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La Jeta Revista bimestral de arte insurgente Enero-Febrero 2011 Número 02

Dirección editorial y diseño interior Guillermo Villani Nahuel Romero

les por [7] PostaVillella Luciana

[4]

Diseño de cubierta

Lo E po xilia r S do ofí a V del D illa eb er ni

Julieta Vera

Contacto

revistalajeta@hotmail.com http://revistalajeta.blogspot.com

Contratapa

[14] Epílogo por

Arruinamos: Reminiscencia arquelógica del angelus de Millet, Salvador Dalí.

Juan Romero us

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or í p ne r ao cco ] M Sa

[5] Prólogo a la

arcos Pelotudez por M i in rm Ie Torti

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[17] Alucinación por Judit Veinberg

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[13] por yer Me

[8] por

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por ohemia ino B a d O [15] ’agost o Gael D Leonard

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[12] por

Lucia Villella na

[10] La Violencia por Nahuel Romero y Guillermo Villani


Editorial Como ya se dijo en innumerables ocasiones, nuestra cultura abunda de por sí de identidades individuales. Y, a su vez, ella es una gran identidad, que nos sobrepasa pero nos completa, una identidad colectiva. Cuando pensamos en quiénes somos, y nos caracterizamos y señalamos nuestras faltas y nuestras motivaciones, pensamos también en qué nos es más representativo. Es común que consideremos a los rostros como elementales a la hora de preguntarnos sobre nuestro ser. Un rostro es un símbolo inquebrantable de nuestra identidad. Las caras de las personas hablan sobre sí mismas, sus ojos, sus bocas, todo expresa, todo siente. Nuestra cultura también tiene rostro, pero más que rostro digámosle jeta. La sociedad argentina tiene jeta. Esa palabra que de dolor, de encuentros y de separaciones, fue construida. Una palabra, que como lo que somos, nació en la diversidad, de la llegada de ilusiones y de tristezas, de los abrazos y de los golpes. Tiene un pasado ambiguo, una consistencia frágil y un futuro dudoso. Nuestra cultura tiene jeta, porque nuestra cultura es una lucha constante de lo diverso por ser o no el rostro de una sociedad para el mundo. Esta revista es parte, para bien o para mal, de ese rostro. El color nos falta, sin embargo, el arte se presenta, no soporta la ausencia. ■


Lo Exiliado del Deber ► Dibujo de Sofía Villani

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Prólogo a la Pelotudez ► palabras de Marcos Torti Iermini

-Dentro del profundo vacío interior de inquietudes, se encuentran las respuestas a las preguntas que nunca me he preguntado, las preguntas a las respuestas que nunca he entendido. Mi condena subyace a las verdaderas razones por las cuales mi vida fluye como un río en su búsqueda por el mar de sentido. Tanto es así que…-¿Señor? -El hombre de pie tímidamente interrumpió a la figura que se encontraba en el estrado- ¿Puedo hacerle una pregunta?-Es poco fortuito que una narración de tales características se detenga sin previo aviso. Dificulta su comprensión y delimita la gama de interpretaciones que posee. -La voz en el estrado responde en tono firme, suena en toda la sala. -Perdóneme. Pero necesito su ayuda para tratar de entender por qué… -El hombre de pie dudó en terminar la frase. Su silencio se vio interrumpido. -Las disculpas no son correctas de entregar, si la razón por las cuales deben de otorgarse no las respaldan. Si en algo he de poder ayudarle, no dude en continuar con la inquietud que lo aqueja; y que no hace más que dejar expectante no solo a mi persona, sino a todas las presentes aquí. Claro que espero que dicha duda no sea una subestimación del tiempo que dedico a narrar las palabras del libro entre mis manos.El hombre, ante estas palabras, dudó aun más en terminar su frase. -La razón es... -Titubeó- No entiendo... -Se volvió a pausar- No entiendo su forma de hablar.A pesar de lo que muchos hubieran pensado, no hubo risas en la sala; tampoco se propagó un murmullo ante la frase del hombre de pie. El silencio molesto, anterior a la respuesta, se volvió eterno. -Ha de disculparme señor, pero en esta ocasión, parece ser que soy yo el que no comprende su inquietud. Háganos el favor de explicarnos.-No comprendo lo que dice, por qué utiliza las palabras que utiliza. Quiero decir, ¿Usted las cree adecuadas para su narración? ¿O es coincidencia? ¿Las palabras se unen por sí mismas para que usted pueda expresarse?- El hombre intentó no mostrarse nervioso al realizar aquel cuestionamiento. En parte, porque ni él mismo estaba seguro de que fuera correcto. -Debo decir que su pregunta me ha tomado por sorpresa. No creí que mi forma de expresarme resultara poco agradable a la vista y el oído de las demás personas, es más, creí que mis desdichas y dichas expresadas en el papel eran tan claras como el amanecer de primavera.-¿Ve a lo que me refiero? -interrumpió nuevamente- No entiendo por qué habla >

