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AÑO 8 • NÚMERO 105 • FEBRERO 2018


ANTONIO HELGUERA

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Ciudad de México, 1965. Estudió en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, “La Esmeralda”. Comenzó a publicar en el periódico El Día y años después en La Jornada; en fechas recientes sus colaboraciones aparecen en el semanario Proceso. De última publicación, y en coautoría con Fabrizio Mejía Madrid, ilustró Manual para votantes primerizos o expertos (hastiados o esperanzados) (Océano, 2018). +

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Foto: R. R. Fullton©

EL LIBRERO DE...

¿Cuántos libros tienes? No sé. Ésta era la biblioteca de mis papás, entonces muchos de los libros son heredados. Tengo mis libros regados por todos lados. Ésa es una colección de literatura universal empastada en piel que era de mi abuelo y, en general, los que predominan son libros de arte y libros de historietas, caricatura, cómic, novelas. Cuántos son, no sé.

¿Hay algún autor o libro que te hayan cambiado la vida? Hay varios. A uno le cambia la vida leer Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. También me cambió, no la vida, pero sí la forma de verla, Desmond Morris con El mono desnudo. Creo que a uno lo cambian los libros de historia; cuando los lees y los entiendes —historia mundial y de México— ya no ves igual las cosas.

¿Cuál es la joya de la corona? La divina comedia con los grabados originales de Gustave Doré. Éste sí es uno de mis mayores tesoros; es el texto original en una edición del siglo xix. Tengo una colección de La orquesta con las litografías de Constantino Escalante.

¿Hay algún libro que no hayas devuelto? No me voy a echar de cabeza. No me he robado libros, creo. A lo mejor alguno por ahí que se me olvidó devolverlo, pero la mayoría son míos.

¿Cuál es tu libro favorito? No tengo un libro favorito, sino muchos. Hay uno que es de los más viejos y quizá el más famoso de Naranjo: Me vale madre, las caricaturas de Rogelio Naranjo de los años sesenta y setenta. También una colección encuadernada de Los supermachos, de Rius. Un libro gigantesco, precioso, de un historietista llamado Winsor McCay: Little Nemo in Slumberland, las pesadillas y los sueños de un niño. ¿Cuál es el libro más antiguo? La divina comedia creo que es el más antiguo, junto con los de La orquesta, porque se publicó en México por el año 1860. Era de la época de Benito Juárez, de Sebastián Lerdo de Tejada.

¿Cuál es el libro más nuevo que tienes? De edición nueva lo último que tengo son los tres libros que hizo José Hernández acerca de la vida del Che, su novela gráfica que es fantástica: Che Guevara: una vida revolucionaria. Ése es mi más reciente adquisición, la que todavía huele a tinta. Pero tengo otro que compré en España hace un año, la autobiografía de Juan Luis Cebrián, el fundador del periódico El País. ¿Qué libro o autor se repite más en tu colección? Yo creo que de quien más libros tengo probablemente sea de Rogelio Naranjo, porque él es quizá el mejor caricaturista mexicano de todos los tiempos. También muchos de Rius, que también es fundamental para cualquier caricaturista. Incluso quizá de Rius tenga más que de Naranjo, porque Rius hizo muchos más libros. +


EDITORIAL

EL LIBRERO DE… Antonio Helguera 03

UTOPÍAS

Dr. Manhattan, en Watchmen, hace un inevitable dictamen que en gran medida representa el espíritu del tema que aborda esta edición: “Hemos trabajado largamente para construir un cielo, sólo para encontrarlo poblado de horrores”. Esta transición de la utopía a la distopía suele ser el devenir prevalente en la mayoría de las cosas, los proyectos y las sociedades. No obstante, caer en la idea del fin de las utopías también es una victoria para la desesperanza, y allí donde imperan las injusticias y la desigualdad es donde más se necesitan las utopías.

LA UTOPÍA Y LOS NUEVOS MUNDOS D. Arce García 12 MOWGLI: NO SOY DE AQUÍ NI SOY DE ALLÁ Niños a ¡leer! /Karen Chacek 14

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Por ese motivo, en este número charlamos con tres hombres que en algún momento de su vida fueron marcados por la esperanza. Juan Villoro, por su libro La utilidad del deseo; Miguel Bonasso por El hombre que sabía morir, y, por último, platicamos con el padre Solalinde, otro actor que sin importar las adversidades que desbordan nuestro país, las enfrenta, tal como Ana Luz Minera consigna en Solalinde: los migrantes del sur.

Entrevista Juan Villoro

INFOGRAFÍA: UTOPÍA/DISTOPÍA 18

En esta primera colaboración del año nuestros columnistas analizan ambos polos, porque aunque nos concentremos en el mejor camino, nunca hay que dejar de lado las calamidades que lo bordean. Karen Chacek nos acerca a la edición ilustrada de El libro de la selva, cuya lectura estimula la creatividad e invita a la reflexión. Raquel Castro parte de los problemas planteados en No es normal para hablar de la violencia que subyuga a nuestro país. Bernardo Fernández, Bef, regresa con dos novelas gráficas que también se ubican en una parte del espectro utopía y distopía. Ricardo Sánchez Riancho declara en su recomendación mensual: “La poesía no sólo está en los versos, sino en la buena literatura”. Y, para finalizar, año nuevo, columna nueva: Dra. Lee será la encargada de recetarnos las lecturas adecuadas en “Doctora Libros”.

FIEBRE FERRANTE Dra. Lee 22 LA BRÚJULA QUE APUNTA HACIA ORIENTE R. de la Lanza 24 RECONOCER LA VIOLENCIA Jóvenes /Raquel Castro 24

ENTREVISTA Miguel Bonasso

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ARTÍCULO Alberto Chimal

Alberto Chimal reflexiona en torno a los conceptos que nos ocupan en este número y hace un rastreo en la literatura que los aborda. D. Arce García traza una breve genealogía del término utopía y de algunos de sus exponentes. R. de la Lanza nos comparte una breve reseña de Brújula, novela de Mathias Énard. Por otro lado, el monero Antonio Helguera nos abrió las puertas de su biblioteca personal, custodiada por dos perritas que lo acompañaron. La ilustradora Vyara Boyadjieva colabora de nuevo desde Bulgaria con “Slippery places”, mientras que Alets Klamroth diseña la infografía central con algunos —porque hay muchos más— de los principales exponentes del pensamiento utópico y distópico.

Editor y coordinador editorial Rolando R. Vázquez Mendoza rolando@revistaleemas.mx Directora de arte Valeria Moheno Lobato valeria@revistaleemas.mx Diseño Cinthya I. Hernández García Directora de difusión cultural Beatriz Vidal De Alba beatriz@revistaleemas.mx Director de marketing Félix Gil Baizán felix@revistaleemas.mx Promoción y difusión Fabián Vásquez Escalante fabian@revistaleemas.mx Editora literaria América Gutiérrez Espinosa Redacción Angélica Fajardo Cortés Corrección de estilo Isaura Leonardo Editor audiovisual Edwin Reyes Maya Editor web y redes sociales Víctor García

Aunque este número esté poblado de distopías, no se pierden de vista la esperanza y la imaginación que deben imperar para construir un mejor lugar.

SLIPPERY PLACES Vyara Boyadjieva 26

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NEO-TOKIO 2019 Nerd Plus /Bernardo Fernández, Bef 28

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Consejo editorial Alberto Achar Jorge Lebedev

Tiraje mensual de 60 mil ejemplares

Editor responsable: Yara Beatriz Sánchez De La Barquera Vidal, Información: (55) 5413 0397, Ventas Publicidad: (55) 5335 1327. Editado por www.taraediciones.com Correo electrónico: contacto@revistaleemas.mx, Distribución: Librerías Gandhi, S.A. de C.V., Dirección: Benjamín Franklin 98, Piso 1 y 3, Escandón, Delegación Miguel Hidalgo, 11800, Mexico, D.F. Número de Reserva al Título ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2009-051820092500-102. Certificado de Licitud de Título No. 14505 y Certificado de Licitud de Contenido No. 12078 expedidos en la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Registro Postal EN TRÁMITE. Preprensa e impresión: Multigráfica Publicitaria S.A. de C.V. en Avena núm.15 Colonia Granjas Esmeralda. Iztapalapa. C.P. 09810, México D. F. Título incorporado en el Padrón Nacional de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación. Queda prohibida la reproducción parcial o total, directa e indirecta, por cualquier medio o procedimiento, del contenido de la presente obra, sin contar con la autorización previa, expresa y por escrito del editor, en términos de la legislación autoral y, en su caso, de los tratados internacionales aplicables, la persona que infrinja esta disposición se hará acreedora a las sanciones correspondientes. El contenido de los artículos es responsabilidad de los autores. Librerías Gandhi y la casa editorial se deslindan de los mensajes expresados en los espacios publicitarios cuya responsabilidad pertenece al anunciante. Hecho en México.

POESÍA QUE NO SE ESCRIBE EN VERSO Con/versando/ Ricardo Sánchez Riancho 30 AMERICAN BLOOD Joserra Ortiz 30 En portada: V, ilustración de Revista Lee+ ©

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ENTREVISTA Alejandro Solalinde

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LOS+VENDIDOS

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NO FICCIÓN

FICCIÓN ORIGEN Dan Brown PLANETA

MÉXICO BIZARRO Alejandro Rosas y Julio Patán PLANETA

Robert Langdon acude al Museo Guggenheim Bilbao para asistir a un trascendental anuncio. El anfitrión es Edmund Kirsch, un joven multimillonario y uno de los alumnos más brillantes de Langdon; se dispone a revelar un extraordinario descubrimiento: ¿de dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? No obstante, al poco tiempo de comenzar la presentación, estalla el caos. Perseguidos por un peligroso enemigo, Langdon y Ambra descubrirán los episodios más oscuros de la historia y del extremismo religioso.

En breves e irreverentes anécdotas, en las que la acidez y el humor se desbordan sin timidez, México bizarro retrata un país tan surrealista que lo mismo tiene sabor a chiste que a pesadilla. La pericia del historiador Alejandro Rosas y la astucia periodística de Julio Patán narran los hechos que nuestra historia habría querido esconder bajo la alfombra, y las anécdotas que destapan las cloacas de la realidad de México, el país al que el adjetivo bizarro parece quedarle como un traje a la medida.

MI NEGRO PASADO Laura Esquivel SUMA DE LETRAS

DE ANIMALES A DIOSES: BREVE HISTORIA DE LA HUMANIDAD Yuval Noah Harari DEBATE

Mi negro pasado, continuación de Como agua para chocolate, es una defensa de la independencia femenina, y la mejor receta contra los males de nuestros días: el desarraigo, la obesidad y el consumismo vacío. María, adicta a la comida, sufre el fin de su matrimonio, en medio de reproches racistas y machistas. Desecha, recibe de manos de Lucía, su abuela, el diario de Tita. Al adentrarse en él, descubrirá secretos familiares y la capacidad del espíritu humano para volar alto.

Hace cien mil años al menos seis especies de humanos habitaban la Tierra. Hoy sólo queda una, la nuestra. ¿Cómo logró imponerse en la lucha por la existencia? En De animales a dioses, Yuval Noah Harari traza una breve historia de la humanidad, desde los primeros humanos que caminaron sobre la Tierra hasta los radicales y a veces devastadores avances de las tres grandes revoluciones que nuestra especie ha protagonizado: la cognitiva, la agrícola y la científica.

EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO Viktor Emil Frankl HERDER

CIEN AÑOS DE SOLEDAD (2015) Gabriel García Márquez DIANA Cien años de soledad cuenta la historia de la familia Buendía y su maldición, que castiga el matrimonio entre parientes dándoles hijos con cola de cerdo. Como un río desbordante, a lo largo de un siglo se entretejerán los destinos por medio de sucesos maravillosos en Macondo, en una narración que es la cumbre indiscutible del realismo mágico. Alegoría universal, es también una visión de Latinoamérica y una parábola sobre la historia humana.

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER Milan Kundera TUSQUETS Ésta es una extraordinaria historia de amor, o sea de celos, de sexo, de traiciones, de muerte y también de las debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se entrelazan irremediablemente. Esta novela va dirigida al corazón, pero también a la cabeza del lector, que conduce a la insoportable levedad del ser.

Estremecedor relato en el que Viktor Frankl narra su experiencia en los campos de concentración. Él, que todo lo había perdido, que padeció hambre, frío y brutalidades, que tantas veces estuvo a punto de ser ejecutado, pudo reconocer que, pese a todo, la vida es digna de ser vivida y que la libertad interior y la dignidad humana son indestructibles.

CÓMO GANAR AMIGOS E INFLUIR SOBRE LAS PERSONAS Dale Carnegie DEBOLSILLO El único propósito de este libro es ayudar al lector a que descubra, desarrolle y aproveche esos poderes latentes que no emplea: Técnicas fundamentales para tratar con el prójimo; Seis maneras de agradar a los demás; Logre que los demás piensen como usted; Sea un líder; Procure que la otra persona se sienta satisfecha con lo que usted quiere.

LOS CUATRO ACUERDOS Miguel Ruiz EDICIONES URANO

PEDRO PÁRAMO Juan Rulfo EDITORIAL RM Pedro Páramo recoge lo más profundo de México y las formas y técnicas literarias más avanzadas de su siglo. Pocas obras tocan al lector mexicano como ésta, considerada también un clásico de la literatura universal. Pedro Páramo tuvo una larga gestación. Rulfo la menciona por primera vez en una carta de 1947. En 1954 publica adelantos de la misma en tres revistas y en 1955 aparece como libro.

Hace miles de años los toltecas eran conocidos en todo el sur de México como “mujeres y hombres de conocimiento”. Los antropólogos los han definido como una nación o una etnia, y eran también una sociedad de científicos y artistas. Miguel Ruiz, un nagual del linaje de los Guerreros del Águila, comparte con nosotros las profundas enseñanzas de los toltecas.

JÓVENES UNO SIEMPRECAMBIAALAMORDESU VIDA(POR OTROAMOR OPOROTRAVIDA) Amalia Andrade Arango PLANETA

EXTRAORDINARIO R. J. Palacio NUBE DE TINTA

TODO LO QUE FUIMOS Alberto Villarreal PLANETA

MIL VECES HASTA SIEMPRE John Green NUBE DE TINTA

COSAS QUE PIENSAS CUANDO TE MUERDES LAS UÑAS Amalia Andrade Arango PLANETA


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ELECTRÓNICOS

ARTE

FIRE & FURY Michael Wolff Henry Holt and Co. Michael Wolff, con una visión desde las entrañas de la Casa Blanca, cuenta la historia de la presidencia más controvertida de nuestro tiempo. Los primeros nueve meses del mandato de Donald Trump fueron tormentosos, escandalosos y en absoluto fascinantes. Ahora, gracias a su acceso al ala oeste, Wolff cuenta la historia de cómo Trump encabezó un mandato tan volátil. En este explosivo libro el autor proporciona una gran cantidad de detalles acerca del caos en la Oficina Oval.

¿Y AHORA QUÉ? MÉXICO ANTE EL 2018 Varios DEBATE México enfrenta grandes problemas, y la mayoría son difíciles de arreglar. En este libro treinta y cuatro académicos e intelectuales elaboran un diagnóstico sistemático de las fallas y carencias de este país. Mediante numerosos análisis accesibles, pero rigurosos, demuestran que hay muchas opciones por explorar, más allá de quejarse y repetir clichés. Entre las sombras más oscuras del entramado social y las estructuras que exigen apuntalamiento aparecen caminos hacia un México menos roto.

YA TE DIJE ADIÓS, AHORA CÓMO TE OLVIDO Walter Riso OCEANO Walter Riso analiza el fenómeno de la separación, porque tomar la decisión de terminar una relación puede ser extremadamente difícil, pero se trata sólo del primer paso. Tras la separación es fundamental hacer un proceso de duelo que nos permita identificar el valor de esa persona que ya no está en nuestra vida. Como suele hacer, el autor presenta casos clínicos y anécdotas personales para ejemplificar sus afirmaciones.

LA MAGIA DEL ORDEN Marie Kondo AGUILAR ¡Recupera tu vida y aprovecha mejor los espacios de tu casa! Transforma tu hogar en un espacio armónico y libre de desorden con el increíble Método KonMari. Marie Kondo con su método inspirador te ayudará a poner en orden tu casa. Paso a paso te guiará para que en tu casa sólo tengas las cosas esenciales y tu vida mejore; increíblemente te sentirás más seguro, exitoso y con energía para crear lo que sea.

PREDICCIONES 2018 Mía Astral PLANETA Si 2017 era el año de transición entre los viejos paradigmas y los nuevos, el 2018 es el año para materializar lo que has soñado. Las estructuras que ya no sirven terminarán de caerse y verás levantarse ante ti un sistema nuevo. Con Predicciones 2018 descubre cómo poner en práctica tu visión renovada y aprende a utilizar los cambios astrológicos a tu favor.

MANDALAS PARA LA ABUNDANCIA Y LA PROSPERIDAD Martha Patricia López Caballero DIANA El mándala o círculo sagrado es una poderosa y antigua herramienta de meditación que nos recuerda que el orden natural del universo está siempre presente en nuestra realidad. Este libro ha sido creado para ayudarte a manifestar abundancia en todas las áreas de tu vida. Es un viaje creativo que te reconectará con el flujo incesante de la Tierra y te permitirá reconocerte como parte del universo, que es generoso e infinito.

COCINEROS MEXICANOS Varios Autores GRIJALBO ILUSTRADOS Cocineros mexicanos es el programa gastronómico más popular de la televisión mexicana, con un alcance de casi cuatro millones de espectadores. Con este libro descubre los sabores de nuestra tierra, de la mano de Antonio, JoseRa, Ingrid y Nico, quienes te ofrecen platillos fáciles de preparar con productos 100% mexicanos. Los chefs más queridos de nuestro país presentan su recetario oficial, con la mezcla perfecta para ponerle sazón y alegría a tu cocina.

APRENDER A DIBUJAR Peter Gray EVERGREEN Una guía práctica de dibujo para principiantes y avanzados. Si siempre has querido lucirte dibujando, éste es su libro. No necesita más que un lápiz, unas hojas de papel en blanco y los consejos que encontrará en estas páginas. Esta obra, pensada para enseñarle la esencia del dibujo de manera sistemática, pone los cimientos para que desarrolle su propio estilo de dibujo.

LIBRO PARA COLOREAR UNICORNIOS Editorial Groh ANDERS PRODUCCIONES La arte-terapia se ha convertido en una tendencia difundida a lo largo de varios países. Tiene como objetivo pausar la rutina y enfrascarse en un objetivo fuera de los pendientes. En esta ocasión, una vez coloreados los unicornios, podremos subir a cualquiera de ellos para escapar y dejar de lado al resto del mundo.

TEORÍA DE LA MÚSICA Francisco Moncada García EDICIONES FRAMONG Teoría con la que toda persona puede aprender los conceptos de la música a partir de un sistema de preguntas y respuestas.

NIÑOS GRAVITY FALLS: DIARIO 3 Disney PLANETA JUNIOR

CUENTOS DE BUENAS NOCHES PARA NIÑAS REBELDES Elena Favilli/ Francesca Cavallo PLANETA

GRAVITY FALLS. DIPPER Y MABEL: LA MALDICIÓN DE LOS PIRATAS Disney PLANETA JUNIOR

GRAVITY FALLS. GUÍA DE MISTERIO Y DIVERSIÓN Disney PLANETA JUNIOR

GRAVITY FALLS. LEJOS DE CASA Disney FCE


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Foto: Cortesía Anagrama

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l deseo es un impulso primario y no algo que uno se detenga a analizar o cuestionar. Nos puede llevar a experimentar grandes satisfacciones o a caminos oscuros que hubiéramos preferido evitar. Pero, al final, el deseo es el origen de prácticamente todo, y de ahí que valga la pena pensar en él como una poderosa arma, pensar en su utilidad, como lo dice el título del último libro de ensayos de Juan Villoro, La utilidad del deseo (Anagrama, 2017). “El título podría parecer uno de autoayuda, de erotismo, pero se refiere en este caso al deseo literario. Los hermanos Grimm ampararon todos sus cuentos con este lema maravilloso: ‘Entonces cuando desear todavía era útil’; ellos se referían a ese mundo de las hadas en el que podías pedir un deseo y se te concedía, y yo creo que por extensión la literatura tiene que ver con ese gesto. Tú abres un libro en busca de que la felicidad sea posible, de que el placer será gratificante y, si el libro funciona, sientes que el deseo tuvo una llegada a buen término. Entonces, la escritura es una reflexión acerca de la utilidad del deseo, sobre la necesidad de pedir algo y por supuesto la recompensa que puede entregar a cambio el escritor”, puntualiza Villoro. Después de Efectos personales y De eso se trata, sus anteriores libros de ensayos, la creación de La utilidad del de-

seo no fue del todo el desarrollo de un plan concreto: “He estado sometido a ciertas condiciones un tanto azarosas. En vez de que se presenten las musas como mujeres maravillosas que estimulan la creación, muchas veces lo que sucede es que te habla un jefe de redacción furibundo; realmente hay mucho que agradecerle a estas personas que casi te obligan a trabajar. En ocasiones la petición surge de alguien que conoce tus pasiones literarias, que sabe que tú has estado leyendo a un autor, entonces te pide un texto. Otros son temas elegidos. Quizás si alguna vez logro juntar todos los ensayos tendrán otro tipo de orden, pero por ahora es como un corte de caja, un corte parcial de lecturas en los últimos ocho años”. Este nuevo volumen se divide en cuatro partes: “Los motivos de la escritura”, “La orilla europea”, “La orilla latinoamericana”, e “Infancia, lenguas extranjeras y otras enfermedades”. Todo comienza cuando Juan Villoro regresa al origen, a su formación y a su relación con el español: “Yo tuve una formación un poco rara porque estudié en El Colegio Alemán. Creo que esta educación sirvió para que nada me gustara tanto como el español. Fue una educación a contrapelo de mi propia lengua y por lo tanto mi propia lengua se convirtió en un exiguo espacio de libertad; era la lengua del recreo, de los amigos, la lengua

casi proscrita y la única en la que yo podía tener un rendimiento mejor. Yo era un mal alumno, nunca reprobé, pero siempre estuve a punto de hacerlo, y me convencí —quizá con bastante motivo— de que yo era una persona inferior a las demás. Fue una educación muy tortuosa y neurótica, yo tenía urticarias en los brazos, en casi todas las articulaciones, pesadillas terribles y me costó mucho trabajo sobreponerme a esta pesadilla de haber aprendido en una lengua extraña y con un sentido de la disciplina tan fuerte, pero hay cosas que si no te matan te fortalecen, y la lengua alemana fue para mí una de ellas; no solamente no me mató sino que con el tiempo se convirtió en una auténtica pasión. Entendí que la gran cultura alemana era un capital, aunque me costó mucho trabajo llegar a esto, no le veía ninguna utilidad. La idea de utilidad en cultura me parece muy importante, por eso el título de mi libro”. Villoro sigue al pie de un baúl del que extrae páginas en las que cuenta y analiza anécdotas de otros textos y escritores: “El libro en general trata de entender a los escritores como personajes literarios. Me gustaría pensar que mis ensayos tienen algo de ejercicios narrativos; es decir, se trata de vidas muchas veces tempestuosas, turbulentas, que han determinado la obra de los escritores; también el contexto en el que se han movido, la influencia que tuvieron de la religión, la política,


