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N I A R T E L Es pecial: Especial: Carlos Fuentes Fuentes Carlos A帽o I julio-agosto No. 2 Formato electr贸nico


Director General: Alberto Rivera Mena

“Sólo el que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar lo imposible”

Miguel de Unamuno

Diseño: Jesús Jiménez Blanquet “Conocer el cuerpo de una mujer es una tarea tan lenta y tan encomiable como aprender una lengua muerta” Julio Ramón Ribeyro

Corrección y estilo: Diana Laura Huerta Pineda “Todos los seres humanos son también seres de ensueños. El soñar une a toda la humanidad” Jack Kerouac

EDITo

Saludos estimado lector de LETRINA, te da Agradecemos a todos nuestros lectores, y a los q revista. Les damos las gracias también a la Direc Literaturas Hipánicas por e Ilustración portada: Susana León Abriz


Corrección y estilo : Estephania Vega Guillen “Las palabras eran bombas de destellos multicolores entre el mundo blanco y negro de la gente decente.” Parménides García Saldaña

Sección Lingüística: María Guadalupe Gutiérrez Arroyo “Aquel que no puede comprometerse con su creencia es un miserable, así esté vivo o muerto”. Hajime Saito

Sección Comunicaciones: Itzi Paulina Medina Jiménez “Lo mejor que la naturaleza ha dado al hombre es la brevedad de su vida” Plinio el Viejo-

oRIAL

amos la bienvenida al número dos de tu revista. que con sus aportaciones enriquecen y dan vida a esta cción y a los maestros de nuestra Facultad de Lengua y el apoyo que nos han otorgado.


Artículos

COMUNICACIONES

lINGÜÍSTIca

A I R

verso Prosa ensayo

A R E

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I C A E R

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Miscelรกnea tips Tweets ESPECIAL

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Breves notas el concepto de red social sobre Mtra.Gabriela Sánchez Medina

Durante mucho tiempo me resistí a incorporarme a las, tan en boga, redes sociales, pero finalmente la vorágine social me arrastró y ahora también tengo una personalidad virtual. El asunto ha resultado muy interesante, pues he podido observar varios fenómenos que bien valdría la pena estudiar desde el punto de vista de una disciplina como la comunicación, pero por ahora no me ocuparé de ellos; prefiero ir a lo básico, es decir, al intento de establecer algunos conceptos que ojalá puedan ampliar el panorama teórico de quienes son usuarios de las nuevas tecnologías.

turales; así, se propone mediante esta categoría, establecer las varias relaciones entre los individuos de un grupo (las redes sociales se pueden redimensionar y redefinir dentro de un mismo espacio-temporal). […] una relación de confianza, una de jerarquía y otra de clase (ver Lomnitz, 1975, 1987, 1988 y 1991). Así, lo económico, lo político y lo sociocultural son tres dominios que se van enhebrando en la vida del individuo y su trama va conformando la realidad macrosocial (Radcliffe-Brown, 1952, y para la relación entre redes verticales y poder, ver Blau, 1964). Cada tipo de intercambio tiene sus reglas que el individuo aprende a manejar y -cuando son contradictorias- a conciliar entre sí para cada situación determinada. Ese proceso es rico en lenguaje simbólico, por lo tanto la habilidad para manejar símbolos a su vez constituye un recurso. (Adler, 2002: http:// revista-redes.rediris.es/html-vol3/vol3_2.htm)

Contrario a lo que las nuevas generaciones piensan, las redes sociales existen desde hace muchos siglos, y funcionan para hacer girar los engranajes de los más variados procesos históricos, económicos, políticos, artísticos, etcétera. Las redes sociales han formado parte de la convivencia humana en distintas culturas, y son un factor clave en gran cantidad de acontecimientos pasados o recientes. Hasta el momento no hay acuerdo en cuanto a si al hablar de red social se está en la dinámica de El concepto de red social se puede establecer a partir de un paradigma, una teoría, una metodología o una distintos y múltiples modelos de relación, y es válido técnica: “En suma, la falta de acuerdos entre cientípara diversos fenómenos sociales. Fue creado como ficos sociales se origina en dos causas: por un lado, propuesta para dejar atrás los rígidos análisis estruc- se trata de un tema dinámico cuyo análisis es re-

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ARTÍCULOS

ciente para estas áreas de conocimiento; y por otro, nencia a un grupo e identidad social con una cultura cosu emergencia está relacionada con la configura- mún, por lo que se rigen por valores y normas similares; ción que experimentan las redes sociales a partir de las tecnologías digitales” (Crovi, 2009: 10). • el proceso de comunicación se da de uno a todos y de uno a uno. De acuerdo con Larissa Adler Lomnitz (2002), el hombre participa simultánea- En términos generales, se entiende por red social al grumente de tres tipos de relaciones sociales: po de personas que mantienen algún tipo de vínculo. En la dinámica de las redes sociales son fundamentales los actores, las ideas y las estructuras De acuerdo con la opinión de algunos especialistas, que generan. Así, las redes sociales implican la seguiré la premisa de que no existen modelos de reinteracción entre personas, grupos o institucio- des, sino que cada red social se construye de acuerdo nes; se trata de un intercambio dinámico en un con una dinámica específica, derivada de las condicontexto determinado que permite la identifica- ciones particulares de cada entorno (Crovi, 2009). ción de necesidades y problemáticas comunes que Hasta aquí dejo estas breves ideas que intentan progeneralmente llevan a la organización, misma vocar la revisión y discusión de distintos fenómenos que permite la potenciación de los recursos. sociales, en distintos espacios y en diferentes épocas, desde la posibilidad que ofrece la comunicación como Interacción e intercambio son palabras clave en el disciplina y el concepto de red social como categoría. sistema abierto que representan las redes sociales, sistema en constante construcción por los miem- Bibliografía bros de la red, quienes comparten sus intereses, ADLER Lomnitz, Larissa, “Redes sociales y partidos políticos preocupaciones y necesidades. Se pone de mani- en Chile”, en REDES-Revista hispana para el análisis de refiesto la fuerza del grupo, que de manera indivi- des sociales, Vol. 3, núm. 2, septiembre-noviembre, 2002, dual sería imposible pensar, los vínculos que se http://revista-redes.rediris.es/html-vol3/vol3_2.htm generan son los que permiten actuar en conjunto. CROVI Druetta, Delia María et al, Redes sociales: Algunas características que puedo mencio- análisis y aplicaciones, Universidad Nacional Aunar de estas redes, y que resultan acordes a tónoma de México/Plaza y Valdés, México, 2009. lo que se esboza aquí de manera breve, son: • grupos de personas que coinciden en intereses y mantienen algún tipo de comunicación; •

personas que comparten un sentido de perte-


Seis técnicas de cocowash que están aplicándote ahora mismo Por:David Wong

Traducción de Alberto Rivera Mena

Artículo original en línea en : http://www.cracked.com/article_16656_6-brainwashing-techniques-theyre-using-you-right-now.html

Para hacer cocowash no es necesario ningún aparato de ciencia ficción estilo “Men In Black” ni recurrir a la hipnosis. Existen todo tipo de técnicas probadas para puentear la parte razonable de tu cerebro y llegarte a un lugarcito en el fondo que dice “OBEDECE”. Ya sé lo que estás pensando. “Pus sí, nomás haces un anuncio con una vieja bien sabrosa mostrando las chichis. ¡Con eso se convence y distrae a la raza!” Aunque eso es muy cierto…

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Existe un arsenal entero de técnicas de manipulación que son más efectivas que las mejores pechugas que se te ocurran. Técnicas como: #6. Corear slogans Todos los mandos militares, líderes de cultos, gurús de la autoayuda y políticos saben que si quieren callar esos inconvenientes pensamientos de duda en la multitud, deben hacerlos corear una frase o eslogan repetitivos. Esto es parte de lo que se conoce como thougth-stopping techniques 1 (Técnicas de detención de pensamiento), porque para bien o mal, eso es exactamente lo que hacen. Suena como: “¡Monarcas!, ¡Monarcas!, ¡Monarcas!, ¡Monarcas!, ¡Monarcas!” en el estadio o “¡Candidato X!, ¡Candidato X!, ¡Candidato X!” y las consignas en cualquier marcha. Por qué funciona: La parte “analítica” de tu cerebro y la parte de “labores repetitivas” tienden a operar por separado. Esto significa que no puedes resolver un complejo acertijo si mientras tanto te hacen gritar y repetir el coro de alguna canción de Timbiriche sin cesar. ¡Inténtalo! La meditación funciona de la misma forma, con cantos y mantras hechos para “calmar la mente”. Apagar esas molestas voces en la cabeza es útil para la gente estresada, pero lo es aún más para alguien que busca aplacar a una audiencia llena de voces molestas en sus mentes recordándoles que lo que él está diciendo podría ser un montón de idioteces. #5. Pasarte sandeces al subconsciente El ascenso de los portales de noticias en internet ha dado a luz montones de técnicas nuevas para “difundir y arraigar sandeces”. De lo que Ellos (y de aquí en adelante, con “Ellos” me refiero a cualquiera que cobre dinero por manipular tu opinión) se han dado cuenta, es de que la mayoría no leemos las notas, sólo revisamos los encabezados. Y hay una forma de explotar eso basada en cómo el cerebro almacena recuerdos. Por ejemplo, una fuente anónima informa al portal de noticias que el senador López maneja una red de prostitución gay. El encabezado diría: NUEVOS INDICIOS DE LA RED DE PROSTITUCIÓN GAY DE PÉREZ O lo mismo con un signo de interrogación: ¿NUEVOS INDICIOS DE LA RED DE PROSTITUCIÓN GAY DE PÉREZ? No importa que el encabezado sólo haga una pregunta y/o no involucre afirmación alguna sobre la culpabilidad del senador. La idea ha sido plantada y dos meses después cuando el asunto se haya olvidado y alguien mencione algo del senador Pérez, te vendrá a la mente: “¡Ah! El de los prostis gays” Suena como: ¿ESTRECHA CONEXIÓN DEL CANDIDATO “FULANO” CON EXTREMISTAS DE ULTRADERECHA? A este fenómeno le llaman “Source Amnesia” 2 (Amnesia de la fuente). Como ya mencioné, al recordar lo del senador Pérez te vendrá a la mente la referencia de la prostitución gay, pero probablemente no recuerdes de dónde conseguiste esa información. El cerebro tiene una capacidad limitada de retención de información, así que sólo mantiene la información importante y por lo general descarta las trivialidades contextuales como el cuándo y dónde adquiriste la información. En la Era de la información, y su respectiva saturación, este es un mecanismo que Ellos explotan con facilidad. Se han dado cuenta de que un pedazo de información puede ser presentado con todo tipo de adjetivos y modificadores (signos de interrogación, decir que “se sospecha” o el tamaño mismo de la letra) pero usualmente el cerebro sólo recordará lo principal y olvidará los detalles menores. Además, este fenómeno se da incluso si el encabezado niega específicamente alguna información. Esto sucede en cada temporada de elecciones. El propósito de difundir un rumor turbio a la prensa es forzar al oponente a negarlo porque la negación es igual de efectiva que la acusación. Gracias a la Amnesia de la fuente, el encabezado: PÉREZ NIEGA SU IMPLICACIÓN EN PROSTITUCIÓN, queda registrado en la mente con el mismo contenido que los encabezados anteriores. Más cocowash en el próximo número. 1. Margaret Thaler Singer y Janja Lalich, “Cults in Our Midst”, 1995, Ed. John Wiley and Sons, Inc., pp. 64-69. 2. http://www.nytimes.com/2008/06/29/opinion/29iht-edwang.1.14069662.html


EL PERIODISMO Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Citando a Gabriel García Márquez comenzaré a hablar sobre la violencia con respecto al periodismo que, según sus palabras, es “el mejor oficio del mundo”.

