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AÑO 12 • NÚMERO 148 • SEPTIEMBRE 2021

Inclusive

· 40 años de TASCHEN, entrevista exclusiva a Marlene Taschen · Tiresias, profeta por Zeus, ciego por Hera y andrógino por elección · La re-significación del género, un reto sociocultural · Glam rock y la estética del hedonismo andrógino

PRECIO AL PÚBLICO 25 PESOS

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Editorial

Índice 6 [El librero de] Ligia Urroz 8 Andróginas contra machos 10 12

José Luis Trueba Lara

[Infinitivos cuerpos] Travestir las palabras / Itzel Mar [Poesía] Tiresias, profeta ciego y andrógino Julio Trujillo

14 El engaño de identificarse Sofía Grivas

16 Entrevista a Marlene Taschen Julio Trujillo

18 La re-significación del género Fabián V. Escalante

20 [Música]

Glam rock y la estética del hedonismo andrógino Gilberto Díaz

22 Entrevista a Claudia Posadas Julio Trujillo

24 Las sinfonías de Roberto Calasso Julio Trujillo

26 [Púlsares del confinamiento]

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Directora General y editora

Inclusive

l mito es preciso y nos revela nuestra condena eterna. El Banquete, de Platón, lo cuenta con todos sus detalles: los andróginos eran seres perfectos que no necesitaban a nadie para ser completos y absolutamente plenos. Daba igual si estaban formados por una pareja de varones, de mujeres o si se trataba de una criatura mixta. Ellos se amaban a sí mismos y no necesitaban a nadie más para lograr la fusión perfecta del abrazo que era tan largo como su existencia. Sin embargo, la desgracia los alcanzó con toda su furia: el poder del Olimpo los castigó de la peor manera posible y los partió para condenarlos a buscar su mitad perdida. Desde entonces, todos vagamos por el mundo buscando nuestra mitad perdida, nuestro complemento perfecto, nuestro amor ideal. Y, para nuestra desgracia, apenas unos pocos lograron hallarlo, mientras que la existencia de la mayoría de los seres humanos transcurre sin poder sanar la herida del antiguo desgarramiento. La mitad perdida y perfecta nunca fue hallada. Andando el tiempo, en el Diccionario de la rae, su definición cambió, y el mito platónico casi quedó atrás: un andrógino es una persona “cuyos rasgos externos no corresponden definidamente con los propios de su sexo”. Las palabras del diccionario tienen consecuencias interesantes: se trata de un ser casi dual, de un individuo sin fronteras precisas; de alguien que es y no es; de una totalidad que se muestra como un desafío o como una imagen que pone en entredicho la construcción tradicional del género. Ellos nos obligan a poner sobre la mesa las ideas de la inclusión, de lo inclusive y lo inclusivo; la posibilidad de que las personas sean capaces de decidir quiénes son más allá de las determinaciones sociales y las realidades que a ratos huelen a rancio. Este número de Lee+ reflexiona sobre la libertad para fluir entre géneros, elecciones y diferencias; por ello busca asomarse a algunas de las facetas de los seres que se revelaron al castigo del Olimpo y nos colocan ante la discusión de lo diverso y la necesidad de integrar todas las opciones. +

Tamara Kamenszain, testamento y poética en tiempos suspendidos Claudia Posadas

30 Entrevista a José Luis Trueba Lara Irma Gallo

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El librero de Ligia Urroz

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E

n una entrevista que se publicó a comienzos de este año, Ligia Urroz contó un hecho fundamental de su vida: “Cuando salimos de la guerra en Nicaragua y llegamos a México, a donde arribamos absolutamente sin nada, le dije a mi papá que quería estudiar en el Conservatorio, y él me dijo: ‘No Ligia, ¡te vas a morir de hambre! Tienes que estudiar algo que por lo menos te deje dinero para sobrevivir. Tú tienes que ser una mujer independiente’”. Por eso, en una parte de su biblioteca tiene los libros técnicos, absolutamente alejados de la literatura; sin embargo, ahí también están sus otras pasiones: la lectura incesante, la escritura —su novela más reciente se titula Somoza (Planeta, 2021)— y la música, pues también es una guitarrista que se mueve entre los más distintos géneros. Incluso, en un rincón muy especial de su biblioteca, se encuentra el violín de su abuelo, quien fue el primer violín y director de la Orquesta Sinfónica de Nicaragua. Ese instrumento la custodia mientras está en su biblioteca.

Me da mucho gusto darles la bienvenida a uno de mis lugares favoritos: mi biblioteca. Aquí trabajo, aquí me pierdo por horas leyendo, escribiendo, escuchando música clásica, algo que me viene de mi abuelo. En estos libreros están mis pasiones y mis obsesiones. Soy una maniática del orden; todo me gusta extremadamente organizado; por eso tengo mis libros ordenados por género y autor: tengo una sección de novela, otra de poesía, un lugar especial para los libros de cuando estudiaba —son de finanzas y de economía—, y lo mismo me ocurre con las obras de espiritualidad, filosofía, vino y arte. Además, mis libros están acomodados de manera alfabética de acuerdo con el apellido de su autor. A mí me gusta muchísimo subrayarlos, aunque para algunas personas esto represente un sacrilegio. Mi relación con ellos es linda, por eso los marco, los anoto, les doblo sus paginitas; también les pongo la fecha del momento en que los leo. Desde pequeña he vivido alrededor de los libros. Aprendí a leer a los tres años, sin que nadie me enseñara, y desde entonces he leído de todo. Creo que mi primera novela, la que fue totalmente iniciática, fue Mujercitas, de Louisa May Alcott. La edición que hoy tengo es muy linda —la publicó Akal—, está ilustrada, anotada y es uno de mis mayores tesoros. Algo parecido me ocurrió con El diario de Ana Frank. Obviamente, después de estas obras iniciáticas, encontré otras que me han encantado por su estética, por su construcción y, por supuesto, entre ellas también están las que más me han emocionado. Estas lecturas son resultado de los instantes específicos en los que un libro te llega y se amolda a tu estado de ánimo; eso fue lo que me pasó con La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Recuerdo que la leí en un momento de quiebre en mi vida, por eso la tengo llorada: sus páginas están marcadas por las lágrimas y el café. Todos estos libros y todas las lecturas a las que acudes forman parte de tu esencia, parte de tu alma. Otro de mis libros preferidos es El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. ¿Qué les puedo decir de él? Es una inmensa novela; en ella vemos al hombre enfrentándose con la naturaleza y con él mismo; a alguien que se hace las mismas preguntas que siempre nos hemos hecho y nos seguiremos haciendo. En este libro hay una frase que siempre me llega al alma: “Cuando salió el sol había una niebla blanca, muy cálida y pegajosa, más cegadora que la noche”.

Ve la entrevista en mascultura.mx y en YouTube revistaleemasdegandhi

Una cosa que me encanta es que los autores a los que conozco y les tengo muchísimo cariño me dediquen sus libros. Uno de ellos, Andrés Neuman —un amigo superquerido—, me ha regalado dedicatorias extraordinarias, y lo mismo me sucede con Alberto Ruy Sánchez y Carlos Velázquez. Aunque también tengo libros dedicados por algunos premios Nobel. Éstos forman un acervo que les voy a dejar a mis hijos. Uno de mis mayores tesoros es un libro de Gabriel García Márquez: la primera edición de Cien años de soledad, que hizo Sudamericana. Lo tengo guardado y protegido para que la humedad no lo dañe. Desde la adolescencia le guardo un gran amor al boom latinoamericano, y tengo una anécdota con García Márquez: lo conocí cuando tendría 15 o 16 años. Mi papá lo trataba desde antes y era su amigo. Un día lo acompañé a la tertulia que tenían. Mi papá me preguntó: —¿Quién es este señor? Gabo dijo que cómo iba yo a saber quién era y le interrumpí: —Por supuesto que sé quién es. Usted es don Gabriel García Márquez. Y le dije todo lo que había leído de él. Platicamos largo y tendido. Al final me dijo una cosa: “Chavala, creo que tú deberías escribir”. +


José Luis Trueba Lara

Andróginas contra machos S

in que nadie dijera “agua va”, un día amanecimos más mexicanos que de costumbre y las cosas se pusieron muy raras. De alguna manera se tenía que justificar la gran rebelión. El millón de muertos que causó el numerito del “quítate tú para que me ponga yo” debía servir para algo. Y, para lograr su transmutación en un drama significativo, nada mejor que apelar a la edificación de un “nuevo” nacionalismo, a la creación de los mexicanos que estarían a la altura de la Revolución (con mayúscula, si no es molestia) y al país que estaba a dos cuadras de transformarse en una sucursal del paraíso. En muy poco tiempo, la nueva moda pegó con tubo: los indígenas quedaron obligados a parecerse a los pobladores de los murales; los obreros tenían la consigna de mostrarse como si posaran para un cartel del realismo socialista, y la gente que se autoproclamó revolucionaria con todas las de la ley se disfrazó sin grandes problemas: Diego y sus cuates andaban vestidos de obreros, y Frida se agenció un traje de tehuana con tal de no desentonar con los nuevos tiempos. Es más, si ella acostumbraba ponerse hasta las manitas con coñac, oficialmente nomás bebía tequila.

Contra lo que pudiera suponerse, las cosas no se quedaron de este tamaño, los triunfadores de la gran rebelión tenían que llegar más lejos. Cuando las balaceras comenzaron a sosegarse y se inició la misa negra de los sonorenses, las mujeres que anduvieron en la bola quedaron obligadas a mutar en seres que se ajustaban a los imaginarios. Las soldaderas —descritas por Salvador Novo como una serie de Catalinas de Médici encuadernadas a la rústica— se convirtieron en las adelitas, que presagiaban a las verdaderas mexicanas, a las hembras que sí estaban a la altura de la gesta y de la patria. Las fotografías del Archivo Casasola, cuidadosamente seleccionadas y editadas, dieron paso al nuevo mito: el de la chimiscolera que acompañaba a su Juan y se la rifaba en las balaceras con tal de alcanzar la tierra de la gran promesa. En el mundo creado por los sonorenses y sus empleados más leales, la mujer mexicana fue condenada a descubrir su verdadero y único destino: representar un ejemplo de nacionalismo y asumir que estaba sometida o que, por lo menos, se encontraba en vías de ello. En el cine, por ejemplo, hasta María Félix terminó por agachar las orejas con tal de lograrlo. Las feministas también tenían que alinearse para cuadrar con los sueños mujeriles de los caudillos de la gran rebelión. Lo que de ellas se esperaba era preciso. Según las alzadísimas que participaron en el Primer Congreso Feminista de Yucatán, las revolucionarias tenían que enfrentarse a sus más siniestras enemigas: las mujeres que eran esclavas de la moda, las que hacían versos y leían novelas, las que sólo pintaban y bordaban, pues las verdaderas hijas de la bola sólo tenían por delante una vida “austera, sencilla y honesta”, la cual les permitiría asumir la “responsabilidad de su deber cívico”, por lo menos esto es lo que se lee en los memorables acuerdos que tomaron en Yucatán. Estas imágenes tenían usos precisos: no sólo justificaban la gesta y el deber ser de los mexicanos, también resultaban exportables y ratificaron que la paz de a deveras había llegado para instalarse. México era el país de la pachanga sin miramientos, de las fiestas con cohetes y tiros al aire, el lugar donde los nacionales podían ser turistas en su tierra y, de pilón, donde los fuereños podían correr aventuras memorables. De este lado de la frontera sí podían emborracharse como 8

Dios manda y tener aventuras con las “lindas señoritas” que —por lo menos en teoría— se pasaban de castas. A golpe de vista, las cosas funcionaban a todo dar, pero —sin que nadie se diera mucha cuenta— el mal comenzó a asomarse para pervertir a las mexicanas:

las mujeres comenzaron a ir al cine y se encontraron con maneras de vivir que apantallaban a la más plantada; en las revistas y los periódicos se publicaban fotos de las damiselas que no posaban como Marías y, para colmo del horror, en los fonógrafos y los primeros tocadiscos sonaron piezas frenéticas y sobradamente calenturientas. Incluso, debido a la malevolencia de esos medios, algunas comenzaron a modificar su cuerpo: las señas de identidad del nacionalismo revolucionario se fueron a la goma; asumieron el ideal de transformarse en algo que rimara con lo decó, con la modernidad que les permitía conducir automóviles, trabajar, hacer ejercicio e ir a las fiestas sin chaperones. La amenaza a la patria y a las buenas costumbres era real. La tradición y la modernidad no riman ni se arriman. Por lo tanto, algo había que hacer para frenar la degeneración y las costumbres extranjerizantes que se encarnaban en las pelonas, enloquecidas por el shimmy y el jazz; con las trinches viejas que parecían andróginas con los nuevos vestidos, que renegaban de los rebozos, y que —para colmo del horror— se cortaban sus púdicas trenzas para peinarse como chamacos flacuchos que no tenían nada agarrable ni apretujable. Eso de andar con las patas al aire y bailar como epilépticas era cosa de pirujas. Ante tamaño problema, más de tres desenfundaron sus plumas y la emprendieron en contra de estas chifladas que se mostraban como la versión autóctona de las flappers. Algunos médicos señalaron que esas danzas impías provocaban esterilidad, y otros, aún más radicales, sostuvieron que le abrían la puerta a la homosexualidad, pues —a la hora de la hora— el machín mexicanísimo y revolucionario no se podía dar cuenta si se estaba fajoneando con melón o con sandía. Esos médicos y defensores de lo machín a carta cabal no fueron los únicos que escribieron en contra de las pelonas, en los poemas populares también hay augurios de la tormenta que estaba a un chirris de tronar: Se acabaron las pelonas, se acabó la pretensión. La que quiera ser pelona, pagará contribución. […] Las muchachas de mi tierra son flojas pa'l metate, quieren andar pelonas con sombrero de petate. Se acabaron las pizcas, se acabó el algodón, ya andan las pelonas de purito vacilón.


