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nĂşmero diecisĂŠis / mayo dosmildoce.

Muerte


® Jalea es una publicación de Les Sardines. Los derechos se reservan según lo señalado en Creative Commons. Los textos son de cada uno de los autores señalados, reservándose cada uno de sus derechos. Jalea no se responsabiliza de las opiniones vertidas; Editor: Andrés Correa Guerrero. David Guerrero Valenzuela Redacción: Juan Pablo Valdés. Website: Andrés Correa Guerrero. Fotografía e imágenes: página 6 por Francisco Vega, página 13 por Berenice Ramos, páginas 16 y 17 por Doménico Mora; y páginas 1, 4, 7, 14, 15, 19, 20, 22 y 24 encontradas a través de Google. Contacto: revistajalea@gmail.com | twitter.com/revistajalea | facebook.com/revistajalea www.revistajalea.com


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Die (If you can) Editorial Por Andrés Correa Guerrero

Y entonces morí. Morí con esa canción, con el no que me dijeron cuarenta y siete veces. Morí con esa película que putas que era mala, o con la cara de ese politicucho de quinta que intenta venderme una pomada que sinceramente no necesito.

Es que morir es entretenidísimo.

Lo entretenido de la muerte para mi radica en lo desconocido. Y creo que para toda la humanidad radica en lo mismo. El vulgo ve la muerte como lo desconocido que te desespera, que te preocupa y no te deja vivir tranquilo. Y así es como desgastamos la vida entera en buscarle una explicación o un consuelo. Metemos a Dioses, que son aun más desconocidos que la muerte, para que nos la expliquen y por fin podamos morir tranquilos. Pero las malas noticias es que no existe esa muerte tranquila. El famoso “más allá” está lleno de sufrimiento, fuego, monstruos y sangre. Y lamentablemente, no hay un Dios que te ayude. Y es que si no conoces la muerte, menos conoces a algo que no existe. La muerte es constante y segura, al igual que el sufrimiento. Y la única forma que hay de sucumbir tranquilos es con la ayuda de lo conocido. Dile a tu familia que tome el Bardo-Thodol y te ayuden, porque más temprano que tarde te mueres. Y todo se va a la mierda.

Muere. Es gratis.

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La buena muerte. Ilustraci贸n Por Francisco Vega

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El legado de Adam Yauch. Por David Guerrero Valenzuela Como es ya de sapiencia colectiva, la muerte de Adam Yauch (47) deja un vacío en el mundo de la música. El fue uno de los creadores del quizás más importante grupo de Hip Hop en los noventa. Pero fuera de todo el recogimiento que esto merece, la crónica de este mes quiere incidir en la importante labor en la música pop de este trío de Brooklyn en la mente de muchos melómanos. Es que la obra de los Beastie Boys no es azarosa. Su irreverencia y verdadera anarquía son realmente inspiradoras. Y no hablo de un desorden vacuo, sino algo muy bien medido. Algo muy bien pensado. Resultan ser la voz de los noventa, (y desde los finales de los ochenta) gritos alocados, un rap muy desproporcionado que imponen en sus letras. Rescato mucho la labor del Mix Master Mike en las pistas, muy pionero en su labor. Me atrevería a situarlo al lado del gran Liam Howlett. La factura de sus videoclips, muchas veces con ese toque neo-barroco noventero, eran fiel reflejo de la sociedad joven rupturista que quizás hoy más nos consagra. Se acababa el pendejo obediente, empezaba el pendejo a luchar por sus derechos de fiesta. Ill Communication y Hello Nasty, verdaderas masterpieces de la música universal. La fuerza de los Beastie Boys es tal, que aunque “no conozcas ninguna” te las sabes todas.