la psicología de su tiempo. Todas estas cosas yo creo que determinan una obra, entonces he tratado de hacer estos retratos como un paisaje en el que se pueda entender qué escribieron estos autores y cuál fue su tiempo, cuál fue la vida que hizo posible esta escritura”. Desde su temprana vida escolar, Villoro tiene una relación muy particular con los idiomas, por lo que su opinión acerca de las traducciones es muy clara: “Hay extraordinarias traducciones como la de Javier Marías de Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne; las que Sergio Pitol ha hecho de cinco idiomas diferentes; la traducción de Salvador Elizondo de El naufragio del Deutschland, de Gerard Manley Hopkins; las que aquí en México hizo del alemán José María Pérez Gay; las versiones que Octavio Paz hizo de idiomas que no necesariamente hablaba, que lee de manera indirecta, pero que lo llevaron a su libro Versiones y diversiones; las muchísimas traducciones que José Emilio Pacheco hizo de los “Cuatro cuartetos”, de Eliot. Esas obras pertenecen, yo creo, a lo mejor de un escritor. La traducción es un arte, una escritura tímida si se quiere, porque tú no llevas la voz cantante, estás sujeto a otro autor, pero adecuar las palabras de una gran traducción a tu propio idioma requiere de mucho

mérito, y por eso Ricardo Piglia propuso alguna vez hacer el gran museo de la traducción”. El ensayo es el género literario que contiene los pasajes de La utilidad del deseo, un género que no es el más popular, pero que puede ser amable y accesible: “El ensayo es para lectores no necesariamente especializados, pero que se interesan en leer no sólo libros, sino libros acerca de libros. Yo pertenezco a estos lectores; a mí me interesa mucho, cuando un autor me gusta, no solamente saber qué es lo que escribió, sino cuáles son los autores que lo formaron. Un libro de ensayos es una habitación llena de libros en donde tú invitas a los desconocidos a que entren y los conozcan. Yo me considero un intermediario entre las obras primarias de las que estoy escribiendo, y un lector. Soy una especie de cartero apasionado que llega y no sólo entrega la carta, sino que da una explicación acerca de la carta. Eso es el ensayo. Hay mucho también de exploración personal, porque el ensayo es un autoaprendizaje. A veces nuestras reacciones son muy animales, muy primarias. Nabokov decía que la reacción más genuina que podemos tener ante el hecho estético es un escalofrío en el espinazo, entonces el ensayo es el arte de razonar escalofríos, de tratar de explicar por qué a ti algo te cautivó sin que supieras bien cómo. El que más

aprende es el propio ensayista porque trata de poner en blanco y negro sus pasiones sin explicárselas a sí mismo y, al hacerlo, explicárselas a otra persona, porque los entusiasmos son por necesidad contagiosos y piden compañía, entonces quieres compartirlo con el otro. Es una manera peculiar de hacer que los libros circulen, que se mantengan vivos”. Villoro añade: “El buen ensayo es un acto de generosidad. Tratas de poner tus intuiciones al servicio de otras personas; incluso los ensayos críticos lo son. A veces se les reprocha a los críticos que son muy duros en sus juicios, pero se están dedicando a leer a los demás y reaccionar ante ellos, y eso es un hecho generoso. Yo no soy un autor que hable de los libros que no me gustan, es más difícil hablar de los que te gustan. Razonar tus pasiones siempre es mucho más difícil que detectar los defectos de los demás”. La utilidad del deseo obsequia una nueva mirada a lo ya conocido, como quien regresa a casa después de un largo día y la encuentra más bella y reconfortante que nunca. Es fácil acomodarse en estas páginas y tomar una bocanada de aire fresco para recuperar aquello que siempre estuvo, pero de lo que casi olvidamos su existencia. Utilicemos el deseo para iniciar una nueva historia. + Por Angélica Fajardo C.


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Foto: R. R. Fullton©

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odos estamos hechos de historias, de la forma en la que nos narramos frente a los demás y, en gran medida, de lo que también se cuenta de nosotros. No obstante, en esas narraciones se entremezclan rumores, ficciones que, por alguna u otra razón, se incorporaron a nuestra historia personal. Miguel Bonasso (Buenos Aires, 1940), para la charla pendiente, viste ligero a pesar del frío. Su visita a México se debe a la presentación de su novela El hombre que sabía morir (Grijalbo, 2017); sentado con un café en la mano y entusiasmo en la mirada comienza por contar una parte de su vida que es fundamental para la génesis del libro: “Llegué a México no como exiliado, era jefe de prensa del movimiento peronista Montoneros, de la guerrilla, y, por obvias razones, nos perseguía la dictadura. En México estaban todos los grupos guerrilleros de América Latina: los sandinistas, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (fmln) salvadoreño, esto era un hervidero. Yo vivía acá, como militante y semiclandestino, o sea, Gobernación nos toleraba. Después eso se prolongó en un exilio porque rompí con la conducción de Montoneros, rompimos entre el setenta y nueve y ochenta, porque había tenido una política muy militarista, insistía más con lo armado. Un grupo, en el que yo me encontraba, se daba cuenta de que ni a la dictadura ni al Estado podríamos derrotarlos en términos militares”. Poco a poco, la información que hilvana Bonasso comienza a darle forma a una trama que se parece a la narrada en El hombre que sabía morir, no sin echar mano del asombro, el mismo que años atrás repercutió en el escritor: “Yo era amigo de Manuel Buendía —un periodista que fue asesinado en 1984—, y me decía: ‘oiga, Miguel, en el setenta y seis ocurrió un terrible accidente; un avión pequeñito con, teóricamente, tres personas a bordo, dos tripulantes y un

pasajero, se había estrellado contra el cerro de El burro, cerca de Chilpancingo, cuando iba hacia Acapulco. Venía de Nueva York, había hecho escalas y chocó a una velocidad de novecientos kilómetros por hora’. Según versiones bastante confiables, en la escala de Houston la cia había cambiado los altímetros del avión, creían que estaban volando más alto, mientras que estaban ya entre las montañas de la Sierra Madre. El que iba a bordo era David Graiver, un aventurero financiero, un tipo de treinta y cinco años que había logrado construir una fortuna de doscientos millones de dólares. Había hecho bancos para el Mossad israelí, tenía uno en Tel Aviv, uno en Bruselas, dos en Nueva York y otro par en Argentina: era un monstruo y, además, era el banquero de los Montoneros. Mi organización había logrado un rescate por los hermanos de Bunge & Born de sesenta millones de dólares —fue el mayor rescate de la historia de la guerrilla urbana mundial—. Parte de ese dinero se lo dieron los Montoneros a Graiver. Esa historia a mí me golpeó muy fuerte porque, además, Buendía publicó en su columna que Graiver, el banquero, no había muerto, que había fingido su muerte y que en realidad habían sido dos los muertos en Chilpancingo: el piloto y el copiloto; el avión se despedazó con ese choque tan violento y tuvieron que recoger pedacitos de personas y pedacitos de avión. Dice Buendía: ‘no, no murió’. Robert Morgenthau era el fiscal más importante de Manhattan que investigaba la quiebra de los dos bancos de Graiver. Él también comenta que no había muerto. Yo era muy joven y esa noticia fue como una bala de diamante en la cabeza. Pasan los años y en Buenos Aires me encuentro con el cónsul mexicano, Miguel Ponce Edmondson, y me dice: ‘¿usted cree que Graiver murió?’, y respondí: ‘usted fue jefe de Interpol, si no lo sabe usted estamos perdidos; yo no, yo soy el periodista’. ‘No murió’, me dijo, ‘se bajó en la Escala de Houston’”.

Una vez desvelado lo anterior, Bonasso se inmiscuye en la anécdota de la novela: “El libro arranca en Cancún. Le pongo como título ‘Nido de víboras’, porque Cancún en maya significa eso. Ahí estaba veraneando una joven argentina, Soledad Goldberg, hija del banquero Aarón Goldberg, personaje inspirado en la historia de David Graiver; le cambio el nombre porque modifico peripecias de su vida, no es que sea exactamente él. Soledad es secuestrada por los narcosatánicos, que trabajan para ‘Popeye’, un hombre de la cia [...]. El objetivo que tenían era llevar a cabo la Operación Greyhound contra la Cuba de Fidel Castro, que consistía en introducir el narcotráfico en la isla para desprestigiar la revolución y posteriormente invadirla. Logran infiltrarse y sumar al proyecto a cuatro altos oficiales del Ministerio de Interior cubano, las tropas de élite, la custodia de Fidel Castro, y a Arnaldo Ochoa, un héroe de la República que iba a ser nombrado Jefe del Ejército Occidental de Cuba. Yo conjugo todo esto desde la ficción, que permite sacar muchas más cosas que la no ficción”, y agrega: “Tuve que hacer verosímil lo que era ficción y contar lo que era verdad de una manera


que no fuera aburrida, es decir, que no fuera tradicional, un mero reportaje, sino que fuera novela. Por ejemplo, en este libro, Fidel Castro no aparece como en los libros de ensayos, acá habla, está como nosotros, es un Fidel de carne y hueso […]. Es una historia novelesca, lo que tú necesitas es ligar este elemento y que el lector en ningún momento diga no, esto no lo creo, porque ahí te jodiste. Tenía que hacer verosímil hasta lo más inverosímil”. Los lindes entre la realidad que alimenta a la ficción se trastocan. Bonasso construye un thriller en el que la intriga política remueve las mentes —y la memoria— de quienes inspiraron a los protagonistas: “¿En qué consiste la ficción? Yo pongo a Goldberg y a su compañera en París durante el 68, donde estuvieron varios muchachos argentinos de izquierda viendo qué pasaba y viendo a ese gigantón de Julio Cortázar recorriendo las calles y anotando prolijamente las consignas que la gente gritaba o pintaba en las paredes. Los personajes se lo encuentran, pero eso es ficción. No obstante, Cortázar hizo eso de verdad y también vivió en la Casa Argentina de París. Los jóvenes argentinos en el 68 toman la Casa Argentina en la Ciudad Universitaria, en repudio de la dictadura militar, y hacen a Cortázar presidente. Yo rescato un discurso de él en el que dice: ‘esta casa se va a llamar ahora Che Guevara’, y levanta la figura del Che que acababa de ser asesinado en Bolivia un poco antes; lo recupero para marcar ese clima en el que nos parecía que todo era posible y que podíamos cambiar el mundo en quince minutos. Es importante señalar esto porque muestra la ambigüedad del personaje; por un lado es un banquero muy eficiente, tanto como para construir un im-

perio en pocos años, y por otro lado, es de izquierda, y veía con simpatía al Che, que es una contradicción, y esa ambigüedad del personaje le da una riqueza enorme”. El autor continúa: “La mujer real de Graiver protestó contra este libro sin haberlo leído: ‘¿quiere decir que David está vivo? ¿Cómo Bonasso, que es un periodista serio, hace esto?’ Ella no entendió que es una novela, y yo le contesté a ella y a su hermano: ‘no sé por qué se enojan, porque los personajes que se parecen a ellos resultan heroicos en el libro, mejores incluso que ellos en la realidad’”. Miguel Bonasso toma el libro y, sosteniéndolo de frente, concluye: “Cuando hicimos la portada, este hombre que se ve está difuminado y por lo tanto ya no es puntualmente David Graiver, pero si la deformación gráfica de una foto real de él. Hubo una mutación en la que, probablemente por parte de la editorial, intervino algún temor legal de que la cara real del señor Graiver apareciera aquí. Pero además habría deformado la novela, porque la intriga que se siembra en el lector es este señor que aparece con la cara en sombra fumándose un cigarrillo: ¿Es David Graiver? ¿Vive David, no vive, se mató en el Cerro de El burro? Son todos estos los interrogantes que me parecen que arman la curiosidad por un thriller. Cuando el libro salió en Buenos Aires me llamó un periodista que tenía viejos nexos en la época de la Guerra Fría con el kgb, y me dijo: ‘ah, entonces vos estás seguro de que Graiver vive’. ¡Que el lector lo descubra! O que otros investigadores trabajen sobre eso”. + Por Rolando Ramiro Vázquez Mendoza