En cualquier actividad podemos sentir la pasión viva que está presente en el periodismo, esa pasión que nace con el deber de informar y desenmascarar aquello que no nos dicen; esa pasión que nace tanto un martes a las doce del día como un domingo a las doce de la noche, y que no tiene horarios ni fechas para salir a flote. Apasionarse con lo que hacemos es sublime, sin embargo, tristemente parece que hoy es cada vez más difícil poder darse el lujo de desempeñar la actividad que nos mueve el corazón, el alma y el espíritu. En el caso del periodismo, se necesita tener un corazón muy

DANIELA CADENAS LEÓN

fuerte para no reconsiderar sobre el deber de “informar íntegramente la noticia” cuando tenemos tantos ejemplos de hombres que lo intentaron y han sido callados, sobre todo en países como el nuestro donde ser periodista parece ser un equivalente a ser un brujo en tiempos de la inquisición. El periodismo es sólo un ejemplo. Creo que en la mayoría de las actividades la violencia nos impide desarrollarnos plenamente, nos hace reconsiderar si valen la pena los riesgos y los peligros a cambio de la satisfacción inexorable que surge al terminar un texto. A pesar de esto, hay algunos valientes que deciden seguir esa pasión que viene con el desempeño puro de algún oficio. Hoy estoy aquí para aplaudir-


los. Informar las cosas como en realidad están ocurriendo es una de las carencias más grandes que hay en nuestra sociedad y es perentorio el tener la plena y absoluta facultad de ejercer la libertad de expresión, de vencer la violencia que busca corromperla, de informar, de ser informado y de romper esa noticia que sólo sirve de fachada. Los periodistas deben ser libres de buscar el verdadero fondo, el meollo de las cosas y de ser llamados heroicamente ‘periodistas’. Es irrefutable que esta práctica trae de la mano una serie de peligros que pueden asustar incluso a los más valientes y totalmente decididos a vencer el miedo de ser callados y reprimidos. Creo haber encontrado una buena respuesta ante estos miedos apoyándome en el colombiano García Márquez nuevamente:

El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad […]. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a morir por eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, y no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente (2010: 116).

Yo los invito a seguir estas palabras en cualquier actividad que desempeñen, a no dejarnos vencer por el miedo y la violencia, a informar y a luchar por la libertad de expresión aunque esta lucha no se pueda ganar mas que con el esfuerzo constante y un espíritu siempre libre y justo encendido en el corazón. BIBLIOGRAFÍA: García, Gabriel (2010). Yo no vengo a decir un discurso. México: Mondadori.


Víctor Agustín Martínez Cruz Este dibujo, enviado por Víctor Agustín Martínez Cruz, fue realizado en la época en que la preparatoria José María Morelos (la prepa 3) lanzó una convocatoria para un concurso de escudos del cual saldría el que representaría a la institución. Este escudo no ganó, pero nuestro compañero comparte su dibujo con nosotros y él mismo redactó la siguiente explicación: “Representa a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. La forma del escudo está compuesta por tres “M”: Morelia, Michoacán, México, y sus colores representativos. En la primera M está un libro que representa los conocimientos que nos imparten, el color dorado representa la grandeza de la Universidad, y el color plata los 34 años que en ese entonces se cumplían. En la segunda M están los cuatro bachilleratos de la preparatoria: Químico-Biológico, Histórico-Social, Arquitectura-Ingeniería y Económico-Administrativo. Químico: vaso de precipitado; Biológico: color verde. Histórico: la calavera representa a las personas, ya que sin nosotros no habría historia; Social: colores de la tierra, ya que en conjunto forman una sociedad. Arquitectura: pirámide; Ingeniería: color negro, porque es el color que utilizan los ingenieros para hacer los trazos. Económico: moneda; Administrativo: color gris, ya que debe ser importante para una sociedad saber cómo administrar los bienes. En la tercera M está el rostro de José María Morelos y Pavón ya que la preparatoria donde estudié lleva su nombre. Rostro de Morelos: el color rojo en el paliacate representa que fue un héroe de la Independencia, y el color café en el rostro representa que sus raíces fueron mestizas. La espada representa justicia. El pergamino representa libertad y la fecha que tiene (1813) es el año en que Morelos presentó los “Sentimientos de la Nación.”


Artículos

Lingüística 14


Extinción lingüística

y racismo social

Erick G. Pineda

Tal parece que los únicos que hacen escándalo cuando una lengua muere son los lingüistas, a pesar de que la desaparición de una lengua no representa un problema lingüístico en sí; es, más bien, un problema social, político-económico y cultural (en su más amplio sentido), y en los casos más extremos y lamentables, es un problema de lesa humanidad. La extinción de una lengua es el resultado de la sustitución de una lengua minoritaria regresiva por una mayoritaria dominante, sobre todo en comunidades lingüísticas endebles bilingües y multilingües. Wolfang Urlich Dressler (1992) definió el proceso gradual de regresión y extinción de las lenguas; según él, empieza en un bilingüismo inestable hasta llegar al monolingüismo. Aunque, añade, que no siempre es así, por ejemplo cuando la lengua muere por la exterminación repentina de todos sus hablantes o cuando una lengua desaparece a causa de su propia transformación, como el caso del latín. El mismo Dressler resume una serie de síntomas intralingüísticos y extralingüísticos que se pueden considerar para diagnosticar la decadencia de una lengua (1992, p. 224): 1. Préstamos léxicos masivos de la lengua dominante a la recesiva. En la dirección contraria el préstamo es esporádico y a razón de que el término de la lengua en retroceso designa algún fenómeno cultural muy popular o refiere a un elemento endémico. 2. Relexificación. Consiste en la sustitución de términos autóctonos por conceptos no autóctonos para el mismo referente, además la integración del nuevo elemento no se da a nivel morfológico y levemente en el plano fonológico. 3. Pérdida de la improductividad del sistema morfológico autóctono y de las reglas de formación de palabras. 4. La función cognitiva del lenguaje se va haciendo a través de la lengua dominante. 5. Sustitución de construcciones sintéticas por otras analíticas. Es decir, una especie de simplificación morfosintáctica.

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6. El cambio de actitud lingüística; considerar la lengua regresiva como algo que no merece la pena transmitir. Lo cual se manifiesta en la ausencia de reacciones puristas en contra de la interferencia de una lengua dominante. “Los <<semi-hablantes>> no advierten tales <<corrupciones>>, mientras que los hablantes de edad avanzada que hablan la lengua con fluidez tienden a rendirse y no corregir a los primeros”. (Dressler, 1992, pp. 227-228). 7. Dejan de usarse nombres propios en la lengua decadente. 8. El monoestilismo. Se refiere al cambio de dominio de las lenguas en decadencia, las cuales se utilizan, cada vez más, en estilos informales exclusivos, por ejemplo la intimidad del hogar. Como consecuencia, la lengua se hace inadecuada para ciertas situaciones, dominios y funciones lingüísticas. Aún más, implica la pérdida de las normas sociolingüísticas que rigen la elección estilística. (1992, p. 228) Habría que preguntarse ahora ¿por qué desaparecen las lenguas? Dressler menciona dos causas: 1. Como consecuencia de los principios de la extinción lingüística general. 2. Como consecuencia de las variables que intervienen, ya sean estructurales (por ejemplo las diferencias estructurales entre la lengua dominante y la lengua en retroceso), ya sociales (como el cambio funcional y las modificaciones en las actitudes lingüísticas hacia las dos lenguas). Este autor deja de lado el factor político-económico, para él no es determinante. Nosotros no coincidimos en este punto. Y aun más, derivado de éste, retomamos una cuarta causa: el racismo y el prejuicio de superioridad. El aspecto lingüístico del racismo se basa en la falacia del racista de que su lengua, y su cultura en general, es superior a la de las razas “inferiores”. Esto va muchas veces de la mano de políticas proteccionistas y de asimilación, donde se busca la desaparición de la lengua recesiva de pueblos minoritarios y desfavorecidos económicamente, dizque por convenir a sus intereses y en nombre de la “mejora” de su situación social (Baugh, 1992, p. 88). Esto ocurre mucho en México -país con más riqueza lingüística en América: 11 familias lingüísticas y mínimo 68 variantes, según el INALI1 en el 2010. En nuestro país, se suele pensar que los hablantes de lenguas indígenas deben aprender el español para tener acceso a los beneficios de la democracia ciudadana, y por eso se fundan escuelas en comunidades indígenas donde no sólo se les enseña a los niños en español, sino que se llega al extremo de prohibirles hablar en su lengua. Prejuicios como los anteriores también van acompañados de las creencias que señalan a los hablantes de lenguas-razas “inferiores” como personas con poca capacidad intelec-

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1. Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.


tual. Por ejemplo la teoría Arthur Jensen respecto a los niños afroamericanos: en la década de los 60, Jensen aplicó una serie de test a niños blancos y a niños afroamericanos para medir su capacidad intelectual; según los resultados, los niños negros eran inferiores intelectualmente. Lo que no consideró este catedrático, o no quiso considerar, fue que dichas pruebas estaban hechas en el inglés estándar de los blancos, el cual era muy diferente a la variante de los niños negros. No hay ninguna relación entre raza e “inferioridad/superioridad lingüística”, ¡vamos!, ni siquiera se puede hablar de lenguas inferiores o superiores, términos políticos y económicos, mas no lingüísticos. Resulta lamentable que “intelectuales” y “científicos” participen de, y promuevan desde su posición, estas ideas racistas al estilo Jensen. Regresando un poco a la muerte de las lenguas, el cambio lingüístico que finaliza con la extinción, tampoco tiene nada que ver con la estructuración genética de las razas. John Baugh hace bien al afirmar que “el estatus relativo y las expectativas de vida de una lengua han llegado a estar en función más de las circunstancias políticas y económicas de sus hablantes que de la raza per se” (1992, p.87). Argumento que se sustenta con el hecho de que el cambio lingüístico ocurre con demasiada rapidez en comparación con la estabilidad genética de los distintos grupos raciales. No basta, pues, con dar el grito en el cielo y limitarse a documentar una lengua que está en notable recesión. Hay que estar conscientes de que este es un problema de la humanidad. Si bien es importante señalar que si se pierde una lengua se pierde parte del conocimiento humano –como si se perdiera un patrimonio cultural de la humanidad-, es más importante señalar y exponer las causas inhumanas de la progresiva desaparición de las lenguas: racismo, injusticia, desigualdad social y política, es decir, desigualdad económica. Y esta no es tarea exclusiva del lingüista. El papel del lingüista en gran parte consiste en aportar, todavía más allá de conceptos y abstracciones del lenguaje, datos y argumentos científicos objetivos para desenmascarar los prejuicios y los falsos postulados lingüísticos que se manifiestan en racismo y en extinción, además de procurar que ello tenga impacto y eco política y socialmente.

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Referencias Baugh, John (1992). “Lenguaje y raza”. En: Frederick Newmeyer (comp.) Panorama de la lingüística moderna de la Universidad de Cambridge (pp. 87-98). Vol. IV. El lenguaje: contexto socio-cultural. Madrid: Visor. Dressler, Wolfang Urlich (1992). “La extinción de una lengua”. En: Frederick Newmeyer (comp.) Panorama de la lingüística moderna de la Universidad de Cambridge (pp. 223-232). Vol. IV. El lenguaje: contexto socio-cultural. Madrid: Visor. Instituto nacional de lenguas indígenas: http://www.inali.gob.mx


¿La presidente o la presidenta?

