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Lee+ 203 Abril/ La esperanza es para los valientes

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La esperanza es para los valientes

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La esperanza también

ay preguntas que los niños y las niñas hacen con una frecuencia que debería avergonzarnos un poco a los adultos: por qué pasan las cosas malas, por qué a veces la gente hace daño, por qué el mundo duele. Y nosotros, que llevamos años aprendiendo a convivir con la incertidumbre, solemos tartamudear una respuesta a medias, porque la verdad es que tampoco lo sabemos del todo. Pero hay algo que sí sabemos: el mundo también es bueno. Y esa pequeña certeza les pertenece a ellas y a ellos tanto como a nosotros.

Abril es el mes en que México celebra a la infancia y entre todos los obsequios que podemos hacerles, en Lee+ optamos por regalarles esperanza y bondad, que se aprenden y se ejercen, que se contagian y se heredan.

Queremos dejar clara nuestra postura (que a lo largo de esta edición reiteramos de distintas maneras): la bondad no es debilidad, sino una de las formas más exigentes de la valentía: requiere atención, requiere esfuerzo, requiere elegir, una y otra vez, ponerse del lado de lo que dignifica. Somos la especie que puede hacer un daño enorme, sí, pero también la única capaz de cruzar la calle para ayudar a un desconocido sin esperar nada a cambio, de criar con ternura a un ser que todavía no sabe hablar. La bondad nos define tanto como nuestra capacidad de destruir. Los niños y las niñas lo saben cuando comparten sin que nadie se los pida, cuando consuelan a un amigo que llora, cuando rescatan a un animal. Las personas adultas somos las que en ocasiones lo olvidamos.

La esperanza, por su parte, tiene mala prensa entre quienes la confunden con la resignación o con el optimismo fácil. Y, a pesar de eso, persiste en la energía que nos mueve a actuar cuando todavía no hay certeza de que las cosas vayan a mejorar. Los niños y las niñas la conocen bien, pero necesitan que los adultos se la confirmemos con el simple acto de seguir aquí y seguir creyendo que vale la pena. La fe se comparte y se fortalece de mano de la bondad.

La literatura sabe de esto desde siempre. Un libro es, entre otras cosas, el lugar donde alguien decidió que una experiencia —el miedo, la pérdida, la alegría, la injusticia— merecía ser contada, y por lo tanto preservada. Leer supone que hay algo que vale la pena entender, que otra vida puede enseñarnos algo sobre la nuestra, que las palabras alcanzan para tender un puente entre dos personas que nunca se conocerán. Y cuando ese lector o esa lectora tiene ocho años, o diez, o doce, y encuentra en una historia un personaje que se equivoca y de todas formas sigue adelante, algo se asienta en ella o en él: la certeza de que la bondad se practica, que la esperanza no es un regalo sino una decisión. Preparamos este número de Lee+ pensando en que las niñas y los niños que en abril serán celebrados merecen saber que este mundo imperfecto también guarda cosas hermosas. Que la bondad no es un cuento ni la esperanza una mera ilusión.+

Yara Vidal y todo el equipo editorial

Revista Lee+ de Librerías Gandhi

“El miedo te puede tener prisionero. La esperanza te puede liberar”. Sueños de fuga

Editor responsable: Yara Beatriz Sánchez De La Barquera Vidal, Distribución: Librerías Gandhi, S.A. de C.V., Dirección: Calle Comunal No.7, Col. Agricola Chimalistac, C.P. 01050, Alcaldía Álvaro Obregón CDMX. Número de Reserva al Título ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2009-051820092500-102. Certificado de Licitud de Título No. 14505 y Certificado de Licitud de Contenido No. 12078 expedidos en la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Registro Postal EN TRÁMITE. Preprensa e impresión: Fotolitográfica Argo, Bolivar 838, Col. Postal. Alcaldía Benito Juárez, C.P. 03410, CDMX. Título incorporado en el Padrón Nacional de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación. Queda prohibida la reproducción parcial o total, directa e indirecta, por cualquier medio o procedimiento, del contenido de la presente obra, sin contar con la autorización previa, expresa y por escrito del editor, en términos de

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La

Bueno,

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Lo Hiancia Pez

La fuerza

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Enseñar

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La esperanza es

A pesar de todo, sigo creyendo que la gente es buena de verdad en el fondo de su corazón.

Escribir sobre la esperanza mientras premiamos el cinismo se siente como un ejercicio de ingenuidad. Esa sensación nace de la creencia de que el desencanto es la única forma de lucidez, una idea que nos ha hecho confundir la amargura con la inteligencia.

La literatura no se escapa de esa trampa. Parece haber caído en un pozo de autorreferencialidad; quienes escribimos nos miramos el ombligo buscando algo que suele desembocar en la desesperanza o en cualquiera de sus manifestaciones temáticas, como el desencanto, la melancolía, el fatalismo enmascarados de rigor intelectual, la decisión de no apostar nada para no perder nada.

Si nos detenemos en el mercado editorial mexicano, veremos que los libros de autoayuda siguen dominando las listas de ventas. De acuerdo con los resultados del Módulo sobre Lectura (Molec) (Inegi, 2025), los libros de autoayuda fueron el segundo tipo de lectura más buscado por las personas lectoras en el país. Esto es el síntoma de una carencia que la literatura seria ha ignorado por soberbia, quizá. El lector busca sentido porque lo necesita para sobrevivir, y cuando la ficción se vuelve demasiado hermética o pesimista, ese lector se refugia en lo que tiene a mano.

No creo que esta migración hacia los manuales de bienestar se trate de un error de criterio estético. Las personas lectoras no acuden a los libros de autoayuda buscando una prosa que les descubra algo nuevo de su lengua, lo hacen para encontrar algo que les permita sostener el peso de su propia existencia. Esa urgencia por encontrar un propósito nos devuelve a las observaciones de Viktor Frankl (cuyo El hombre en busca de sentido [Herder, 2025] suele estar en los primeros lugares de los rankings de libros más leídos desde hace varios años).

En los campos de concentración, Frankl aprendió a identificar el momento exacto en que la desesperanza se volvía letal. Cuando un prisionero fumaba su propio cigarrillo —moneda de cambio por un plato de sopa— estaba renunciando al mañana. Primero la mente da el paso hacia el precipicio y después el cuerpo lo sigue.

A propósito de la Segunda Guerra Mundial, durante los juicios de Nuremberg, lo que quedó al descubierto fue la desconexión y carencia de empatía; personas que dejaron de ver al otro para encajar en el engranaje de la violencia ante el que el diario de Ana Frank puede leerse como un documento de insurrección. Ella no ignoraba la guerra de la que se escondía junto con su

para los valientes

Un mundo mejor no empieza por ti mismo, sino por nosotros mismos.

Rutger Bregman

familia, pero eligió creer en la decencia humana, quizá como estrategia para no ser destruida por el odio exterior. Cuando dejamos entrar al enemigo en nuestra alcoba, es cuando comenzamos a perder, pero siempre hay una salida. Aunque han transcurrido 81 años desde su muerte, su diario sigue siendo un acto de resistencia contra quienes prefieren creer que la bondad humana es una ilusión.

A pesar de todo, sigo creyendo que la gente es buena de verdad en el fondo de su corazón. Ana Frank

Esa misma decisión de ver al otro aparece en Matar a un ruiseñor, (Lumen, 2025) de Harper Lee. Atticus Finch no es bueno porque sea ingenuo; es bueno porque decide devolver lo humano a alguien que

había sido desposeído de esa humanidad. Su defensa de Tom Robinson nos dice que la bondad requiere coraje, especialmente cuando la mayoría prefiere la comodidad del odio. En la obra de Lee, el ruiseñor representa aquello que no daña y que, por lo tanto, no merece ser agredido. Si lo trasladamos a nuestra realidad, disolver la creencia en la bondad humana significa renunciar al rasgo evolutivo que nos permitió sobrevivir.

Ese coraje tiene también una historia documental. En Saints and Liars (W. W. Norton & Company, 2025), la historiadora estadounidense Debórah Dwork demuestra que la esperanza es más que una palabra. Este libro nos acerca a los rescatistas se dedicaron a ayudar a judíos y disidentes tras la invasión alemana de

1939 en cinco ciudades importantes a medida que la crisis de refugiados se extendía a Vilna, Shanghái, Marsella y Lisboa. Perseguidos por agentes nazis que trasladaban personas clandestinamente a través de las fronteras, aprendieron a mantener el secreto. A partir de cartas, diarios y memorandos, Dwork nos cuenta la vida de quienes, a veces con el respaldo de sus organizaciones, pero otras en contra de sus directrices, intentaron ayudar a la gente a encontrar un refugio seguro frente a la persecución.

Saints and Liars nos enseña que la esperanza está en las acciones, que es un oficio de alto riesgo que hay que ejercer cuando los sistemas legal y moral se transforman en instrumentos del exterminio.

La palabra fue una trinchera. Herta Müller (ganadora del Nobel de literatura en 2009), tras negarse a colaborar con la policía secreta Securitate, fue despedida de su trabajo como traductora, lo que la llevó a dedicarse a la docencia y la escritura, en la que encontró un asidero: “Necesitaba encontrar algo que me probase que yo existía; la absoluta falta de horizontes a mi alrededor me producía un miedo terrible. Y ese miedo podía vencerlo escribiendo”. Libros como Todo lo que tengo lo llevo conmigo (Siruela, 2010), considerado uno de los más bellos e impactantes de su producción literaria, dan cuenta de que si el miedo ocasiona silencio, la palabra tiene la capacidad de erosionarlo.

Por su parte, Svetlana Aleksiévich, escritora bielorrusa y también ganadora del Nobel en 2015, vio en la guerra la posibilidad de ampliar el lenguaje cotidiano para poder narrar la brutalidad y, sobre todo, la esperanza. A pesar de documentar eventos traumáticos como la crisis de Chernóbil y el colapso soviético, Aleksiévich ha afirmado que no busca coleccionar horrores, sino pruebas del espíritu humano. Sus obras rescatan la dignidad de las personas comunes, demostrando cómo, incluso en las situaciones más extremas, el ser humano mantiene su mundo interior y su capacidad de sentir y cómo, aún después de los conflictos bélicos es que podemos seguir hablando de amor y no de muerte: Me interesan las personas sencillas. Las personas sencillas pero grandiosas, como yo las llamaría, porque el sufrimiento nos hace crecer. En mis libros, estas personas cuentan sus propias historias, pequeñas, y la gran historia se va revelando a lo largo del camino. No hemos tenido tiempo de comprender lo que ya nos ha sucedido y lo que aún nos sucede; solo necesitamos decirlo.

Al final, como apunta Matt Haig en El libro de la esperanza (Contraluz, 2022), estos hilos de luz nos enseñan que “no hay nada más fuerte que una pequeña esperanza que no se rinde”.