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> de esa manera.-

-Antes de poder continuar con mi respuesta. -La voz se notó fuera de lugar- Tienes que comprender que una interrupción en un diálogo no es bienvenida, y que además de no dejar cohesionar los pensamientos de uno, no deja que las partes se distingan en el mismo. -La voz se pausó- Los pensamientos y sentimientos de una persona poseen cierta complejidad que no es posible representar de no usarse las herramientas necesarias para ello.-¿Por qué me responde de ese modo? Le dije que no le entiendo. -La molestia del hombre se hizo notar- ¿Usted piensa todo lo que dice antes de decirlo? ¿O tan solo abre la boca y ese rompecabezas lingüístico sale de ella?-Qué disposición poco benigna la de usted señor, al referirse de esa manera a mi forma de expresarme ¿“Rompecabezas lingüístico”? ¿A qué se refiere con tal acusación referencialmente limitada? -La voz del estrado se mostró confundida por lo que su interlocutor le había dicho. -Puede expresarse de manera tan poco ortodoxa pero, ¿No puede entender el significado de una pequeña metáfora sobre la expresión que usted mismo utiliza? -La boca del hombre se secó. Empieza a modular para seguir hablando. -Aguarde un momento, ¿Qué derecho encuentra usted para comenzar a dialogar de esa forma?-He de demostrarle que, a pesar de las penurias que un alma pueda sufrir en su estadía en la tierra, unas simples líneas pueden expresar lo que esta no pudo concretar en el tiempo que no malgastó. La gente comenzó a murmurar por primera vez desde que la batalla letrada había comenzado. Las risas comenzaban a sentirse de igual manera. -Caramba, qué forma de expresarse señor. Debo admitir que me deja perplejo.Entre el murmullo no se puede distinguir quién realiza tal afirmación. Lo que parecían risas tímidas por parte de los presentes, se tornaron carcajadas provenientes de todos lados. -Déjeme aclararle que en un diálogo no es posible que ambas partes posean total unión subjetiva, ya que estaríamos en un caso de “espejismo dialogal”.-Jamás tales palabras se dijeron con tanta gracia y contemplación de verdad.-Me da gusto poder entablar un vínculo de ideas con usted. Es necesario poder encontrar a alguien con quien uno posea afinidad para que la relación hablante-oyente se desenvuelva de manera ligera para nuestros oídos. Un hombre, que se había quedado dormido al comienzo de aquella conferencia de prensa, levantó la mirada desorientado desde el fondo del salón, las risas lo habían despertado del sueño. Bostezó y se volvió a acomodar para dormirse nuevamente. En el escenario solo había un hombre desnudo realizando piruetas. ■

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Collage y palabras de Luciana Villella

Postales El sol a las siete de la tarde en noviembre los tilos volcando su sombra pesada y hĂşmeda los almacenes y sus banquetas con viejos charlando

las bicicletas los nietos las baldosas del porsche relucientes el trapo de piso extendido para que

seque los perros chicos que ladran mucho.

Cuando el poder heteropatriarcal caiga estas son las postales que quedarĂĄ n.

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Dibujo y palabras de Nahuel Romero

El movimiento que libera, que bros de un sueño sin angustias. Se y sonrisas estériles. Se ignora. Se mento de su muerte. IndefectibleSe acaba.

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destruye, sirve de preocupa mente, se

duerme entre los escommúsculos desgarrados sólo por la forma y el moconvierte en inercia.


