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Aires, en agosto de 1994.) * Licenciada. Dirección Nacional de Museos

VIVIR EN "VERSALLES" Hebe Clementi Hebe Clementi evoca su niñez en VERSALLES, su barrio, suburbio fronterizo con la provincia, en la década del 30, cuando todo era un gran descampado y no existía la Avda. Gral. Paz. Quiso entonces significar que se vivía a medio camino de un nudo proveedor de trabajo y otro nudo proveedor de mercado. Especie de ínsula rodeada de tierra y terraplenes de vías escasamente usadas, espacio de frontera circundada por calles de barro y escasa población. Sin embargo, bien trazadas sus calles y delineadas sus veredas, bien mantenidos sus puentes y sus hitos empedrados, fue bien concebida como lo que quería ser: un dormitorio para trabajadores urbanos y no tanto, un lugar de placentera crianza de chicos hasta tanto la ciudad no los convocara a la lucha cotidiana. Allá fuimos a vivir los cuatro en 1934. Mis padres, mi hermana y yo. Habíamos vivido hasta ese momento en Villa Luro, a escasas veinte cuadras de distancia. Mi madre, muy coqueta gringa linda de 35 años, saludó a los vecinos cargada de paquetes y cerró la puerta de alambre grueso de la calle Camarones, una vez concluida la mudanza. Íbamos nosotras detrás, también con bolsas livianas; besamos a las chicas del águila (una casa sombría y señorial de patio corrido y un águila como blasón en el frente), cruzamos la alcantarilla que preveía las inundaciones del Maldonado, y bajo el sol de febrero fuimos recorriendo las mismas veredas angostas de ladrillo que habíamos hecho tantas otras veces, para ir a la escuela del Perpetuo Socorro. Un convento gris y verde, con vacas y todo adentro, en donde cotidianamente habíamos cursado la escuela primaria, con monjitas de variado registro. Pensé siempre que el nombre de Versalles le hubiera sido asignado por algún internacionalista interesado en el Tratado de Versalles, pero las fechas no coinciden. Quizá tuvo en cambio que ver con su cualidad más positiva: la de ser tierra alta, frente al drama de las áreas deprimidas en un sitio donde el famoso Maldonado protagonizaba W inundaciones tremendas. De hecho, todos los avisos de remate aludían a esa condición, a partir de 1908, fecha que señala el punto de partida para la formación del futuro barrio (1). Como tantos otros barrios, estuvo conectado con la expansión ferroviaria, siendo que en Villa Luro estaban los talleres del ferrocarril Oeste, y específicamente los que reparaban motores eléctricos, que se extendían hasta Liniers a lo largo de la vía principal, alojando una fuerte dotación de empleados y técnicos. Todavía hoy están en pie. Versalles fue un espacio que más allá de la depresión que luego fue rellenada y hoy es la cancha de Vélez Sársfield, se elige como dormitorio del sector técnico, generalmente inglés, de esos talleres. Asimismo, se hace conocer la disposición favorable para que el personal ferroviario ocupe esas tierras mediante facilidades que les otorgue la propia Empresa (2). Una ramal, asistido por un solo vagón de tren y sólo en horas pico por dos, en diez minutos atraviesa el espacio entre Villa Luro y Versalles, con dos paradas en el camino.(3) La estación de Versalles es pues el centro rector del espacio del poblado, el nudo de 66

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RHB N°10 - CONURBANO BONAERENSE  

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