Ilustración: Enrique Mount©

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os avances sociales y científicos de cada era son para el ser humano más que la promesa inmediata de una vida cómoda. También implican un reacomodo de ideas e imaginarios colectivos, puesto que cada descubrimiento ensancha las fronteras del Universo y da espacio a nuevas concepciones de nuestro lugar y nuestro futuro en el cosmos. Siendo así, no es casual que el género filosófico-literario de la utopía guarde una relación estrecha con ciertos momentos históricos de grandes choques y revelaciones, entre los cuales el más representativo es sin duda el Renacimiento, época riquísima tanto en utopías como en innovaciones tangibles, con el hallazgo y la conquista de América, y el surgimiento del método científico, que destacan como puntas de lanza. Si entendemos por utopía un ejercicio retórico en el que se crea y describe a detalle una sociedad ficticia que se concibe como preferible a la sociedad real, hemos de conceder que el pionero del género es Platón, quien esbozó dos utopías con fundamentos similares, una en República y otra en Leyes. Sin embargo, el término utopía como tal no surge sino hasta el Renacimiento, en la obra que lleva ese título escrita por Tomás Moro en 15161. La Utopía de Moro no reniega de su ascendencia griega: además de respetar el estilo dialéctico de Platón, establece que la benevolencia de la sociedad ficticia que da nombre a la obra no surgió por sí sola, sino por efecto de un colonizador externo llamado Utopo, quien supuestamente llegó al lugar en el siglo iii antes de Cristo y actuó a la usanza del “buen tirano” descrito por el filósofo ático en Leyes. Muchos estudiosos han sugerido que Moro seguramente imaginó a Utopo como griego, dado que describe rastros griegos en el lenguaje utópico, y hay quienes han llegado a asegurar que el rey Agis iv de Esparta, quien buscó expropiar y repartir las tierras de su reino, sirvió de inspiración directa. En todo caso, la imagen del colonizador que cruza el océano para encontrar nuevas culturas y fundar colonias también remite a los primeros viajes europeos al continente americano, contemporáneos a la obra de Moro. De hecho, los lectores familiarizados con el libro recordarán que su relato está enmarcado como una narración hecha por Rafael Hitlodeo, un explorador que termina en la isla de Utopía al separarse del grupo durante una expedición de Américo Vespucio en el Cono Sur. Moro eligió un

espacio perfecto desde donde construir una ficción, debido a que los testimonios de Vespucio acerca de sus viajes siempre han sido tildados, cuando menos, de exageración, cuando no de invención. En un influyente ensayo, el académico Alfred A. Cave aclara que Moro sí leyó las cartas de Vespucio y extrajo de ellas la idea de una sociedad en armonía con la naturaleza y sin propiedad privada. Sin embargo, Cave subraya la total falta de evidencia de que el autor inglés leyese cualquier otra fuente literaria acerca del Nuevo Mundo, y también señala que el retrato que Vespucio hizo de los nativos americanos no es ni por asomo utópico. Es cierto que el explorador nota la división comunal de los bienes y la falta de ambición por metales preciosos, así como una gran salud y longevidad entre la población, pero también acusa a los nativos de violencia irracional y de canibalismo rampante. Los utópicos de Moro son religiosos hasta el puritanismo y respetan al dedillo las leyes del matrimonio, mientras que los americanos según Vespucio son “peores que paganos” y suelen saciar sus apetitos carnales con la primera mujer que se les ponga enfrente sin importarles cometer incesto. ¿Cómo reconciliar ambos mundos? ¿Qué es lo que seduce al pensamiento utópico del Nuevo Mundo a pesar de su brutalidad? Veamos otro ejemplo. Un siglo después del parteaguas de Moro, uno de los hombres más brillantes del Renacimiento anglosajón, Francis Bacon, ideó un escrito utópico llamado Nueva Atlántida (1627), publicado incompleto tras su muerte. A pesar de que Nueva Atlántida es recordada más que nada como la utopía científica por excelencia, al crear un lugar donde el progreso y la observación de las leyes naturales son el mandamiento principal, una lectura atenta revela también temas de colonialismo y exploración marítima. Por supuesto, el ejemplo más obvio viene en el título: la isla de Bensalem como heredera de la Atlántida platónica. Bacon elije localizar la “vieja Atlántida” en América, lo cual permite un relato que no sólo conecta su obra con Platón, sino que permite analizar el salvajismo de los nativos americanos: la gran Atlántida quedó totalmente perdida y destruida no por un gran terremoto, como [Platón] dice… sino por un extraordinario diluvio o inundación, puesto que estos países tenían por aquél entonces los más grandes

ríos y montañas… Así que no hay que maravillarse de la escasa población de América ni de la rudeza e ignorancia del pueblo, pues hay que considerar a los [nativos] un pueblo joven, por lo menos mil años más joven que el resto del mundo.

Así pues, tenemos que tanto Moro como Bacon nos presentan una América que es lienzo en blanco: para los pensadores utópicos renacentistas, la vida anárquica de los americanos representa más una oportunidad de empezar desde cero que un ejemplo a seguir. Los nativos son vistos más o menos como animales o infantes cuya sencillez resulta de cierta manera admirable, pero no utópica por sí misma, dado que una verdadera utopía requiere de estructura y —según ambos autores— de religión, cosas que sólo podrían surgir mediante la conquista. No en balde Vasco de Quiroga sugirió alguna vez que el sistema gubernamental diseñado por Moro fuera puesto en práctica para organizar América. De estos dos breves ejemplos bien cabe deducir que el pensamiento utópico sale a flote en momentos históricos que sobrecargan al hombre de nuevas teorías y posibilidades, las cuales resultan perturbadoras a la luz de los defectos de nuestras sociedades. Es la incongruencia entre el mundo que es y el mundo que podría ser lo que lleva a nuestra especie a imaginar nuevas formas de organización y existencia, impulso que nunca estuvo tan bien expresado como durante el Renacimiento, cuando el hombre occidental se encontró de pronto con un vasto y nuevo continente en donde imaginar, planear y en ocasiones hasta alcanzar una vida mejor. + La palabra utopía es un neologismo creado a partir del griego ou, que significa ‘no’, y topos, que significa ‘lugar’. El que un vocablo que literalmente designa sin más a un “no lugar” se haya vuelto sinónimo más bien de “buen lugar” puede ser explicado de varias formas, empezando por el carácter ejemplar y benévolo de la sociedad isleña imaginada por Moro. Otra teoría, que no tiene por qué invalidar a la primera, nos recuerda que la sílaba griega eu significa ‘bien’, y que ésta no sólo se escribe de manera similar a ou, sino que ambas se pronuncian igual en inglés, la lengua de Moro. Así pues, podríamos estar ante un juego de palabras que pretende decirnos que el único lugar completamente bueno es por definición inexistente.

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D. Arce García @DistantShout


K A R E N

e la utopía y distopía se habla mucho a últimas fechas, quizá más de la cuenta. Poco sorprende que la persona de al lado en el Metrobús, la cafetería, la red social, la fila del banco o la caja del supermercado utilice una o ambas palabras en el cuerpo de alguna queja mundana, en la descripción de un evento trivial o en la confesión de un anhelo pasajero. Como si en el mundo de hoy utopía y distopía sirvieran sólo de calificativos comodines para expresar nuestro buen o mal ánimo; como si nos diéramos por satisfechos con entender cualquier cosa inexplicable como historias de encantamiento y hechicería o como un rompecabezas que no se puede resolver con el uso de la ciencia porque se han extraviado piezas. ¿De verdad hemos perdido la curiosidad por descubrir más mundo y preferimos nadar de muertito en el mar de lo conocido? Tan necesarias son las utopías como inevitables las distopías, sobre todo las personales. Un mundo en el que todo está determinado de antemano no tiene lugar para el descubrimiento, el movimiento, la confianza de que todo tiene potencial de llegar a ser. A nuestra posibilidad de distinguir lo ilusorio y lo averiado, el qué y cómo nos afectan los otros, la configuración del mundo, la realidad existente, le sigue la tarea de cuestionar y proponer; de sugerir una utopía. Quizá lo más hermoso de Mowgli, el protagonista de los tres primeros relatos de El libro de la selva, de Rudyard Kipling, no sea su corazón valiente o su lengua cortés, sino su circunstancia: Mowgli no pertenece a la selva por ser un hombre, y tampoco a la aldea de los hombres por haberse criado en la selva; se pertenece a sí mismo. Su camino, por momentos solitario y desafiante, es el camino del autodescubrimiento. Vaya hermosa recompensa poder distinguirse de los monos, quienes dicen de sí mismos que son grandes, libres y maravillosos: “Lo decimos todos, así que debe ser cierto”. Ello, aun si carecen de memoria o habla propia; si sólo alardean, parlotean, y fingen que son un buen pueblo dedicado a grandes asuntos de la selva. En los otros relatos del libro, que incluyen escenarios como el mar o el jardín de una casa también siempre alguien imagina alguna cosa que escapa a los límites del mundo conocido: el pequeño Kotick en “La foca blanca” sueña con hallar un lugar al que nunca lleguen los hom-

C H A C E K

bres; en “Rikki-Tikki-Tavi”, en cambio, los hombres viven agradecidos por el auxilio diario de los animales; en “Toomai de los elefantes”, no contaré por qué un puñado de hombres “se miraron, y miraron arriba y abajo, y se asombraron […]”. Baste con citar que: “las costumbres de los elefantes rebasan lo que la mente de cualquier hombre, negro o blanco, es capaz de sondear”; “Los servidores de su majestad” es, quizá, el cuento menos gentil con los lectores que gustamos de pensarnos a nosotros mismos en la piel de los personajes de un relato. La historia narra parte de la conversación de un grupo de bestias domesticadas para servir en batalla. Animales que poco y nada entienden lo que es una guerra. Que se preguntan en cierto momento ¿quién da las órdenes? El hombre, por supuesto, es la respuesta que satisface a todos menos a un mulo joven, que insiste en preguntar: Pero ¿quién da las órdenes? A lo que el mulo más viejo le responde: “Sólo debes obedecer al hombre que va delante sin hacer preguntas”. ¿Cómo corroborar que hemos dejado de estar en la posición de las bestias del relato, sin antes hacernos más de tres muy incómodas y pertinentes preguntas en torno a nuestra propia circunstancia? Reto grande en una era en la que en sustitución de los filósofos y los artistas, son las empresas, las falsas celebridades y las inteligencias artificiales, las encargadas de cuestionar y proponer, de recordarnos la posibilidad que tiene un ideal utópico, no de convertirse en una teoría científica, sino de abrir caminos a nuevas posibilidades de lo que llamamos real. Me agrada pensar que cuando nos hacemos preguntas amamos la libertad; que aspirar a convertirnos en la mejor versión posible de nosotros mismos es lo que puede acercarnos a la consumación de tan elevado objetivo; que hoy más que nunca estamos urgidos de contar con verdaderos filósofos y artistas en nuestro interior y en el mundo de afuera. El libro de la selva, en su hermosa edición ilustrada por Amanda Mijangos y Armando Fonseca, es un homenaje a la primera publicación del libro, cuyos relatos compilara Macmillan en 1894, editorial que este año cumple ciento setenta y cinco vueltas al sol. + @Malkatika