En foto: Las flappers

La posibilidad de ser pelona estaba cancelada: este camino sólo lo podían tomar las envilecidas extranjerizantes que perpetraban delitos contra la raza y la patria. Las flappers, debido a su dudosísima moral, seguramente contraerían enfermedades inconfesables, y su descendencia —al igual que la de las pirujas y las borrachas— quedaría marcada por la degeneración provocada por la sífilis o, al menos, caería en las garras del abominable alcoholismo, que era perseguido por los revolucionarios más radicales. Si las familias de las pelonas tenían otra idea, a nadie le importaba, no por casualidad el padre de una de ellas le dijo a un reportero de El Universal: “Vi a una de mis hijas, que también trabaja, pues somos pobres, que trataban de cortarle el pelo, que lleva a la moda actual, en uso de su perfecto derecho”, un derecho que —obviamente— valía menos que un papel mojado. Cuando la sangre estaba a nada de llegar al río, a las autoridades no les quedó más remedio que meter las manos: amenazaron a los cazapelonas con expulsarlos de sus escuelas si seguían haciendo de las suyas. Obviamente, a ninguno lo corrieron de la escuela; ellos nomás estaban protegiendo a la patria y las mexicanas de a deveras. “Nomás fue una muchachada sin consecuencias”, seguramente dijeron sus defensores. Por fortuna, algunos salieron a dar la cara por las flappers: en una de sus funciones, Esperanza Iris se aventó un discurso que, nomás con el título, anunciaba de qué lado iba a mascar la iguana: “El derecho de cortarse la melena, dedicado especialmente a las pelonas”. El periodista Jacobo Dalevuelta no se quedó atrás y, con ganas de venganza, propuso que “por cada pelona que sea rapada, se cortará el pelo a una trenzuda”. Incluso, algunos trabajadores se sumaron a las agredidas: en la avenida Niño Perdido, los camioneros pintaron letreros en sus vehículos en los que se afirmaba “¡Arriba las pelonas! ¡Les cobramos la mitad!” y algo parecido hicieron los cadetes del Colegio Militar, que retaron a duelo a los estudiantes de medicina. Los futuros médicos no levantaron el guante y nos quedamos con ganas de ver una campal de bisturís contra sables. Ni modo, así es la vida. Al final, las cosas se tranquilizaron, las pelonas se ganaron su lugar, y la historia le dio la razón a Julio Torri: “La antipatía por las pelonas revela sólo espíritu de pesadez. Aún combatidas nos distraen de la fealdad de la vida pública corriente […]. Oponerse a la tiranía de una moda femenina es el único acto de rebelión que carece de belleza y de cordura”. +

El banderazo que dieron este poema y los primeros textos en contra de esas mujerujas le soltó la rienda a la caballería antipelona. Desde ese momento, las cosas quedaron claras: ante la androginación de estas mujeres, no había de otra más que tomar medidas ejemplares que pasaran a la historia, con tal de condenarlas por el resto de la eternidad. En los murales de la Secretaría de Educación Pública, Diego Rivera las retrató como las pirujas arrepentidas que reciben de las revolucionarias las escobas que las redimieron; la prensa las denunció por sus conductas anómalas e inmorales y, para coronar esta cruzada a favor de la patria, los estudiantes también la emprendieron en contra de ellas. El 21 de julio de 1924, un grupo de alumnos de la Escuela Nacional Preparatoria tomó cartas en el asunto y rapó a una de esas zorras. El castigo a las ofensoras de las verdaderas mujeres mexicanas estaba justificado y, en un descuido, capaz que hasta se los festejaron en sus casas. La noticia corrió como reguero de pólvora y, al día siguiente, se sumaron a sus esfuerzos los estudiantes de la Escuela de Medicina. Juntos insultaron, empaparon y simularon rapes con todas las flappers que se les atravesaron. Al final de la jornada, uno de ellos le concedió una entrevista a El Universal para dejar claras las pretensiones de tan patriótico movimiento: “No estamos conformes con que las mujeres se pelen; pero mucho menos lo estamos con las feas. ¡Duro contra las feas que estén pelonas! No les toleraremos las pelucas. ¡O rapadas al cero o con trenzas como se ha usado desde los tiempos más remotos”. La duda es imposible: según este chamaco, las feas se veían más feas si eran pelonas, y las guapas perdían sus atractivos si se sumaban a la moda. Incluso, según se decía en los periódicos, estos muchachos cultos y nacionalistas arrastraron a dos de esas mujerzuelas a las regaderas de su escuela para lavarlas y trasquilarlas. Sus pelos, sus ropas y sus coloretes eran un insulto a la nación y a las familias. Ellas no podían cometer el pecado de lo extranjerizante y lo sicalíptico; su destino era beber del cáliz que las purificaría y las llevaría a la tierra prometida gracias a una tuzada de las buenas. Ellas —lo juro por mi santa madrecita— tenían la sagrada obligación de parecerse a las pobladoras de los murales que adornaban los edificios públicos y, de pilón, debían sumarse a las campañas de ingeniería social que emprendió el Estado desde los años veinte.

9 José Luis Trueba Lara. Escritor, editor y profe. Colabora en la radio y de pilón sale en la tele. Duerme la siesta con su esposa y ha publicado varios libros. Es un lector que ha llegado al extremo de trabajar para pagarse el vicio. Twitter: @TruebaLara


Foto: Catalina Bartolomé

Infinitivos cuerpos

Itzel Mar

Travestir las palabras I

nfancia y anatomía son destino, nos insiste Freud desde hace más de un siglo. Pero advierte que dichas construcciones se vuelven indescifrables sin la idea del inconsciente; es decir, ambas son lo que son y algo más. Las capacidades biológicas proporcionan claramente el potencial a partir del que se configura la existencia humana y fijan el límite de las actividades sociales. La cópula, la reproducción y la muerte son prueba de ello. Así también, las diferencias genéticas afectan la apariencia física, la fuerza y la longevidad. Sin embargo, ni automáticas, ni absolutamente predeterminadas, se expresan las identidades sexuales: suelen ser contingentes y modificables, y dependen de las relaciones. Existe un reino psíquico con dinámica propia, reglas particulares y con una historia en que las posibilidades de los cuerpos adquieren significado. La manera en que cada uno simboliza, siente y se representa es irrepetible. El inconsciente es un espacio de conflicto entre ideas, recuerdos y deseos —sobre todo sexuales— cuyo acceso negamos a la conciencia a través de la represión y de otros mecanismos de defensa. Esas ideas, deseos y recuerdos son, por supuesto, muy antiguos. Freud lo resume así: “Lo que es inconsciente en la vida mental es siempre infantil”. Pero me gusta más cómo lo dicen los versos de Louise Glück: “Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. / El resto es memoria”.

De niña solía tropezarse con su nombre: Cristian Omar; al escucharlo, aparecía de inmediato la sensación de que no era ella a quien llamaban. Pronto supo que puede transcurrir mucho tiempo antes de que tu nombre coincida con tu forma de mover las caderas y de escribir, con tu entrepierna. No orinar de pie representó su estrategia de desobediencia. A través de la intolerancia de su padre, conoció desde muy temprano en qué consistían el miedo y el desamparo. Los castigos la llevaron a pasar largas temporadas ensimismada en la curiosidad; ahí comenzó a transformarse en ella misma, Camila Sosa Villada: mujer, actriz, cantante, bloguera, escritora, sobreviviente. Y antes de convertirse en una autora asediada, también se desempeñó como empleada doméstica, prostituta y vendedora ambulante. Nació en La Falda, provincia de Córdoba, Argentina, en 1982; dieciséis años más tarde comenzó a travestirse. Se pintaba con el maquillaje que le robaba a su madre. Un lápiz labial rojo y un pantalón muy corto bastaban para atraer a trabajadores y camioneros, a quienes complacía y masturbaba. Estudió cuatro años de comunicación social, y otros cuatro de teatro en la Universidad de Córdoba. Las malas, publicado en 2019 dentro de la colección Rara Avis, de editorial Tusquets, se ha convertido en un fenómeno editorial, con ocho ediciones, más de 16 mil ejemplares vendidos y merecedor del Premio Sor Juana de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2020. Obra en que Camila Sosa Villada es la protagonista de Camila Sosa Villada. La historia da inicio en el parque Sarmiento, donde a pesar de que constantemente es invierno las travestis andan con las tetas al aire en busca de clientes. Ahí, la Tía Encarna, matrona de todas, escucha el llanto de un bebé que ha sido abandonado en medio del frío y, entonces, decide correr el riesgo de quedárselo. La peculiar tribu bautiza al niño como El Brillo de los Ojos. Él recibe el amor que a ellas no les fue concedido y se convierte en el símbolo de un futuro mejor. Inquieta la entrañable y minuciosa construcción psicológica de los personajes, quienes conmueven profundamente y dan sentido al rumbo de la trama, comenzando por la Tía Encarna. Mujer de 178 años cuyo cuerpo lleno de cicatrices por los golpes a los que ha sido sometida resulta un recordatorio de la violencia y la invisibilidad de la minoría travesti; sin embargo, ese mismo cuerpo, generoso, representa el hogar materno, la aceptación y la sororidad, “exageraba como una madre, controlaba como una madre, era cruel como una madre” y, al mismo tiempo, era capaz de pasar “el día entero intentando extirpar algún virus de nuestro cuerpo o algún pelo encarnado en el bigote”. También está La Machi Travesti, una especie de curandera casi milagrosa que procura la salud y la buena apariencia de sus compañeras; y María la Muda, íntima amiga de la Tía, quien asume gran parte del cuidado de El Brillo de los Ojos; o Sandra, la travesti a la que le da por llorar frente a los clientes porque padece de una crónica melancolía. El gran recibimiento que ha tenido Las malas quizá se debe a la contundencia de una escritura honesta y feroz, que despierta impulsos de justicia y bondad, y desvela territorios de iniciación desconocidos para la mayoría, donde la hermandad se superpone al odio y la sobrevivencia embellece a los personajes y conmociona al lector. Una extraña lírica del sufrimiento y la textura emotiva de las palabras también transgreden y vuelven al libro inclasificable. Porque estrictamente no nos encontramos ante una crónica, un testimonio, un volumen de poesía o una novela, pero sí tenemos un texto que transita entre géneros. Después de todo, sólo es posible escribir un buen libro “pasándose de la raya”, infringiendo reglas y costumbres, travistiéndose. De no ser así, ¿cómo habrían creado Flaubert a Madame Bovary, León Tolstoi a Ana Karenina, Virginia Wolf a Orlando, Nabokov a Lolita y Mary Shelley a Frankenstein? +

10 Itzel Mar. Poeta, editora y psicóloga. Disfruta releer muchas veces sus libros preferidos e inventar palabras. Twitter: @aegina23.


