pasado y futuro de deducen del presente y de la misma manera. Aunque son sólo un caso particular de una vasta clase de sistemas, su interés reside en que su determinismo puede ser estudiado gracias al estado de avance de la teoría de las ecuaciones diferenciales. Los capítulos finales están dedicados al análisis de varios otros tipos de sistemas, a modelizar sistemas que

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presentan una diferencia entre el pasado y el futuro, una de las razones por la cual el lenguaje empleado es de orden biológico o humano: sistemas hereditarios con memoria continua, sistemas hereditarios con retraso, sistemas hereditarios rompientes, sistemas dinámicos no fatales, sistemas perecederos, sistemas prolíficos. No me detengo aquí a describir estos sistemas ni a comentar lo que el autor dice de ellos, pero estas páginas serán sin duda las que más interesarán a los físicos y a los matemáticos.

Causalidad, determinismo y probabilidades. Quisiera detenerme en una última característica de la visión mecanicista, la creencia en la causalidad y en el determinismo. Eso no puede sorprender dado el rol central de las matemáticas, actividad determinista, una vez plantados los axiomas. Antes de que se hayan impuesto la inercia y la física moderna, los antiguos y medievales tenían la intuición de que “todo lo que se mueve es movido por algo”, y es este algo o motor que se llama causa de la evolución. Luego está la definición negativa de causa, ablata causa tollitus effectus. Vogel examina varias condiciones impuestas a la causalidad por algunos pensadores antiguos como Aristóteles. Así, una causa, un estado de un objeto o de un ser, acarrea consecuencias necesarias a otros objetos que se manifiestan como transformaciones en algunos de sus estados. Mencionemos también la continuidad, la suposición de que la transmisión del efecto tiene lugar por contacto o contigüidad, lo que exige una cierta duración, todo lo cual implica el carácter ininteligible de una acción a distancia. Otra condición es la semejanza entre la causa y el efecto: “la causa, dice Sto. Tomás de Aquino, produce un efecto que se asemeja a ella”. Estas nociones y exigencias tienen que ser revisadas a la luz del progreso de la ciencia, pero las intuiciones principales siguen sirviendo de

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guía. “El ejemplo de los sistemas dinámicos basta para mostrar que la clase de sistemas para los cuales existe una relación causal no está vacía y que es incluso una clase rica que contiene todos los sistemas que componen el imponente edificio de la ciencia mecanicista” (p. 43).

Vogel no puede eludir el espinoso principio de las relaciones de indeterminación de la fisica cuántica (que establece la imposibilidad teórica de medir simultáneamente con toda la precisión deseada las posiciones, los desplazamientos y las cantidades de movimiento). ¿Es este principio incompatible con el determinismo? ¿Se opone acaso al determinismo la interpretación probabilista? ¿Puede explicarse la mecánica cuántica mediante variables “ocultas” en un nivel subcuántico? Cara a estos graves interrogantes, Vogel observa que ninguna respuesta verdaderamente satisfactoria ha sido dada por personas eminentes y que por eso él no tendría la suficiencia de decidir, “pero se nos permitirá decir que si la actitud no-determinista debe ser aceptada sin reservas, habría muchas explicaciones que dar y que no han sido dadas hasta ahora” (p.49). El autor no dice cuáles son estas explicaciones y varios candidatos se me vienen a la mente. He aquí algunos: explicar quiere decir mostrar cómo se producen los fenómenos y cómo evolucionan, lo que presupone causas determinantes y leyes basadas en un orden natural. La ciencia progresa gracias a la estabilidad del mundo y esto se expresa típicamente mediante el principio de causalidad

que Paul Painlevé define así: “Cuando se

realizan las mismas condiciones, en dos instantes diferentes, en dos lugares diferentes del espacio, los mismos fenómenos se reproducen transportados solamente en el espacio y el tiempo” (Los axiomas de la mecánica, París, 1922, p. 9). Nótese que esta definición presupone la homogeneidad del

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espacio y del tiempo, por lo menos a nuestra escala, o a escala de la mecánica clásica. Incluso en la concepción positivista de la ciencia se buscan las leyes de la producción y de la evolución de los fenómenos, lo que es normal ya que sin eso no habría ni control ni predicción —todo lo cual presupone el determinismo.

En física cuántica, las relaciones de indeterminación o principio de incertidumbre no significan una refutación de la causalidad. Por ejemplo, en Los fundamentos filosóficos de la mecánica cuántica (1935), Greta Hermann explica que después de haber efectuado concretamente una medida y tomado nota del resultado, el fisico puede restituir, hacia atrás y completamente, el encadenamiento causal que produjo necesariamente tal resultado. El desafío difícil para el mecanicismo causal y determinista es, como se sabe, la espontaneidad del “salto cuántico”. Retomemos el hilo de Vogel. Para este fisico, las perturbaciones imprevisibles que introduce el azar en la explicación no significan una eliminación ni un reemplazo del determinismo “sino que lo difuminan, y los contornos del determinismo quedan perceptibles bajo la bruma de las perturbaciones”. Sin el determinismo el científico se siente desarmado, “y la conclusión práctica que sacaremos es que habrá que evitar toda teoría que conduzca a una ley estructuralmente inestable, y de utilizar los sistemas inestables en el sentido de Liapunov solamente si lo son en una región limitada que habría precisamente que cercar, y donde el experimento produce resultados no reproducibles” (p. 49).

En el mecanicismo renovado que desarrolla Vogel hay un lugar para la causa final, situación inusitada dado que tradicionalmente el

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mecanicismo y la finalidad han sido considerados incompatibles; el rechazo de la finalidad por parte de la ciencia moderna se presenta corrientemente como una de las diferencias entre el pensamiento moderno y el medieval. Los mecanicistas clásicos no podían aceptar que un estado futuro pueda afectar la evolución de un sistema, pero Vogel no ve razón a priori para descartar la causa final (p. 105). Ella existe de manera evidente en el comportamiento animal y humano, es reconocida por la biología molecular, y por ejemplo no se pueden estudiar ni la balística, ni la navegación ni los servomecanismos sin hacer intervenir el objetivo, un estado final predeterminado, como causa que contribuye a la evolución del sistema finalista. Reconozcamos que la diferencia principal entre esta concepción de la finalidad y la finalidad biológica es que en esta última, en algún momento, no hubo programador (en algún momento el aparato visual emergió). Los ejemplos que más interesan a Vogel cuando menciona los diferentes tipos de sistemas dinámicos muestran que lo que tiene en mente es la idea de programación, de predeterminación. Esto no tiene nada de misterioso porque el objetivo, el mecanismo de regulación, se programa en el presente: se preserva el orden temporal y causal. Lo astuto de los sistemas finalistas consiste, primero, en que leen o escanean los datos que reciben mientras actúan, segundo, proceden a comparar los datos con los valores predeterminados, y tercero, son capaces de adaptar el comportamiento para mantener la identidad entre los datos recibidos mientras actúan y los valores prefijados. Puesto que la programación es de orden matemático y que la forma predeterminada es matemática, pienso que sería más apropiado calificar a este modo de causa final “causa formal”: aquí la causa formal asimila a la causa final.

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La palabra sobre las probabilidades. El autor no revisa las diferentes interpretaciones de las probabilidades (subjetivista, propensionista, frecuentista, logicista, etc.), temas tantas veces tratado en los gruesos volúmenes

de

los

filósofos

analíticos

anglosajones.

malentendidos que habría que disipar está la

Entre

los

creencia de que la

explicación probabilista pone al azar en la base de la ciencia. Pero el cálculo de probabilidades se opone fundamentalmente al azar, es determinista en su principio aunque no en el mismo nivel en que actúan las teorías mecanicistas clásicas. El cálculo de probabilidades atribuye a los objetos que trata una medida regida por una ecuación de derivadas parciales (por ejemplo, la ecuación de Fokker-Gordon para la mecánica ondulatoria en su interpretación probabilista). La solución de este tipo de ecuación no es estocástica, salvo si se introduce el azar axiomáticamente. El cálculo de probabilidades concluye en un enunciado perfectamente determinista.

Otra observación de Vogel (aunque expuesta en un párrafo tan conciso que su comprensión es ardua, por lo tanto interpreto) es que él considera que un punto débil de la ideología del azar es haber reconocido al tiempo un carácter absoluto: el tiempo no está sometido al azar. Así, quienes, como Jacques Monod, han puesto el azar en el centro de sus sistemas del mundo, tienen que admitir que dado un tiempo absoluto infinito, una combinación de elementos a primera vista improbable puede ser tal que su producto puede dar 1. Y dado que nosotros mismos formamos parte de la combinación a priori improbable, ella es para nosotros una certeza, y el tiempo que pasó antes que existamos con ella ya no cuenta. Ahora bien, para que las piezas del sistema encajen, hay que

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postular que el azar lo gobierna todo: las combinaciones de los elementos, las leyes que gobiernan las combinaciones. “Una vez realizada esta doble configuración, se cuaja y persiste, al menos el tiempo que podamos teorizarla, y presenta entonces un aspecto finalista...” (p. 50).

Ansiosos de novedad, recientemente varios científicos y filósofos han intentado construir un nuevo concepto de la razón o de la ciencia. La tentación habría sido, si no frenada, al menos disminuida por el estudio del presente libro. El lector cautivado, por ejemplo, por la retórica de Prigogine, encontrará en Vogel un retorno al equilibrio. En lo concerniente a la comprensión y al control de los fenómenos, ninguna doctrina en la historia de la ciencia supera al mecanicismo, y en consecuencia lo que se impone es mejorarlo. La lección principal del autor es que científicamente no se ha encontrado nada mejor que la estructura y los ideales del mecanicismo.

BIBLIOGRAFIA SELECCIONADA

[1]

Miguel Espinoza, Théorie de l’intelligibilité, 2a edición,

Ellipses, París, 1998. [2]

Miguel Espinoza, Philosophie de la nature, Ellipses, París,

2000. [3] P. Glansdorff e I. Prigogine, Structure, stabilité et fluctuations, Masson, París, 1971. [4]

Alexandre Liapunov, Problème général de la stabilité du

mouvement, Annales de la Faculté des Sciences de Toulouse, 2a serie, Tomo IX, 1907.

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[5] Henri Poincaré, L’Analyse et la recherche, Hermann, París, 1991. [6] David Ruelle, Hasard et chaos, Odile Jacob, París, 1991. [7]

René Thom, Stabilité structurelle et morphogenese, W. A.

Benjamin, Inc., París, 1972. [8] René Thom, « Halte au hasard, silence au bruit », in La querelle du déterminisme, Gallimard, París, 1990. [9]

Théodore Vogel, Théorie des systemes évolutifs, Gauthier-

Villars, París, 1965.

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*

Profesor de Filosofía de la Ciencia. Universidad de Estrasburgo. Francia.

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PSICOTERAPIA SISTÉMICA CENTRADA EN NARRATIVAS: UNA APROXIMACIÓN Ana María Zlachevsky Ojeda Universidad de Chile

RESUMEN

El objetivo d e este ar tícu lo es mo str ar un mo delo de p si co t er api a s i s t é mi c a c en tr ad a en n ar r a t iv as , s u s ten t ad o e n l o s p l an te a mi e n t o s d e l c o n s tru c c io n is mo so cia l . S e e mp i e z a mo s t r an d o e l s en t ido d e u n r e la to y l a f o r ma c o mo é s t e s e f u e constru yendo con o tros en la conviv encia, poniendo énf asis en la imp ortan cia del lengu aje, de las sign if icacion es conjun tas y de las c re en c ia s en los d is tintos do min ios d e ex is ten c ia en los que las personas se desenvuelven y habitan. Luego, s e h a c e h in c a p ié e n el p ensamien to nar rativo propu esto por Brunner, co mo base del qu ehacer ter apéu tico, y en la impor tancia qu e tiene la imag en, la sen s ib ilidad y la cr eativ id ad en este qu ehacer. Se mu estr a una f o r ma d e ent e n d er t an to l a n ar r a t iva c o mo e l p r o t ag o n is mo d e lo s p erson aj es y el por qué las p er sonas se atrap an en el sufr imien to, p ara ter minar propon iendo que las pr egun ta s ¿po r qu é aho ra? y ¿ desde cuándo? son cen trales para en tend er el que las p erson as consu lten al p s icó logo . Se ter min a el ar tícu lo of reciendo cier tos pr in cip ios del op er ar te rapéu tico que pu ed en serv ir d e gu ía para el t e r ap eu t a sis t é mi c o c en t r ad o en n ar r a t iva s.

