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Editorial Desde hace casi dos años, Letrina se ha mantenido ajena, firme e impasible a las situaciones socioeconómicas en el mundo, e incluso en nuestro país de origen, México. Hemos seguido publicando, nuestra misión ha sido esa, ser un faro de la expresión literaria y visual de todos los que deseen difundir sus ideas por medio de estas artes, sin importar condiciones, origen, edad, raza, condición social ni grados académicos. Hoy que la violencia en nuestro estado de Michoacán (donde la autoridad y la legalidad brillan por su ausencia) es exhibida en diversos medios internacionales, la presidencia de México ha decidido impulsar la cultura en el estado. En Letrina asumimos la postura de que mientras la paz y las condiciones para la convivencia social no se restauren en Michoacán, no será agradable para los michoacanos asistir y participar en eventos culturales en regiones como la Tierra Caliente, zona en conflicto donde la principal preocupación de sus habitantes es procurar su vida, cosa que para el resto del mundo es un derecho, y en Michoacán es una preocupación que a miles les impide vivir una vida plena con acceso a comida, agua, medicinas y educación. Del arte ni hablar. Consideramos importante ver al arte no sólo como algo bello e intocable, sino como algo significativo que tiene mucho que decir y que debiera estar al alcance de todos para enriquecer, expresar y comprender la vida. Por eso te invitamos, a ti que estás leyendo esto, a reflexionar el arte (sobre todo la palabra, que es el vehículo principal del pensamiento) para cambiar la situación que enfrentamos, no sólo en Michoacán, sino en el mundo entero.

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Director general: Alberto Rivera Mena Editora de Secc. Lingüística: María Guadalupe Gutiérrez Arroyo Editora Secc. Comunicaciones y Fotografía: Itzi Paulina Medina Jiménez Editores Secc. Creación Literaria: Alberto Rivera Mena Corrección de Estilo: Todos Diseño: Marco Antonio Martínez Canales


Índice Páginas Artículos Ensayo Creación Literaria Artes Visuales Miscelánea

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Colaboran en este número: Angélica Ramos Rolando Rodríguez Eduardo Ramírez Juárez Jaime David Escobedo Magallan Francisco López Ibarra Adán Echeverría Martín García López Rosario G. Towns Arnulfo Valdez Oleta Celeste Reyes Rojas Carlos Calderón Ana Castañer Imagen de portada: Ana Castañer Todos los contenidos de Letrina son responsabilidad de sus respectivos autores, y no necesariamente reflejan la opinión de los editores.

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La nueva literatura infantil

Si un monstruo te comparte su pastel de cumpleaños negro, acompáñalo con un poco de "Leche del sueño"

¿Qué tan nueva puede ser la literatura infantil y para dónde va? En estos días en que nos preocupamos por temas como qué tanto leemos los mexicanos y cuántos libros al año leemos, es importante preguntarnos ¿qué leen los niños?, pensando en que esta es la base para los futuros y grandes lectores. En los últimos meses dos revistas literarias importantes han volteado a ver qué pasa con la literatura infantil, en el mes de noviembre la revista Tierra Adentro dedica su número a las Fronteras de la Literatura Infantil en el marco de la 33 Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ), mientras que en el mes de diciembre Letras Libres también tiene un número dedicado a Por qué importa la literatura infantil. ¿Y qué pasa actualmente en la literatura infantil?

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Pasa que lo visual es lo que está de moda, y no es pasajera sino que las ilustraciones se han vuelto una parte muy importante para la literatura infantil contemporánea, únicamente hay que darse una vuelta por la librería del FCE en la sección de niños para echar un vistazo de lo que se está haciendo en México, Argentina y España, es impresionante la cantidad de libros que se están editando. Y más


que nada la calidad de la historias, la sencillez con la que se tratan los temas de actualidad, la explicaciones tan llenas de significados, cómo la literatura para niños llega a estar al mismo nivel que la literatura para adultos. En este 2013 salió a la venta Leche del Sueño de Leonora Carrington, escrito e ilustrado por ella. Algunos de los libros para niños suelen mostrarnos mundos mágicos, historias irreales e ilustraciones muy coloridas, pero en este caso, Leche del sueño es un libro de fantasía, tanto las historias como las ilustraciones son un viaje mágico a un mundo muy lejano. No encontramos cuentos “bonitos”, ni ilustraciones coloridas y creo que es lo que lo hace diferente a los demás. Lo interesante de Leche del sueño, es que cada uno de los cuentos abre una puerta hacia los recuerdos que tenemos de nuestra infancia, los podemos relacionar con las historias de nuestros abuelos, por ejemplo el "Cuento feo del té de manzanilla" me recuerda a cuando nuestros papás intentaban meternos un susto para que no hiciéramos ciertas cosas, y es que estos cuentos son los que Carrington contaba a sus hijos cuando eran pequeños. Mi preferido es "El cuento feo de las carnitas", además de ser mi favorito, creo que es el más terrorífico de todos: tres niños que se quedan sin cabeza por no comer unas carnitas echadas a perder, tan en mal estado se encontraban que eran capaces de hablar y moverse. Pero, ¿cuántas veces no escuchamos sobre historias que se nos hacen desagradables pero nos siguen gustando? Y qué decir de las ilustraciones de la pintora, son una maravilla, parecen dibujos de un niño entusiasmado por las escalofriantes historias. En algunas páginas encontramos ilustraciones que vienen 7


acompañadas de un pequeño texto un tanto cómico. Lo cierto es que no es un libro para un niño normal, y con normal me refiero a que el niño que tenga en sus manos este libro primero tendrá que contar con unos papás de mente abierta para comprárselo, y segundo, abrir su mente a un mundo muy diferente al que se encuentra en la mayoría de los libros para niños.

Angélica Ramos Facultad de Lengua y Literaturas Hispánicas /5to semestre/ UMSNH

Eric Fritz

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Del eco silencioso de la fotografía de Anthony Goicolea; al eco vibrante de Xavier Vallurrutia Mi acercamiento a la fotografía del Anthony Goicolea fue a oscuras. Vivía en la ciudad de Carson, en California y una mañana de sábado habíamos quedado de ir a la Sandroni Rey Galery, en el 2762 South de La Cienega Boulevard. Según me dijeron, había una exposición de fotografía interesante. Nada sabía del fotógrafo, sino que era cubano y vivía en la Florida. Me imaginé entonces, que era de aquella generación del Mariel, y de todos los cubanos que habían llegado a Estados Unidos, en la movida maestra de Fidel Castro para desocupar las cárceles abarrotadas de presos políticos, asesinos en serie, maleantes, contrabandistas, sediciosos, homosexuales, enfermos mentales; pero también artistas, gente con ansias de libertad, trabajadores con ganas de disfrutar del sueño americano, investigadores, maestros, escritores que entregaron sus palabras al mundo en testimonios hechos poemas, cuentos y novelas. No estoy seguro de si Anthony Goicolea fue de tal generación. No he profundizado. Lo que sé es que su exposición “Related III” era una yuxtaposición de imágenes fotográficas en paisajes urbanos, naturales a primera vista. Radiografías insertadas en paredes, postes de luz, árboles secados al sol con ramas que parecían extenderse más allá del espacio-tiempo fotográfico. El dramatismo del blanco y negro de los escenarios seleccionados contrastaba con los combativos extremos de los negativos radiográficos agredidos por los clavos que los sostenían en su lugar. Ecos de fantasmas que aparecían en la blancura de la galería que estratégicamente iba resonando el eco de la imagen conforme avanzabas hasta no soportar los sonidos que tronaban ya los tímpanos. No son necesarios los decibeles para 9


hacer tronar los oídos, la imagen fotográfica de Goicolea y sus ecos negativos tienen el mismo efecto, pero silencioso. Por su parte, la aproximación que tuve con Xavier Villaurrutia fue a través de los juegos de palabras. Sucedía el 72 y cursaba ya el sexto año de primaria, en la 16 de Septiembre, en el Colorín, cuando escuché por primera vez algo que me pareció un trabalenguas: “Y mi voz quema dura. Y mi bosque que madura. Y mi voz que madura”. No estoy seguro de si así sea el orden de los versos en el poema, lo que siento es que la imagen se alarga en la profundidad del pecho para luego apagarse en el muro de mi garganta. No supe, pues, sino hasta veinte años después que eran versos de un poeta del Distrito Federal llamado Xavier Villaurrutia, que junto con Salvador Novo editó la revista Ulises. La influencia del Ulises de James Joyce es evidente en Xavier Villaurrutia y sus ecografías de las palabras. Leer el Ulises de Joyce en inglés, es encontrar justo este eco que avanza y que ensordece como trampa tomada del canto de las sirenas del Ulises original. No he de decir que soy un docto en la poética de Villaurrutia, pero lo he leído. Me encanta sentir la avaricia de la “o” en su “Nocturno al Mar”: “Te acariciaba, mar, en mi desvelo. Te soñaba en mi sueño, ¡inesperado! Te esperaba en la sombra recatado y te oía en el silencio de mi duelo”. Todo el soneto está dominado por la “o”, como la vocal que lleva la cadencia del poema, el eco constante que se pierde al final, en el verso: “cada vez más, te siento menos mío”. Puedo estremecerme con la fuerza de la “a” en “Para inventar la verdad”: “Pongo el oído atento al pecho, como, en la orilla, el caracol al mar. Oigo mi corazón latir sangrando y siempre y nunca igual. Sé por qué late así, pero no puedo decir por qué será. Si empezara a decirlo con fantasmas de palabras y engaños al azar, llegaría, temblando de 10