Julio Trujillo

PROFETA CIEGO

TIRESIAS,

Y ANDRÓGINO

Z

eus y Hera están discutiendo (y se entiende, llevan millones de años casados): suelen hacerlo después de coger como dioses. El motivo de la disputa es fascinante: ¿quién siente más placer: las mujeres o los hombres? Como son orgullosísimos, abogan por el otro: Zeus dice que las mujeres sienten más placer y Hera dice que los hombres. Se trata, pues, de presumir quién de ellos da más placer. Para dirimir una cuestión que entre ellos dos no iban a resolver jamás, llaman a Tiresias, que nació hombre, se transformó en mujer y volvió a ser hombre: el juez andrógino ideal para zanjar tan divina y endemoniada cuestión. Le explican sus argumentos y esperan su respuesta, y esto es lo que responde Tiresias: Si las partes del placer se contaran en diez, una iría para el hombre y nueve para la mujer. Zeus sonríe, y Hera, que no posee una alta tolerancia a la frustración, deja ciego a Tiresias en ese momento. Zeus no puede deshacer lo que otro dios ha hecho, pero, conmovido con Tiresias, para contrarrestar la ceguera, le otorga el don de la visión interior y una vida tan larga como siete generaciones. Es así como el viejo profeta ciego va a aparecer en todas las mitografías y tragedias: en Sófocles, en Eurípides, en Ovidio, en Apolodoro, en Hesíodo y, por supuesto, en Homero. ··· Pero, ¿cómo había comenzado todo? Unos cuentan que, una vez, en el monte Cilene, en la península del Peloponeso, el joven Tiresias había visto a dos serpientes copulando. Cuando lo atacaron, golpeó a una de ellas con su bastón, matando a la hembra. Inmediatamente, Tiresias fue convertido en mujer y así permaneció durante siete años (y llegó a ser una famosa prostituta, cuenta Robert Graves), al cabo de los cuales volvió a ver la misma escena de dos serpientes copulando. Esta vez mató al macho y se transformó de inmediato en un hombre de nuevo. ··· Pero, ¿cómo había comenzado todo? Otros cuentan que, en una ocasión, la diosa de la belleza y del amor, Afrodita, competía con las tres gracias: Calé, Eufrosine y Pasítea. Discutían sobre quién era la más bella de todas. Y, claro, hicieron llamar a Tiresias, quien osó juzgar que Calé era la más bella. ¡La rabia de Afrodita aún se recuerda! ¡Cómo convirtió a Tiresias en una anciana! Calé, conmovida, se llevó a la viejita a Creta, donde cuidó de ella.

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Pero, ¿cómo había comenzado todo? Se cuenta que, en una ocasión en que Tiresias vio a Atenea desnuda mientras se bañaba, ésta lo cegó, pero se apiadó de él y le ordenó a la serpiente Erictonius que limpiara los oídos de Tiresias con su lengua, para que así pudiera entender el lenguaje de los pájaros. Y así, escuchando a las aves, Tiresias elaboraba sus profecías. ··· Así había comenzado todo. “Las figuras del mito viven muchas vidas y muchas muertes, a diferencia de los personajes de la novela, vinculados en cada ocasión a un único gesto”, dice Roberto Calasso. Tiresias se hizo célebre a través de las ciudades de Beocia por sus respuestas infalibles. Eurípides, en Las fenicias, le hace decir al visionario: “Ustedes quieren saber todo. Pronto querrán ignorar todo”. Y sí, a veces es mejor ignorar el destino propio… Pero, a nuestros ojos, no es la visión interior de Tiresias, ni su poder profético, ni su comprensión del lenguaje de las aves, ni su experiencia de siete generaciones lo que lo hace único (siempre ha habido adivinos, profetas, sibilas, pitonisas…), sino el hecho de que haya sido hombre, mujer y hombre. Algunas crónicas lo hacen cambiar de sexo constantemente, volviéndolo el andrógino perfecto. Su leyenda llega hasta nuestros días de varias formas, una de ellas, a manera de superstición: en la India se dice que, si ves dos serpientes, de inmediato te conviertes en homosexual. ··· Nosotros también podemos sacar conclusiones sin ayuda de los eruditos mitógrafos: pues, ¿no es verosímil que alguien que ha sido hombre, mujer y hombre sea más sabio que el que no? ¿No es verosímil que quien ha conocido y vivido la vida como hombre y como mujer tenga una visión profunda y afilada, casi diríamos una visión interior? El andrógino pierde los ojos, es decir, deja de necesitarlos, porque aprende a ver, ya sin dicotomías, sin conflictos, sin separación. ··· ¿De qué otra forma llega Tiresias hasta nuestros días? En 2014, la cantante de rap inglesa Kate Tempest publicó un fascinante libro de poesía: la historia de Tiresias. Lectora compulsiva de los mitos y brillante intérprete de su tensión en nosotros, Tempest adapta la vida de Tiresias a un barrio londinense, donde vive una pubertad y una adolescencia tormentosas: es buleado, es tímido, su cuerpo cambia… Todo ello en versos rimados que, sí, se deben leer a ritmo hip-hopero. Una chulada. Pero Hold your own (así se titula el libro) no es una mera relectura, esto lo sabe bien Tempest, sino la pulsión del mito en la sangre del presente. Años después, en un comunicado, Kate Tempest le anunciaba al mundo que su nuevo nombre era Kae, no Kate, y se definía como no-binaria. They-them: así pide Tempest ser considerada. Sin lugar a dudas, Tiresias querría ser interpelado como they-them. ··· ¿Cómo comenzó todo? Con un hombre joven que al interrumpir la cópula de dos serpientes y matar a la hembra se convierte en mujer, y tiene, durante siete años, vida de mujer, hasta que vuelve a ver la misma escena y, esta vez, mata a la serpiente macho, convirtiéndose de vuelta en hombre. Esto vuelve a Tiresias un juez sin igual para apreciar las diferencias entre ambos sexos. Su juicio acarrea una furia tal que termina cegado, pero con visión de profeta y una larguísima vida. La vida del hombre que fue mujer y puede adivinar el futuro. Pocos superpoderes se le comparan. ··· ¿Y cómo termina todo? Tiresias, el profeta, quien predijo los destinos de Narciso y de Edipo, vio también su propio destino, y lo aceptó con la calma de los sabios y tal vez con el hartazgo de la longevidad. En un amanecer, huyendo de la ciudad de Tebas con toda su gente, Tiresias se separó del grupo para beber agua del río Tilphussa, y tranquilamente murió. +

Julio Trujillo. Poeta. Le gustan las esdrújulas, la poesía inglesa y el café cargado. Su libro más reciente es Jueves (Trilce, 2021). Twitter: @amadonegro.


Poesía

EL PROFETA TIRESIAS Kate Tempest

Así que después de todo, con tres vidas detrás de ti y justo cuando encontraste algo de paz, te arrastran ante los dioses sin mencionar las vidas que has vivido, las cosas que has aprendido a cultivar, como vivir en el momento. Estarías enojado de no estar resignado a no dejar que nada te tome por sorpresa nunca más. Ese primer, oscuro viaje, rogándole a tus pies que te llevaran a un lugar conocido, todo el mundo girando contigo. La oscuridad. La falta de aliento. Los aullidos de Hera aún resuenan en tus oídos, la sensación de unas manos de dios sobre tu frente, la náusea súbita que te asaltó. Se nublaron tus ojos, al principio sólo eran puntos negros expandiéndose, hasta la nada. Te esforzabas por ver alrededor de la mancha, a través de algo, empujando, y nada. Pero adentro otra visión, otro sentido están creciendo, alguna liviandad en algún lado, la sensación de una certeza, la cosquilla de un propósito, el miedo, la duda. Aquí vienen.

Versión de Julio Trujillo Tomado del libro Hold your own, Picador, 2014

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Sofía Grivas

El engaño de identificarse E

stamos en un momento crítico de re-construcción de la definición de géneros y roles en nuestra sociedad. Vivimos una intensa búsqueda de la equidad, que nos ha llevado a explorar distintos y necesarios territorios como el lenguaje incluyente. Decir él, ella y ahora elle es situar a una persona en el mundo. Pero, al determinar algo en apariencia tan sencillo, al darle fronteras claras y limitarlo, estamos también vinculándolo con una carga de información construida socialmente.

Desde la lógica de los constructores y programadores de softwares —mercado dominado principalmente por hombres—, lo más sensato es que el nombre y la voz para un asistente virtual sea femenino: Siri, Alexa, Cortana o cualquier voz de asistente virtual programada por default (Google Maps, Waze, etc.). No es casual que la película Her trate de un sistema operativo del cual el protagonista se enamora, y que tiene la muy atractiva voz femenina de Scarlett Johansson. ¿Por qué sucede esto? Porque las mujeres han sido históricamente confinadas al papel de asistente, secretaria y subordinada. Por ello, decidir que la voz principal de los asistentes virtuales sea femenina —esa pequeña y, en apariencia, inofensiva decisión— recrea y perpetúa este estereotipo sobre las mujeres. ¿Resulta necesario que un robot, un programa, una interfaz o un asistente virtual tenga un género definido por defecto? En principio, no. Sin embargo, desde sus orígenes, el robot se planteó no como una máquina abstracta, sino como una máquina humanizada. Por lo tanto, es difícil que la noción de género parezca ajena. Se trata de un hecho comprobado científicamente: los humanos reaccionamos de manera espontánea al detectar el género de nuestro interlocutor. Por eso algunas personas experimentan como perturbador el hecho de no poder juzgar con seguridad a los no binarios. En cambio, desde otra perspectiva, lo andrógino puede ser visto como una opción de igualdad, pues al no identificar plenamente el género existe una suerte de borramiento de las diferencias. Una de las primeras prácticas de travestismo o androginia se dio en el teatro. Como sabemos, en siglos pasados las mujeres tenían menos derechos y libertades. Un ejemplo verdaderamente absurdo fue la prohibición de participar en obras de teatro. En la Inglaterra isabelina, los personajes femeninos eran interpretados por hombres —en su mayoría adolescentes— vestidos de mujeres. En un artículo para el diario ABC, Julio Bravo describe una escena insólita de este periodo: “El actor y poeta Thomas Jordan escribió, antes de una representación de Otelo, de Shakespeare, en diciembre de 1660, una advertencia al público: el papel de Desdémona lo iba a interpretar una mujer verdadera”. Algo similar sucedía en Japón, en el teatro kabuki, para el que también estaba prohibida la intervención de las mujeres, y los onnagata —hombres travestidos— interpretaban los roles femeninos. En el arte, el encanto de lo sexualmente difuso se encuentra presente de forma perpetua, desde las antiguas representaciones de dioses egipcios o de los ángeles renacentistas hasta los muxes contemporáneos en Juchitán, o La Revolución, obra de Fabián Cháirez, mejor conocida como “el Zapata gay”, exhibida en 2019 en el Palacio de Bellas Artes, que desató una controversia entre las 14

libertades de expresión y sexual y los rincones más polvosos del conservadurismo nacional. La imagen, un Zapata desnudo, feminizado y en tacones, sobre un caballo, provocó manifestaciones, incluso encuentros violentos. Lo que determina y divide lo femenino de lo masculino ha ido cambiando. Los tacones, por ejemplo, fueron, en principio, exclusivamente para el uso de los hombres: desde los persas del siglo x, que los usaban para sostenerse mejor al estribo de los caballos, hasta el calzado de la aristocracia francesa o las botas de los cowboys. Con el maquillaje pasa algo similar: en el Antiguo Egipto, por ejemplo, era un símbolo de poder, y ¡qué decir de cabello largo! Las referencias y los usos se han adaptado a distintos momentos y contextos que determinan los significados de estos accesorios. Tomemos un par de muestras de la pintura prerrafaelita (1848). En el cuadro La Esperanza consolando al Amor cautivo, de Sidney Harold Meteyard, el Amor posee un rostro que podría ser de hombre o de mujer; no lleva el pelo ni largo ni corto; sostiene una corona de flores; tiene un cuerpo delgado, similar al de un adolescente, pero las ataduras o vendajes que cubren la zona púbica y el pecho preservan el secreto de su sexualidad. Y la obra El sueño del día, de Dante Gabriel Rossetti, presenta una ambigua figura con rasgos inciertos, sentada en un jardín. Todo parece contradictorio: el ambiente, la pose y la ropa son extremadamente femeninos; aun así, hay rasgos masculinos, como las manos, delicadas pero fuertes y grandes; los pies, en una zapatilla suave pero de tamaño exagerado, y el cuerpo, ancho y voluminoso. El rostro, aunque muy bello, no parece definirse tampoco. La imagen resulta sugerente y desconcertante. El tercer ejemplo que tomaré de los prerrafaelitas es la obra de Simeon Solomon. Condenado al olvido y a la soledad por sus contemporáneos, Solomon vivió en una época en la que la homosexualidad todavía se consideraba un delito y existían límites asfixiantes en lo moralmente permitido. Solomon quedó al margen de las exposiciones y de la vida cultural después de haber sido arrestado en un baño público, acusado de exhibición indecente y “tentativa de comisión de sodomía”. En su obra Noche, presenta un rostro difuso, con ojos cerrados y de perfil, puede pertenecer a un hombre o a una mujer. En rigor, esto no tiene importancia; la misma técnica que construye esta imagen la hace borrosa, y juega simbólicamente con el borramiento de género. Definir el género, tanto en la vida real como en una pintura, nos reduce a una construcción social cargada de prejuicios. ¿Será que no hay nada más liberador que lo no binario? Según la Real Academia Española, andrógino es un adjetivo que se refiere a una persona cuyos rasgos no corresponden de manera definida con los propios de su sexo. Actualmente, la androginia no debe ser vista como una indeterminación de género, sino como una identidad en sí misma. Lo ambiguo, lo indefinible, lo neutro