PARA VER Y OÍR BLADE RUNNER 2049

BITCHES BREW Miles Davis Columbia/Legacy

Denis Villeneuve

S

ituada treinta años después de los sucesos de la primera película, Blade Runner 2049 es la esperada secuela del filme de culto dirigido en 1982 por Ridley Scott. Un joven blade runner, el oficial K del Departamento de Policía de Los Ángeles, descubre un secreto que lleva oculto mucho tiempo y que tiene el potencial de sumir lo que queda de la sociedad en el caos, lo que le lleva a localizar al exblade runner Rick Deckard. Desde su creación a principios de los años ochenta el concepto de la película Blade Runner la ha destinado a la inmortalidad. A pesar de tratarse del recurrente tema de la ciencia que crea vida, es la manera en como se aborda lo que ha mantenido presente al film: una sociedad llena de florituras posmodernas y abundancia visual, utópica, que implosiona gradualmente, superpoblada, decadente, pero que experimenta la mezcla de las emociones, la nostalgia y la novedad al mismo tiempo, proyectadas por el advenimiento de la tecnología que de manera frecuente hace sentir como un redescubrimiento y da una connotación a veces falsamente positiva. Esta nueva producción retoma de forma magistral la combinación del género de ciencia ficción inteligente con la novela policíaca que, durante un tiempo, hizo única a su predecesora; retoma también la estética original y la potencia gracias a los efectos digitales que respetan los conceptos visuales de la película original, dotándola de una serie de detalles y sofisticación que transforman a Blade Runner 2049 en una auténtica experiencia multi-sensorial. A pesar del tiempo, la sensación de neostalgia es absolutamente palpable. Por ejemplo, con el fin de mantener la estética retrofuturista del filme original, en Blade Runner 2049 podemos ver anuncios espectaculares de compañías que dejaron de existir o que no han tenido una corporación física durante muchos años, como Pan Am Airlines y Atari. De acuerdo con el director Denis Villeneuve, eso transcurre en un futuro alternativo en el que estas marcas han mantenido su éxito.

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iles Davis es la figura más influyente en el jazz por múltiples razones, entre las que destaca su prolífico proceso de creación y la experimentación en una gran diversidad de vertientes musicales a lo largo de cinco décadas, que lo mantuvo a la vanguardia de importantes desarrollos estéticos en la música contemporánea y cultura popular. A finales de los años sesenta la evolución tecnológica lo obligó a adaptarse a instrumentos eléctricos. Relacionarse con la contracultura de Nueva York lo llevó de manera natural a conocer y apreciar las tendencias populares del rock, el soul y el funk del momento, tomando de esos géneros elementos que mezcló en su experimentación creativa. Davis comenzó a componer música más experimental que atraía a un nuevo público que lo recibió elocuentemente, aunque la audiencia más purista del jazz le recriminó por “haberse vendido”. De esa especie de encrucijada artística y comercial surge uno de los álbumes más revolucionarios de la historia del jazz: Bitches Brew, la obra fundacional que consolidó al jazz-rock, una fusión que incorpora al jazz instrumentos eléctricos y las estructuras rítmicas y armónicas relacionadas con el rock. La complejidad sonora del doble lp que incluía sólo seis tracks obtuvo opiniones tan coloridas como la música misma: los críticos creían que Bitches Brew representaba la muerte del jazz, pensaron que Miles había dejado la música negra por el éxito comercial del rock. Otros lo vieron como un álbum notable y atrevido que se convirtió en la mejor carta de presentación del trompetista. Para otros más extremistas, Bitches Brew era un reflejo del agresivo clima político y racial del momento, representado en la portada por la interpretación gráfica del pintor Mati Klarwein: los trasfondos decididamente afrocéntricos y psicodélicos del arte eran una fiel imaginación de la música, resumiendo la locura, el genio y el ingenio creativo de un álbum tan revolucionario. Este doble cd lanzado por el subsello Columbia/Legacy contiene las seis piezas que conforman el álbum original de 1970, tomas alternativas de “Spanish Key” y “John McLaughlin” y las versiones en sencillo de “Miles Runs the Voodoo Down”, “Spanish Key”, Great Expectations” y “Little Blue Frog”. Textos por Diego Herrera @diegoherrera


ada época de cada sociedad tiene cierto número de palabras favoritas, esenciales: las que señalan y condensan los intereses, las obsesiones y los miedos de quienes viven en cierto lugar y cierto tiempo. Por definición, todos sabemos cuáles son nuestras propias palabras esenciales, las de nuestro aquí y ahora. Yo, que escribo en la Ciudad de México a fines de 2017, entre muchas noticias ominosas del país y del mundo, pienso que esas palabras van de las en apariencia inofensivas, como selfie o meme, hasta las francamente horribles, como feminicidio. Y también creo que otra de las palabras esenciales de aquí y ahora es distopía: el nombre de las historias negras que nos contamos sobre el porvenir; los sueños terribles de lo que pensamos que vendrá. Aunque no la utilicemos en nuestras conversaciones cotidianas, aunque no hayamos investigado la definición, la hemos encontrado. Incluso puede que nos hayamos encontrado con su reverso: con la palabra utopía, que para muchas personas significa algo imposible por ingenuo, por absurdo: la idea de una existencia mejor que la que conocemos. La historia de ambas palabras dice mucho del pensamiento humano de siempre, y del de hoy. Utopía llegó primero, hace poco más de quinientos años. En esencia es una combinación de dos palabras de la lengua griega: ou, que significa ‘no’ y fue transcrita como una sola letra u, y topos, que significa ‘lugar’. Así, utopía significa no-lugar: lugar que no existe. El escritor y filósofo inglés Thomas More, también conocido como Tomás Moro (1478-1535), creó la palabra para emplearla en una obra suya. Publicada en 1516, escrita en latín en el original, se titula Libellus de optimo reipublicae statu, deque nova insula Utopiae, es decir, Libro del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía; la historia ha abreviado el título y recordamos la palabra clave, es decir, el nombre del país que Moro describe en su texto. Ponerle Utopía a un lugar es, desde luego, anunciar que dicho lugar es pura ficción. La isla de Utopía es uno entre los miles de territorios imaginados por la literatura y que no tienen sitio en los mapas, desde el más allá que se describe en la Divina comedia de Dante Alighieri —Infierno, Purgatorio y Paraíso— hasta el País de las Maravillas de Lewis Carroll, o Santa Teresa, la ciudad violenta que aparece en varias narraciones de Roberto Bolaño. A Moro le interesa dejarlo muy claro, de hecho, y otros nombres en el texto tienen la misma intención: por ejemplo, un río se llama Anhidro (sin agua) y un gobernante se llama Ademos (sin pueblo). ¿Cuál es la razón de tanta insistencia? La Utopía de Moro intenta algo que en su propio tiempo era rarísimo: contar acerca de un lugar inexistente, sí, pero no para entretener a sus posibles lectores con sucesos de apariencia remota y exótica, sino para proponer cambios en la vida real. Utopía describe una sociedad que para Moro es ideal, como dice el título completo del libro; una que no existe, pero debería existir. Era importante subrayar que no se estaba elogiando a ningún país verdadero, sino, por el contrario, que se quería criticar a todos, por no poner en práctica lo que a Moro le parecía un modo mejor de organización humana. Las características de la sociedad de Utopía tienen mucho que ver con el pensamiento del humanismo renacentista, del que Moro fue representante: en la isla se otorga un valor importante a la vida humana en general y se cree necesario atenuar las diferencias entre diferentes sectores o clases sociales. Por ejemplo, todas las ciudades son más o menos iguales y autónomas, con terrenos propios para sembrar, y todas las casas tienen el mismo diseño básico y utilitario. Todos los ciudadanos contribuyen a la producción de sus propios alimentos y bienes, así como

a una forma particular de gobierno democrático. Todos reciben lo que necesitan para subsistir, trabajan el mismo número de horas al día y disponen de tiempo libre para hacer lo que deseen. Además, esta forma de vivir no es impuesta por la fuerza: los ciudadanos están mucho más felices y satisfechos que los visitantes que llegan a observarlos con asombro. Nunca ha habido un país idéntico a Utopía, y quién sabe si pueda haberlo. Pero la gran aportación de Moro fue otra: dejó a las culturas occidentales la idea de que era posible imaginar y proponer sociedades distintas y, sobre todo, mejores que las que existen en realidad. No sólo se podía aceptar que los gobiernos humanos son con frecuencia —o siempre— imperfectos, injustos: se podía aspirar a que no lo fueran, y a que los propios seres humanos encontraran por su propia cuenta la manera de mejorar. La palabra utopía más que nombrar una sociedad tal como la imaginada por su creador, pasó a significar cualquier forma de vida considerada ideal, e incluso, de manera más amplia, cualquier imagen de perfección, incluso aquellas que se consideran inalcanzables: demasiado buenas para poder realizarse. En los siglos que siguieron a la muerte de Moro, la idea se discutió muchas veces y dio lugar a toda clase de textos literarios, políticos y filosóficos, así como a más de un intento de instaurar regímenes que se consideraban utópicos. La noción misma de progreso, como se entiende hasta la actualidad, se debe en parte a la influencia de Utopía. Entonces llegó el siglo xx, el más sangriento de la historia humana, durante el que la idea del progreso comenzó a ser impugnada y criticada a la vista de los usos terribles que se daba a la tecnología derivada del avance de las ciencias. En ese siglo se puso de moda el término distopía. La palabra es una parodia o distorsión de utopía, como precuela lo es de secuela. Se toma el prefijo griego dis, que puede significar ‘malo’, y se le agrega a topos. La palabra resultante: mal-lugar, no es con exactitud lo contrario de utopía, pero se le usa como si lo fuera. No hay un libro titulado Distopía que sea equivalente —u opuesto— al de Tomás Moro; más bien la palabra llega a entenderse como el nombre de una sociedad temible, indeseable, peor que las que en realidad existen, a partir de la aparición de varias de aquéllas en obras de numerosos autores. Hoy, distopía se usa para referirse a formas de organización humana en historias publicadas, sobre todo, a partir de la Primera Guerra Mundial: libros, y después películas, series, cómics, etcétera, que en vez de señalar un ideal lanzan advertencias respecto a la posibilidad de que las sociedades humanas se vuelvan más desiguales, tiránicas, crueles y destructivas. Las primeras tres distopías importantes del siglo xx aparecen en las novelas Nosotros, de Yevgeni Zamiatin (1921); Un mundo feliz, de Aldous Huxley (1932) y 1984, de George Orwell (1949). Todas tienen un elemento en común que no está en Utopía y que permanece en obras posteriores: suelen ser leídas como obras de ciencia ficción —un nombre más correcto podría ser “narrativa especulativa”—, pues colocan sus sociedades espantosas “en el futuro”, como consecuencia de tendencias observables en el presente de cada uno de sus autores. Cada uno a su manera, Zamiatin, Huxley y Orwell escribieron pensando en el auge de algún tipo de totalitarismo —fascismo o estalinismo, por ejemplo— que ocurría en el mundo mientras ellos creaban sus obras, y vertieron en ellas el miedo que les daba el avance de la opresión o el sufrimiento humano que estaba delante de ellos. Esta diferencia es importante porque gracias a ella, y a pesar de la importancia del pensamiento político de muchos creadores de distopías, la palabra pasó también a entenderse como un “género” de la ficción popular, en apariencia trivial y explotable en términos comerciales. Por esta razón —entre otras—, nuestro propio presente no tiene sino miles de obras distópicas, y muchas más comunidades pavorosas en obras que tienen otras etiquetas.