Doctora Araceli Enríquez Ovando

Uno de los mecanismos que posee el español para indicar el género de los sustantivos –y también de los adjetivos– es el uso de los morfemas –a y –o; el primero corresponde al femenino y el segundo, al masculino. Cuando los sustantivos designan seres animados, el género sirve para diferenciar el sexo del referente, como en niño / niña, viejo / vieja, panadero / panadera. Hay una serie de sustantivos animados que en la actualidad presenta variación. Se trata de los sufijados en –nte cuando se refieren a personas que desempeñan oficios, ocupaciones o actividades de carácter profesional. La variación está relacionada con la marca de género femenino: en algunas ocasiones, la terminación -nte se conserva y el género femenino se indica con el artículo que acompaña al sustantivo (la presidente); en otras, se ha optado por cambiar la vocal final y dar origen a la forma -nta (la presidenta). Visto desde la gramática, modificar los nombres terminados en –nte para regularizarlos según el patrón general de marca de femenino no parece ser la norma 1. Este sufijo, procedente de un participio activo, es ajeno a la variación de género, por lo que nada justifica el cambio hacia una forma femenina como estudianta o comercianta.

1. Aunque el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) e incluso la Nueva Gramática de la Lengua Española (2009) mencionan como válida la formas en –nta.

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Podemos estar de acuerdo en que la gramática tiene razón. Sin embargo, no podemos negar que en la actualidad cada vez es más común escuchar formas como presidenta o comandanta. En una consulta rápida hecha en el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) que la Real Academia Española tiene en línea 2 encontramos que la frase la presidente, que marca el femenino con el artículo, pero conserva la terminación –nte, se registra 56 veces en un total de 47 documentos; en tanto que la frase nominal la presidenta, que se regulariza con los femeninos en –a, aparece 877 veces en un total de 704 documentos3. Aun sin aplicar procedimientos estadísticos, estos números pueden darnos una idea clara de la opción que han tomado los hablantes y que, evidentemente, no corresponde con las normas gramaticales. Ahora bien, el fenómeno no se aplica de manera general. Ante dos nuevas búsquedas: la estudiante y la estudianta, hayamos documentada la primera en 78 ocasiones, pero la segunda no se registra 4. Es decir, mientras que en el caso de la presidenta, la tendencia es marcar el femenino en el sustantivo, en el caso de la estudiante es sólo marcarlo con el artículo. Nuestra lectura nos lleva a suponer que esta distinción obedece a un cambio en la realidad de los países hispanoamericanos en los cuales en los últimos años las mujeres han ocupado la presidencia de países, empresas o asambleas. Si cada vez es más frecuente el uso del sustantivo presidente para referirse a una mujer que ocupa el cargo, el hablante debe buscar una estrategia que evite la ambigüedad de género producida por dicho sustantivo –sin un artículo que le preceda, no hay forma de saber si presidente se está refiriendo a una mujer o a un hombre–. El hablante quizá no tenga presentes los participios activos terminados en –nte, pero sabe que los morfemas –a y –o distinguen femenino y masculino en nuestra lengua, así que hace uso de ese recurso y lo aplica para lograr precisión en lo que dice. No ocurre así en el caso de estudianta porque no suele usarse el término para un referente individual que ostente un cargo. Puede ser que para los amantes de las normas gramaticales, la forma innovadora presidenta no sólo les parezca incorrecta, sino producto de la falta de conocimiento de la estructura de la lengua; sin embargo, tendrán que recordar que la lengua se forma por el uso y que ese uso puede estar determinado por factores de tipo pragmático, antes que gramaticales. Así pues, aunque ahora la variante femenina del sufijo –nte no es ni productiva ni prestigiada, ha entrado en la escena y eso es síntoma de un cambio lingüístico.

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2. El CREA está constituido por más de 150 millones de palabras de textos provenientes de todos los países hispánicos, entre 1975 y 2008. Está disponible en www.rae.es 3. Las consultas fueron realizadas el 11 de junio de 2012. 4.La palabra estudianta, sin artículo, aparece una vez, en un documento de España clasificado en el tema Lingüística y Lenguaje. Su aparición responde precisamente a una reflexión lingüística sobre su uso.


Creaci贸n

Literaria


Sí,

YO Y MI OTRO YO

VERSO

existes porque existe la noche desde tus ojos, mis sueños y su humedad; porque he aprendido nadar en Dextrometorfano, y paladear Hidrocortisona pacientemente sobre tu cuerpo que ahora es mío. Caminamos juntos sobre fango y sin mancharnos, porque existe el verde y el morado , porque podemos pintar una estrella de verde y morado, porque ambos colores lucen juntos; existes porque puedo verme en tu piel, brazos, lengua, en tu sexo devorando a mi sexo, en mi pene dentado que muerde tu sexo hasta extraer el néctar de la luna mandarina, zumo de las estrellas pintadas de arándano. Existe el invierno y tus alas que me apartan del frío, el otoño y la lluvia, el diecinueve de marzo, el 87 y el 89, la música y las piedras, los poetas y la tinta; el sol expectorante, los catorces de cada mes, piel hirsuta, medio tiempo, el silencio y los calmantes; porque puedes pintar literatura con alas y zapatos rojos.

Abdías Martínez

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Hoy se disipa el celaje del ayer para despertar el mañana a través del espejo; existe mi mano, mis uñas y mis dientes, una extensión densa del bosque con cuatro cielos levanta un árbol, habitan los gatos en los ojos de las horas, llegan a mis labios sesenta y nueve besos que brotan de tu costado emanando Flouxetina y vino tinto.


Me quedo contigo, porque tu pie derecho no pisa lo que ha ensuciado al izquierdo, porque te has convertido en el héroe de estos versos a todos soles; la noche posmoderna ya no basta, ahora hay que ser hipersensibles, hiperpoetas. Me quedo contigo, me gusta tu saliva que transforma al mundo en páramo sediento de palabra. Me quedo a tu lado porque existes, porque apartas del camino larvas, bestialidades insospechadas, que por debajo y encima de sus pieles vestidas de arcoíris buscan tenderte la mano, asecharte al hipnotismo viaje superfluo producto de la seducción que envuelve con lengua constrictora hasta asfixiar; pero yo sigo aquí desde la ventana de tus ojos, porque existes, existo, mañana, hoy y ayer dejaremos que los hombres ladren, porque a fin de cuentas

Dios ya les dio lengua. No perderemos el sueño.

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YO Y MI OTRO YO

Por eso me quedo contigo, porque existes, porque existe el miedo y la palabra, el vaivén del silencio, el profundo musitar de Casa nueva y un Nido.


VERSO

Elizabeth SanBár Quisiera gritar al viento “¡Puta madre!, ¡te aborrezco!”, pero no puedo, porque eres parte de mí. Sin ti…sin ti, no sería nada, mi mundo se extinguiría. ¿Qué digo el mundo?, esa cosa ni existiría. Las promesas rotas aun estarían en pie, no sería necesario un mimo ni una disculpa dar, carecería de sentido esa necesidad de amar y ser amado; ese dar a luz sólo sería oscuridad, porque, tanto tú como yo, quisiéramos explotar como volcán, y porque, tanto tú como yo, nos odiamos un poco; pero aquí a ti y a mí nos gana el amor. Sin ti…sin ti simplemente no viviría.

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VERSO

Lucía Cacari Alejos

POEMA 23

En medio de este silencio tan profundo el miedo es presente y siento un eco dentro del corazón. En instantes la noche envuelve el misterio de los recuerdos que vuelven a pesar de haber sido olvidados. Nostalgia en mi alma, ligeros ruidos que perturban mi conciencia. ¡Qué silencio misterioso! Envuelto en una noche de ilusión, en una noche de reposo, el insomnio es consecuencia de las desgracias funestas de mi alma.

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AUTORRETRATO

Abril Liebe Nosotros… quienes vendemos nuestra alma al Diablo para conseguir el poder de hacer llorar sangre a los desalmados… Nosotros… que vamos por siempre malditos de amor no consumado. Que oímos chillar a la mujer momificada en nuestra habitación: la vemos asomarse tras las puertas, tras las ventanas y la escuchamos (grito tras grito) en la quietud de nuestros sueños desgarrándonos el oído y el valor. Nosotros, vulnerables. A nosotros nos amarra la soledad. Nosotros. Nosotros vamos por la calle ciegos, y destazados. Entramos a nuestra casa a recibir bofetadas y salimos buscando la mezcla sórdida del sereno. Y estamos (nosotros), como flores marchitas, metidos en el azar del rencor y el apego. Ah. Este dulce nosotros. Este yo.

PROSA 26


PROSA

Néstor Cira

ESCRITOR

Si logro escribir todo lo que siento, sabré que seré un buen escritor .Pensaré de nuevo en los árboles, las hojas, en la noche estrellada, y en que eso no me contenta con haberla perdido. Pensaré en el olvido, y en todas sus consecuencias, pensaré en cómo te ha ido y en todo lo que revienta. Le pondré nombre a los placeres ,tal vez algún amor perdido. Pensaré en que he sufrido, y pensaré en otra vuelta. Si logro escribir todo lo que siento tal vez invente otras caras nuevas. Tal vez mis oídos no sepan a lo que me refiero, pero aún así sabré lo que siento. Si logro escribir todo lo que siento, escribiré un buen libro, y será el único, pues será lo que siento y no tendré otra respuesta. Y la noche seguirá estrellada, y todo se revienta, le pondré nombre a todo, y pensaré en otra vuelta. Si logro escribir todo lo que siento.

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La Guerra Fría no acabó con el mundo

PROSA

Pierre Herrera

Esta no es una arte poética; ni yo un poeta. Esta es una parte de mi memoria, o algo parecido a una fotografía sepia. Las fotografías de escritores que aparecen en antologías, editadas en cualquier parte del mundo, en cualquier idioma, me recuerdan lo quebrantable que son los lazos que unen al mundo, me hacen tener siempre en mente lo frágil y vulnerable de las relaciones que lo sostienen: sus mitos, sus fantasmas, la interminable histeria por vivir, la indiferencia por el otro; pero más que nada pienso en cómo es que el mundo se relaciona conmigo (o yo con él). Yo también escribo, y he sido antologado alguna vez como muchos antes de mí, en libros que se han perdido en librerías de viejo y en libreros de amigos. Mientras escribo esto miro una rara antología de escritores mexicanos publicada en 1946 que tengo a un lado de la computadora. La leo desde hace un mes y, contrario a lo que pensé cuando me hice con ella, no es tan mala. Sin embargo su buena calidad literaria no es mérito suficiente para convertirla en otra cosa que no sea la antología de seres olvidados que es. En la literatura no es suficiente ser bueno, ni muy bueno, ni siquiera excelente, siempre se debe tener algo más, algo de extraordinario, algo que sobrepase el peso de la escritura y vaya más de las publicaciones. Un rápido recuento al índice: un tal Juan Jiménez, un bucólico Luis González Ferreira, un melancólico Fernando Gutiérrez; también desfilan tomados de la mano Enrique Cuéllar y Roberto Paéz, una tal Lucía Mendoza y otra llamada Regina L. Lugo, sin olvidar a la hermana de Enrique Cuellar, María Cuellar, con un parecido indiscutible. ¿Quién recuerda a los malos escritores? Posiblemente ni ellos mismos después de algún tiempo. Hace tres días cuando firmaba para ingresar a un museo, vi el nombre y la firma de Fernando Gutiérrez. Mi primera impresión fue de sorpresa. Enseguida me dije que seguramente se trataba de otro Fernando Gutiérrez. Después vino la duda, la incertidumbre de encontrarme frente a un fantasma. Saqué de mi mochila la antología para corroborar el nombre y ver su fotografía.