Sofía Grivas. Licenciada en publicidad y maestra en historia del arte moderno y contemporáneo. Ha trabajado en El Colegio Nacional, Conaculta y FotoMx. Ha colaborado con artículos e ilustraciones en Revista SP, Siempre, Lee+ y Este País. Twitter: @migajadetiempo


El sueño del día (The Day dream) (1880), de Dante Gabriel Rossetti. The Victoria and Albert Museum.

rompen barreras; representan la libertad de existir sin definición. Decirse andrógino significa asumir un estado híbrido, embrionario, como el del axolote. Por esto, se debe tener en cuenta la importancia de lo singénero, sobre todo en las nuevas tecnologías de la Inteligencia Artificial. Regresemos a los asistentes virtuales. Kaitlyn Barclay, en un artículo para Fast Company, reflexiona al respecto: “Una encuesta reciente de AppDynamics encontró que 84% de los millennials usan asistentes activados por voz para administrar su vida diaria. Entonces, ¿cómo dirigimos la tecnología hacia un futuro que desentrañe los prejuicios inconscientes, en lugar de reforzarlos? Siri, Alexa y Cortana pueden ser las feministas más impactantes de nuestro tiempo, si tan sólo se deshacen de un rasgo programado: el género”. ¿Cómo no perpetuar los estereotipos cuando estos asistentes virtuales se utilizan masivamente en la cotidianidad? A principios de 2019, Amazon anunció que llevaba vendidos más de 100 millones de dispositivos con tecnología Alexa. La industria de los speakers inteligentes se encuentra en gran crecimiento; para 2021, se prevén más de 163 millones de usuarios. ¿Qué implicaciones tiene que un gigante tecnológico utilice este nombre? Según el South China Morning Post, muchísimas niñas y jóvenes llamadas Alexa se han convertido en blanco de burlas, bullying y hasta acoso sexual. Muchos de los padres se replantean seriamente cambiarles el nombre a sus hijas, y algunos ya lo han hecho, según reportes de la BBC. Para Lauren Johnson, madre de una de las niñas con este nombre, el problema reside en que Amazon cambió para siempre el significado del nombre Alexa, convirtiéndolo en sinónimo de “sirvienta”. En 2016, fue presentado el robot humanoide llamado Sophia, construido con identidad de género. Lo que más llama la atención es que este mecanismo haya recibido en 2017 la ciudadanía saudita. El hecho resulta polémico, no sólo por tratarse del primer robot en tener este honor, sino porque hasta hace muy poco los derechos de las mujeres en Arabia Saudita seguían siendo obtusamente limitados. Un robot que aparenta ser una mujer tiene más libertades que una mujer real. Sophia no necesita usar velo o abaya, vestimenta impuesta a las mujeres en la ley islámica; tampoco requiere un tutor o guardián, y como ciudadana puede tener un pasaporte y viajar libremente, lo cual no es accesible para todas las mujeres sauditas. ¿Puede un nombre o un pronombre personal cambiar nuestra relación con el mundo? +

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s difícil encontrar una casa que no tenga un libro de TASCHEN. Ante los precios prohibitivos de los libros de arte, esta editorial encontró la fórmula para ponerlos al alcance de la mayoría. Ahora, en su 40 aniversario, platicamos con su directora ejecutiva, Marlene Taschen, quien no tardó en felicitar a Gandhi por sus 50 años.

Dicen que la vida comienza a los 40. ¿Está comenzando la vida para TASCHEN? Permíteme comenzar la entrevista enviando mis felicitaciones a las librerías Gandhi por su 50 aniversario. Mantenerse en este negocio durante tantas décadas es un fantástico logro. Personalmente, creo que sólo funciona si eres capaz de evolucionar con los años. Y volviendo a tu pregunta, pienso que la vida a los 40 sigue. Se trata de un capítulo nuevo que forma parte de la misma historia. El panorama editorial ha cambiado enormemente desde que mi padre inició su negocio, hace 40 años; por ende, nuestra editorial y nosotros mismos. Pero nuestros valores siguen tan vigentes como antes: hacer publicaciones incluyentes, independientes e inspiradoras. Para celebrar nuestro 40 aniversario, hemos creado una nueva serie, que incluye títulos icónicos del programa como David Hockney, Basquiat y Peter Lindbergh, más compactos, a un precio muy asequible, y con la misma calidad impecable que nos caracteriza. Quiero añadir que hemos tenido el privilegio de poder comunicar al mundo el trabajo y la visión de incontables artistas y espíritus libres durante estos 40 años, y no podemos dejar de agradecerles a socios tan valiosos como Gandhi que nos hayan apoyado a lo largo de este viaje.

Foto: Joseph kadow

Entrevista a Marlene Taschen

E Julio Trujillo

LIBROS PARA OPTIMISTAS Has sido directora ejecutiva por cuatro años y creciste rodeada de libros de TASCHEN. ¿Qué aportaciones has traído a la compañía? Creo que mi gran contribución a la empresa es mi energía y, con ella, mi deseo de cambiar, colaborar y crecer. Pero también de cuidar y de atesorar los grandes cimientos que tiene la editorial, para poder construir desde ellos y no tratar de reinventar la rueda.

¿Cómo equilibras ser madre y directora? Encuentro que tener hijos y trabajar es una buena combinación. Para mí, ser madre ha resultado una experiencia expansiva, me suma más de lo que me quita. Por supuesto, en estos tiempos del coronavirus, ha ayudado el hecho de que el mundo se ralentizara, y que trabajar desde casa y viajar menos se convirtiera en la norma. Sin olvidar el hecho de que tengo una pareja que es un muy buen padre, muy amoroso con nuestras dos hijas. ¿Se puede democratizar el lujo? Sí, en efecto. Y TASCHEN es un ejemplo de ello. Nuestro leit motiv ha sido siempre hacer libros de arte accesibles para todos los bolsillos. Y cualquiera que sea el precio que marque la etiqueta, producimos todos nuestros libros con la misma atención por los detalles y los más altos niveles de calidad. Tal vez el mayor logro de TASCHEN haya sido poner libros de arte al alcance de todos. ¿Cómo lo consiguieron? Mi padre inició la editorial con ese objetivo: hacer libros de arte accesibles para todos. Los libros de edición limitada se realizan sin tener en cuenta el presupuesto, pero, posteriormente, reutilizamos los contenidos con diferentes formatos y precios. Así todos nuestros lectores tienen la oportunidad de comprar los libros que les gustan de acuerdo con el presupuesto del que disponen. ¿Cómo eligen sus títulos? Somos una editorial transversal e incluyente; no utilizamos tanto la mercadotecnia como la intuición y la inspiración para escoger los títulos que queremos hacer; de otra manera, hay libros que jamás hubieran podido hacerse. Sencillamente, hacemos los libros que nos gustan. Algunos tienen su origen en relaciones personales con


artistas, y, así, en muchos casos, un proyecto lleva a otro, siempre y cuando ambas partes estemos contentas de seguir trabajando juntas. Cada título implica el trabajo de mucha gente. ¿Te gusta seguir de cerca el proceso editorial? Tanto mi padre como yo nos involucramos completamente en cada proyecto. Hacer libros con los estándares de producción a los que estamos acostumbrados requiere un tremendo esfuerzo, pero el resultado vale la pena. También hacen libros de lujo. ¿Cómo equilibran ambos productos? Después de 40 años en el negocio y con un rango tan amplio de títulos, que van desde los 10 dólares hasta ediciones de arte y para coleccionistas de 35 mil, esto se ha convertido en nuestro adn. Pero creo que necesitas una cierta libertad de espíritu para ello. Algunas cosas en la vida se dan de manera simultánea; la vida no es blanco o negro. ¿Qué te ha enseñado TASCHEN sobre los hábitos de los lectores? ¿Cuáles son sus preferencias? Llegamos a una audiencia muy amplia. Encontramos un ejemplo reciente en el libro de Virgil Abloh, Icons, que superó todas nuestras expectativas, o la edición de colección de Depeche Mode, que se agotó en un fin de semana. Todos nuestros libros encuentran sus lectores. También hemos incrementado nuestro interés en temas ecológicos, como es el caso del libro de Julia Watson, Lo-TEK, o Amazônia, de Sebastião Salgado, recién salido de imprenta. ¿Cómo es tu relación profesional con tu padre, Benedikt Taschen? Cada uno tiene sus propias ideas, pero tenemos una relación personal y profesional muy fluida. Mi padre confía en mí cien por ciento. Somos muy afortunados de poder trabajar juntos. ¿Cómo ha sido tu colaboración con Rem Koolhas? Extraordinaria. Hemos hecho cinco libros con él hasta ahora. Los dos últimos son A Countryside Report y el inmenso Elements of Architecture, que son ya una referencia para arquitectos y estudiantes de arquitectura. Rem ha sido una gran inspiración para jóvenes profesionales de hoy en día; a través de sus libros, ha logrado introducir en nuestra editorial a alguien como Virgil Abloh, quien llegó a TASCHEN gracias a su admiración por Rem. Es muy bonito ver cómo una generación inspira a la siguiente.

La realidad de hoy no es bonita. Es un mundo de desigualdad, enfermedad, violencia y fragilidad ecológica. ¿Cómo se ve TASCHEN en este contexto? Desde la publicación del libro Genesis, de Sebastião Salgado, colaboramos con el Instituto Terra, creado por él y por su esposa, Lélia Wanick, comprando créditos de carbono cero. Gracias a esta iniciativa, cada libro de TASCHEN siembra una semilla. También hemos renunciado al embalaje y retractilado con plástico en un alto porcentaje de nuestros libros.

Peter Lindb ergh On Fashio n Photogr aphy

Los libros de TASCHEN son visuales, pero el texto también juega un rol. ¿Cómo se definen los contenidos? Un ejemplo reciente es el libro Gio Ponti, una edición que presenta toda su obra —que en breve llegará a México— y, además de un impecable diseño, cuenta con los textos de dos especialistas: Salvatore Licitra, que es el director del archivo de Ponti, y Stefano Casciani, quien fue director de la revista Domus; además de Brian Kish y, por supuesto, Lisa Ponti. Convocamos a los mejores autores para cada título. ¿Tienes libros favoritos de TASCHEN? Este año publicaremos el xxl de Las pinturas completas de Frida Kahlo. Se trata de un volumen sin precedentes sobre esta gran artista mexicana, fruto de una investigación realizada a lo largo de dos años por Luis Lozano, el autor, en colaboración con dos grandes especialistas, Andrea Kettenmann y Marina Vázquez Ramos. Fue un esfuerzo tremendo para nosotros. Pero logramos un libro a la medida de su obra, con un catálogo razonado, una biografía amena y en detalle, con una calidad de imágenes y un diseño asombrosos. ¿Hay un libro que sueñes con publicar y no hayas podido? Hasta ahora hemos podido hacer todos los libros que nos hemos propuesto. Es verdad que algunos proyectos se resisten a veces más que otros. En cuanto a libros, ¿el tamaño importa? Es importante hasta cierto punto. Nos gusta hacer libros grandes, porque así la obra de un artista se puede admirar en todo su esplendor. Pero solemos hacer un mismo libro en diferentes formatos.

ey David Hockn ía. 40th ed. Una cronolog

Frida Kah lo Obra pict órica com pleta

¿Ha cambiado tu filosofía de trabajo con la pandemia? Si no hubiera existido la pandemia, TASCHEN hubiera tenido el mejor año de su historia en 2020. Nos ha afectado, claro, pero también nos ha servido para enfocarnos en lo importante, reducir lo superfluo y ser más flexibles. Y hemos seguido haciendo libros con la misma pasión que siempre. Nuestro lema es hoy más vigente que nunca: “Hacemos libros para optimistas”. + Jean-Michel Basquiat 40th ed.