sorpresa, a inventar la verdad: ¡Cuando fingí quererte, no sabía que te quería ya!” El pecho es el cóncavo espacio donde el eco nace; y el último “ya”, el muro con que construye su verdad. ¡Ya está!, decimos cuando terminamos algo, porque es verdad y la profesamos como algo que repara en lo que se cree. No puedo menos que conmoverme con el “Nocturno de la Rosa”, donde es eco-lanzada al suspenso de la nada, que es inicio de creación; y entonces es fría, gira, es misteriosa, sedienta llaga, resurrección desnuda, seda llamarada, veleta hora, brújula despierta, dormida entreabierta, rosa inmaterial hueca, sombra labial herida, párpados desvelados, insomnios desojados, humo, cenizas, diamante, espacio. Los adjetivos y los sustantivos están clavados a las palabras cotidianas en los poemas de Villaurrutia; como clavadas están las radiografías negativas de Goicolea a las paredes, a los árboles, a los postes de luz que cotidianos pasan por las costumbres de nosotros y apenas los notamos. La ecografía de Goicolea es visible, la de Villaurrutia es auditiva, pero ambas van directo a la profunda soledad del pecho, que convexo ahora, no quiere entender por qué su oquedad no existe más. Por lo menos en el instante recogido en los días en que leemos los poemas de Villaurrutia o buscamos en Internet las fotografías de Goicolea. Ambos artistas. Ambos homosexuales. Ambos exiliados de sus propias tierras. Ambos capaces de ponerse frente a uno, para reconocer que el otro existe, que ellos son los que convexan conmigo y con todos; mientras yo y nosotros, cóncavos, nos dejamos llenar. Rolando Rodríguez ANDAMIO Producción, Educación y Servicios

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UN ACERCAMIENTO ANTROPO-LITERARIO A LOS ORÍGENES DEL CARNAVAL DE SANTA ANA XALMIMILULCO.

Eduardo Ramírez Juárez

El presente trabajo tiene como primer objetivo el acercarnos a la narrativa festiva del carnaval de Santa Ana Xalmimilulco desde un punto de vista antropo-literario. Otro de los objetivos es indagar las causas históricas de las dos narrativas: la leyenda de Agustín Lorenzo y la Batalla del 5 de mayo de 1862 que se representan en el desfile del carnaval de Santa Ana Xalmimilulco a través de la indumentaria. Un tercer objetivo es dar cuenta de que este acercamiento antropo-literario sirve de marco necesario para la comprensión del léxico relativo al traje que es tema de mi tesis.

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El trabajo de mi investigación como tesis en el área de lingüística es estudiar, analizar, recolectar y registrar el léxico relacionado con la indumentaria de carnaval de esa población. El acercamiento lingüístico aporta pocas luces para la comprensión de los fenómenos lingüísticos que imperan en la indumentaria de corte festivo, por lo que un acercamiento antropo-literario me permite entender que dicho vocabulario no es un conglomerado aislado de palabras ordenadas alfabéticamente y acumulado en un diccionario, sino que, según Lara, “[…] es un fenómeno individual y social” (2006; 145) y para poder abordarlo necesito entender sus implicaciones sociales a través de la Antropología, la Historia, la Literatura, entre otras ciencias sociales, que no sólo me admiten saber sobre los orígenes del carnaval de la comunidad, sino también la evolución


de la vestimenta y su “terminología”.

Voy a tratar tres puntos: el primero es una breve etnografía del poblado para ubicar la temporalidad de la celebración del carnaval; segundo, describir las dos narrativas: la leyenda de Agustín Lorenzo y la Batalla de 5 de mayo, que se ven inmersas en la festividad; y tercero, realizar un análisis lingüístico para observar la evolución y fenómenos lingüísticos de la indumentaria.

Santa Ana Xalmimilulco pertenece al municipio de Huejotzingo –en el estado de Puebla, México–; se ubica a cinco kilómetros de dicha localidad y a veintidós de la ciudad de Puebla por la carretera autopista México-Puebla. El nombre de la comunidad, Xalmimilulco, procede del náhuatl y se compone de tres vocablos que se aglutinan: el primero es xalli, sustantivo que significa “arena”; el segundo es mimiloa que es una desinencia verbal que quiere decir “revolcar o desparramarse” y el último, co, que es otra desinencia verbal que indica “lugar o pertenencia”, por lo que el significado completo de la palabra Xalmimilulco es: “lugar donde la arena se desparrama o se riega”, fundado a mediados del siglo XVIII.

Una de las festividades más importantes de la comunidad, aparte de sus dos fiestas patronales-religiosas, es la “[…] octava de carnaval que se realiza el primer domingo de cuaresma. La festividad del Martes de Carnaval se realiza en la segunda semana de febrero, está vinculada con la urgencia del cambio de estación, con la fertilidad (la quema de los campos) y el desenfreno de la parte inferior del cuerpo" (Muir, 2004). He ahí la importancia de su realización en los pueblos y ciudades como principal válvula de escape de su mundo cotidiano. Sin embargo, para la comunidad de Santa Ana Xalmimilulco el carnaval no es una fuga, sino que es una

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constante rememoración de dos hechos históricos que se reflejan en su narrativa festiva.

Los estudios que se han hecho referentes al carnaval de la población son casi inexistentes en bibliografía tanto histórica como antropológicamente, lo único que hay son crónicas orales. El de la comunidad de Huejotzingo, por ser el más difundido, cuenta con más investigaciones de diversos campos, pero cabe resaltar que hay un artículo publicado por la Asociación Americana de Folklore que podemos tomar como un inicio cronológico de la fiesta.

“Folklore of Santa Ana Xalmimilulco” marca el inicio, de alguna manera, del registro histórico del carnaval de Santa Ana Xalmimilulco, pues la investigadora Elsie Clews Parsons, junto con otros antropólogos norteamericanos, realizó estudios antropológicos sobre las conductas sociales: costumbres, fiestas y tradiciones de la localidad. Parsons, en su artículo refiere que llegó con el señor Olearte 10 años antes de la publicación, en 1939.

El artículo contiene una larga descripción etnográfica sobre las festividades que observó en la población. Las primeras anotaciones dan cuenta del carnaval y sus dos narraciones que de desarrollan en el desfile: la presencia de los Bandidos de Río Frío en la población y la Batalla de 5 de mayo de 1862.

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Después de esta publicación ya no se vuelve al carnaval de la comunidad hasta que llegan los investigadores del Centro de Estudios del Significado y Significación de la UAP en 1990 y tras la publicación de Guerra


al pie… de los volcanes en 1996, la festividad vuelve a ser mencionada pero sólo como referente de la influencia que ejerce el carnaval de Huejotzingo en otras comunidades.

Según Clews Parsons la primera narrativa en la celebración del carnaval está vinculada con la leyenda de un ladrón de nombre Agustín Lorenzo, uno de los tantos líderes de los bandidos de Río Frío que asolaban las poblaciones aledañas a las faldas de los volcanes:

At Huejotzingo and at Santa Ana Xalmimilulco, probably in other towns, carnival is celebrated with very elaborate dramatization of the doings of a bandit called Agustín Lorenzo1.

La leyenda cuenta que Agustín Lorenzo rapta a la hija de un corregidor importante, la obliga a casarse, es sometido por la autoridad y se le condena a muerte. Esta dramatización como señala Parsons anteriormente se representaba en Xalmimilulco, pero a medida que el carnaval de Huejotzingo ha aumentado su popularidad, ha dejado de representarse en la comunidad. Actualmente, en el carnaval vecino, al bandido se le describe como un bondadoso bandolero que le roba a los ricos y le da a los pobres, presa de un amor imposible por los estratos sociales a los que pertenecen y buen camarada, sin embargo no deja de cometer delitos, como secuestrar a un sacerdote para que lo case, por lo que esta acción lo convierte en un héroe romántico cuyos actos y psicología no han sido explorados por la Semiótica, ni la Teoría Literaria. El personaje de Agustín Lorenzo tanto

1 En Huejotzingo y en Santa Ana Xalmimilulco, probablemente en otros pueblos, el carnaval es celebrado con un dramatismo muy elaborado de los hechos de un bandido llamado Agustín Lorenzo. (la traducción es mía)

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para Parsons como para otros teóricos como Yolanda Rojas, et al, es un factor controversial en su ubicación temporal, en su actitud bondadosa y su existencia:

Las distintas versiones de la leyenda de Agustín Lorenzo ubican al bandido en tres diferentes períodos a lo largo de más de 200 años. La versión más conocida, por la que sirve de base para la representación actual…, ubica los acontecimientos a mediados de la Colonia, cuando Huejotzingo era un corregimiento.” (Dávila et al, 1996: 118)

Al mencionarse que hay un corregidor da cuenta, primero, del sistema colonial del corregimiento impuesto por la Corona Española en 1524 cuya función era la impartición de justicia, pero en España en 18332 desapareció tras la independencia de las colonias, esta dependencia jurídica se transformó en una forma administrativa de gobierno, parecido al municipio, que subsistió hasta las Leyes de Reforma de Juárez; segundo, es poco probable que la leyenda se desarrollara en ese periodo, pues la figura del bandolero no tiene un papel destacado en la Literatura barroca y tampoco en el arte pictórico novohispano, sus representaciones surgen en el XIX. La presencia del corregidor y el bandolero problematiza la datación la leyenda.