Entré a la sala donde exponían arte abstracto, que más bien era un pastiche de neoexpresionismo, pero no había nadie; seguí recorriendo el museo. En la sala donde había obras de artpop encontré a una pareja besándose. Continué con rumbo a la sala donde presentaban varios guerreros de terracota y fotos antiguas de China. Al llegar me sorprendió ver a una pequeña multitud (diez personas a lo sumo) viendo la exposición. En un rincón estaba un hombre viejo mirando por la ventana, supuse que ese podría ser Fernando Gutiérrez; volví a mirar la fotografía en la antología: varios de los rasgos coincidían pero la duda persistía. ¿Cómo se le pregunta a alguien si había sido poeta? si uno nunca deja de ser poeta: la poesía es lo último que está con nosotros en nuestro último suspiro: ¡más luz, más luz! Al final no hice nada, me quedé mirando el rostro del guerrero chino. (La historia de mi vida) El hombre se retiró. Me acerqué a la ventana donde había estado. No había nada afuera. Me retiré de inmediato del museo. Tengo la antología porque la encontré en casa de mis abuelos maternos, supongo que fue de un tío que falleció hace años que era abogado; de otra manera ni yo mismo sabría de su existencia. Nuestra relación con los libros no siempre sigue patrones definidos y coherentes, más bien está gobernada por el azar de las circunstancias.

equivocación. Como le puede tocar a cualquiera. Ese hombre que encontré en el museo será en mi memoria 50% poeta y 50% no. Me quedaré con la incógnita de saber si sólo era un homónimo o el poeta olvidado de mi antología. El nombre de Fernando Gutiérrez sólo son letras dispuestas al azar en el índice de una antología de poetas menores que por casualidad tengo a mi lado. Eso lo escribió Borges en alguno de sus poemas; yo no veo las cosas de la forma tan pesimista como las veía él; nací en una época en la que dios no había existido nunca, en la que Nietzsche y Marx ya habían muerto y en la que la Guerra Fría no acabó con el mundo. Habrá algo de luz en algún lado. Un amigo me dijo que odia esta modernidad tan saturada; yo le respondí que a mí me entristece. El cambio en ella es tan rápido y vertiginoso que no da concesión para perder tiempo sin sentirse después arrepentido. No hay tiempo para ver películas malas, ni para leer escritores malos, ni mucho menos para reflexionar en ellos. La juventud es un engaño; una mala broma.

Cuando miro mis fotografías me extraña ver a esa persona que todos llaman con mi nombre desde que nací. Yo no soy él. Yo estoy cansado, mañana tengo que trabajar temprano y el sueño es desolación cuando se duerme solo. Antes de irme miro dentro del espejo; no veo a nadie conocido, o veo el rostro que se marchitará en Ahora estoy tranquilo. Mi crisis comenzará cuando las hojas de una futura antología olvidada. deje de escribir y me pregunte si esos supuestos malos escritores eran tan malos para ser olvidados por todos o el hecho de que estén relegados sea una vana

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NO TE RÍAS

PROSA

A los cinco años yo no sabía que pasaba, tengo el recuerdo vívido de lo que pasó. Era de día y mis papás tenían una fiesta de jardín. Yo subí a mi cuarto a dormir un rato, porque para una niña es cansado seguir el paso de los adultos. Desperté por que sentí algo en mi cama, como cuando alguien se sienta al lado tuyo y el colchón se hunde. Era un amigo de mi papá. -Hola pequeña. -Hola. Mi voz era de una niña, acaramelada y tierna. Me incorporé y me senté con los pies bien rectos, jugaba con mis deditos, aún con calcetines. Tenía la cabeza semiagachada, a veces era tímida, pero en general me sentía la estrella de la vida. Me gustaban la atención y las sonrisas. -Hola. ¿Tenías sueño eh? ¿Estás muy cansadita? Me dijo tu papi que tu eras una estrella, y resulta que yo estoy buscando una estrella, ¿lo eres? ¿Has visto a una estrella por allí, tal vez conozcas a una? Como mi mamá siempre me ponía lindos vestidos, y me pintaba hermoso, crecí siendo la mejor de todas. Es por eso, yo creo, que cuando aquel hombre me dijo eso, reaccioné como tal, la timidez se fue inmediatamente. - No, ya no tengo sueño, ¿a que jugamos? Yo soy una estrella - ¡Ah! Pues mira, ¿qué te parece si te disfrazas de tu artista favorito? ¿Vale? Busqué mi vestidito con el que participe en “Pequeña princesa Turan 2000” y me lo puse; me dijo que caminara como si fuera una modelo, como caminaba en las pasarelas, y yo caminé. Me había pintado mis pequeños labios con labial de juguete y me puse chapitas también. Él hacia algo con su mano pero no supe qué, era como un bultito en su pantalón que se movía. Yo pensé que se estaba rascando, a veces yo también tenía comezón. Luego vi que había una gran mancha en la alfombra del cuarto. Él se paró y me dijo que era una gran estrella mientras me acariciaba los cabellos y se fue. Me mire feliz en el espejo por que me dijo estrella, y posaba viéndome.

Tania L. C a s t r o Después me di cuenta que el hombre se había masturbado enfrente de mí porque siempre lo recordé, hasta que supe qué era lo que hacía. Tenía que saber, ya ahora Cambrón muchos hombres lo habían hecho frente a mí y por mi causa. No quiero pensar que fue por eso, pero trabajé mucho tiempo como prostituta y table dancer desde los dieciocho años. Me gustaba que los hombres me vieran y que al mirarme se excitaran, les lanzaba una sonrisa pícara y listo; atendí en muchos hogares y hubo algunos con


los que llegué a follar. No con todos, era una estrella, no a cualquiera le daba.

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Me gusta bailarle a los hombres. Tengo 24 años y estoy en un centro de rehabilitación, dicen que soy ninfómana. Yo no sabía que era eso, y me dijeron que viniera a está clínica. Cuando los doctores querían que les contara mi historia, les conté el suceso con el amigo de mi papá y comencé a reír. Ellos me miraron raro. Me dijeron que no debía reírme, porque eso no era bueno, porque mis expresiones no coincidían con el suceso, porque el masturbarse enfrente de una niña de 5 años es horrible y no feliz.

Perdí mi virginidad a los 14 años en una fiesta de la escuela. Me encerré en un cuarto con mi novio Javier, era muy guapo y tenía 19 años. Andábamos hacía una semana. Bailamos toda la noche. Bebimos, creo que yo bebí más que él. Me encantaba que tratara de acercarse a mí mientras yo bailaba, que me mirara. A propósito contoneaba mis caderas; le sonreía y lo miraba insinuante, yo veía que en las películas así le hacían. Ya en el cuarto seguía bailando, estaba ebria. Lo arrojé a la cama porque me sentía la diva. Me observó detenidamente mien- Pero yo sólo me reía, sabía que estaba mal, pero no tras le bailaba con mi cerveza en la mano, entonces estaba triste; me regañaron nuevamente y siempre se paró y pude sentí su miembro duro tras de mí. me decían “no te rías”, dejé de sonreír y bajé mi mueca. Me puse seria, continúe contando y volví a Me besó el cuello, me puso las manos en la cintura reír otra vez: me sancionaron. Como no podía dejar y subió una a mis senos. Al principio no sabía si de sonreír, hicieron que tomara mis esquinas de los seguir, pero no le vi nada de malo. Pasó luego a mi labios y las bajara, haciendo una mueca triste. sexo, y me excito, nos quitamos la ropa. Me sentí un poco culpable porque no sabía lo que había hecho, No sirvió, porque volví a sonreír. Empecé a llorar, había visto películas, pero no era consciente de lo pero no por que me pasara algo malo, sino por que que pasó. Desde esa noche no supe nada de él. No me frustraba no estar triste y que lo malo no me entendí porqué, pero no estaba triste porque había entristeciera. Ahora estaba llorando, pero seguía otros que querían andar conmigo y como me gusta- riendo, porque así crecí, riendo, y aunque sabía que ba tener la atención, mientras fuera la estrella no estaba mal y que era horrible no estaba triste. No sabía que pasaba, no sentía nada. Llevo dos meses tenía por que ser infeliz, era muy risueña. en la clínica, tratando de no reír, me dan una meCuando cumplí 17 años mi mamá se murió: se res- dicina que no recuerdo para qué es, pero hace que baló con el aceite que usaba para la cara y se pegó me dé mucha risa, y sé que no me debo reír. en la cabeza. También le cayó su taza grande de café en la frente y se partió. En su funeral no estaba triste, me imaginaba como habría caído y el remate de la taza de café y me daba risa. Sé que está mal, pero no deja de ser gracioso. Ese día mi papá entró a mi cuarto y me quiso tocar; yo me froté con él y lo hicimos. No lo veía como mi padre sino como otro hombre que se moría por mí.


Se observaba en esa hoja de papel.

Julio R. Miranda

Roman Forfeather

PROSA

Continuaba leyendo, escudriñando un mundo más allá de las tipografías frente a él. De vez en cuando regresaba su mirada hacia una puerta que no se abría. Habría esperado que ocurriera en cualquier momento, pero la puerta se quedaba quieta, rígida. Una tarde cálida se dejaba ver por una ventana sucia y tras ella se reconstruía un mundo de bullicio: una calle de comerciantes, de ruido incesante, de calor sofocante. Un par de automóviles pitaban por el típico tráfico de la hora. Pero eso no lo percibía. Sorbía las últimas gotas de un vaso a su izquierda y regresaba a esos caracteres, manchando la hoja con tinta fresca, golpeando las teclas casi borradas de una vieja máquina de escribir: su amiga, su compañera. Roman Forfeather cabalgaba a toda prisa, sabiendo que no contaba con mucho tiempo. El viento gélido le facilitaba su andanza, haciéndolo casi inmune al dolor de su hombro. Su amigo Egner le había advertido dos días antes sobre el peligro que enfrentaba, y esa misma noche Forfeather había dejado todo cuanto tenía. Juntos habían llegado al pueblo más cercano al alba del día siguiente. Tras registrarse en la posada bajo el amparo de los pseudónimos, habían decidido descansar unas horas. Egner le contaba cómo unos forasteros había preguntado a lo largo de la semana por Forfeather, y a pesar de las discreciones de los vecinos, habían dado con su hogar. Al cabo de una noche, su familia había desaparecido. Egner, preocupado por su amigo, le había aconsejado una pronta huída. A pesar de que Roman se había mostrado renuente a ello, el incendio de su casa le conminó a escuchar el consejo de su amigo. A la mitad de la plática Egner se había quedado pasmado observando la calle. Reconocía al jinete que se abría paso hacia la posada. Por primera vez Forfeather observaba a uno de los desconocidos. Ambos se persignaron al observarlo disparar a un gendarme que lo había detenido poco antes de llegar a donde ellos se encontraban. No hizo falta mayor prueba del peligro que enfrentaban. La camarera los guió hacia una salida trasera y mientras pasaban entre la caballeriza escucharon dos disparos más. Una vez más emprendían la huída. De cuando en cuando tenía que cambiar la hoja. La sacaba con fuerza, con un orgullo repentino. Después la ponía sobre otras tantas, una pila de páginas selectas que descansaban en un folder manila. Su vista se apartaba de la máquina por un instante, pasaba por la puerta y después se detenía, como pescando ideas de libros acomodados en estantes y mesas. Recapacitaba un instante y volvía a introducir una hoja en blanco en el carrete de su compañera. Tres horas más tarde habían decidido hacer un descanso. Ambos lamentaban el olvido de una talega con víveres en la posada. Mientras sus caballos se recuperaban, contaban las municiones que llevaban consigo. Egner le extendió su fusil, un viejo Berdan que había procurado de un pariente en Tula; también llevaban un Mosin Nagant que, aunque era casi nuevo, se había probado útil y certero en los tiempos de caza del propio Egner. No habían