SUMMARY Th e a i m o f t h is a r t ic l e i s t o propo se a mo d e l of systemic p s yco th er apy fo cused on n arr ativ es on the basis of social constru c tiv ism. I t b eg ins b y show ing th e sense of a stor y and th e way it was bu ilt up with the o th er persons in ev eryday life, pu tting emph asis on the imp or tance of languag e, co mmo n sen se and belief s. Brunn er’ s v iew is taken in to accoun t as a basis for

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th erap y, and th e imp ortance of images, sen s ibility and creativ ity. A n a t t e mp t i s ma d e t o s h o w th e th e me and ch ara c t ers and w h y p erson s get caugh t in suff er ing leading to the cu estion s why now? And fro m wh en? Cen tr a l cu es tion s to und er s tand wh y p erson s s e ek p s ycho log ica l adv is e. Th e a r tic le end s w ith c er ta in p r in c ip le s o f th e the r ape u t ic a l w o r k th a t ma y b e u s ed a s g u id es to a s y s t e mi c th erap y c en te r ed in n ar r a t i v e s.

EL SENTIDO DEL RELATO El con tar y con tarse h istor ia s es, tal vez, una d e la s pr ácticas más an tigu as d e l p ensamien to hu ma no. Todo s n arr amo s h isto r ia s. Cu ando algu ie n no s pr egun ta por lo qu e h e mo s h echo o por algún ep isod io d e nu estr as v id as, le r e latamo s un a h isto r ia . Un a h is tor ia h ilada , con s en tido, organ izada sobr e la b ase d e c o n e c to r es “ l ó g ico s” y d e se cu enc ia s te mp o r a le s. L a v id a d e cad a uno d e noso tro s es una h istor ia constru id a, en donde el actor prin cipal del relato es la persona qu e nos está relatando los acon tecimien tos. W hite y Epson sostienen qu e “en un esfu erzo por d ar s en tido a sus v id as , la s pe rson as se enfr en ta n con la tar ea d e o r g an iz ar su ex p er i en cia d e lo s ac o n te c i mie n t o s en se cue n c i as temp or ales, a f in de ob tener un relato coh eren te de sí mis mas y d e l mundo qu e las rodea. Las exper ien cias esp ecíf icas de su cesos d e l pasado y d e l pr esen te, y aqu ellas qu e prevé o curr irán en el fu turo , d ebe n es tar con ec tad as entr e s í en un a se cu enc ia lin ea l, p ara que la n arr ación pu eda desarro llarse” 1 . E l r e la to de c ad a p erson a es ún ico , y los sign ificado s que le atr ibu ye a lo s acon tecimien tos v an a depend er de la for ma p a r ticu lar en que cad a p erson a sign if iqu e lo s acon tecimien tos que está relatando. Esta f o r ma p ar t ic u lar d e s ig n if i ca r lo s a co n t ec i mi e n tos d ep en d e, en g r an me d id a , d e l s is t ema u o r g an iz a c ió n d e s ig n if i cado s q u e f u e adqu ir iendo a lo largo d e la v id a, en el conv iv ir con o tros, en los e sp ac io s d e e n cuen tro s y d e sen cue n tros que tuvo o tie ne con o tro s. El conv iv ir, sea espor ád ico o má s estable en el tiemp o , nos h a ob lig ado d e un cier ta ma n e ra a coord inarnos conductu alme n te p ara pod er actuar. Es esta coord in a ción conductual de coord inacion es conductu ales con sensu ales, qu e Matur ana llama 1

White, Michel; Epston, David. (1993). Medios Narrativos para fines terapéuticos. Editorial Paidós. Buenos Aires, p. 27.

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leng u a j e, lo q u e n o s h a p er mi t i d o s ig n if ica r d e c i e r ta f o r ma r e la tiv a me nte con s ensual los h e chos y acon tecimien tos qu e h e mo s ido v iv iendo jun to s. Esta sign if icación fue co- construid a con qu iene s comp a r timo s nu es tro v iv ir en c ad a do min io d e ex is ten c ia en el qu e no s d e senvo lv emos o sobr e el qu e estamo s haciendo el r e la to . L a n arr a t iva , l a for ma d e d ef inir lo s h ec hos y a con te cimie n tos e s d istin ta y partic u lar p ar a c ad a do min io d e ex is tencia, tal v ez teng a algun as similitu des con o tras, p ero en ú ltima in stancia es única e ideo sin crática d e cada do min io d e e x is tenc ia. D e es a ma n era , v iv imo s s imu ltáne a me n te d iv ers as h is to r ia s, tod as co ex is tie ndo a l mis mo tie mp o , s iendo tod as par te d e es e ima gin ar io qu e “s o y yo” 2 . P ar a pod er c on tar nue str a v id a, d ándo le s en tido a l re la to, in ev itab leme n te se requ iere un r azon ar s isté mi c o , se r equ i ere pod er mo stra r la s r ela cion es en tre los p er sona je s que for ma b an p ar te d e la h is to r ia a con tar. Qu ien es qu ien, qu e ro l ju eg a en la h isto r ia , dond e tran scurr en los acon tecimien tos qu e se están r e la tando, qu e h izo el o ella cuando yo h ice, qu e h ice yo cu ando é l o e l l a h iz o e s to o aqu e l lo . Como e n u n a p i ez a d e t e atr o , c ad a p erson aj e ej ecu ta su p apel y sigu e un gu ión d e l que no es conscien te p ero qu e sabe in terp retar a la p erf ección. Lo s acon tecimien tos qu e v an tran scurr iendo, van te n iendo sentido o s ign if ic a ción en e l argu me n to to tal d e l a h is to r i a . D e t a l ma n er a q u e se v a h il v anan d o u n a esp e c ie d e t r a ma d r a má t i c a la q u e r ec ib e e l n o mbr e d e n a r r a t iv a . Es t a tr ama n a r r a t iva son l a s r e d e s d e sign if icación conjun ta, a la luz d e la qu e se in terpreta n la s a c c io n es d e lo s a c to r es in v o luc r ado s en c ad a d o mi n i o d e ex is tencia en el qu e pod emos arb itr ar iame nte sep ar a nu estro v iv ir el qu e indud ab le me n te es un todo ind iv isib le. P en sado as í e s p o s ib l e d ec ir q u e u n s i s te ma u o r g an iz a c ió n d e sign if icados, no se con s tru ye en so litar io, sino qu e v a "eme rg iendo " en la conv iv encia conjun ta. Las p erson as v amo s así, ord enando las exper ien cias v iv id as, vamo s r e latándonos mu tu amen te lo v iv ido y orden ando los acon tecimientos en s e cuen c ias te mp or a les , org an iza da s sobr e la b a se d e un a coher en c ia h ilv anad a a tr av és d e la tr ama invisib le qu e confor ma el gu ión que cada p erson aje actú a en cada domin io d e existen c ia . 2

Zlachevsky, Ana María: “ ¿ E s p o s i b l e s e r c o h e r e n t e ? ” . R e v i s t a Psicológica, Año XIV, Vol. VII, Nº 29, Santiago, p. 21.

Terapia

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E s t a s ig n if ic a c ió n co mún con l a q u e los p er so n aje s in te r p r e tan l o s h echo s, hace qu e las per son as pu edan an ticipar con relativ a cer teza lo qu e es posib le esp er ar de si mismo y d e otro, en el do min io d e e x is tenc ia en que conv iv en. A l mis mo tie mp o le s cre a un a ser ie de expectativas de lo posib le o impo sib le de en con trar e n e l esp a c io d e en cuent r o co mú n y a r t i cu la l o q u e p as a a se r “ l a r ea l id ad ” d e l o s a co n t ecimie n t o s , d e l o s h e cho s, d e l as cos as , p ar a c ad a do min io d e ex is tenc ia .

PENSAMIENTO NARRATIVO El p ensamien to nar rativo es uno d e los tipo de p ensamien to d e l que nos h ab la Bruner, b asándose en lo que el distingu e co mo fun c ionamien to cogn itivo. Brun er no s d ice: “h ay do s mod a lid ades d e funcion amien to cogn itivo, dos mo d a lid ades d e pen samien to, y cad a un a de ella s b r ind a modo s car acter ísticos de ord enar la e x p er i en c ia , d e con s tru ir l a r e a l id ad ” 3 . A u n a d e l a s mo d a lid ad e s l a l l a ma pa rad igmá tica o lóg ico-cien tífica, y a la o tr a, na rrativa. Par a Brun er, amb a s son co mp leme ntar ia s p ero irr edu ctibles una a l a o tr a . D if i er en f u n d a me n t a l me n t e en sus p r o c e so s d e v er if icación y lo qu e in ten tan conv encer. Lo s argu me ntos, nos d ice, “convencen d e su verd ad, los relatos d e su seme j anza con l a v id a” 4 . E l pen s a mien to pa rad ig má tic o inte n ta ca tegor iza r, c onc ep tu aliz ar , o rgan iza r e l cono cimie n to en s is te ma s gen era le s d e exp lic aciones qu e p er mitan pod er estab lecer r elacion es cau sales. El lengu aje qu e u tiliza está regu lado por el princip io d e no con tr adic c ión . L a mod a lidad p ar ad ig má tic a d a co mo r es ultado te or ía s só lid as, p rueb as lóg ic as, argu me n tac ion es f ir me s y llev a a d escubr imien tos emp ír icos gu iado s por h ipó tesis r a zonad as. Tr ata d e tr as cende r lo p ar ticu lar, bu sc ando n iv e le s d e ab s tr ac c ión cad a v ez má s alto s, rech azando todo aqu e llo en lo qu e in terv eng an lo s s en timie n tos o la s exp lica c iones p ar ticu lar es . La mod a lidad n ar r a t iva , p o r e l co n t r ar io , s e c en tr a en la s p ar t i cu la r idad e s. Produce buenos relatos, se o cupa d e las accion es e in te ncion es hu ma n as y d e la s v ic isitud es qu e o curr en en e l tran scu rso d e un a v id a. S i túa l o s acon t e c imie n t o s y la s exp er i enc i a s en e l t ie mp o y en el esp acio. La n arr ativ a se ocupa d e la cond ición hu ma na, d e có mo la s per sonas se v iv en la v ida. Lo s relatos no tien en, co mo el 3

Bruner, Jerome. (1998). Realidad mental y mundos posibles, Editorial Gedisa, Barcelona, p. 23. 4 Ibíd..

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p ens a mie n to p arad igmá tic o , ( Brun er, J., 1998).

el

r equ is ito

de

ver if ic ab ilid ad.