La esperanza es un oficio de valientes porque nos obliga a salir de nuestra propia autorreferencia para reconocer que formamos parte de una cadena de cuidados mucho más larga. Lo entendió Guido en La vida es bella (1997), que construyó una realidad alternativa no para negar la tragedia, sino para proteger la dignidad de quien aún tenía toda una vida por delante. Lo entendió Ana Frank, que eligió creer en la decencia humana cuando el mundo le

daba todas las razones para no hacerlo. Si tenemos la libertad de actuar, nuestra responsabilidad reside en convertir esa libertad en una infraestructura de la decencia. No se trata de esperar a que el mundo sea perfecto para empezar a quererlo, sino de construir el suelo común que nos impida, como a los prisioneros de Frankl, fumarnos nuestro último cigarrillo antes de tiempo. No leemos ni escribimos para entretenernos, sino para blindar el espíritu contra la tentación de rendirnos al nada importa. Afirmar que la vida tiene sentido después de haber visto los escombros de la guerra es la conclusión lógica de quien se niega a entregar su capacidad de asombro. Tenemos la libertad de hacer cosas y esa libertad nos obliga a ser cronistas de lo que todavía merece ser salvado.+

De una batalla perdida
Svetlana Aleksiévich; Arnal Ballester (ilustrador)
Nórdica Libros
El libro de la esperanza
Matt Haig
Contraluz
Matar a un ruiseñor
Harper Lee
Lumen

El pequeño libro de la bondad (Gaia Ediciones, 2019), de David Hamilton, nos propone dejar de ver la bondad como signo de lo débil para acercarnos a ella como una forma silenciosa y persistente de poder, pero un poder que acompaña y transforma desde lo invisible.

En estas páginas, la bondad se nos presenta como una práctica viva que se manifiesta en una mirada que se detiene a contemplar, en una presencia que no

urde gracias a acciones como la escucha atenta, la ayuda desinteresada, la mirada contemplativa. Sin ese entramado, todo se vuelve más hostil. Y no es que la bondad elimine el conflicto, más bien lo torna habitable. Hamilton nos recuerda que donde hay bondad, incluso lo difícil encuentra una forma más humana de ser atravesado.

Otro de los grandes aportes de este libro es el modo en el que vincula emoción y cuerpo, pues la bondad también se inscribe en la biología. Cada acto amable tiene un efecto real en el organismo.

Cuando somos bondadosos, el cuerpo se relaja. La respiración se vuelve más profunda, el pulso se estabiliza, la tensión disminuye. Hamilton explica que estos gestos activan pro-

entorno empuja al conflicto, para elegir la comprensión cuando parecería más fácil retirarse o atacar.

La bondad, en este sentido, no siempre es cómoda. Implica tiempo, atención, disponibilidad, salir de uno mismo y mirar alrededor con verdadera intención. Tal vez por eso resulta tan difícil. Sin embargo, en esa dificultad reside su potencia como una manera de habitar el mundo con mayor conciencia.

Si lees El pequeño libro de la bondad recordarás algo esencial. Que la vida no se sostiene en grandes declaraciones, sino en pequeñas decisiones repetidas. Que el mundo no cambia de golpe, pero sí en lo cercano, en lo íntimo.

Cada acto de bondad genera un eco. Se expande, toca a otros, regresa transforma-

La fuerza secreta de la bondad

distrae, es decir, en pequeñas acciones que, sin tanto ruido, trastocan el clima emocional de lo cotidiano.

Hay algo profundamente conmovedor en esta insistencia. Si en estos tiempos percibimos la distancia emocional como prudencia, Hamilton nos propone lo contrario: acercarnos, apostar por la ternura y elegir maneras más compasivas y estrechas de estar con las demás personas y con nosotros mismos.

La bondad, vista en este libro, también es aprender a tratarnos sin violencia, lo cual implica reconocer nuestras fallas sin convertirlas en un método para castigarnos, dejar de exigirnos con dureza innecesaria.

La bondad como tejido

Hamilton describe la bondad como el tejido que sostiene la vida en común que se

cesos que favorecen el bienestar, como la liberación de oxitocina, asociada a la confianza y los vínculos afectivos con las personas.

Pero, más allá del dato científico, El pequeño libro de la bondad sugiere que estamos diseñados para cuidar y ser cuidados.

El valor de lo suave

Este libro también nos propone una inversión necesaria: hay más fortaleza en quien cuida que en quien se endurece porque ser bondadoso exige coraje. Coraje para no responder desde la reacción inmediata, para sostener la paciencia cuando el

David Hamilton es doctor en química orgánica. Trabajó cuatro años en la industria farmacéutica; inspirado por el efecto placebo, dejó ese trabajo para dedicarse a escribir libros y educar a las personas sobre cómo pueden aprovechar su mente y sus emociones para mejorar su salud. Actualmente, es considerado uno de los principales expertos mundiales en la ciencia de la bondad y cómo esta influye en la salud mental, la salud física, nuestras vidas y el entorno laboral.

do. Y en ese movimiento (discreto pero persistente) ocurre algo fundamental: dejamos de estar aislados. Nos reconocemos en los demás. Nos volvemos parte de una red invisible que sostiene.

Porque quizá, en medio de todo, la verdadera pregunta no es si la bondad es útil o necesaria, sino si estamos dispuestos a ejercerla. Y en esa elección cotidiana se juega algo más grande: la forma en que decidimos ser humanos.+

El pequeño libro de la bondad

David Hamilton
Un hombre fuerte se salva a sí mismo, y un gran hombre salva a otro.
Andy Dufresne
Gilberto Díaz. Productor audiovisual y radiofónico, que dedica su tiempo libre a ver las películas. Más que ver las simples historias, le divierte analizar cómo se hicieron las cosas para que salieran en pantalla. Divulgador independiente de cine mexicano en el canal de YouTube Un recuerdo para ellos de gloria.

Dentro de las películas de culto de los años 90, Sueños de fuga (The Shawshank Redemption) ocupa un lugar peculiar, por ser una cinta que, si bien no tuvo un éxito arrasador a su estreno —no es fácil competir con fenómenos como Forrest Gump y Pulp Fiction—, logró captar la atención de generaciones que la recomendaron de boca en boca, ya sea porque la transmitían en los canales de televisión, o porque se podía comprar o rentar en el casi extinto formato VHS. Eso ayudó a que esta adaptación de la novela de Stephen King (Eso; El resplandor; Misery), dirigida por Frank Darabont (Milagros inesperados, The Walking Dead), se convirtiera en un fenómeno de preferencia de las audiencias, incluso llegó a colocarse silenciosamente como una de las mejores películas de todos los tiempos en rankings como los del sitio IMDB.

Más allá de contar la historia de una fuga carcelaria, la película construye, en primer lugar, una reflexión profunda sobre el sistema penitenciario estadounidense y, en segundo, nos habla de la redención como una meta posible y la bondad como un acto de resistencia que transmite esperanza hacia uno mismo.

Esta cinta se basa en el relato “Rita Hayworth y la redención de Shawshank”, una novela corta que Stephen King publicó en 1982 dentro de su colección Different Seasons (obra que además incluye “The Body”, que sería adaptada al cine en 1986 como la grandiosa Stand by Me), uno de los pocos relatos en los que el escritor oriundo de Maine (lugar recurrente de sus textos) se sale del estilo de fantasía y terror al que nos tiene acostumbrados, para explorar la vida en prisión desde la perspectiva de un narrador que da testimonio de este relato autocontenido, que tardó más de una década en llevarse al cine.

A pesar de que no ganó la categoría mejor película en la entrega de los Oscar de 1995 —un año bastante competido dentro de una revolución de estilo en Hollywood—, en 30 años ha sido valorada como una cinta indispensable debido a su profundidad; además, refuerza esa idea de redención que la propia película manifiesta, ya que, así como Andy Dufresne (interpretado por Tim Robbins) consigue por sus propios medios la libertad después de años de injusticia, esta cinta encontró el reconocimiento mucho tiempo después de su estreno.

Microcosmos social

Tanto el libro como la película realizan una crítica social severo a las instituciones penitenciarias, pero también, por extensión, a cualquier sistema de poder absoluto o que no rinda cuentas. La Shawshank State Penitentiary está diseñada para romper la voluntad de los prisioneros. Los guardias que golpean con saña a los recién llegados, como Dufresne, establecen un dominio basado en el miedo; mientras que los presos más antiguos que abusan de los más débiles cuentan con la complicidad tácita de la autoridad. Esta exploración del poder y la doble moral también puede aplicarse con el alcaide Norton (Bob Gurton), un personaje que preside sus reuniones matutinas con lecturas bíblicas y profesa las más cristianas virtudes, y, a la par, opera una red de lavado de dinero desde la prisión. El filme se encarga en denunciar la hipocresía institucional y el doble rasero moral que no nos resulta ajeno en la realidad. El inmovilismo y la indolencia son comunes en sistemas que han dejado de creer en la capacidad de transformación del ser humano, podemos tomar como referencia el documental mexicano de 1976 Lecumberri (El palacio negro), del director mexicano Arturo Ripstein, que refleja la vida de los reclusos en el viejo panóptico poco antes de su clausura a finales de los 70.

y la emancipación de la esperanza Shawshank

Por su parte, Brooks Hatlen (James Whitmore) representa la mayor crítica al sistema penitenciario. Brooks queda libre para descubrir que el mundo exterior le resulta más ajeno que la propia celda donde vivió durante medio siglo. Esto nos lleva a pensar cómo la institucionalización, ese concepto que se refiere a la dependencia de los regímenes carcelarios, termina por ser no sólo un castigo físico, sino que nos amolda a una prisión psicológica de la que no hay salida. Lo anterior se reafirma cuando Ellis Boyd, Red, (Morgan Freeman), el narrador, enfrenta su propia liberación: el fantasma de Brooks lo acompaña como un recordatorio de que la libertad plena se ejerce en cuerpo y alma.

Esperanza y un poco de bondad

Andy Dufresne es un personaje que contrasta y desafía las reglas sin confrontación. Condenado injustamente por un asesinato que no cometió, pudo convertirse en una víctima más del sistema, pero prefirió construir, desde su cautiverio, una resistencia silenciosa que sus compañeros tardan en comprender. Resulta fascinante verlo lograr que los vigilantes le permitan a él y a sus compañeros tomar cerveza en el tejado después de una jornada de trabajo, para recordarles a los demás prisioneros que siguen siendo humanos. No hay que olvidar el momento en el que suenan Las bodas de Fígaro sobre el patio de la cárcel, un acto que podemos leer como el negarse a aceptar que la prisión tenga la última palabra sobre una vida. En la película, la bondad de Andy trasciende la ingenuidad para convertirse en una forma de estoicismo, al no permitir que su entorno lo transforme en lo que este sistema penitenciario quiere. Tal vez por eso la famosa frase que dirige a Red resuena en el centro de la película: “La esperanza es algo bueno, tal vez lo mejor de todo, y lo bueno nunca muere”. Con esa reflexión la esperanza se eleva a un elemento espiritual dentro de la historia.

Andy funciona como un catalizador de la bondad y la esperanza, y su influencia se manifiesta en el personaje de Red, quien experimenta un arco de redención más complejo. Red es el hombre que consigue lo que sea, es el intermediario que ha aprendido a sortear las reglas no escritas, pero también representa el escepticismo. Cuando Andy habla de esperanza, Red señala que la esperanza es peligrosa, ya que puede volver loco a un hombre; su escepticismo es consecuencia de las décadas que ha pasado dentro de la cárcel y en las que ha visto muchas ilusiones ahogarse en el abismo del cautiverio.

Pero la redención de Red ocurre en libertad, cuando debe decidir si cruza la frontera hacia México para reunirse con Andy. Al elegir honrar la amistad que lo sostuvo durante años muy duros, termina por emancipar su propia historia. Red era culpable, pero tras la experiencia en prisión, y gracias a su amistad con Andy, pudo transitar del escepticismo a un valor más noble que nació de la sinceridad: el entenderse a sí mismo desde la compasión, a pesar de los errores del pasado, y conseguir con ello un perdón auténtico que viene desde el fondo.