Julio Guerrero (1905) nos da las primeras luces para datar la leyenda conforme a los primeros asaltos a las diligencias que iban de la ciudad de

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2 Datos tomados de Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Virreinato_ de_Nueva_Espa%C3%B1a


Asalto a la diligencia, Manuel Serrano, ca, 1855 Memoria 2010 Š Derechos Reservados (tomada de 3w.Terra.com)

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Puebla a la de México en 1824 (Luis Aboites, 2003). Guerrero (1905) nos da las causas por la cuales se originaron los asaltos a las diligencias:

[…] bajo el régimen colonial, siempre hubo un pésimo sistema de comunicaciones; pues el problema gubernamental que implicaba, era de solución casi imposible, si se tiene en cuenta la enorme extensión de caminos… Además no era apremiante para la Administración Pública ni para los particulares. (Guerrero, 71)

Al firmarse los acuerdos de Córdoba de 1929, donde se estipulaba que las fuerzas armadas y de gendarmería de la Corona debían retirarse del suelo mexicano, y la constante reestructuración política, pusieron en peligro la seguridad de los caminos y las poblaciones, sobre todo las que pertenecían a los caminos reales entre Puebla y la Capital, dejándolas a merced de los bandidos. Las causas para que surgieran tantas legiones de asaltantes son demasiadas, Guerrero apunta las dos más usuales:

A la par que los pronunciamientos, aunque sin bandera política, sino proclamando paladinamente el robo. Hubo en toda esa época bandas innumerables de salteadores; pues las derrotas militares y la falta creciente de trabajo lanzaban al camino las reliquias de los vecinos y todo exceso de población que había en las ciudades y los campos. (Guerrero, 214)

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Estas condiciones, aunadas a los constantes conflictos guerrilleros en la lucha por la soberanía del país (la primera y segunda intervención extranjera), fueron las principales causas de que miles de diligencias fueran asaltadas y los secuestros proliferaran. Las novelas de Manuel Payno, Altamirano, Almendaro, entre otros escritores, dan cuenta de estos episodios:

Los bandidos, envalentonados esta situación, fiados en la dificultad que tenía el gobierno para perseguirlos, ocupado como estaba en combatir la guerra civil, se habían organizado en grandes partidas de cien, doscientos y hasta quinientos hombres, y así recorrían impunemente toda la comarca, viviendo sobre el país, imponiendo fuertes contribuciones a las haciendas, y a los pueblos, estableciendo por su cuenta peajes en los caminos y poniendo en práctica todos los días, el plagio, es decir, el secuestro de personas, a quienes no soltaban sino mediante un fuerte rescate. (Altamirano, 2004; 82)

La presencia de los bandidos de Río Frío no es casualidad, pues Santa Ana Xalmimilulco era parada obligada de la diligencia, lo corroboran los mapas de la época. Además de que se encontraba el servicio de posta colonial que duró hasta principios del siglo XX.

Dentro de la investigación sobre la indumentaria del carnaval en las grabaciones se recopiló mucha narración oral relativa a los bandidos de Río Frío y nunca se menciona el nombre de Agustín Lorenzo, sin embargo, sí se hace referencia a los constantes ataques que sufría la población y el rapto de las mujeres. Dentro de estos relatos se narra una singular defensa que las propias mujeres del pueblo hicieron para detener los continuos

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asaltos.

El episodio más recurrente del héroe romántico como malhechor es el secuestro que se convierte en un tópico de la Literatura y Plástica románticas mexicanas, los raptos de Cecilia y Manuela y los cuadros de Manuel Serrano son un claro ejemplo. Por esta razón el rapto de las mujeres de Xalmimilulco, motor principal que desencadena el desarrollo del carnaval, es un acto romántico por antonomasia.

La segunda narración de la que se cuenta en el carnaval de Xalmimilulco es la batalla de 5 de Mayo de 1862. Esta narrativa se describe por la vestimenta de los “carnavaleros” pues los participantes portan en sus trajes motivos militares y la utilización de armas de fuego tiene una carga de significación muy concreta.

El carnaval de Huejotzingo se sustenta por la leyenda de los bandidos de Río Frío y no hay indicios de cómo esté vinculado con la Batalla de Puebla, sin embargo en Xalmimilulco hay un fuerte vínculo histórico para hacer suponer que el carnaval fuera un traspaso de Xalmimilulco a Huejotzingo y este conector es un milagro que salvó a la población de ser ocupada por el ejército francés:

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En 1862, el general francés Comonfort y sus soldados, pretendían tomar como cuartel el templo y golpeando con su rémington, trataban de que se abriera. El señor Aniceto Ramírez encargado del templo no hizo otra cosa que abrir las puertas, en ese momento el general entro con su caballo seguido por su ejercito, al llegar al altar mayor quedo mirando la venerable imagen de la Preciosa Sangre


Detalle del Mapa de Giacomo Constantino Beltrani (1824) Tomado del blog “Arrieros de MĂŠxico.

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de Cristo, se quito el kepí, entonces su corcel comenzó a retroceder por si solo; al ver esto el general Comonfort dio la orden de retirada y dijo al encargado que cerrara las puertas por que ahí no debían instalarse.3

Los datos que nos arroja este milagro son de vital importancia para el estudio del léxico de la indumentaria festiva. En un anuario del ejército francés de 1864 se describe que había un cuerpo expedicionario, ese mismo llegó a Puebla en 1862 tras firmarse los convenios de la Soledad en 18614 con el fin de invadir el país. Tras su derrota en los fuertes de Loreto y Guadalupe, se sabe que fueron en dirección a Veracruz (Salazar et al: 2012), sin embargo hay poca bibliografía que hable sobre su retirada. El milagro nos da pie para seguir el camino al Cuerpo de expedición del Gral. Bazaine. Un mapa en acuarela del mismo año nos refiere las iglesias que fueron tomadas como cuarteles militares para ser puntos estratégicos en la defensa. El camino para México fue resguardado por el ejército mexicano, por lo que el cuerpo expedicionario se fue por Tlaxcala para rodear y acuartelar las iglesias del camino real, uno de estos templos fue el de Xalmimilulco, y así poder someter la ciudad de Puebla y abrirle paso al ejército napoleónico

El Cuerpo expedicionario de Bazaine estaba conformado por el 1er regimiento zuavo de infantería y el 3er regimiento de cazadores de África. Este pelotón se adhirió al ejército francés al ser conquistada Argelia en 1830 y con el decreto Crémieux los argelinos ya eran ciudadanos franceses y por lo tanto tenían que hacer una especie de servicio militar. Este dato lo podemos corroborar por los diversos lienzos que retrataron la batalla de

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3 Escrito sacado del programa de festividades de 4to. Viernes de Cuaresma 2013. 4 http://es.wikipedia.org/wiki/Tratados_preliminares_de_La_Soledad


FotografĂ­a de la imagen del Santuario de Santa Ana Xalmimilulco (1994) Archivo personal de la Familia RamĂ­rez

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Mapa del acuartelamiento de iglesias y haciendas durante el sitio de Puebla en 1863. (Digital tomado de la Mapoteca Orozco y Berra de la BUAP)

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Puebla. Dentro de la fiesta del carnaval el atrio de la iglesia de la localidad es asegurado al cerrarse las puertas; la edificación del atrio corresponde con el aspecto de una fortificación. El atrio es asediado por los batallones de franceses y turcos que intentan entrar a la iglesia, mientras que los batallones de zacapoaxtlas, indios y zapadores defienden la plaza y el ayuntamiento.

La idea de que la imagen de Cristo refrenara al ejército de Comonfort no suena descabellada, la Historia y vida de los santos nos revelan que la intervención divina también se ha inmiscuido en asuntos tan mundanos como la guerra para proteger a sus hijos o la patria, de esto podemos citar los casos de santa Genova5 que salvó al pueblo parisiense o santa Clara de Asís.6

Para desarrollar el tercer punto sobre el análisis de la indumentaria del traje de carnaval de esta localidad, sólo se tomaron los cinco más importantes que son: los zapadores, los turcos, los zuavos, los indios y los zacapoaxtlas, debido a su aportación histórica con la que se puede rastrear decretos, providencias y leyes en la regulación del uniforme militar de los tres primeros y los otros dos regulaciones papales, crónicas de indias y conventuales, códices y relatos orales.

El léxico de la indumentaria se deriva de la actividad de los obrajes y la confección se da de manera pasiva, ya que la utilización de las palabras que designan los objetos y acciones propias del oficio, a pesar de que el hablante las tenga almacenadas y disponga de ellas en cierto contexto,

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http://es.wikipedia.org/wiki/Genoveva_%28santa%29 http://es.wikipedia.org/wiki/Santa_Clara_de_Asis

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por ejemplo, la compra de materiales o de la venta del traje, no las utiliza, según Raúl Ávila (2005). Hay actividades que requieren del silencio, en donde las palabras no son pronunciadas. La actividad textil no escapa de estas condiciones de silencio, por lo que el vocabulario de esa área es a la vez pasivo y fundamental, tanto de los artesanos, como de danzantes y observadores.