EL PROTAGONISMO EN TERAPIA Cuando la p erson a lleg a a terap ia, tien e una h istor ia que con tar . Una h istor ia en donde él o ella es el p erson aj e pr in cipal. El cu en to p ar ticu lar y ún ico que a la v ez está inser to en una n ar r a t iva má s a mp l i a y q u e co n f ig u r a e l s is t e ma d e cre en c ia s en e l qu e e sa p ers ona v iv e. No s d ic en al r esp e c to Ge rgen K ., y K a ye J. : “ C a s i s i e mp r e e s la h i s to r ia d if í ci l , d es co n ce r tan t e, d o lor o sa o ir acund a d e un a v id a o de un a r e lación ya arru inadas. Para mu chos s e tra ta d e un a h is toria d e h echo s ca la mitos os que con spiran c o n tr a su sen sa c ió n d e b i ene s ta r , d e au tos a t is f a c c ió n , d e ef i ca c i a. P ar a o tr o s , l a h i s to r ia su e le a lu d ir a f u er za s inv is ib l es y mis t e r i o s as q u e s e in tro d u cen en l as o r g an i z ad a s s ecu enc ia s d e l a v id a par a per turb ar y destru ir . Y para alguno s es co mo si, en su ilusión d e saber có mo es, có mo deber ía ser el mu ndo , hub ieran trop ezado con d if icu ltad es para la s que su r e lato prefer ido no lo s h ab ía pr epar ado, ” 5 Por lo gen er a l, la h istor ia tiene qu e ver con o tro s, se aloj a en alguno d e los distin to s domin io s de ex is ten c ia en el qu e no s desenvo lv emos y, por lo tan to, tiene con eso s o tros un a org an ización de sign if icado s co-con stru id a a lo largo d e l a v id a qu e es p ara é l, e lla o e llo s “su r ea lid ad ”. E l co n o c i mie n to e s u n p r o ce so q u e só lo t er mi n a c o n la mu er te, po r lo que va camb iando con tinu a men te en la in ter acción c on los o tro s, lo que ta mb ién o curr e en e l inter c a mb io d e sign if ic ados qu e v a ten iendo quien consu lta a un ter ap eu ta. El t e r ap eu t a p a r t ic ip a a c ti v a me n te en lo q u e v a e me r g ien d o en e l “ e sp a c io ” t er ap éu t i co . A mb o s, s i s te ma c o n su l ta n te y ter ap e u ta , se encu en tr an en un a conv ersación dialóg ica con un otro, o tro que e s a l ter id ad , u n a a l t er id ad q u e n o p e r mi t e u n a con cep tu al i z a c ió n a l mo do d el pen sa mie nto par ad ig má tico , con ce p tua l. Es e “o tro ”, en el espacio ter apéutico, es o tro que, por lo g eneral, en e l sufrimien to está d ispuesto a mo strarnos su “in timidad ” y n os d istingu e co mo un exp er to, algu ie n cap az de ayudar lo . D e tal ma n e r a q u e e n e l encue n tro d e u n t er ap eu t a c o n u n p a c ie n te , la

5

Gergen Kenneth, Kaye John. (1996). La Terapia como Construcción Social, Editorial Paidós, Buenos Aires, Capítulo XI, p. 199.

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in timid ad y la conf ian za es la base d e l d iálogo. Un d iálogo d e dos copro tagon is tas, el consu ltan te y e l te rap eu ta.

NARRATIVA E IMAGINACIÓN Cuando el te rap eu ta, qu e en su modo de op erar u tiliza la t e o r ía s i s témi c a c e n tr ad a en n ar r a ti v as, en tr a e n con t a c to c o n u n p ac i en te , n e c es i t a ten er u n a “ i mag en ” c l ar a d e lo q u e e l o la p acien te le rela ta. Necesita pod er imag in arse la situación en “con cr eto” co mo él o ella la v ivió, co mo si fuera una obr a d e teatro donde los per son ajes están actuando. Qu é h ace, qu ién lo h a c e , c o n q u i é n , d ó n d e l o h a c e o hacen, cómo lo hace o hacen, c u án d o lo h a c en , p ar a q u é lo h ac e o l o h a cen , có mo s ig n if ic a c ad a p er so n aj e los a co n t ec i m i e n tos su yos y d e lo s o t r o s, es d e c ir , t i en e qu e s er cap az d e ima g in ar o de tr ansfo r ma r en imá ge ne s la n ar r ac ión q u e tr ae e l p a c i en te a l a s e s ió n . E l t er ap e u ta a l tr abaj ar con imá g en es e s tas in evita b le me n te lo s ac an de l mu nd o obj etivo d e los con cep tos, d e l cono cimien to par ad ig mático d e l qu e nos h abla Bruner , y lo in troducen en o tro mu ndo , un mu ndo d e p ar ticu lar id ades. Un mu ndo dond e el o tro qu e nos mir a a los ojos, nos p id e recono cimiento , nos p id e pro tagon is mo . El terap eu ta necesita dej ar se coger por la h isto ria d e la per sona o p erson as que tien e enf re n te , n e ces ita pod er d espr end erse d e su conocimien to con cep tu al, y en trar en ese o tro mu ndo, el d e la v id a de qu ie n nos está r e la tando un a h istor ia y h acer se sensib le a ella. Lév in as sostiene: “el ser- en- el- mundo, co mo decimo s ho y e n d ía, e s un a ex is tenc ia c on conc ep tos . La s en sib ilid ad se pon e c o mo un acon tec imie n to on to lóg ico d is tin to, qu e se cu mp le só lo c on la ima g in ac ión ” 6 . E l ter ap euta no pued e tr abaj ar só lo con concep tos si qu iere tr ab ajar con el mu ndo del o tro ; tien e que a c c ed er a e se mu n d o a t r avé s d e i m á g en es p a r t ic u lar e s. La i ma g e n q u e s e r ep r e s en ta n o e s u n a i ma g en q u e p as a a tr avé s d e su concien cia sin deten c ión, como a tr avés de un a ven tana tr ansp ar en te. S i b ien es c ie r to que la mir ada va h ac ia el o tro , c o mo q u e v a h ac i a f u era , p ar a e scu char e l r e la t o d e su p a c i en te , e n l a me d id a q u e e l r el a t o lo t r an sfo r ma e n i ma g en, l a mir ad a 6 Lévinas, Emmanuel. “La realidad y su sombra”, en Revista de Filosofía, Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile, Santiago, 2000, pp. 184 y 185; traducción de Patricia Bonzi (de revista Temps Modernes, Número 38, 1948).

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c a mb i a y v u e l v e h a c ia sí. E s co mo u n mo v i mien to d o b l e q u e s e d a al un ísono, d e id a y vu elta , en el qu e d e sde amb os, ter ap eu ta y p ac ien te , eme r g e un en tend imien to e spe c ia l. Co mo d ice L év ina s “ l a i ma g in ac i ó n mod if ic a y n eu tr a liz a e sa mir a d a ” 7 . A l d et e n er s e e n e l r e l a to p ar a f o r ma r se u n a i ma g en, e s ta d e t en c ió n o p a c a l a i ma g e n q u e s u r g e d e l r e l a to, e i n ev i tab l e me n te ap ar ece a lg o d is t in to d e l o r ig ina l, a l g o q u e e s p ro d u c to d e mi i ma g i n a c ión , dond e en tra mi propia cosmo v isión , p ero que el o tro, el consu ltan te, gatilló. La imag en que el terapeu ta tiene sobre lo s a co n t e cimie n tos q u e e l p ac i en te l e n ar r a son se me j an t es a l o q u e e l p a c ien t e l e p r e t end e mo s t r ar , p e r o p o r tr ab ajar con imá g e n e s g a tillad as por el relato d e un o tro, son só lo eso, s em e jan t es. E l lenguaj e de la imag en pon e al terapeu ta fu era del ámb ito d e lo s concep tos, d e l d iagnó stico, d e la s v erdad es y lo lleva al ámb ito d e l conocimien to n arr ativo, par ticu lar, a las sign if icacion es. El qu eh ace r ter ap éu tico, v isto de es a ma n era, in ev itab le me n te e s cr e ativ id ad, s ens ib ilid ad, arte , aun cu ando e s té f u er a d e la c a tego r ía d e l g o c e e s t é t ico . N o s d i c e L év in as , r ef ir iéndose al ar te : “la r ealid ad ar tística es el me d io d e expr esión d e u n a l ma . M ed i an te la s i mp a t ía con e sa a l ma d e la s cosa s o d e l ar tista, el exo tis mo d e la obr a se in tegra en nu estro mu ndo ” 8 . A s í, e n e l e sp ac io t er ap éu t i co , e l r e l a to d e l p ac i en te , su exo t ismo , l a expresión de su alma , se in tegr a a mi mu n do y yo me in tegro al de él y v a mo s, en conjun to, cr eando nu evas r ed es d e sign if ic ado con la ma g ia del lengu aje y d e la conversación. S o s t ien e Lév in as : “ la s en sa c ió n y l a e s té t i c a p r o d u cen , pu es, las cosas en sí, no co mo obj eto s d e g rado super ior , sino que, apar tando todo objeto , desembocan en un elemen to nu evo e x traño a tod a d is tinción - en tr e un “ afu era ” y un “ade n tro” , r ehusándose in cluso a la categor ía del su stan tivo ” 9 . En o tr as p a l ab r a s, en e l e n cuentro terap éutico la d istin ción a den tro - afu era d es apa re c e, y e s tá n a mb as pe rson as , una c on la o tr a, en un a d anza conjun ta, en torno al prob le ma q u e aqu eja al s i s t e ma co n s u l t an t e. A l r esp e c to me g u s t ar í a ci t a r n u ev a me n te a este f iló sofo, que af irma : “las per sonas no están una ante o tr a, 7

Ibíd. p., 185. Lévinas Emmanuel De la existencia la existente, Op. Cit., p 73. 9 Ibíd. p., 72 8

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s imp le me n te , es tán unas con o tr as a lred edor d e a lgo . E l prój imo es el có mp lice. En cuan to tér mino de una relación, el yo no p ierde e n es a r e la c ió n n ad a d e su ips e idad ” 10 . En o tra s p a la bra s, termin ada la sesión terapéu tica, ter apeu ta y pacien te vu elv en a su v id a co tid ian a, cad a uno a sus afan es, sin h aber perd ido n inguno su ipseidad, p ero llev ándo se consigo, ambo s, nu evas formas d e s ig n i f ic ar.

PSICOTERAPIA NARRATIVA En e l esp acio terap éu tic o, p ara aprox ima rno s a ima g in ar lo que la p er sona h ace, es necesar io ir ma s allá d e lo que d ice qu e h ace, el escenar io donde el h e cho ocurr e, qu iénes son la s person as qu e están o d eb er ían estar presen te s en el ep is odio que no s está r e la tando, y có mo p iensa él o ella qu e lo sign ifican ( in c lu yé ndose a sí mismo en la forma de sign if icar). A pesar de lo co mplejo d e l pro ce so tera péu tico, de la s p ar ticu lar idad e s d e c ad a tera peu ta y d e l h echo d e qu e la v id a es un con tinuo qu e no p er mite simp lificacion es esqu emáticas, me permitiré propon er un esqu ema mo d if icado de lo p lan teado por Sluzk i que f acilite en tender có mo está sign if icando los acon tecimien to s la per son a qu e mir á ndono s a los ojos no s p ide ayud a. El ter ap euta deb e pod er en tend er, imag in ar a los p erson aj es e n a cc ión , e n e l do min io d e ex iste nc ia en el qu e e l do lor se aloj a. Lo que la persona piensa que se hace o debería hacerse en ese dominio de existencia.

Quién o quiénes son los personajes que deberían hacerlo

Dónde piensa que se hace o debería hacerse (lugar o escenario)

Cómo lo hace o cómo piensa que debería hacerse.

Para qué se hace lo que se hace, cuál es la finalidad que le otorga.

Cuando logr amo s imagin ar có mo la o las p erson as actúan, c ó mo s ign if ican un acon tec imie n to, h e mo s pod ido de s crib ir, o “ en t end er ” , l a coh er enc i a s ig n if ica t i v a q u e lo s a co n te c imie n t o s 10

Ibíd. p., 52.