Maorí ► Pintura de Angus Saccone

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LA V ¿Quién es ese hombre? No sabemos su nombre, su rango, nada sabemos sobre su vida, pero sabemos donde estamos. Se acerca por un pasillo largo, repleto de puertas. Tranquilo, camina y se para frente a una de ellas, cuál específicamente poco importa. Toma aire y sin más rodeos la abre de un empujón. La pequeña habitación, que la puerta guardaba, se ilumina. El hombre entra impulsivamente y

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VIOLENCIA toma del pelo a un pibe. Ahora nos atrevemos a decir, por pura lógica aritmética, que las demás puertas deben esconder otros, tal vez igual de sucios, igual de sangrientos y zaparrastrosos que éste que vemos tironeado de los pelos. Por el tirón, que lo arrastró de una esquina a otra de la habitación de forma casi innecesaria, el pibe gritó. Fue un grito irritante que molestó al hombre de rango desconocido. En respuesta obvia, el hombre hundió su puño en la nariz del sucio. Fue un golpe fuerte, la sangre brotó inmediata. Enseguida, como siguiendo una línea conductora de sus actos, el hombre de rango desconocido pateó al pibe, lo pateó hasta más no poder. Cansado sacó su cuchillo, y entre imploraciones inservibles del sucio, cortó su piel indiscriminadamente. Cortes varios, sin lógica, sin precisión. Alejó el cuchillo del cuerpo sangriento. Lo limpió lentamente, intentando esconder su respiración agitada. Lo guardó. Miró por un momento al pibe maltrecho. Entonces, sacó de la funda su arma. El pibe suplicó entre llantos. Solo debió pasar un momento, insignificante, puntual, para que no se oyeran más suplicas. Los disparos ya habían penetrado, fulminantes. El pibe, muerto. El sádico, satisfecho bajo el cumplimento de la orden. Nosotros, cambiamos de canal. ¿Qué sucede con esta violencia? ¿Acaso la desconocemos? ¿Desconocemos la autoridad, el golpe, la sangre? La violencia se muestra obvia, constante. Resulta que estamos acostumbrados a esa violencia

que limita entre la realidad y la ficción, que juega, sin problemas, a ser ambas. Innumerables son los medios por los que presenciamos el terror más inmundo y degenerado. Ese terror que nos obliga a olvidar. La violencia impregna las imágenes que nos encaminan a la actuación de la apariencia ignorante. Ella nos da, en su cotidianidad, los medios para sobrellevarla. Ella nos alienta a reprimir la desgracia y alejar la sangre de nuestras conciencias. Así, la violencia se transforma en una inevitable presencia. Su realidad simbólica, casi ficticia, se agarra de manera fatal a nuestra percepción de lo violentado y el pibe pasa a asegurar el poderío del rechazo silencioso y temeroso en nosotros. Erradica la violencia, no nos conmueve más su cuerpo, tampoco nos sorprende. Asegura la digresión y la excreción interna de los cuerpos, que condenados están al golpe en la realidad. Aquel pibe que yace muerto, ese que aplastado está por la violencia humana, es sujeto cuyo dolor es condenado a su propia carne, a la ficción o a nuestra invalida mirada. El discurso de la violencia parece inevitable. El qué hacemos con él, no lo es. ■

► Dibujo de Nahuel Romero y

palabras de Guillermo Villani

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Hace falta barro y no flores para eso todo tiene que caer

y fundirse en algo abyecto de lo que queramos distanciarnos

Los héroes encharcados tendrán un rostro

humano

nos volveremos piadosos

Coll

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na V

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a

y recién entonces podremos aceptarlos

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[13]

de Ernesto Meyer

► Fotografía


Epílogo Hubo un momento de calma; el viento dejó de soplar y cayeron las palabras en un hueco. Todo pareció dejar de tener sentido en el mismo momento en que nada dejó de tenerlo. Mis piernas temblaron y comenzaron a derretirse, sobre el silencio flagrante de una multitud atemorizada. -¿Quién arrojó la piedra? La primera, la que rompió el vidrio y despejó la entrada. El desconcierto se apoderó de los protagonistas de la escena y los libros dejaron de mentir piadosamente, pero nadie jamás pudo contestar la pregunta. Entraron primero los audaces, luego sus obsecuentes, y después los que no se animaban y se animaron, por último los que fueron empujados y los que empujaban. Todos entraron... -¿Y qué encontraron? Nada. Volvió el silencio a ser el dueño de la escena y los rostros de todos no tuvieron más alternativa que enfrentarse, cuando la distancia entre ellos fue inexistente, cuando no hubo más remedio que mirar y verse. Cuando la única verdad volvió a ser realmente la única, y el mundo se convirtió en una fosa común, en donde la diferencia entre un ser humano y otro, la marcó el lugar en el que caían. ■ ► Palabras de Juan Romero