Como resultado de un primer acercamiento al análisis de la indumentaria podemos decir que el número de vocablos registrados hasta el momento es de 150 palabras, por razones de espacio sólo mencionaré algunas: chaquetín, gaznes (con sus variaciones fonéticas y morfológicas), penacho, pantalón recto, pantalón tipo militar, chaleco, talín, carrillera, babero, talón. Otros vocablos que se registran en la confección son: cortar, trazar, poner, medir, dibujar, coser, pegar, colocar, bordar, tender, armar, pretinar, cerrar (todos estos verbos con sus diferentes conjugaciones), pretina, bolsa delantera e izquierda, bajos, brazuelo, hombreras, mangas, solapa, vivo, ojal. En cuanto a los materiales e instrumentos encontramos galeón (con sus variantes fonéticas), borlas, organza, pasamaría, listón tricolor, raso de novia, raso mexicano, raso japonés, hilo bolita, hilo encerado, hilos ancla, tijeras, regla, metro, máquina de coser, cerradora, recta, bordadora.

En los datos resultantes de las grabaciones se pueden observar los siguientes fenómenos: los hablantes aumentan, a nivel fonológico, la vocal /e/ del vocablo galón, por galeón. Otro de los fenómenos fonéticos que se puede apreciar es el cambio intervocálico que se da en /e/, del mismo vocablo, por /i/, dando como resultado la variación dialectal /galión/.

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Otro resultado que se obtuvo fue que los informantes hacen una reducción de términos a nivel morfológico, es decir, que varios vocablos se reducen a uno, por ejemplo: el pasamaría, la organza y el faldillo, al


colocarse o pegarse en el babero, el pantalón o la tapa del chaquetín se reducen al plural de galón (galones). Otro fenómeno es la utilización del sufijo tín en los vocablos textil chaqueta y talón que en la mayoría los identifican o los nombran chaquetín y talín.

A nivel morfosintáctico, a la hora de la confección del traje, los hablantes construyen todas las oraciones en voz pasiva por la presencia del pronombre se, teniendo como consecuencia que haya una supresión del sujeto y otorgando a los demás componentes las funciones de objeto directo e indirecto, por ejemplo: para formar el galón tricolor se enreda en un cartón el listón, para que se formen pequeñas banderitas. Otro fenómeno sintáctico es la utilización de adjetivos no como calificativos, sino como frases sustantivas en aposición para completar el nombre del vocablo textil, por ejemplo: raso mexicano, raso japonés, hilo encerado, triguillo metálico, listón tricolor, pantalón recto.

A nivel semántico, lo que se pudo observar, es que los informantes, para describir la indumentaria, requieren de la presencia de los hiperónimos y los hipónimos, por ejemplo: trajes de carnaval contiene a los siguientes trajes: el de zapador, indio, serrano, etc., a su vez, los trajes son hiperónimos que contendrán los vocablos: chaquetín, pantalón recto, babero, etc. Otro fenómeno semántico es la metaforización, usada como restricción y especificación del significado de algunos términos, por ejemplo: hilo bolita, raso de novia, pantalón tipo militar, punto de cruz, brizna de trenza.

A nivel lexical, un fenómeno muy interesante es el cambio de nombre de los objetos, por ejemplo, las cintas que son utilizadas para formar los galones se quedan con ese nombre, ya que antiguamente el galón era la técnica en la que se acomodaban las cintas o los cordones en

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las prendas y tenían el nombre de su inventor, por ejemplo: Galón de muir, galón de soubise, nudo húngaro.

Podemos concluir que en primer lugar el rastreo del origen del carnaval como fiesta es posible mediante un acercamiento antropo-literario, ya que nos ofrece un panorama más amplio para poder comprender su significación y simbolismo; al mismo tiempo, nos acerca a documentos invaluables que pueden explicar sus orígenes. En segundo lugar, el Romanticismo arroja pautas para ver al bandido como un personaje nuevo, frente a los héroes racionales de las novelas del Clasicismo; el surgimiento de este personaje se basa en los postulados de Rousseau, es decir, se rige por una dinámica revolucionaria, llena de libertad, anarquista y amante de la naturaleza. La estructura de la nueva novela no sólo está sujeta al gusto de la época, sino que se ven condicionadas por aspectos sociales, en este caso, la guerra entre los conservadores y los liberales. La leyenda de Agustín Lorenzo, El Zarco de Altamirano y Los bandidos de Río Frío de Payno son producto de los factores conflictivos de la sociedad política mexicana recién independizada. Y en tercer lugar, es de vital importancia que el análisis lingüístico del léxico, sobre todo el textil, no debe dejar de lado los aspectos sociales con los cuales está involucrado y no debe conformarse sólo con el relato oral, ya que perdería relevancia y trascendencia y no podría mirarse la evolución de los vocablos y palabras ni los fenómenos lingüísticos que hay.

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BIBLIOGRAFÍA DÁVILA Gutiérrez, Joel et al (1996). Guerra… al pie de los volcanes: el Carnaval de Huejotzingo. México. BUAP. SERRANO Osorio, Francisco (1998). Por la buena o por la mala: rapto y casamiento en el carnaval de Huejotzingo. México. BUAP. Cuaderno de trabajo del Centro de Ciencias del Lenguaje. FERNÁNDEZ Ledesma, Gabriel et al (1986). Carnaval de Huejotzingo; un carnaval dentro de un amplio espectro. México. Ed. Offset. LAVIN, Lydia et al, (2001). Museo del traje mexicano. Volumen III. México. Ed. Clío. SALAZAR, Exaire Cecilia et al (2012). Entre la la fe y la guerra. México. Biblioteca 5 de mayo. GUERRERO, Julio (1901). Génesis del Crimen en México. México. Librería de la Vda. De Ch. Bouret. HAUSER, Arnold (1994). Historia social de la Literatura y el Arte. Colombia. Editorial Labor, S. A. LAZO, Raimundo (2000). Historia de la Literatura Hispanoamericana. México. Ed. Porrua. DILTHEY, Wilhelm (1978). Vida y Prosa. México. Fondo de cultura económica. MUIR, Edward (2001). Fiesta y rito. España. Editorial Complutense. ALTAMIRANO, Manuel (2004). El Zarco. México. Ed. Porrúa. Col. Sepan cuántos. 31


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Eric Fritz

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RESULTA pues, que no puede salvarnos, que el combate no era tal, que nuestra danza tenía cuerpo de derrota. Para el día en que yo descubro, tú te doblas; se nos parten las rodillas sobre el musgo y ahora la imagen de andar por la vida recargados el uno contra el otro, con el cuello tenso para no perder el equilibrio y al rato las preguntas, porque yo quizás sí lo merezco, pero tú, mujer de hojaldre, qué pueden cobrarte. Allá tendrás también tus grietas, tus enmendaduras. Pero al final de cuentas todo apunta a que la idea común del karma es una mierda. Como que uno es prisionero de su voluntad. Como que no se puede no hacer todo lo que se puede. Como que era natural que de tanto andar buscando en el desierto algún almendro, terminaras por buscarle otro calor a los nogales que me andabas ofreciendo. Como que en realidad no me pesa todo el tiempo. Como que eso es lo que más lamento. Quizás porque de aquí se ve más clara la dimensión total de lo que me negué a explorar por conocer nogal, por conocer de tiempo. Si bien es cierto que almendros hay, que me besaron, que me abrazaron. Se fueron riéndose (y no de mí, que al caso es peor), o se quedaron, pa’ ser más claros, aquí el asunto es que no conmigo. Luego aparecen como espejismos que hasta saludan, que hasta les hablas, que hasta les cuentas que aún escribes, que andas queriendo ganar concursos, como burlándote de afuera-adentro, porque ahí la tienes, causante aquella de tantos textos (los mismos textos que esperas ganen). Pero hay que comportarse, porque hoy que se encontraron entre tanta y tanta mierda y decidiste sí toparte, eres consciente de lo absurdo que sería desnudarte, armar todo un desplante y pregonar fuerte que sí, que las pinches almendras. Aunque al rato ya no es absurdo, ya sólo ves que no traes cojones, que sólo crees tocarla más desde este ángulo sin concreciones. Cómo te irá mientras lees esto. Cómo me atrevo teniendo claro que aún te duelo. Te lo debo. Se lo debo a 36


lo posible que no pude no negar, que en ciertas tardes se desplaza entre requiebros y aquí termina, sin otra forma probable que no sea la de algunos trazos. Qué hacer con esto. De todas formas te veo el domingo. Ahí te cuento cómo estuvo lo de Rodrigo. Va a andar con yeso una temporada, pero se dice satisfecho por lograr partir la tabla. Gema trató de persuadirlo pero ya ves cómo es de necio ese cabrón. Parece que esta vez será sólo atún en ensalada y tostadas, pero mejor no lleves nada, más bien dinero, por si algo falta, (nunca se sabe en qué momento se van a declarar imprescindibles un par de botellas de vino tinto). Mi auto está en el taller así que paso por ti más temprano, el autobús viaja con mucha parsimonia, que no es que sea mala pero hay que contemplarla si queremos llegar a tiempo a los encarnizados (o más bien metalúrgicos) juegos de baraja. Hasta el domingo. P.D. Ojalá puedas llevar uno de tus famosos pasteles con nuez.