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Muerte en Chile. Ensayo Por Roberto Urra “La muerte se desplegó como nunca en un país que realmente sentía su historia. Los militares instalaron el Estado de Sitio a causa de la “conmoción interior por fuerzas rebeldes” (no se refería a ellos) que estaban organizadas “o por organizarse”; y así, fueron condenados todos los “potencialmente” capaces de organizarse” Para el año de 1973 había suficiente historia sobre la muerte intencionada en Chile. El accidentado país no había olvidado las matanzas desatadas por los conflictos salitreros en el norte del país a principios de siglo, además, la nueva vida constitucional inaugurada en 1925 tampoco estuvo exenta de episodios sangrientos (Ranquil ’34, Seguro Obrero ’38, Puerto Montt ‘68). Por eso antes del Golpe de Estado ya habían voces proféticas que anunciaban una matanza que se estaba por desatar, organización popular significaba endurecimiento represivo: temas, por ejemplo, de Violeta Parra como “Un Río de Sangre” o la crítica tras “Mazúrquica Modérnica” son anuncios del término del letargo de la matanza nacional. Para entonces, una buena parte de los militares chilenos estaban instruidos en doctrinas de contrainsurgencia, producto de la cooperación militar entre Chile y los EE.UU., lo cual los hacía perfectos dominadores del arte de la muerte. La contrainsurgencia era (o es) una doctrina que posiciona a las Fuerzas Armadas de la nación en el rol de salvaguardar el orden institucional de la nación ante las fuerzas enemigas tanto externas como internas (Constitución de Chile; cap. XI, art. 101). El enemigo interno es entonces una categoría auto-contemplativa de la nación; una enfermedad que la patria siente en sus entrañas y que encomienda a sus Fuerzas Armadas extirpar. El detalle de esta doctrina es que se despliega con mayor efectividad en un contexto de guerra de guerrillas o, sea, en la existencia de una oposición al Estado con alto poder de fuego. Los militares al asaltar el Palacio de Gobierno en 1973, poca o nada resistencia tuvieron. Un

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heroico presidente descargó los solitarios cartuchos de su AK47 hacía la difusa niebla de militares. Los tanques del Ejército rodeaban el palacio de gobierno mientras los desempolvados aviones de la Fuerzas Área nacional lo bombardeaban. La Armada, al alba, había tomado Valparaíso. En el país hubo escasa resistencia armada al Golpe; en Santiago algunos Cordones Industriales respondieron el fuego y, en Paso Nevado, un grupo de funcionarios protagonizó un enfrentamiento con las fuerzas golpistas. La muerte se desplegó como nunca en un país que realmente sentía su historia. Los militares instalaron el Estado de Sitio a causa de la “conmoción interior por fuerzas rebeldes” (no se refería a ellos) que estaban organizadas “o por organizarse”; y así, fueron condenados todos los “potencialmente” capaces de organizarse. Los Tribunales Militares se tomaron todas las atribuciones y llevaron a cabo vergonzosos juicios a chilenos que incluso terminaron en penas de muerte. Bajo estos preceptos, se llevó a cabo la detención más aberrante de la Historia del país concentrándose personas en el Estadio Nacional, en el Estadio Chile (hoy Víctor Jara), en buques de la Armada, bases militares y en campos de concentración como Tejas Verdes,Isla Quiriquina, Isla Dawson, Colonia Dignidad y Pisagua. ¿Quiénes fueron nuestros muertos? Según las investigaciones de la Comisión Rettig estas personas fueron mayoritariamente de clase popular y de sectores medios: comerciantes informales, empleados de empresas privadas y funcionarios de gobierno, campesinos,