Van algunos ejemplos. Una de las series televisivas más famosas y celebradas de 2017, El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale), es de hecho adaptación de una novela del mismo título de la escritora canadiense Margaret Atwood, en la que se describe una teocracia futura que explota a las mujeres de manera bestial. La tetralogía de películas Los juegos del hambre —derivada de las novelas de la estadounidense Suzanne Collins— tiene su propio Estado totalitario —llamado Panem—, cuyo poder se basa en una versión monstruosa y ultraviolenta de los actuales reality shows. La obra narrativa de J. G. Ballard, y en especial libros como Rascacielos, La isla de cemento o El mundo sumergido, incluye referencias a sociedades en declive y catástrofes ambientales o culturales aun cuando éstas no sean siempre el centro de sus tramas, y lo mismo sucede con series animadas como Los Simpson, filmes como ¡Huye!, de Jordan Peele, novelas gráficas como Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons… Fuera del mundo de habla inglesa también hay numerosas distopías y textos distópicos. Sólo en México, de hecho, se puede hallar una buena cantidad de libros centrados en sociedades distópicas, desde algunos explícitamente de ciencia ficción, como Gel azul, de Bernardo Fernández Bef hasta novelas “de literatura general” como la satírica El dedo de oro, de Guillermo Sheridan; más todavía, hay sociedades y ambientes distópicos en textos tan diversos como El buscador de cabezas, de Antonio Ortuño; Orfeo, de Martha Riva Palacio; la serie Mundo Umbrío, de Jaime Alfonso Sandoval; Colman los muertos el aire, de Ricardo Guzmán Wolffer; Cielos de la Tierra, de Carmen Boullosa; Punto Cero, de Pepe Rojo; Muerto después de muerto, de Javier González Cárdenas… Otras muestras, aunque más escasas y oblicuas, están en el cine nacional, en películas como Somos lo que hay, de Jorge Michel Grau; o Halley, de Sebastián Hoffman. La pregunta obvia es ¿por qué tantas? Si quieren impresionar a sus amistades pueden mencionar el término latino que se usa para nombrar a los sitios inventados como Utopía o Panem: loca ficta, ‘lugares fingidos’. Las diferentes formas de la narrativa han inventado loca ficta desde siempre, y nunca ha sido —como ya he dicho— sólo por el deseo de fabular o de distraer a lectores, escuchas o espectadores. En realidad los territorios de la imaginación son siempre reflejos de la existencia de quienes los crean: no de sitios lejanos en el espacio o en el tiempo, sino de su propia experiencia en su propio presente. Así, hay que preguntarnos si no será que ahora nos sentimos en algo parecido a una sociedad distópica: si los regímenes en los que vivimos no nos parecen ya pavorosos. Y la respuesta, desde luego, es que sí. Tomás Moro escribió Utopía animado por una aspiración de su propio tiempo: nosotros creamos y consumimos distopías a causa de un miedo o un malestar del nuestro, nacido de nuestro enfrentamiento cotidiano con condiciones cada vez más difíciles de tolerar, pero contra las que no sabemos cómo rebelarnos. Veamos nuestras propias quejas, y las de otros, en las redes sociales; los últimos años han incrementado nuestra conciencia de formas de opresión, avisos de desastre y formas de violencia que no son excepcionales, sino constantes, en muchas sociedades contemporáneas, incluyendo la mexicana. Pero todas esas amenazas ya se gestaban desde hacía tiempo. ¿Podrán las narraciones distópicas ayudarnos a evitar que se consuman las catástrofes que imaginamos hoy? ¿Las usaremos solamente como desahogo, como expresión de rabia o de frustración? No sabemos todavía la respuesta. + Alberto Chimal @albertochimal Ilustración: Enrique Mount©


Infografía: Alets Klamroth©


Foto: http://allimite.mx

oda utopía engendra una literatura, pero no toda literatura conlleva una utopía y, en estas primeras décadas del siglo xxi, el curso que sigue no sólo la producción literaria, sino las decisiones políticas, económicas y sociales, pareciera inclinarse más hacia la distopía. En ese sentido, el escritor italiano Claudio Magris —ganador del Premio Príncipe de Asturias 2004 y Premio fil de Literatura en Lenguas Romances 2014— apunta en su libro Utopía y desencanto (Anagrama): “La esperanza no nace de una visión del mundo tranquilizadora y optimista, sino de la laceración de la existencia vivida y padecida sin velos, que crea una irreprimible necesidad de rescate”. De un plumazo, Magris descarta muchas de las aseveraciones hechas en infinidad de textos que promueven una visión pasiva ante la situación actual del mundo y un optimismo casi apático, que más bien solapa la permanencia en una zona de confort individualista. Utopía y desencanto recopila varios ensayos de Magris caracterizados por la esencia que anuncia el título del libro; reflexiones en torno a diversos autores y, en gran medida, a las preocupaciones que se volvían más evidentes conforme avanzaba el siglo xx hacia su fin. El viejo fantasma de los milenarismos se hacía más tangible, y hoy, casi medio siglo después, muchas de aquellas inquietudes siguen vigentes. El Reloj del Juicio Final, que tiene en cuenta el cambio climático, la guerra cibernética y la tensión política entre las grandes potencias se ha adelantado de nuevo, y ahora marca dos minutos para el apocalipsis. Nuestro tiempo está marcado por el desencanto, por la histeria colectiva de una amenaza capaz de acabar con miles de personas en un instante. Por otro lado, en griego la palabra apocalipsis, como también explica Magris, “significa revelación, descubrir y poner de manifiesto”. La alarma está encendida y, no obstante, quizá el apocalipsis sea necesario: una revelación que anticipe la rebelión, hacer de las heridas abiertas por la catástrofe una propuesta regeneradora. ¿Será necesario adelantar el reloj a la medianoche? + R. R. Fullton @LordNoa

ientras viajábamos en un taxi, tal vez como augurio de la entrevista con el padre Solalinde, desde la radio una voz cuestionó: ‘¿qué Jesús están buscando?’. Nadie puso atención a las réplicas y llegamos a nuestro destino. Al poco rato, mientras conversábamos, Solalinde nos contestó esa pregunta sin que se la formuláramos de forma directa: “un Jesús revolucionario, el Jesús en el que cree Alejando Solalinde es un Jesús revolucionario”. Ser activista no es sencillo, menos si perteneces a una religión. Un agente de cambio resulta molesto por accionar, por no quedarse callado y confiar en que está creando las condiciones para ejercer presión política; esto es arriesgado. Pero parece que no hay barreras. En el libro Solalinde: los migrantes del sur, el sacerdote católico Alejandro Solalinde menciona algo que él llama “el blindaje de Dios”, en tanto Ana Luz Minera lo documenta: “No sé cuánto vaya a durar ese blindaje. Por momentos me siento devastado emocionalmente por tantas injusticias, por tantos delitos, tanta impunidad. Estoy físicamente bien, moral y espiritualmente. A la conciencia le doy de comer todos los días, porque para mí es importante decir cómo está la realidad en los diferentes niveles. Creo que Dios me ha cuidado”. Siempre que lo vemos en medios o de frente en alguna otra presentación, el padre sonríe; como si la oscuridad del mundo no lo alcanzara. Su buen humor sorprende a propios y extraños, a creyentes y agnósticos. Ante estas declaraciones acerca de su tranquilidad aclara: “puedo explicar esto por mi fe. Fíjate que yo creo en la resurrección de Jesús; creer en la resurrección es un dogma, es creer que las cosas pueden cambiar. Y en este momento las cosas en México andan muy mal, en el mundo también; hay mucha violencia. Sin embargo, yo creo que hay signos de esperanza. La alegría viene de Jesús. Yo me imagino a Jesús como un joven alegre en medio de todas las acechanzas, de los problemas y de las injusticias de ese siglo. Creo que nunca perdió la esperanza y la fe. Nos robarán todo, menos la esperanza”. Conocemos el compromiso, el sentido crítico e incluso la resiliencia con la que una persona como Alejandro Solalinde hace frente a las injusticias. Es difícil reconocer el momento en el que un hombre generoso, además de dar techo, cobijo, alimento y consuelo, decide hablar sobre sus derechos: “Para mí la fe no está separada de la vida, la fe es íntegra; la fe tiene que ver con la política, tiene que ver con la economía, con la ciencia, con todo. Aquí aparece Jesús de Nazaret y sin duda tiene que reinar él. Cuando digo que Jesús debe reinar en la economía, se tiene que quitar el sistema capitalista, hay que inventar un sistema más equitativo que responda al desarrollo de los seres humanos. Cuando digo que Jesús reine en la política, tiene que haber democracia. Cuando digo que reine en la justicia, tienen que acabarse la corrupción y la impunidad. Me refiero a la fe, no me refiero a rezar. Tenemos que hacer

incidencia política en todos los campos para que las cosas cambien. Generar políticas públicas prohumanidad, eso es fe también”. En este punto tenemos claro que para el padre Solalinde el reino de Dios es un reino revolucionario: “Es lo que vino a hacer Jesús. Él lo dijo de otra manera. No dijo que venía a hacer una revolución. Él dijo ‘¿ustedes están esperando a que yo venga a traer la paz? No. Vine a traer la guerra y vengo a traer el fuego’. Con esto hace alusión al fuego de la conciencia, a despertar la conciencia, a tener una visión diferente de las cosas. Mirar no desde los poderosos, desde el dinero, sino mirar desde los de abajo, desde el ser humano. Jesús nos trajo una revolución, el Dios de él es un Dios de los derechos humanos”. A pesar del “blindaje de Dios” también lo rodean falsos testimonios y mentiras. Hacer cosas buenas que otros juzgan como malas. Tan sólo mencionar su nombre genera polémica, ha sufrido fuertes acusaciones de pollero, de victimario y de trabajar para intereses ocultos: “Eso no me preocupa, porque lo hicieron con Jesús, le dijeron de todo. No me preocupan ni las críticas ni las lisonjas, lo que me interesa es cumplir mi misión. No puedo ser parte de un partido, no puedo pertenecer a una facción, porque me debo a todos. Jesús tiene una vocación universal, lo más valioso para mí es la gente y todo ser humano es mi familia”. En Solalinde: los migrantes del sur también hay una misión que los migrantes aún no encuentran. ¿Podría decirse que con la llegada de Trump al poder el sueño americano se está extinguiendo, que es casi inexistente?: “Yo no diría que el sueño americano sea inexistente, yo digo que cambió. No son el sueño americano los dólares, no es volverse gringo, no es volverse capitalista. Lo que hacen los migrantes es cambiar el corazón de Estados Unidos. Pienso que los migrantes ahí están y Donald Trump no va a poder hacer nada para evitarlo. Ya están dentro, están creciendo, se están multiplicando y, lo más importante, están fermentando positivamente con sus valores, con el sentido comunitario”. Nos preguntamos qué sentido tiene escribir un testimonio; nos contenemos, pero esta pregunta acaba por ser directa, Solalinde: los migrantes del sur es una especie de testamento: “Sí, lo es. Con este libro y otro que viene, creo que podría decirle a Dios, Señor, ahora sí puedes dejar a tu siervo irse en paz. El mensaje que estoy dando con este libro en este momento terrible que vive México es ‘No tengan miedo. No vale la pena vivir con miedo. Hay que luchar, hay que zafarse de esa dinámica en la que nos encarcelan. Una vez que uno cede al miedo pueden hacer lo que quieran con nosotros, eso no se va a poder’”. + América Gutiérrez @yasabescomosoy Ve la entrevista en mascultura.mx