POR fin que sí. Que el rostro. Que frotarse la cara. Que reconocerse. Justamente un poco tarde, ya metido en las horas. En el tedio de dejar el libro, de acabar el cuento, de apagar la radio. De regresar al cuerpo, a las cobijas, a los anteojos. Nada más para darse cuenta. Como que algo anda terriblemente mal, terriblemente muerto. Qué va, más bien, terriblemente vivo. Deshacerse de la luz de la lámpara. Girarse sobre la cama. Estirar las piernas. Aflojar la idea de que mañana, de que algún puto día, de que ya hubo varios de esos, de que va a haber más. Retirársela del rostro 37


amarrada al armazón de los lentes. Tomar la batuta y hacerse dueño de la propia destrucción, de la propia mierda, de las propias mieles. Asistir cordiales a la degeneración y regalarse una sonrisa por saber hoy que no, que ningún puto día. Y lo que dure el sueño, si no es malo, si no se meten las perras a deformarlo. Porque si sí. Mejor no invoco. Ya de por sí se le olvida a uno y deja caer la línea. Luego a los pies de quién sabe quién diablos y lo terminan haciendo mierda. Qué necesidad. Esa, la puerca, la de necesitar. La de arrojarse. Para engrosar la carne o la idea. Una cosa de esas. O de las otras. Y de las otras. De las que nos mantienen enredados con unos y con otros soltando palabrillas muy de sangre alborotada. De rato las voces se enfrían y se quedan nada más haciendo eco y cada quien cobija las que se le antoja, para en las tardes que siguen revivirlas y decirse que claro, que por supuesto que se ha enriquecido la vida. Y yo aquí como estúpido aflojando mis ideas de que mañana, de que algún puto día. Porque nomás no. Y por qué no. Yo no sé. Yo lo lamento ampliamente. Siempre justo en medio del aflojamiento y de la derrota ante el sueño. Caigo en la cuenta, después de un par de meses de tranquilidad ambigua y uno y medio de honesta y hermosa podredumbre, de que nada puedo hacer para que esto se ponga definitivo, conclusivo. Siempre queda la opción de remembrar las frías voces que se han guardado y perderse un poco entre tripas, hasta que se comienza a extrañar de veras y todo aquello se torna más incómodo aún que el silencio de la calle vacía, de no tener de qué dolerse. Los días se van a suceder de todas formas, hasta la siguiente vez que se reviente un hilo y de repente tenga armas para habitar con gracia el tumulto, las facciones, las entrañas. Total que hoy me concedí 38


desear por un momento que seas tú quien deforme mi sueño, Ana. Después me dispuse a cerrar los ojos, a no ver las ventanas. Dormí largamente. Soñé montañas.

Jaime David Escobedo Magallan UMSNH / EPBA (Escuela Popular de Bellas Artes) / Música / Composición 2º año de licenciatura

Eric Fritz

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Bang, bang, bang

No, you can’t hide what you intend, it grows in the dark Once we’ve become the thing we dread.

Desde antes de que ese cabrón llegara yo ya sabía que me quería ver muerto. Si al bato se le notaba en los ojos desde hacía varias semanas. Ni modo que no me diera cuenta. Pero uno dice: “¿cómo voy a creer que mi compa, cabrón?”. Además de que el Carlitos ya me la había cantado: “Trucha con este bato, que te anda mal jugando”. Pero yo no le hice caso y hasta lo invité. Compré puras anfetas de las chingonas y nos fuimos en el coche del Carlitos. Ya en la rave, cuando estaba bien tronado, le pregunté: “¿Qué pedo con eso que andan diciendo, carnal, que me quieres muerto?”. Hubieras visto: el bato se puso pálido-pálido. Pero se sonrió, el cabrón. Y me dijo: “¿Cómo la vas a creer, carnal?”. Pero le creí, que al fin y al cabo era mi compa ¿qué no? En la mañana, estaba machín cansando de bailar toda la noche y le dije al Carlitos: “Vámonos, cabrón”. Y, como él ya estaba en el bajón, me dijo: “Simón, bato”. Hacía un calor de la chingada y no sabíamos dónde vergas estaba mi compa. Lo esperamos cinco minutos hasta que apareció bien trincado el bato, diciendo que se había comido no sé cuántas tachas. Cuando le dije que ya nos íbamos puso esa mirada. Pero en el camino no dijo nada. Estuvimos en casa del Carlitos toda la mañana. Pero hubieras visto cómo se puso mi compa, cabrón. El bato se fue a la cocina por agua y tardó 40


una hora. Fui por él y lo encontré en cuclillas frente al garrafón de agua. Se veía bien maniaco, ¿sí sabes? Como las niñas esas que salen en las películas japonesas de terror. Me le acerqué y le quise tocar el hombro pero el bato se paniqueó. “¿Quieres agua, carnal?”, le dije. Y me contestó que no. Luego me vio con una mirada de loco, peor que la que puso cuando le dije nos íbamos de la rave. Las anfetaminas le habían deformado la expresión, ¿sí sabes? Como un carácter de mutación, como la traición. ¿Tú sabes, cabrón, que hay un sitio especial en el infierno para los traidores? Es uno de los últimos pinches círculos del infierno. Siempre me he preguntando por qué es tan mala la traición, si nos libera. ¿Tú crees que mi compa pensaba en eso? Me clavó su pinche mirada maniaca, que nada más quiere decir una cosa, tú lo has visto: cuando alguien te está apuntando y te va a matar. Los dos sabemos lo que se siente tener el cañón contra la cabeza, lo frío que está el cabrón, y lo pesado, y sabes que va a valer madre. Así sentí su mirada pero no le dije nada y me subí a acostar. Luego vi que el Carlitos bajó por mi compa, que se había quedado en cuclillas donde mismo, bien paniqueado. Entonces el bato subió, se fue al balcón y se sentó en el suelo. Le sangraban los dedos de tanto rozárselos. Fui por un vaso de agua para ofrecérselo. Pero cuando fui al balcón y me acerqué para dárselo, me miró con esa cara de maniaco y me dijo: “vete”. Me fui a ver la tele, seguro de que ese cabrón nos iba a matar. A mí y al pobre Carlitos que ya estaba dormido en la alfombra. Nos iba a matar en cuanto me durmiera. Aunque yo siempre cargara una negra veintidós fajada. Pero una hora después se le bajó el avión y se puso a ver la tele conmigo. Estaban pasando Vienen de debajo de la tierra o una chingadera así. Al día siguiente me fui a fumar un gallo con él. Cuando íbamos a la mitad lo apagamos. No hablamos y me miró con esa 41


misma mirada de antes y yo pensé en el cañón contra cabeza y en los ojos cerrados y en cuando te convences de que ese va a ser tu último pensamiento. Así que antes de que sacara un cuete, me saqué la negra veintidós que traía fajada y bang bang bang, tú sabes el resto.

Francisco López Ibarra Universidad de Guadalajara CUCSH/ Licenciatura en Letras Hispánicas Sexto Semestre

Eric Fritz

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La pecera

Sofía compró los peces porque vio atrapada su angustia en esos ojos. Detrás del cristal de la pecera, esos globos saltones atrapaban las preguntas que ella acostumbraba hacer al vacío. Sintió la vista acuática recorrer su piel, los párpados caídos, las mejillas tersas, bajar por el cuello hasta entrar por el costillar, golpear el plexo para que la respiración regresara intacta y poder sentirse viva.

La noche anterior a la compra aún tenía las marcas de insomnio en la cara por el terror a sentirse presa de un amor enfermizo que ya no compartía. Tenía razón la soledad: era prisionera y los reclamos de su esposo la iban avejentando. Le llenaban la cara de surcos que, por más cremas que utilizara, le arañaban el rostro, volviéndole una anciana treintañera.

De aquel amor inaugural que la había enfrentado a sus padres, a los compañeros de escuela, no quedaba más que la sombra de aquel “Es mi decisión” que dijo apretando puños con los ojos fijos en un futuro prometedor. Ahora los peces, que una tarde de domingo compró en un tianguis, le muestran su rostro detenido en las burbujas. Gotas de aire del universo acuático suben a la superficie y revientan liberando el grito fantasmal que Sofía siente necesario.

Aquella tarde, que hubo de transcurrir entre gritos y amenazas, fiel a la costumbre de su esposo, Sofía decidió quedarse en el parque del centro de la ciudad para ver corretear las aves tras las migas de arroz, intentar una sonrisa al mirarlas desprender sus plumas 43


mientras levantan un tenue vuelo, huyendo de las manitas de los niños que las alimentan. Esperaba que el hombre con el que vivía se calmara y le hablara al teléfono portátil. Mientras tanto dejaría que el calor la consumiera, ofreciendo el rostro al sol. Era preferible el calor incendiario a ser consumida por la angustia de permanecer en casa.

No importa perderlo todo. Ese hogar que han adornado a su capricho, el auto deportivo, el cuerpo delgadísimo producto del gimnasio por las tardes y las clases de baile en el club social. Los múltiples regalos e incluso el trabajo en las mañanas le sirven para huir del aburrimiento. El hastío se enreda cual nauyaca entre sus piernas, apretando el corazón con las escamas del tedio.

Tampoco importó la amenaza de divorcio. Él estaría con ella siempre. Lo había dicho en la iglesia junto a las promesas mutuas. Incluso lloró al ver realizarse el sueño de tener a la niña que siempre había amado. Vivía para recordárselo. Si a eso pudiera llamarse amor. Sofía quizá ya no lo intentaba, no quería hacerlo; no estaba segura si el sentimiento de salir del hogar paterno fue amor por este hombre o arriesgarse a una vida nueva. Cómo llamar a la relación que los mantenía juntos al borde del estallido que los conducía a los golpes. “No eres mi dueño”, solía gritarle a su esposo después de cada pleito.

