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La Corporación de Agua Internacional había estado haciendo un test perforando para ver qué clase de agua teníamos y la muestra demostró ser excelente. Durante todo este tiempo nuestras actividades habían sido también dedicadas a obtener válvulas, cañerías, bombas, motores, accesorios eléctricos, etc., siendo todos ellos prácticamente inobtenibles debido a la escasez de la época de guerra, más la enorme actividad en la industria de la construcción a partir de que muchos cientos de importadores habían sido afectados dentro de la industria desde el momento en que las mercaderías manufacturadas no podían ser importadas desde U.S.A. ni desde Inglaterra. La grúa tenía que ser fabricada localmente, y costaba 67.400 pesos; debían ser hechos los ventiladores para los túneles de secado, y una muy importante pieza de equipamiento, la evaporadora, también debía ser encontrada. Los contratistas de la obra aparecieron entonces con una muy seria interrupción súbita: las varillas reforzadas para el trabajo de cemento eran prácticamente inobtenibles, pues había sido formado un nuevo Bureau para el control del acero para la construcción y había congelado todos los stocks. Necesitábamos 145 toneladas de esta varilla de acero, así pues el Sr. Michaelsen cablegrafió al Sr. S. Peiser, presidente de Consolidated Cemical Industries Inc., en busca de su ayuda para tratar de obtener el material desde los Estados Unidos. El Sr. Peiser "quemó los cables" en su respuesta, nos dijo que estábamos pidiendo la luna ya que cada libra de chatarra que podía ser obtenida, aún de los basurales, estaba siendo usada en el esfuerzo bélico. Pocos días más tarde nos dio alguna esperanza de obtener el acero e hizo entrar una solicitud al Sr. Cordel Hull, cabeza del Departamento de Estado. El procedimiento iba ser que primero el Departamento de Estado tenía que autorizar la exportación del acero, luego el Consejo de Producción bélica tenía que acceder a que dejara el país, luego nosotros debíamos obtener aquí un Certificado de Necesidad. Un tiempo después que todo ese procedimiento había sido registrado y siempre que ninguno de los varios Consejos y Comités levantaran alguna objeción, el acero sería embarcado. Tendría que hacer un peligroso viaje marítimo a través de una parte del océano amenazado por submarinos alemanes, así pues se requeriría un tiempo extra para que llegue a destino a nuestra Aduana aquí en la Argentina. El Sr. Michaelsen dijo -"al diablo con ello"-. Y allí mismo tuvimos que salir y obtener las varillas de acero localmente. Pagando un precio de 1,78 pesos por kilo, tuvimos éxito en obtener las varillas reforzadas necesarias para seguir con el trabajo. Mientras tanto, listas de lo que habíamos estado comprando habían sido enviadas al Sr. Peiser para su aprobación. Cuando el total de estas listas llegó por encima de un millón trescientos mil pesos (sin que el fin esté a la vista) el Sr. Peiser envió un cable "muy caliente", citando la resolución de los directores de aprobar la construcción de la planta por una suma que no exceda lo 800.000 pesos. En el resto del cable él decía ¿Cómo es posible? en 129 palabras. Respondimos en un largo cable dándole todas las razones de por qué la planta estaba costando tanto más, advirtiéndole que esperamos tener que invertir unos 250.000 pesos adicionales para completar el trabajo. Habiendo comenzado la empresa; no estábamos en posición de retroceder ni de vacilar; la cuestión importante en esta etapa es tener la planta en marcha y produciendo. Por esta razón las piletas de encalado serán levantadas primero, de modo que precisamente tan pronto como tengamos energía para impulsar la grúa, la materia prima de la gelatina puede ser tratada en las piletas, por lo tanto para el momento en que las cocinas, evaporadora, cinta de extrañamiento y túneles de secado estén listos, la materia prima estará lista 14

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RHB N°10 - CONURBANO BONAERENSE  

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