descansado más de una hora cuando Rom rogaba a su amigo regresar a su casa, a la seguridad que había dejado atrás. El último se negaba rotundamente a ello, argumentando que en Karasjok encontrarían asilo en la casa del sobrino de Forfeather. Se encontraban a poco más de un día de viaje, pero el esfuerzo se vería aminorado en contrapeso con la situación. El calor lo hacía salir de esa imagen lejana. Lamentaba la poca capacidad de su vaso, vacío desde horas atrás. A su derecha, se encontraba sobre unos libros una jarra plástica con agua en la que flotaban minúsculas pelusas. Las examinaba y recordaba años de su infancia, cuando veía hojas secas de un durazno flotando en los charcos del jardín. Miraba de soslayo aquella puerta de madera, que continuaba cerrada. Tomaba aire, como preparándose para sumergirse en uno de esos charcos y continuaba escribiendo. De pronto, de entre los pinos, cuatro jinetes ataviados de forma similar les cerraron el paso. Egner, que tenía mayor destreza en las armas, hizo la primera descarga. Ante el asombro de ambos, jinete y montura se desvanecieron tras el impacto. Forfeather hizo lo mismo y otro jinete que se aproximaba también desapareció. Mientras recargaba su carabina, los otros cargaron contra ellos. Antes no había escuchado el ruido de los automóviles, pero ahora le era imposible ignorar aquél chatarrero, quizás por el volumen de su voz en el altoparlante, o quizás por su discurso “cantadito” que anunciaba la compra de metales. Exasperadamente se levantaba de la silla y cerraba las ventanas de golpe. Hubiera preferido no hacerlo, porque sabía que el calor se concentraría aún más en la habitación. También hubiera preferido abrir la puerta, pero el sonido también hubiera entrado, o quizás algún vecino bienintencionado se podría asomar con el pretexto de un cordial saludo. El aroma a cenicero usado le recordaba los cigarrillos en la bolsa delantera de su camisa. Sacaba uno, lo prendía y tras exhalar la primera bocanada, continuaba escribiendo. Los jinetes restantes no dispararon, en su lugar desenvainaron sables dispuestos al choque. Forfeather acometió contra uno, apenas logrando agacharse, sintiendo cómo el sable de su oponente le pasaba por encima. Frenó su caballo y se horrorizó al darse cuenta de que él no era el objetivo. Ambos jinetes saltaban de sus caballos hacia Egner, que se desplomaba, tiñendo de sangre la nieve del camino. Incesantemente penetraban el pecho de su amigo, que pronto había dejado de luchar, incluso de gritar. Con la única carga que tenía, Roman disparó hacia uno de los atacantes, haciéndolo desaparecer. El otro alzaba su sable, aún goteando sangre, dirigiéndose hacia él. Sentía un calor dentro de sí. No era la manifestación del que ya abundaba en el cuarto, sino la resultante de la fuerza que se apoderaba de él cuando escribía. Entraba en ese trance incomprendido por muchos, en una voluntad por despojarse de aquello que ya no le pertenecía y cuya única vía de evacuación era a través de las letras. De pronto, un par de sombras se dejaban ver tras la puerta. Él se negaba a atender ese par de piernas y continuaba escribiendo.

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Presa del pánico, ante su incapacidad para recargar la carabina, Forfeather dio media vuelta y emprendió nuevamente la huída. El atacante tomó el arma de Egner y soltando una carcajada endemoniada asestó un tiro al hombro de Roman. Después, con toda calma acomodaba la silla de su corcel, dispuesto a continuar la persecución. Al parecer, su caballo era más rápido que el del asaltante o bien, aquél no mostraba interés en darle alcance inmediatamente, hecho que apenas lo confortaba. Desconocía cuánto tiempo había mantenido esa velocidad, pero estaba seguro de que su caballo necesitaría descanso. Rom Forfeather aún cabalgaba a toda prisa, sabiendo que no contaba con mucho tiempo, que necesitaría atención médica debido a la herida de su hombro, aunque no sintiera dolor debido a las bajas temperaturas de fines de Octubre. Se acercaba a un pueblo que, a pesar de no ser su destino, bien podría ser un momentáneo refugio. Doña Casilda debía haber estado mucho tiempo tras la puerta de su departamento. Molesta, le gritaba que lo escuchaba, que al menos escuchaba el ruido de la máquina, que no la podía engañar. Él, en un momento de ira descontrolada, tomaba el vaso con la mano izquierda y lo lanzaba contra la pared de enfrente, lo observaba caer, cómo sus esquirlas pasaban a mezclarse con las de muchos otros vasos cuyos cadáveres yacían en el mismo sitio. Del cajón derecho de su escritorio sacaba un sobre con dinero y se dirigía a la puerta de madera, tras la cual su casera esperaba impaciente por la renta. Apenas la abría cuando la señora saltaba adentro, empujándolo, comenzando esa retahíla de quejas sobre su aseo, el calor encerrado y las críticas a su afición de “acaparar” libros, colillas de cigarro y vasos quebrados. Finalizaba solamente cuando le extendía el sobre con dinero, para desaparecer mascullando improperios hacia la gente que trabajaba en casa. Él cerraba la puerta sin ponerle seguro, azotándola a espaldas de la mujer. Volvía a su asiento, reparando poco tiempo en la puerta de madera y continuaba escribiendo. Entraba lentamente al pueblo mientras cargaba su carabina. No había nadie en las calles, probablemente por la temperatura. Creía que la hemorragia había parado, sin embargo no podía estar seguro. Había bajado del caballo y tiraba de las riendas. Veía cómo se disipaba el vapor proveniente de su respiración, al igual que la del equino. De pronto escuchó un disparo, seguido por un silbido. Su capa había sido perforada y su caballo caía tras él: le habían atravesado el ojo derecho. Otros tres disparos provenientes de los lados se escucharon. Uno impactó nuevamente en su caballo y los restantes fueron a dar contra la nieve. Se arrojó al suelo, en instantes logró recargar su carabina y devolvió el fuego. Nuevamente se desvanecía un jinete. Rodó mientras sacaba la siguiente bala de su bolsillo derecho y otro jinete fue eliminado. Un curioso se asomaba por la ventana de la casa a su derecha, mientras obligaba a su familia a permanecer en el suelo. Roman tuvo que incorporarse para conseguir el siguiente tiro. Se encontraba entre fuego cruzado debido a que los jinetes restantes estaban a extremos opuestos de sus brazos. Nunca deseó tener buena puntería más que en ese momento. Falló. La espalda le dolió como nunca: había recibido un disparo un poco más arriba del hígado.

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Un caballo bufó tras él. Intentó girar pero los cascos del negro corcel impactaron sobre su hombro, arrojándolo hacia la nieve. Esquivando pisotones, mezclando sus gritos con la risa del jinete, logró recargar su arma. Con su brazo izquierdo apuntó y milagrosamente disparó hacia la cara del jinete. Se incorporó y corrió hacia la casa que tenía a su alcance. Mientras se arrojaba contra la puerta con las pocas fuerzas que le quedaban, escuchó al último jinete emprender su persecución. Sonaba el timbre marginal y arrancaba otra hoja, víctima de un ritmo que lo controlaba. Colocaba otra en el carrete y continuaba escribiendo. La puerta finalmente cedió y Forfeather entraba a la casa. El dueño de la misma se interpuso en su camino, gritándole que saliera del lugar. Roman miraba al resto de los habitantes, tendidos en el suelo, asustados. Dos niños de no más de diez años lloraban al lado de la madre. Desesperado, Forfeather dio un culatazo en el rostro de aquél hombre que se desplomó contra la mesa, rompiendo un plato, haciendo volar rodajas de cebolla y unas pocas papas que seguramente pertenecían al rakfisk que perfumaba el hogar. A la par que Roman subía las escaleras; la mujer pegaba un grito de angustia, no por su esposo, sino por el último jinete que se acercaba a la casa. Al levantarse, el esposo de la mujer sólo encontró el filo de un sable que le abrió su abrigo y camisa, desgarrando su pecho. Nuevamente se desplomaba en la mesa, salpicando de sangre y botones la última comida que la familia tuviera en paz. Forfeather corrió escaleras arriba. Sus botas manchaban de nieve y sangre la madera, que crujía a cada paso que daba. Finalmente se topó con una puerta. Giró la perilla mientras escuchaba los pasos del jinete, subiendo las escaleras. Lo golpeó un aire cálido, el más cálido que en su vida había sentido. Parecía ser un estudio, o la modesta biblioteca desordenada de la familia. Sintió que las fuerzas le fallaban y dio un paso en falso. Había una máquina de escribir en la mesa, en ella una hoja, se observaba en esa hoja de papel. Su ropa goteaba, manchando de nieve, sangre y lodo un piso de madera. Alcanzó a ver una ventana por la que se notaban los principios de la noche. El sonido de cristal rompiéndose lo sacó de su estado confuso. A unos pasos enfrente de él, un hombre boquiabierto había dejado caer el recipiente de cristal. En la mano derecha llevaba una jarra de un material traslúcido. Ambos se observaban atónitos. Roman Forfeather apuntó con su rifle a la cara de aquél hombre moreno. Pero de su arma no salió un disparo, sino un punto final.

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Pero que quede claro,

no me río de ti La guerrera

La peste de un ciervo muerto puede atraer un hambriento y tétrico cuervo, pero no a otro animal de la misma especie. Y es que la nariz del ser humano sólo soporta la fetidez áspera del perfume de su mierda porque no le queda de otra. Ese olor que encierra y exhala tu tierno y minúsculo orificio anal, y sí, hablo de ti. Qué te podría decir. Tú que usas preservativos olor a cereza para complacer a tu nariz y te sea más placentero y antojable morder las coyunturas de tu mente fetichista y descompuesta. La fantasía de tres cuerpos inhalando y exhalando la suciedad de su ser se ve hasta en los debates presidenciales, ¿para qué necesitas cuatro paredes que encierren tus asquerosos pudores, si la lluvia dorada ahora te irrita los ojos, y te has cansado de coleccionar falsos coitos entre tus amantes? Si Dévora te está haciendo tanto daño, que hasta te causó ronchas gordas y rosadas en los laterales de tu habla. No es que sea fijado, pero físicamente tu cara reflejó lo contrario de un final feliz. Pero que quede claro, no me río de ti. La viste ayer, hoy y toda la semana, no sé por qué sigues manipulándote tú solo. Te quedaste perdido en la pubertad, amigo. Te recomendaría que buscaras a Beatriz Baeza, ella tiene un vestido amarillo muy bonito y manos de ginecólogo, al menos no te causará irritación. El otro día leí el periódico correoso que dejaste en el baño, no fue muy agradable. No me percaté que hacía cinco minutos que habías entrado y tu olor aún seguía dentro. Ya estoy seguro, inventaré un gran letrero que diga <Espera cinco minutos para que la peste de tu otro compañero se vaya>. ¿Sabes?, hubo un tiempo en el que empezaba a comprenderte; a explorar tu neto gusto por la piel, por las onduladas curvas de un cuerpo que deseoso de ser explotado, te dejaría llegar al máximo placer y concebir una relajación profunda al éxtasis. Pero desde que fui maldecido y atrofiado por un terrible accidente vía oral, mi vida se acabo. Bueno, está bien, te contaré: nunca te metas con una mujer despechada y de ojos dulces. Te dará en tu bebida la dosis mortífera de un antiafrodisiaco que matará cualquier deseo sexual de tu endeble cuerpo y te arruinará el único e incomparable placer del sexo.