Ése es el punto de inflexión de Red para reconstruirse y emanciparse de la culpa por el pasado, objetivos para los que necesitaba un acompañamiento que lo contuviera y al mismo tiempo, lo impulsara a ver las cosas de un modo distinto. La constancia de Andy le enseñó sobre la integridad, y así Red comprendió que requería paciencia para abrirse y encontrar su propia bondad innata. Tras compartir los principios de su amigo, logra entenderse para al fin construir su propia idea de lo que es la libertad.

Romper hacia la libertad

The Shawshank Redemption es una película sobre los distintos tipos de encierro que todos los seres humanos enfrentamos, pero también habla acerca de las diversas formas para emanciparnos de ellos. Además, plantea una serie de paradojas, la más importante es la de Brooks quien incluso tras lograr la libertad seguía preso en lo más profundo de su alma, mientras que Andy, a pesar de estar tras las rejas, siempre se supo libre. Esto nos dice que si no contamos con la capacidad de sostener la voluntad, si no interiorizamos la esperanza y la convertimos en un motor, en el núcleo de la fuerza, la perseverancia y la paciencia, ninguna libertad material será suficiente. No podemos dejar de mencionar la metáfora más grande de la película. Andy escapa de la prisión mediante el túnel que cavó durante veinte años, que lo conduce a un ducto por donde sale toda la suciedad de la prisión. Finalmente, se lava en un sitio donde yace el agua más pura, limpiando su pasado, su reputación y su dignidad recuperada. Cuando Red llega, por fin, a la playa de Zihuatanejo y camina con su amigo, comprende lo que significan la esperanza, la libertad a conciencia, tener un propósito y creer en uno mismo. Al final esa redención hacia la bondad no necesita de un escapismo introspectivo al estilo Inception (2010), porque sanar aquello que nos llevó a la noche más oscura del alma requiere sobre todo de aliados que nos motiven y nos recuerden esa esencia que somos, un espíritu fraterno, como la amistad juvenil de Stand by me, o, ¿por qué no?, un Andy Dufresne que nos inspire a mantener la esperanza de que una reinvención es posible.

Tal vez todos necesitamos un Zihuatanejo.+

The Shawshank redemption
Stephen King
Hodder & Stoughton

Anuncio_LaMalditaNovela.pdf 1 23/03/26 9:59

¿Quién
Lluvia Soto. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas. Verdaderamente no sabe qué sería de ella sin sus amigas, así que, para ellas, todo su amor y este texto.
Imagenes promocionales de Little Amélie or the Character of Rain (dir. Maïlys Vallade y Liane-Cho Han), vía Rotten Tomatoes.

experiencia corporal

Uno de los objetivos de los directores era generar una emoción que se quedara como una cicatriz en el cuerpo. Para crearla, usaron cierto estado de ánimo de la luz, mencionó Maïlys Vallade, codirectora. El gran trabajo artístico con el color y las transparencias provocó la convergencia visual entre las tradiciones impresionistas y las influencias de la cultura de la animación japonesa, lo que dio lugar a un lenguaje suave y propio.

En medio de este delicado paisaje acuarelado, la pequeña niña elige tomar la decisión consciente de ser, algo en lo que Nishio-san, la mujer japonesa que vivía con ella y con su familia, jugó un papel determinante: “Era la bondad personificada y me mimaba a todas horas. No hablaba más lengua que la suya. Yo comprendía todo lo que decía. Mi quinta palabra fue, pues, japonesa, ya que la nombré a ella”.

Después de la desconexión, la ternura, en tanto lenguaje y forma de pertenencia, tejió entre ellas una relación de cuidado y vulnerabilidad, en lugar de defensa. Amélie pasó al estado de conexión y el tubo, ese lugar vacío, se llenó de la humanidad de su cuidadora y de la propia.

Anagrama

Nos convertimos en nosotros cuando podemos ser en otros, cuando permitimos que nuestro interior se colme de similitud y afinidad con algo afuera, cuando alguien nos mira con dulzura y nos escucha con presencia, cuando alguien abraza lo que somos con bondad, cuando el exterior se convierte en un lugar seguro, cuando logramos contar nuestras historias y explorar el mundo con curiosidad salvaje. Por ello, el hecho de saber que tendrá que irse de Japón crea en Amélie una herida inmensa que le hace sentir la muerte.

“El drama fundamental de mi vida consistió en ser arrancada de ese universo perfecto a la edad de cinco años. Lo viví como un accidente metafísico, una herida que tendría que reparar algún día”, dice Nothomb.

Un libro para adultos, una adaptación cinematográfica para todas las edades

La estética delicada, onírica y sensorial que elogia la cultura japonesa fue concebida como una creación que no subestimara

Dirigida por Maïlys Vallade y Liane-Cho Han, Amélie y los secretos de la lluvia (2025) es una obra delicada y profundamente sensorial que explora la infancia desde una mirada íntima y filosófica. La película traduce lo cotidiano en una experiencia casi metafísica, en la que el descubrimiento del mundo se convierte en una contemplación poética del lenguaje, el cuerpo y la memoria. Su paso por Cannes y el reconocimiento del público en Annecy confirman su lugar como una de las piezas animadas más sensibles y celebradas del año.

Anagrama

la capacidad del público infantil. Si bien la adaptación está dirigida a infancias de nueve años en adelante, también aspira a llegar a la audiencia adulta e invitarla a reflexionar sobre la vida, la muerte, el amor, la pertenencia y la pérdida desde una perspectiva infantil.

En la sala de cine, al final de la película se escucha la voz de un niño que dice: “mamá, éstas son las películas que hacen llorar a un hombre”. Esa reflexión resulta enternecedora, así como todo lo que conlleva en la mirada de un ser pequeño.

Yo diría que es el tipo de historia que logra conmover a cualquier persona, de cualquier edad, que haya tenido que sol-

el poder de ser en otro

Japón eterno
Metafisica de los tubos

Bueno, bueno…

“¿Bueno?”, decimos en México para iniciar una conversación telefónica más como verificación que como saludo y “hoy hace bueno”, dicen en Madrid para elogiar el estado del tiempo. “Bueno, bueno” como asombro ante algo inesperado y “era buena persona” como placebo o reconciliación ante la inesperada muerte de un prójimo no necesariamente próximo. A diario hay quien prueba un sorbo de vino para decidir si está bueno, fingiendo catar con conocimiento de causa y la carretera siempre está buena para quien ya decidió viajarla.

Hace tiempo que el enrevesado mundo que habitamos parece haberse inclinado por la instalación de lo Malo, lo Falso y lo Horrible en vez de proseguir en la milenaria de lo Bello, Verdadero y Bueno. De la veracidad de la realidad y de la posible belleza que persiste en un pétalo de prosa o en la flor de algún verso nos ocupamos en otras páginas, hoy me preocupa el enigma de la bondad.

en tres para intentar enraizar en lo que sería México todo lo Bello del mestizaje, todas las verdades posibles en la dolorosa unión de dos civilizaciones divergentes y lo Bueno ya dicho en náhuatl o escrito en lengua castellana. Me concentro en lo Bueno que lleva conjugándose en México más de cinco siglos y que parece inasible quizá porque lectores y autores se han portado mal con todo lo bueno.

¿Qué es entonces lo Bueno o eso que llamamos Bondad?

ten compartir ejemplares de una buena saga literaria que los ha hipnotizado. Bien por el encargado con gafete que procura orientar al lector desorientado y bien por los clientes que sacan su lista de antojos como quien intenta cumplir con la nómina del mercado.

Quienes seguimos

adictos a la visita consuetudinaria de las librerías como si fuesen farmacias fermentamos una sana inclinación a la búsqueda callada de todo lo bueno.

Viene de muy lejos el trinomio ideal de lo Bello, lo Bueno y lo Verdadero leído en Platón y en lo que escribió a nombre de Sócrates. En México fue el historiador Guillermo Tovar de Teresa, cronista de la Ciudad de México, quien formulara en su libro sobre La utopía de la Ciudad de México en el siglo xvi dos tercias admirables: por un lado, Tomás Moro y su libro Utopía, Erasmo de Rotterdam y su Enchiridion, y el Tratado de Arquitectura de León Battista Alberti, leídos, digeridos y adaptados a la Nueva España por fray Juan de Zumárraga, Vasco de Quiroga y el primer virrey de Mendoza como un juego de tres

Se ha mancillado la palabra y las acepciones que pululan resultan confusiones o abierta ignorancia. Hay quien supone que la matanza de algún inocente resulta buena en tanto daño colateral imprevisible y quienes profesan las bondades de la corrupción como alicientes o confirmaciones del éxito político o comercial. Sigue en boca de muchos la profesión de la buena onda medio psicodélica, aunque ahora las letras de rolas en neón sean llamados incendiarios a la desatada anarquía o el desmadre en general.

¿Un ánimo o credo, deseo o consigna?

Quienes seguimos adictos a la visita consuetudinaria de las librerías como si fuesen farmacias fermentamos una sana inclinación a la búsqueda callada de todo lo bueno: allí donde una buena lectura se vuelve recomendación y allí donde cedemos el último ejemplar de una novela anhelada que reposaba en el estante a milímetros de nuestro alcance, justo al instante en que llega una señora entrañable buscando ese mismo libro. Buena la madre que ayuda a sus hijas a elegir el cuento ilustrado y buenos los primos que prome-

Soy de los que postulan que el Bien debería convertirse en gerundio y conjugarse como el verbo que describe la labor de las enfermeras que se la viven bienando la salud ajena, tal como los médicos que lo dejan todo por volver a poner bien o bienar un hueso roto o la vesícula mala. Bueno, bueno de veras, el mecánico que afina un motor y garantiza bajar los niveles contaminantes que emita sin caer en la transa de cobrar una mordida para que parezca funcional y ¡qué buen café sirven en el local donde el tostado y molido del grano esencial se escancia debidamente entre humo delicioso! El buen historiador procura viajar al pretérito y narrar la andanza con mirada contextualizada donde respetuosamente se olvida de los paradigmas o dogmas del presente. El buen abogado es quien incluso para interpretar el sentido de una ley o norma procura anteponer la ecualización de la justicia y no el acomodo engañoso del abuso. Muy buena receta la que logra pasar del recetario a la olla con sazón y cariño, herencia de ollas pasadas, a contrapelo de caldos y postres que sacrifican ingredientes o ahorran especias por razones de presupuesto y buenísima la película que se recomienda sin revelar el final y buenérrima la canción o la exposición de acuarelas anónimas o la coreografía de un ballet folclórico que parece narrar sin palabras la cultura autóctona de un paisa-

Jorge F. Hernández es escritor, periodista y aforista. Nació en 1962 y, desde entonces, no ha parado de contar historias.

Erasmo

Universidad

Enquiridion

je por descubrir. ¡Qué buenos son los recuerdos que se vuelven tatuaje indeleble en la memoria! y ¡qué bueno que ya olvidé las desgracias que provocaron tanto dolor!

“De lo bueno, si breve: dos veces bueno”, dice el refrán que alaba la brevedad en estricto paralelo a quienes elogian un concierto o una sobremesa con el elogioso deseo de que hubieran durado mucho más, que se prologara el tiempo en aras de la bondad. Los buenos detalles —minúsculos y apenas perceptibles— no merman o atentan contra la buenísima inmensidad; “bien bajado ese balón” para la interjección atinada al instante y bien jugado cuando la estrategia anímica o emocional se aleja del conflicto para convencer en conversación en vez de vencer a gritos.