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Tema del mes

La re-significación del géner Fabián V. Escalante

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a búsqueda de empatía en la sociedad se ha convertido en algo muy exagerado desde el afán de ser incluyentes. Más allá de construir una sociedad en la que las personas cohabitan de manera pacífica, respetuosa y tolerante, éstas comienzan a hartarse de escuchar los mismos discursos de libertad de expresión, amor, igualdad y resistencia. He escuchado repetidas veces la frase “Hay asuntos más importantes por los que deberíamos preocuparnos”. Lastimosamente, quienes la dicen no se preocupan ni por una situación, ni por otra; sólo están “cansados” de escuchar los mismos temas que van de un medio a otro. Pero, ¿por qué para algunos resulta tan cansado el discurso de inclusión y respeto? Porque realmente no están acostumbrados a pasar por situaciones de incomodidad y de abuso. Nadie se pondría en los zapatos del otro que ha sido discriminado por su orientación sexual, tono de piel o estatus. Simplemente permanecen dentro de su burbuja de bienestar personal y hacen caso omiso del problema: si a ellos no les sucede, no existe. Por eso “exageramos” al querer construir una sociedad empática, en la que podamos existir. No podemos permanecer quietos cuando los derechos humanos de alguien son violentados; no se puede no exigir respeto sin que caiga en una provocación. Las personas que llaman berrinches a los posicionamientos —que ni conocen— de la generación actual son las mismas que hacen berrinche cuando se les habla de feminismo, cuando se exige igualdad, cuando les muestran cuerpos diversos y libres, y, claro, también están cansados de las siglas de la comunidad que “busca destruir al género y a la familia tradicional”, según ellos. Actualmente, podemos ver en muchos sitios esa inclusión que buscamos; sin embargo, a veces la presentan de una manera tan forzada —y hasta errónea— que es así como regresamos al problema inicial del hartazgo. Hablar de inclusión y diversidad no sólo significa hablar de las preferencias de cada ser. La diversidad es tan amplia —sexual, racial, cultural y religiosa, todo en un contexto multicultural— que intentar explicarla representa un reto, a pesar de que siempre ha formado parte de la cultura y de la historia, lo que ahora ha creado una educación al respecto. Al nacer, la historia comienza basándose en nuestros genitales: se asigna qué se puede vestir, con qué se puede jugar y qué se

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debe hacer o no. Esas construcciones socioculturales del género son las que la sociedad espera que sigamos para modelar nuestra vida, sin comprender que, al pasar el tiempo, la historia puede cambiar de rumbo por completo. Después de todo, estas decisiones pertenecen a cada persona; no porque uno decida ser un semáforo todos tienen que serlo. No se les obliga, ni se les impone, sólo se les informa. La identidad de género ha tomado un papel crucial en los últimos años. Muchas personas han encontrado un discurso más cómodo para identificarse y poder expresar que la re-significación del género se vive de manera constante para combatir aquellas violencias que atentan contra la igualdad. Paremos de encasillar a los cuerpos y dejémosles fluir. Nacer mujer u hombre es una expresión de la naturaleza, pero ésta se ha visto obligada a seguir la heteronormatividad de una sociedad construida bajo el binarismo y la jerarquía del machismo. El resultado: esta sociedad violenta y excluyente, con toques de homofobia y racismo. Existir bajo una estructura de género ha provocado la invisibilidad de algunos grupos y cuerpos; se han violado y desaparecido derechos. No sólo las personas trans pierden las oportunidades que tiene una persona cisgénero: en Medio Oriente, los derechos de las mujeres continúan estancados debajo de una burka, y los ataques homofóbicos se viven en todas las naciones. La materialización del cuerpo nos ha llevado a una norma de género representada en la construcción de ser lo suficientemente masculino o femenina. Pero, ¿qué sucede cuando aparece un varón afeminado o una mujer masculina —sin importar la orientación sexual—? Se desatan hostigamiento, amenazas y violencia, incentivadas por la norma de género, y nuevamente se le señala como una persona rara que no encaja en esta construcción social.


Retomando aquella subalternidad de la identidad, se encuentra un grupo fuera de la normativa. Lo que era ser raro, desviado, marica, lencha o vestida, ahora ha tomado un empoderamiento que ha resignificado el termino queer. Con esto viene una teoría y una disposición política de cuestionar la coherencia de la identidad y las disidencias sexuales: dar visibilidad a esos cuerpos e ideologías subalternos que forman parte de un movimiento posmoderno de resistencia para continuar existiendo en este sistema binario, una teoría de empoderamiento que crea fortaleza de nuestras entidades. A través de sus libros, la filósofa Judith Butler ha presentado una disputa sobre la diferencia, aparición y reconstrucción de la postura del género y de los cuerpos. En títulos como El género en disputa (Paidós, 1990), Cuerpos que importan (Paidós, 1996) y Deshacer el género (Paidós, 2004), ha dejado claro cómo el modelo tradicional puede reconstruirse en una nueva identidad, con un objetivo firme de igualdad y resistencia, siguiendo el camino de la teoría queer y postulando la “performatividad de género”. No sólo Butler se ha opuesto al carácter supuestamente natural; Teresa de Lauretis y sus estudios de género abrieron el camino de la teoría queer, cuestionado las limitaciones, el pensamiento crítico feminista y analizando la prisión del lenguaje. En su libro Tecnologías de género, se menciona cómo se debe tener una representación ideológica dentro y fuera del género: una libre expresión sexual. El desarrollo de las identidades no binarias se mantiene latente en su existencia para otorgar una libre expresión de género. A veces resulta difícil entenderles, ya que no existe un criterio político que identifique la visualización de lo no binario como se ha representando la imagen de la mujer y del hombre. Sin embargo, esta materialización se observa cuando las etiquetas se terminan: no importa lo que

vistas, tu orientación sexual o tu sexo biológico, se trata simplemente de la fluidez de existir. Ésta es una nueva realidad que debe respetarse, empezando por el uso correcto de los pronombres neutros con el que sientan mayor comodidad, sin caer en la saturación del lenguaje incluyente. Para entender y respetar necesitamos construir una educación que visibilice el saber de aquellos cuerpos que son periféricos. Todos los cuerpos tienen una ideología y una historia de resistencia que busca ser escuchada, respetada y amada. Dejemos de ver en blanco y negro para ver la infinidad de colores que nos representan. La percepción que tengo sobre mí es mía y yo soy: Género fluido: transición esporádica de la identificación del género masculino al femenino. No binario: renuncia al régimen heteronormativo, fluidez a la vez de lo femenino y lo masculino, sin encasillarse en un género. Agénero: identidad neutral, sin necesidad de identificarse con un género específico. Bigénero: aceptación y adaptabilidad con el género femenino y masculino. Queer: radicalizar la expresión del género e identidad y fluidez de la sexualidad. Resistencia. Andrógino: expresión del género combinando los dos polos de la masculinidad y la feminidad. Transgénero: identidad opuesta al género asignado de nacimiento, adoptando el contrario. Transexual: transición de un sexo biológico por el opuesto. El tercer género: muxes, sociedad indígena de Tehuantepec, encargados de diversos roles. Hombres biológicos en las coloridas prendas de Oaxaca que no se identifican como hombre ni mujer, sólo como aquello que está en medio de ambos. +

Fabián V. Escalante. Le encanta leer Sombra y hueso de Leigh Bardugo. Cuando no escucha música, escribe un poco; ama a los gatos y a los perros. La voz en off en las entrevistas de Lee+.

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Música

Glam rock y la estética del hedonismo andrógino

Gilberto Díaz

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n mayo de 1998, Todd Haynes estrenó en el Festival de Cannes Velvet Goldmine, un drama musical ambientado en el Londres de inicios de la década de 1970, donde el jipismo y la psicodelia dieron paso a una escena musical pop, dominada por dandies y divas influenciados por la retórica de Oscar Wilde, quienes exaltaban una estética hedonista de concepto neovictoriano, desde el cual el amor libre se transformaría en placer libre, y ser y verse glamorosamente estrafalarios cimbraba a las llamadas “buenas conciencias”. A este movimiento musical —que también se podría llamar tribu urbana— se le denominó glitter rock o glam rock (que no debemos confundir con su homónimo nacido en Sunset Strip de Los Ángeles, en los ochenta). Esta escena se convirtió en la siguiente vanguardia del rock tras la era del peace and love, con sus vestimentas sacadas de un imaginario digno de las extravagantes pasarelas de la fashion week, y un discurso de libertad sexual total, tocando las puertas del arte conceptual, sin dejarse seducir por la magnanimidad y el virtuosismo de su contraparte: el rock progresivo. La película de Haynes es una fábula de este periodo, que comprendió de 1971 a 1975. En parte, se trata de una biografía, un tributo y una alegoría de la escena musical que encontró en la estética un discurso para provocar al conservadurismo inglés y hablar abiertamente sobre

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sexualidad y libertades creativas, estéticas y sociales. Bandas y solistas se asumían como personajes ambiguos, andróginos, que proyectaban una masculinidad feminizada y una feminidad masculinizada, definiéndose como ellos mismos, amados por las masas. Velvet Goldmine nos cuenta, a través de una estructura prestada por El ciudadano Kane, el misterio sobre el ascenso y la desaparición de Brian Slade, un ídolo del glam rock sexualmente fluido y andrógino, y de su alter ego, Maxwell Demon, el personaje que terminaría comiéndose a la persona; un símil de Ziggy Stardust, personaje alienígena con el que David Bowie revolucionó su carrera hasta convertirse en el gurú y máxima figura del glam rock en 1972. Se puede decir que Brian Slade, en buena medida, es una amalgama de Bowie, pero también de Marc Bolan, vocalista de T. Rex, y a quien se le adjudica el inicio de todo el movimiento “glamero”. El glitter rock impactaba no sólo por su abierta connotación sexual, sino porque en su ejecución se combinan las influencias de movimientos artísticos de diversa índole. Su música resultaba de la fusión de la nostalgia por el bubblegum pop (como The Archies y The Monkees) y el rock and roll de los años cincuenta, con altas dosis de decibeles, pero también con la sensibilidad conceptual del jazz y el cabaret. A esto se suma una narrativa influenciada por la ciencia ficción y las novelas pulp, y un espíritu decadente del periodo de entreguerras tomado del arte de Otto Dix. La base de este movimiento musical se puede remontar hasta el extravagante compositor inglés Noël Coward, especialmente por su canción Mad Dogs and Englishmen (1931), tema que hace referencia al refrán “Sólo los perros rabiosos y los ingleses salen al sol del mediodía”, frase que —se cree— fue acuñada por Rudyard Kipling. La influencia de Noël Coward se manifiesta en artistas como Bowie, Roxy Music, Steve Harley & Cockney Rebel, Slade (figuras importantes de la escena glam), e incluso Elton John y Queen, porque su arte, al igual que el de Coward, sugiere que el estilo y la superficialidad resultan tan importantes como la profundidad y la sustancia; por lo que en la actitud artística de Coward se traducía una combinación de descaro y elegancia, así como de pose y serenidad, que le dan forma al discurso del glam. Lo vemos en la estética de Bowie interpretando a Ziggy, dominando los escenarios con una teatralidad sobria, casi hipnótica, muy alejada de la violencia e histeria tan comunes en los conciertos de rock de la época; se trata de un rasgo que también sabía ejecutar Freddie Mercury en esa comunión que tenía con las audiencias, dominándolas, haciéndolas suyas, y desde entonces, se convertiría en un elemento imprescindible de los recitales de rock. La película se encuentra fuertemente influenciada por las ideas y la vida de Oscar Wilde (quien es presentado como un ideólogo del glam rock), sobre todo por El retrato de Dorian Gray. Hay referencias a hechos de su vida, y se cita su trabajo en