DOCTORA

“La vida era sí y punto; con la obligación de complicársela a los demás antes de que nos la complicaran a nosotras” La amiga estupenda

¿Sufres de la llamada depresión de la última cuartilla? ¿Sientes mareos por no saber cuál será tu siguiente lectura? Este espacio es para que te relajes y superemos juntos cualquier tipo de cuadro clínico literario. Va la primera intervención terapéutica para darte opciones en caso de una resaca poslectura. Guarden la calma que ya llega la Doctora Lee. Lo sabemos: llegamos tarde a un fenómeno del que mucho se ha discutido en el mundillo literario, un éxito primero en Europa, después en Estados Unidos —dicho sea de paso, con las portadas más espantosas posibles— y por fin en el resto del mundo, incluyendo México, cuya primera edición llegó a las librerías en mayo del 2016. Por eso es mejor que omitamos la dinámica de indagar quién es el/la culpable, —permanecer en el anonimato le permitió a Elena Ferrante “escribir sobre heridas infectadas y recientes”, una de las escasas declaraciones de quien dice ser la autora de estos libros— y pasemos directamente a estos cuatro libros que casi ostentan el mérito de ser una de las sagas literarias mejor escritas de este siglo. Hace dos años terminé de leer La amiga estupenda, el primer libro de la serie "Dos amigas"; sólo pasó una semana para que me lanzara sobre el segundo volumen. Así, en menos de tres meses, había leído la tetralogía: Un mal nombre y Las deudas del cuerpo en formato impreso; el último, La niña perdida, en digital —entonces todavía no salía la versión impresa en México, pero ya era necesario saber cómo se resolvían los conflictos—. ¿Qué sostiene el interés en cuatro tomos, si se enuncia cómo terminará la historia desde el principio? Para esto se requiere de algo más que escritura creativa o un placebo con fórmulas literarias probadas y vueltas de tuerca inesperadas. ¿Cuál es el truco? La habilidad y el oficio para lograr que no sólo el lector promedio, sino también los lectores duros caigan bajo su encanto, son poco comunes. ¿Los temas? La misoginia y la violencia durante la infancia, la carencia, el desamor: no hay nada que no se haya escrito antes. Ferrante, quien quiera que sea, es inteligente; sabe cómo se mueven, deciden y pelean las mujeres. Todo es acción más que introspección, podríamos clasificarla como prosa muscular, escritura altamente física. Parecería exagerado afirmar que casi podemos tocar a las protagonistas, pero no lo es. Estas novelas narran la historia de Elena Greco y Lila Cerullo, de sus familiares y amigos, de su barrio marginado en Nápoles en lo particular, y en lo general de la sociedad italiana en su conjunto, durante los cincuenta años en que transcurre esta historia. La ciudad se siente, se huele, en la primera huida más allá del barrio, los

LIBROS

sentidos se exaltan con la descripción. La vida no es fácil para este par de mujeres, se mantienen entre sentimientos de frustración, placer y repulsión, las acompañamos en la búsqueda de su propia identidad y nos transmiten su miedo a la vida. Es una visión del mundo sin culpa ni remordimientos, decididamente verosímil. Es importante reconocer la honestidad de la prosa, la agudeza psicológica y emocional con la que Ferrante construye las historias. Mención aparte ocupa el descenso —especialmente de las mujeres— a los rincones más oscuros de los sentimientos de sus protagonistas hacia sus madres y sus hijos, el sexo, los estudios y las relaciones sociales en todos los niveles. Esta obra sobrevivirá al anonimato voluntario de su creador; hay que recordar que cuando la identidad de un autor es un misterio y la calidad de la obra lo precede, ésta tiende a volverse de culto, incluso si llega a millones de lectores. No alimentar el culto al ego es una de las maravillas de esta saga, nadie disfruta aún de este éxito como ‘legado intelectual’; aunque económicamente la misteriosa autora —seremos incluyentes, podría ser un autor— ya tiene lo suficiente para mantener a por lo menos siete generaciones de su familia. Para ser objetivos, a nadie ya le importa quién está detrás de Elena Ferrante; muchos como yo nos quedamos con lo sólido de su escritura. Durante la lectura se reconocen voces tan poderosas como la de Elsa Morante, Natalia Ginzburg y Cesare Pavese; la autora tenía una evidente influencia italiana de primera mano y de gran valor. No sería sensato determinar un tipo de lector para la serie "Dos amigas", estamos frente a una saga consistente y bien ejecutada, que ojalá no sea menospreciada por el hecho de ser popular: llegar a todo tipo de público no debería condenar a la literatura de calidad. Todos podríamos leer un mismo libro, como en una especie de performance, pero nuestras lecturas serán distintas. El acto de leer es único y personal, esta tetralogía merece superar el prejuicio de encontrarse entre los más vendidos. Hay que darle una oportunidad a Ferrante; eso sí, es un ejercicio de todo o nada, pero debo decir que si superan las primeras veintiún páginas de La amiga estupenda, seguramente llegarán al final del cuarto y último libro. Advierto: hay cruda post Ferrante. Nada grave, es recomendable dejar pasar unos días para comenzar otras lecturas, no buscar con ansiedad una nueva saga y beber el té de su preferencia. Para no vivir ese malestar —al menos no de golpe—, un consejo es ir directamente a Elsa Morante —que misteriosamente rima con Elena Ferrante—; pueden empezar con El chal andaluz o La isla de Arturo, y si la necesidad es de un libro extenso Mentira y sortilegio no los decepcionará. + Dra. Lee


RAQUEL

Tal es el frágil y nostálgico hilo conductor sobre el que Mathias Énard (Niort, Francia, 1972, autor, entre otras maravillas, de Habladles de batallas, de reyes y elefantes, Manual del perfecto terrorista y Calle de ladrones) ha recreado y actualizado Las mil y una noches en una novela llena de música y anécdotas trascendentales, de erudición enciclopédica y un amor impregnado de fascinación por Oriente a lo largo de dos décadas. Brújula es la novela con la que Énard se adjudicó el Premio Goncourt 2015 y fue lanzada durante 2017 por Literatura Random House. Es una obra ambiciosa y sencilla: durante esa noche fría que marca el inicio del invierno, los recuerdos de los viajes se entremezclan con pasajes de la vida de los más grandes artistas y celebridades de Europa así como de Oriente: músicos, filósofos, poetas, nobles exiliados, todo tipo de curiosos encantados y atraídos por ese misterio oriental que parece celebrar y dolerse por la vida, el amor, la muerte y el sexo sin los pudores de la moral cristiana. Una novela desafiante para leerse de manera lenta y dolorosa con un pasaje anecdótico capaz de abrir heridas en el lector que tardarán en sanar. La narración de Énard es hipnótica y fascinante no obstante su prodigiosa erudición, porque no es pretencioso, elitista ni petulante, sino generoso y detallista: entre los residentes más famosos de Viena porta Orientis (Beethoven, Freud) y los poetas orientales más renombrados (Rumi, Sadeq Hedayat) desfila de París a Teherán la multitud inabarcable de todas las eras: de Homero a Pessoa, de Buda a Thomas Mann, de Marga d’Andurain a Lawrence de Arabia. Brújula es un libro diletante, dirigido al público amante de la historia, de la música, de Europa, de la nostalgia sentida en los años cercanos al retiro y de los relatos en los que el amor y la fatalidad se urden en un mismo tejido y, por supuesto, a todo aquél que ha debido atravesar dos décadas esperando el milagro del amor correspondido. + R. de la Lanza @rdelalanza

Como ¿por qué nos gustan las distopías? Quizá, pienso, se deba en parte a que, mientras leemos —o mientras vemos la peli, que también hay muchas, muchas distopías fílmicas—, sabemos que el horror que estamos presenciando cesará en el momento en que cerremos el libro, pongamos pausa a la peli o nos salgamos del cine. Así, desde esa tranquilidad, podemos preguntarnos qué haríamos en el lugar de los personajes y, de alguna manera, prepararnos por si alguna vez pasara algo similar en la vida real. Pero, ¿qué pasaría si, de repente, nos encontráramos con que nuestra cotidianidad ya fuera similar a la de los escenarios distópicos? Una opción, claro, sería evadirnos: alejarnos de la película o novela y ponernos a ver “algo bonito”. Pero esa alternativa sería un falso alivio, sobre todo si la amenaza a la que estuviéramos enfrentándonos siguiera avanzando, creciendo. Una alternativa quizá menos cómoda, pero seguramente más útil, sería seguir con la lectura: por terrible que sea el panorama, siempre es preferible a la ignorancia. De hecho, dicen los que saben que el primer paso para poder resolver un problema —incluso el más complicado de ellos— es reconocerlo. O, dicho de otro modo, tenemos más probabilidades de no caer en un agujero si sabemos dónde está y cuánto mide, por decirlo de alguna manera. Por eso quiero recomendarles un libro que tiene que ver con las distopías, pero que no es de ficción: No es normal, ensayo de Jacobo Dayán, publicado por la Secretaría de Cultura en su colección Caja Chica. Ya sé: es una forma un poco extraña de hacer una recomendación, sobre todo porque es común el prejuicio de que los libros de ensayo son aburridos o sólo para académicos, y eso se suma a lo que acabo de decir de que podrían dar ganas de cerrar el libro. Pero denme chance de explicarme. Caja Chica es una colección de libros de ensayo, pero no son de ésos que tienen citas en alemán, latín o sánscrito sin que el autor se ocupe de traducirlas por pensar que todos sus lectores son conocedores de esos idiomas —o de esas citas—. Por el contrario, los libros de esta serie están dirigidos en específico a adolescentes, con referencias a la cultura popular y con un lenguaje accesible. Por si eso fuera poco, los temas de los libros son muy interesantes y pertinentes para la juventud de hoy: apenas van cuatro títulos, pero hay planes de que la colección siga creciendo, y los que están disponibles hasta ahora abordan desde el feminismo hasta los avances científicos relacionados con los intentos de vencer la muerte, pasando por las modificaciones corporales. El libro de Jacobo Dayán, en concreto, habla de la violencia, en particular de la que se vive en estos momen-

tos en nuestro país. Dayán, quien es especialista en derechos humanos, comienza el libro explicando que el hecho de que la violencia sea frecuente —demasiado frecuente en esta época— no significa que debamos acostumbrarnos a ella ni resignarnos a vivir con ella. No es normal nos muestra las diferentes formas en que la violencia se instala en una sociedad y las distintas manifestaciones que tiene, desde las más obvias hasta las mas sutiles. Pero, más importante todavía, explora las maneras en que se puede contrarrestar, frenar e incluso extinguir la violencia. La lectura de este ensayo es estrujante, sí; y puede ser que, por momentos, uno como lector sienta que ya está metido hasta las cejas en algo peor que la distopía más sádica de las series juveniles de moda. Pero ser capaces de reconocer que esto que ocurre no tendría que ser lo cotidiano es buena señal: quiere decir que todavía no nos volemos insensibles a lo que ocurre a nuestro alrededor y ése es un buen punto de partida para cambiar las cosas. Para variar nuestras lecturas, No es normal, con su diseño original y sus maravillosas ilustraciones, es una excelente forma de acercarnos al ensayo —si es que no estamos familiarizados con él— y a un tema distópico, cercano y doloroso sin caer en amarillismos o en la desesperanza. Muy recomendable. + @raxxie

Ilustración tomada de la colección de libros Caja Chica.

urante una noche de insomnio, el musicólogo Franz Ritter está en su apartamento en Viena digiriendo el reciente diagnóstico de que padece una enfermedad degenerativa. Acaba de recibir por correo, además, la copia de un artículo sobre antropología escrito por Sarah, la mujer a la que Ritter ha amado desde hace veinte años, cuando la conoció en una expedición compartida que los llevó por Alepo, Palmira, Estambul, Damasco y otras ciudades del Oriente Medio.