Utopía

Rialp

La

Guillermo

UNAM

o sobrevive con la esperanza de que incluso pasado el resultado final falta la buena, ese punto extra que añadíamos de niños en los juegos que parece justificar la prolongación moderna de los tiempos extras.

¡Qué buenos son los recuerdos que se vuelven tatuaje indeleble en la memoria!

¡Qué bueno que ya olvidé las desgracias que provocaron tanto dolor!

¿Qué es entonces lo Bueno o eso que llamamos Bondad? ¿Un ánimo o credo, deseo o consigna? Si su definición allende el Diccionario no es moldeable, se trata de algo inalterable, aunque una rápida encuesta entre familiares, amigos y conocidos arrojaría una ensalada variada de acepciones. Pausa para pensar en el supuesto de que hay gobiernos que proclaman su afán por el Bien Común y madres que aconsejan en voz baja exclusivamente por Tu bien; “estamos todos bien” como frase para no entrar en detalles y “ya está bien” o “ya estuvo bueno” para cortar una retahíla de necedades… y quizá también como sinónimo de Esperanza, precisamente para un mundo donde lo Horrendo, Falso y Malo parece multiplicarse sobre un paño nebuloso.

Espera el Bien que tarde o temprano se instalará contra toda injusticia y espera que todo salga bien como mensaje lanzado a la mar; espera cumplir el buen azar que jamás abolirá el verdadero azar y espera, espera, te digo que ya viene lo Bueno. Juega o navega

Buenos días y buenas noches seguimos expresando a menudo sin pensarlo como buen deseo para conocidos y transeúntes; buen provecho para quien come al lado y buena suerte para el protagonista de todo lance o empeño. Buen viaje para quien emprende la lectura de un libro o anuncia una aventura en automóvil, avión, tren o velero, “¡bienvenida!” en cuanto vuelva y “¡bienhallado!” el que llegue… bendecidos los bienaventurados y vientos huracanados dice la banda que celebra la lectura de un poema en medio de una buena librería donde predomina la presencia de la buena literatura aunque no todos los libros sean buenos y “bien dicho!”, exclama el lector atento ante una frase legible o bien dicha y para bien de estos párrafos busco ya una buena salida que contagie como consigna el deseo de que seamos buenos como quien juega al ajedrez sin necesariamente tener que ganar siempre como bien pasan el tiempo los fantasmas que siguen citándose en una librería que se pasó a la acera de enfrente para seguir siendo buenos amigos, tal como la pareja que empezó a visitar la ahora modernizada librería y sus diversas sucursales exactamente como lo hicieron el primer día por el bien de la relación y en busca del Libro de Buen Amor.

¡Qué bien que parece que me acerco al punto final de un soliloquio quizá no tan bueno!, pero a la espera de la bondadosa lectura que ayude a conjugar al otro lado de la página, a través del espejo de la tinta, la buena definición común de lo Bueno… eso que llevamos en la piel y pensamiento, que abona memoria y deseo y que podría finalmente ser el antídoto perfecto, la esencia indescriptible que finca nuestra variada esperanza para todo bien, aunque uno nunca sabe y puede ser no más que buen deseo… Pero, bueno.+

Tratado de Arquitectura
León Battista Alberti
Akal
Tomás Moro
utopía de la Ciudad de México en el siglo XVI
Tovar de Teresa
Libro de Buen Amor
Juan Ruiz
Akal
de Rotterdam
de Valladolid

Enseñar los

La apuesta de transformar el mundo desde la infancia

La bondad parece haberse vuelto frágil (casi incómoda frente al ruido de la polarización), pero Ariadna Trapote la coloca en el centro de su vida y de su trabajo. Más como una habilidad que debe enseñarse y cultivarse desde los primeros años de vida de una persona que como una idea abstracta o un gesto ingenuo.

Mexicana, egresada del iTAM, con una maestría en finanzas en Harvard y una trayectoria en el sector bancario, Trapote no parecía destinada a convertirse en una de las principales impulsoras de la educación en valores para niños. Pero su historia no comienza en una oficina, sino en un espacio mucho más íntimo: la lectura compartida con sus hijos.

“Todo empezó cuando los llevé a bibliotecas públicas”, recuerda. En Boston, mientras estudiaba su posgrado, encontró en los libros infantiles algo más que historias: descubrió una forma de conexión. “Leer con los niños no es sólo un hábito educativo, es una forma de convivir con ellos, de construir recuerdos”.

ñanza intencional de valores en el que la bondad deja de ser concepto abstracto para convertirse en el eje de todo. “Los valores no son subjetivos. Hay valores universales que todos compartimos como seres humanos: la amabilidad, el respeto, la honestidad. Pero si no los enseñamos, no se desarrollan”.

Su propuesta rompe la idea de que los valores se aprenden de manera automática en casa o en la convivencia diaria. “Creemos que la bondad es algo natural, que los niños la van a adquirir solos. Pero no es así. Tiene que ser intencional”.

Ese descubrimiento marcó su rumbo. Cuando regresó a México, se enfrentó a una realidad distinta: el acceso a libros infantiles era limitado y costoso. Para muchas familias, sostener ese vínculo cotidiano con la lectura resultaba difícil. Entonces decidió intervenir. Así nació Little Bookmates, la primera plataforma de intercambio y préstamo de libros físicos para niños en México. Ese proyecto sería apenas el primer paso hacia algo mucho más ambicioso.

Esa intención se traduce en un modelo pedagógico en el que los valores se enseñan de forma progresiva, adaptados a la madurez de los niños. No es lo mismo aprender a decir “gracias” que entender la gratitud como una forma de vida. “Primero aprenden a decir gracias. Luego entienden lo que es agradecer. Y más adelante comprenden la gratitud como una manera de vivir”.

Con el tiempo, Trapote entendió que el verdadero potencial no estaba sólo en compartir libros, sino en lo que esos libros podían transmitir. Ya instalada en Estados Unidos, decidió escalar el modelo hacia el entorno digital y creó torneos internacionales de lectura, en los que niños de todo el mundo participan acumulando minutos de lectura.

El impacto fue inmediato: en poco más de un año se unieron cien mil niños de 34 países. Pero el dato más relevante no era la cantidad: “Si ya están leyendo, ¿qué les estamos enseñando?”.

Esa inquietud originó su proyecto actual: The Great People Manual, un programa educativo enfocado en la ense-

Lo mismo ocurre con otros valores fundamentales: decir la verdad se convierte en honestidad y, más tarde, en autenticidad. Es un aprendizaje en espiral que acompaña el crecimiento del niño y le permite integrar la bondad en sus decisiones cotidianas. Porque, en el fondo, de eso se trata todo. “Los valores son la base para tomar mejores decisiones”, afirma.

Esta formación se vuelve crucial, especialmente ahora que las redes sociales influyen cada vez más en la forma en que los niños perciben el mundo. “Si no les enseñamos valores, van a decidir con base en lo que ven afuera. Necesitamos formar niños que piensen, pero también que sientan y que entiendan a los demás”.

La bondad, en este contexto, no es debilidad, sino una

Lucía Moreno es autora de Inteligencia Natural (Aguilar, 2025) y fundadora de Verde a la mexicana e Immi México, proyectos que promueven el cuidado consciente de la salud, la naturaleza y el entorno, con un fuerte compromiso social hacia comunidades vulnerables.

Ve la entrevista en mascultura.mx

forma de inteligencia emocional y social. Implica reconocer al otro, respetar las diferencias y actuar con empatía, incluso cuando no es lo más fácil.

Por eso, The Great People Manual no sólo está dirigido a niños.

Incluye también guías para padres y maestros, herramientas que permiten llevar la conversación más allá de la lectura. “No basta con leer un cuento. Hay que hacer preguntas, reflexionar, ayudar a que el niño entienda cómo aplicar ese valor en su vida”.

sólo un medio. “El objetivo no cambia: transmitir valores a través de historias”.

dar

A pesar del crecimiento digital, el libro físico sigue ocupando un lugar central. Los títulos que hoy se distribuyen en Librerías Gandhi han sido cuidadosamente diseñados y presentados en formato bilingüe.

“Queremos que la lectura también sea un espacio de encuentro familiar. Que un papá, una mamá o un abuelo puedan compartir la misma historia”.

La dimensión social del proyecto refuerza esta visión. A través de torneos de lectura gratuitos, niños de distintos contextos pueden acceder a contenido enfocado en valores, sin importar su situación económica.

Trapote recuerda con especial emoción el caso de una niña de Tlaxcala, estudiante de una escuela pública, que ganó uno de los torneos al acumular el mayor número de minutos de lectura: “Eso es lo que buscamos: que cualquier niño, en cualquier lugar, tenga acceso a historias que le enseñen a ser mejor persona”.

Para ampliar ese alcance han incorporado herramientas como la inteligencia artificial, utilizada para generar contenido educativo a gran escala. Sin embargo, insiste en que la tecnología es

Hacia el final de la conversación, Trapote habla de este proyecto como un punto de inflexión en su vida. “Encontré mi estrella norte”, dice. Esa guía se resume en una idea sencilla, pero poderosa, la regla de oro.“Trata a los demás como te gustaría que te trataran”, un principio que rige distintas culturas y tradiciones, pero que necesita ser recordado y enseñado.

La propuesta de The Great People Manual resulta disruptiva: volver a enseñar la bondad como una práctica cotidiana. Leer con los niños. Hablar con ellos. Explicarles, una y otra vez, que ser amable, respetuoso y empático no es opcional, sino esencial. Porque la bondad (como insiste Ariadna Trapote) no es un accidente. Es una decisión que se aprende.+

Ariadna Trapote es emprendedora social y fundadora de ValuesLab, una iniciativa global que integra lectura, valores y pensamiento crítico para fortalecer el juicio y la toma de decisiones en niños y jóvenes.

A través de The Great People Manual y el ecosistema de ValuesLab, Ariadna impulsa un marco estructurado de valores humanos compartidos que permite a niños, familias y educadores comprender qué significan los valores y cómo aplicarlos en la vida real.

Ariadna ha dedicado su carrera a cerrar brechas educativas y a promover una cultura donde la lectura y los valores formen personas capaces de decidir con reflexión, integridad y responsabilidad.

respeto
compartir

Carlota de Habsburgo y su amor por nuestro país Carlota de Habsburgo y su amor por nuestro país

Magali T. Ortega (@nenamounstro) es publicista, escritora y fan de la cultura pop, como su pecho no es bodega, por eso la divulga.

Muchas historias de la emperatriz consorte se han contado, pero lo que hizo por las mujeres, los niños y los pobres de México merece muchos likes. Y aunque duró muy poquitos años en el poder (apenas tres), el lugar privilegiado y poderoso de María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Gotha no fue un mero accesorio de lujo en la corte mexicana; ella llegó a chambearle duro. Gracias a Carlota la educación empezó a ser obligatoria y gratuita (mínimo acabar la primaria), impulsó la cultura y dignificó el acceso médico para las mujeres y niños.

Cuando los emperadores llegaron a México, se encontraron con un país roto, pobre, enfermo, sucio, inculto y sumido en un hoyo negro. Afortunadamente a Carlota le dieron muchos privilegios que supo aprovechar. Por ejemplo: los lunes abría las puertas de su palacio y tenía audiencias públicas. También prohibió el trabajo infantil, los castigos físicos, redujo las horas de la jornada laboral y creó la Junta Protectora de las Clases Menesterosas, que protegía a los indígenas, entre tantas otras obras benéficas.