Pedro estaba conforme con lo poco que ella le daba. Aquel hombre de cejas cerradas, dientes apretados y pómulos secos sólo necesitaba saber que él la amaba y eso, ni ella ni nadie podría evitarlo: “Te lo doy todo y nunca dejaré que te vayas”, decía la voz por el teléfono. Sofía se seca las lágrimas al regresar a casa, nuevamente 44


doblegada. Intenta permanecer a salvo detrás de esa muralla de recuerdos con que aquel hombre pone candados a sus salidas.

De regreso a casa Sofía anduvo cinco cuadras para llegar al tianguis donde se exponía la venta de animales para mascotas. Miró un conejo. Sostuvo en sus manos a un curie. Se quedó atrapada en el verde plumaje de los loros, y la escandalera de los periquitos australianos le arrancó la risa casi en el olvido. Entre jaulas, ladridos y pelos de gato, escuchó la voz sobre los tímpanos. Su propia voz que había querido mantener encerrada y ahora le hablaba a través de los ojos de los peces dorados, subía con las burbujas de aire estallando como un eco sordo hasta sus tímpanos. Los peces dorados la miraban con sus ojos acuosos, en cuya oscuridad Sofía observó su alma atrapada arañando la superficie. Presa dentro de esos ojos, dentro de la pecera, en su propia casa, en el interior de su cuerpo.

A dónde huir, cómo sostenerse si él siempre se encarga de todo. El trabajo se lo había conseguido un amigo de su esposo. Pedro la llevaba y la iba a buscar sin contratiempos. Ni un minuto más en la oficina después de la jornada.

Con la pecera en el sitio que le ha escogido, cerca de la ventana del jardín, permanece horas, sentada, mirando el ondular de sus dorados cuerpos. En el fondo de los ojos mira el encuentro con su amante. Las escapadas por las tardes cuando su esposo trabaja. Invitarlo a casa y manchar las sábanas del matrimonio. Aquel amor que pronto se hartó de la indecisión y una madrugada se alejó diciendo: lo tienes todo menos aventura, eres una niña aburrida sin 45


intención de rescatar su vida. Y después del No te vayas, recuerda la respuesta: Ya vendrá alguien más.

Tenía razón. Las imágenes se precipitan entre las burbujas: diversos rostros la hacen gritar en el espejo, pintarlo con labial, romperse las uñas para abrir las puertas del hartazgo. Las persecuciones con que sueña, amenazada: te encontraré donde vayas. Su corazón late apresurado. Le duelen las muñecas, moradas por los apretones, el maquillaje cubre los malos tratos, el labio roto, los lentes oscuros, el disfraz de femme fatal que oculta la violencia doméstica en que sobrevive.

Sofía junto a la pecera todo el día, absorta, comiendo yogurt con miel y bebiendo pequeños sorbos de té de jazmín. No piensa más que en la voluntad de sentirse viva, y el sexo no ha sido esa posibilidad. Ha paseado la casa reconstruyendo cada adorno y el momento de adquirirlo, cada historia con esos hombres que horadaron su cuerpo para rescatarla y que sólo consiguieron enterrarla mas en su mutismo, en su miseria.

Empaca sus cosas en un maletín de cuero y regresa junto a la pecera. Mira los peces ir y venir en el encierro del cristal. Su esposo llegará en cualquier momento, con su cara de felicidad por verla sobre la cama, doblegada. Durmiendo o llorosa con el insomnio de siempre. Ya no será así.

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Baja de nuevo, corta una fruta y se queda mirando los peces dorados. No quiere huir a escondidas, quiere verlo de frente y decirle


adiós. Ha apagado las luces de la casa para no mirar el cadáver de la tristeza que se derrama por la escalera. La puerta pronto dejará caer los cerrojos que anunciarán su llegada. Su partida.

Quita el oxígeno a la pecera y derrama en el agua dos puñados de sal. Espera mientras recorre cada espacio de lo que pudo ser su hogar, pasa los dedos por las paredes, sale al patio, mira las cerradas ventanas de su dormitorio, va hacia la cocina, abre los cajones, la alacena, se detiene frente al refrigerador y lo desconecta. El tiempo camina lentísimo y Sofía busca evitar los espejos de la sala.

Regresa junto a la pecera. Mira como la respiración de los peces empieza a atragantarse. Engulle la pulpa de la fruta. Se queda fija en la mirada de los peces y ve extinguirse la luz de esos discos jugosos donde se petrifican los colores y se abandonan los brillos. Para Sofía el pasado ha muerto con los peces. Pronto la puerta se abrirá.

Allá va. Es él, ha llegado. Gira el picaporte.

Sofía se levanta con decisión. El maletín de cuero en la mano. Su futuro relumbra en el cuchillo que ha quedado entre las cáscaras y el bagazo de la fruta, ahí, sobre la mesa.

Adán Echeverría

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Cásate conmigo Martín García López Cuando un zapato de cuero chocaba contra el mosaico hacía un ruido similar al de un charco que es pisado con fuerza. Podía relajarme en ese momento, escuchando los zapatos de cuero. Coleccionaba los pares de zapatos que aparecían, chocando y haciendo música en mi pequeña cabeza. Yo me preguntaba en qué momento mis pies alcanzarían el piso. Mientras, estos se tambaleaban en la silla. El salón de fiestas “Amatista” estaba adornado con rosas de muchos colores, amarillas, rosas, blancas, todas colocadas en números pares en cada esquina del salón. Era pequeño, pero cómodo, tenía en conclusión 50 sillas de plástico, colocadas en líneas de 10 cada una, haciendo en total 5 filas. Detrás de las filas había una pista de baile, bastante grande. Yo estaba en la primera fila, en el primer asiento, viendo cómo el padre se acomodaba un peluquín sobre su cabeza y cómo veía en el espejo que no se arrugara la sotana. Yo al igual que el padre tenía que cuidar que mi traje no se arrugara. Era un bonito traje negro para un niño de cuatro años, aunque fue el mismo que usé para mi confirmación a los tres. Era mi traje favorito, aunque en realidad había sido el único que había usado. -Tiririn, estáte quieto- me ordenó mi mamá que llegó parándose enfrente de mí, mientras sus manos intentaban ponerse unos aretes- hoy es un día importante, y necesito que te quedes quieto, no seas grosero con tus tíos, y que ¡por favor!, no hagas un berrinche o llores como siempre. - ¡Mamá! ¡Estoy aburrido! ¡Ya vámonos!- empecé a gritar sujetando a Patmo de su garra amarilla. - Mira, si quieres ponte a jugar con Patono. - Se llama Patmo, a él no le gusta que no sepas su nombre, mamá.

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-¡Ay, perdón!


- No te disculpes conmigo, hazlo con Patmo- le ordené a mi mamá al poner a Patmo enfrente de ella. Lo sujeté fuertemente del lomo, mientras tenía las manos extendidas. -Perdóname Patmo… ahora, ya ponte a jugar Martín… pero no hagas mucho ruido ¿está bien? No quiero que digan cosas de ti. -¿Qué cosas?- pregunté mientras abrazaba a Patmon, hundiendo mi cabeza en el pico de él. -Nada hijo, ya ponte a jugar- Mi mamá dio media vuelta y empezó a caminar directo al padre. Cuando mi mama se fue, yo observé a Patmon. Me encantaba verle los ojitos negros tejidos, y su hermoso cuerpo morado acompañado de sus cuatro patas. Muchos decían que Patmo, era un Ornito… no sé qué, pero yo siempre les gritaba que era un pato, por su pico plano y amarillo. Patmo era un poco más pequeño que yo, y aunque era difícil moverlo siempre que salía, eso no impedía que lo sujetara por su esponjoso cuerpo para abrazarlo cuando me ponía a llorar. Todos los adultos parecían preocupados, en especial mi mamá Celsa, que traía un bonito vestido blanco de manta, con un tejido de rosas en el cuello, y su larga trenza que acomodaba al lado de su hombro. Se veía muy bonita. -Se ve bonita para estar arrugadita ¿verdad Patmo?- después volteaba a ver a mi papá Esteban, el traía un traje negro, y se peinaba el bigote que tenía cortado al nivel del labio, el poco pelo que le quedaba era negro, muy negro, y la piel morena, muy morena- -¿Verdad Patmo, que mi papi Esteban también está guapo para estar viejito? - Ji, Ji, Ji- rió la muchacha que se sentó a mi lado, derrumbando todo el cuerpo en la silla como si fuera una cama. Su cuerpo era largo y delgado, con la cara redonda y la nariz abultada, su pelo era castaño, pero de un castaño teñido, casi rojizo.

