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Los Expertos Opinan La literatura demuestra que el equilibrio alcanzado en muchos países podría no ser óptimo todavía. Aunque ni el matrimonio ni los hijos afectan la cantidad de horas que los hombres casados pasan en actividades de ocio, las mujeres casadas experimentan un déficit. Para los Estados Unidos, las mujeres casadas tienen casi cinco horas de trabajo de 40 horas menos de tiempo de ocio que los hombres casados (Eagly & Carli, 2007, p.55). Esto tal vez podría ayudar a explicar la disminución de la felicidad femenina reportada a pesar de importantes mejoras en las oportunidades económicas de las mujeres. Stevenson y Wolfers observan que las medidas del bienestar subjetivo de una mujer han caído absolutamente y en relación con la de los hombres (2009, p.191). En cuanto a la asignación de tiempo Bianchi et al. (2005) proporcionan una representación interesante de las actividades diarias de una madre trabajadora. Utilizando la Encuesta sobre el uso del tiempo en Estados Unidos (ATUS, por sus siglas en inglés), se calculó que las madres trabajadoras han reemplazado el trabajo doméstico por un trabajo remunerado en el mercado y generalmente han logrado proteger la mayor parte de su tiempo de cuidado de niños. Pero el tiempo es finito, así ¿qué es lo que ha financiado el empleo materno Bianchi et al. preguntan? Su investigación encontró una semana laboral más larga de 20 horas para las madres empleadas que la de las madres no empleadas. Mientras que la primera hace 9 menos horas de trabajo de casa y 6 horas menos de cuidado de niños por semana tiene 12-15 menos horas libres por semana y 5 horas menos de sueño. Para resumir las madres parecen financiar el empleo pagado con menos trabajo de casa, un poco menos tiempo del cuidado de los niños y mucho menos ocio y sueño.

identifican tres aspectos de esta interfaz para examinar las vidas de las madres trabajadoras: conflicto entre el trabajo y la familia (ocurre cuando las demandas de trabajo interfieren con la capacidad de desempeñar roles familiares), conflictos familiares (las responsabilidades familiares interfieren con las demandas de trabajo) y la facilitación de la familia y el trabajo (percepción de que la participación en la fuerza de trabajo apoya la vida familiar y viceversa). Los estudios que han utilizado esta interfaz indican que cuando las madres trabajan a tiempo parcial encontraron menos conflictos entre el trabajo y la familia (Higgins, Duxbury y Johnson, 2000; Hill, Martinson & Ferris, 2004). Otro marco muy útil e influyente es el uso de BlairLoy de los esquemas culturales de devoción al trabajo y devoción familiar (2001). Explican que los esquemas culturales son “modelos institucionalizados y parcialmente internalizados para la cognición, la moralidad y la emoción ... los analistas no pueden comprender plenamente la omnipresencia de la estructura de género o la complejidad del actuar humano sin entender cómo estos esquemas culturales limitan y posibilitan la acción” (p. 689). En otras palabras, son marcos compartidos de comprensión con los que nos evaluamos y que impactan nuestro actuar. Un esquema de devoción es importante en el sentido de que es casi un “artículo de fe pseudoreligioso, que promete proporcionar sentido a la vida y una conexión segura con algo fuera de nosotros mismos” (p.669).

Las herramientas analíticas y los marcos utilizados en otras disciplinas pueden quizás arrojar luz a estas paradojas. Los estudios de género, por ejemplo, no separan las actividades de mercado y de no mercado. Más bien proponen analizar la situación a través de la lente de una interfaz trabajo-familia. Bianchi y Milkie (2010)

UMM Junio 2017

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Revista Posgrado UMM Julio 2017  

Equidad de Género

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