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dirigentes vecinales y barriales; además muchos delincuentes comunes. Algunos de ellos eran militantes de partidos de izquierda y de centro, muchos otros incluso no tenían militancia política. Otros murieron producto de la inexperiencia y abuso militar: niños que se asomaban a ver las balas, dueñas de casa que iban a comprar, estudiantes considerados revoltosos, otros sorprendidos por el toque de queda, unos simplemente sospechosos. Otros tantos figuraban en listas de negras elaboradas por civiles delatores. ¿Por qué ellos? La conclusión más evidente es que estos primeros muertos no murieron en una guerra. Incluso el informe Rettig señala que en la mayoría de los 2.296 casos calificados en 1991 (cifra que aumentaría a más de 3.200 tras el informe Valech), la represión con resultado de muerte afectó a personas “en condiciones inermes o detenidas” no al calor de un enfrentamiento “ni inmediatamente después” de éste. Esto es, contra personas indefensas, consideradas revoltosas o agitadoras en el lenguaje político de la época, a las que no se les respetaron los derechos más elementales, incluso los considerados en Tiempo de Guerra por la legislación universal. Las explicaciones al respecto indican que el objetivo de los militares era destruir la cultura política de los sujetos populares, a través de la muerte y la detención con tortura; cumpliendo con lo señalado por el Primer Soldado de la República en 1974, a saber, “cambiar la mentalidad de los chilenos”. La memoria nos termina asaltando cuando vamos a visitar su Museo en Santiago. El Estado contempla un lugar para recordar a sus ciudadanos el dolor y el sufrimiento vivido por abuelos y abuelas, padres y tías, hermanos de la patria. Alrededor de la tragedia, el cuento histórico es algo difuso. “Hay que considerar y respetar todos los puntos de vista”, sí, está bien, pero hay que hablar desde la verdad. Cuando salimos de ese Museo y nos acordamos de nuestra Constitución y sus gobernantes nos asalta una macabra pregunta: ¿acaso nos quieren decir que si la gente, esto es, los sindicatos, los estudiantes y los ciudadanos se organizan como en el periodo 1938-1973 se sobrevendrá una masacre parecida a la de 1973? Entonces ¿hay que portarse bien? En conclusión: urge inyectarle futuro a nuestro pasado.


Calaveras y diablitos. Ilustración. Por Berenice Ramos

Inspiración: Celebración de Día de Muertos Mexicali, Baja California (México)

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Eternos moribundos. 1/2 Ensayo Por Cerozoom

¿De donde viene nuestra (o propia) idea de la muerte? , me cuestiono el lugar de la idea, porque tampoco podría situarla físicamente, en mi mente o en nuestra sociedad. Algo esta constantemente en tensión, nuestras ideas, nuestros atributos, aquellas percepciones que sin conocerlas, las etiquetamos inmediatamente. A través de la razón logramos otorgarle un sentido a la experiencia. ¿de que manera, o mejor dicho, de que otra manera podríamos pensar la muerte? Sus aproximaciones estarían sin duda involucradas en todo campo, en toda significación.

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Sin embargo, no podemos plantear otra forma de pensarla, estamos de alguna forma arrojados a esto y desde aquí, solo podemos desafiar nuestro sentido. Desestabilizando su lugar, su tan solida base, que nos lleva a creer que solo existe una forma de conocer, de vivir, allí, en la verdad. Así mismo su creencia radica en la configuración de un orden que otorga sentido a toda experiencia, y en nuestra tensión con ello constituimos al individuo. Si apuntamos a la muerte como un estado o como un fin, probablemente su derivación implique la condición de temporalidad, de una progresión que se cierra, que se abandona.


Una persona nace y muere un determinado día. Celebramos su llegada y lamentamos su perdida, quienes lo reciben y quienes lo despiden, son otros que comparten la misma condición. De la muerte entonces, se abren percepciones de dolor, de sufrimiento, de carencia, de abandono, sin embargo quien lo siente siempre es un otro, pues lo que muere es una construcción y proyección de otra persona, la muerte ya no le pertenece a quien no esta, sino a quien hace consiente su ausencia. Incluso la ciencia declara arbitrariamente una muerte oficial, tu nombre, tu identidad que fabrica este mundo, te hace vivir y te mata. Para el mundo humano, tu vida es solo un pasar por cierta cantidad de tiempo (medible por cierto). Todo esto se trata del cuerpo, su utilidad en este modelo mientras sea productivo, así desde pequeño es adiestrable, con su idioma, sus símbolos, su etiqueta, y después de la producción solo queda su expiración. El desgaste y el deterioro es inevitable, ya no queda otro uso posible, por lo que habría que ponerlo en algún envase y enterrarlo en algún depósito.

Incluso la muerte es sistematizada, como si no tuviéramos derecho alguno sobre ella, ni sobre nuestras vidas. Ante la incertidumbre, solo me pregunto por el sentido que le otorgamos a la muerte, probablemente es mucho mas de lo puedo señalar, desde donde cada uno (y todos) damos lugar y significado a la experiencia de morir. Se vive y se muere para otros sigan viviendo, como una difusa misión suicida para seguir sosteniendo esto que llamamos civilización. ¿Cuándo, acaso nos aproximaremos al fin? Aquella muerte, que sin ser capaces de representarla, solo la hemos desplazamos a través del sentido, pues la muerte es otra administración de aquello que vulgarmente llamamos vida.