Las fiestas que daba en Palacio Nacional o el Casino Español se consideraron un derroche de dinero mientras el país estaba en quiebra. Pero lo cierto es que Carlota y Maximiliano tenían un propósito al hacer esos bailes: caerle bien a la élite mexicana y hacer alianzas. La archiduquesa, bien listilla, aprovechaba esas cenas de gala para sacarles dinero a sus cuates y así tener recursos para obras benéficas. Por ejemplo, restaurar escuelas o abrir nuevas, fundar asilos y casas cuna para los niños huérfanos.

Algo que le importaba mucho era la salud materna. En París, ella había estudiado los reglamentos de las casas de maternidad y viendo cómo estaba la situación indigna de la salud en México, se aplicó para mejorar el servicio de salud pública, sobre todo para mujeres y niños. Déjenme les platico que en el México del siglo xix, las mujeres (ricas y pobres) no parían en los hospitales porque se consideraba un acto muy íntimo

y muy privado. Lo normal era que dieran a luz en sus casas con sus parteras; si se complicaba el asunto, y sólo en casos extremos, llegaban a un hospital, claro, las ricas porque las pobres morían en su casa de una hemorragia o una infección.

Como la archiduquesa andaba en todo y ella también recibía los informes del gabinete cuando el marido andaba de gira, un día le pidió a Maximiliano que ordenara construir la Casa de la Maternidad. Carlota sintió que era infame el servicio de salud que las mujeres recibían al parir o al enfermarse, ellas o sus bebés. El 7 de junio de 1866, sus deseos se convirtieron en realidad: “Bajo la protección de nuestra augusta esposa, y en conmemoración de su cumpleaños, se establece en esta corte una Casa de Maternidad”, dictó Maximiliano.

Por instrucciones de Carlota, el edificio, que antes era el Departamento de Partos Ocultos del antiguo Hospicio de Pobres (proyectos de Juárez que, por muchas razones, salieron mal y no tuvieron continuidad), se convirtió en la Casa de Maternidad a la que se le anexaría el Asilo de San Carlos que, legalmente, nunca recibió el nombre de guardería, pero sí fue un centro de cuidado infantil. Ella contaba con los doctores Lino Ramírez y Manuel S. Soriano, encargados de hacer el dictamen, las reglas y ponerlo a funcionar. Entre tantas cosas, los doctores le pidieron a la archiduquesa (cabeza del proyecto) varios instrumentos y objetos médicos que se necesitaban y que ella mandó traer de París. Aunque no todo funcionó como se esperaba, Carlota era la que se aseguraba de que los fondos y el dinero no se malgastaran; además, se encargaba personalmente de que lo básico e indispensable no faltara. Sin embargo, llegó la caída del imperio y, ante todo lo ganado, los exconcejales de la antigua corte no iban a permitir que les quitaran lo que con muchos trabajos habían logrado, así que pusieron la Casa de Maternidad bajo la protección de la señora Arrazola, la esposa de Juan José Baz, el recién nombrado gobernador del Distrito Federal. Aunque las cosas no tuvieron un final feliz, ni para Carlota ni para la atención de mujeres y niños, hay que reconocerle su acto de bondad pues puso su privilegio, su poder y sus recursos culturales y sociales al servicio de un país que se estaba cayendo a pedazos. +

Autoentrampamiento en virtualidades y redes sociodigitales donde la banalidad atraviesa cualquier asunto por profundo, vital o brutal que sea; aquiescente cesión de las decisiones a los algoritmos; empatía con Alexa o cualquier otro avatar de IA antes que con personas; multiplicación de desigualdades y precarización del empleo; mil y un corrupciones rampantes; condena al exilio y criminalización del exiliado; inflamación de la manósfera y el feminicidio; violencias terroristas y mensajes del narco; nuevas guerras neocolonialistas o de exterminio; inundación plástica de los mares. Etcétera. Este tiempo desborda las categorías y jerarquías conceptuales que Hannah Arendt trabajó para describir el mal, sus contextos y desembocaduras: banalidad del mal y ausencia del pensamiento, mal radical y prescindibilidad humana (superfluidad), huida del mundo y soledad (desolación/desarraigo)…

¿Qué pinta en ello la bondad que para Arendt es desinteresada, por tanto apolítica, y destinada a los espacios privados?

Luego de hallar en Eichmann en Jerusalén que “la pura y simple irreflexión — que en modo alguno podemos equiparar a la estupidez— fue lo que le predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo”, Hannah Arendt avanzó hasta basar La condición humana en un amor mundi (como quería titular el libro, luego desalentada por el editor) como fundamento para preservar el espacio común, el mundo que compartimos con los otros, en tanto que nos precedió y habremos de dejarlo para los que vengan, como una mesa a la que están convidadas las comunidades humanas y políticas para coincidir, disputar, conciliar y concebir; espacio donde nuestras palabras y actos tienen significado. “Por lo tanto”, anuncia en el prólogo a La condición humana, “lo que propongo es muy sencillo: nada más que pensar en lo que hacemos”.

Sentarse a esa mesa implica el valor de dejarse ver y oír y pedir del otro lo mismo: “Si la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo debe tener algo que ver con la capacidad de pensar, entonces de-

bemos poder «exigir» su ejercicio a cualquier persona que esté en su sano juicio, con independencia del grado de erudición o de ignorancia, inteligencia o estupidez, que pudiera tener” (De la historia a la acción). Interpelarlo, dejarlo hablar, discutirlo, entenderlo y respetarlo; dar espacio a la dignidad.

Nacida en una familia judía secularizada (Hannover, 1906), conoció el campo de concentración de Gurs, Francia, en 1940 y el exilio que habría de continuar su desarraigo: “nunca en mi vida he «amado» a un pueblo o colectivo, ni al alemán, ni al francés, ni al americano, ni por ejemplo a la clase obrera o nada similar en este nivel”, escribió en una carta de 1963 a Gershom Scholem (Tradición y política). Sin embargo, Arendt quiso comprender el mundo con los otros (ahí están sus intervenciones públicas, entrevistas, epistolarios), pero afirmando su autonomía: “mis argumentos y mi modo de pensar no son previsibles […] soy independiente […] siempre hablo en nombre propio […] solo aprovecha pensar por uno mismo” (id.). Autonomía que alcanzó su profesión: “si cabe hablar de tal cosa, es la teoría política. No me siento para nada filósofa” (Lo que quiero es comprender). Después de presenciar cómo la filosofía alemana se arrodillaba ante el nazismo, Arendt comprendió que el pensamiento debía tocar de otro modo el mundo, los hechos, las vidas… bajar de las nubes metafísicas. Exiliada en Nueva York desde 1941, decidió regresar ante el “abismo” para entender cómo la normalidad es capaz de albergar el horror. En 1961, cubrió como corresponsal de la revista The New Yorker el juicio de Adolf Eichmann, funcionario nazi que organizó la deportación de millones de judíos europeos a los campos de exterminio: “A pesar de los esfuerzos del fiscal, cualquiera podía darse cuenta de que aquel hombre no era un «monstruo», pero en realidad se hizo difícil no sospechar que fuera un payaso” (Eichmann en Jerusalén).

El mal que impulsa a esos agentes con mayores o menores capacidades lo pensó Arendt originalmente como “radical”, im-

puesto por el terror y la acción ideológica de los regímenes totalitarios (Los origenes del totalitarismo); más tarde, sin embargo, dirá: “a día de hoy opino que el mal es siempre solo extremo, pero nunca radical, no tiene profundidad, tampoco es diabólico. Puede devastar el mundo entero, precisamente porque sigue creciendo en la superficie como un hongo. Solo el bien tiene profundidad y puede ser radical” (misma carta a Scholem). Sin haber elaborado sistemáticamente la noción de bien radical, a partir de 1963 fue dejando pistas que podrían organizarlo. En la base, “el pensar, el dos-en-uno del diálogo silencioso [con uno mismo] es la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo […] Y esto […] puede prevenir catástrofes” (De la historia a la acción). Ese ejercicio del criterio es “algo más que consciencia”, su práctica constituye una suerte de alarma de que “no puedo hacer determinadas cosas porque, una vez que las haga, ya no podré vivir conmigo mismo” (Responsabilidad y juicio). Finalmente, el enraizamiento vía la memoria, y ésta, cuando se trata de crímenes, reside en los sobrevivientes y testigos (en el juicio de Eichmann tuvieron un sitio primordial): “Los mayores malhechores son aquellos que no recuerdan porque no han pensado nunca en el asunto, y sin memoria no hay nada que pueda contenerlos” (id.).

A la condición humana en el mundo Arendt la llamó vita activa, en la que distinguió labor (sobrevivencia y consumo) y trabajo (producción y sostenimiento económico) de acción, cuyo ámbito es el político, es decir, su quehacer demanda actos y discursos públicos, y está signada por las cualidades de la irreversibilidad e impredecibilidad, pues “nunca podemos saber realmente qué estamos haciendo” (De la historia a la acción) ni sus consecuencias. La comunidad política, sin embargo, cuenta con medios para desactivar dicha fatalidad: “La redención posible de esta desgracia de la irreversibilidad es la facultad de perdonar, y el remedio para la impredecibilidad se halla contenido en la facultad de hacer y mantener las promesas” (id.).

El perdón y las promesas tienen para Arendt la ventaja de “iniciar procesos nuevos”: “La acción, con todas sus incertezas, es como un recordatorio siempre presente de que los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso, sino para comenzar algo nuevo […] no es más que otra forma de decir que, con la creación del hombre, el principio de libertad apareció en la tierra” (id ).

Desde la perspectiva arendtiana “el hombre que ama la bondad nunca puede permitirse llevar una vida solitaria, y, no obstante, su vida con otros y para otros ha de quedar esencialmente sin testimonio” (La condición humana), apartada del espacio público, pues de lo contrario corre el riesgo de desviar su sentido desinteresado para buscar fama pública (las apariencias de la política) o, peor, aspirar a un moralismo absoluto a la Robespierre. Sin embargo, quizás porque la bondad y las buenas acciones llevan la impronta religiosa (“Verdaderamente no son de este mundo”, id.) necesitan de una operación de secularización para postularse como distintivo de una política específica y una acción que las traduzca a una propuesta de radicalización democrática. Bajo esta perspectiva, en gran medida abordada — siguiendo vías sin alusión a Arendt— por Luciana Cadahia en República de los cuidados (Herder, 2024), cuidar del mundo involucra la idea de pensar “lo público y lo doméstico a partir de lo común”, donde la vulnerabilidad no implique desechabilidad, donde los vínculos y el trabajo reproductivo adquieran una dimensión política urgente.+

La condición humana

Hannah Arendt

Paidós Eichmann en Jerusalén

Hannah Arendt

Lumen

República de los cuidados

Luciana Cadahia

Herder

Thomas Meyer

Anagrama

Amor sin mundo

Miquel Esteve

Navona

Hannah Arendt y la urgencia del

La raíz contra el hongo bien radical

Hanna Arendt. Una biografía intelectual

¿Quién de nosotros, atrapado por la lectura, no se ha quedado a la mitad de los pasillos de alguna de las sucursales de Librerías Gandhi?