CASTRO


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Vyara Boyadjieva es una ilustradora freelance originaria de Bulgaria que estudió y se tituló en Ilustraciones y Cómics en la Academia de Bellas Artes de Boloña, Italia. Vivió durante nueve años en Luxemburgo, donde adquirió un amplio bagaje de la cultura francesa. Su meta no es lograr la virtuosidad técnica, sino dar vida y carácter a su trabajo por medio de la originalidad. Vyara colaboró con estas viñetas cuyo título es:

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Ilustración tomada del cómic japonés Akira.

esde sus inicios el cómic ha sido cercano a la literatura fantástica en general, y a la ciencia ficción en particular. Evidencia de ello son las tiras de periódico protagonizadas por héroes como Brick Bradford, Buck Rogers y Flash Gordon, de hace casi noventa años. O el hecho de que la más famosa novela gráfica anglosajona, Watchmen, sea una distopía en un universo paralelo. Entre ambos ejemplos se multiplican las series, tiras y novelas gráficas del género, casi siempre vinculadas a la distopía. Puedo pensar al vuelo en Transmetropolitan, de Warren Ellis y Darick Robertson, la trilogía Nikopol, de Enki Bilal o El Eternauta, de Oesterheld y Solano López. Entre tal abundancia me decidí para esta entrega por un manga o cómic japonés para esta entrega. Se trata de Akira, de Katsuhiro Otomo, monumental obra publicada entre 1982 y 1990, con una adaptación al anime o cine animado de 1988. En 1982 una explosión nuclear arrasa Tokio y desencadena la Tercera Guerra Mundial. Veintisiete años después, en 2019 —asumo que es un guiño a Blade Runner—, sobre sus ruinas se levanta Neo-Tokio, una megaurbe asolada por la violencia de las pandillas juveniles y el crimen. Una de estas pandillas de motoristas, liderada por Shotaro Kaneda, tiene un encuentro accidental con un niño psíquico al que por poco atropellan en una de sus correrías nocturnas. El incidente despertará los poderes extrasensoriales de Tetsuo, segundo de Kaneda en la pandilla. Tetsuo se descubrirá como un poderosísimo psíquico que ya no tiene que estar a las órdenes de Kaneda, al que siempre ha envidiado. En medio de la escisión de la banda, los chicos descubrirán un proyecto bélico secreto del gobierno que mantiene presos y bajo control neuromédico a un grupo de niños psíquicos, siendo el más poderoso de ellos el misterioso Akira. Eso es apenas el inicio. Lo que sigue es una de las grandes sagas del cómic asiático, que se extiende durante más de dos mil páginas en seis tomos, en la que abundan la destrucción masiva y las secuencias llenas de acción violenta, pero también cierta introspección zen, profundas reflexiones y cuestionamientos de los personajes. Todo ello dibujado con una enloquecedora exquisita atención al detalle. Considerada uno de los epítomes del cyberpunk, se publicó en la misma época en que se estrenó Blade Runner y que William Gibson escribió Neuromante. De manera definitiva

algo interesante sucedía en los estertores de la Guerra Fría. En el extremo opuesto del abanico del cómic se sitúa Un policía en la Luna (Salamandra Gráfica), de Tom Gauld. Un todavía joven autor escocés que ha ido construyendo su carrera con un estilo minimalista y varios libros de humor tan agudo como desconcertante. En Un policía en la Luna conocemos al Poli Lunar, defensor de la ley en una colonia selenita que poco a poco se ha ido vaciando de gente. La inexistencia del crimen en el satélite conduce la vida del Poli a la monotonía. Su día se reduce a hacer una ronda en la que nunca se encuentra con ningún suceso relevante, y a su visita diaria a la máquina expendedora de donas —“Dónuts lunares”, en la traducción española de Carlos Mayor—. Los habitantes de la colonia van abandonando poco a poco la Luna. El Poli, sofocado por el aburrimiento, solicita a las autoridades de la Tierra ser transferido a otro lugar. Su petición es denegada. La rutina se rompe cuando la máquina expendedora de donas es sustituida por una sucursal del café que las produce, que incluye a una sola empleada, y por el arribo a la Luna de un robot terapeuta que es enviado para apoyar al policía. Narrada con un ritmo pausado y plagada de situaciones circulares que subrayan el hastío en que viven los colonos, la narración de esta novela gráfica recuerda por momentos las viejas cintas de Jim Jarmusch. Las imágenes, de una abstracción casi tipográfica, coloreadas en azules y grises fríos, refuerzan el desconcertante sentido del humor de Gauld, celebrado por sus seguidores en redes sociales por sus ocurrentes cartones que lo mismo apelan a la alta cultura que al humor absurdo, no exento de referencias frikis. Contrapuesto a lo intrincado de la trama de Akira, Un policía en la Luna es una metáfora agridulce acerca del aburrimiento en una sociedad utópica en la que las necesidades básicas están cubiertas con creces y el ocio se convierte en un tibio tormento que termina enloqueciendo a sus ciudadanos. Una pequeña joya que se lee rápido, pero cuyas imágenes resuenan en el lector mucho tiempo después de cerrar el libro. Dos distopías alejadas de los lugares comunes del cómic de ciencia ficción que vale la pena leer. + Por Bernardo Fernández, Bef

@monorama


En esta sección aparecerán relatos de autores contemporáneos. Cada mes una ficción para arrebatarle un espacio a la vida cotidiana.

lo largo de este tiempo hemos dedicado este espacio a hablar acerca de poetas y su obra: García Lorca, Nicanor Parra, Alicia García Bergua, Eduardo Chirinos, entre muchos otros. Sólo una excepción ha merecido hablar de prosa con la condensación de la poesía: Juan Rulfo, y fue a propósito de los cien años de su nacimiento. Por segunda ocasión me permito saltar la regla porque la poesía no sólo está en los versos, sino en la buena literatura: El pacto de la hoguera, de Alfredo Núñez Lanz, es un excelente ejemplo. Considero que pocos han sido los escritores que han logrado asimilar la belleza estilística del mismo Rulfo, los adjetivos que explotan por su precisión dentro de un párrafo. La verdadera labor del poeta es describir esos pequeños, pero extremadamente precisos nexos entre las cosas: “[...] aquí en la Merced los chismes corren más rápido que las ratas” o “Detrás de las paredes se fermenta la primavera”. Trazada dentro del Tabasco del polémico gobernador Tomás Garrido Canabal durante los años treinta, rodeado de cambios políticos y prohibiciones religiosas, la novela debut de Núñez Lanz es narrada desde dos voces de amigos íntimos que se ven forzados a separar sus caminos. José, obligado a escapar de Villahermosa para salvar su vida; y Amador, un joven a quien sus condiciones sociales orillan a sumarse a las famosas “Camisas Rojas”, un grupo paramilitar al servicio del gobierno del Estado. Rodeada de silencios y la trágica imposibilidad de conectarse con el otro, los personajes protagónicos desarrollan perfiles muy distintos: cada uno, sabiendo los crímenes que carga consigo, debe continuar por sí mismo: “[...] las culpas se me hubieran trepado, pues son como las hormigas culonas de mi tierra: trepan desde los pies y muerden”. En otras palabras del autor, “la soledad es un lugar donde uno vive un orden severo”. Cargado de un homoerotismo que inevitablemente evoca la narrativa de Reinaldo Arenas, pero dentro del aura de una época ya mítica en el México de principios del siglo xx, El pacto de la hoguera podría perfilarse como una de las novelas imperdibles de este año. + Nuñez Lanz, Alfredo. El pacto de la hoguera. México: Era, 2017.

@rsanchezriancho

“Ahí está la isla, todavía surgiendo de entre el océano y el golfo: ahí está” Vista del amanecer en el trópico, Guillermo Cabrera Infante

T

enía un hermano morrito, chavalón; un carnal al que nunca le partió su madre, aunque se lo mereciera, porque era un morro de esos chicos y rapeaba, rapeaba cosas bien no sé cómo pero sí sabes cómo; bien siete nueve, bien así como rapeábamos cuando la colonia era otra cosa y no esto, digo, ay, ya. Rapeaba cosas como: no me engaña la noticia porque siempre he estado al tanto de lo que dicen los diarios. Aquí se muere pero yo mato, mato al güey gobernador, pum pum pum te da pa un rato, tres balazos en el pecho por puto y por joto y por mariconazo, ¡ja! Así es esto. Una isla. Luego el morro, su hermano, se subía al cerro y por ahí se rifaba, por la Cañada del Lobo, ahí donde están los capitanes, los que dicen somos los capitanes, los meros vergas que vivimos con los güevos bien puestos; los capitanes que nos dicen, los capis nos dicen, los capis hijos de su puta madre saquen ya la sierra eléctrica, sin ella no existiría ninguno de ustedes hijos de su puta madre, qué la verga, qué perra la sangre, qué puto perro ser el brazo armado del pueblo; y él, el hermano de ese güey, por menso, se la creía y se sentía bien perrón porque tenía

quince años y le atoraba al perico y como estaba morro, cuando tenía ganas daba dos cabezazos y soltaba tres madrazos y así la hacía. Chale. Por esas cosas al hermano de ese güey se la cantaron. Le dijeron: te vamos a matar, y él no hizo nada. Se echó otra de buchanans, un perico y tres tacos del Tizón; dijo: “si a mi carnal no le importa, mátenme a la verga perros putos perros ora perros pero ya a la verga”. Y sí le importaba a su carnal, pero de todos modos lo mataron a la verga y nadie, ni su hermano, ni su jefa, no, nadie se hizo responsable de los pagos que debía en el Coppel; su moto fea, barata, su Carabela con la que iba a pasearse por la Centenario a señalar, ponerle el dedo a los rucos de antes, los que movían la mota en esos años previos a que su carnal le comprara el derecho y el piso y la vida. Luego, hoy, hace un rato, desayunamos tamales. Joserra Ortiz (SLP, 1981). Doctor en Estudios Hispánicos por Brown University y actualmente investigador en la Universidad Autónoma de San Luis. Ha publicado los libros Los días con Mona (FETA, 2011), y La conquista del Monte de Venus (Abismos, 2017). En 2016 coordinó la antología El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (FETA). En 2002 fundó las Jornadas de detectives y astronautas, primer encuentro mexicano de género negro.


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Dr. Manhattan, en Watchmen, hace un inevitable dictamen que en gran medida representa el espíritu del tema que aborda esta edición: “Hemos t...

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