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EL ALA IZQUIERDA N.º 3 lécula de azúcar en ese brebaje, que en la distancia que separa al Sol de la Tierra. Desde 1810, la medicina ha avanzado hasta límites inimaginables. Hoy son los estudios y los ensayos clínicos los que hacen que avance la capacidad de curar y de aliviar la enfermedad, pero en 204 años aún no disponemos de un solo estudio riguroso que avale el uso de la homeopatía. Sí los hay, sin embargo, que han demostrado que la efectividad de estos remedios se reduce al efecto placebo. ¿Quieren hacernos creer que se trata de un complot para desacreditar a los homeópatas? Si tan seguros están de sus postulados, ¿cómo es que no son capaces de demostrarlos de forma seria? El problema real de esta superchería reside en el cóctel extraño que se nos vende como «medicinas alternativas». Resulta muy útil para la homeopatía que se la confunda con la fitoterapia y otras prácticas que, si bien no son convencionales, sí han demostrado cierta base científica; ¿sabíais que el estracto de Pygeum africanum –una variedad de ciruelo–, es un tratamiento validado y muy usado para tratar la hiperplasia benigna de próstata? La medicina está abierta a aceptar cualquier terapia que muestre ser eficaz, sin prejuicio alguno. La homeopatía, sin embargo, desafía los preceptos más básicos de la biología, la química, y la medicina; tratan con agua y bolitas de azúcar enfermedades que en muchos casos curan solas, y pretenden venderlo como una prueba de efectividad.

¿Cuántos homeópatas se atreven con un infarto, un cáncer, o un shock anafiláctico? Ellos se quedan con el insomnio, la ansiedad, las alergias inespecíficas… patologías tan ambiguas y subjetivas que resulta imposible medir la supuesta mejoría. La homeopatía exige una dosis de fe imposible en la medicina, algo así como la predicción de un vidente que nos augura éxitos futuros: si acierta es gracias a su don, si falla la culpa es tuya por incrédulo.

«¿Os imagináis a un médico intentando revertir un coma hiperglucémico con unas gotitas de agua azucarada?.» El Ministerio de Sanidad lleva un año preparando una orden ministerial para regularizar la venta de productos homeopáticos, para que pasen a ser medicamentos. Aceptar como válida una técnica absolutamente acientífica implica que muchos pacientes, que potencialmente podrían recuperarse, serán tratados con pócimas y caramelos que no mejorarán su sufrimiento. El Código de Deontología Médica nos obliga a «respetar la evidencia científica», ya que el uso de terapias no validadas podría considerarse una negligencia. Mientras que el Ministerio ha apostado por la magia para beneficiar a quienes se enriquecen a costa de los enfermos, somos muchos los que nos negamos a aceptar que se juegue con la vida de los pacientes. La medicina es ciencia, no fe: #NoSinEvidencia.

Álvaro de la Serna Gamboa

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Núm. 3 - Gaza: ground zero - El Ala Izquierda  
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