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tienen p ara esa p er sona. Emerg e el h ilo condu ctor de la h isto r ia qu e la s p er sonas nos cuen tan sobr e sí mi smas o sobr e los acon tecimien tos, en el do min io d e ex is tencia dond e el prob lema por el qu e con sultan tien e sen tido, el que a su v ez está in ser to en u n a n a r r a t iv a má s a mp l i a , q u e a l a v ez e s tá in se r ta en u n sis t e ma d e creen c ia s qu e conforma n la “r ealid ad” par a ellos (o p ar a él). E s t a f o r ma d e s ig n if i ca r , q u e f u e con se n su a l me n te constru id a en tre lo s person aj es qu e conv iv en en ese do min io ex is tencial, con s titu ye la n arrativa que los tien e un ido s, y la que h o y, p o r a lg ú n a co n te cimie n t o e sp e c i a l, los h a c e suf r i r . C o mo s e p lan teó an te r ior me n te , en es a n arr ac ión cad a pe rson aje tie ne un ro l o p apel qu e jugar , ro l qu e adqu ir ió en algún mo me n to en for ma a z aro sa y qu e, s i b ien no es es tá tic a , tien e un h ilo conductor qu e le d a cohe ren c ia a su “ima g inar io v ital”. Lo s acon te cimien tos van siendo sign if icado s d e un a cier ta ma n e ra, explicado s a la luz d e esas sign if icacion es, las qu e a la v ez se in ser tan en un sistema n arr ativo ma yo r y éste v a confor ma ndo el sistema de cr eencias d e una person a. Or tega, r ef ir iéndose a las creencias, so stiene: “las creen c ia s qu e co ex is ten en una v id a hu ma n a, qu e la sostien en, impu lsan y d ir igen, son a v eces in congru en tes, con tr ad icto rias o, por lo me n os in con exas” 11 . Con ello querr ía d ecir qu e las na r r a t iva s y l as cre en c ia s q u e l as p erson as ten e mos en dis tin to s domin io d e exis ten c ia no s e r ig en por una lógica ún ica, sino que tenemo s n arr acion es d istintas para los d is tin tos do min io s de ex is tenc ia o á mb ito s d e la v id a qu e for man nuestro v iv ir.

POR QUÉ LAS PERSONAS CONSULTAN A n ad ie le gu sta sufr ir , a no ser que le o torgu e al sufr imien to un v a lor esp ecial. ¿Po r qu é o curr e, entonces, que mu c h as v e ce s no s qu eda mo s co mo a trap ado s en un a for ma d e v er el mundo , un a fo r ma d e sign if ic ar los acon tecimien to s qu e no s h ac e s en t ir d esd i ch ad o s? Co mo q u e f u é r a mo s in cap a ce s d e mir a r camin os alte rnativo s de enfr en ta mien to d e lo s hechos, como que

11

Ortega y Gasset, José (2001) Historia como sistema. Editorial Biblioteca Nueva. Madrid, p. 68.

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n o s “f a sc in á r a mo s co n l o s iso mo r f i s mo s” 12 , con un a forma d e mir a r , y no s up iéra mo s d e la ex is ten c ia de o tr as . P ar a log rar e x p l ic ar es ta f o r ma d e a t r ap ar n o s en e l d o lor , me h a c e s en t i d o u n a d e las pr emisas propu estas por Von G lasersf eld, p lan te ada en el ar tícu lo sobr e “Con stru ctiv is mo Rad ical”, pub licad a en 1992 dond e so stie ne: “la función de la cogn ición es adap tativa y sirve p ara org an izar el mu ndo exp er iencial d e l suj e to, no par a descubr ir un a r ea lid ad on to lóg ica obj e tiv a ” 13 . D e a lgun a fo r ma , in te rpr e to ese d ecir deVon G laser sfeld en el sen tido de qu e siempr e el conocimien to, o la for ma d e exp licar un acon tecimien to, e s adap tativa (ú til) en alguno de los do min io de ex isten c ia en qu e estamo s inser to s y qu e, d ado qu e ese co mpor tamien to o exp lic ación nos sirv e en un do min io de ex istencia, lo segu imos ap licando, aun cu ando nos h aga sufr ir en la s sign if icacion es qu e no s da mo s , p ara o tro do min io d e ex is ten c ia . En la me d ida que e l ser hu ma no no es monov alór ico , no siemp r e lo qu e es ú til en un do min io d e e x is tenc ia e s n ec es aria me n te ú til e n o tro do min io social. Muy por el contr ar io, puede ser inclu so p erjud icial. El psicó logo qu e está tr atando de en tend er la coh er en c ia n arrativa de la p erson a qu e con sulta, n ecesita id en tificar el d o min io d e e x is t en c i a en e l q u e e l c o mp o r t a mie n to le e s tá s i en d o ú til al sistema co nsu ltan te, aun cuando sep a qu e en o tro do min io d e ex is tencia lo (o lo s) está haciendo sufr ir . Si no logr a id en tificar el do min io d e ex istenc ia en e l q u e e l c o mp o r ta mie n t o e s ad ap ta tivo p ar a e l s is te ma con sultan te, in ev itab leme n te no tendrá tod a la infor mación qu e r equ ie re par a id ear y ofr ecer n arr a tiva s a ltern a tiv as. Sus in te rven c ion es pu eden r esu ltar i n f r u c tu o s a s. La pr egun ta ¿Desde cuándo? Nos p er mite saber có mo los p erson aj es h an to ma do po sicion es en ese domin io de ex is ten c ia dond e el do lo r está aloj ado. Có mo se exp lican los acon tecimien tos, có mo elabor aron la n arr ativ a que ho y se están c on tando . ¿ Qué p ape l jueg a cada p ar tic ipan te en e s a tr a ma n arr ativa? D ebemo s pod er d istinguir en qu é domin io d e existen c ia no s deb er íamo s c en tr ar p ar a logr ar c o-r ef lex ion ar con e l s is te ma 12

Guevara Lino. (1996). “La fascinación por los isomorfismos”. Rev. Sistemas Familiares Buenos Aires. 13 Von Glasersfeld. (1992). “Constructivismo Radical”. Rev. Sistemas Familiares, Buenos Aires.

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consu ltan te su o rgan ización de sign if icado s a f in d e que pod amos e n tend er la lóg ica de sus exp lic ac ion es. Es imp or tante qu e el terapeu ta logre v er qu e ve, acep tando qu e su mirar es tan le g ítimo como el d e cualqu iera, qu e su en tend er es producto de su prop ia organ ización de sign if icado s. En ton c es, la pr egun ta qu e podr ía h acer se es ¿qué v eo yo, co mo terap eu ta? ¿Qu é les (o le) está p a sando ho y a estas person as que los (o lo) tiene atrapado s en el su frimien to? Pero ta mb ién h abría qu e pr egun ta rse: ¿en qu é do min io d e ex is tencia esta for ma d e co mpor tarse o d e sign ificar el mundo le s está sirv iendo y en qu é do min io d e ex is tencia ya no s le s está sirv iendo esa for ma d e v er y v er s e? ¿ Cu á l es l a tra ma n ar r a t iv a q u e le d a sen t ido a su e xp lic ac ión? La pr egun ta ¿Po r qué ahor a? le p er mite al ter apeu ta d is t in g u i r c u á l e s l a a me n az a o r g an iz a c io n a l d e l s iste ma d e sign if ic ados co mp ar tido s, qu é p asar ía si el do lo r no estuv ier a pr esen te. En la me d id a que, in ev itab le me n te, d eber ía ex istir algún h echo que in trodu ce ruido a la fo rma co mo estaba en tendiendo y sign if ic ando el mu ndo. E s f u n d a me n t a l q u e e l t e r ap eu t a r es p e t e su ips e id ad y su forma de entender, por lo qu e es de u tilid ad pregun tarse:

¿Qué veo yo, como terapeuta? ¿Qué le o les está pasando hoy que les sirve? ¿Qué veo yo que ya no les está s i r v i e n d o?

¿De dónde sacaron esa exigencia que hoy lo (o los) tiene atrapado(s)? ¿Puedo desde mi propia coherencia entender lo que le (o les) pasa? ¿Qué tiene que ver su forma de significar con mi forma de entender el mundo? ¿Lo que distingo tiene que ver con él o ella o conmigo?

Aquí es donde cobran importancia las preguntas ¿ D e s d e c u á n d o? y ¿ P o r q u é ahora? Las conversaciones que mantienen el problema, son conversaciones que en algún momento fueron útiles para los actores de la narración (¿Desde c u á n d o? ) . H o y d e j a r o n d e s e r de utilidad en algún dominio de existencia, hoy perdieron vigencia; pero siguen actuando en forma automática. (¿Por qué ahora?)

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Po r lo g eneral, no so tro s co mo ter apeu tas, desd e nu estra prop ia coh er encia d iacrón ica, ten emo s c ier tas id ea s de lo qu e le podr ía esta r ocu rr iendo al sistema con su ltan te, a lo qu e hemo s llama d o h ipo tetiza ción - s igu iendo lo p lan te ado por el Grupo d e Milán -, postur a que gu ía nuestra conv ersación. Nu estr as h ipó tesis no son algo está tico n i ún ico, es algo qu e sólo no s sirv e p ar a d arnos un nor te en la en tr ev is ta terapéu tica, un send ero por dond e transitar. Estas h ipó tesis d eben ser con s tan teme n te confron tada s con qu ienes ten e mos enfr en te, a obj eto de no caer en la “tr a mp a d e lo obv io” . Po r o tr a par te, sabemos que nuestro s p acien te s no s v en co mo ter apeu tas y, por lo tan to, nos o torg an el pod er d e “exp erticia ” 14 e n e se d o m i n io d e ex i st e n c i a, e l d e l a t e r a p ia . P a r a p o d er acop la r s e con e l s i s t e ma n e c es i t a mo s “ v incu l ar n o s ” con ellos, n ecesitamo s qu e sien tan la conf ianza de la que h ab lábamo s c on an te r ior id ad, ne c esita mo s qu e s e s ien tan es cu chado s, qu e se sien tan pro tagón ico s. E l v ín cu lo d esd e e s te en tend imien to no e s só lo una po s tura d e ca lid e z, s ino qu e ente nder e mo s v ín cu lo como s e r expe r tos en “ obje tiv id ad en tr e pa rén te s is ”, exper to s en hacer pregun tas. H acemo s pregun ta s desd e nu estra prop ia for ma d e entender y se l a s o f r e ce m o s a l o tr o p ar a q u e así , é l o e l la , d esd e su s p r o p i as coher en c ia s, d esd e su s prop ias sign if icaciones, r ef lex ion e en su p r o p io s is t ema d e s ig n if i cado s. La h ipó te sis qu e nos for mamo s es una h ipó tesis que no s lleva a p ensar la h istor ia en el do min io de ex istencia qu e no sotros d istingu imo s co mo el do min io dond e el do lor se aloj a, y es en ese do min io dond e en tramo s a “h ab la r con” nu estro s p acien te s, p ensando en lo s person ajes qu e en ese domin io d e ex is ten c ia c ons titu yen la to ta lid ad d e los ac tore s qu e per ten ec en a e se gu ión qu e nosotro s imag in amos. Los llama mo s p er sonajes imp r e sc ind ib les d e la his to r ia - lo s qu e per ten ec en d ec is iv ame n te a e s e s is t e ma d e s ig n if ic ado s, e s d e c ir , q u i en es e s t án d e ma n e r a “ de ter min ante ” d en tro d e los bordes d e e s e s i s t e ma - , p ar a d ej ar 14 Tendríamos que hablar de “pericia” para respetar estrictamente el castellano. Pero el anglicismo “experticia” se ha introducido con tal fuerza en nuestro idioma, que nos parece lícito usarlo.