También le pasó a nuestra querida Verónica Gerber Bicecci, una artista visual que escribe, cuya obra desafía los límites entre arte y literatura, texto e imagen. Ganó el Premio Internacional de Literatura Aura Estrada en 2013. Ha escrito Mudanza, Conjunto vacío, Palabras migrantes, Otro día... (poemas sintéticos) y La Compañía. En esta ocasión, de la mano de sus recuerdos, nos sumergimos en las tardes dominicales en las que el antídoto perfecto contra la nostalgia era (o mejor dicho, es) perdernos entre las historias de los libros que hojeamos.

Aunque mi recuerdo es bastante anodino, lo guardo con cariño. Me veo sentada en el piso, frente al estante de libros infantiles, curioseando y leyendo contratapas. Es el primer local de Gandhi, en Miguel Ángel de Quevedo, justo frente al actual. Estoy aburrida. Cada minuto más y más aburrida. El lugar siempre me pareció laberíntico; apretado, y apenas con el espacio justo para pasar entre mesas, estantes y pilas. Cada tanto, mi mamá o mi papá me piden que me ponga de pie porque no dejo pasar. Me levanto, pero al rato me rindo y termino de nuevo sentada en suelo, estorbando. Aquellos domingos la visita a Gandhi me parecía eterna, igual que el tiempo que tomaba leer un libro. Ahora extraño esa eternidad. Añoro tener tiempo para leer los libros que se apilan en mi mesita de noche y para perderme en los pasillos de una librería.

Ficción

La biblioteca de la medianoche

Matt Haig • AdN

Stranger things: cueste lo que cueste

Caitlin Schneiderhan • Plaza Janés

La fuerza vital del cielo anterior

Jacobo Grinberg-Zylberbaum • Debolsillo

Cuando el café esté listo (Antes de que se enfríe el café 5)

eBooks {Recomendamos}

Toshikazu Kawaguchi • Plaza Janés

Sueño de trenes

Denis Johnson• Random House

No ficción

Este dolor no es mío

Mark Wolynn • Gaia Ediciones

Madera de líder

Mario Alonso Puig • Paidós

Volver al amor

Marianne Williamson • Urano

La hipótesis de la felicidad

Jonathan Haidt • Paidós

Un himno a la vida

Gisèle Pelicot • Lumen

{Los + Leídos}

Maite

Fernando Aramburu • Tusquets

Un día de lluvia en Tokio

Yasmin Shakarami • Newton Compton Editores / Duomo ediciones

La Antártica empieza aquí

Benjamín Labatut • Anagrama

Sinceramente

Margaret Atwood • Salamandra

Cepillar al gato

Jane Campbell • Impedimenta

Arte

Camino al mundial 2026

VR Editoras

El arte de la fantasía

S. Elisabeth • Akal

Guía México Gastronómico 2026

Juan Claudio Poblete Ritschel • Culinaria Mexicana

Guinness World Records 2026. Fútbol

Guinness World Records • Planeta

Nutrición exprés para personas ocupadas

Fernanda Alvarado • Larousse

Jóvenes

Alas de estrella

Allison Saft • Crossbook

Érase una vez un corazón roto

Stephanie Garber • Books4Pocket

El perfume del rey

Karine Bernal Lobo • Planeta

La balada de nunca jamás

Stephanie Garber • Books4Pocket

Almendra

Won-pyung Sohn • Océano Gran Travesía

Niños

Inventadinos

Dreams Art • Dreams Art

KPop Demon Hunters: ¡Por los fans!

Netflix• Montena

Harry Potter y la piedra filosofal (ed. limitada)

J. K. Rowling • Salamandra

El libro salvaje

Juan Villoro • FCE

Dónde esconder una estrella

Oliver Jeffers • Fondo de Cultura Económica

Desde la musicalidad de un poema que nos conecta con la naturaleza, pasando por el humor que valida la identidad de las mentes científicas más curiosas, hasta el consuelo de encontrar lo extraordinario en circunstancias poco favorables, las recomendaciones infantiles de este mes buscan convertirse en un espacio donde la belleza del lenguaje y la fuerza de las ilustraciones se unen para acompañar el crecimiento de quienes hoy empiezan a descubrir el mundo a través de las historias.

Río Viento | Texto de Adolfo Córdova | Ilustraciones de Mariana Alcántara | Ediciones El Naranjo

¡RÍO VIENTO GANA EL BOLOGNARAGAZZI AWARD 2026! Estos prestigiosos premios, otorgados por la Bologna Children’s Book Fair (la feria de libro infantil más importante del mundo) y dedicados al reconocimiento de lo más innovador de la literatura infantil, reconocieron a esta maravillosa obra en su categoría Toddler. Este libro fue publicado por Ediciones El Naranjo en su colección Sirenas, enfocada en la poesía para las primeras infancias como una herramienta para la estimulación del lenguaje y una manera de acercarse a su musicalidad. Con un fondo editorial que ha sido antes premiado, el cuidadoso trabajo editorial se percibe en cada página; cadencioso en cada palabra y cada imagen: ¿Se acordará el río que

antes, hace muchos silbidos, fue viento? Una obra que hará sentir en la lectura el murmullo del agua y la ligereza que deja el aire al pasar por el cuerpo.

La escuela de etiqueta Millicent Quibb para jóvenes científicas chifladas | Texto de Kate McKinnon | Ilustraciones de Alfredo Cáceres | Duomo Ediciones

Kate McKinnon, guionista premiada y reconocida cómica y actriz —especialmente por ser parte de reparto de Saturday Night Live— debuta en la narrativa con esta novela: una obra que combina humor y excentricidad con un entrañable mensaje sobre la búsqueda de identidad y pertenencia. Esta historia sigue la vida de tres hermanas inadaptadas que no logran encajar en la estructura social de su rígido pueblo. A ellas les interesa más la ciencia que las normas sociales, lo que las lleva a vivir una aventura alocada en uno de los que han sido considerados los mejores libros del año.

La estética del libro y sus detalles buscan generar una experiencia amplificada. En la página de la editorial, es posible, por ejemplo, descargar un cuaderno de actividades para tener una experiencia continuada con estas tres hermanas y una científica chiflada que salvarán al mundo.

Cosas pequeñas y extraordinarias | Texto de Daniela Arroio y Micaela Gramajo | Ilustración de Nono Pautasso | Editorial Limonero

Este libro se origina en la amistad de Daniela Arroio y Micaela Gramajo. Ambas tienen una compañía de teatro para infancias y juventudes. Un día crearon una obra que entrelaza migraciones propias: raíces en Argentina y Brasil y una vida en México. De la experiencia abordando este tema nace su primer libro.

La historia recrea la migración desde la mirada de Ema, una niña de ocho años. Ella colecciona objetos extraordinarios para su museo personal, que tiene que abandonar para escapar con sus padres de una situación hostil en su país. Sufrir la comida de un nuevo lugar y no entender otra lengua serán hechos que logra sortear de la mano de nuevas amistades con las que descubre que las pequeñas cosas extraordinarias pueden encontrarse en cualquier parte.

Limonero, editorial argentina de las más destacadas de América Latina en el segmento del libro ilustrado, hace su llegada a México con este extraordinario título, y así inaugura la presencia en nuestro país de un fondo original, estimulante, innovador y sugestivo.

Una pulga en el corazón | Texto de Ana Vera | Ilustración de Victor Ynami | Fondo de Cultura Económica

En apenas cuarenta páginas, la historia sigue a Bianca, una perrita cuyo mundo cotidiano se transforma cuando parte de su familia humana desaparece de pronto. En ese paisaje íntimo aparece una pulga. Esa diminuta visitante funciona como contrapunto del dolor silencioso que atraviesa la casa. Con ella llegan el juego, el movimiento y una forma distinta de habitar la tristeza. La pulga no resuelve el conflicto, pero introduce una energía que permite a Bianca adaptarse a un mundo que ha cambiado.+

Virtudes en tu vida cada día

Programa de Valores Bilingües para Estudiantes de Primaria y Secundaria

Nuestros libros y experiencias de aprendizaje acompañan a los estudiantes: Historias que los niños entienden, recuerdan y aplican en su vida diaria.

Respeto Honestidad Empatía Valentía Responsabilidad y más.

Nuestro plan en espiral incluye: en ¡Disponible ya!

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Las muchas versiones que contamos para sobrevivir

Entre tendencias marcadas por thrillers psicológicos y novelas de secretos familiares, Las tres vidas de Cate Kay, la primera novela de la periodista y escritora estadounidense Kate Fagan, llega a las librerías mexicanas con una premisa irresistible: ¿qué ocurre cuando una autora superventas decide revelar que la persona detrás de su nombre nunca existió?

Desde el inicio, el libro plantea un misterio que atrapa de inmediato. Cate Kay es una respetada escritora, responsable de una exitosa saga literaria, pero ése no es su verdadero nombre. Durante años, su identidad ha permanecido oculta. Ahora, por primera vez, decide contar la historia completa.

La novela está escrita como una especie de autobiografía ficticia en la que la protagonista revela cómo llegó a vivir bajo distintas identidades. Este recurso narrativo, que mezcla la confesión personal y la reconstrucción del pasado, permite que la historia avance con agilidad y que el lector descubra la verdad entre momentos de tensión.

Fagan retrata con sensibilidad esa amistad intensa que nace en la adolescencia, cuando los sueños parecen ilimitados y el futuro todavía puede reinventarse. También introduce una tensión emocional poderosa: Annie está enamorada de Amanda, pero nunca está segura de que el sentimiento sea correspondido.

Este conflicto íntimo le da profundidad a la historia y convierte la novela en algo más que un relato de misterio. En el fondo, Las tres vidas de Cate Kay es una novela sobre identidad, deseo y las decisiones que marcan el curso de una vida.

El formato narrativo permite, además, que otros personajes añadan su propia perspectiva. A lo largo del libro aparecen distintas voces (amigos, amores, colaboradores) que aportan a la reconstrucción del rompecabezas de la vida de Cate. Esta estructura coral mantiene el interés y aporta nuevas capas a la historia.

Al mismo tiempo, la novela apuesta por un estilo directo y dinámico, ideal para quienes buscan una relato absorbente y ágil sin perder intensidad emocional.

Si bien el libro se inscribe en fenómenos editoriales recientes dentro de la narrativa contemporánea con personajes LGBTQ+ y ambientación en el mundo del entretenimiento, Las tres vidas de Cate Kay tiene su propia personalidad. Más que una epopeya sobre celebridades y el mundo del glamour, es una historia íntima sobre las versiones de nosotros mismos que creamos para sobrevivir.

Conocemos a Annie, una joven que crece en un entorno complicado y encuentra en su amistad con Amanda una forma de imaginar una vida diferente. Juntas sueñan con escapar de su pequeño pueblo y mudarse a California para convertirse en actrices. Sin embargo, justo antes de emprender esa aventura, ocurre una tragedia que cambia el rumbo de sus vidas.

A partir de ese momento, Annie comienza una huida que marcará toda su existencia. Nuevos nombres, nuevas ciudades y nuevas oportunidades se convierten en la manera de dejar atrás aquello que no puede enfrentar. Con el tiempo, transformará ese pasado en historias que la convertirán en una autora de impresionante éxito.

Uno de los mayores aciertos de la novela es precisamente la relación entre Annie y Amanda, el corazón emocional del libro.

En esta primera incursión en el género de la ficción, la autora muestra una habilidad notable para ahondar en las particularidades de sus personajes. Cate Kay no es una heroína perfecta. Es un personaje gris, complejo, que toma cuestionables decisiones, lleno de contradicciones, cuya historia se construye a partir de silencios, encrucijadas y secretos guardados durante años. Quizá por eso la pregunta central de la novela resulta tan poderosa: ¿cuántas vidas puede vivir una misma persona?