Así es, mi cuerpo se redujo a los placeres vanos, y algo grotescos, como ver a mi amigo follando e introduciéndose hasta el perro del vecino por detrás. No tengo más placer que criticarte, ya te lo dije. Sólo me dedico a observar y a arrepentirme de haberla matado, porque el sufrimiento que yo tengo es más fuerte que la muerte. Y que quede claro, no me río de ti, es sólo que a mí me gustaría hacerlo.

FIN.

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Para evitar la alteración del contenido original de los textos publicados en la sección de CREACIÓN LITERARIA, el equipo de LETRINA ha decidido modificar únicamente las cuestiones ortográficas en los escritos que así lo requieran, dejando de lado aspectos de redacción y sintaxis.


FOTOGRAFÍA


MURASAKI


Diana Laura Huerta Pineda


Primeras lluvias


Cuetzalan, Puebla Aspecto

Arturo Ireta


Javier Huerta Luna (sin tĂ­tulo)


Estephany Nuñez Jacobo (sin título)


Coloquio Comunal


Delia Gonzรกlez Herrera


Bebe de la FUENTE cuando tenga agua,

no cuando tengas sed (Dicho popular) Doctorando Ram贸n Alvarado Ruiz

Ilustraci贸n: Susana Le贸n Ambriz


[...] naciste, nacerás con la palma lisa, pero bastará que nazcas para que, a las pocas horas, esa superficie en blanco se llene de signos, de rayas, de anuncios: morirás con tus líneas densas, agotadas, pero bastará que mueras para que, a las pocas horas, toda huella de destino haya desaparecido de tus manos: [...] Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz

15 de mayo de 2012, la muerte le encontró; las frías palabras de un locutor me sacaron del sigilo de mis pensamientos y no daba crédito a lo escuchado: “Ha muerto el escritor mexicano Carlos Fuentes.” Para quienes vivimos dentro del ámbito de las letras, sabíamos lo que aquello significaba, que gustándonos o no, nuestra literatura quedaba acéfala; aún cuando el tiempo sea corto para medir la profundidad de la pérdida. Vino a mi mente uno de los primeros cuentos de Fuentes que leí: “Los tundriusos argumentaban que sólo hay Trigolibia cuando la infratrigolibosis trigolibera de la Trigolibia es trigolibificada y los trigolibentos de la trigolibución son puestos en manos del trigolibicado” (Fuentes, 1982, pág. 29). Un juego de palabras, como juego fue su vida con las palabras. Ante tal acontecimiento, no había tenido la oportunidad de plasmar en palabras algunas reflexiones que tal suceso para mí desencadenan. Sobre todo en el entendido que la literatura mexicana viene de tiempo atrás mostrando signos de cambios, aún cuando sobre sí pesa un siglo de grandes figuras. “La generación de los enterradores”, como lo han presupuestado Chávez Castañeda y Santajuliana en su libro, ha comenzado a cumplir su función; desenterrar primero un pasado de obras monumentales, y segundo inhumar a quienes ya han cumplido su función. Ellos, algunos de nombre ignoto, de la mano de Fuentes como tutor han aprendido el arte de narrar; él, ha compartido lo aprendido y ahora cede el lugar. Carlos Fuentes ha sido un escritor polémico, en torno a su persona se han creado las más variadas opiniones. La tierra que lo vio nacer fue Panamá, la que morir, México, y la que guardará sus restos Francia. El periplo de un Ulises camino de Itaca, la Itaca más transparente que su región terrena donde aún deambulan Ixca Cienfuegos y la multitud errante de sus novelas. Resuenan las palabras del


poeta griego Kavafis: “Cuando emprendas tu viaje a Itaca / pide que el camino sea largo, / lleno de aventuras, lleno de experiencias. / No temas a los lestrigones ni a los cíclopes / ni al colérico Poseidón [...].” Para el autor no fue menos; recorrer el siglo XX con sus avatares diversos le implicó algo más que un mullido viaje, los puertos donde atracó múltiples y los escollos por superar aún mayúsculos. Una fuente alimentada por un sinfín de manantiales. Recorrer su vida es transitar por los inusitados destinos del hombre del siglo XX sumergido en hostilidades y búsqueda existencial; es peregrinar por una América debatiéndose en su mestizaje y la conformación de una identidad; es andar la conformación de la literatura exigida desde los nacionalismos y universalismos. Fuentes, el individuo, ha sido develado ya por sus biógrafos. No pretendo hacer una apología de ello, sólo referir algunos aspectos de llamar la atención. Su nacimiento y primeros años es uno; esa tierra que lo ve nacer es Panamá, donde su padre cumplía funciones diplomáticas; ahí comenzó su primer peregrinar por distintas tierras como Quito, Montevideo, Río de Janeiro, Washington... Tan diversas y complejas, no puede uno menos que pensar en el infante Fuentes, exigido desde pequeño a entrar en cada uno de esos mundos y entenderlos desde su espíritu errante. Su retorno a México es en la década de los cuarenta, una vez pasados los vientos revolucionarios, las escaramuzas del poder y la política. Descubriendo la realidad, hasta entonces ajena, de un México que bien se le antoja aún bárbaro desde el parapeto de su educación y cosmopolitismo. Una estancia prolongada, previas ausencias, justo en el tránsito del México rural al urbano, un México al filo del agua desconociendo las tempestades venideras. La década de los cincuenta es intensa para Fuentes, su etapa más mexicana, aún cuando sean días enmascarados. Una actividad febril por desentramar lo mexicano, por incidir en la cultura fundando revistas, charlando con intelectuales, deambulando por callejas y suburbios descubriendo la ciudad de México, encubierta y festiva, alimentada por los muchos ilusos atraídos por la fiebre del “milagro mexicano”.


Fuentes quiere aprovechar su estancia al máximo, recuperar los años perdidos fuera del territorio; quiere descubrir cada rincón, beber cada historia, aprender el lenguaje trastocado por anglicismos y galicismos. Más el canto de las sirenas se deja escuchar de nuevo e irresistiblemente le llaman, abandonando puerto seguro. Fuentes se lanza al descubrimiento de América que busca su edad madura: Cuba con su ensueño castrista, las dictaduras del Cono Sur, las revueltas estudiantiles del 68, etc., un caldo de cultivo propicio para los escritores que se sienten parte de ese cambio. El autor regresa a sus principios, ya no con mirada infantil sino adulta, de nueva cuenta el recorrido latinoamericano, pero ahora con la complicidad con sus pares para establecer la estructura del Boom. Un cambio de piel necesario para fructificar en las obras que lo consagran, no únicamente como el escritor mexicano sino latinoamericano. Serán las novelas que instauran nuevos parámetros literarios, que denotan el arduo trabajo de la escritura y que abrió insospechados mercados como sospechadas dudas sobre la calidad literaria de quienes estaban siendo devorados por ojos ávidos y empiezan a vender a manos llenas. Es esta la etapa más productiva, la más concienzuda desde mi punto de vista. La etapa posterior fue cosechar lo sembrado; el autor logra un reconocimiento a su obra y variados premios se van desgranando elogiándola. Es para él, el momento de disfrutar del banquete, de la espléndida hospitalidad de Dido, de abandonarse en los brazos de la complacencia meritoria y de fincar las heredades literarias. Sus últimos años, más polémicos que los anteriores, muestran diferentes facetas del escritor que cosechó goces y tuvo que asumir la tragedia de la muerte de sus hijos: Carlos, su hijo, por complicaciones derivadas de la hemofilia que desde pequeño sufría, y Natasha, encontrando la muerte en las calles del Distrito Federal en condiciones dudosas. Es este el hombre, quien tantas repulsas causa; quien no se ha podido sacudir ciertas sombras de sus antecesores y visto casi siempre como el rey sin corona. Carlos Fuentes es en sí mismo una contradicción, por un lado sus obras hablan y por otra, su personalidad y dichos desdicen las palabras. En un medio literario, como el nuestro, cerrado y enquistado, se muestra más como un malinchista cosmopolita pese a sus obras que, sin lugar a dudas, manifiestan la esencia de nuestra búsqueda e identidad. Pero de un autor debe hablar su obra más que su vida, deben pon-

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derarse en peso las palabras esparcidas en múltiples páginas cuya valoración puede ser diversa. La escritura de Fuentes inicia en 1954 con Los días enmascarados, una colección de cuentos que incursiona en lo fantástico y la experimentación del lenguaje, pero que no fueron bien recibidos, dice Fuentes en una carta a Poniatowska: “A mí me ha tocado el aguacero más estúpido, con una polémica en El Nacional que más bien parece lista de todos los adjetivos inimaginables. El joven McGregor, haciendo méritos para integrar algún Politburó totonaca, me declara “enemigo del pueblo”, “tránsfuga de la vida”, “plutócrata pseudo-intelectual aristocrático”, “títere de Octavio Paz”, “feroz subjetivo” y otras maravillas” (Franco, 2006). Es este el recibimiento que se le da a su obra y tendrá que esperar cuatro años para ingresar en la canónica literatura mexicana. La región más transparente en 1958, le hace adherirse a la antesala de los escritores que habrán de escribir su nombre con letras grandes. Un título que es herencia de otro grande del ensayo mexicano como lo es Alfonso Reyes; una novela que manifiesta en su estructura un proyecto ambicioso por condensar el México urbano, contradictorio, múltiple y emergente. Fuentes es ambicioso, pero es esa ambición que marca un antes y después en nuestra narrativa; se desprende de la pesada losa nacionalista de la revolución y hace eco de las palabras de José Luis Cuevas quien años atrás llamaba a superar “la cortina de nopal”. La agonía revolucionaría culmina con la muerte de Artemio Cruz. Una obra de proporciones desmedidas, fundamental en la experimentación literaria de Fuentes y emblemática para desprender a la literatura mexicana de sus localismos. El autor no repara en recursos y muestra hacia donde se pueden orientar una retórica que precisa aires de cambios; una narrativa que debe inscribirse en un complejo más amplio que es Latinoamericana. Fuentes se desprende de sus raíces, las pocas hasta entonces en profundidad, y se da cuenta que no somos una ínsula y compartimos una historia común, aunque diferente con el resto de países que también han sufrido un mestizaje. Su aporte es tal, que coincide en genialidad con los constructores del Boom y como tal se le reconoce. El viaje al externo marca el exilio propio, así lo considero, a nuevos e insospechados vertederos a los que la literatura puede acceder. La camarería de Fuentes con Cortázar, Márquez, Vargas Llosa, Donoso, se cifra no sólo en amistad sino también en una escritura y una literatura compartida. Una etapa prolífica a la que se suman Aura, Cambio de piel, Cantar de ciegos, Cumpleaños... Un conjunto de obras diversas que dan cuenta de la experimentación, que buscan dar testimonio de una década fragmentada, dividida y dolorosa.