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fu er a a aquellos que llama mo s p ersonaj es pr escind ib les -aquello s qu e for ma n p ar te d e la red d e s ign if icado s p ero que pu eden no estar pr esentes en la sesión , ya que no inf lu irían no tor iamen te en e l s is t e ma d e s ig n i f ic ado s co mp a r tid o s - .

CONSTRUCCIONISMO SOCIAL La org an ización de signif icado s comp ar tido s qu e conf igu ra u n a r ed d e co n v ers a c io n e s e s tá , a l a v e z, in s er ta e n u n a r ed ma y o r d e sign if icado s, la que pued e ir amp liándose hasta llegar a la macr o r ed d e sign if icaciones qu e confor ma la qu e la propu esta s o c i a l n o s i mp o n e, l a d e la s v er d a d e s n o r ma l i z ad o r a s. W h i t e y Ep ston af irma n al r e specto : “todos estamo s pr eso s en una r ed o tela d e ar aña de pod er /cono cimien to, no es po sib le actuar fu era d e este pod er y ej ercitamo s ese poder en r e lación a lo s otro s” 15 . V iv imo s inme r s os en nu estr as creencias, las qu e no ponemo s en dud a pues son el p iso qu e no s su sten ta. En el d ecir de Or teg a “ nue s tr as cre en c ias, má s que ten er la s, la s so mos ”. 16 El con s tru ccion is mo so cial no s ofr e ce la id ea d e que el prob lema resid e en la d escr ipción d e l prob lema , en lo s sign if ic ados asign ado s a los hechos que se está n v iv iendo. No es un a idea propu esta sólo por el constru ccion is mo so cial; no ob stan te, par ece impor ta n te en este pun to me ncionar la, d ado que e l é n f a s i s e n lo s p r o c e so s so c i ale s y e n la c o n s tru c ció n d e ind iv idu alida de s e s d istin to en cad a c aso. La con struc ción de s ign if ic ados, p lan te ada por e l con struc c ionis mo so cial, e s tá inser ta en la propu esta social en la qu e no s d esenvo lvemo s. D esd e e s t a mir ad a e s p o s ib le d ec ir q u e v iv imo s d e a lg u n a ma n e r a h ab itando en la cár c e l d e nu es tr as prop ias cr een c ias , las que constr iñ en nu estro co mpor tamien to y nu estr as for mas de s ign if ic ar e n los dis tin to s con tex tos en lo s que nos d es en v o lvemo s . S o b r e e l con st r u cc io n i s mo soc i a l A n d er so n s os tiene : “e l con tex to e s con c ep tu a liz ado c o mo un do min io mu ltirrelacion al y lingü ís tico, donde la s condu ctas, los s en timie n tos , la s e mo c ion es y la s co mpr en s ione s son co mun a le s. O curr e d en tro d e una plur alidad comp lej a y en constan te camb io 15

White, Michel; Epston, David. (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos. Ibíd p 38. 16 Ortega y Gasset, José. (2001). Historia como sistema, Ibídem., p., 71.

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d e r ede s d e r e lac ion e s y p roc eso s s oc ia le s, y d en tro d e do min io s, pr ác tic as y d is cur sos loc a les má s amp lio s” 17 . A s í , n o e s p o s ib l e c ua lqu ier s ign if icado , n i ta mpo co o f r ec er a l s i s t e ma co n s u l t an t e c u a lq u i er exp l i ca c ió n . D ep en d e en g r an med id a d e l s i s t e ma so c ia l d e sign if icado s, de la red qu e tenga sen tido para qu ien con sulta. No es lo mismo decir a un a person a g a y que for ma par te d e un grupo activo que lucha por los derecho s d e los ho mo sexu ales, “¿qu ién d ijo qu e er a ma lo en amor arse d e un ho mb re? ”, qu e p ara un joven d e un a familia trad ic ional ch ilena cu yos pad res p er ten e cen a c t iv a me n te a u n g r u p o d e I g l e s ia q u e d ef iend e l a familia co mo p ila r d e la so cied ad. El con tex to de sign if icados en a mb o s c a so s e s to t a l me n te d i f er en t e e ig u a lme n t e v á l id o d esd e un a p ersp e ctiv a terap éutica.

GUÍAS PARA EL OPERAR TERAPÉUTICO DESDE ESTA MIRADA C o mo t er ap e u ta s n e ce s it a mo s p er tu r b ar e l s is t ema , p ar a lo c u a l u sa mo s d is t in t as a lt e r n a t iv a s. E l eg i mo s la me j o r h er r a mie n t a qu e desd e nu estro bu en en tender tengamos a la ma no p ar a ofr e cér sela a qu ienes no s consulten de mo do qu e su prop io s i s t e ma r ef le x ivo d e cre en c i as l e s p er mi t a u n a n u ev a exp li c a c ió n , y así pu ed an d ejar de sufr ir a la breved ad. En p a lab ras de G erg en y W ar h u u s, “ s e i n v i ta a l t e r ap eu t a a e n r iq u e ce r s e con e l d o min io to tal d e la in telig ibilid ad ter ap éu tica, a h acer uso d e todo lo que le sirva en su con tex to in med iato. En ese sentido, no ex is te un solo mé todo “con stru ccion ista social” en ter ap ia” 18 . En pro d e la e f ic ien c ia , c o mo un v a lor a rb itrar io en la p s ico terap ia, adop ta mos un a postur a Prag má tica qu e se podr ía r esu mi r en lo s sigu ien tes pun tos: 1. Con ta c to y v ín cu lo, d ef in idos c o mo s er e xper to en obj e tiv idad en tr e p ar én tes is, u tiliz ando pa ra e llo tod as las h err amientas qu e nuestr a coh er encia d iacrón ica no s per mita, en el esp acio de la coheren c ia sin crón ica, que nos impone el do min io de ex is tencia te rap éu tico. 17

Anderson Marlene. (1999). Conversaciones, lenguaje y posibilidades. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, p., 80. 18 Gergen Kenneth, Warhuus Lisa. (2001). “La terapia como construcción social. Dimensiones, deliberaciones y divergencias.” Rev. Sistemas Familiares Año 17 Nº 1. Buenos Aires p., 13.

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2. Fo r mu lacion es positiv as y óp ticas op timistas, cu idando d e no tr iv ializar el do lo r del sistema con sultan te.

3. Resp eto por la for ma de en tender d e l sistema consu ltan te, consid er ando todo el tiemp o qu e es él qu ién sabe de sí mismo , lo que qu ier e ma n ten er y lo que qu iere camb iar. En otr as p a labr as, él es el exper to en su prop ia v id a. No so tros no s asu mi mo s co mo exper to s en h acer pr egun ta s, en un a postu ra d e no saber , r e spetando lo qu e o tro s ter apeu tas h an llama do la irr ev eren c ia ter apéu tica, con el ún ico objeto de que el p ac i en te enc u en tr e en su p r o p io s iste ma r e f lex ivo d e c r e en c i a s u n a s ig n i f ic a c ió n a l te r n a t iva q u e l e p er mi t a d es en tr a mpa r s e d e l su fr imien to por el qu e v ino a con sultar . 4. Acep tamo s hu mild emente nu es tr a s l i mi t a c i o n e s y c r e e mo s qu e ex is ten cier tos domin io s dond e no pod emo s actu ar. Por e j e mp l o , lo e co n ó mic o , l o b io ló g i co , l o cu l tu r a l, e t c. E s d ec i r , a c ep t a mo s t an to e l con s tru c cio n is mo so c ia l co m o e l d e ter mi n i s mo e s t r u c tur a l . 5. Nu estr a respon sab ilid ad co mo ter ap eu tas está en conducir la te rap ia pon iendo e l a c en to en lo s r ecu rso s y h ab ilid ade s de los otros, má s qu e en lo s prob lema s y f a llas hu man a s. Es d ecir , pod r íamo s p lan tear que nuestr a for ma de h a cer ter ap ia e s t á, d e a lg u n a f o r ma , b as ad a en la T er ap i a o r i en tad a a la s So lu cion es, aun cu ando má s qu e hab lar d e so lu cion es h ab la mo s de d iso luc ione s, d e n arr ativ as que s e d isu e lven en e l lenguaj e p ar a encon tr ar me j or es sign if icaciones, má s amab le s y llev ader as en esta d ifícil tarea que nos impone el v iv ir.

Me gustar ía ter min ar este ar tícu lo citando a O r teg a y G as se t qu e e s cr ib e en el c ap ítu lo VII d e El homb re y la gen te : “L a v id a es camb io ; s e es tá en cada nu evo ins tan te s iendo a lg o d istin to del qu e se er a, por tan to, sin ser nun ca d ef in itivamen te s í m i smo. S ó lo l a mue r te, a l i mp ed ir u n n u ev o c a mb i o , c amb i a a l ho mbr e en e l d ef in itivo e in mu tab le s í mismo , h a ce de é l par a s i e mp re u n a f ig u r a inmó v i l ; e s d e c ir , lo l ib e r a d e l c a mb io y lo

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e t ern i z a” 19 . Lo an ter ior pro cur a hacer se cargo- po r cierto, d e ma n e r a p a r ci a l - , d e sde e l p u n to d e v i s t a p si co t e r ap éu t i co , d e e sa d ime ns ión d e la v ida hu ma n a pues ta d e r e liev e por e l filóso fo esp año l, el qu e pon e el acen to en lo mu tab le del v iv ir , en lo que imp lica acon tecer y, por lo tan to, saca al ser hu ma no d e las categorías estáticas d e la in mo v ilidad. 20

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y

r e lac ion es ,

19

Ortega y Gasset J. (1964). El hombre y la gente Editorial Revista de Occidente. Madrid p.p., 31 y 32. 20 El modelo precedente ha sido trabajado por la autora en la llamada Escuela Sistémica Centrada en Narrativas -desde el año 1994 a la fecha-, de la cual han egresado alrededor de 80 psicólogos clínicos.

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PODER Y POSIBILIDAD O LA POSIBILIDAD DE LA POSIBILIDAD ∗

POWER AND POSSIBILITY OR THE POSSIBILITY OF POSSIBILITY Jorge Alfonso Vargas Universidad de Tarapacá

RESUMEN

El artículo realiza una crítica a las aporías de la posibilidad a las que se refiere Ch. Ramond quien plantea la inexistencia de la posibilidad en la lógica, física y ontología sobre la base del empleo o no empleo de los conceptos de necesidad, posibilidad e imposibilidad en estos campos. El artículo expone las ideas de L. Lavelle sobre el Ser y crítica a Ch. Ramond quien al confundir la Realidad con el Ser como suele hacerlo la ciencia moderna se centra sobre el ser dado, el dato (el hecho) y no sobre el ser del hombre que en su ser-ahí(da-sein),en su existencia, le va su propio ser, de acuerdo a Heidegger y donde lo que prima sobre el ser dado es el ser por realizar según Lavelle. De esta forma la posibilidad encuentra su lugar en el Ser y su relación con la libertad, esencial para abrir así el campo de la ética y la política mediante la participación constate en el Ser.

ABSTRAC

Este artículo se basa en la ponencia Poder y Posibilidad presentada en el VI Coloquio Internacional Bariloche de Filosofía, Argentina, 2002.

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The article makes a criticism of the apories of possibility expressed by Ch. Ramond who affirms the inexistence of possibility in logics, physics and ontology on the basis of the use or not of the concepts of necessity, probability and impossibility in these fields. The article puts forwards the ideas of L. Lavelle on Beeing and criticizes Ch. Ramond who when confusing Reality with Beeing as modern science usually does focuses on the the being done, the data (the facts) and not on Man who in his existence(da-sein) risks his own being according to Heidegger and in which what matters more than the being given is the being to be realized according to Lavelle. In this way possibility finds its place in Being and its relation with liberty, essential to open the fields of ethics and politics by way of the constant participation on Being.