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humano re

silenciador

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La m谩quina de la muerte. Ilustraci贸n Por Dom茅nico Mora

piernas antigravitacionales

dispositivo absorbe almas

bolsa recolectora escudo protector

conexi贸n con /death_database

deathmachine_prototype dispositivo recolector de almas. en proceso de desarrollo.

00/00/0000 creado por: g.o.d.

timbre. firma.

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Danza Macabra. Det Sundje Inseglet. Ensayo Por Juan Pablo Valdés

Uno de los temas más exquisitos de la muerte concierne en la época medieval. Cuando se produce la decadencia de Occidente en la Baja Edad Media. Por aquel tiempo, Europa es asolada por las guerras de los señores feudales, la Guerra de los Cien años, invasión de los mongoles y temores apocalípticos. Pero es la Peste Negra el gran tema, y que moviliza un aire que sobre pasa el pesimismo. En efecto, la depresión llega a la aceptación, como si la muerte fuese algo de lo más normal y aceptado. Pero había mas, la muerte era justa. Y como tal se le debía respeto. Surge incluso su personaje clásico. El arquetipo del cadáver en ropas oscuras que recoge las almas de los idos.

a ricos y pobres, hombres, mujeres y niños, obispos y prostitutas, nobles y plebeyos: todos corrían la misma suerte. Incluso el lema latino: memento mori, “recuerda mortal”, tenia un gran significado cuando por la inequidad y la arrogancia los señores y ricos nobles pisoteaban a los marginales estos podían decir: “será muy rico, pero igual morirá como todos nosotros”. Casi era una justicia mejor que la que tenemos hoy en día. Las probabilidades de sobrevivir eran realmente pocas por ese entonces. Los mongoles venían ya desde el tártaro, la iglesia vivía en crisis, las guerras anunciaban con las hambrunas el paso de los tres primeros jinetes del apocalipsis. Solo faltaba el último: la muerte.

Se debe entender el momento histórico. No habían en su gran mayoría de Europa ni alcantarillado, ni medios saludables e higiénicos de medicina. Si hasta un barbero era cirujano y un alquimista un farmacéutico. La situación se agravaba en la población que vivía en la pobreza, que era la mayoría. Y aun más en las ciudades que vivían aglutinadas y en hacinamiento constante. La llegada de la peste fue en un nicho idóneo. Mueren cerca de dos terceras partes de la población del Viejo Mundo, y no eran otras cosas que señales del fin de los tiempos. Y al mas puro estilo holliwoodense, la gente se preparo para el fin inminente de todos por sus pecados. Era real para ese tiempo pensar ello. Así pues, ¿Por qué cerrarle la puerta a lo inminente? La muerte era además muy respetada y por lo demás, no tenía discriminación por nadie. Se llevo

Y en esa línea, el director Ingmar Bergman escribe y dirige El Séptimo Sello (Det Sundje Inseglet, 1957). Trata de un caballero que junto a unos escuderos y otros artistas se ven presa del periodo de las plagas en Europa medieval. Para retrasar a su implacable juez le reta un juego de ajedrez. En esta temática demora la película, en la cual se evidencia la astucia del caballero Antonius Block. Mientras tanto Antonius se presenta y hace cara a una pregunta humana en su más verdadera esencia ¿Cómo enfrento a la muerte? ¿le temo? ¿Qué hay más allá? Bergman hace esta secuencia en sus diálogos con la Muerte de la más pura esencia humana. No sobre la religión directamente, sino a la problemática humana de su existencia y el devenir. Transcribo un exquisito momento, cuando en su celda, Antonius se confiesa ante su oponente.