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Generaciones diversas convergen en la construcción de una identidad, de una sociedad más justa. Los intelectuales se debaten entre su quehacer artístico y su compromiso social y político; saben que es fundamental el ejercicio de la escritura para sobrevivir. Lo fantástico, más que evasión, es la tabla de la cual asirse ante el marasmo que se vive, es la posibilidad de realidades para seguir sobreviviendo. No todo es ficción; el autor se siente ya maduro para incursionar en el ensayo y reflexionar sobre su tiempo. En 1969 publica La nueva novela latinoamericana, donde da cuenta del fenómeno novelístico emergente, de los escritores que asumen una literatura universal y revolucionaria; en palabras sencillas “el Boom latinoamericano”. Se trata de dar solidez al ejercicio de la novela y romper con los moldes decimonónicos; de manifestar una literatura cuya exigencia permita al lector ser parte activa de la obra. Carlos Fuentes aporta con ello, desde una visión personal, un panorama de lo que acontece en ese momento con la narrativa y sus expositores. La muerte de Artemio Cruz, La ciudad y los perros, La casa verde, El astillero, Paradiso, Rayuela, Sobre héroes y tumbas, Cien años de soledad... son sólo algunas de las muchas obras que han marcado el quehacer literario y que son expuestas como una muestra de las dimensiones logradas por los escritores latinoamericanos. La de Carlos Fuentes es una obra vasta. No queremos detenernos de más en ella, hay para todos los gustos y críticas. Aún cuando pesa más cierta valoración negativa no está de más acercarse a ella. Tenemos que ir desentramando más a la obra que al personaje. Cada uno puede beber de la fuente que más le convenga. La narrativa mexicana se ve beneficiada con ello, si un autor no diera de que hablar, poco o nada tendría que decirnos. Las opiniones, a favor o en contra, han de sustentarse desde una lectura atenta, fuera de prejuicios sobre un autor cuya herencia está aún por dejarnos los mejores dividendos. Una última obra polémica, La gran novela Latinoamericana, no pudo menos que ser escrita en estos momentos de transición. Desde su publicación levantó los comentarios de tirios y troyanos; ensayo a final de cuentas, el último estertor de voz, buscando dejar un legado en su “quintilla de damas” y “tercia de caballeros”, abriendo la posibilidad a una literatura del post-boom y a grupos como el del Crack. “Un libro personal”, como bien dice, defensa anticipada considero; con todo, una llamada de atención en la que ahora podríamos considerar una reconfiguración del espacio narrativo mexicano. Decía al principio, la orfandad ronda la literatura mexicana, no ello implica la ausencia de escritores. Ante la muerte repentina, la réplica no ha sido posible, nos guste o no este Gringo viejo ha cambiado nuestra piel que sigue enmascarada. La cabeza de la Hidra ha sido cercenada y restan las esperanzas de nuevos horizontes.


Bibliografía Franco, R. O. (2006). “Literatura fantástica y nacionalismo: de Los días enmascarados a Aura”. Literatura Mexicana, 17. Fuentes, C. (1982). Los días enmascarados. México: Ediciones Era. Fuentes, C. (2011). La gran novela Latinoamericana. México: Alfaguara. Kavafis, K. (s.f.). “Itaca”. Obtenido de Pixelteca: http://www.pixelteca.com/rapsodas/kavafis/itaca.html Michael, C. D. (2007). Diccionario crítico de la literatura mexicana. México: Fondo de Cultura Económica.


Ensayos Los ensayos completos los puedes encontrar en nuestro blog www.letrinaellh.blogspot.mx aquí sólo presentamos un pequeño resumen de cada uno.

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El personaje de don Manuel, el lago, el cielo y la montaña en San Manuel Bueno, mártir de Miguel de Unamuno

Alberto Rivera Mena

RESEÑA En este ensayo planteo y replanteo algunas de las cuestiones de la novela San Manuel Bueno, mártir (1933) del vasco Miguel de Unamuno, (1864- 1936), perteneciente a la generación del 98. Esta novela corta trata la historia de la inventada aldea española, Valverde de Lucerna en la cual el párroco, don Manuel, es el personaje principal que cuida de la gente de la aldea y los guía en las creencias de la Iglesia Católica, sin embargo, resulta que don Manuel en realidad era ateo, lo que le causaba un profundo sufrimiento que deseaba evitar en sus feligreses, por lo cual nunca les confiesa su incredulidad más que a sus amigos más cercanos, los hermanos Lázaro y Ángela Carvallino. Tan buen trabajo hace en vida el párroco en predicar la religión, que tras su muerte, el obispo local promueve la beatificación de don Manuel, esta es la historia que plantea Unamuno en dicha novela. En el análisis de la novela trabajaré aspectos de ésta como son el personaje don Manuel, la visión religiosa de éste y la metáfora que aparece en esta novela sobre el lago, el cielo y la montaña.

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El debraye psicotrópico [Los estados alterados y su relación con la literatura]

Manuel Noctis

I LA RELACIÓN ENTRE EL ARTE Y DIFERENTES SUSTANCIAS que tienen la capacidad de modificar la conciencia –las cuales han actuado de una manera específica en la forma de explicar, comprender e interpretar el mundo (Hugo F. Tangarife Puerta, 2010)-, ha sido tema de discusión a través de la historia del arte. Hay quienes mencionan que la utilización de cualquier sustancia no es en definitiva un recurso para la creación, incluso pensarían que resulta contraproducente, como lo menciona Damien Hirst: “el arte tiene que ver con la vida, la droga no. La droga es una vía de escape (…) Como artista te encuentras delante de una tela vacía y es la cosa peor del mundo”. En esta misma sintonía Aníbal Tobón en su artículo Líneas alteradas menciona que “una sola ‘línea’ de buena poesía puede ser más psicotrópica y estimulante que cien gramos de cocaína”. (Guillermo Fadanelli en este caso pensaría tajantemente todo lo contrario). Sin embargo, hay que resaltar que un gran porcentaje de creadores y en particular de escritores han utilizado en algún momento sustancias para alterar esa percepción. De alguna manera la droga ha ejercido de musa celestina para sus visiones/creaciones. Pero ¿a qué se debe esta relación paradigmática? Según Vilma Torselli “la droga evita la inhibición y libera la creatividad de la barrera del racionalismo, y quizás por esto en el mundo del arte y la cultura ha tenido muchos profetas, muchos teóricos y –sobretodo- muchos practicantes”, lo cual iremos apreciando a continuación. II Los considerados Poetas Malditos como Baudelaire, Rimbaud y Verlaine hicieron de la bohemia su particular estilo de vida. Estos engendros de la vida parisina marcaron una época importante para la literatura y el arte del siglo XIX. Su destreza influenció movimientos pictóricos como el Fauvismo (característico por el empleo provocativo del color), y además experimentaron en su creación con sustancias como el alcohol, el hachís y el opio. Su acercamiento a estas sustancias se debió, quizá, a que las drogas formaban parte de lo prohibido, lo cual resultaba muy atrayente. Baste recordar que su uso fue durante un largo periodo asociado a determinadas clases sociales y tempranamente a los círculos de la creación. El ejemplo claro de esta experimentación se presenta en el poema Hachís de Baudelaire, donde describe una situación relacionada con esta sustancia: “Te quedarás mirando, un rato sospechosamente largo, las


nubes azuladas que emanan de tu pipa. Sentirás cómo la idea de una lenta, continua y eterna evaporación se evapora de tu mente… y una singular ofuscación te hará creer que eres tú quien se evapora y atribuirás a la pipa el extraño poder de fumarte” (Bolaños, 2007: 117). En la década de los cincuenta, en un Estados Unidos sumergido en guerras sin explicación y una vida vista desde el retrovisor, apareció la Beat Generation con los consabidos William S. Burroughs, Jack Kerouac y Allen Ginsberg encabezando la cuadrilla, quienes llagaron para poner a la cultura estadunidense de cabeza y sobre todo a los más conservadores de la poética con el grito en el cielo. Esto debido a sus múltiples excentricidades, y sobre todo, a sus experimentaciones estructurales en la escritura de su poesía. Los Beats comenzaron a practicar la creación poética de una manera directa y totalmente explícita con sustancias psicotrópicas como la marihuana, mezcalina, peyote, ácido lisérgico y LSD. “Una bolsa de marihuana, un viejo Cadillac con cinco dólares de gasolina en el tanque, Charlie Parker a todo volumen, un papel en blanco y el sol que se sumergía en una carretera desolada era todo lo que necesitó este brote de autores para cosechar una de las épocas más pintorescas de la literatura” (Alejandro García, 2011). No está por demás la mencionada historia de que Ginsberg escribió su extenso poema Howl (Aullido) –principalmente la segunda parte- bajo los efectos del peyote. Esta experimentación con sustancias psicotrópicas se debió fundamentalmente a la incursión pretensiosa que tuvieron con el “viaje espiritual”; una forma de vida enraizada en la meditación bajo el influjo de las drogas, los viajes paradisiacos e incluso como una manera directa y concreta para allanar las ideas mediante la escritura libre y auténtica –de ahí que varios de ellos siempre proclamaran que la escritura no debía sufrir alteraciones (modificaciones en su estructura y escritura)-. Lo cual siempre caracterizó a sus obras, matizándolas como literatura “escandalosa”, por su crudeza en el lenguaje. En los sesentas los Beats dieron paso a la Cultura Hippie, y de estos al movimiento y Arte Psicodélico. Una etapa de gestación y expresión de la psique. Donde lo que se pretendía era abrir un camino distinto en la exploración de formas de expresión, enfocadas a investigar los fenómenos internos del inconsciente a través del uso de las drogas (Hugo F. Tangarife Puerta, 2010). Este movimiento se vislumbró principalmente por la creación pictórica/plástica (caracterizada por la utilización de colores fuertes, exaltados, con gran movimiento y soltura, tratando de reproducir y transmitir la experiencia), pero la experiencia psicodélica parte de los escritos publicados por Aldous Huxley (mucho antes de su conjunción como movimiento), que relatan la experiencia con LSD y psilocibina, y más tarde se le agregarían personajes como Timothy Learry (master de la contracultura), Ernst Jünguer, Henry Miller, Thomas de Quincey, entre otros. Quienes relataron en sus obras gran parte de las experiencias evocadas por estas sustancias. El químico e intelectual (también contracultural) Albert Hofmann menciona al respecto: “Los primeros autoensayos no médicos fueron realizados por escritores, pintores, músicos y personas interesadas en las ciencias del espíritu (…) Se desarrolló un género artístico especial, que se ha hecho famoso con el nombre de arte psicodélico (…) Las obras del arte psicodélico no se crearon durante la acción de la droga, sino sólo después, influenciado por lo experimentado”. Una encuesta realizada por el doctor S. Krippner