distintas ocasiones. En la película, el personaje de Curt Wild (Ewan McGregor) dice: “Un verdadero artista crea cosas hermosas... y no pone nada de su propia vida en ellas”. El alcance de este movimiento musical no se quedó en los límites de las islas británicas. Al otro lado del atlántico también se gestaban actos musicales que buscaban jugar con la ambigüedad de la sexualidad; aunque para la sociedad estadounidense, profundamente puritana, estos temas tabúes implicaban un reto mayor, debido al fanatismo y a la ignorancia que sigue permeando en la mayoría de su población, principalmente a causa de los dogmas religiosos, que se mantienen de costa a costa. Dos casos destacarían por su ruptura con las convenciones artísticas de la contracultura de los años sesenta. Desde las ciudades industriales del centro de Estados Unidos, Alice Cooper e Iggy Pop se rebelarían contra la cultura del machismo obrero, utilizando maquillaje, semidesnudos y con movimientos afeminados en el escenario, mientras cantaban acerca de las opresiones de la vida familiar y del sueño americano, que los predestinaban a conseguir un trabajo y formar una familia, porque así debía de ser; pero también sobre la hipocresía de beatniks y hippies, algo que retomarían los punks a finales de los setenta, a partir de la crudeza de The New York Dolls. Alice Cooper menciona en un documental que dejar de llamarse Vincent Furnier para tomar el nombre y las ropas de una mujer era la mejor forma de insultar la hipocresía de su país; simplemente tomando todos los tabúes para concentrarlos en un solo lugar: “Éramos la daga en el corazón de la generación del amor… estábamos al final de esta era del amor y paz, y de repente estábamos ante este brillante y hermoso monstruo que era muy divertido de ver”. Por otra parte, en Nueva York, una ciudad más cosmopolita y con una sociedad aparentemente más abierta de criterio, emergería la figura de Lou Reed, el emblemático exvocalista de The Velvet Underground, banda acogida y apadrinada por el excéntrico Andy Warhol y su estudio The Factory. Lou Reed comenzaría una carrera solista, cuyos temas recurrentes abordarían la decadencia de la urbe, acompañado por la sofisticación y la ambigüedad de la noche, donde las quimeras caminan por el lado salvaje. Si Brian Slade, interpretado por Jonathan Rhys-Meyers, es la personificación andrógina de la escena glam británica, Curt Wild, personaje interpretado por Ewan McGregor, representa su contraparte estadounidense: una combinación entre Iggy Pop y Lou Reed, una figura más cruda y contestataria, que poco a poco se va sofisticando, gracias su relación con Slade. Una alegoría de la relación que Bowie tuvo con ambos, y tras la cual los dos artistas realizaron los mejores trabajos de su carrera, pues abrieron las posibilidades de su música hacia horizontes sin clasificación o definiciones,

donde la violencia se matiza en la estética, elevándose como arte y convirtiendo a sus creadores en artistas, como gemas que se pulen para alcanzar un brillo único. Por otra parte, en Velvet Goldmine se retrata a los fanáticos del glam rock como individuos a los que les gusta mostrar su bisexualidad... pero de inmediato expone una pregunta: ¿son realmente bisexuales o simplemente posan como tales porque lo bisexual es cool y elegante? El personaje de Curt Wild declara ante un reportero de televisión que cree que muchos de ellos lo fingen por moda. Y es esta noción de pose, la de tener un falso yo narcisista, un tema que domina la película: la artificialidad, la imagen en la búsqueda de la verdadera identidad. Velvet Goldmine es una cinta que habla de la búsqueda de una identidad en medio de una sociedad represiva, pero también sobre la humanidad del artista y los excesos de los que puede ser víctima a través de su propia superficialidad. El misterio de la desaparición de Brian Slade nos cuestiona sobre la posibilidad de la reinvención y, de alguna forma, de la redención a través del arte para encontrar el verdadero yo. La efímera vida del glam rock pudo haber terminado entre 1974 y 1975, cuando muchos de sus principales referentes decidieron evolucionar antes de ser devorados por sus alter ego, como sucedió en el concierto final de Ziggy en el Hammersmith Odeon, donde se despediría de nosotros al ritmo de Rock’n Roll Suicide. +

Lo que es verdad sobre la música es verdad sobre la vida: que la belleza revela todo, porque es inexpresiva. Velvet Goldmine, 1998

Gilberto Díaz. Comunicólogo, productor de radio cultural y actualmente se encuentra desarrollando un proyecto de análisis y divulgación histórica de cine mexicano.


Julio Trujillo

laudia Posadas es poeta y periodista, además de animar varios proyectos culturales. Ha publicado los libros La memoria blanca de los muros (1997) y Liber Scivias (2010), que obtuvo el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines en 2009 y fue reeditado por la unam (2016). Ahora le debemos una antología de la poeta chilena Carmen Berenguer (1946). Se titula Plaza tomada. Poesía, 1983-2020 y fue editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León, con un prólogo suyo y una nota preliminar de Julio Ortega. Se trata de un trabajo importante, resultado de una vasta investigación y de entrevistas con la propia poeta. En México, es casi la carta de presentación de una obra que se ha leído muy poco. Aquí presentamos un resumen de la entrevista que sostuvimos con la antologadora. La versión completa se puede ver en nuestro canal de YouTube. ¿Cómo presentarías a Carmen Berenguer a los lectores mexicanos? Carmen Berenguer es poco conocida en México. De los autores que se desarrollaron durante la dictadura chilena, destaca mucho más Raúl Zurita e incluso Diamela Eltit. Berenguer es un poco mayor que ellos; ella estaba en Estados Unidos cuando comenzó la dictadura, pero pertenece a su órbita (hay que incluir a Pedro Lemebel). Ellos crearon lenguajes in extremis, más que de exploración o experimentales, que son los lenguajes de quienes no puedes hablar, de quienes están siendo censurados, y cuyas vidas dependen de resguardar lo que están diciendo. Así crearon diversas estrategias y maneras de expresión. Berenguer es una autora fundamental para las letras latinoamericanas, que debería difundirse más, por representar una voz poderosa, con un significado profundo y social, y por la variedad de registros de su lenguaje in extremis. Ella y Raúl Zurita son dos de las conciencias más importantes en el contexto de la dictadura. En el contexto de una dictadura, el lenguaje se vuelve resistente y tiene que ser, de alguna manera, cifrado. La de Berenguer no es sólo una poesía de protesta, sino una manera de decir sin decir, con una sintaxis arriesgada. Háblanos sobre el lenguaje de Berenguer. Es el habla de quien está ante el verdugo. Sus estrategias resultan diversas. Carmen, en su poesía, ha pasado de un decir sin decir al decir diciendo: con su último libro, Plaza de la Dignidad, alcanza la desnudez y frontalidad del lenguaje, denunciando directamente las luchas sociales de 2019. Como ella dice: “Acudo al habla callejera”, cuyo mejor ejemplo tal vez se encuentre en el poema “Santiago Punk”. El habla urbana, pero también el habla culta, aunque se ríe de ella; el habla narrativa (a través de la crónica); el habla breve

(poemas como breviarios metafísicos)… Se va desdoblando hasta alcanzar una especie de flujo de conciencia para hablar de su biografía. Pero no hay que encasillar a Berenguer en la poesía de protesta. Sus batallas son muy diversas: hay una batalla antipatriarcal, una anticolonial, una feminista. Es una poeta que no descansa. Esto es muy importante. Estamos ante una poesía de conciencia; así la he definido yo: una conciencia desinstaladora, crítica de su realidad, no sólo de su realidad social (viviendo en la opresión de la dictadura), sino de su realidad como mujer. Su lenguaje es el de una conciencia vigilante, lo cual le da una unidad impresionante a toda su poesía, porque todo el tiempo está desinstalando: el sistema, el patriarcado, la idea del cuerpo… Sus batallas le dan unidad desde el primer poema hasta el último. Tuvo influencias importantes, como Lola Ridge (con The Ghetto) y Gertrude Stein (con su Poesía antipatriarcal). Su lenguaje revela una constante deconstrucción. Háblanos sobre la idea de la plaza en la poesía de Berenguer. Es un lugar metafórico importante, como si toda la poesía de Berenguer se inscribiera en una plaza cívica. Aparece mucho la plaza como escenario en la poesía de Berenguer. Esa plaza existe específicamente, es la Plaza Italia, hoy Plaza de la Dignidad, en Santiago de Chile. Se trata de un centro neurálgico donde se concentra la sociedad. Es un lugar sumamente simbólico, y Berenguer, una vigilante de lo que ahí sucede; pero la plaza también se vuelve la gran metáfora de su poesía, porque su poesía es un ágora. Su poesía es una plaza tomada por la conciencia, por la voz crítica de la poesía. +

“Santiago Punk” (fragmento) Claudia Posadas 2016. Foto Javier Lira

Entrevista a Claudia Posadas

Plaza tomada C

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1. Punk, Punk War, war. Der Krieg, Der Krieg Bailecito color obispo La Libertad pechitos al aire Jeans, sweaters de cachemira Punk artesanal made in Chile Punk de paz La democracia de pelito corto Punk, Punk, Der Krieg, Der Krieg Beau Monde. Jet-set rightists Jet-set leftists Pantaloncitos bomba Pañuelito hindú Chaquetitas negras, Carlotitos Liberalismo Taiwan Balitas trazadoras para mantenerte Cafiche marihuanero.

Ve la entrevista en mascultura.mx y en YouTube revistaleemasdegandhi


In memoriam

Las sinfonías de Roberto Calasso Julio Trujillo

R

oberto Calasso fue un gran escritor y un gran editor. No se encuentran ejemplos semejantes: los grandes editores de nuestra época fueron solventes escritores, pero no grandes, y los grandes escritores, solventes editores, pero no grandes (como Eliot en Faber & Faber). Calasso fue ambos, incluso a veces se confunde el arte de ambas vocaciones en él, como si hubiera escrito el catálogo de Adelphi y editado sus propios libros. Él abonó a esta idea de trasvase, diciendo que los libros de un catálogo se pueden interpretar también como los capítulos de un libro, y acumulando libros propios como capítulos de un gran libro sobre los mitos y los dioses, incluso si estos libros eran escrupulosamente literarios, como los dedicados a Kafka y a Baudelaire. La editorial Adelphi nació en 1962 como una pequeña rebelión, publicando las obras completas de Nietzsche cuando a éste todavía se le leía con las anteojeras de la ideología. Esa pequeña rebelión, que no condesciende, es la que hace grande a un editor, pues termina por configurar un gusto (y con él una influencia, y con ella una conversación y una época) ajeno a las tendencias de la época y en realidad único, fruto de un conjunto de mentes afines que lo arriesgan todo por compartir con la sociedad una serie de libros queridos. Esto, como decíamos, no es fácil, hay que resistir y polemizar. Calasso casi no participó en polémicas públicas, y mejor optó (gesto de característica elegancia) por enviar cajas de chocolates a aquellos que lo atacaban. Y así fundió durante décadas su labor editorial con su propia vida. E insisto: a la par de esto, escribió una obra notabilísima, de difícil definición (¿y no es lo difícil de definir siempre interesante?); una obra que viaja en el tiempo y en el espacio con gran facilidad, que perfora en un punto de interés como si estuviera haciendo arqueología y separando capas geológicas con las pinzas del artesano. ¿Su fascinación y casi monotema a lo largo de más de 20 libros?: los mitos, su tejido paralelo al de la historia y su presencia entre nosotros. Y, por cierto, si usted no cree en los mitos ni en su genealogía de mujeres y hombres, de diosas y dioses, ése es un problema estrictamente suyo, porque los dioses sí creen en usted. “No importa lo que hagamos, estamos en una fábula”, dijo bellamente Calasso, y mito significa fábula. Como epígrafe del que sin duda ha sido su libro más leído, Las bodas de Cadmo y Harmonía, Calasso eligió esta frase de su muy admirado Salustio: “Estas cosas jamás sucedieron, pero existen siempre”. Y, como si ello no bastara, Calasso se ha encargado de recordarnos en varias ocasiones que el primer mito es el mismo mundo. Con una admirable, casi inverosímil visión panorámica, Calasso, en sus grandes libros, es el guía que nos lleva por los ríos de la mitografía tanto de Occidente como de Oriente, demostrando que conocía a ciegas el árbol genealógico de nuestros dioses y todas y cada una de sus ramificaciones. Como Atenea, Calasso es un escritor que teje, que anuda, que conecta su red de afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera. Uno de los nudos, pero no el central, de Las bodas de Cadmo y Harmonía es el rapto que Zeus hace de Europa; así abren sus páginas, pero el lector no tarda en descubrir que asiste a apenas uno de los cientos de estaciones, nudos y capítulos que configuran la red de las historias. Los dioses aparecen, desaparecen, comparecen de nuevo, con ligeras

