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EL ALA IZQUIERDA N.º 3 Ahora podemos tener una economía de guerra mientras El Corte Inglés cumple plenamente su horario y sin que caiga del cielo ninguna bomba. Aparentemente no hay heridos, no hay víctimas a las que socorrer. Pero es una guerra porque es una cuestión de supervivencia.

«Las viejas luchas siguen vivas; es por ello que reivindicar el humanismo, la utopía o el obrerismo no es un ejercicio trasnochado de tributo a la memoria. Supone defender el patrimonio de nuestra identidad.» Si bien en los últimos años estamos sufriendo los efectos más perversos, es de justicia recordar que en los tiempos de bonanza, la misma cresta de la ola que nosotros disfrutábamos, ha sido el tsunami que ha devastado las oportunidades de miles de millones de personas en el mundo perpetuando su situación de pobreza extrema. Estando en un mundo globalizado el desarrollo no se ha universalizado y, por tanto, la dignidad humana tampoco. Habría que preguntarles a ellos sobre las bondades del sistema. Y no es solo eso. Vivimos en la era de la comunicación... y más aún de la manipulación. Los rescates económicos son «prés-

tamos en condiciones muy favorables», el exilio económico, «movilidad exterior», el elitismo, «excelencia», las cuchillas de la vergüenza, «medidas de disuasión pasivas» y suma y sigue. Pero ¿dónde quedó el valor de llamar indecencia a la indecencia? La instauración del pensamiento único en los medios de comunicación –y en buena parte de las facultades de económicas del mundo– se ha hecho falazmente dogma; de ahí la inevitabilidad con la que nos presentan las políticas de austeridad y el desmantelamiento del Estado de bienestar. Actualmente estamos pagando el precio de olvidar que el socialismo no es una causa, es una consecuencia. Es consecuencia de la explotación y humillación sistémica a la que se condena a buena parte de la población. Las viejas luchas siguen vivas; es por ello que reivindicar el humanismo, la utopía o el obrerismo no es un ejercicio trasnochado de tributo a la memoria. Supone, por el contrario, defender el patrimonio de nuestra identidad. ¿Quién decidió vaciar de sentido didáctico la actuación política? ¿Quién o qué inoculó la indefinición premeditada? Los socialistas no somos meros gestores, aspiramos a transformar la realidad. No necesitamos refundarnos, necesitamos reafirmarnos. Y es que, para el socialismo la regla de oro es política y no presupuestaria y radica en la consecución de un nuevo orden social basado en los principios de igualdad, justicia y dignidad. Enfrentemos la incertidumbre del futuro con la certeza de una respuesta clara de izquierdas.

Sara Bonmati García

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Núm. 3 - Gaza: ground zero - El Ala Izquierda  
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