INTRODUCCIÓN

LA POSIILIDAD COMO PROBLEMA Al intentar pensar el tema del poder (1) tropezamos con una dificultad, más bien una trampa del lenguaje, que nos confunde y obliga a repensar el tema. Se trata de lo siguiente. En nuestra lengua y otras también- no sabemos si en todas- se da el caso de una especial homonimia: el término /poder/ se usa para designar tanto la capacidad de hacer algo, el poder-capacidad, como al poder político, el poder-mando. El poder-capacidad se considera habitualmente como natural y el poder-mando como convencional, así al menos en una primera aproximación. Según J. L. Chedin en “La Puissance et le Pouvoir chez Aristote” (2)Aristóteles llamó a la facultad natural dynamis y al mando político arkhé, pudiendo así mantener ambas ideas claras y distintas al menos en el plano teórico. Sin embargo en el caso de nuestra especial homonimia tal distinción es difícil de mantener en la práctica ya que en política suele suceder que quienes acceden al

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poder político lo logran gracias a alguna cualidad natural que les permite acceder al mismo: inteligencia, carácter o simplemente elocuencia la más de las veces., En cuyo caso la homonimia no sería tal porque ambos campos semánticos, el de /capacidad/ y el de /mando/ se entrecruzan. No obstante aceptando que poder hacer esto o lo otro y poder mandar esto o lo otro es en la práctica lo mismo, en ambos casos estamos hablando en todo caso de posibilidades abiertas a nuestra libertad. Por lo que poder y posibilidad están íntimamente ligados, son conceptos solidarios entre sí al interior del Ser. Por lo mismo la posibilidad de la posibilidad es esencial para nuestra existencia y participación en el Ser.

Por lo mismo hay una íntima conexión entre los conceptos de poder y posibilidad que hace de ambos conceptos complementarios. Sin embargo el concepto de lo posible, de la posibilidad, puede tornarse una imposibilidad si se le considera como lo hace Charles Ramond en su interesante estudio “Le noed gordien. Pouvouir, puissance et possibilité dans les philosophies de l’age classique.” (3) Por lo que vamos a exponer brevemente sus ideas al respecto para luego realizar una crítica a su tesis, ya que si lo expuesto por Ramond es cierto implicaría que si lo posible desaparece del plano del Ser, la concepción de la existencia como un modo del Ser- nuestro modo de ser- en la cual la posibilidad de la posibilidad nos permite liberar el campo de la experiencia moral y política al actualizar las infinitas posibilidades abiertas a nuestra libertad se quedaría sin fundamento.

El punto central de la tesis de Ramond está en el reconocimiento del hecho de que el término poder como potencia conduce a pensar la posibilidad como aquello anterior a los hechos, invisible por lo mismo pero supuesto: la idea de que la realidad es la realización de lo posible o lo posible realizado. Es esta idea la que el pensador francés encuentra problemática ya que, según él, conduce a peculiares aporías cuando se examina el uso de los términos en los diverso campos

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semánticos en que se emplean en filosofía, particularmente en lógica, física y ontología.

El principal problema surge al pensar lo posible enfrentado a lo real, al hecho, a lo ya realizado. Lo posible en este caso es algo que no es todavía, en cambio lo real es lo que ya es. Es decir, nuestra idea de que la realidad es lo posible realizado sugiere que lo posible es un todavía no y por lo mismo algo anterior al ser. Lo cual para Ramond es una falacia similar a la vis impresa de los antiguos, una cualidad oculta como la virtud dormitiva de las adormideras, nombres con los que Aristóteles en vez de solucionar los problemas “los bautizaba” según la feliz expresión de Moliere citado por el francés (4). Lo posible sería entonces un nuevo caso de flatus voci.

La demostración de Ramond es muy convincente y persuasiva. Es claro que lo posible parece ser en el mejor de los casos, un intermediario ente la nada y el ser, o en el peor de los casos, una cualidad oculta; en la práctica, una nada tras los hechos ¿Por qué habría de suponerse a lo ya realizado, a lo hecho, como siendo un posible que ya no es? Si así fuera el caso, lo posible sería anterior al ser y nada es anterior al ser. En consecuencia: ¿Cómo puede ser lo posible posible? ¿Cuál parece ser su ser, si su ser parece ser un todavía-no y luego cuando ya realizado un ya- no?

LAS APORÍAS DE LA POSIBILIDAD Lo expuesto nos obliga a exponer con cuidado la tesis del autor francés para hacerle justicia y sacar provecho de su interesante y provocativa propuesta. Después de un largo periplo por la historia del concepto de poder, tema que vamos a soslayar no por falta de interés sino por su irrelevancia para nuestro

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análisis más bien semántico y ontológico el autor nos llama la atención sobre las aporías que el concepto de lo posible introduce en el pensamiento cuando se aplica a los distintos campos de la filosofía que hemos mencionado. Las aporías de lo posible demuestran según el pensador francés que el concepto de posibilidad difícilmente encuentra un lugar en nuestra visión del mundo.

Empecemos por la lógica. Los entes lógicos son verdaderos a priori, por definición: son casos de recta consecuencia. Sin embargo tenemos la tendencia a introducir en la lógica la noción de posibilidad. Se entiende a menudo que lo necesario, la recta consecuencia en este caso, o lo simplemente imposible, se definen en referencia a lo posible. Lo imposible como opuesto a lo necesario sería la negación de lo posible, lo no-posible más bien. Sin embargo el autor francés ve aquí una falacia de percepción, Desde el punto de vista de la recta consecuencia o de la resolución de una fórmula matemática, que es lo mismo, los entes resultantes son: o necesarios o simplemente imposibles, no hay punto intermedio, dos más dos es igual a cuatro, o no lo es, así de simple. Cuando un lógico o un matemático afirma que tal fórmula o consecuencia es imposible, está más bien confesando su ignorancia al respecto; lo que sucede en realidad es que no ve la solución o que el problema no tiene solución, puesto que las categorías de la lógica sólo admiten lo necesario y lo imposible no habiendo realmente nada como lo posible en lógica. Lo necesario establece axiomáticamente que no hay lugar para lo posible una vez que se establece un hecho. Se podría argüir que antes de establecer un hecho, habría un resultado posible de acuerdo a las leyes de la lógica o la matemática, pero el pensador francés parece no preocuparle lo que sucede antes del hecho y refiere todos sus argumentos a lo ya realizado, que ciertamente es necesario o imposible.

Veamos el caso de la física, entendida como ciencia de la naturaleza. La física trata con verdades factuales que no se pueden constituir a priori por lo que

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se deben establecer a posteriori en el plano natural o histórico. En este ámbito los hechos propuestos son o verdaderos o falsos: o corresponden a las cosas o no corresponden. Eso es todo lo que la física o la ciencia natural necesita. Uno podría hablar de entes posibles, vida en Martes, o de la telekinesis, como siendo falsas hasta donde sabemos pero a lo mejor, ¡quién sabe!, posibles. Sin embargo Ramond insiste en que aquí no hablamos con entera propiedad ya que el sentido de lo posible en estas afirmaciones no es siempre el mismo. Lo que llamamos posible o probable no es una cualificación de las cosas sino de nuestra propia ignorancia al respecto ya que las cosas son o no son. El problema está, pensamos nosotros, en que nunca podremos saber todas las posibilidades de la materia - la vida misma es una antiprobabilidad considerando la entropía cósmica-. Sin embargo de nuevo debemos reconocer que la posibilidad como tal parece estar ausente de la física ya que lo único que ésta admite es lo verdadero o lo falso. De los seres naturales sólo podemos demostrar su verdad o falsedad, nunca su posibilidad.

¿Qué pasa entonces en el plano de la ontología? Que a nivel de la ontología lo posible parece ser una nueva manifestación de la idea antigua de los grados del ser. Una /casa/ posible es una casa para la que tenemos el dinero, el terreno y el arquitecto: todavía no es una casa pero está cerca de serlo, al menos es mejor que nada. Por eso es que lo posible parece un punto intermedio entre la nada y el ser. ¿Pero es posible ser sólo en cierta medida por decirlo así? Para Ramond otorgar un valor ontológico a la posibilidad sería resucitar la noción de los grados de ser o de los grados de perfección disfrazando la posibilidad de un cierto grado de ser: algo más que nada pero menos que todo.

Puestas así las cosas y ateniéndonos a los hechos podemos entender que un ser parezca menos que otro, una lombriz menos que un hombre. Pero no sin razón Ramond cree que no es así en realidad, no tenemos ningún derecho a pensar así,

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una lombriz es de la misma forma que un hombre es. Si ambos han recibido el ser de Dios que es Amor, ambos han recibido el mismo ser: ¿Por qué habría de ser mezquino Dios con su amor sin medida? La noción de los grados del ser aparece ahora como un remanente de la antigua jerarquía natural del esquema aristotélicotomista, que hoy a la luz de la antropología cultural, aparece como una aplicación al cosmos de categorías sociales o políticas, una suerte de antropocentrismo. Pero ¿qué sucede si admitimos que el Ser no admite grados? Que no habría lugar al parecer en la ontología para seres posibles como intermediarios entre el Ser y la Nada: ser o no ser, he ahí el problema.

UNA POSIBLE SOLUCIÓN

¿Cuál parece ser el error en que intuimos está Ramond? ¿Podremos salvar la posibilidad para que no quede en calidad de una cualidad oculta, una nada tras los hechos? La posibilidad de la posibilidad es necesaria para nuestra eticidad y la posibilidad como tal forma parte de nuestra experiencia ¿cómo negarla? El problema al parecer tiene

que ver con la época moderna y el

abandono de una visión sustancialista de la realidad y la adopción de una visión funcional de ella. El hombre moderno según A. Touraine se define por lo que hace (5) no por lo que es. El Acto no la Potencia domina la ontología moderna. Un caso típico es el de Hobbes, éste advierte que nuestras potencias o facultades del alma, la psicología sustancialista basada en ellas, no es más que una serie de nombres que ponemos a lo que nos pasa, a nuestras pasiones justamente. Los nombres de deliberación, voluntad y libertad sólo se refieren a las pasiones que nacen en nosotros ante la visión de las cosas. Al nombrar nuestras pasiones como miedo, deseo, temor o esperanza tenemos la ilusión de que hablamos de entes substanciales cuando en verdad sólo son nombres puestos a nuestras pasiones; es justamente el hipostasiar estos nombres lo que conduce a no ver los hechos o a confundirlos con los nombres de las cosas. (6)

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No es raro, más bien es lógico, que Ramond llame la atención sobre las aporías de la posibilidad a partir de los hechos, está muy de acuerdo con la ciencia moderna el prestar atención sólo a los hechos- aun a riesgo de confundir los hechos con el Ser- . También no es extraño, es lógico, acudir a la univocidad del Ser como lo hace el pensador francés para destruir la idea de la jerarquía de los seres. En la época moderna con Suarez (7) sobre todo se dio inicio a una línea de pensamiento que no puede aceptar que el ser sea una emanación desde lo alto y que no alcanza a todos los seres por igual por lo que se establece una jerarquía del ser. En consecuencia tampoco resulta muy aceptable que se afirme que el ser se dice de muchas maneras, y de un modo distinto de Dios y de los hombres. Si Dios es el Ser no puede sino dar el ser a todos por igual, en una suerte de creación continua. Por eso no es menos una lombriz que un hombre. Sin embargo aceptando como premisas el fijar nuestra atención en lo concreto, individual y aceptando la univocidad del Ser es posible justamente encontrar un lugar para la posibilidad. Para demostrarlo vamos a seguir los pasos de Louis Lavelle en su obra Acerca del Ser (8) quien partiendo de las mismas premisas, universalidad y univocidad del Ser encuentra un lugar para la posibilidad justamente a partir de ellas.