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- Con razón dicen que estás loquito, ese Pato no te contestará. -Claro que sí, ¡Patmo puede hablar!- empecé a gritar y apretar a Patmo a mi pecho, mientras mis ojos se enrojecían- ¡Él habla! -También dicen que eres un niño muy llorón, así que ni te pongas a llorar que yo no caeré en esas cosas- puso su dedo en mi frente- Cállate cray beybi. Y me callé. Soporté las lágrimas y apreté a Patmon. La muchacha se quedó callada, se encorvó y recargó su mentón entre las dos manos. Traía un vestido verde oscuro, largo, una bolsa de color negra y unos zapatos extraños. Tenían una aguja larga, que levantaba el tobillo. -¿Qué son?- pregunté al señalar sus pies. -Estos… pues son- la muchacha se quedó pensando- ¿Como se dice en español?… ¡ah si! tacones. -¿Tacones? ¿Y para qué sirven? -Sirven para lastimar los pies de las mujeres, pero como somos de tontas preferimos vernos cuul a sentirnos cuul. -¿Qué es cuul? - Cuul, es ser crasi- dijo ella soltando una enorme sonrisa- y ser crasi es ser loco. -Mi mamá dice que eso está mal, porque las personas locas, las otras personas no las quieren y si no te quieren dice mi mama que eso es malo. - No le hagas caso a tu mamá, ella está más loca que todos- sonrió. - Le diré que le dijiste loca… -¡Tía!- gritó la muchacha. Mi mamá estaba hablando con varias señoras

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mientras ella aun intentaba acomodarse los aretes. Volteó a ver a la muchacha- ¡Está loca!- terminó de decir la muchacha. Mamá se dio la vuelta muy rápido y continuó peleando con los aretes. -¿Por qué no son como los míos?- pregunté mientras la muchacha fruncía el ceño y giraba los ojos para otra dirección. Apretó los puños, separó los labios, se acercó a mi oído y grito: -¡Chop Up! El grito entró como un tornado desgarrando mi tímpano. Yo lloré. Todos giraron a mi alrededor a ver qué sucedía, mientras la muchacha intentaba levantarse. Ella huía de mí. Llegó una mujer que se parecía a mi mamá y la interceptó. Tenía los labios carnosos como ella, y sobre todo la misma mandíbula larga. Su traje era diferente, de un color azul marino, y ella tenía el pelo esponjado en unos rizos quemados. -Diane, tú hiciste llorar al niño- dijo la mujer que empezó a regañar a la muchacha- Ahora tranquilízalo. - ¿Mom, arr yu crasi?- dijo la chica. -Escúchame bien amor, la ceremonia empezará en una hora, y no quiero que Martín siga llorando, y se lo lleven a otro lado, sabes que tu abuelita Celsa lo quiere mucho. -¡Foc!- La muchacha se dio media vuelta, se volvió a sentar a mi lado. Yo seguía llorando. Su mano tomó a Patmo, lo empezó a mover cerca de mi rostro, y dijo “estop, estop, ya no llores Martín”. -Patmo…- dije al secar mis lágrimas, con las mangas del traje, y luego sonarme la nariz con la corbata. - No seas sucio- ella buscó en su bolso un pedazo de papel, con el que secó mi rostro- Sorri, for… perdón, por lo de hace rato, no era mi intención gritarte, sólo no soporto a los niños.

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-Yo no soy un niño. -¿Ah no? ¿Qué eres?. - Soy un adulto. -¿Juay? ¡Por qué! -Uso traje y me dejarán dormir hasta muy noche, muy noche, eso me hace un adulto. Puso la mano en mi cabello ondulado, atoró sus dedos en él. - Tú eres mala… - No, yo soy Diane. - Yo soy Martin. -Yes, yor mi cousin. - ¿Eh?. -Que tú y yo somos primos. -¡Ahhhh! y yo tengo así- dije al soltar a Patmo y enseñar 4 dedos de una mano- soy grande. - Yo tengo 5 veces eso… - ¿Eh? - Eres tonto y llorón… ¡son 20!- gritó Diane. Me empezaron a temblar los labios, a enrojecer los ojos- no, no, eres listo y buen niño, no llores, ¡plis!dijo Diane tomando a Patmon y empezando a moverlo, en ese momento Patmon empezaba a hablar, y aunque no entendía mucho de lo que decía, yo reía y le pedía a Diane que siguiera. Una hora después, todos estaban sentados, estáticos, sin hablar, mientras

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el padre empezaba a decir “estamos reunidos todos aquí, para celebrar 50 años de matrimonio, entre Esteban García Briseño y Celsa López Briseño”. -¿Briseño? ¿Por qué se llaman igual Patmo?- pregunté a mi peluche. -Porque son primos- contestó Patmon mientras se movía, entonces moví mi cabeza al lado y vi a Diane, hablando muy quedito, intentando no abrir los labios. -¿Los primos se pueden casar?- volví a preguntar a Patmon. - Sí- contestó Patmo. Después de la ceremonia, empezaron a poner música, todos tomaron a una pareja, y mi mamá también se puso a bailar. Yo me quedé sentado, no quería hacer ningún berrinche, Patmo pensaba igual que yo, que teníamos que estar quietos, además no nos sentíamos a gusto jugando con otros niños. Los niños jugaban entre ellos, o se ponían a probar el pastel sin que nadie se diera cuenta, metiéndole el dedo a la nata o robándose las fresas, lamiéndolas y regresándolas. Patmon y yo no queríamos eso. Buscábamos a Diane que había desaparecido minutos después de terminar la ceremonia, queríamos hallarla entre esa tormenta de colores y sonidos. Pero no la hallábamos. Nos quedábamos quietos, esperando, siendo buenos niños. Cerré los ojos para dormir, sujeté a Patmo de su garra. Y en lugar de escuchar la música a todo volumen o sentir las luces amarillas, rojas y azules golpeando mi rostro, sentí perfectamente el sonido de los zapatos de cuero golpeando contra la pista de baile. Se movían a ritmo. El ruido que “eso” hacia contra el mosaico, era muy diferente. Yo sólo conocía el sonido del zapato de vestir, pues sólo ese me compraba mi mamá, pero cuando escuche ese ¡scuach! abrí los ojos. Diane estaba enfrente de mí y empezaba a decir: -Esto es cuul- y levantó la pierna derecha, para enseñar su zapato. Estaba hecho de tela color blanca, su suela era de plástico. Lo que me gustó mucho del zapato fue la estrella dibujada en el tobillo - se llaman Converse, y son

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cuul. ¡Scuach!, así era el sonido del zapato contra el mosaico. Diane me tomó de la mano, me levantó de la silla. Di un largo salto. Con la otra mano no dejé de sujetar a Patmo. Ella me tomó de las dos manos, no le molestó la suavidad de Patmo golpeando su muñeca al empezar a movernos. Estábamos bailando. Era la primera vez que bailaba con alguien que no fuera mi mamá en una fiesta. - Diane…- dije torpemente, sonrojándome al bajar la cabeza. Mis pies sólo subían y bajaban, no entendía el ritmo. Patmon se movía mejor que yo, mientras su cuerpo se azotaba en el mío y en el de Diane. -Diane…Patmo, quiere saber algo…- ella no hizo ningún ruido, solo siguió moviéndome. Sentí la garganta apretada y los pies pesados- Patmo quiere saber si tú… ¿te casarías con Patmo y conmigo?.. -Cuando seas un adulto pregúntamelo otra vez. -Ya soy un adulto, ya tengo 4. -Cuando seas más adulto pregúntamelo. -Me quisiera casar contigo ¿te casas conmigo? Diane no contestó nada, siguió moviendo mi cuerpo alrededor del suyo, me sonrió, se agachó para estar enfrente de mí. La olí, la sentí cálida acercándose a mi rostro. Me besó la mejilla. Soltó mis manos. Volvió a sonreír. Dio media vuelta para perderse en la pista de baile- Scuach- se oían sus pasos al alejarse, yo me toqué la mejilla, fue el primer beso que me dio una mujer.

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Eric Fritz

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ARTROS (Del griego arthron: articulaci贸n)

Para hacerse al polvo de su origen, lento regresa el hombre a la bestia de fauces dagadas que deshebran su historia. Uno cede/ el otro toma y s贸lo habr谩 herencia de pupilas para que la decadencia se mire lo mismo.

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BLEULERIANA -you still don´t know if you´ll ever surface to the bluePaola Loretto

En mí, hay voces que no dan tregua, opción; van de murmullos a gritooooooooooos; se llaman: ausencias nostalgia miedo ayer sueños. No les hallo modo de off, mordaza. Bla - bla - bla…

Rosario G. Towns 57


Sala de espera en la central vieja de camiones de Mazatlán I La maldita espera apaga un foco de muchos las almas se refugian en el lenguaje para no morir otros develando muecas desde un móvil los James Deans ya muertos en el choque del silencio por otra parte yo me enciendo escribiendo este poema.

II En el interior de la sala algarabía los espejos de Babel se suspenden en sus rincones eco de la lengua

cuyo único traductor

es el Silencio.

Arnulfo Valdez Oleta Universidad de Guadalajara 6to semestre de la carrera en Letras Hispánicas 58


Eric Fritz

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Algo denominado: necesidad de ti Acompaña mi silencio con el mar de tu soledad. Déjame naufragar entre tanto susurro inconforme.

Celeste Reyes Rojas/ Facultad de Lengua y Literaturas Hispánicas/ 3er semestre.