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a 91 artistas en 1961, dejó como resultado que las sustancias más utilizadas eran el LSD, tomada por 84; marihuana, por 78; DMT, por 46; peyote, por 41; mezcalina, por 38; y hachís, por 31 (Marchán, 1974). También en Estados Unidos se presentó un caso excepcional; el viejo indecente Charles Bukowski y su férrea relación con el alcohol. En una entrevista que le realizara el actor Sean Penn en 1987 (para la revista Interview) menciona: “el alcohol es posiblemente una de las cosas más grandiosas que llegaron a la Tierra (…) la llevamos bien, últimamente se ha vuelto muy destructivo con la mayoría de la gente. Pero yo no soy uno de ellos. Yo hago todo mi trabajo creativo mientras estoy intoxicado (…) Es una liberación, porque básicamente yo soy muy tímido (…) y el alcohol me permite ser éste héroe” (Francisco Jaymes, 2003). Ésta relación paradigmática le llevó a escribir centenares de poemas y múltiples escritos narrativos, además de varias novelas, donde es muy clara y notable la alusión al alcohol, los bares y toda la situación marginal que esta bebida provoca y desencadena. Un elemento “mítico” que deambula en la historia de Bukowski fue cuando le detectaron una úlcera maligna provocada por el consumo excesivo de alcohol, le advirtieron de las consecuencia fatales, lo cual no le impidió que siguiera escabulléndose por sus veredas. Actualmente, en este mismo contexto, menciona Carlos Martínez Rentería que una de las lacras más pusilánimes del mundillo cultural la constituyen aquellos que creen que por el simple hecho de drogarse y ponerse hasta la madre ya son “Bukowskitos”, esto le ocurre a centenares de jóvenes que se creen grandes autores sólo porque andan de pedotes, nada más falso (Fanzine La Vacaloka, 2012). A México se trasladó la psicodelia y los jipitecas se encargaron de expandir ese rango de la experimentación con las drogas. Con este suceso y el desemboque social a la represión proveniente de la dictadura del PRI se gestó la Literatura de la Onda, un movimiento formado por jóvenes que pretendían una ruptura con la literatura tradicional a través de un lenguaje más abierto y franco. Entre los destacados estuvo José Agustín, Gustavo Sainz, René Avilés Fábila y el irredento Parménides García Saldaña. Este grupo se caracterizó por sus constantes alusiones al sexo, la guerra de Vietnam, el Rock and Roll y las drogas, sin llegar a tomar religiosamente los postulados básicos de la psicodelia, adoptaron muchos rangos de la contracultura, especialmente (…) el lenguaje (…) De esta manera se formó la onda (…) jóvenes mexicanos que habían filtrado los planteamientos jipis a través de la durísima realidad del movimiento estudiantil –del 68- (José Agustín, 1996). Estos jóvenes –de su tiempo- se inmiscuían con drogas como el peyote, los hongos, los ácidos y sobretodo el alcohol. Menciona José Agustín en su texto “Mis viajes por la contracultura”: Yo era pedote nada más, hasta que de pronto me vi envuelto en Terribles Broncas Emocionales y juzgué adecuado entrarle a los alucinógenos como vía terapéutica y para exorcizar mis demonios (…) me metí kilos de mota y cientos de ácidos, hongos, peyote, aloliuqui, mescalina, silocibina, DMT, STP, MDMA, y a veces “coca” y “anfetas”. El otro extremo fue Parménides García Saldaña, hijo de padre comunista y desfachatado de la condición social “políticamente correcta”. A menudo se reventaba con alcohol y anfetaminas.


Armaba escándalos: a Carlos Fuentes le hizo un pancho en su famoso coctel La Ópera; a Octavio Paz le recriminó –en las oficinas de Vuelta- el no haberlo incluido en una de sus antologías de escritores jóvenes, a su madre trató de matarla. En su libro originalmente titulado El callejón del blues (después Víctor Juárez lo tituló En algún lugar del rock) deja clara la evidencia de la desfachatez y locura que ya presentaba (provocada por su atascada manera de consumir drogas); varios textos son incoherentes y demasiado “viajados”. Parménides estuvo constantemente recluido en cárceles y manicomios, hasta que murió debido a una pulmonía. Actualmente existen varios escritores mexicanos que no precisamente experimentan su creación con las drogas, pero que si mantienen una relación afectiva y consagrada con ellas, principalmente con la cocaína y el alcohol. Estos escritores son sobre todo los que emergieron del movimiento underground: la Literatura basura, el periodismo charter-posthumano, del morbo y la frivolidad, la contracultura. En sus textos es muy recurrente que se hable de estas sustancias y de todo lo que les despierta la bohemia, los bares, las cantinas y todo lo que tenga que ver con la vida nocturna y las realidades paralelas. III Decía William Blake que “El camino de los excesos lleva al palacio de la sabiduría”, y muchos de estos engendros literarios experimentaron por ese camino, deambularon a pies descalzos y muchos de ellos pudieron llegar al otro lado. Muchos otros se quedaron en el camino, como el excelso caso de Edgar Allan Poe, quien murió –aún sin precisarse- a causa del alcohol y las drogas. Ante todo este panorama pudiéramos pensar –y concluir- mencionando que varios de estos escritores –quizá- no llegaron a escribir una sola línea rescatable justo en el momento de sus estados alterados, en el punto álgido de su delirio, pero también habría que ser consientes con la idea de asegurar que sin la experiencia y emoción provocada por estas sustancias muy posiblemente no habrían construido las obras que los respaldan más allá de su época, porqué, ¿quién asegura que la sobriedad garantiza un talento? Referencias. AGUSTÍN, José. La contracultura en México. Segunda edición en De Bolsillo. México, DF. 2007. Pág. 83. GARCÍA, Alejandro. La generación Beat: sexo, drogas y jazz. 2011. http://nuevomundoradio.com/arte/secciones/arte/2592-la-generacion-beat-sexodrogas-y-jazz.html GENERACIÓN, Revista. Beat Generation. Año XV, no. 47, 2002. Homenaje Charles Bukowski. Año XV, no. 53, 2003. Pág. 19. HUXLEY, Aldous. Las puertas de la percepción. http://www.misticauniversal.es/LAS_PUERTAS_DE_ LA_PERCEPCION-ALDOUS_HUXLEY.pdf QUIROSA GARCÍA, Victoria. El miedo a la musa: arte y droga en la segunda mitad del siglo XX: Andy Warhol y la Factory, Jean-Michel Basquiat, Damien Hirst. 2008. El Genio Maligno Rev. de Humanidades y Ciencias Soc. http://www.elgeniomaligno.eu/pdf/materia2_miedo_quirosa.pdf MARTÍNEZ RENTERÍA, Carlos. Relación entre la literatura y las drogas. Fanzine La Vacaloka. #3. Nueva época. Pág. 5. Morelia, Michoacán, 2012. MARTÍNEZ RENTERÍA, Carlos. José Agustín, diez años por la contracultura. Generación Publicaciones Periodísticas S. C. México, DF. 2006. Págs. 19-20. TANGARIFE PUERTA, Hugo Fernando. Genealogía de las drogas y su relación con las expresiones artísticas. 2010. http://200.21.104.25/culturaydroga/downloads/Culturaydroga15(17)_6.pdf TOBÓN, Aníbal. Líneas alteradas. El Heraldo, 2011. http://www.elheraldo.co/documento/lineas-alteradas-19108

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MISCEL


LÁNEA


DE

TIPS


María Guadalupe Gutiérrez Arroyo Hola de nuevo a todos los finos y respetables lectores de Letrina. Aquí estoy de nuevo con la sección de tips para mejorar su ortografía. Sé que a muchos de nosotros nos cuesta trabajo escribir las palabras con c, z y s debido a que el sonido es prácticamente el mismo, y es por eso que hoy les traigo unos cuantos consejos para que distingan mejor cuándo escribir cada una. Así que empecemos, y no lo olviden, si quieren que les hable de algún tema específico en esta sección, si tienen dudas y quieren que les ayude a despejarlas, pueden dejar sus comentarios y peticiones en la página de Facebook de la revista. Ahora sí, ahí van los tips: *Primeramente han de saber que los plurales de los sustantivos terminados en “z” se escriben con “c”. Por ejemplo: avestruz-avestruces, actriz-actrices, matiz-matices, doblez-dobleces, Etc. *Se escriben con “s” las palabras que llevan los prefijos dis- y des- al principio. Ejemplos: des-nudez (si aprecian bien, a esta palabra se le puede aplicar también la regla anterior) , dis-creción, desinterés, dis-tancia, des-eo, dis-cusión, Etc. Una excepción a esta regla es la palabra “decisión”, ya que viene del verbo “decidir”. *Se escriben con “c” los verbos terminados en -ción que se derivan de palabras acabadas en -to y -do. Por ejemplo: nutrido- nutrición, atento-atención, Etc. *Se escriben con “s” los sustantivos terminados en -sión que se derivan de adjetivos terminados en -so, -sor, -sible y -sivo. Ejemplo: intrusión de intruso, invasión de invasor, expansión de expansivo, etc. Hay palabras derivadas de verbos o de sustantivos que dan lugar a adjetivos (o por medio de estos se crean adjetivos, pues) y estos terminan en -iza, -izo. Ejemplos: enfermo-enfermiza, rojorojizo, etc. Es importante que escribamos correctamente estas palabras, ya que, especialmente e en el caso de las que se escriben con “c”, “s” o “z”, hay muchas palabras homófonas (que tienen el mismo sonido, pero se escriben diferente y significan cosas distintas), y podríamos dar a entender una cosa muy distinta de la que queríamos al principio. Pero de estas palabras les hablaré la próxima vez.

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Enrique Krauze

DE

La escritura del odio sólo envenena a quien la ejerce, la comparte y la cree.

@EnriqueKrauze

Santiago Roncagliolo

Carlos Fuentes se interesaba por los escritores nuevos. Nos había leído a todos, y mandaba él a buscarnos. "¿No será un error?" decíamos. No.

@twitroncagliolo

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Juan Villoro

Una regla de oro en la crítica literaria: no hables de las declaraciones del autor ni del texto de contraportada. Atrévete a leer el libro. @JuanVilloro56

Mario Vargas Llosa Me ha dado por leer de nuevo a Carpentíer, Cortázar, Guimaraes Rosa, Lezama Lima, toda esa generación, bueno excepto García Márquez.

@vargas_llosa

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TWEETS


Directorio de

participantes: Artículos Mtra. Gabriela Sánchez Medina “Breves notas sobre el concepto de red social”. Alberto Rivera Mena (traducción) “Seis técnicas de cocowash que están aplicándose ahora mismo” Daniela Cadenas León “El periodismo y la libertad de expresión” Víctor Agustín Martínez Cruz Erick G. Pineda “Extinción lingüística y racismo social” Dra. Araceli Enríquez Ovando “¿La presidente o la presidenta?”

Creación literaria -verso Abdías Martínez “Yo y mi otro yo” Elizabeth SanBár Lucía Cacari Alejos “Poema 23”

-prosa Abril Liebe “Autorretrato” Néstor Cira “Escritor” Pierre Herrera “La guerra fría no acabó con el mundo” Tania L. Castro Cambrón “No te rías” Julio R. Miranda “Roman Forfeather” La guerrera “Pero que quede claro, no me río de ti”

Especial: Carlos Fuentes Ilustración realizada por Susana León Ambriz Doctorando Ramón Alvarado Ruiz “Bebe de la fuente cuando tenga agua, no cuando tengas sed”

Fotografía Diana Laura Huerta Pineda “Murasaki” Arturo Ireta “primeras lluvias” “Cuetzalan, Puebla aspecto” Javier Huerta Luna Esthepany Nuñez Jacobó Delia González Herrera “Coloquio comunal”

Ensayos: Alberto Rivera Mena “El personaje de don Manuel y el lago, el cielo y la montaña en San Manuel Bueno, mártir de Miguel de Unamuno” Manuel Noctis “ El debraye psicotrópico (los estados alterados y su relación con la literatura” Miscelánea María Guadalupe Gutiérrez Arroyo “TIPS”


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LETRINA # 2 julio- agosto 2012  

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