Para Lavelle lo primero es el Ser, la experiencia primitiva de experimentar su presencia en la intimidad de nuestro yo como eficacia y en nuestro exterior como fuente inagotable. Al respecto es pertinente recordar aquí la experiencia primitiva a la que Lavelle siempre se remite cuando quiere referirse a su intuición original del Ser a la vez acto y espectáculo, advirtiendo siempre que captamos más fácilmente el espectáculo y olvidamos el acto que da origen al espectáculo: “(...) desde mucho antes de que la palabra filosofía tuviera para nosotros un sentido, podríamos ya evocar dos emociones de nuestra más tierna edad, las que no han dejado de acompañar nuestra conciencia de vida, y cuya frescura no se ha visto empañada por ninguna otra: la primera, nacida del

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descubrimiento de ese permanente milagro de la iniciativa en virtud de la cual siempre se puede introducir algún nuevo cambio en el mundo, mover el meñique, por ejemplo, cuyo misterio reside menos en el movimiento que produzco que en ese fiat del todo interior que nos permite producirlo; y la segunda nacida ante el descubrimiento de esta presencia siempre actual de la que jamás logro evadirme, y de la que el pensamiento del porvenir o del pasado

vanamente intentan

distraerme. De esta suerte, el propio tiempo lejos de hacer de mi vida una indefinida oscilación entre la nada y el Ser, me permite tan sólo gracias a una relación entre las diferentes formas de la presencia que arbitra mi libertad constituir en el Ser un ser que es el mío.” (9) Experimentamos, entonces, según Lavelle que hay un ser que nos sobrepasa pero a su vez tenemos la experiencia interior de nuestra eficacia que nos permite introducir nuestra propia iniciativa en el Ser vía participación en él.

Si el Ser es lo primero entonces encierra todo lo que es, ya sea real, imaginario o ficticio. Pero advierte nuestro autor “ (...) la simplicidad del término ser no debe engañarnos, ya que el Ser puro no es indudablemente la totalidad, sino la fuente de todas las determinaciones que se obtienen, no ya agregándole, sino dividiéndolo, actualizando por separado todas las potencias que encierra.(10) En esto consiste justamente la universalidad del Ser. En consecuencia agrega Lavelle “En lo que respecta a la universalidad del Ser, se hace manifiesto desde que se percibe que es imposible afirmar nada si no es afirmando el Ser mismo de lo que se afirma, de suerte que la misma naturaleza de lo que se afirma no es precisamente en lo que respecta al Ser, sino una de sus posibles determinaciones entre una infinidad de otras.” Como todo lo que es lo es en el mismo sentido, don gratuito de Dios, creación de la nada, ágape, esto es la univocidad del ser (11). Sin embargo esto choca con la idea fuertemente asentada de que el ser se dice de muchas maneras, a lo que Llavelle replica que “Más dificultades habrá para admitir la univocidad del Ser; la resurrección de esta palabra, tomada de la Edad

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Media, manifiesta que la querella que oponía a los escotistas contra los tomistas no está extinguida. Sin embargo, la universalidad y la univocidad no son sino dos expresiones que definen la unidad del Ser cuando se le considera alternativamente desde el punto de vista de la extensión y desde el de la comprensión” (12). El ser se podrá decir de muchas maneras pero es de una sola. Por eso el Ser se aplica unívocamente a todos los entes, univocidad y universalidad son en consecuencia requisitos complementarios, es decir pueden darse a la vez sin contradicción, más aún deben darse a la vez y sin contradicción para dar cuenta del Ser en toda su extensión e intención lo que no afecta la idea aceptada de la analogía del ser aristotélico porque como lo expresa nuestro filósofo “La univocidad del Ser empero, no afecta, como se piensa, a la analogía del Ser, aunque estos dos términos hayan sido expuestos con mucha fuerza. Más aún, las dos nociones se reclaman entre sí en vez de excluirse. Son dos perspectivas diferentes y complementarias sobre el Ser, de las que la primera atiende a su unidad omnipresente y la segunda a sus modos diferenciados. Estos últimos no merecen el nombre de Ser sino por el mismo Ser que el todo les otorga, aunque cada no lo exprese a su manera y de suerte tal que, si se considera su contenido, siempre hay una correspondencia entre la parte y el todo cuyo corolario es la correspondencia entre sí de las partes. Esta doble correspondencia es la que constituye el objeto propio de la filosofía” (13).

Es justamente la univocidad y la universalidad del ser lo que permite “ir a las cosas mismas”, partir del individuo concreto evitando el Ser como un todo por abstracto y vacío, ante lo cual el pensador galo reconoce que “Se objetará; tal vez, que la universalidad no podría ser mantenida sino haciendo del Ser, contrariamente a nuestros propósitos, la más abstracta de las nociones, hasta el punto de que, al expresar tan sólo la afirmación del todo lo que puede ser, permanecería ajena al contenido de lo que es. No pasaría desapercibido, sin embargo, el valor ontológico de este acto de afirmación, sin el que nada podría ser

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indiferente a lo que él afirma, es su esencia constitutiva. Además, no hay que olvidar que el ser de una cosa no es distinto de esta cosa; es esa cosa misma considerada- si así puede decirse- en la totalidad actual de sus atributos.”(14) En eso están de acuerdo Ramond y Lavelle, la ontología y la ciencia. El error de la Ciencia es confundir el Ser, fuente, origen de todo, con la realidad, con lo ente. Confusión que se debe según Lavelle a que la Ciencia se fija sólo en el ser hecho, realizado, y no en el ser por hacer, ignorando así al ser como fuente y origen. Por eso, imitando la ciencia confundimos la realidad con el ser, cuando la realidad no es el Ser sino uno de sus modos. En términos de Heidegger la realidad es vista así más bien como un ser-ante-los-ojos ante la cual el hombre como ser-ahí se cura tratando de ser justamente por no tener un ser dado de una vez para siempre como una cosa sino ser una pura existencia, una pura posibilidad justamente. Por eso no es extraño que a la ciencia le preocupe el ser dado, el ens y a la filosofía de la existencia, el ser en su ir siendo, el esse. Al respecto Lavelle destaca que “El prestigio de la cosa y del objeto cuya presencia no puede recusarse, es tal, que acaba por aniquilar la conciencia que tenemos de nuestra propia existencia en cuanto nos la damos a nosotros mismos y sin la cual no habría para nosotros ni objeto ni cosa; con mayor razón aniquila la idea del ser todo interior a sí mismo y del que no puede ser sino la exterioridad manifiesta el objeto o la cosa (...). De ahí el prejuicio que reina a favor del realismo, del que puede decirse que resulta conforme a nuestras tendencias más primitivas (...). Lo propio de la filosofía no es como se dice a veces, sustituir el realismo por el idealismo, es decir hacer de la realidad una idea; es, en lugar de considerar como un absoluto la realidad tal cual nos está dada, tratar de explicar por qué puede, en efecto, estar dada la realidad”(15).

Si lo primero es el Ser, en consecuencia el Ser encierra todo lo que es y lo expresa de una misma manera porque es de una misma manera siempre, No es una emanación, una abundancia de ser que desde lo alto se comunique en distinto

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grado a los seres, no hay nada como la visión plotiniana, más bien lo expuesto se acerca a la metafísica de la creación de Suarez. (16) Así que no hay grado de ser, no hay modos de ser, lo que hace exclamar a Lavelle:. “¡Qué paradoja, después de todo cuando se dice que no hay grados de Ser, que es el mismo Ser el que se dice del todo y de la parte, del alma y del cuerpo, de un sueño y de un acontecimiento, de la idea y de la cosa, de la acción espiritual la más pura y del vapor más fugaz! No obstante, independientemente de que la paradoja estaría más bien, en introducir el más y el menos en el corazón del Ser mismo, y no sólo en sus determinaciones, interesa hacer notar que una escala del Ser sería siempre una escala entre el Ser y la nada, en circunstancias de que entre esos dos términos no hay en absoluto intermediarios. Es un infinito lo que los separa (17). Pero ¡cuidado! que no haya modos de ser no quiere decir que no haya modos del ser, es decir formas de ser que lo limitan o determinan sin poder sobrepasarlo jamás.

Es en esta perspectiva, la de la universalidad y univocidad del Ser, que la posibilidad puede ser comprendida como refiriéndose a un modo del Ser, el ser posible, que como todo modo tiene su ser. En consecuencia el ser posible no es una nada, su ser puede ser imaginario, ideal, puede ser una aspiración, una hipótesis y en cualquiera de esas formas es un modo de ser, tal como la realidad es otro de los modos de ser pero no el único, aunque a la ciencia le parezca así. Es justamente la univocidad y la universalidad del Ser lo que permite pensar el ser posible.

El ser posible se despliega en la temporalidad, es inseparable de la memoria-presente en que los seres posibles se nos hacen presentes y del porvenir en el cual el presente actual realiza lo simplemente ideal. Esta es la importancia ontológica del tiempo; sin embargo considera Lavelle que el tiempo no sólo es el horizonte en que el ser-ahí se despliega sino que a su vez es lo que nos permite establecer las relaciones entre el Ser y sus modos (y no la nada). Considera

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nuestro autor que el tiempo es interior al Ser- nada es exterior al ser- . El tiempo permite nuestra participación en el ser y a su vez permite distinguir los modos de ser de nuestra temporalidad por eso es que nuestro filósofo advierte que “Hemos mostrado que las ideas de nada, de subjetivo y de posible no ponen en jaque en modo alguno la universalidad del Ser. Estas diferentes ideas, con todo no han podido introducirse en el pensamiento sino gracias a una distinción realizada por el tiempo entre los diferentes aspectos del Ser, entre las diversas maneras como el Ser revela su riqueza a los ojos de un individuo finito. Lo posible especialmente, no puede ser pensado con independencia de la idea de un porvenir que aún no está realizado” (18). La posibilidad que se despliega en el tiempo no es en consecuencia anterior al ser, nada es anterior al ser.

Si confundimos el Ser con la Realidad y según Lavelle “Mientras no dominemos la noción de Ser, nos parecerá que hay un primado de la objetividad sobre la subjetividad, hasta tal punto estamos habituados a considerar toda realidad como teniendo la forma de una cosa(...).Será preciso mostrar ahora que el Ser es acto, de qué modo toda descripción es una génesis y por qué la relación no toma su verdadero significado, sino únicamente si se cambia en participación(...). Ahora bien, es fácil apreciar que nada de lo que es objeto o cosa tiene sentido sino en referencia a un sujeto que lo piensa como exterior a sí, aunque éste sea actualizado únicamente por aquél, lo cual- en rigor- constituye el sentido que damos al término apariencia o fenómeno” (19). Si pensamos al hombre como una cosa nunca podremos pensarlo como el heideggeriano, ser al que le va su ser en cada acto pero que, como afirma Ortega y Gasset, ha tenido también que vivir su vida antes de vivirla, en un mundo justamente posible vivir una vida posible. En toda filosofía de la existencia el ser posible se actualiza en el tiempo pero el pasar de un modo a otro, no le hace cambiar de estatuto ontológico sólo pasa de un modo de ser a otro. La actualización de lo posible requiere de la apertura

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podríamos decir del futuro para que así nuestros sueños se hagan efectivamente realidad, y el ser nuestro revele su eficacia, su aporte a la Creación.

Para no confundir el Ser con la Realidad, el error de la Ciencia, y de Ramond al parecer, hay que prestar atención no al ser en su modo de ser un hecho puro sino en nuestra efectiva participación en él. Por lo que según Lavelle “El ser, la existencia y la realidad son los tres distintos aspectos bajo los cuales puede considerarse el todo respecto a la participación (...). El empleo de la palabra ser caracteriza todas las doctrinas donde se considera la participación en su fuente (...). La palabra existencia guarda de la participación el acto con que se cumple (...). En fin (...) no se hace uso de la palabra realidad sino para señalar que no se pretende retener de la participación nada más que sus formas ya cumplidas.(20) Sólo así más allá de los juegos de palabras, la posibilidad es una experiencia, la experiencia de poder introducir nuestra iniciativa en la Creación. La experiencia no se demuestra, se puede explicar pero no se puede negar a partir de un juego de palabras, se puede explicar cuales son las condiciones de posibilidad de la posibilidad pero no negar un hecho mediante el

recurso nominal que

sugestivamente advierte que el ser posible está oculto tras los hechos, cosa que no negamos pero que a su vez olvida que los hechos son sólo una cara del constante ir y venir dentro del Ser de sus distintos modos o determinaciones.