Eric Fritz

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Hoy que la vida me ha puesto la pluma sobre el ojo pienso y distingo a los huracanes que surgen del Atlántico a esas caracolas que forman las puntas del diamante y van trepando tierra dentro Voy con mis manos de relámpago para nacer desde el oleaje como Venus o quedar ciego en la corteza de los árboles perdido en el laberinto de los versos (bajo subo precipito y sedimento en cada hoja) como un presentimiento Y esto lo pienso mientras mis manos aletean con el nervio de una guerra que se inclina sobre los hombros Me sitúo en las aceras de Wall Street y miro las pantallas La caída de las bolsas de valores alrededor del planeta nos reúne en este punto Ciegos por el humo del tabaco a tientas por los callejones Miro los relojes detenidos en las alas abiertas de las aves que circulan cabizbajas entre los tejados edificios chimeneas ventanas fuentes parques blancas plumas y las nubes negras por el pensamiento solo el huracán colmado de silencios Tal vez fue la felicidad o la negritud del tiempo o esta sobredosis de miedo que corre en los parajes Acaso el aletazo que no quiere extinguirse y silencioso relampaguea al horizonte El cielo de unicornios embravecidos 61


acercándose en las noches de tormenta Tantas inundaciones y ni un solo transeúnte con la corbata adormecida Ah mis manos de relámpago mis manos que tiemblan y me dictan cuando voy quedando ciego Porque los mercados caen los edificios desmoronan y uno observa y mira y puede distinguir que del grito último en que nos hemos anclado somos la partícula suspendida en el aire cayendo a través de las ventanas flotando entre la lluvia Pienso en los electrones en el sabor de tu lengua en la axila blanca blanquísima de la niña que estuvo conmigo anoche y al volver el rostro sobre las manecillas del reloj toda ella y sus pedazos de blancura cayeron con los edificios Porque no estamos solos como cada noche porque todo nos ha reunido en este punto en la mirada del ojo que siempre precipita Pienso en el brillo del silencio que me remonta a la selva en el brillo que surge cuando abres la boca Pienso en el hueco del niño que no conoció a su padre aquel brilloso padre tragado por la niebla La misma niebla que nos va dejando ciegos uno frente al otro sin poder pronunciar los apellidos Adán Echeverría 62


Eric Fritz

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Aquí dentro o adentro, "no quiero ser nadie" un pica-hielo que no agujera es un arma abortiva, una caverna siempre descendiente. una cigüeña sin rumbo, es tener fe. dos sexos en un cuerpo mantienen a Babel de pie. Cuatro ciegos agitan sus manos hacia el cielo. Un sauna pulsa mis venas, antología vivida. Dolerte es tener fe en una caverna te soy aquí, parado en un balcón de una promesa de ocho manos. Cavé una entrada una escopeta de rostros caía.

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Seré aquí, entre tus múltiples lenguajes. Cemento en tu palma, así pretendo de norte a sur ciego, solo, pulso. Soy un pico de un gran ave alpha es sólo una letra; el cielo comienza. Pon "no molestar" aún no nos confundimos cuando hablamos calibre 23 una mujer insatisfecha se alimenta de sus hijos el tiempo comienza, omega una caverna amigajada una torre: "qué me ves, idiota" confundida Era: hombre, su coito, el tiempo. 65


"te explico", tener dos alas una cubeta de agua "un vasito de agüita de limón", "clausurado por violar la ley". Una torre no construida es una promesa un rey sin corona, un "I.Q." nunca es consumado, es inducido. Jugar, partir en dos siempre al revés nunca después, siempre antes, "como agua, para chocolate". Agua que devora por no dejar a su sexo complacido, tierra que espera que en fe, aguarda un pico de dos alas. Agua que nunca sería mar, agua que nunca tendría fe, hijos que nunca "corren por sus vidas"; 66


pequeños temerosos, viento de ciego que nunca toca el pistilo. Saliva de un vaso de agua, contenido de tiempo, cueva que “aguanta, sólo aguanta" mil idiomas que cayeron, poco a poco "lloviznó", "en fe" de "sólo sentirlo dentro". El mundo sediento, qué "honesto" qué "bendición". No querer vencer. Ser sin reinar una ley, coronar a un "mocoso" que, caído, bebió agua y no leche. "esperar que salga transparente y no blanco": "con impaciencia esconderlo de la tarja, tina, estómago, pierna, boca, ano, mano": "quemar el papel que limpió, abrir la ventana, dejar sin olor la recámara": "aquí nada pasó, aquí todo sigue igual". 67


Esa torre, erigida en tierra, ascendiente a una cubeta de agua, una aguja que terminó pero "quien sabe dónde empieza", es un "hospital psiquiátrico, aquí cruzando la calle". Si, "trayendo las copitas de vino" confunde a mi pueblo, como "globo de agüita de horchata", estallen dejando "pistas" para los interesados. Un lago, estanque, pozo o charco es ser un enorme animal blanco que, confundido sin tiempo, es un ser que ni tierra ni aire. Y un ciego que con agua en dedo, toca una vela encendida, caliente de cuerpo y "venas infladas a piel" tiene demasiada fe, poco argumento; el agua "ensalivado" apaga el fuego, el viento "en chinga" apaga el fuego, la tierra en "montoncito" apaga el fuego, el viento NUNCA toca el agua, la tierra NUNCA toca el agua, el agua; toca la tierra. 68


madre, aquí te espero, yo arena inerte; rey de mi pueblo confundido; amante pero no amado; ser de dos sexos, caverna que río abajo, basto de plastilina derretida: por ley "aquí muy dentro o adentro, por eso de los sueños", Carlos Calderón. 2013.

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LUZ Y COLOR DEL MEDITERRÁNEO ANA CASTAÑER Perspectiva histórica del proyecto La trayectoria y evolución de mi obra pictórica se centra en este momento en la acuarela abstracta, y lacas, fruto de una transformación personal, a la vez que artística. Transmitir el concepto sensible como una proyección intimista. Sólo se logra con el esfuerzo y el trabajo constante y sin desmayo, hasta lograr que el objeto tenga interés y capte la atención del espectador, dándole un motivo no sólo para admirar la obra, sino también para adentrarse en el mundo intimista del autor y llenar su espíritu de luz, vitalidad, color y musicalidad de la cultura mediterránea. Porque el centro y objeto fundamental de este proyecto es plasmar los valores de la cultura mediterránea a la sociedad, aunque afamados artistas ya lo hicieron en el pasado, formando parte de estos aspectos tiene la originalidad de no haber sido tratados con esta técnica hasta ahora.


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METODOLOGÍA Se trata de captar fundamentalmente la luz, el color del Mediterráneo.

MATERIAL COMPLENTARIO LIBROS: -“Tras las huellas del pasado” -“Teruel, Historia y Arte” -“El color de la ira”. -“De ayer a hoy, historia de la medicina”


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Reseña de El Color de la Ira Ana Castañer Cuando se cumplen 70 años del fin de la Guerra Civil Española, el pasado del país nuestro revive el fragor de los cañones, de las bombas, de las balas. El hambre, la miseria y el frío... El furor homicida mataba a diestra y siniestra, sin respetar ni vidas, ni bienes... del ayer, de ese ayer que fluye en la memoria para recordar que nunca vuelva a suceder, trata este pequeño libro que recoge parte del legado familiar y que muestra cómo nuestra ciudad sufrió el azote de la destrucción. Las historias de algunos turolenses mostrarán cómo sufrieron en aquel tiempo y cómo dieron sus vidas en uno y otro bando. Teruel tuvo un protagonismo de desolación y muerte durante la Guerra Civil. El documento gráfico, a partir de las fotografías familiares, nos traslada a ese momento histórico de sufrimiento y destrucción. Los hechos que viven los protagonistas deben estar enmarcados en una determinada geografía, cronología y sociedad que no puede variarse bajo ningún tipo de licencia para acreditar su autenticidad. Sin tener la vivencia personal del momento, este libro pretende explorar mediante las imágenes del submundo fratricida vivido en España y que Teruel sufrió de manera acentuada por los durísimos enfrentamientos y por la crudeza del clima que contribuyó a hacer de Teruel un lugar especialmente singular en la contienda. Los autores de El color de la ira son todos ellos miembros de una misma familia; madre y dos hijos, cuyos antecedentes destacaríamos en el ámbito intelectual tanto en el campo científico como en el artístico y cultural. 87


Ana Castañer Dra. en Psicología, Licenciada en Hispánicas. Ana Pobo Castañer Prof. de primaria, Bibliotecaria. Juan Pobo Castañer Diplomado en Económicas y Derecho. Jefe de Deportes en la Ser (Teruel) El libro contiene un reportaje fotográfico e histórico familiar con destacadas acciones en la contienda. Anexos con vivencias en los dos "bandos". Impreso por Perruca Industria Gráfica

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RESEÑA SOBRE EL LIBRO SOBRE EL JAMÓN Y LA MATANZA Ana Castañer El libro sobre el Jamón y la Matanza es un pequeño volumen, editado por Alianza Editorial en edición de bolsillo, en el que se recoge en su  inicio una introducción antropológica de lo que ha significado el cerdo y el jamón, en la iconografía de las catedrales, en la literatura, y en las religiones. Breve pero concisa, da a conocer los afectos y rechazos que este noble animal (el cerdo) y sus derivados han tenido y tienen en diferentes culturas. El libro, que fue una de las primeras monografías que se escribieron sobre el jamón, recoge algunas recetas para elaborar con este rico manjar destacando el Jamón de Teruel por sus excelentes cualidades.  Así mismo recoge recetas de productos del cerdo típico de esta región aragonesa tan dotada de ricos manjares.

Autoras: Ana Castañer y Teresa Fuentes

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Letrina #11 enero - febrero 2014  

LETRINA es tu revista de literatura (verso, narrativa, ensayo, crítica literaria, foto, dibujo, comic y muchas otras locuras) en la que todo...

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