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menos a la Iglesia, la empresa ferroviaria, o la política del gobierno. El respeto era algo más, sumisión indiscutida. Un enorme irrespeto por la madre, por la mujer, por la tarea sin descanso y por la gracia infinita de su sonrisa y su ternura. Una vigilancia estricta sobre el cumplimiento de deberes, el cepillado de zapatos, la limpieza y el orden, la compulsa de boletines. Un frío enorme, en noches y días sin estufas y sin espectaculares abrigos. Una vida de aventura mínima pero cotidianamente renovada con pocos medios y múltiples fronteras para conquistar y sobrepasar. El frío, la oscuridad el jabón hecho con latas en el fondo, el fideo amasado, el perejil fresco y el orégano y el romero de la quinta, el monte de frutas ajeno al fondo todo un mundo semi urbano de verdad. Cuando la juventud llegó, no sé bien como calificarme a los dieciseis años, todo era inmadurez, ansiedad y desconocimiento del afuera. Nunca había pasado de la Estación de Caballito, no tenía ni la menor idea de cómo llegar al Congreso. Sin embargo, mi primer trabajo lo tomé de un aviso en el diario, a días de haber concluido el quinto año, nada menos que en el Edificio Comega, adonde no sabía como llegar. Parece que tenía fuerza además de muchos miedos que vencer, pero que no me paralizaron cortapisas ni justificaciones. Las otras fronteras del afuera me esperaban. Mi casa, mi cuadra, mi barrio, mi estación , mi parroquia, sirvieron para el asalto a la ciudad, a partir de un integración funcional bien interrelacionada, en la que tuve un lugar gozoso o al menos abierto al disfrute. Me atrevo a firmar que este es el material constitutivo de un barrio, cuya nutriente es esta vida espiritual compartida y aceptada, que si logramos trasladarla a la configuración de la ciudad. Entramos en la vía de alcanzar una identidad, ésa que buscamos. No es que nos pensáramos como de otra ciudad. Sino como separados por fronteras posibles de superar. Quizá la nutriente esté dada por el hecho de que las necesidades básicas estaban provistas. La producción y el consumo relativamente asegurados, y una buena provisión simbólica de necesidades sociales cubiertas, a la medida de nuestras expectativas. Un ordenamiento cultural que cubría expectativas de quienes habían pasado numerosas privaciones pero veían un camino, posible aunque estrecho, por donde preservar sus vidas, organizar un proyecto y salvar ciertas fronteras que veían, y otras que sólo presentían (8) NOTAS (1) El 25 de junio de 1908 se constituye una sociedad de la Compañía de Tierras del Oeste, cuyo objeto es adquirir del señor Jorge E. Rodríguez por la suma de dos millones setecientos setenta y ocho mil trescientos pesos nacionales m/legal, un millón cuatrocientos sesenta y dos mil trescientos metros de tierra en la Capital Federal, una de cuyas fracciones lindaba con el ferrocarril de Buenos Aires al pacífico y con las calles Gaona, Barragán y Nogoyá. Otra fracción ubicada entre Villa Luro y Liniers, fue rematada en lotes por Guerrico y Williams el 22 de noviembre de 1908, en 60 mensualidades sin interés, y en un plano sin fecha aparece consignado que con el empedrado se hará la vía del Tramway Anglo Argentino, como también que el Ferrocarril Oeste tiene interés en el adelanto del barrio por lo cual todo empleado u obrero que desee edificar se le adelantará 3.000$ sin interés a devolver en cuotas de 30$ mensuales, y se le facilitarán gratuitamente los servicios de sus ingenios para consulta de planos, presupuestos, etc. (Estos datos, y muchas más precisiones, se toman de un trabajo de A. Guillán, autor de una preciosa cartografía del área, y de un escrito que aparece en una Revista Versalles, de su autoría). (2) En 1910, el ferrocarril oeste procede a desviar el cauce del Arroyo Maldonado y el recorrido de la calle Gaona para poder ampliar sus talleres inaugurados en 1904 y se trazan las vías para cubrir la distancia hasta Villa Luro. Esto se hizo con máquina a vapor hasta mayo de 1923, fecha en que se inaugura el sistema eléctrico en la vías del ferrocarril y en el ramal a Versalles. (Guillán.ide). (3) Las paradas fueron sobre la calle Médanos (hoy Agustín García) y la otra frente a Jonte, ambas con acceso por la calle Gaona, actual Avda. Juan B. Justo. El tren, llamado "trencito" por la población, dejó de correr en

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RHB N°10 - CONURBANO BONAERENSE  

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