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“mi corazón esta vacío. El vacío es como un espejo, puesto delante de mi rostro. Me veo a mi mismo, y al contemplarlo, siento un profundo desprecio de mi ser. Por mi indiferencia hacia los hombres y sus cosas, me he alejado de la sociedad en que viví. Ahora habito un mundo de fantasmas, prisionero de fantasías sin sueños” -y a pesar de todo no quieres morir -Si, quiero -entonces, ¿a que esperas? -deseo saber que hay después -buscas garantías -llámalo como quieras… ¿Por qué la cruel imposibilidad de alcanzar a Dios con nuestro sentido? ¿Por qué se nos esconde en una oscura nebulosa de promesas que no hemos oído y milagros que no hemos visto? Si desconfiamos una y otra vez de nosotros mismos, ¿como vamos a fiarnos de los creyentes? ¿Qué va a ser de nosotros que queremos creer y no podemos? ¿Por qué no logro matar a Dios en mí? ¿Por qué sigue habitando en mí ser? ¿Por qué me acompaña humilde y sufrido a pesar de mis maldiciones que pretenden eliminarlo de mi corazón? ¿Por qué sigue siendo a pesar de todo una realidad que se burla de mí y de la cual no me puedo liberar? ¿Me oyes? -te oigo -yo quiero entender, no creer. No debemos afirmar lo que no se logra demostrar. Quiero que Dios me tienda su mano, vuelva su rostro hacia mí y me hable -el no habla -clamo a El en las tinieblas, y desde las tinieblas nadie contesta mis clamores -tal vez no haya nadie. -pero entonces la vida perdería todo su sentido. Nadie puede vivir mirando la muerte y sabiendo que camina hacia la nada. -la mayor parte de los hombres no piensa ni en la muerte ni en la nada -pero un día llegaran al borde de la vida y tienen que enfrentarse a las tinieblas -si, y cuando llegan… -calla, se lo que vas a decir. Que nos hace crear el miedo una imagen salvadora, y esa imagen llamamos Dios. -¿te estas preocupando? -hoy ha venido a buscarme la Muerte, estábamos jugando una partida de ajedrez. Es una prorroga que me da tiempo de hacer algo importante. -¿Qué piensas hacer? -he gastado mi vida en diversiones, viajes, charlas sin sentido. Mi vida ha sido un continuo absurdo. Creo que me arrepiento. Fui un necio, en esta hora siento amargura por mi tiempo perdido. Aunque sé que la vida de todos los hombres corren por los mismos cauces. Por eso quiero emplear mi prorroga en una acción única que me de la paz. -por eso juegas el ajedrez con la Muerte”

De tal modo, la muerte es imparable, inevitable. Peor también justa y el vehículo para afrontar la mas grande de los retos del hombre. Estaba incluso mas presente que Dios. ¿Por qué no dedicarle versos y prosas? ¿Por qué no hacerla un motivo de arte? Esto fue la Danza Macabra de la época medieval. Y su principal personaje era el cadáver que llevaba la guadaña con que segaba las almas de los caidos. La obra de Bergman es tan prolija que nos muestra un problema postmoderno en la creencia y el empirismo puro de hoy. Ante esto, Antonius Block nos responde en el más puro sentido de los hombres: no le temo, vivo con ello, pero quiero retrasarle, aunque sé que es imposible escapar de ella. Nadie puede ganar a la muerte, ni siquiera en ajedrez. Por ello todos terminaremos por danzar su macabra música.

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Crónicas Marcianas.

La obscuridad del nuevo proyecto (paralelo) de Chino Moreno. Intenso. La propuesta es muy cercana a lo que venía trabajando en Deftones: es esa voz desgarrada y desgarradora, pero ahora en tétricos samples electrónicos, un bajo desatado, saturado, una batería precisa, hacen de este EP una experiencia.

La peor de las muertes es la desconocida. Esa caída al limbo en el que no sabes si respiras o recuerdas respirar. Mirar de lejos es extrañar y avanzar es dejar atrás. Una mezcla más o menos así es lo que nos vendió Bradbury por allá por los 40s con su recopilación de cuentos “Crónicas Marcianas”.

Crosses. 2011

Las líricas son de ese tinte obscuro que vengo comentando. Sinceramente, no reparo mucho en ellas y si en la atmósfera que crea. Hay algo moribundo, algo que marea y perturba. Deléitese con la potencia de “†hholyghs†” y “†his is a †rick”, parte de lo que mostraron en su venida al Festival Lollapalooza en esta última edición. Indiscutiblemente, Moreno es un tipo carismático, con mucho ímpetu, y una envidiable conexión con sus fans y el resto de la gente que presenciamos el evento. †, una interesante propuesta que siguió este 2012 con un segundo EP: ††. Sí, no quieren nada con las letras. De hecho, el grupo se hace llamar †††. D.A.G.V.