Para los lectores que buscan historias capaces de combinar emoción, misterio y reflexión personal, Las tres vidas de Cate Kay llega como una de las lecturas más comentadas de la temporada.

Disponible ya en librerías en México, la novela resulta ideal para quienes disfrutan de historias intensas, con personajes memorables y secretos que esperan ser revelados. Porque, al final, todos contamos distintas versiones de nuestra historia. Y pocas novelas recientes exploran esa idea con tanta sensibilidad como Las tres vidas de Cate Kay.+

Las tres vidas de Cate Kay
Kate Fagan

Una entrevista a Karla Montalvo

Orquídea siente que el mundo se le ha venido encima. Y no es para menos: está en medio de una crisis profesional como actriz de teatro y televisión, ha discutido con su madre y se ha quedado sola con Viridiana, su hija de once años, que cada vez es más rebelde y se lleva mejor con Irene, la insufrible novia de su exmarido, Tavo. A él le ha ido de maravilla escribiendo un bestseller de autoayuda desde que Orquídea le fue infiel y se separaron. Como si eso no bastara, Irene acaba de quedar embarazada. Para colmo, Orquídea comienza a tener extrañas visiones en las que se ve a sí misma siendo otras personas en diferentes épocas o, a veces, siendo un animal. Sumida en el desconcierto, buscará respuestas en hechos pasados, presentes y futuros que le ayuden a recuperar el rumbo de su vida. Ésta es la trama principal de La génesis de la catástrofe (Hachette, 2026), la nueva novela de Karla Montalvo.

JD. Karla, ¿por qué es tan especial para ti La génesis de la catástrofe? ¿Cómo construiste la psicología de Orquídea? KM. Es una obra muy especial, justo porque constituyó el reto de construir la psicología de Orquídea. La novela surge de un taller que tomé con Juan Pablo Villalobos. Y lo que él decía sobre la psicología de los personajes me encantó: en lugar de hacer una ficha psicológica y ponerle adjetivos, nos pidió que hiciéramos un texto sobre qué hacía el personaje en un día normal. Decía: “En realidad lo que somos es lo que hacemos”. A mí me encantó eso, porque ponerles adjetivos a los personajes me parece poco orgánico y falso: se vuelven tipos y no personas.

Lo que trabajé con Orquídea fue tener conciencia de que lo que ella hacía era lo que ella era. Lo fantástico de eso fue ver que ella era capaz de hacer muchas cosas que al inicio nunca se habría imaginado. Que se sorprendiera ella, que me sorprendiera a mí, fue algo muy bello.

JD. A lo largo de la novela, Orquídea experimenta regresiones y progresiones que determinan cómo va escribiendo su destino. ¿Cómo consideras que los seres

humanos nos construimos a partir de las experiencias y los significados que vamos acumulando en lo cotidiano?

KM. Yo creo que somos mucho lo que nos contamos. Hacemos una narrativa de quiénes somos y esa narrativa, aunque estamos convencidos de que es la verdad, se puede cambiar. Yo puedo recontarme mi vida de otra manera y entonces mi forma de estar en el mundo puede modificarse.

Lo que nos pasa es que a veces nos aferramos a una narrativa y ya no le queremos cambiar ni una coma. Eso puede ser bueno porque te construiste tu identidad. Pero a veces es un lastre, porque te contaste la peor versión posible de ti o de tu vida. Esta idea de que no hay esencias puede generar mucha angustia, pero al mismo tiempo nos posibilita mucha libertad.

JD. ¿Qué autoras y autores han influido en tu escritura?

KM. Soy una fan de Clarice Lispector. La he leído mucho. Otro escritor que me gusta mucho es Monterroso, también por la ironía. Rulfo también me importa mucho. Tiene todo este trabajo de construcción y representación de la oralidad. Eso también lo tiene Teresa de la Parra.

Lo que me han enseñado todas esas escritoras y escritores es que hay que buscar lo que una tiene que contar. Muchas veces no tiene nada que ver con lo que ellos hicieron, porque tu contexto es otro, tu vibra y tus intereses son otros.

JD. ¿Qué pueden esperar los lectores que se acerquen a esta obra?

KM. Trabajé para que puedan tener una experiencia que sólo sea posible a través de la literatura. Si bien es muy visual, también tiene mucha sensorialidad de otro tipo: el tacto, el olfato, el gusto. Que sea una experiencia multisensorial y que les permita ir por diferentes mundos.

Espero que los haga pensar sobre cosas importantes: cómo quieren vivir, qué es para ustedes el éxito, el sentido de la vida, su identidad y cómo se construye. Si podemos poner esos temas sobre la mesa, yo feliz.+

Karla Montalvo es actriz, escritora y académica. Ha obtenido en dos ocasiones la beca Jóvenes Creadores de Fonca y es autora de los libros Los personajes que soy, Veritas Vincit, Transmutaciones y Jonás, Manteca y Santi. La génesis de la catástrofe, publicada por Hachette en 2026, es su novela más reciente.

génesis de la catástrofe

Karla Montalvo Hachette

Jorge Durán es editor, autor y traductor; aunque antes, lector. Lleva más de veinte años convencido de que los libros dan propósito al mundo.
La

Oscar Guayabero y las neutopías:

imaginar futuros en tiempos de incertidumbre

Ante la ansiedad que puede generar el futuro (en medio de una crisis climática, conflictos geopolíticos y modelos económicos que parecen agotarse), el teórico, investigador y divulgador del diseño Oscar Guayabero propone volver a imaginar, además plantea un concepto que funciona como alternativa a las utopías rígidas del pasado y a las distopías dominantes del presente: las Neutopías (GG, 2025).

“Hay una frase muy conocida que dice que es más fácil imaginar el fin de la humanidad que el fin del capitalismo”, comenta Guayabero. Para él, esta idea refleja los límites del marco mental en el que solemos movernos: creemos que ciertas estructuras son inevitables simplemente porque no logramos concebir alternativas.

Durante mucho tiempo, explica, la imaginación del futuro estuvo dominada por las utopías. Sin embargo, muchas de esas visiones también eran profundamente rígidas. Las grandes ideologías del siglo xx (desde el capitalismo hasta el comunismo o el fascismo) “eran sistemas cerrados. No admitían la diferencia. Si estabas dentro, estabas a favor; si no, eras enemigo”.

Las neutopías, en cambio, buscan imaginar escenarios abiertos, permeables, capaces de transformarse con el tiempo. En lugar de dibujar el futuro como un plano terminado, Guayabero propone pensar en pistas, direcciones o posibilidades. Futuros que puedan adaptarse a contextos diversos y que acepten la diferencia como parte esencial de su existencia.

El diseño como herramienta de supervivencia

Uno de los ejes más sugerentes del libro es la manera en que redefine el papel del diseño que, de acuerdo con Guayabero, no debe entenderse únicamente como una disciplina profesional dedicada a crear productos, sino como una actitud profundamente humana: “Desde que apareció el Homo sapiens, el diseño ha sido una estrategia de supervivencia”, explica. “Es pensar antes de hacer”. Sin embargo, con la industrialización de los siglos xviii y xix, esta práctica cambió de orientación. Hoy, frente a desafíos globales como el cambio climático, la crisis energética o los posibles colapsos alimentarios, Guayabero cree que el diseño debe recuperar su dimensión estratégica.

“Estamos en un punto híbrido”, afirma. “El mercado sigue necesitando diseño, pero los humanos también necesitan herramientas para sobrevivir”. Esto implica pensar de dónde provienen los materiales con los que se hacen los objetos, cómo se producen, qué impacto tienen y qué ocurre cuando dejan de utilizarse. Conceptos como reutilización, reciclaje o economía circular dejan de ser tendencias para convertirse en herramientas esenciales.

Cambiar las palabras, cambiar la mirada

Entre las propuestas más simples del libro aparece una idea aparentemente menor: modificar el lenguaje con el que hablamos del diseño. Guayabero suele pedir a sus estudiantes que eliminen la palabra consumidor y la sustituyan por usuario.

La diferencia no es trivial. Si alguien es un consumidor, la relación con el objeto termina en el momento de la compra. En cambio, si se trata de un usuario, el diseño debe garantizar que el objeto funcione, que tenga sentido en la vida cotidiana y que mantenga una relación honesta con quien lo utiliza.

Pensar en pequeño

Otra de las ideas centrales de Neutopías es la importancia de las acciones a pequeña escala. Los problemas actuales del mundo han provocado ansiedad ecológica, entendida como la sensación de que cualquier intento de cambio es inútil.

Frente a eso, Guayabero propone dividir los grandes problemas en muchos problemas pequeños.“Si intentas resolver el hambre en el mundo, probablemente terminarás paralizado”, explica. “Pero si empiezas con algo pequeño (un huerto comunitario, por ejemplo), ya estás generando un cambio”.

Las neutopías funcionan precisamente así: no buscan crecer indefinidamente ni convertirse en sistemas universales. A veces basta con que funcionen bien en su propia escala.

La apuesta de Guayabero es recuperar la imaginación como herramienta para pensar el mundo, porque ninguna realidad ha existido antes sin haber sido imaginada primero.+

Ve la entrevista en mascultura.mx

Oscar Guayabero es teórico, investigador especializado en diseño, arquitectura y cultura visual. Ha desarrollado una amplia labor como divulgador y comisario de exposiciones dedicadas al papel social del diseño. Con Neutopías propone una reflexión sobre la necesidad de imaginar escenarios alternativos frente a las narrativas distópicas que dominan la conversación contemporánea.

Neutopías

Oscar Guayabero

Historias para crecer imaginando

Una selección de nuestras distribuciones infantiles que invita a mirar, imaginar y descubrir.

@gg_distribucionesmx @kalandrakamexico

L e e r e l p r e s e n t e

Libros que no te has atrevido a leer

No sé si a ustedes también les pasa, pero últimamente me he dado cuenta de que ahora disfruto más las cosas que ya conozco, lo que me hace sentir a gusto, tranquila, en paz y sin sobresaltos. Pero en cuanto a la lectura, me pasa totalmente lo opuesto. Ahora me gusta experimentar, salirme de mi zona de confort, conocer nuevos géneros, sentirme incómoda, descubrir autores y autoras, que me muestren diferentes formas de pensar, que me abran los ojos, que me inviten a vivir otras experiencias, que me hagan reflexionar sobre temas a los que antes les huía. Por eso les quiero compartir estos títulos que he leído en los últimos meses y que no he podido quitarme de la cabeza.

De Pedro Simón había leído Los ingratos (Espasa, 2021) y Los incomprendidos (Espasa, 2022), así que cuando vi Los siguientes (Espasa, 2024) no lo pensé dos veces y lo escogí como lectura para mis clubes y vaya sorpresa que nos llevamos.

En la historia conocemos la vida de tres hermanos: una mujer y dos hombres que tienen que cuidar a su padre, un viudo muy solo que empieza a manifestar signos de demencia. Me encanta que al estar narrado a tres voces te puedes poner en los zapatos de cada uno y entender los distintos puntos de vista. Hay un hermano que es muy hostil con su padre y esto incomoda, pero, conforme avanza la historia, vas comprendiendo sus razones. Como lector, es inevitable preguntarte “¿qué habría hecho yo?”.

También accedemos a la postura de la hija. Como se trata de una mujer, todos asumen, incluida ella, que es quien debe hacerse cargo de los cuidados, a pesar de

tener una vida bastante complicada. Está el tercer hermano, el más relajado, el extremo opuesto que muchas veces saca de quicio a los demás.