La experiencia de la posibilidad es entonces la experiencia de nuestra propia eficacia creadora en la que Lavelle ve el concurso de Dios y Heidegger sólo una preocupación mundana. Como sea, dejar al hombre sin la posibilidad es dejarlo sin el poder tanto en su sentido de capacidad como de mando. Por eso poder y posibilidad están íntimamente ligados en el plano ontológico donde al parecer la imposibilidad de separar el poder-capacidad del poder-mando en la práctica ha llevado a confusiones de palabras y conceptos. La posibilidad de la posibilidad es entonces esencial para nuestra participación en el Ser por más que

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un análisis nominalista o positivista niegue la posibilidad sobre la base de que la posibilidad no es una actualidad, un hecho, resultado de olvidar que el hombre no sólo es lo que es sino que también lo que espera y anhela.

COMENTARIO Tomando todo lo expuesto en consideración quisiéramos determinar con mayor precisión el concepto de posibilidad como un modo de ser para que se entienda por qué la posibilidad no se puede reducir a una nada o a una entidad misteriosa tras los hechos. Esto es de suyo importante por la tendencia moderna a confundir la realidad con el ser. Esta tendencia falaz puede ser resultado de la vulgarización de la idea falsamente científica pero muy extendida de que “la verdad está en los hechos” como se dice, prejuicio que confunde el Ser con la Realidad, la fuente de toda participación con el ser dado. Por eso es importante escuchar a Lavelle cuando afirma que “El Ser lo contiene todo, lo real y la apariencia, lo inteligible y lo sensible, el acto y el dato, lo verdadero y lo ilusorio” (21). El ser contiene en consecuencia al acto de llegar a ser y al hecho de ser ya algo, de ser algo dado, un dato: ¿Por qué se piensa entonces que el ser es lo ya realizado solamente y no el ser por realizar. Porque según el pensador francés “Generalmente se usa la palabra ser para designar un dato; sin embargo, el acto por el que ese dato es captado, forma también parte del Ser. Incluso la anterioridad del Ser no puede ser alcanzada, sino es bajo la forma de acto. El materialismo atribuye el ser al dato y desprecia el acto. El idealismo no ve sino al acto (...)” (22).

Ahora bien hay unidad y diversidad entre dato y acto, son distinguibles al interior del Ser

sólo cuando se ha introducido la participación y ésta ha

revelado la solidaridad de todos los modos del Ser entre sí. Es la participación justamente la que permite prestar más atención al ser por realizar que al ser ya

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realizado. Sin embargo a pesar de esta distinción hay unidad entre ambos modos, el de la existencia, nuestro modo, y el de la realidad ya que ambos modos son dos momentos en la participación

en el ser que pueden ser discernibles por la

introducción del tiempo como horizonte de nuestro ir siendo, y la perspectiva del sujeto que observa y participa a la vez. Por lo mismo Lavelle une el dato al acto que le da su ser haciendo ver que “ (...) el acto una vez realizado es algo dado, un dato; un dato es indiscernible del acto por lo que es dado, y el ser del mundo es acto que incesantemente deviene dato para el sujeto para el cual es espectáculo todo lo que desborda su operación” (23). En esta perspectiva, ¿Lo posible es algo anterior al ser, un no-ser? O ¿es algo externo al ser puesto que todavía no es? Nuestro pensador diría que ni lo uno ni lo otro: No es anterior al ser, nada es anterior al ser; ni exterior al ser, nada es exterior al ser. Lo posible es sólo uno de los modos del ser. Sin embargo ¿lo posible no es menos que lo actual? No lo es: ¿Por qué habría de serlo? Ni siquiera su apariencia de ser menoscabado corresponde a su naturaleza ya que es sólo eso, una apariencia con visos de realidad para quien confunde el ser con la realidad. Aun tomando a lo posible como un ser de pensamiento es con toda propiedad y sin menoscabo, un ser de pensamiento.

Lo posible ahora considerado en sí mismo y atendiendo a sus propiedades, a sus notas constitutivas, es un término universal que comprende todo lo que puede ser y se extiende a todo lo que es. Es al interior del Ser donde lo posible parece algo menoscabado ya que en toda realización de algo posible hay una determinación de aquello universal e infinito y se le pone término a su franquía al determinarlo y transformarlo en algo dado, un dato. Toda determinación es una negación y lo que se gana en realidad

se pierde en

posibilidad, dando origen por poner un ejemplo a la desesperación de que habla Kierkegaard que le viene al joven cuando es pura posibilidad.

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Pero no quisiéramos salvar a la posibilidad en el plano existencial donde aparentemente es más claro el tema sino que quisiéramos también llevarlo al plano del pensamiento, lo que pensamos o imaginamos es a veces sólo posible en teoría decimos: ¿este ser posible pensado no es menos ser que un acto realizado?, ¿no será en este plano donde la posibilidad parece tener un ser menor? Precisamente en este plano Louis Lavelle tiene algo muy importante que decir. Se pregunta nuestro autor: “¿ (...) es lo posible sólo un ser de pensamiento que aún no se ha actualizado, uno una aspiración a ser que no ha podido todavía satisfacerse?” (24). Para agregar que lejos de disminuirse en su calidad óntica por ser un ser en progreso, en desarrollo, el ser intelectual tiene la misma valía que cualquier otro modo de ser en el plano ontológico – lógicamente que no en el plano psicológico pero eso es otro plano, no el nuestro-. Aquí es donde el pensador galo expone una de sus más perspicaces afirmaciones sobre el ser de lo posible al afirmar que: “Si lo posible, empero, es una existencia pensada tiene tanta realidad como el mismo pensamiento: lejos de podérsele considerar como una forma de existencia atenuada que propiamente procedería por la vía del desarrollo, parece más justo hacer de lo posible un ser intelectual que se enriquece y se empobrece a la vez cuando se actualiza, esto es, cuando es recibido por la mediación del espacio y tiempo en la sensibilidad de los seres finitos. Se enriquece en cuanto que adquiere una determinación que no poseía. Pero se empobrece también, en el sentido de que excluye otras determinaciones que llevaba en sí en potencia y que ahora están marchitas” (25).

Lo posible aparece desmejorado en comparación con la existencia y la necesidad y quizá esta apariencia sea parte del prejuicio que asigna más ser a la realidad que a la posibilidad. Posibilidad, existencia y necesidad no representan una escala en el ser; en ninguno de estos modos se está más acá del ser o más allá de él, todas nuestras operaciones son al interior del ser, todo lo que podamos saber será sólo parte del Ser, ciencia particular, por eso que todo método para conocer el

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ser es sólo analítico diría Lavelle y todo acto se inscribe en él sin añadirle nada ni quitarle nada: ¿Por qué entonces esta apariencia de mengua de ser que tiene la posibilidad? Quizá porque el ser se experimenta como ensayo y posteriormente como realidad, siendo este transitar prueba de su potencialidad. Potencialidad que se pierde de vista al adoptar una posición cuasi neopagana de la realidad como siendo la eterna realidad omnipresente anterior a los hombres y a los dioses olvidando nuestra contribución a ella al aplicar nuestra libertad. En el tiempo diría Lavelle hay siempre un eterno presente en el cual podemos introducir nuestra contribución a la Creación, la Creación no está terminada, está en progreso. Nuestra libertad es justamente la posibilidad de introducir nuestro ser en el Todo, esto se experimenta en el alma como una oculta eficacia toda interior al Ser. Por eso no se puede dejar de lado nuestro particular modo de ser. El hombre no es una cosa sino el ser señalado al que le va su ser en su existencia pero que justamente le va su ser porque puede llegar a ser, si no fuera posible esto, sería una pasión inútil. Se nos suele olvidar que como muy bien lo expresa Lavelle : “(...) el alma no es en modo alguno una cosa, sino una posibilidad que se escoge y se realiza.” (26). Acto y actualidad debieran ser una misma cosa para nuestra percepción pero percibimos como más real lo ya realizado que lo por realizar. Ignorar este hecho y por ende no querer o no poder explicarlo por parte del hombre de ciencia no es sino una suerte de violencia metafísica de algunos hombres de ciencia que se atienen sólo a los hechos y se olvidan que ellos mismos también son ante todo una pura posibilidad en la inmensidad del Ser.

Profesor de Filosofía, Universidad de Tarapacá, Arica. E-mail: jalfonso@uta.cl

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NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Este artículo es resultado de los proyectos de investigación Filosofía y Psicología del Poder y Poder y Conflicto en la Postmodernidad realizado en la Universidad de Tarapacá, Arica, durante los años 1995-2000. El presente artículo corresponde a la parte filosófica. (2) J.-L. Chedin, “La Puissance et le Pouvoir chez Aristote” en Le Pouvoir, Goddard & Mabille(eds.), París,Vrin, 1994. (3) Ch. Ramond, “Le Noed Gordien. Pouvoir, Puissance et Possibilité dans le Philosophies de l’ Age Classique” en Le Pouvoir, Goddard & Mabille (eds.), Paris, Vrin, 1994. (4)

Citado por Ramond, ibid., p. 127.

(5)

A. Touraine, Crítica de la Modernidad (Madrid, Temas de Hoy, 1993).

(6)

T. Hobbes, English Works, Molesworth (ed.), Vol.III, pp. 42-59.

(7) Cfr. S. Fernández Burillo, “Metafísica de la Creación en Francisco Suárez”, Cuadernos Salamantinos de Filosofía, (Salamanca, 1998). (8) L. Lavelle, Acerca del Ser, traducido por Laura Palma Villarreal (Ediciones Universidad de Valparaíso, 1994) (9)

Ibid, p. 58.

(10)

Ibid, p.61.

(11)

Ibid, p.61.

(12)

Ibid, p. 61.

(13)

Ibid, p. 62.

(14)

Ibid, p. 61.

(15)

L. Lavelle, Introducción a la Ontología ( F. C. E., 1953, pp. 50-1)

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(16) “La acción no es término de acción, es sólo vía al término, sólo procedencia, llegar a ser del término y dependencia de su Origen. La causa en acto, y de dependencia en la existencia. No es el agente, no está en él ni es, de ninguna manera, algo del agente(...). Quien haya entendido lo que esto significa, cuando el Agente es Dios, se dará cuenta de que la existencia creada es incompatible con cualquier manera de poner a Dios como estricta causa de la criatura. La Criatura no preexiste en Dios como idea, ni como acción inmanente, ni de ninguna manera: la criatura existe en sí misma, y es causación causada u originada en Dios. Ninguna criatura, ningún aspecto de ninguna de ellas sale de Dios(...). El ente creado aparece como novedad radical en su existencia(...). En suma, el existir de la criatura es propio de ella, distinto del divino y totalmente dependiente de Él.”( S. Fernández Burillo, op. cit. pp. 26-7).

(17)

Lavelle, L., Acerca del Ser, p. 61.

(18)

Ibid, p. 2.

(19)

Ibid, p. 62.

(20)

Lavelle, Introducción a la Ontología, pp. 16-7.

(21)

Lavelle, Ibid.

(22)

Ibid, p. 87.

(23)

Ibid, p. 88.

(24)

Ibid, p. 88.

(25)

Ibid, pp. 88-9.

(26)

Ibid, pp. 88-9.

(27)

Ibid, p. 68.

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