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variantes en sus historias, según las registre Homero, Virgilio, Plutarco, Heródoto o Calímaco, y es Calasso quien nos va a ofrecer la totalidad de la red: el mandala fielmente reconstruido. Además, como desinteresadamente y con una prosa suprema, Calasso cuela aquí y allá hermosas argumentaciones en defensa de los mitos: La actitud de Platón hacia los mitos es la que a veces conquistan los más lúcidos de los modernos. Los más toscos, sin embargo, siguen discutiendo acerca de la palabra creer, palabra fatal en relación con los mitos, como si para los antiguos se hubiera tratado de creer con la misma supersticiosa convicción con que los filólogos de la época de Wilamowitz creían en el encendido de una bombilla sobre la mesa de su estudio. No, ya Sócrates, poco antes de morir, lo había aclarado, se entra en el mito cuando se entra en el riesgo, y el mito es el encanto que en ese momento conseguimos hacer actuar en nosotros. Más que una creencia, lo que nos rodea es un vínculo mágico. Es un hechizo que el alma aplica a ella misma. El regalo que nos da contagiarnos de una convicción como la suya es saber que, incluso cuando estamos instalados en la más estricta soledad, en realidad estamos rodeados de dioses que nos acompañan y nos observan con una curiosidad


olímpica. Hacer más visible, o al menos más conocible, el “vínculo mágico” del que habla fue la labor de su vida y por ello todos sus libros pueden considerarse partes de una sola obra. Me sorprendió mucho que este inigualable lector de los grandes lienzos mitológicos resultara a su vez un fino lector de poesía, como lo demuestra en La Folie Baudelaire (dice sobre el autor de Las flores del mal, con una deliciosa perspicacia: “su musa era la Analogía”); pero que a la mitad de ese brillante estudio Calasso se transfigure en crítico de arte y emprenda una admirable indagación de las obras de Ingres, Delacroix, Manet, Monet y Degas ya me parece demasiado… No sólo aplica su mirada panorámica a la obra de un artista en particular (“Delacroix tuvo la desventaja de ser no sólo un pintor sino una causa. Le correspondió representar ‘la melancolía y la parte ardiente de su siglo’”), sino que sabe ver los colores como si fuera sobrino de Goethe, como lo demuestra con los azules de Ingres y con los verdes de Manet (y posteriormente con el libro El rosa Tiepolo),

una mirada verdaderamente fina y sensible que se puede detener con deleite en unos abanicos ilustrados por Degas. Estamos, pues, ante un polímata que supo orquestar su multitud de talentos para ofrecernos esas sinfónicas que son sus libros. Un poco aterrado por el presente, en el que solemos confundir la información con el conocimiento, como él solía decir, y en el que hemos dejado de sentir a los dioses, nos resulta fácil imaginarlo en este momento teniendo una larga conversación con su semejante, Aldo Manuzio, el gran impresor italiano del siglo xv que ocupó su vida en rescatar la herencia de Grecia para sus contemporáneos y cuyo emblema o sello era un delfín rodeando un ancla, el célebre festina lente o “apresúrate despacio”, leyenda con la que estoy seguro que Calasso coincide ahora plenamente, en ultratumba, apresurándose lento, tejiendo el vínculo mágico, tal vez escribiendo un nuevo capítulo de su vasta historia de los dioses, pero ya desde el punto de vista de la eternidad. +

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U

nas semanas antes de partir, la poeta y ensayista argentina Tamara Kamenszain (1947-2021) envió sus poemas para esta sección. Con permiso de la autora, presentamos este texto perteneciente a su último libro, Chicas en tiempos suspendidos (2021), que, a la luz de su vida, obra y despedida, significa su gran testamento literario. La escritora pertenece a una generación fundamental en la poesía argentina denominada los neobarrocos, junto con Arturo Carrera, Néstor Perlongher y Juana Bignozzi, entre otros, que abrió rutas poéticas muy particulares. Autora de vasta obra, entre sus libros podemos mencionar El libro de Tamar (2018), en narrativa; los ensayos Una intimidad inofensiva. Los que escriben con lo que hay (2016), y La novela de la poesía (2012), una antología de su obra. Este último implica una visión preciada para la autora, que es el correlato o “novela” que da sustento y sustancia al poema, ya que en éste, como dice la crítica, “se cifra una trayectoria, una vida escrita”, que implica, de acuerdo con Mercedes Halfon, “a mirar cada uno de sus poemarios como el capítulo de una novela”. En Medusario (1996), antología canónica de los neobarrocos, se dice que su poesía cumple con esa “posibilidad de espiar en las costuras para ver las construcciones por su reverso”, lo cual “se origina en una rebelión que desmenuza las actividades grandilocuentes de la tradición masculina”. Chicas… cumple con estas premisas, puesto que la autora descubre, “denuncia”, el revés de lo observado, a través de una inteligencia sarcástica, escrita en una prosa directa. También, porque revisita a las precursoras de la tradición argentina, a sus contemporáneas e incluso a sí misma, a todas esas “chicas” juzgadas bajo los cánones masculinos de “los vates”, como diría Kamenszain: Agustini, Storni, Bignozzi... Es una poética reivindicatoria que reflexiona sobre lo femenino que escribe: su estética, su circunstancia y su pulsión. Escrito durante el primer confinamiento, en estos “tiempos suspendidos” (apropiándose irónicamente de un término que vates pensadores de Occidente han acuñado para referirse a la pandemia), la poeta revisa su historia, sus filias, su genealogía, su canon y sus cavilaciones sobre la enfermedad que padecía (un cáncer), sobre el virus y la finitud. En este libro que, por esto mismo, es un testamento y una poética. Un canto de cisne en el que, cuando ya se dijo todo, siguiendo una idea de la autora, “lo que empieza como poesía debería también terminar como poesía”, sólo quedan estas chicas suspendidas no en la novela de la poesía, sino en la poesía de la novela de Tamara Kamenszain.

En foto: Tamara Kamenszain / Cortesía de la autora

Púlsares del confinamiento

Claudia Posadas

Tamara Kamenszain: testamento y poética en tiempos suspendidos

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8. Los abuelos de la nada se llamaba un grupo de rock como diciendo hay nada atrás de las generaciones no vienen unas y después las otras hay cortes hay quebradas hay saltos al vacío no es necesario volverse meloso para aludir a la edad y menos a la muerte y menos todavía a la enfermedad. Yo a mi viejo le decía viejo y su sonrisa cuando me contestaba sí hija lo deposita de nuevo en el mundo de los vivos un mundo donde las pestes y las guerras habían formado parte de su vida y nadie ni nada lo podía contagiar. A él lo invoco ahora que estoy asustada porque desde el televisor me llaman abuela y no me reconozco. Y sin embargo y sin embargo es cierto que pertenezco a lo que la inteligencia de la caja boba llama “grupo de riesgo”. Entonces me pregunto: si lo alarmista me deja todavía más asustada y lo meloso no me tranquiliza ¿cómo hago para no contagiarme? Mi psicoanalista diría que a lo real se lo recibe sin tantas vueltas porque es lo que hay y punto. (Supongo que con real ella se refiere a esa esquirla de realidad que no esperábamos y que sin embargo sin embargo aparece cada tanto para sorprendernos). Yo en versión quejosa le contestaría que por lo visto lo real es un virus al que ninguna metáfora disuelve y debe ser por eso que lo que nace como poesía no puede nunca terminar como poesía. Delmira no alcanzó a ser madre Alfonsina no alcanzó a ser abuela Blanca Varela perdió a su hijo en un accidente de [avión y según dijo su nieta cuando fue a recibir el Premio Reina Sofía en nombre de la abuela desde que le pasó lo que le pasó Blanca “ha perdido el don de la palabra sumiéndose en un [silencio deliberado que con los años ha llegado a convertirse en una condición fisiológica”. La abuela de la nada parece haberle cedido la palabra a su nieta para que sólo diga que no queda nada por decir.

Claudia Posadas. Poeta, ensayista y gestora cultural. Miembro del snca. Su mas reciente libro es Carmen Berenguer. Plaza tomada. Poesía (1983-2021), uanl (2021), selección y prologo de su autoría.


LOS LEÍDOS NO FICCIÓN

FICCIÓN LA CANCIÓN DE AQUILES Madeline Miller ALIANZA DE NOVELAS

EL INFINITO EN UN JUNCO Irene Vallejo SIRUELA

LA BIBLIOTECA DE LA MEDIANOCHE Matt Haig ALIANZA DE NOVELA

EL PODER DEL AHORA UN CAMINO HACIA LA REALIZACIÓN ESPIRITUAL Eckhart Tolle GRIJALBO

De la autora de Circe, una epopeya inolvidable: Grecia en la era de los héroes. Patroclo, un príncipe joven y torpe, ha sido exiliado al reino de Ftía, donde vive a la sombra del rey Peleo y de su hijo, Aquiles. Aquiles, el mejor de los griegos, es todo lo que Patroclo no: fuerte, apuesto, hijo de una diosa. Él lo toma bajo su protección y ambos se adentran en las artes de la guerra.

Sin saber cómo, Nora Seed aparece en la Biblioteca de la Medianoche, donde se le ofrece una nueva oportunidad para hacer las cosas bien. Hasta ese momento, su vida ha estado marcada por la infelicidad y el arrepentimiento. Nora siente que ha defraudado a todos, y también a ella misma. Pero, ¿esto está a punto de cambiar?

El poder del ahora es un libro único. Tiene la capacidad de crear una experiencia en los lectores y cambiar su vida. Hoy es considerado una obra maestra. Para lograr la iluminación sólo tenemos que comprender nuestro papel como creadores de nuestro dolor. Es nuestra mente la que causa los problemas con su corriente de pensamientos, atándose al pasado, preocupándose por el futuro.

LA BAILARINA DE AUSCHWITZ Edith Edger PLANETA

DE ANIMALES A DIOSES Yuval Noah Harari DEBATE

Un libro sobrecogedor, potente e inspirador, que busca ayudar a todos aquellos cuyos traumas les impiden vivir en plenitud. Como su mentor, Viktor Frankl, Edith es una superviviente cuya experiencia vital y su trayectoria le han permitido ayudar a miles de personas que viven incapacitadas por cicatrices emocionales.

Hace 100 mil años, al menos seis especies de humanos habitaban la tierra. Hoy sólo queda una: la nuestra. ¿Cómo logró nuestra especie imponerse en la lucha por la existencia? ¿Por qué nuestros ancestros se unieron para crear ciudades y reinos? ¿Cómo llegamos a creer en dioses o en naciones; a confiar en el dinero, en los libros o en las leyes? Harari traza una historia de la humanidad y las tres grandes revoluciones que nuestra especie ha protagonizado.

BOULEVARD Flor M . Salvador NARANJA

EL NEGOCIADOR. CONSEJOS PARA TRIUNFAR EN LA VIDA Y EN LOS NEGOCIOS Arturo Elías Ayub GRIJALBO

Luke y Hasley no eran el prototipo de la pareja perfecta. Sin embargo, ambos definieron lo que crearon: una historia en la que dos adolescentes inventan su propio boulevard ante la llovizna que hay en sus corazones, con un cielo pintado de azul cálido en una parte, y otra de un azul eléctrico que se tiñe con un grisáceo nostálgico.

CIRCE Madeline Miller ALIANZA DE NOVELAS

En el palacio de Helios, dios del sol y el más poderoso de los titanes, nace una niña. Pero Circe es una niña rara: carece de los poderes de su padre y de la agresiva capacidad de seducción de su madre. Cuando acude al mundo de los mortales en busca de compañía, descubre que sí posee un poder, el poder de la brujería, con el que puede transformar a sus rivales en monstruos y amenazar a los mismísimos dioses.

JÓVENES

En unos pocos meses, este ensayo se ha convertido en uno de los más influyentes. Su recorrido por la historia del libro en los tiempos de Grecia y Roma —que también se interna en otras épocas— nos revela la señas de identidad de una de las creaciones más importantes de la humanidad, así como su impacto en la vida cotidiana.

A TRAVÉS DE MI VENTANA Ariana Godoy ALFAGUARA JUVENIL

LA SELECCIÓN Kiera Cass ROCA INFANTIL Y JUVENIL

UNO DE NOSOTROS MIENTE Karen M. Mcmanus ALFAGUARA JUVENIL

En este nuevo libro, Arturo Elías Ayub, director de Fundación Telmex, nos muestra las mejores prácticas para ser un emprendedor, tomar buenas decisiones y encontrar lo mejor para todas las partes. A través de anécdotas, él nos comparte lo que ha aprendido en los negocios y en la vida.