Ray Bradbury. 1945

Haber leído este libro por allá por los 50s es tanto o más novedoso que el leerlo por acá por los dosmildoces. Y es que Ray, como le decimos los amigos, logra captarte no solo con su delirio acerca de una humanidad escondiéndose de si misma en un desconocido Marte, sino que te vuelve cómplice y actor en el abordaje al rojo planeta, planeta que es tan hospitalario como Nixon. La paradoja de que el lugar de tus sueños es venenoso y siniestro vuelve interesantísimo este libro de Bradbury y te hace cuestionarte a cada segundo si lo que lees es la imaginación de uno de los personajes o lisa y llanamente la realidad. De hecho, el cuestionamiento al leer Bradbury es uno: ¿Que es la realidad? ¿Quienes son los marcianos? Tal vez fuimos Marcianos y le quitamos la vida hasta dejarlo seco y con un Mars Rover cayéndose por allí y por allá. O tal vez nada existe, los mayas tenían razón y Bradbury no fue más que un viejo Ga-gá. Elija usted, pero luego de leer. A.I.C.G.

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El Séptimo Continente. Death: The time of your Dir: Michael Haneke life. 1989 Neil Gaiman, Mark Buckingham. 1996 Vertigo.

104 mins. Los espacios sin conquistar por las imágenes pueden sorprendernos en su advenimiento. Allí en el lugar donde aparecen, ocurre un encuentro entre los sentidos. Uno, el que se nos enseña y domestica; y otro, el que se revela y se diluye. Aquella situación que nos presenta la película, donde la farsa ya no puede sostener el proyecto familiar, ni los roles paternos, ni las obligaciones domesticas, logra proyectar una historia desesperanzadora. El Séptimo Continente se constituye en un lugar imposible que finge su existencia. Es a través del slogan de la agencia de viajes que se nos abre la angustiosa promesa del desarrollo. Desde una vida insatisfecha y común, que ninguna abundancia material ha logrado llenar, la desintegración familiar, queda suspendida por la cotidianidad, ya que sin interrumpirse, no se puede encontrar un tiempo próspero, ni un espacio donde habitar. Estamos ante una historia sobre el vacío y crisis que se esconde en los espacios más comunes que habitamos, que por un lado evidencia sus abismos en las relaciones familiares, por el lugar en la sociedad que estas deben ocupar. Y por otro, la se nos muestra la fantasía del espacio familiar como un lejano lugar que nunca podremos alcanzar, y al que solo podemos enfrentar, atacándolo con un arrebato destructivo.

La muerte ha sido representada a lo largo de múltiples momentos en el noveno arte. Desde los típicos arquetipos del cuerpo ososo con harapos negros y guadaña hasta el dios tecnológico Black Racer o Death Racer, popularizado por el Rey Kirby. Pero difícilmente podrían equipararse a Death, de la obra de Neil Gaiman: Sandman. Desde una óptica narrativa, la obra es tan mítica, tan universal, que nos conmueve en su más directa esencia. Death es una de los eternos. Un grupo de seres eternos, que viven en el desde los primeros tiempos del universo, y en el cual cada uno resguarda un trabajo cósmico trascendente. Death es la encargada de llevarse las almas de los fallecidos y es la última eterna en cerrar el universo tras el final de todo. Neil Gaiman no se detiene ahí, puesto que en esta base es en donde el relato cobra su valor. La representación de Gaiman viste de jeans negros y ropa gótica, como quien se adecua a la moda. Pero no cae en la banalidad de estereotipos cliches. Realiza una adecuada transposición de un arquetipo divino y cósmico, pero en el cual hay un gran interés en los problemas y la dimensionalidad humana. De una y otra forma todos viven lo mismo. Una sola vida. Y solo muerte te puede llevar a conocer lo que hay más allá.

J.P.V.

M. E. G. Q.

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Pr贸ximo mes.

la CONCIENCIA.


Revista Jalea 16