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Oda Bohemia Querido Whisky: Matá algunas neuronas Y que todo explote en mi estómago Que soy cartera de cocodrilo dopado Y todavía tus efectos no me joden cuando vomito Porque hoy prefiero perder la salud, si ella se va con mis recuerdos Querida Ginebra: Que arda mi garganta Y me duela más que la vista Así mis ojos no se percatan Del espectáculo que avistan En viejos celuloides Que se repiten Con cualquier gilada Querido Vodka: Entibiá mi cuerpo En esas noches frías De tambores bajo la luna llena En las que busco calor humano Pero el tuyo igual me abraza, O inunda el vacío Con una piedra alcoholizada Querida Marihuana: Sé mi show de la comedia Para no pensar en penas De las que son inevitables Y por ende, inesquivables Sé mi risa, sé mi olvido La aspirina del cobarde Que hoy estoy harto del mundo Y de que corra tanta sangre Porque hoy quiero vacaciones Y embobarme Hasta que la tierra ya no gire O revierta su movimiento Cuando las drogas hacen A las paredes bailar

► Palabras de Leonardo Gael D’agostino

y dibujo de Nahuel Romero

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El Peligro Ese rascar de uñas, el mismísimo sonido de las hienas. Sus ojos fijos, sus lenguas lánguidas relamiéndose, la manada lista para arrancar la carne ya muerta de los huesos. Nadie sabe quién llamó a las hienas, pero mi cuerpo tiembla, se siente oscuro, preparado para ser desgarrado, aunque todavía no muerto ¿Alguna vez lo estará? ¿Las hienas detendrán el sutil sonido de su rasgar? Las certezas son ahorcadas por este árido paisaje, y junto a su muerte las hienas adelantan un paso. Más cerca están de morder mi carne ¡Qué minucioso, insignificante espacio libre han dejado las certezas! ¡Qué inmensa entrada conforma éste para la muerte! ¡Qué insoportable saber el destino de mi carne y no así presenciarlo! ¡Bien despreciadas sean las hienas! Se han llevado entre sus ojos, bajo el sonido de sus uñas, mis frágiles certezas. ■

► Palabras de Guillermo Villani

Festejo Recostada sobre la tierra, la mujer esperaba el día. Amarga espera la de su belleza. Insoportable es este tiempo lento, que no le regala ni una minima pizca de luz. Harta de su desgano, de su cuerpo disperso, la mujer acercó sus manos a su amargado vientre. Frotó su sexo y saturada de su oscuridad, de su insoportable ambigüedad, la noche se vistió de fiesta. Sin ningún aviso, de un momento a otro, dejó de importarle la imposible escena de ver la luz del día. Entonces, con la fuerza de su cuerpo, hizo danzar a los hombres y mujeres. La noche impuso el festejo, sin mayores proezas, y los seres humanos, por el simple arte de bailar, descubrieron lo que era amar y reír. Solo encontrándose, la noche demostró lo que es esta vida, que si se quiere puede aplastar dolores inmensos, y qué irresistibles son sus aromas de esperanzas, sueños y pasiones. ■

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Alucinaciรณn โ–บ

Pintura de Judit Veinberg

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La Jeta no esconde su debilidad. Debemos sincerarnos, aceptar y decir que sus pasos limitan y juegan constantemente en el riesgo de la desaparición. Esto es porque La Jeta no pertenece a unos pocos. Para mantenerse viva invita constantemente. Invita al debate y a la criticada, pero también invita a la participación. La Jeta solo seguirá andando en función del diálogo y la transformación de si misma. Por eso invita al aporte de los lectores, a que no se haga de ella una revista que aparezca bimestralmente estática y unidireccional. Para publicar y no flaquear las fuerzas de La Jeta, mandá un mail a: revistalajeta@hotmail.com ¡Salud!


Año 1 / Nro 02 / Enero Febrero 2011  

Revista Bimestral de Arte Insurgente / Colaboran en este número: Angus Saccone, Ernesto Meyer, Juan Romero, Judit Veinberg, Leonardo Gael D'...

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