CÓMO GANAR AMIGOS E INFLUIR SOBRE LAS PERSONAS Dale Carnegie DEBOLSILLO

El único propósito de este libro es ayudar al lector a que descubra, desarrolle y aproveche esos poderes latentes que no emplea. Algunos puntos importantes del contenido: Maneras de agradar a los demás—Cómo causar una buena impresión—Convertirse en buen conversador e interesar a la gente—El secreto de Sócrates—Cómo obtener cooperación—Cómo criticar y no ser odiado por ello.

LOS COMPAS Y LA MALDICIÓN DE MIKECRACK Mikecrack, El Trollino Y Timba VK MARTÍNEZ ROCA

A DOS METROS DE TI Rachael Lippincott NUBE DE TINTA


ELECTRÓNICOS BOULEVARD Flor M. Salvador NARANJA

Luke y Hasley no eran el prototipo de la pareja perfecta. Sin embargo, ambos definieron lo que crearon: una historia en la que dos adolescentes inventan su propio boulevard ante la llovizna que hay en sus corazones, con un cielo pintado de azul cálido en una parte, y otra de un azul eléctrico que se tiñe con un grisáceo nostálgico.

EL CLUB DE LAS 5 DE LA MAÑANA Robin Sharma GRIJALBO

Robin Sharma desarrolló El club de las 5 de la mañana hace más de 20 años, gracias a los revolucionarios hábitos que les permiten a sus clientes incrementar la productividad, mejorar su salud y afrontar con serenidad la época en que vivimos. Este libro, de profundo impacto personal, nos descubrirá las rutinas que han hecho posible que muchas personas alcancen grandes resultados al tiempo que nuestra felicidad y vitalidad aumenta.

DE ANIMALES A DIOSES Yuval Noah Harari DEBATE

Hace 100 mil años, al menos seis especies de humanos habitaban la tierra. Hoy sólo queda una: la nuestra. ¿Cómo logró nuestra especie imponerse en la lucha por la existencia? ¿Por qué nuestros ancestros se unieron para crear ciudades y reinos? ¿Cómo llegamos a creer en dioses o en naciones; a confiar en el dinero, en los libros o en las leyes? Harari traza una historia de la humanidad y las tres grandes revoluciones que nuestra especie ha protagonizado.

MANDALAS PARA EL ALMA Andrea Agudelo PLANETA Este libro te lleva a un viaje de transformación espiritual hacia tu interior, por medio de la meditación. Pintar mandalas es un arte que te ayuda a sustraerte de la realidad cotidiana y te sumerge en lo más profundo y sublime de tu ser. Este libro refuerza la conexión con tu esencia, sana tu alma y tu cuerpo, armoniza y equilibra tu espíritu.

MANDALAS: LIBRO DE ARTE PARA COLOREAR LAROUSSE EDITORIAL NUEVA IMAGEN En este libro encontrarás más de 60 mandalas hindúes para colorear y crear hermosos mosaicos, que puedes conservar en el libro o convertirlos en parte de la decoración de tu lugar favorito. Aquí no hay límites: ilumínalos con plumones, acuarelas o con lápices de color. Sólo tienes que elegir la mejor técnica y dejar volar tu imaginación. Al final, ¡tu libro de arte será único!

VAN GOGH PARA COLOREAR LAROUSSE EDITORIAL NUEVA IMAGEN

Vincent van Gogh es uno de los artistas que con mayor fuerza se adentraron en el alma humana. Sus pinturas son una manera de descubrirlo y descubrirte, por esta razón, este libro te permitirá reinterpretarlo y transformar a su obra en el espejo de su personalidad y tu vida.

INQUEBRANTABLES Daniel Habif HARPERCOLLINS

GUILLERMO DEL TORO: SU CINE, SU VIDA Y SUS MONSTRUOS Leonardo García Tsao GRIJALBO

ENAMÓRATE DE TI Walter Riso PLANETA

LAS MEDIDAS DE UNA CASA Xavier Fonseca EDITORIAL TERRACOTA

Más que un libro de autoayuda, Inquebrantables ofrece un manifiesto que invita al lector a participar en el proceso de romper patrones y crear la vida que desea en las áreas de la familia, el amor, el matrimonio, la carrera profesional y la vida. “No lo escribí con la intención de que te enganches; es todo lo contrario. Es para que pongas una marca y vayas a perseguir lo que resuena dentro de ti”.

Un magnífico libro que nos describe y nos enseña el arte de amarnos a nosotros mismos sin ser egoístas ni ególatras. En efecto, una buena autoestima incrementa las emociones positivas. Además, entre otras cosas, permite alcanzar mayor eficacia en las tareas, mejorar las relaciones con las personas, establecer un vínculo más equilibrado con los demás y ganar independencia y autonomía.

LOS COMPAS PERDIDOS EN EL ESPACIO Mikecrack, El Trollino Y Timba VK MARTÍNEZ ROCA

NIÑOS

ARTE Y RECREACIÓN

En una amena conversación informal, Guillermo del Toro recorre en estas páginas sus tempranas influencias, sus inquietudes infantiles y sus primeras aventuras creativas en Guadalajara; una historia de pasión juvenil que da paso a una de las carreras cinematográficas más celebradas de nuestro tiempo. Desde la odisea que significó la filmación del cortometraje Doña Lupe hasta La forma del agua.

Esta obra imprescindible da al profesionista y al usuario, de manera clara y sencilla, todos los datos de la antropometría, análisis de mobiliario, diseño urbano, control ambiental, incluyendo el uso de energía solar, circulaciones y otros. Además, incluye un capítulo sobre las necesidades para conjuntos y zonas habitacionales.

LOS COMPAS MI LIBRO MÁGICO LOS COMPAS Y LA CÁMARA DEL TIEMPO UNA FAMILIA ANORMAL Y EL DIAMANTITO LEGENDARIO LECTOESCRITURA (CLÁSICO) Mikecrack, El Trollino NUEVA EDICIÓN Y EL CRUCE DE LOS UNIVERSOS Mikecrack, El Trollino Y Timba VK Carmen Espinosa Elenes De Álvarez Lyna Vallejos Y Timba VK MARTÍNEZ ROCA GRUPO EDITORIAL ONCESETENTA ALTEA MARTÍNEZ ROCA


Entrevista a José Luis Trueba Lara

Ve la entrevista en mascultura.mx y en YouTube revistaleemasdegandhi

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Irma Gallo

Cómo construir una novela histórica, es decir, una ficción, a partir de un personaje de por sí polémico, como Miguel Hidalgo? Ésta es la primera pregunta que surge al entrevistar a José Luis Trueba Lara, escritor y académico, sobre su nueva novela, Hidalgo. La otra historia (Océano, 2021).

—Yo nada más hago novela histórica, y te voy a decir la verdad de por qué. Porque, como nunca se me ocurre nada, y tengo la maldición de la escritura, entonces tengo que recurrir a algunas tretas. De repente, por ejemplo, me topo con un tema que me parece fascinante, y resulta que no termina en nada, termina en un fracaso. Entonces, después de varios años de estar investigando, no te queda más que hacer una novela. ”Hay personajes que obligan a hacerles una novela: Hidalgo es uno, Moctezuma es otro, Malinche es otro, Miramón… digo, por recordar algunos, Ocho Venados, Garra de Jaguar, es otro. En el caso de Hidalgo, cuando se puso de moda, hace 11 años, en el centenario, yo estaba feliz leyendo cosas. Dije: ‘Aquí hay una novela. Pero el único problema es ¿y dónde está la novela?’. El problema era ¿cómo la cuento? Es decir, una novela representa un punto de vista, de entrada: una perspectiva. Y no le hallaba, hasta que un día, revisando el juicio de Allende, me topo con que le empieza a decir “bribón, cabrón, hijo de mala madre”… ¡y es Allende! Su supuesto contrapache, amigo. Entonces dije: ‘Aquí hay algo’. Y comienzo a seguir ese hilo, y descubro que Allende lo quería asesinar; que Hidalgo también quería asesinar a Allende; es decir, que eran una pareja perfecta el uno para el otro. Éste es el punto de vista, porque se trataba de un enemigo dentro de casa. ”El hecho de que —¡Da terror! Mira, te fuera Allende, me pervoy a contar cómo lo fui mitía asomarme a los construyendo. Después de lo que dijo Allende, que espacios más oscuros del personaje, tanto de Allende como de Hidalgo. De ya se vio bastante feo, me hic e un a seg un da pregunta: ¿cómo lo esa manera lo decidí, y tenía algo a mi favor: como Allende no tiene mucho veía la gente en su época? Lo que te cartel, es decir, resulta un héroe de segunda fila, ‘de gayola’, como lo quieras puedo decir son dos cos as: la pri me ra, que Hid decir, existe un territorio casi virgen. Es muy poco lo que sabemos de él. algo tuvo un don que tienen pocas personas; logró po Entonces me daba chance de fabular un poco sobre Allende y, a partir de ner a todos de acuerd o en su contra. No resulta nad ahí, ir construyendo más o menos toda la novela”. a fácil. Tú revisas a ho mbres tale nto sos ; estoy pensando, por Desde el punto de vista elegido por Trueba Lara, o sea, el de Ignacio ejemplo, en el padre Mi er, un o de los pad Allende, el llamado Padre de la Patria no sale nada bien parado, le decires de la patria (con calle prostibularia hoy), pero el mos al autor. Es, como se dice coloquialmente, “un estuche de monerías”. padre Mier escribe el primer lib ro sob re la ind epe ndencia cuando todaví —Sí, un estuche de monerías. Pero ese estuche de monerías algo de a est án los bal azo s, y está convencido de que verdad es: cuando vemos el caso de los amoríos del cura Hidalgo, ésHidalgo es un matasiete y que lo único que tos resultan muy notorios. Hay una gran polémica sobre ellos, porque hizo fue alebrestar a la gente para que lo siguiera y cometer una serie de todavía no nos hemos podido poner de acuerdo en cuántas fueron. No matanzas. ”Ca rlo s Ma ría de Bustamante, otro ins sabemos. Pero de que fueron, fueron. También podemos estar seguros urgente que anduvo con Morelos, y autor real de escrito de que no dejaba ninguna para comadre; a todas se las pasaba por las s como los Sentimientos de la Na ción (él escribía los dis armas. cursos de Morelos, entre otras mu chas cosas), en su His ”También es un hecho que, cuando empecé a ver los amores del toria de la Revolución en México, dic cura Hidalgo, tenía que recuperar no el amor exacto del cura Hidalgo, e que Hidalgo es un tip toma un estandarte y ejo que lo sigue la gente para eso es imposible de saber, pero sí cómo eran los amores similares. Encometer asesinatos. Pero si ves a Lo ren zo de Zavala o ves al do tonces, esta manera de tratar a las mujeres no creas que era una cosa ctor Mora o a Lucas Alamán, tod os están de acuerdo en del curita (que ya era una fichita), sino una moneda de curso corrienque era un terror. Y, si revisas los do cum te. Es decir, piensa que se trata de una época de esclavitud; así que, si entos de la época, te das de que hasta los que and cuenta aban con él piensan lo yo me quería echar a mi esclava, era como si quisiera lavar el sartén. mismo. ”Es decir, el libro con sis tió en contar todos est Perdón que diga algo tan brutal, pero así era. Tengo la impresión de pero, como en la histor os datos, ia hay muchos hoyos que la mujer como un ser humano es una invención muy reciente en que y es como un so gruyère, lo divertido está en llenar los hoy la historia de México. Ha sido un proceso muy largo”. vaya rimando; ir creand itos y que o toda esta trama”. Además del maltrato a las mujeres, don Miguel Hidalgo y Costilla, tal como lo retrata Allende en la novela, ejerce el poder con sangre Un a trama que se antoja seg uir leyendo, página tra en los pueblos y ciudades por donde pasa con su ejército de gente ave s página, para riguar cómo termina… aunque la historia oficia pobre y hambrienta de venganza. dado su versión. + l ya nos haya

El Hidalgo incómodo de José Luis Trueba Lara

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Irma Gallo. Escribe, hace podcasts y videos. Último libro: Cuando el cielo se pinta de anaranjado. Twitter: @irmagallo


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