Llevo mucho tiempo dirigiendo clubes de lectura y con ningún libro había sucedido lo que sucedió con éste. Todas acabamos hablando de nuestros padres, de lo difícil que puede ser envejecer, porque este libro nos invita a tener esas conversaciones que evitamos y dejamos para después. Nos pone a pensar en nuestra propia vida, en la vejez que tendremos y en la responsabilidad que le estamos dejando a nuestros hijos; nos hace preguntarnos qué tanto podemos planear y prevenir, porque sí, lo queramos o no, nosotros somos Los siguientes.

Hace tiempo me recomendaron Claus y Lucas (Libros del Asteroide, 2019), de Agota Kristof, y por alguna razón no llegaba su hora. Por fin lo leí este año y vaya que me voló la cabeza, no dejo de pensar en él y estoy segura de que lo volveré a leer en algún momento. A esta obra la integran tres novelas que Agota ya había escrito. En la primera parte vemos la historia de dos niños durante la guerra; es dura, cruel, sin nombres, con pocos adjetivos y no apta para estómagos sensibles. La segunda se centra en la vida de uno de ellos y la tercera es un rompecabezas que te cuestiona qué es lo que leíste, lo que entendiste o, más bien, todo lo que no entendiste. La estructura narrativa resulta impresionante, te invita a regresar a la primera página y empezar de cero. Aunque quizá no sea un libro para todos, si lo lees te aseguro que lo recordarás siempre.

Sé que hay personas que huyen de los libros de más de quinientas páginas y más si

desde un principio sabemos que serán seis tomos así, pero créanme cuando les digo que este viaje vale la pena.

Hace cuatro años me invitaron (junto con @ellibrerodevalentina), a la fil Guadalajara a presentar un libro de Santiago Posteguillo: Roma soy yo (B de Bolsillo, 2025), la primera parte de una ambiciosa serie sobre la vida de Julio César que, de inicio, nos introduce al mundo de la Roma antigua, el derecho romano, la niñez, cómo eran sus padres. No pude soltarlo porque siempre hay acción, intriga y tensión. En el segundo libro, Maldita Roma, conocemos a un Julio César joven, impulsivo, temerario y a las amistades que lo rodean, mientras que en Los tres mundos, el último, iremos con él a las batallas, descubriremos al Julio César conquistador, al ambicioso. No dejan de sorprenderme el detalle de la investigación histórica que tiene Posteguillo y la manera en que intercala, con gran precisión, la realidad con la ficción. Si no han tenido la oportunidad de leer esta serie, empiecen ya, aún están a tiempo para ponerse al día porque en dos años tendremos la cuarta parte en librerías.

Quiero terminar invitándolos a conocer nuevos títulos que antes no se hubieran atrevido a leer.+

Maura Gómez. Desde niña, los libros han sido parte de su vida, hoy dirige trece clubs de lectura, con una comunidad de 180 lectoras con las que, mes a mes, lee diferentes géneros. Organiza viajes literarios nacionales e internacionales y crea contenido literario que difunde en sus redes sociales @mauraterecomiendaunlibro. También es coautora de Terapia Literaria y Terapia Literaria, el journal, publicados bajo el sello Aguilar de Penguin Random House. Su propósito es y será siempre acercar a la gente a la lectura, convirtiendo su pasión en una profesión.

Celebrar el origen, proyectar el futuro. La Colección FEMSA celebra 50 años

La muestra, presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey del 20 de marzo al 9 de agosto de 2026, marca el inicio de la celebración por el 50 aniversario de la Colección FEMSA

La Colección FEMSA presenta la exposición “Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA”, que propone una nueva lectura de uno de los acervos más relevantes de arte latinoamericano de los siglos xx y xxi.

Con cerca 170 obras de más de 100 artistas latinoamericanos, la exposición ofrece la presentación más amplia del acervo realizada en México hasta ahora, al tiempo que abre una ventana hacia el futuro de la colección, en el marco del 50 aniversario de la Colección FEMSA.

Lejos de organizarse como un recorrido cronológico, “Constelaciones y derivas” propone una estructura curatorial basada en constelaciones, que permite establecer relaciones entre obras de distintas épocas, geografías y generaciones a partir de preguntas compartidas.

La exposición, curada por Eugenia Braniff, Paulina Bravo, Beto Díaz Suárez, curadores de Colección FEMSA; y Adriana Melchor, curadora independiente, se articula a partir de cinco constelaciones o líneas de investigación: Territorios, Estructuras coloniales, Debatiendo la abstracción: geometría y forma en América Latina, Alquimia e Identidades, las cuales reflejan las líneas que actualmente orientan el desarrollo del acervo.

Para Paulina Bravo, curadora en jefe de la Colección FEMSA, esta aproximación permite revisitar el acervo desde una perspectiva contemporánea.

“Más que presentar una revisión histórica, nos interesa mostrar cómo las preguntas que atraviesan el arte latinoamericano continúan resonando en el presente. Al poner en diálogo obras emblemáticas del arte moderno con artistas contemporáneos, la exposición abre nuevas formas de aproximarse a la colección”.

La muestra reúne obras de figuras clave del arte latinoamericano, entre ellas Jesús Rafael Soto, Rufino Tamayo, María Izquierdo, Diego Rivera, Joaquín Torres-García, Fanny Sanín, Helen Escobedo y Gego, junto con adquisiciones recientes y artistas contemporáneos cuyas prácticas amplían las perspectivas del acervo.

“Las constelaciones permiten relacionar obras que históricamente no se habían leído juntas”, señala Eugenia Braniff, curadora asociada y consejera de la Colección FEMSA. “Ese ejercicio nos permite mirar la colección desde el presente y proyectar cómo queremos seguir construyendo hacia el futuro”.

La exposición se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), institución con la que la Colección FEMSA comparte una historia cercana. Esta colaboración adquiere un significado particular en el marco del 50 aniversario de la colección, al presentarse en Monterrey, la ciudad donde surgió el acervo, con una exposición que revisita su historia y proyecta sus líneas de investigación hacia el futuro.

Una exposición que se activa más allá de las salas

Además de las obras del acervo, “Constelaciones y derivas” incorpora una obra comisionada al artista argentino Ad Minoliti, concebida como un espacio activo dentro de la muestra. Su proyecto propone el collage como una herramienta para explorar la construcción de identidades y se activará mediante talleres y encuentros con artistas, activistas e investigadores.

La exposición estará acompañada por un programa público que ampliará los ejes conceptuales de la muestra a través de charlas, talleres, activaciones artísticas y encuentros interdisciplinarios.

Entre los proyectos que acompañan la exposición destaca Rutas Metabólicas, una iniciativa que extiende las reflexiones de la muestra hacia otros espacios del museo. A través de residencias con cocineros invitados, el proyecto explora las relaciones entre arte, territorio, memoria y procesos de transformación a partir de la cocina.

Las propuestas desarrolladas durante estas residencias se presentarán en el restaurante del museo como menús temporales inspirados en las constelaciones de la exposición, proponiendo una experiencia que invita a pensar el conocimiento no sólo desde la mirada, sino también desde el cuerpo y los sentidos.+

Vista de exposición Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, 2026. Cortesía Colección FEMSA. Fotografía Michelle Lartigue.
Es necesario educar a las nuevas generaciones en el valor de la derrota.
Pier Paolo Pasolini

Algunos libros no llegan para tranquilizar al lector, sino para incomodarlo con su lucidez. Los que aparecen aquí comparten esa cualidad: examinan la conciencia cuando se enfrenta a sus propias contradicciones. Hay duelo moral, memoria que no encuentra reposo, pensamiento pedagógico que insiste en la posibilidad de vivir juntos y literatura que mira de frente al poder cuando éste se vuelve obsceno.

Leídos en conjunto, estos títulos parecen conversar entre sí desde distintos momentos y geografías: la Rusia de Chéjov, la Italia convulsa de Pasolini, el Japón herido de Dazai, la crítica pedagógica de bell hooks y la inquietud contemporánea de Jon Bilbao. No se trata de una coincidencia temática, sino de una afinidad más profunda: todos escriben desde la sospecha. Sospecha del progreso, de la autoridad, de la identidad estable, incluso de uno mismo.

Eso es, en el fondo, lo que reúne Gandhi Selecto: libros que resisten la lectura apresurada y prefieren instalarse en la conversación profunda. Obras que no buscan consolar al lector, sino afinar su mirada frente a un mundo cada vez más difícil de comprender.

Petróleo. Pier Paolo Pasolini. Nórdica

La última obra de Pasolini es también la más incómoda. Petróleo, que es fragmentaria, experimental y feroz, examina la corrupción política, el capitalismo y las relaciones entre poder y deseo en la Italia de su tiempo. El texto avanza como un archivo en expansión: notas, episodios, reflexiones y escenas que se entrelazan para construir un diagnóstico brutal del mundo moderno. Un libro que no pretende cerrar nada, porque su materia es precisamente la crisis.

El duelo. Antón Chéjov. Nórdica

En esta novela breve, Chéjov sitúa a sus personajes en un remoto enclave del Cáucaso para observar algo más interesante que un duelo: la fragilidad

moral de quienes creen saber cómo debe vivir el otro. Laevski, un funcionario desencantado que ha huido con la mujer de otro hombre, encarna la indecisión y el cansancio moral de su época; frente a él aparece Von Koren, un científico que cree en la lógica darwinista de eliminar a los débiles. Entre ambos, Chéjov examina la conciencia humana con una lucidez implacable. Esta edición de Nórdica incorpora las ilustraciones de Javier Olivares, cuyo trazo intensifica la tensión moral del relato y convierte el clásico en una experiencia visual tan inquietante como literaria.

Antes del volcán. Jon Bilbao. Impedimenta Los relatos de Jon Bilbao avanzan con una calma engañosa. Todo parece en orden: una casa, un pueblo, una pareja, un paisaje reconocible. Pero basta una anomalía (un recuerdo, una obsesión, una amenaza apenas perceptible) para que la superficie se resquebraje y asome lo inquietante. En Antes del volcán, lo cotidiano convive con lo gótico, la tensión invisible con la grieta emocional, y el lector entiende que bajo la aparente normalidad siempre hay algo a punto de revelarse. Bilbao no fuerza el sobresalto: deja que la extrañeza crezca sola, con una precisión que vuelve sus relatos silenciosamente perturbadores.

Enseñar comunidad. Una pedagogía de la esperanza. bell hooks. Godot bell hooks entiende la educación como un acto profundamente político. En este libro propone algo tan simple como radical: que enseñar no sea una transmisión de autoridad, sino una construcción colectiva de sentido. El aula aparece aquí como un espacio donde la escucha, la vulnerabilidad y el pensamiento crítico pueden transformar la relación entre quienes aprenden. No es sólo un libro sobre educación; es un libro sobre cómo imaginar comunidades más justas.

Recuerdos. Osamu Dazai. Satori

Dazai convierte la autobiografía en una forma de exploración existencial. En estos textos recuerda su infancia, su familia y la sensación persistente de no pertenecer del todo al mundo que lo rodea. Su escritura oscila entre la ironía, la confesión y una melancolía aguda que termina revelando algo universal: la dificultad de habitar la propia vida. Recuerdos permite ver el origen de una de las voces más intensas de la literatura japonesa del siglo xx.

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Lee+ 203 Abril/ La esperanza es para los valientes by Revista Lee+ de Librerías Gandhi - Issuu